POLÍTICAS Y GESTIÓN PÚBLICA PARA EL ESTUDIO MUNICIPAL: ÓPTICA ACADÉMICA

POLÍTICAS Y GESTIÓN PÚBLICA PARA EL ESTUDIO MUNICIPAL: ÓPTICA ACADÉMICA

Maria Cecilia Montemayor Marin y otros

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2. LA TOMA DE DECISIONES Y LA RESPONSABILIDAD DEL ADMINISTRADOR

Desde su nacimiento la ética de los negocios apunta hacia ser un útil de las decisiones estratégicas. En Francia por ejemplo, ese es el fin que Gélinier (1991) establece para la ética de los negocios en su libro célebre. Pero estableciendo los hechos con justeza, la necesidad de involucrar a los hombres en el proyecto compartido de la empresa conduce a implicar a todos los partícipes de esa organización en la práctica de la ética de los negocios. Esta idea la encontramos desarrollada en el libro de Claude (1998: 58-60) para quien la ética de los negocios además debe hacerse operatoria en la situación de trabajo.

Son dos las razones, pensamos nosotros, que hace importante la toma de decisiones para le ética de los negocios. Primera, un organismo descentralizado como la empresa del nuevo milenio crea nuevos espacios de autonomía y libertad. Éstos son provocados por la nueva infraestructura basada en la informática y las comunicaciones. De ahí que la toma decisiones deviene crucial.

Segunda, tal que lo hemos señalado más arriba la toma de decisiones por parte de los administradores determina el destino del hombre y las cosas. En este sentido la responsabilidad, la honestidad y la justicia aparecen como los valores máximos en el problema moral dentro de la empresa.

A) LA TOMA DE DECISIONES EN FUNCIÓN DEL FIN ECONÓMICO

De acuerdo con Orsoni (Leroux y Marciano, 1999) una ética de la responsabilidad aplicada a la empresa buscaría solo conseguir los objetivos económicos sin detenerse en otra consideración. Sin embargo, una correcta comprensión de la célebre dicotomía de Weber la ética de la responsabilidad y la ética de la convicción conduce a comprender que ambas éticas son polos opuestos que se penetran y son unidos por el deber ser (Cuevas, 2005b: 152-159).

La ética de la responsabilidad es como esa autoridad exterior es ese super-hombre al que se refiere Durkheim (1902-1903) y que se expresa a través de llamadas y prohibiciones. Al contrario la ética de la convicción se encuentra en la subjetividad del individuo o es la interiorización del deber ser social.

Pero la praxis desarrollada en la empresa es un cambio de registro donde las relaciones económicas capitalista modifican el comportamiento moral de los hombres (Cuevas, 2003a) pero no lo anulan tal que lo establecen la metáforas de el capitalismo como una selva (Solomon, 2000: 32 y ss.)

De lo anterior se desprende que una correcta toma de decisiones debe tomar en cuenta la dimensión económica pero también moral. Sin embargo entre el deber ser y el ser existe una brecha. La empresa capitalista como organismo económico tiene por objetivo máximo la ganancia. Este primado de lo económico determina que las decisiones olviden el componente moral. Esta contradicción refleja un estado de cosas en el que lo humano se manifiesta a través de su negatividad. La medida en que esto ocurre puede ser un objeto de investigación de la ética de los negocios.

Vistas así las cosas, la existencia de la ética de los negocios y la responsabilidad social de las empresas revela la necesidad de integrar de manera consciente la dimensión moral en la administración de la empresa. Se subraya “consciente”, pues esa dimensión moral existe en la medida que los hombres que trabajan en la empresa no sólo se comportan como seres económicos sino también como seres morales. Ellos lo hacen pero no lo saben.

B) LA MORAL DEL ADMINISTRADOR EN LA TOMA DE DECISIONES

Así solamente en un momento de abstracción se puede dejar de lado la dimensión moral. Marx (1967) mismo al estudiar las leyes inexorables de la producción capitalista establece como en la personificación de las relaciones de producción capitalistas, el capitalista actúa guiado por el egoísmo, la autoridad y el despotismo propio del modo de vida basado en la propiedad privada capitalista.

Para Marx (1982: 1062, 1064-1065, 1081, 1085, 1087-1092) el hombre es criatura de un organismo económico que él no creo pero que él reproduce por una necesidad férrea de la reproducción del modo de vida en todas sus instancias. Así el hombre contiene la ideología y los valores morales impuestos por la clase que reina sobre el organismo social.

En lo singular pasando por lo particular, el hombre en su praxis reproduce las relaciones económicas, políticas, jurídicas e ideológicas. De ahí se sigue que el hombre del modo de vida capitalista también reproduce los valores morales de su sociedad.

Pero la moderna administración ve al hombre y en especial al administrador desde otro punto de vista. Desde Fayol (1981: 190, 193) las cualidades morales del administrador son importantes en la medida que siendo el responsable de la empresa debe poseer y practicar una serie de valores morales.

El administrador vive una tensión cuyos polos son conciencia moral y los objetivos económicos de la empresa. El problema moral en la empresa ocurre cuando el administrador debe tomar decisiones que lo conducen a actuar según el criterio de bien o mal; correcto o incorrecto:

«El problèma moral se pone a los seres humano cuando sus decisiones los conducen a escoger entre maneras de actur que difieren segun el criterio de bien o de mal » (Boyer, 2002 :21)

En Francia, el administrador Orsoni (1989: 106-116) señala el proceso de formación de carácter, de endurance del mismo, al calor de las experiencias que vive el administrador ante la imposibilidad de tener recetas establecidas de avance para resolver el problema moral en la empresa.

“El ejercicio de la moral es un esfuerzo de discernimiento del bien y del mal…El problema de la moral de la empresa es el del hombre y el problema del administrador consiste en buscar, no el Bien absoluto, sino cada vez, paso a paso, un bien para el hombre.” (Orsoni, 1989:109-116)