MÉXICO ANTE EL TLC

MÉXICO ANTE EL TLC

Rogelio Martínez Cárdenas y otros
rmartinez@lagos.udg.mx

ISBN-13: 978-84-691-3272-2
Nº Registro: 08/38472

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1.- INTRODUCCIÓN

“Los Estados ya no pueden dirigir las economías como si fueran un bien nacional, es seguro que la ciencia y la tecnología han reducido la importancia de las fronteras. No se pueden controlar las fronteras a nivel económico porque las fuentes de poder sean la ciencia y la tecnología, que no son nacionales sino globales... Es evidente que las fronteras han perdido su importancia... Hoy en día el territorio no es fuente de poder, son la ciencia y las tecnologías las que cuentan.” (Péres, 1998; 3)

La sociedad de la tecnología y la comunicación ha transformado nuestras sociedades e introducido en una nueva dinámica de intercambios científicos, tecnológicos, comerciales y culturales. Y si bien estos intercambios afectan a casi todos los ambientes esenciales de nuestras vidas- religión, finanzas, profesiones, arte, deporte, patrones de consumo e incluso actividades criminales-, globalizándolos e intercomunicándolos, no todo el planeta está incluido en este sistema global. La integración regional que consiste básicamente en la suscripción de acuerdos comerciales o tratados de libre comercio, se consideran como partes del fenómeno de la globalización. En esta aportación que hacemos para este trabajo que lleva por titulo “México ante la Globalización”, abordamos el tema del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), como parte de la realidad que vive México, producto de ese fenómeno popular y complejo; la globalización. Partimos del hecho de que todo proceso de regionalización tiene por naturaleza un interés estratégico o político. En el caso particular del TLCAN, ese interés se manifiesta en principio por el hecho de que lleva a cabo entre países con niveles de desarrollo tan desigual como en el caso de México. Para comprobar lo antenor tomamos a la región del Este Asiático para nuestro estudio, en virtud e que dicha región ha cobrado importancia en la actualidad, y además porque ha sido una región, con la que México ha tenido un intercambio comercial importante desde antes de la firma del TLCAN, si mismo ha sido una zona geográfica de importancia geoestratégica para Estados Unidos.

El ataque terrorista del 11 de Septiembre es una evidencia más del predominio de la geoestrategia en las relaciones internacionales de los Estados Unidos, este acontecimiento ha sido el pretexto ideal para los Estados Unidos, justificándose en ello, México fue afectado en principio, en la reducción de exportaciones por causa de la creación de algunas leyes como la ley contra el bioterrorismo, nuevos tratados económicos se están creando, como la Alianza trilateral para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte, del que forman parte las mismas naciones integrantes del TLCAN. El principal tema de negociación de un tratado de libre comercio es la eliminación de los aranceles, los cuales se usan como mecanismo de protección de la industria nacional o de promoción industrial al privilegiarse la importación de insumos más baratos a fin de que la industria nacional fabrique con menores costos.

De tal forma que el TLCAN, no estuvo exento de intereses geopolíticos de parte, sobre todo de Estados Unidos (EU), ya que la reducción arancelaria no fue tan importante para Estados Unidos y Canadá como para México. De hecho un año antes de la entrada en vigor del TLCAN el arancel estadounidense a los productos mexicanos era de 3.3%; en 2001 el promedio se ubicó en 0.10%, aunque para aquellos países con los que Estados Unidos no tiene tratado comercial el arancel fue de 2.69%. Lo mismo sucedió con Canadá: en 1993 el arancel promedio para productos mexicanos fue de 2.4%, en 2000 fue de 0.3%, cuando para otros países fue de 3.5%. Por su parte, México mantenía en 1993 un arancel promedio de 15%; en 2001 para esos países el arancel promedio rondó en 2%. Lo relevante del caso es que México negoció aranceles con economías con diferentes grados de desarrollo y a veces sin considerar los riesgos en sectores económicos como el agropecuario.

Auque este trabajo no versa especialmente sobre el alcance juridico del TLCAN, es importante dejar en claro que desde dicha perspectiva, cualquier país, un tratado guarda una alta jerarquía en su sistema jurídico por ser éste un instrumento de derecho internacional. Los tratados no pueden ir en contra de la Constitución pues ésta, junto con los tratados, es la ley suprema de la nación por encima de las leyes federales o estatales. Con los tratados se incorporan disposiciones de derecho internacional al sistema jurídico mexicano y por su importancia se celebran y aprueban por el presidente y el Senado, respectivamente. Con el objetivo de regular la celebración de tratados y acuerdos interinstitucionales en 1992 se publicó la Ley sobre la Celebración de Tratados en la que se establecen dos instrumentos por lo cuales se incorporan al sistema jurídico mexicano disposiciones de derecho internacional: 1) por medio de los tratados y 2) mediante acuerdos interinstitucionales. Según esta ley, éstos se podrán celebrar por escrito entre una dependencia u organismo descentralizados de la administración pública (federal, estatal o municipal) y uno o varios órganos gubernamentales extranjeros u organizaciones internacionales, sea que deriven o no de un tratado previamente aprobado. Los acuerdos deberán circunscribirse exclusivamente a las atribuciones propias de las dependencias y organismos descentralizados de las esferas de gobierno mencionadas y debe avisarse de su firma a la Secretaría de Relaciones Exteriores. Con esta ley, los acuerdos adquieren el rango de un tratado internacional, algo ridículo porque incorpora al sistema jurídico nacional disposiciones internacionales negociadas por un funcionario sin la aprobación del Senado y que pueden someter al país a compromisos en contra de su interés nacional. El ejemplo más claro son las cartas paralelas suscritas en 1993 por los secretarios de Comercio de México y Estados Unidos y aprobadas por el Congreso de Estados Unidos, por las cuales el gobierno mexicano se autolimita a exportar menor cantidad de azúcar y jugo de naranja que la negociada en el TLCAN, lo que genera problemas de colocación en los mercados de estos productos.