POLÍTICAS Y GESTIÓN PÚBLICA PARA EL ESTUDIO MUNICIPAL: ÓPTICA ACADÉMICA

POLÍTICAS Y GESTIÓN PÚBLICA PARA EL ESTUDIO MUNICIPAL: ÓPTICA ACADÉMICA

Maria Cecilia Montemayor Marin y otros

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3. EL AVANCE DEL ENVEJECIMIENTO DEMOGRÁFICO

La planeación gerontológica de los espacios urbanos exige tomar en cuenta el proceso de envejecimiento de la población de México para tener una visión preventiva. El rápido avance del envejecimiento demográfico se atribuye principalmente a tres factores demográficos asociados: la caída de la tasa de fecundidad (MUÑOZ PÉREZ, F. , 1987: 911-942; CASTILLO, F. y VELA, F. , 2005 : 107-141), el descenso generalizado de la mortalidad, que ha significado el aumento de la esperanza de vida en todo el mundo, y los movimientos migratorios.

En este apartado se observan los cambios en la fecundidad, la mortalidad y en la estructura demográfica en México, así como la desigual distribución espacial del envejecimiento de la población en el territorio. Además, se apuntan los posibles escenarios del envejecimiento demográfico y sus repercusiones socioeconómicas y asistenciales (MENENDEZ, J. , 2003; GUTIÉRREZ ROBLEDO, LM. Y GARCÍA MAYO, EM. , 2005).

El proceso de envejecimiento demográfico es un fenómeno universal (KINSELLA, K. y VELKOFF, V.A. , 2002) sin precedentes cuyas repercusiones sociales, políticas y económicas estamos empezando a conocer. Según algunos expertos (INSTITUTO NACIONAL DEL ENVEJECIMIENTO , 2000) el mayor crecimiento del envejecimiento de la población para el siglo XXI lo experimentarán los países en desarrollo, como México, lo que agravará la compleja situación de pobreza y marginación que viven muchos adultos mayores en esos países. Todo apunta a que este fenómeno se convertirá en uno de los mayores problemas estructurales de la humanidad en el presente milenio (JACKSON, R., México, 2005).

Entre los años 1970 y 2000 México ha sido uno de los países en desarrollo que más ha experimentado una acelerada transición demográfica (INEGI , 2000), lo que ha permitido que hoy 7 millones de mexicanos tengan 60 y más años. Los principales factores explicativos del avance del envejecimiento demográfico son: en primer lugar, la caída de la fecundidad (MENDOZA, D. , 1998), derivado de los efectos de la urbanización, la mejora en la salud, la educación y la incorporación de la mujer al trabajo, que en México ha pasado de 6.8 a 2.9 hijos por mujer. En segundo lugar, el descenso de la mortalidad, sobre todo infantil, en México (de 156.3‰ al 30.9‰), se explica por la expansión de la cobertura médica (SALGADO ALBA, A. , 1976), lo que ha propiciado un aumento de la esperanza de vida al nacer en México (en los varones de los 59 a los 72 años y en las mujeres de los 63 a los 77 años). Sin embargo, en México se registran Estados, como Guerrero, Oaxaca y Chiapas, donde persisten las desigualdades y la esperanza de vida es inferior a la media nacional (MONTES DE OCA, V. , 2003: 79-104). En tercer lugar, la migración nacional e internacional, sobre todo en México hacia Estados Unidos, de población joven activa, ha precipitado el avance del envejecimiento demográfico de las regiones rurales deprimidas, motivado por los efectos de la urbanización y la perdida de competitividad del sector primario.

Uno de los efectos más importantes de la transición demográfica en México ha sido el cambio en la estructura por edades de la población debido al aumento considerable del peso relativo de las personas adultas mayores y la disminución del peso de los jóvenes, lo que está provocando un avance del envejecimiento demográfico absoluto y relativo. En este sentido, entre los años 1970 y 2000 se observa en México un aumento de la tasa de población de 60 y más años, del 5.6 al 7.1%, es decir, 6,948,457 adultos mayores de los casi 97 millones y medio de habitantes (INEGI, 2000), de los que alrededor de 3.7 millones son mujeres adultas mayores (53,2%) y 3.3 varones adultos mayores (46.8%).

La desigual distribución espacial del fenómeno del envejecimiento en México es una realidad histórica y estructural motivada por la emigración de las zonas rurales marginales y el efecto llamada de las grandes áreas urbanas. Aquí observamos grandes coincidencias entre las zonas con baja densidad y elevados índices de envejecimiento, sobre todo en las regiones tradicionalmente agrícolas. En este sentido, en el año 2000 los Estados de México con un mayor envejecimiento demográfico fueron, Zacatecas, Oaxaca y Michoacán del Ocampo, que presentaban tasas por encima del 15%, mientras que Quintana Roo, Baja California y el Estado de México registraron tasas por debajo del 9.5%.

Las Naciones Unidas (ONU , 1985) prevén para el año 2050 que el proceso de envejecimiento demográfico tendrá especial relevancia en las regiones en desarrollo (HELPAGE INTERNATIONAL , 2002), como América latina (WARNES, A.M. y HORSEY, A. , 1988), donde la situación de pobreza y marginación de los adultos mayores es hoy especialmente complicada (COALE, AJ. , 1983: 823-832). Las previsiones para México indican que para el año 2025 la proporción de personas de 60 y más años será del 15% y en el año 2050 del 28% (CONAPO , 2002) (Gráfico 1).

Hoy día se calcula que más del 60% de la población mayor del mundo vive en las regiones menos desarrolladas (WARNES, A.M. , 1987a: 252-294). El problema se agrava si tenemos en cuenta que buena parte de la población total absoluta envejecida se concentra en las zonas urbanas, sobre todo en las grandes metrópolis que no reúnen las mínimas condiciones de habitabilidad para estos ciudadanos. Tan solo en el área metropolitana del Distrito Federal y del Estado de México habitan más del 20% de la población total de 60 y más años del país, seguidas por las ciudades de Monterrey y Guadalajara. Centrándonos sólo en las mujeres mexicanas adultas mayores, una de cada 5 se localiza en el área metropolitana de México (MONTES DE OCA, V. , 1998).

Por otro lado, las zonas rurales, con un envejecimiento relativo mayor, fruto de las oleadas emigratorias, también deberán ser muy tenidas en cuenta por los distintos Estados. En este sentido, defendemos el desarrollo ordenado de las ciudades como motor de crecimiento en sinergia con su región y, por el otro, enfrentar las profundas desigualdades de la población mayor rural.

Surgen dudas sobre las posibilidades reales de atender adecuadamente las demandas crecientes de tan numerosa población envejecida, en plena progresión, que vivirá en las ciudades. Se hace indispensable un conocimiento profundo y previo de la situación de las personas adultas mayores de dichos espacios con la finalidad de posibilitar una adecuada planeación de los servicios necesarios. Pero, sobre todo, el gran reto de nuestra sociedad, una sociedad cada vez más urbana, está en superar la pobreza y la exclusión social que seguirán padeciendo las personas adultas mayores en el presente milenio (EHRLICH, PR. y EHRLICH, AH. , 1993: 234-235). En este sentido, es prioritario y necesario favorecer una mejora de la calidad de vida de las personas adultas mayores que viven en nuestras ciudades.