LA GESTIÓN LOCAL DEL DESARROLLO
EXPERIENCIAS DE PANAMÁ, ESPAÑA. MÉXICO, ARGENTINA Y PERÚ

LA GESTIÓN LOCAL DEL DESARROLLO EXPERIENCIAS DE PANAMÁ, ESPAÑA. MÉXICO, ARGENTINA Y PERÚ

Lorena G. Coria (coordinadora)

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3. Desarrollo al nivel macro-regional

El colapso de la economía socialista y la implosión estratégica de las economías de mercado que abandonan el modelo de desarrollo centrado en el Estado nación y basado en la industrialización por sustitución de importaciones, dieron lugar a una transformación cualitativa de los procesos de desarrollo económico impulsados por una competencia abierta entre localizaciones ubicadas en distintas partes del mundo, dando lugar a una globalización de los procesos económicos. Con el fin de la guerra fría disminuyeron las presiones hegemónicas globales, pero se da lugar a las presiones hegemónicas regionales.

La referencia espacial del desarrollo se ha movido del nivel nacional con el debilitamiento del Estado nación al nivel supranacional y local con el fortalecimiento de los bloques regionales de integración y con la descentralización de funciones en los gobiernos locales. Así, la geografía económica y política del espacio nacional están cediendo su lugar a la geografía política y económica en los ámbitos espaciales locales, regionales y globales.

Las macroregiones se forman con la integración de varios países en bloques económicos. Para mundializar las relaciones económicas, las corporaciones transnacionales transforman las formas sociales, económicas, productivas y tecnológicas mediante procesos de relocación macroregional y regional.

La competencia y no la colaboración o cooperación, es la regla universal del mercado. La competencia entre individuos, organizaciones, regiones y naciones es el concepto central de la doctrina neoliberal. Desde la década de los sesenta, la competencia se intensifica debido a la intensificación de las relaciones a niveles inter industriales e internacionales. En una mueva era de demanda homogeneizada de los mercados globales, las corporaciones requieren de habilidades para colocar en los mercados productos estandarizados de alta calidad y precios más bajos que los competidores mediante el uso de economías de escala en los procesos de producción, distribución, administración y mercadotecnia a pesar de que los patrones de consumo pueden diferir marcadamente entre las regiones y países.

Cada uno de los procesos de integración regional tiene su propia lógica económica y política que difiere de los demás. La tríada (América del Norte, Unión Europea y Japón con la Cuenca del Pacífico) que controlan y mantienen los poderes internacionales, luchan entre si por encontrar un equilibrio mediante el incremento de medidas proteccionistas hacia el interior de su bloque económico regional.

La integración de bloques regionales de países con instituciones supranacionales en un entorno de mercado global competitivo, puede ser considerada como el último reducto estratégico del Estado de Bienestar que resiste a los procesos de globalización como el caso del cono sur en América Latina. Esta tendencia de transformación regional económico-política y social reconfigura las funciones del Estado y sus capacidades de gobierno que responde al colapso de la gobernabilidad que proporcionaron las ya decadentes instituciones financieras de Bretton Woods.

No obstante, por contradictorio que parezca, la desregulación de los mercados financieros se sustentan en acuerdos concretos de los Estados nacionales para estabilizar la regulación extraeconómica mediante la formación de redes regionales que contrarrestan la formulación de políticas económicas impuestas por el imperialismo capitalista global. A pesar, los signos de agotamiento del neoliberalismo se presentaron a partir de las crisis financieras regionales iniciadas con la mexicana en 1994 y con el caos provocado por la dinámica de la nueva economía que pretendió ser la locomotora de la economía global entró en crisis en el 2001.

Bajo un nuevo arreglo geoeconómico que modifica las economías centradas en el estado nación, las unidades de producción territorialmente organizadas son sustituidas por la formación de cadenas de valor agregados que abren la competencia entre los clusters locales, las ciudades y regiones organizadas para generar espacios funcionales de aglomeramientos transfronterizos.

El desarrollo en la globalización han sido en general capitalocéntrica porque sitúa al capitalismo “en el centro de las narrativas de desarrollo, tendiendo en consecuencia, a devaluar o marginar cualquier posibilidad de desarrollo no capitalista"( Graham y Gibson 1996:146). En este sistema imperial, las empresas transnacionales dominan los mercados y los Estados nacionales. Este nuevo mercantilismo monopoliza la mayor parte de las regiones comerciales.

En el modelo de Heckscher and Ohlin la reducción de las barreras al comercio especializa la producción en ambas regiones, tiende a aumentar la desigualdad salarial en el Norte y a reducirla en el Sur. La naturaleza de la integración regional en la economía capitalista global ha reforzado las formas extremas de desigualdad e injusticia ampliamente esparcidas que prevalecen en esta parte del mundo

La transferencia de actividades de producción del Norte al Sur incrementan la intensidad de las habilidades en ambas regiones y amplía la brecha salarial entre los trabajadores calificados y los no calificados (Feenstra and Handson, 1996). Los teóricos han denominado a esto con el término “convergencia económica y social” definida por Ivanova (2000) como el “grado en el cual los desequilibrios en el bienestar económico de varios países o de varias regiones de una zona integrada son social y políticamente tolerables...estas disparidades no van a determinar ninguna acción por parte de los gobiernos nacionales que pudiera poner en peligro el buen funcionamiento de una unión.”

Latinoamérica está sometida aun proceso de neocolonización por un nuevo imperialismo y que cuenta con el apoyo de las elites económico políticas que, al decir de Galeano (1971p.341-342), no hacen “más prósperas a sus colonia aunque enriquezca a sus polos de desarrollo; no alivia las tensiones sociales regionales, sino que las agudiza; extiende aún más la pobreza y concentra aún más la riqueza: paga salarios veinte veces menores que en Detroit y cobra precios tres veces mayores que en Nueva York; se hace dueño del mercado interno y de los resortes claves del aparato productivo; se apropia del progreso, decide su rumbo y le fija fronteras; dispone del crédito nacional y orienta a su antojo el comercio exterior; no sólo desnacionaliza la industria, sino también las ganancias que la industria produce; impulsa el desperdicio de recursos al desviar la parte sustancial del excedente económico hacia fuera; no aporta capitales al desarrollo sino que los sustrae.”

De acuerdo a los análisis de Prats (2002), en América Latina existe una “brecha institucional” en relación a otras regiones del mundo que obstaculiza el crecimiento económico y su desarrollo social y político.

Una economía moderna en América Latina sólo es viable si se forma lo que Dieterich (2002) denomina el Bloque Regional de Poder, cuya diferencia cualitativa a los demás bloques de poder es que debe “integrar desde su inicio elementos claves de la Democracia Participativa o sea, del Socialismo del Siglo XXI”, con una “política mercantilista y con sustento en cuatro polos de crecimiento:1. las pequeñas y medianas empresas (PYMES); 2. las corporaciones transnacionales nacionales (CTN); 3. las cooperativas y, 4. las empresas e instituciones estratégicas del Estado. Esta verdad debería constituir, por lo tanto, el punto de partida de toda teoría y planificación económica en América Latina”.