POLÍTICAS Y GESTIÓN PÚBLICA PARA EL ESTUDIO MUNICIPAL: ÓPTICA ACADÉMICA

POLÍTICAS Y GESTIÓN PÚBLICA PARA EL ESTUDIO MUNICIPAL: ÓPTICA ACADÉMICA

Maria Cecilia Montemayor Marin y otros

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3. Aspectos Fundamentales en el Estudio de Cooperación entre Empresas.

Aunque la cooperación no es un fenómeno nuevo tal como lo plantearon Smith, Carrol y Ashford (1995), ha sido en las dos últimas décadas cuando se ha expandido su utilización en el mundo empresarial adquiriendo una gran importancia en la realidad económica actual.

A finales del siglo XIX, se establece una de las primeras definiciones legales sobre una figura de cooperación: la empresa conjunta o los Joint Venture.

Pero será en el siglo XX cuando el término de cooperación, se conforma adoptando múltiples formas como fueron las franquicias o Joint Venture que se sitúan en los Estados Unidos, poco después de la primera guerra mundial.

Los primeros trabajos que suelen reseñarse en los estudios de cooperación entre empresas datan de los 70 (datos obtenidos del trabajo sobre la literatura y tendencias de la investigación en las alianzas entre empresas de Alejandro Escribá) entre ellos podemos señalar los de Tomlinson (1970), Friedman, Béguin y Franko (1971), o Stopford y Wells (1972), quienes analizan las relaciones entre grandes empresas multinacionales americanas con sus pequeños socios locales de otros países, con especial atención en el caso de los países en desarrollo.

Durante los años 80 se produce una fuerte corriente de formar acuerdos de cooperación, tanto entre competidores como entre proveedores y clientes, empleando una diversidad de estilos de cooperación que incluyen desde acuerdos contractuales y poco formalizados hasta la creación de nuevas entidades por más de una empresa, y estructuradas jerárquicamente.

En la primera mitad de los años 80, tras los primeros trabajos relativos a la cooperación entre empresas multinacionales y locales se produce una fuerte tendencia hacia su estudio, entre los primeros trabajos que señalan la importancia de los acuerdos se encuentran Mariti y Smiley (1983 ), quienes desde un enfoque de economía industrial realizaron estudios empíricos sobre la utilización de los acuerdos que van desde los motivos de su formación, su utilización, los objetivos y las formas utilizadas, etc.

A partir de entonces han sido muchos los estudios realizados, en relación a la cooperación empresarial en el ámbito internacional, como son los trabajos desarrollados en la economía industrial a partir de la Teoría de la Internacionalización y la Teoría de los Costos de Transacción, el enfoque de la Teoría de Dependencia de Recursos, el Enfoque Estratégico (Porter y Fuller, 1986; Harrigan, 1986 y 1988; Ohmae, 1989) y más recientemente desde las Perspectivas del Aprendizaje Organizativo (Hamel, 1991) y la basada en los Recursos (Madhok, 1995; Ventura, 1995).

El carácter de la nueva cooperación se centra en función de sus necesidades y del entorno en que realiza sus actividades y forma parte de la estrategia de la empresa.

Las razones en la formulación de alianzas, desde la perspectiva de la teoría de Costos de Transacción y el Enfoque Estratégico es quizás el que ha recibido más atención por parte de los investigadores.

En su revisión sobre algunas de las explicaciones teóricas de la formación de Joint Venture, Kogut (1988), señala que existen tres motivaciones principales que se pueden complementar unas con otras y que son:

La Lógica Económica, la Lógica Estratégica y la Lógica Organizativa o del Aprendizaje. Otras revisiones teóricas tales como Koka en 1996 o la de Osborn y Hagedoorn en 1997, amplían el rango de enfoques incluyendo también la Teoría de Dependencia de Recursos y la Teoría Institucional que tratan de explicar la proliferación de su uso en las empresas.

La cooperación es una institución duradera de relaciones privilegiadas entre empresas, fundadas sobre la reciprocidad de ventajas, la concertación sistemática y la búsqueda en común de todos los progresos y avances que pueden contribuir a conseguir un objetivo conjunto de carácter general o especifico, revela por tanto, una asociación de fuerzas que permiten compartir recursos, reducir riesgos y facilitar la realización de proyectos conjuntos con el fin de alcanzar un objetivo preestablecido.

El uso de acuerdos de cooperación es fruto de la unión entre las mejorías que puede presentar la empresa y las razones de su utilización, así como la propensión de las empresas a adoptar este tipo de estrategias, en el que se renuncia a la autonomía absoluta, ya que se comparten la toma de decisiones y los resultados.

Durante la duración de un acuerdo, la empresa desarrolla unas relaciones más estrechas y menos vulnerables, en base al cumplimiento de ciertas reglas de comportamiento que van desde la responsabilidad, seriedad, honestidad, confiabilidad, etc., que deben de tener en cuenta los socios. Puede llegar a tener un carácter temporal indefinido o limitado en el sentido en que la consecución de los objetivos propuestos va a suponer la finalización de la colaboración.

La cooperación está ligada a aspectos económicos y técnicos, ya que puede tener una dimensión más amplia en cuanto a que puede responder a varios objetivos, integrar a diversos actores de diferentes tamaños, (PYMES y Grandes Empresas) y de diferentes ámbitos (entidades financieras, organismos públicos, empresas, etc.), y puede aplicarse a múltiples actividades y sectores económicos.

Mitchell y Singh en 1996 argumentaron que las empresas que comercializan productos o bienes complejos; es decir, sistemas compuestos por elementos que interactúan constantemente entre sí, pero que constituyen una unidad que no puede dividirse, necesitan desarrollar y mantener la capacidad de producir y coordinar numerosos componentes que incluyen normalmente tecnologías complejas.

El mantenimiento de las competencias necesarias en el amplio rango de tecnologías es difícil, además de que se pueden presentar elevados costos organizativos y financieros para seguir desarrollando tales estructuras, por lo que la empresa en el modelo de asociación puede encontrar una solución que incremente sus posibilidades de supervivencia.

Hagedoorn y Schakenraad (1994), se han centrado en el estudio de los atributos de las empresas tales como el tamaño, (Shan 1990; Walter y Kogut 1994), la posición competitiva, el grado de diversificación o de recursos financieros como determinantes para un modelo de cooperación.

Habitualmente se vincula el tamaño a una disposición mayor de recursos financieros y suele haber una posición más ventajosa entre el grado de diversificación y la dimensión de la empresa, aunque algunos autores argumentan que la dimensión de la empresa y el uso de las alianzas estratégicas no afecta directamente a la tendencia de la cooperación (Costa y Callejón, 1992; Shan, Walter y Kogut 1994), y algunos otros como Rueda Peiro, señalan que empresas de menor tamaño carecen de recursos humanos y materiales para llevar a cabo una planeación y diseño de proyectos de cooperación.

Aunado a esto, el carácter individualista del pequeño empresario, no está dispuesto a compartir información y mucho menos recursos financieros.

El pequeño empresario, no está dispuesto a perder ni el poder, ni la autoridad, ni la autonomía (Casini, 1995, Miranda, 1992) y menos a arriesgar su patrimonio en la aventura de la asociación, aunque ya lo han hecho exitosamente algunas empresas americanas o como lo están desarrollando las empresas europeas, en el caso de México, existen casos de éxito, pero son pocos, esto puede deberse a una falta de información, falta de preparación o la poca funcionalidad de los programas de apoyo gubernamental.

Por otra parte Tallman y Shenkar (1994), dentro de un estudio de cooperación empresarial señalan la creación de Acuerdos de Cooperación Internacional, destacando la importancia de los directivos de las empresas y otras influencias organizativas, a la hora de tomar una decisión.

No necesariamente son los aspectos económicos los que prevalecen, sino que se manifiesta por una evaluación racionalmente limitada, de los costos y beneficios económicos del acuerdo.

Los directivos aportan sus experiencias pasadas, su propio sistema de valores, y los intereses al proceso de decisión. Dentro de las modalidades formales de este modelo de cooperación se puede presentar, desde un simple acuerdo verbal, acuerdos de principios, a la firma de contratos legales y puede adoptar algunas opciones como serían el de ofertar una amplia gama de productos complementarios o bien comercializar los productos de las firmas.

Un informe de la Comisión de la Comunidad Europea (Comisión de la CE, 1993), señala que la actitud de los empresarios a la cooperación difiere entre sectores y países. Éstas actitudes son consecuencia de (1) la prevalecencia del individualismo, frente a la inclinación de cooperar, dentro del mundo de los negocios y la sociedad en general, (2) la experiencia histórica y la familiaridad de las empresas del entorno socioeconómico con la cooperación institucionalizada, (3) la inclinación del pragmatismo económico frente a los ideales del movimiento cooperativo y (4) la actitud de las instituciones públicas hacia la cooperación entre empresas.