LAS FINANZAS PÚBLICAS EN MÉXICO. 1988-2006

LAS FINANZAS PÚBLICAS EN MÉXICO. 1988-2006

Hilario Barcelata Chávez

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DEUDA Y FINANZAS, HACIA OTRO PLAN DE GOBIERNO

17 de febrero de 1988

La dinámica de la evaluación de la economía mexicana impone hoy retos muy grandes para quienes aspiran a gobernar a nuestro país. A través de las campañas electorales se han podido ir distinguiendo las principales líneas de acción en las que se basaría el programa de gobierno de cada uno de los candidatos a la presidencia de la República y ello también aclarado el panorama de las opciones en el rumbo a seguir. De esta manera podemos afirmar que existen solo dos claras opciones: el cambio de la estrategia en la política económica o la continuación con pequeñas variantes de la aplicada hasta la fecha. Esta última está representada por el candidato del partido en el poder y sus declaraciones en los diferentes lugares en los que se ha presentado lo confirman sin ningún afán de ocultamiento. Destacan así dos elementos muy importantes en su discurso, que bien se pueden considerar como elementos de un futuro programa de gobierno inscritos al mismo tiempo dentro de un futuro esquema de la política económica muy similar a la diseñada por el actual gobierno. El primero se refiere a la intención de “sanear” las finanzas públicas como medio para resolver los problemas inmediatos de la economía a través de la suspensión de subsidios, transferencias y apoyos a empresas públicas, así como la venta y liquidación de aquellas que se consideran no prioritarias o que se encuentran con números rojos. Es importante aquí, señalar la importancia de la empresa paraestatal dentro de la economía mixta en nuestro país para comprender porque pueden resultar contraproducentes estas medidas en su contra. En México el Estado interviene en la economía en la medida que esto le permite controlar y alterar las leyes económicas en beneficio de la producción y el consumo a favor del bien común. Esto le permite redistribuir el ingreso y la riqueza que se encuentra fuertemente concentradas y beneficiar a un número mayor de personas del crecimiento de la economía. Con el fin de corregir desequilibrios en el abasto y la producción y en los precios de comercialización de los productos básicos esta intervención ha ido creciendo día a día. El Estado se ha ido convirtiendo en propietario de una gran cantidad de empresas en muchas ocasiones salvándolas de la quiebra para mantenerlas funcionando tal como fue el caso de los ingenios azucareros y de otras muchas empresas. La lógica en que se basan estas empresas para su funcionamiento no gira alrededor de la obtención de una ganancia sino de un apoyo a la producción, por ello es que una gran cantidad de ellas no obtiene ganancias sin por ello dejar de ser altamente productivas. Lo irónico del caso es que muchos representantes de grupos empresariales muy fuertes exigen la venta de estas empresas que durante muchos años les han permitido mantener altas utilidades gracias a los subsidios y transferencias de que han sido objeto. Reprivatizar la economía en aras de un saneamiento de las finanzas significa no solo debilitar la rectoría del Estado de la economía sino también restarle posibilidades a este para reemprender el crecimiento económico y para redistribuir la riqueza.

El otro elemento de referencia es la aceptación formal de continuar con el pago de la deuda sin hacer planteamientos cercanos a los de una moratoria temporal o una reducción en los pagos del servicio de esta. Es sin duda muy riesgoso mantener al país en esta posición. La economía se encuentra muy debilitada y urge una pronta reactivación económica, renunciar a está con el fin de continuar con la disciplina en el pago de la deuda es un acto de gobierno con un serio y seguro riesgo de un alto costo social. Ya está comprobado que una economía que paga puntualmente no puede crecer y que si habremos de cumplir con nuestros compromisos es necesario crecer. Aunque el dilema no se reduce a crecer para pagar. El gobierno de la República tiene compromiso con el pueblo de México de brindarle las condiciones necesarias para obtener un mejoramiento constante en el nivel de bienestar de la población y obtener un desarrollo constante en el país. Estos postulados deben encontrarse antes que el cumplimiento de otros compromisos. Por ello es antes que crecer para pagar tenemos que crecer para mantenernos vigentes como nación, como seres humanos que aspiran a la superación y el progreso. Continuar con el pago de la deuda externa y ampliar los niveles de la interna significa exponer a nuestro país al mantenimiento de la recesión económica y por tanto la renunciación al desarrollo y el mejoramiento de las condiciones de vida material de nuestro pueblo, de nosotros mismos. La otra opción en la encrucijada, en la coyuntura es el cambio.