LA OTRA PARTE DEL TURISMO: LA DINÁMICA INTERNA DEL PREJUICIO

LA OTRA PARTE DEL TURISMO: LA DINÁMICA INTERNA DEL PREJUICIO

Maximiliano Korstanje

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LOS QUE EVITAN

Como ya se ha mencionado, el prejuicio de hoy ha cambiado en relación al de ayer. Hoy ya no se encuentran discriminaciones abiertas como a mediados del cincuenta, solamente basta con evitar interactuar o establecer un vínculo con el “otro discriminado”.

Los entrevistados manifiestan, al igual que en el estudio exploratorio mencionado en el capítulo 2, características personales en los turistas que hacen al rechazo. Estas no son físicas exclusivamente, sino que hacen referencia a un “supuesto maltrato” y “abuso” por parte del turista para con el profesional que le da servicio. Se los señala como soberbios, agresivos, altaneros, ratas, caprichosos y mal predispuestos etc.

Sus causas son diversas aunque arbitrariamente pueden desprenderse tres motivos, según las palabras de los propios entrevistados:

- Por “incompatibilidad o diferencias culturales”.

- Por “incompatibilidad de clase social”.

- Por una relación histórica de conflictos fronterizos entre Argentina y su país, sobre todo en el caso chileno.

- Las diferencias Culturales

En esta clasificación entran aquellos testimonios que señalan como causa principal de aversión, las diferencias culturales entre ellos mismos y los turistas con los cuales prefieren no tener trato alguno de presentarse la oportunidad:

Laura tiene 28 años, trabaja como conserje en un conocido hotel cuatro estrellas, hace diez años que está en el sector y es además traductora pública de inglés. Sus horarios son similares al resto de los entrevistados, entre 8 y 10 horas y ha manifestado que trata de seguir las pautas que le indica su manual de procedimientos en la atención al público. En lo que respecta al trato, tiene particularmente contacto con brasileros, chilenos, estadounidenses y españoles. Particularmente, prefiere a los ingleses y estadounidenses (con los cuales ha entablado relaciones de amistad) por considerarlos gente “bien educada y culta”. En su experiencia laboral ha tenido la oportunidad de trabajar con estadounidenses de quienes guarda un excelente recuerdo. Asimismo, la entrevistada (de tener la posibilidad) evitaría a los turistas chilenos. Según ha comentado, los chilenos tienen una cultura inferior a la argentina, eso provoca cierta envidia y una necesidad de “probar algo”, que lleva a que el turista chileno llegue al hotel mal predispuesto. Sin embargo, cuando se le pide a Laura que precise y narre un conflicto sucedido con turistas chilenos o latinoamericanos arguye tener miles y no poder precisar ninguno.

También se han observado, discursos similares en empleados de rentadoras de autos, quienes como Lucía con 38 años, considera que evitaría a ciertos turistas extranjeros, como chilenos o españoles. Lucía comienza su día laboral con nueve horas de trabajo, y no posee ningún manual de procedimientos en el trato diario con sus clientes. En la mayoría de los casos, ella trata con europeos entre ellos, españoles, alemanes, ingleses e italianos a los cuales considera de un nivel socio-económico mayor al de ella. En lo personal se lamenta no haber podido terminar sus estudios para recibirse de traductora pública de inglés. La entrevistada considera, que el título universitario es una herramienta “fundamental” para desempeñarse en un mundo competitivo, amenazante y violento. Cuando se le pregunta, si ha podido entablar alguna relación de simpatía responde que se ha llegado a escribir por e-mail con italianos y españoles, pero paradójicamente también manifiesta cierta aversión hacia los españoles. Al igual que los chilenos los españoles llegan mal predispuestos, en parte, debido a la fama de “rápido” del argentino; por otra parte el europeo que viene al país en calidad de turista es la “resaca” de Europa (sobre todo españoles), sin cultura ni educación aprovecha una diferencia de cambio que hace a la Argentina un país barato, para darse todos los gustos. Para la entrevistada, este grupo de turistas no tiene códigos ni respeto y eso hace que surjan ciertos “chisporroteos” en el trato. Para el caso de los chilenos, la entrevistada exclama “los chilenos son un asco. Se creen no se que … todo porque tienen un poco más de plata, vienen y te tratan mal … por todo quieren un descuento. Están culturalmente determinados así, son de poca clase, al igual que los españoles son la resaca, no tienen cultura y eso hace que vengan predispuestos que todo el mundo los sirva …aquel que es sirviente cuando es patrón que quiere?, que lo sirvan. Tanto tiempo estuvieron en su país como bajo escalafón que cuando ven a otro que está peor que ellos se abusan y aprovechan dado rienda suelta a sus caprichos”. Al igual que Laura, cuando se le pide que precise algún altercado con españoles o chilenos, Lucía responde no haber tenido ninguno. Sin embargo, a diferencia de la primera no ha tenido compañeros de otro país trabajando con ella.

El último de los testimonios, nos lleva hacia Agustín, un joven profesional Licenciado en Administración hotelera y guía de turismo quien con 26 años se desempeña como supervisor de recepción en un hotel cinco estrellas. Con un manual de procedimientos “en modificación “ y 10 horas de trabajo diario, Agustín considera que su trabajo ayuda a su formación profesional. Con respecto, a la atención al público, el entrevistado manifestó que en su mayoría el establecimiento recibe turistas nacionales y apenas un quince porciento de extranjeros; de los dos prefiere a los extranjeros. Sin embargo, dentro de los mismos extranjeros hay que advertir algunas diferencias, por ejemplo entre “los europeos” y “los latinos”. Los primeros son prácticos y resolutivos mientras que a los segundos hay que estarles arriba y prestarles más atención. En el caso de los chilenos, Agustín no escatima esfuerzos en señalar “a los chilenos no los trataría, son muy conflictivos …es un público muy complicado, el porque es muy complejo, supongo que es cultural. Es un turista especial, quiere todo lo que ve, es muy difícil de satisfacer…Vienen por un tema de favoritismo cambiario, tienen un bajo nivel económico y cultural, son gente de clase baja pasa por eso creo; y se creen que son los príncipes de Gales”. Tampoco, Agustín puede narrar en forma clara haber tenido un conflicto con turistas chilenos, a esa pregunta responde “si miles, la mayoría llegan fuera de horario y quiere que les respete las reservas sobre todo gente del interior y chilenos”. Paradójicamente, a la opinión que tiene el entrevistado en relación a los chilenos, en su experiencia laboral tuvo la oportunidad de trabajar con un chileno de quien no parece tener un mal recuerdo.