LAS FINANZAS PÚBLICAS EN MÉXICO. 1988-2006

LAS FINANZAS PÚBLICAS EN MÉXICO. 1988-2006

Hilario Barcelata Chávez

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CRISIS FISCAL DEL ESTADO. SE AGOTÓ EL MONETARISMO

21 de noviembre de 1998

Una profunda indignación recorre el país. La propuesta del gobierno en materia de finanzas públicas para el próximo año ha provocado un descontento y una irritación social enorme.

El programa de ingresos y gasto del gobierno para 1999, representa una reducción del ingreso personal disponible en la medida que pretende incrementar los impuestos, y propone profundizar el esquema de gasto que ha venido siendo altamente concentrador del ingreso y nada redistribuidor de la riqueza ya que (otra vez) dejará de gastar en programas de asistencia social y privilegiará los apoyos a los bancos.

Por si fuera poco, antes de que este plan sea aprobado por los diputados, el gobierno decidió e implementó incrementos al precio de la gasolina, el diesel, del 15% y realizará otro mas del 13% el próximo año. Incrementa las cuotas en carreteras y puentes y propone la liberación del precio de la tortilla. Pareciera que más que buscar el bien común, lo que el gobierno busca es el mal común. Desde luego, seguramente los señores funcionarios de hacienda trabajan con profunda convicción en cuanto la forma en que consideran que deben atacarse los problemas económicos y ciertos de que es su deber actuar así. No lo dudo. El problema central es que han perdido la perspectiva de la realidad.

Hoy el paradigma económico que sustenta sus interpretaciones y sus decisiones ha entrado en una profunda crisis. La teoría monetarista ha sido refutada por la evidencia empírica y por otras teorías más cercanas a la realidad. La revolución científica debe ser completada y para ello esta teoría debe ser reemplazada por un nuevo paradigma que sea capaz de enfrentar los nuevos retos que aquella ha sido incapaz de vencer. (De acuerdo con Thomas Kuhn)

El mencionado programa financiero ha tenido la virtud de unificar al pueblo de México. Si, todos en contra de él. Por primera vez, en mucho tiempo, trabajadores, empresarios, intelectuales, partidos de oposición, la iglesia e incluso hasta los propios miembros del PRI y diputados de éste partido están en contra de él.

La pobreza en el país es grande, muy grande. 26 millones de personas en extrema pobreza. Y por lo menos otro tanto igual en pobreza a secas. A pesar de ello, el gobierno no ha implementado una política económica capaz de resolver esa problemática. Por el contrario, mantiene y profundiza aquella que ha propiciado el deterioro del bienestar social de la población.

Socialmente es injusta e inaceptable la política económica gubernamental. Es verdad que el gobierno requiere más ingresos, pero ¿para qué? ¿En qué lo quiere gastar? Y la forma de incrementar los ingresos ¿realmente es la mejor forma de resolver el problema? ¿no es verdad, acaso, que el incremento de impuesto es altamente recesivo? ¿no es verdad, acaso, que el incremento de impuestos y de los precios y tarifas de los bienes públicos provocará una disminución del producto nacional y con ello un incremento del desempleo, de los ingresos, de las ventas de las empresas? ¿no es verdad, que el programa financiero es altamente inflacionario? Si, si es verdad. Por eso la irritación social.

Hasta los apologistas del gobierno se han visto en dificultades para justificar las medidas gubernamentales. Y las justificaciones de los funcionarios públicos suenan tan ofensivas a nuestra inteligencia, tan ingenuas, tan absurdas. Y es que si hay otras formas de atacar la crisis. Véase el programa que ha propuesto el gobierno japonés para vencer la recesión: incrementar el gasto público y reducir los impuestos. Exactamente lo contrario de lo que está haciendo nuestro gobierno. Al Señor Gurría, tan dado ha buscar ejemplos internacionales para justificar sus decisiones, no le caería mal que observara él, ahora, ese contundente ejemplo de alternativas de política económica.

Una cosa hay que entender: el monetarismo está caduco, obsoleto. Como teoría y como práctica, ha sido superada por la realidad. Por ello, al Señor Gurría, tampoco le caería mal leer las declaraciones de Tony Blair (primer ministro inglés) y de Ruud Lubbbers, ex primer ministro holandés, en torno a la tercera vía. Un camino que pretende apartarse de la ortodoxia monetarista (sus privatizaciones, sus inútiles equilibrios presupuestales y su falta de contenido social) y crear un proyecto gubernamental que permita alcanzar el crecimiento económico resolviendo los problemas del empleo y el bienestar.

Los mexicanos se han cansado de esperar el mejoramiento del país. Y, por desgracia, la espera compromete la sobrevivencia, así que las soluciones alternativas deben implementarse pronto. Ahora los señores diputados tienen la última palabra y los electores la tendrán en el 2000.