LAS FINANZAS PÚBLICAS EN MÉXICO. 1988-2006

LAS FINANZAS PÚBLICAS EN MÉXICO. 1988-2006

Hilario Barcelata Chávez

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EL GASTO PÚBLICO Y LA PRESERVACIÓN DEL ESTADO

31 de agosto de 1995

La amplísima restricción presupuestal a la que ha sido sometido nuestro país por parte del actual gobierno y los efectos negativos que esto ha causado en la economía, obligan a la reflexión sobre el manejo y ejercicio del gasto público.

Conviene aclarar que el presupuesto público no es un asunto meramente administrativo o contable. Es, antes que nada, un asunto político. Porque es el instrumento a través del cual se define el rumbo del desarrollo del país.

De ahí mismo que sea un asunto que no sólo concierne al gobierno, sino también, y principalmente, a la sociedad, toda vez que, por un lado, ésta contribuye a la constitución de los fondos que habrán de gastarse. Y por otro lado, porque sobre la sociedad recaen los efectos que provoca el ejercicio del gasto público. Y así como ésta tiene el derecho de ser su beneficiaria, también puede ser su víctima.

El ejercicio del gasto público debe cumplir, por lo menos, tres cualidades para ser un instrumento útil a la sociedad.

Gastarse eficientemente, es decir, que la aplicación de los recursos se haga de tal manera que se minimicen costos y se maximicen beneficios. Es decir que los recursos públicos que gasten en aquellos proyectos que sean los mas redituables, ya sea desde el punto de vista económico o social.

Muchas veces por incapacidad, ignorancia o falta de cuidado de los funcionarios públicos la eficiencia queda en entredicho y el desperdicio de recursos es lesivo para la sociedad. La ineficiencia se agranda si esos funcionarios reciben sueldos que no van de acuerdo con esa incapacidad demostrada o incluso si se les mantiene dentro de la estructura administrativa.

Otra cualidad que debe tener el ejercicio del gasto público es la honestidad.

Otra vez, esto tiene que ver con la moral de los funcionarios públicos quienes desvían recursos públicos para fines personales. Por esta vía nuestro país ha perdido muchísimos recursos durante muchos años. Recursos que bien empleados, quizá nos hubieran dado un país distinto al que hoy tenemos.

Por desgracia la corrupción permea desde las capas mal altas de la burocracia que construyen fortunas familiares con recursos del erario, hasta el sencillo oficinista que se lleva a casa lápices, papel o cualquier otro artículo de las oficinas gubernamentales.

Pero quizá la cualidad más importante que debe tener el gasto público, es un carácter eminentemente social. Es decir, basarse de manera fundamental en principios de justicia y equidad.

No basta con que el gasto público se ejerza con eficiencia y honestidad. Aún si se ejerce de esa manera la sociedad puede no estarse beneficiando.

El carácter social tiene que ver con la decisión de en qué gastar los recursos públicos. Tiene que ver específicamente con a quién se busca beneficiar al realizar un gasto determinado. Y eso, precisamente, es lo que define la estructura económico y social del país.

Tiene que ver con la decisión de construir un puente, una carretera u otorgar subsidios a ciertos productores. Tiene que ver con construir una escuela, un hospital o no hacerlo para que haya ahorro.

En México el gasto público se ha ejercido históricamente de manera ineficiente y deshonestamente. Pero quizá lo que más daño causa al país, sobre todo en los últimos años, es la falta de sentido social para ejercerlo.

De hecho la profunda contracción económica que vivimos actualmente es producto de una decisión respecto a que hacer o no hacer con el gasto público.

En un afán por estabilizar la economía a base de contraer la demanda se ha reducido enormemente el gasto público (que es un componente de la demanda). El problema es que al gastarse menos o dejar de gastar el gobierno deja de lado programas de asistencia social, cancela obras públicas de beneficio social, y en materia económica deja de impulsar la dinámica económica ocasionando desempleo y parálisis económica.

Es decir, se estabiliza la economía a costa del bienestar social y de la propia actividad económica. Eso significa que el ejercicio del gasto público no tiene un carácter social, como debiera de ser tratándose de que este sirve para alcanzar los objetivos supremos de un Estado. El gasto público, actualmente, se ejerce con un carácter enteramente economicista, eficientista, como si sólo fuese un instrumento técnico y no, como lo es, una herramienta política.

Dado el impacto tan grande que esto tiene en el entorno económico y social del país uno bien puede preguntarse: Considerando que el fin último del gobierno es la preservación del Estado ¿podemos decir que ésta forma de ejercer el gasto público está orientada a la preservación del Estado? ¿No atenta contra este fin último, la decisión de estabilizar la economía, sin importar el costo?

Yo considero que el ejercicio del gasto público, que se da actualmente, no sólo atenta contra el bienestar social, también atenta contra la viabilidad económica de su población, la integración nacional y la integridad territorial.

De ahí que deviene necesario cambiar el fundamento del gasto público, en función a una estricta razón de sobrevivencia. De otro modo podríamos lamentarlo todos.