LA OTRA PARTE DEL TURISMO: LA DINÁMICA INTERNA DEL PREJUICIO

LA OTRA PARTE DEL TURISMO: LA DINÁMICA INTERNA DEL PREJUICIO

Maximiliano Korstanje

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Los conflictos fronterizos históricos.

En esta tercera sección se analizan los testimonios derivados de las entrevistas que hacen referencia, como motivo de rechazo, a los conflictos político-históricos que han tenido en sus relaciones Argentina y Chile.

Juan (24 años) trabaja en una conocida rentadora de autos y si bien no tiene estudios específicos en turismo, tiene de su trabajo una buena imagen. Entre los turistas extranjeros que más trato tiene, el entrevistado señala brasileros, españoles, estadounidenses y chilenos. Según su percepción todos ellos poseen un nivel socio económico mayor al de Juan, aunque esto no parezca molestarle. Su postura sobre los turistas chilenos es una de las más duras que se ha podido observar aunque también es conciente del papel que juega la diferencia de estatus entre profesionales y turistas en la relación cuando dice “evitar si pudiera a los chilenos, pero no puedo. Porque? … porque son muy antipáticos, y me caen mal. Existe mucha bronca entre argentinos y chilenos, debe ser por varias razones, por el territorio y esas cosas. Los cholos también son expansionistas y vienen a la Argentina como turistas, después se quedan … deberían quedarse en su país, no es casualidad que tengan problemas en todos lados, vas al sur y nadie los quiere, vas allá tampoco. Parte de los problemas del país son de los inmigrantes ilegales, además ayudaron a los ingleses en Malvinas”. A la hora de cerrar la entrevista, una de las preguntas obligatorias fue ¿podes narrar algún conflicto que hayas tenido con algún cliente extranjero?, lo cual para el caso de Juan ameritaba una respuesta no muy diferente al resto de los entrevistados, “con chilenos no tuve ninguno pero con otros si”. Finalmente, Juan concluye la entrevista afirmando que no ha tenido extranjeros trabajado en su empresa.

Análogamente similar es el testimonio de Carina, una guía de 22 años que se desempeña como asesora de viajes en un hotel cuatro estrellas. Guía de turismo de profesión Carina considera que su trabajo es importante para su profesión. El 60% de los turistas que atiende diariamente son extranjeros (italianos, españoles, chilenos, ecuatorianos y brasileros) y un restante 40% nacionales. Si bien no tiene ninguna preferencia ni en cuanto a los extranjeros o a los nacionales, Carina manifiesta una evidente aversión hacia ecuatorianos y chilenos. Según su testimonio los chilenos vienen mal predispuestos y la tratan mal -aprovechándose de su estatus de clientes-. La cantidad de conflictos territoriales con Chile es una de las causas que Carina considera como al de mayor peso para explicar esa mala predisposición por parte de los turistas chilenos. A diferencia, del resto de los entrevistados Carina puede narrar un episodio en la cual un cliente hizo un escándalo porque no le gustó la habitación asignada. En este punto, existe otro grupo que se asemeja a los chilenos aun cuando su país no tiene registro histórico de conflictos con Argentina, Ecuador. Si bien Carina puede narrar claramente haber tenido una mala experiencia con un turista de nacionalidad chilena, sólo se trata de una experiencia aislada (según lo que manifiesta la entrevistada). Si bien, no ha tenido la oportunidad de tratar mucho con ellos, la entrevistada señala no tener un mal recuerdo de los italianos y españoles con los que en el pasado ha tenido que trabajar.

Silvia con sus 30 años es profesora superior de inglés, además de faltarle dos materias para recibirse de abogada. Hace apenas un año que trabaja en una rentadora de autos, y entre sus clientes elije tratar con extranjeros más que con nacionales, aunque aclara “que malhumorados hay en todos lados”. Dentro de los turistas extranjeros, su trato con estadounidenses es asiduo y por lo general están regulados por un manual de reglas y procedimientos. Silvia, considera que su trabajo es importante aun cuando no esté relacionado con su carrera universitaria, asimismo ha podido entablara a través del Msn una relación fuera de sus obligaciones laborales con algunos turistas estadounidenses. No obstante, cuando se le pregunta si existe algún grupo de turistas que quisiera evitar, responde: “sin dudas a los chilenos. Porque son unos ratas, regatean todo el tiempo, todo lo que vos haces está mal. Vienen con aires de grandeza tremendos. Nosotros ponemos la mejor predisposición, no discriminamos a nadie en ese sentido. Damos lo mejor para darles a nuestros clientes la mejor atención, pero ellos piden primero más de lo que pagan … el tema es complejo yo tengo mi opinión pero no se si da. El tema es que hay mucha historia de por medio, quizás si agarran a una chica de 20 años no pasa eso. Porque no se acuerda o quizás no lo vivió pero está el Beagle, la ayuda que le dieron a los ingleses en Malvinas, uno tiene su corazoncito y no se olvida de estas cosas. Hay un tema territorial, Chile se está quedando por el Pacífico sin territorio, cada vez se vienen más para nuestro lado … En Mendoza, los chilenos están comprándose todo, hoteles, casas, tierras y traen únicamente a su gente a trabajar todos chilenos …En la cordillera están corriendo la frontera todos los días, traen los empresarios chilenos que invierten en turismo, y ellos a su vez fomentan la inmigración ilegal, traen grupos que se asientan y poco a poco están poblando todo Mendoza. Cuando vienen a Buenos Aires creen que están en Mendoza. Es como decía mi papa, los chilenos son muy peligrosos y eso me molesta mucho”. Si bien el testimonio de Silvia parece estar anclado dentro de lo que es su experiencia personal, en lo laboral ella nunca ha tenido ningún conflicto serio con algún turista chileno. Silvia no ha tenido que trabajar con colegas extranjeros.

Después de los testimonios analizados ¿podemos afirmar que se está ante casos de prejuicio aversivo?, ¿Qué elementos indican que en los testimonios recogidos se han encontrado prejuicios hacia los turistas chilenos u otros extranjeros?, ¿Qué características de similitud y diferencias muestran los tres discursos?, ¿Qué función cumple el contacto en la formación de ese prejuicio?

Según la teoría del contacto que se ha trabajado en el Marco Referencial, para poder hablar de prejuicio deben existir tres componentes claramente identificados: a) un estereotipo sea esté negativo o positivo que hace mención a un atribuyo determinado, como ser los estereotipos que se relevaron en el sondeo exploratorio.

En el caso de los entrevistados, cuando se señala que los chilenos son “antipáticos, despectivos, caprichosos” se está en presencia de estereotipos negativos. b) el segundo componente es el afecto, comprendido como un elemento discursivo irracional que muestra en su articulación ciertas incoherencias. Por ejemplo, cuando los entrevistados consideran a los turistas chilenos agresivos y conflictivos pero no pueden precisar haber tenido ningún conflicto real, o llegado el caso advierten “haber tenido miles” pero no poder recordarlos. También se observan ciertas incongruencias, propias del prejuicio, cuando se señala a los turistas como de mayor poder adquisitivo y nivel socio-econonómico pero minutos más tarde se los menciona como “de una clase inferior a” la del entrevistado. c) una actitud generalizante del otro, el mecanismo de este componente radica en tomar un atributo particular de un individuo pre-fijado por el estereotipo y aplicarlo como constante a todo su grupo de pertenencia. El caso más claro en los testimonios, es cuando se dice “los chilenos son un asco”, lo cual hace referencia a que “todos los chilenos son”.

Tal como ya se ha mencionado, en la actualidad el prejuicio ha cambiado, y una de sus características más visibles, es que ya no se trata de una agresión directa y abierta, sino que la tendencia actual apunta a evitar la interacción con quien se considera diferente. En esta línea, Kleinppenig y Haagendorn (1993) hablan de prejuicio “aversivo”.

Según otros autores, también los límites del prejuicio han sido transformados, hace cincuenta años se consideraba a ciertos grupos “inferiores” genética y biológicamente, mientras que hoy la diferencia o esa supuesta inferioridad se auto-justifican en algunas diferencias culturales y de “clase” (sic). (Miles 1999) (Essed 1991) (Margullis y Urresti, 1999)

En concordancia con estas aclaraciones teóricas y después de haber analizado los testimonios de algunos de los profesionales del grupo, podemos afirmar que en el discurso hacia los turistas chilenos y otros, existe un prejuicio “aversivo” definido y anclado en supuestas “diferencias culturales, de clase y disputas histórico-políticas”.

En común las tres tipologías discursivas construyen estereotípicamente al turista chileno en forma negativa, tal como se demostró en el sondeo exploratorio del capítulo II, los chilenos son considerados conflictivos, desconfiados y agresivos; mientras que el profesional (víctima inevitable de los caprichos y de la diferencia de estatus en que se encuentra) no tiene más remedio que soportar las “humillaciones” de este grupo de turistas. En coincidencia con las investigaciones de Teun Van Dijk, aquellos entrevistados que se manifiestan de esta manera, cuando se les pide que narren en forma clara y precisa lo sucedido, dicen haber tenido tantas experiencias de ese tipo que no recuerdan o simplemente no haber tenido ninguna.

Sin embargo, los tres tipos de discursos poseen características particulares que los distinguen entre sí. En aquellos testimonios, que remarcan la diferencia cultural como la causa principal de su rechazo, existe una manifiesta afinidad hacia culturas anglo-sajonas, a través del lenguaje o del trato cotidiano. Es el caso de Lucía y Laura (ambas traductoras de inglés) que señalan a los turistas anglo-parlantes como “modelos culturales” a seguir en educación y cortesía. Contrariamente los chilenos son considerados un grupo antagónico, el cual por “agresivo, envidioso y no educado” despierta un desprecio en sus declaraciones. Si bien, Margullis y Urresti (1999) habían remarcado esta tendencia, no puede afirmarse aún que sea aplicable al resto de los testimonios, mucho menos que explique la simpatía por los turistas brasileros -tan latinoamericanos como los chilenos.

Diferente, parece ser el caso, de los testimonios que señalan a la diferencia de clase como factor fundamental del rechazo. Mara y Juan Carlos, ocupan diferentes puestos en distintas compañías pero ambos concuerdan en que los turistas chilenos pertenecen a una “clase baja” que atraída por la diferencia cambiaria viene a Buenos Aires pero que carece no sólo de educación sino que al ser un grupo supuestamente “sometido” en su estructura social, al estar en una posición de estatus superior muestra una tendencia a someter. En este punto, la aversión no sólo se dirige hacia los chilenos sino también hacia otros grupos como mexicanos o ecuatorianos.

Similar al caso, anterior, Juan Carlos menciona “a los lords de York” como los exponentes de “la excelencia” y los contrasta con “los esclavos, y los bolivianos” cuando afirma que los chilenos “valen menos que un boliviano”.

No obstante, a diferencia de los casos anteriores, ni Mara ni Juan Carlos denotan un desprecio hacia los latinoamericanos en general como el caso de Laura. Otra diferencia es que, se observa una “jerarquización” en lo que respecta a estratos superiores e inferiores -más allá de la idea de nacionalidad. En forma resumida, según Mara y Juan Carlos: existen mexicanos y chilenos de clase “alta” (preferibles) y de clase “baja” (evitables).

Finalmente, la tercera clasificación, (los conflictos fronterizos) posee más diferencias con las otras dos, que similitudes. En este caso, la causa que lleva a los entrevistados a rechazar a los chilenos está justificada por los conflictos diplomáticos y geo-políticos entre Argentina y Chile a lo largo de su historia. Tanto Juan, como en Carina pero más evidente en Silvia se observa el papel que cumple el “nacionalismo” dentro de ese prejuicio -en declaraciones tales como “uno tiene su corazoncito” por ejemplo.

En las dos clasificaciones anteriores, tanto “la cultura” como “la clase” implican una división que excluye la idea de nación; empero en esta clasificación la cuestión parece tomar ribetes totalmente diferentes. Para estos entrevistados, no existen diferencias de “cultura” entre un inmigrante o un turista, tampoco existe diferencias de “clase” entre un empresario y un peón.

El nacionalismo, en este caso, divide -en una lógica bipolar- a quienes forman parte del endo-grupo (argentinos) de quienes no (chilenos). Esta división se hace más intensa y rígida cuando se introducen ciertos elementos históricos para la construcción del “otro”. De esta forma, ya el chileno deja de ser un “otro-diferente”, para transformase en un “otro-conocido”. A través de una historicidad que mira el presente con ojos del pasado, “el chileno” pasa de ser construido como “extranjero” para ser temido como “enemigo”; lo que Lewis Coser ha denominado un “conflicto irreal”.

La relación social consta de dos componentes bien diferenciados; uno referente a la esfera interpersonal llamada “orientación tú” y el otro relacionado con una relación abstracta y generalizada “la orientación ellos”. Siguiendo las premisas de Schutz y Luckmann, Carlos Belvedere ha demostrado que los prejuicios pueden mantenerse en la “orientación ellos”, indistintamente que en “la orientación tú” queden anulados. (Belvedere, 2003:85)

Esto presupone en concordancia con otros autores como La Pierre (1938), Wax (1948) y Giddens (1999) que existe una disociación entre el prejuicio propiamente dicho y su exteriorización.

Según los testimonios analizados, el haber tenido la posibilidad de trabajar con extranjeros no parece ser una variable que sea sensible al prejuicio aversivo. Se ha observado en el caso de Agustín, que aún teniendo un buen recuerdo laboral (en lo individual) se puede incluso manifestar una aversión generalizada hacia el grupo de referencia de ese individuo.