LAS FINANZAS PÚBLICAS EN MÉXICO. 1988-2006

LAS FINANZAS PÚBLICAS EN MÉXICO. 1988-2006

Hilario Barcelata Chávez

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LOS RIESGOS DE LA DEUDA EXTERNA

10 de agosto de 1993

Lenta y silenciosamente ha venido creciendo la deuda externa de nuestro país, en los últimos dos años. Después de la impresionante renegociación que logró el gobierno mexicano la deuda externa dejó de pensarse como un problema. Sin embargo, no lo ha dejado de ser. De hecho su constante crecimiento y la poca atención que se le presta pueden resultar perjudiciales para la salud financiera del país.

En 1990 de acuerdo con datos del Instituto de Finanzas Internacionales publicados por El Financiero (12-07-93) la deuda externa ascendía a los 105,918 millones de dólares (mdd). En 1992 ascendió a 126,360 mdd y se estima que este año alcanzará los 139,000 mdd. Esta última cifra significa el nivel más alto de deuda que haya tenido el país en toda su historia. Desde luego, las condiciones del país ya no son las mismas que en 1982 cuando se dio la primera gran crisis financiera. Tampoco son las mismas que en 1988, año en que se inició el acercamiento a los bancos internacionales para renegociar la deuda. No, aquellos eran tiempos de alta inflación de elevados niveles de déficit público, de desequilibrios en balanza de pagos, de inestabilidad cambiaria. Pero de cualquier forma la deuda externa sigue siendo una cuestión preocupante y una pesada carga para la economía del país. El monto de la deuda costaba a nuestro país, en 1991, 14,382 mdd. Actualmente las erogaciones pro concepto de intereses y pagos del principal rebasan los 16,000 mdd. Lo anterior constituye uno de los principales problemas de una elevada deuda. El gobierno tiene que destinar, cada vez más, una mayor cantidad de recursos de su presupuesto para el pago de dicha deuda, reduciendo, con ello, su gasto en otros renglones.

La situación se vuelve complicada en la actualidad por el elevado déficit que se observa en la cuenta corriente. Las variables externas como deuda, inversión extranjera, exportaciones e importaciones están estrechamente ligadas. Entre mayor sea la diferencia entre lo que se compra y lo que se vende, mayor es la necesidad de recurrir al financiamiento externo. Se estima que para diciembre de este año la silenciosa deuda propiciará que las reservas internacionales disminuyan a un grado tal que representen tan sólo una cantidad capaz de cubrir, tan sólo, dos meses de importaciones. Cuando se habla de que a mediados de este año aún alcanza a cubrir seis meses de importaciones. El problema es que la economía mexicana no es estable aún, existen en ella algunos elementos de inestabilidad como la volatilidad de la inversión extranjera, el creciente déficit de la cuenta corriente y la necesidad de apuntalar a como de lugar la estabilidad del tipo de cambio. De aquí que se vuelva muy riesgoso seguir manteniendo una deuda externa en constante crecimiento. No es saludable, pese a los argumentos de aquellos que quieren minimizar el problema; sus efectos a mediano plazo podrían ser desastrosos. Sobre todo que pensamos que vivimos un entorno de recesión y austeridad pública. Donde el Estado ha recortado todos sus gastos en el afán de lograr superávits presupuestales. Pero ¿qué va a pasar cuando ya no sea posible contener el gasto público debido a las demandas sociales y los ingresos presupuestales no puedan incrementarse? ¿Qué va ha pasar si la economía mundial no se reactiva y suben las tasas de interés internacionales?

La estabilidad del país está fundamentada sobre elementos demasiado inestables como para tener certidumbre en el futuro. En estas condiciones una elevada deuda externa podría convertirse en un multiplicador de los efectos de cualquier crisis que se nos venga encima. El gobierno debe volverse a preocupar por la deuda externa otra vez.