LA OTRA PARTE DEL TURISMO: LA DINÁMICA INTERNA DEL PREJUICIO

LA OTRA PARTE DEL TURISMO: LA DINÁMICA INTERNA DEL PREJUICIO

Maximiliano Korstanje

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Antecedentes de Prejuicio en el turismo

“En países que se precian de una tradición de tolerancia, es raro que no existan, bajo la tranquila superficie, corrientes subterráneas de prejuicios raciales. En Inglaterra el negro tiene tanto derecho como cualquiera a ser admitido en un hotel pero puede encontrar todas las habitaciones alquiladas”. (Bybby C; en Klineberg y Jahoda, 1967:133).

En 1934, R. T LaPierre plantea serias dudas cuando, a través de un novedoso método, cuestiona que no necesariamente debe existir una relación lineal entre la conducta y la actitud. El autor, comienza un viaje con una pareja china, parando en 66 hoteles y 184 restaurantes a lo largo de Estados Unidos. Solamente en un caso se le negó abiertamente servicio a la pareja. Seis meses después, el autor extiende un cuestionario a los mismos hoteles y restaurantes, preguntando si atenderían a huéspedes de origen chino. De 128 personas que respondieron un categórico 92% dijo que no lo haría. Se precisa de esta investigación, que no necesariamente alguien que tiene prejuicios actúa acorde a ellos. (en Collier y otros, 1996: 279).

En investigaciones similares por el año 1952, Kutner, Wilkins y Yarrow encontraron que muchos propietarios de restaurantes que en una etapa previa habían manifestado su idea de no atender a individuos de ciertas minorías, en situaciones reales lo hacían sin ningún tipo de problemas (en Hollander, 2000:157). De esta forma se confirma que “aunque el prejuicio es con frecuencia, la base de la discriminación, los dos elementos pueden existir por separado” (Giddens, 1999:285).

El sociólogo canadiense S. L Wax (1948) durante el verano emprendió un experimento por demás interesante. Escribió y envió simultáneamente varias cartas pidiendo reserva hotelera, solicitaba las mismas comodidades, para fechas idénticas y los mismos establecimientos. Una de las solicitudes estaba firmada como el Sr. Greenberg y la otra como el Sr. Lockwood. Mientras al primero sólo el 52% confirmó la reserva, al segundo lo hizo un categórico 95%. (en Allport, 1977:19).

De alguna manera se supone que aquellas personas que trabajan en alguna actividad turística, por su constante contacto con público deben tener un grado de prejuicio bajo en comparación a otros rubros. Sin embargo, esto es puesto en tela de juicio por los investigadores que han analizado el problema. No necesariamente el asiduo trato con otros hace disminuir el grado de prejuicio. Mr Greenberg podría ser un caballero tan honorable como Lockwood pero al primero le negaron la estadía en la misma fecha que al segundo le confirmaban.

En el Brasil “a principios de la década de los setenta, el congreso brasileño, promulgó una ley prohibiendo la discriminación en los lugares públicos, después que una turista estadounidense negra, Katherine Dunham, se quejase por no haber sido admitida en un hotel de Sao Paulo” (Giddens, 1999:289).

El periodista Alan Cowell del diario New York Times publicó el 26 de mayo de 1995 un artículo titulado “German Accuses Tourist Office of Prejudice”. En efecto, un oficial de la oficina turística del gobierno alemán en la ciudad de Nueva York afirmaba haber sido despedido después de hacer pública una instrucción directa de la oficina central en la ciudad de Frankfurt, en donde quedaba claro que se debía desalentar los viajes a Alemania de judíos, negros, hispánicos y asiáticos. El hecho llegó hasta Ulrich Geisendorf, un oficial del ministerio de economía, quien desestimó el documento que probaba la declaración original de este empleado y que según él, no reflejaba las prácticas reales del turismo alemán. Todo esto se agravó cuando salió a la luz que una empleada de la cuestionada oficina, Christa Willibald había presentado una demanda ante la justicia estadounidense por discriminación racial por un monto de un millón de dólares. En ese mismo mes, otra empleada, Elke Berg fue despedida tras traducir en inglés un artículo de su marido denominado “el holocausto, una historia absurda”. El periodista concluía que entre denuncias por discriminación y acoso sexual la oficina afrontaba demandas por al rededor de quince millones de dólares.

Desde la caída de la Unión Soviética en 1991 y con la ayuda de España, el turismo ha sido una de las mayores fuentes de riqueza de la Habana y toda la isla de Cuba. El régimen castrista decretó el fin de la segregación racial en el año 1959. Sin embargo, el 18 de mayo de 2001 el periódico estadounidense “Chicago Tribune” hizo pública una nota en donde quedaba expreso que las posiciones de jerarquía dentro de las grandes hoteles o resorts estaban ocupados por individuos “blancos”. Los “mulatos” o “negros” eran, en su mayoría ubicados en puestos que no tuvieran contacto con el turista. Pedro Rodríguez, un investigador asociado al “Center for Anthropological Studies” afirmaba “los blancos predominan en sectores de servicios turísticos. Hemos entrevistado muchos negros, y más y más nos dijeron que es más fácil para ellos conseguir un puesto en el interior del establecimiento, como cocinero o lavador, que conseguir uno donde este en contacto con turistas”. Esta posición privilegiada de los “blancos” permite acceder a propinas en dólares por parte de turistas americanos y por tanto se aumenta la brecha entre ellos y aquellos que cobran en pesos. Si bien el turismo ha creado un sinnúmero de puestos de trabajo las diferencias económicas son notables entre “blancos y no blancos” (sic).

El informe apuntaba a que en la mayoría de los casos, los alegatos de discriminación eran sobre hoteles propiedad de compañías extranjeras como la cadena Sol Meliá. Esto fue avalado por el profesor De la Fuente, de la Universidad de Pittsburgh quien además afirmaba que según una investigación propia se podía afirmar que los administradores de hoteles le confesaron que preferían contratar blancos o mulatos de piel clara por la “buena apariencia” que deben mostrar hacia los turistas de Canadá y Europa. (De la Fuente, 1998: 6) (Howell, 2001) (Hunter, 2004).

Un reciente trabajo en el Reino Unido, afirma que las minorías étnicas como los asiáticos no están debidamente incluidos ni en el mercado de viajes, ni en los puestos que ofrecen los operadores turísticos de la región de Yorkshire, al norte del Inglaterra. Como conclusión, los autores concuerdan que sólo muy pocos empleados en el turismo pertenecen a minorías raciales, si bien existe un gran volumen de ellos que estudia la carrera en la Universidad a la mayoría de ellos les cuesta insertarse laboralmente, asimismo los grandes tour operadores no venden excursiones que apunten a este segmento, mucho menos publican excursiones fuera de occidente y en su idioma. Solamente el 2% de la fuerza productiva del sector turístico corresponde a minorías “no blancas”, en contraposición con un 12% de empleo en el sistema bancario y el 75 general de la venta al por menor en el país. (Kelmm y Kelsey, 2000)

Existen otros contextos, en los cuales los clientes o los turistas parecen ser quienes acusan haber sido víctimas de algún tipo de prejuicio, sin embargo estos casos en muy pocas ocasiones salen a la luz o si lo hacen no encuentran la suficiente evidencia que permita una sentencia acorde. Por ejemplo, recién en el año 1999, el Departamento de Justicia de los Estados Unidos aplicó por primera vez en su historia el Acta de Derechos Humanos de 1964 en contra de la cadena hotelera Adam´s Mark, tras encontrar evidencia de discriminación racial por parte de los empleados hacia dos huéspedes “negros”, según éstos el servicio que habían recibido por parte del establecimiento fue inferior al contratado y diferente en comparación con otros clientes (informe OAH, 2001).

En esta misma línea no se puede dejar de citar el caso de los “Travellers”, una minoría étnica gaélica de Irlanda caracterizada por una forma de vida nómada. Según un reporte del National Consultative Comitee On Racism and Interculturalism , entre octubre de 2001 a abril de 2002, se registraron 22 casos en los cuales un huésped de origen “Traveller” fue rechazado por algún establecimiento hotelero con la excusa de no tener ninguna reserva al momento del chequeo o bajo el pretexto de señalar al cliente haber cancelado la reservación en forma previa (informe NCCRI, 2002).

San Petesburgo es una apacible comunidad de la costa oeste de la Florida, en Estados Unidos. Para la ley en la actualidad “los negros” o “afro americanos” gozan de los mismos derechos que “los blancos“, sin embargo no reciben los mismos beneficios. Desde una perspectiva etnohistoria, en su tesis doctoral, Evelyn Newman Phillips presentó evidencia que demuestra que los negros son discriminados a residir en zonas especiales a fin de no afectar la imagen de la ciudad hacia el turismo. Asimismo, los puestos laborales que desempeñan son de baja categoría en comparación con “los blancos“.

A través de diferentes mecanismos sociales como la policía, la educación “la comunidad blanca” ha impedido por todos los medios que los turistas tengan contacto con los “afro americanos” que residen en la región, por el otro a generado un sentimiento de inferioridad en la misma “comunidad negra” que la lleva hacia la auto segregación; en este contexto no sólo el turismo ha fallado en su misión a mejorar la relación entre “blancos y negros” sino que por el contrario ha persistido como mecanismo de separación racial. Según palabras del autor “Racism and tourism have been persistent factors in St. Petersburg. Although, as social conditions changed, the city also altered its strategies to extract profits from tourists and to restrict african american contact with them”. (Newman Phillips ,1994: cap 8).

En resumen podemos afirmar por los casos presentados que el turismo es una actividad donde se dan dinámicas de prejuicio como en cualquier otro rubro o industria. Sin embargo, la dinámica en que se manifiestan dependerá en gran parte del estatus o el rol social entre los actores. En casos en que el prejuicio se de entre profesionales del sector y turistas, éste será encubierto y no frontal; por el contrario cuando la relación se da entre los mismos profesionales puertas a dentro de cada establecimiento las prácticas discriminatorias y el prejuicio podría manifestarse en forma frontal y abierta. No obstante, en ambos casos la negación es una figura presente sin lugar a dudas.