LAS FINANZAS PÚBLICAS EN MÉXICO. 1988-2006

LAS FINANZAS PÚBLICAS EN MÉXICO. 1988-2006

Hilario Barcelata Chávez

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LAS FINANZAS PÚBLICAS: ESQUEMAS INJUSTOS E INSUFICIENTES

12 de agosto de 1996

La estructura que muestran en la actualidad los ingresos públicos del gobierno mexicano, evidencian una estructura impositiva injusta. Lo que en buena medida se explica por el hecho de que la política fiscal está privilegiando al criterio recaudatorio basado en un principio de eficiencia y racionalidad económica por encima de cualquier otro y sin valorar adecuadamente su compatibilidad con los objetivos de la sociedad. Esto se debe a:

a) La aguda necesidad de recursos que ha requerido financiar los efectos de la crisis económica,

b) El compromiso de mantener un equilibrio presupuestario como mecanismo estabilizador de la economía,

c) La gran demanda de recursos que representan los compromisos de deuda externa, primordialmente los de corto plazo contraídos a raíz de la crisis financiera de fines de 1994.

Quizá, en todo caso, la aplicación de este criterio recaudatorio se ha identificado con fines sociales básicos, como lo es la sobrevivencia misma del Estado. Sin embargo, el hecho de que la aplicación de ese criterio obedezca a ese fin, no quiere decir que sea válido en el largo plazo, sobre todo porque, en el tiempo, debe haber compatibilidad, también, entre unos fines y otros.

Por otro lado, y en el mismo sentido, es notable que, en los últimos años, los ingresos públicos muestran una tendencia a la contradicción, de modo tal, que establecen límites al crecimiento del gasto público en general, contraviniendo el objetivo de la política de finanzas públicas que prevalece. Ello se debe a:

a) La crisis económica representa una contradicción de la actividad económica, lo cual impacta sobre las utilidades de las empresas, sobre el volumen de compras de individuos, empresas y gobierno, sobre el nivel de salarios, el volumen de personas que reciben un salario, y sobre el comercio exterior. Dicho de otro modo, la contracción económica ha contraído las fuentes de ingreso públicos de manera que éstos se han reducido o no han crecido a las tasas que lo venían haciendo.

b) El proceso inflacionario ha representado un mecanismo de deterioro de los ingresos toda vez que afecta el poder adquisitivo del dinero.

Mediante el análisis de los ingresos tributarios de la federación para 1995 y 1996 podemos observar cómo manifiestan los fenómenos antes descritos.

Los datos del cuadro siguiente nos permiten observar una ligera caída de los ingresos tributarios en términos reales. Aunque es importante señalar que como proporción de los ingresos totales la reducción es mayor ya que pasan de representar un 53.4% en 1995 a un 42.7% en 1996. Lo cual significa que los ingresos por impuestos no pudieron crecer al mismo ritmo que crecieron otros ingresos como los de origen petrolero. Y manifiesta el hecho que para el año actual el gasto público se apoya en menor medida en los ingresos tributarios toda vez que estos están en estrecha relación con el dinamismo de la economía, de ahí su estancamiento y su menor participación.

Al observar la composición estructural de los ingresos tributarios es posible darse cuenta cómo los impuestos al consumo (IVA e IEPS) representan para 1995 el 48% y para 1996 el 50.7%. Mientras que los impuestos que gravan el impuesto de las personas y las empresas (ISR) representan para ambos años un 38%. Esto permite afirmar que el gobierno federal está apoyándose de una manera muy significativa en los impuestos que gravan el consumo, lo cual redunda en inequidades ya que este tipo de impuestos constituyen un gravamen que no considera el nivel de ingreso de quien lo paga, lo que sí hace el impuesto al ingreso. Este hecho resulta más grave porque de un año a otro vemos que el volumen de ingresos derivados de impuestos al consumo se incrementa en términos reales, mientras que el ISR disminuye. Pero es un hecho de que a pesar de ello, los impuestos tributarios de todos modos no logran incrementarse y ello se debe a que una de las variables que más se ha visto afectada por la crisis económica ha sido el consumo. Mucho más a partir de abril de 1995 en que entra en vigor el incremento del 50% al IVA. Un factor muy importante a considerar en este análisis es el hecho de que en términos nominales efectivamente se da un incremento de los ingresos tributarios, pero al momento de considerar el deterioro que el poder adquisitivo del dinero sufre de 1995 a 1996, se manifiesta la contracción ya mencionada. De modo que la estrategia fallida de control de la inflación por parte del gobierno se ha vuelto en su contra en la medida que sus ingresos se ven deteriorados por dicho fenómeno.

Después de lo arriba descrito resulta claro que la política coyuntural de finanzas públicas del gobierno mexicano presenta serios problemas, pues al establecer como objetivo en sí mismo al equilibrio presupuestal, y privilegiar únicamente el criterio recaudatorio, ha provocado una contracción económica que se le revierte pues le significa menores ingresos por el incremento de las tasas impositivas y por la disminución de los ingresos que toda contracción del gasto público del gasto público conlleva. Contracción que, por otro lado, resulta obligada en la medida que los ingresos públicos se reducen. Y la estrategia adoptada y la contracción que genera relegan los criterios redistributivo y reordenatorio, hecho por el cual entran en contradicción, o por lo menos no permiten alcanzar los objetivos denominados aquí explícitamente consensuados y los grandes objetivos nacionales.

Por lo antes dicho es necesario pensar en una estrategia que considere una política de finanzas públicas que pueda resolver los problemas del corto plazo sin renunciar a los de largo plazo. Una política que incluya no sólo criterios recaudatorios, sino también redistributivos y reordenatorios, para poder alcanzar otros fines más allá del equilibrio presupuestal.