LAS NUEVAS FORMAS DE GOBERNABILIDAD TRANSNACIONAL EN EL ESCENARIO DE LA RACIONALIDAD ECONÓMICA DE LOS PROCESOS DE GLOBALIZACIÓN

LAS NUEVAS FORMAS DE GOBERNABILIDAD TRANSNACIONAL EN EL ESCENARIO DE LA RACIONALIDAD ECONÓMICA DE LOS PROCESOS DE GLOBALIZACIÓN

José Gpe. Vargas Hernández

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Introducción.

El mundo está en constante cambio, sobretodo en los últimos años, observándose un aumento rápido de las actividades económicas entre los individuos y las organizaciones de diferentes países. Se vive un período de transformación global radical bajo la consigna de dos términos: lograr el establecimiento de un mercado global libre y el imperio de un sistema democrático, es decir, la mercadización y la democratización.

El análisis crítico demuestra que no puede haber procesos de democratización sin que previamente existan transformaciones socialistas. Con respecto al mercado global, su concepción involucra la producción integrada globalmente, la especialización de mercados laborales independientes, la privatización de los activos del Estado y la inextricable conexión de la tecnología más allá de las fronteras convencionales nacionales. De hecho, la transformación de las organizaciones tiene similitud con la transformación de los Estados nacionales.

Los estudios sobre la globalización requieren de un marco teórico sobre el que diversas áreas de estudio se reconcilien. Los fenómenos de la globalización están siendo estudiados desde diversos enfoques, tales como una época histórica, ideología, proceso, teoría, paradigma, etc., cada uno con diferentes significados. Pero lo que aquí interesa es estudiar la relación existente entre los procesos de gobernabilidad, los procesos de globalización y el desempeño económico, variables que se afectan entre sí debido a la complejidad mutua de sus relaciones. Bonaglia, Braga de Macedo y Bussolo (2001) sostienen que existe una relación entre globalización que afecta la gobernabilidad y el desempeño económico.

De acuerdo a estos autores, las conexiones entre el desempeño económico nacional que implica los niveles de ingreso per cápita y las tasas de crecimiento del producto interno bruto están estrechamente relacionados con la dotación natural de recursos y los niveles de productividad. A través del comercio, los flujos de capital y la migración, la globalización influencia la dotación de recursos disponibles en una economía y a través de las transferencias de tecnología internacionales se afecta su productividad.

Igualmente, las estructuras de producción y la dotación de recursos afecta el comercio con el resto del mundo. La buena gobernabilidad incrementa la calidad de su capital social, mientras que este evolucionan en formas democráticas de gobernabilidad y pueden invertir más recursos para construir instituciones que promuevan el desarrollo. Finalmente, se cuestiona como la globalización y la gobernabilidad interactúan para afectar el desempeño económico nacional.

El mercado considerado como un instrumento más eficiente de asignación de recursos, es la piedra angular de las teorías de los procesos de globalización. Sin embargo, ni el mercado ni el Estado son mecanismos perfectos para la asignación de recursos y ambos presentan fallas. Los procesos de globalización que se desarrollan actualmente profundizan el economicismo, por el cual las políticas económicas nacionales se van diluyendo en beneficio de una política económica internacional. Este fenómeno de la globalización constituye una inmensa ruptura económica, política, social y cultural, hasta cierto grado, inevitable. Esta inevitabilidad es dependiente de los movimientos sociales de resistencia y que realmente mantienen objetivos democráticos.

Sin embargo, el mercado no es un instrumento estratégico. Los procesos de globalización tienen como elementos comunes una reducción sustancial en los costos de transacción en las operaciones y en la emergencia de intercambios de los agentes de las diferentes naciones. En un sistema democrático, los intercambios entre los agentes económicos son costosos e inciertos, sobre todo si no se cuentan con buenos arreglos institucionales. Una fe ideológica en el poder de los mercados para resolver las disputas sobre la asignación de recursos, conduce a negar la legitimidad del gobierno para involucrarse en la redistribución de la riqueza al pobre, lo que se convierte en irresponsabilidad gubernamental. Es en este sentido que se puede decir que al mercado gobierna y el gobierno administra, considerando que ambos presentan fallas como mecanismos para la asignación de los recursos.

Cualquier análisis sobre la globalización, necesariamente implica estudiar la naturaleza de las relaciones entre el sistema capitalista y la democracia, es decir, de una globalización económica y su relación con una globalización política. En el sistema imperial capitalista las empresas transnacionales combinadas con los Estados imperialistas dominan los mercados nacionales en donde los Estados pierden el control. Estas mismas fuerzas también motivan a los capitalistas individuales y a las empresas capitalistas a concentrar y centralizar su control en varios medios donde la riqueza se acumula.

El punto central de la globalización es su compatibilidad con la democracia y sus consecuencias económicas, políticas y sociales. Las instituciones financieras internacionales imponen los procesos de globalización mediante procedimientos antidemocráticos y carentes de transparencia. Las instituciones financieras internacionales fortalecen a los Estados imperialistas adoptando una actitud arrogante, voluble y antidemocrática que un día elogia y otro regaña por los logros alcanzados por los países menos desarrollados, lo cual implica que la democracia no es una disciplina racional.

La globalización es una etapa expansiva del sistema capitalista, con diferentes manifestaciones a periodos anteriores en los procesos evolutivos del capitalismo. Las manifestaciones de este avance del capitalismo emergente se enmarcan en la paradoja consistente en que mientras se centra en función de los mecanismos autorreguladores del mercado, por otro lado desencadena reacciones en contrario para contrarrestar y compensar los efectos de los mecanismos perversos del mercado. Los proponentes de la globalización son las naciones más desarrolladas y fuertes, las mismas que más se están beneficiando desproporcionadamente de los procesos. Estas mismas naciones son, la mayor parte de ellas, democracias que tratan de conseguir una mayor justicia social.

Todavía más, en vez de que la comunidad global completa se beneficie de los procesos de globalización, quienes más se benefician son ciertos grupos minoritarios que toman ventaja con la economía de mercado a favor de sus propios intereses para mantener un control sobre los recursos del planeta. Lo preocupante es que los procesos de globalización sólo benefician los intereses particularistas de algunas naciones en contra de una internacionalización orientada a intereses más universalistas. Las diferencias de intereses de clase entre las naciones se obscurecen en categorías abstractas. Para estos grupos minoritarios con intereses hegemónicos, la participación democrática de las mayorías pobres constituye una carga pesada difícil de tolerar. En sí, los procesos de globalización solo privilegian a pocas naciones, y más específicamente a pocos agentes económicos quienes aprovechan los ámbitos en que avanzan estos procesos.

La globalización económica o apertura económica está relacionada con las prácticas de una economía capitalista basada en la liberalización del mercado mientras que la globalización política está referida a la práctica de los valores democráticos.

Visto desde la perspectiva global y a través de los lentes conceptuales de la integración contemporánea en la economía capitalista global, se ha reforzado, sino acentuado esta extrema desigualdad, así como las relaciones injustas de subordinación y dominación que mantiene y complementa esta desigualdad. La naturaleza de la integración regional en la economía capitalista global ha reforzado las formas extremas de desigualdad e injusticia ampliamente esparcidas que prevalecen en esta parte del mundo. La apertura económica ha sido posible a través del desarrollo del Estado de Bienestar y a través de los organismos supranacionales que regulan el comercio y las finanzas internacionales. Las relaciones de comercio y de mercados se delimitan en acuerdos entre los Estados, los cuales operan dentro de sus fronteras.

El modelo de Estado de Bienestar llevado a escala global o mundial es un proyecto que alienta el rescate de lo mejor de la sociedad humana en contra de declarar su desaparición para maximizar los intereses bursátiles de los grandes conglomerados corporativos transnacionales. El logro del bienestar es el fin último de la organización de cualquier sistema humano La globalización económica se refiere a la intensificación de las actividades económicas entre los individuos que viven en diferentes países del mundo.

La globalización pierde el interés en la conquista territorial del Estado-nación como en los tiempos coloniales, para concentrarse en el dominio de los mercados y las riquezas. La globalización ha acelerado los procesos de desteritorialización del estado para dar lugar a la emergencia de nuevas formas espaciales geopolíticas y geoeconómicas. Así el término globalización ha desplazado al uso del término colonialismo, a pesar de que la herencia colonial ha marcado las estructuras económicas, políticas, sociales y culturales de los pueblos colonizados. Estos problemas incluyen un pronunciado grado de explotación económica, desigualdad social y económica, injusticia social y política que ha caracterizado a la región desde los tiempos en que los indígenas pobladores de estas tierras fueron subyugados por la fuerza a la dominación colonial europea en el siglo XVI.

El debilitamiento del grado de territorialidad, sobre todo en materia de actividades económicas, es uno de los signos que caracterizan a la globalización Los procesos de globalización pueden ser vistos, en este sentido, como mecanismos de dominación que mantienen marginadas a naciones menos desarrolladas y que por lo tanto promueven un desarrollo muy desigual en el mundo.

Los mecanismos de dominación explican las relaciones de dependencia de unos países menos desarrollados a otros más desarrollados. Las elites transnacionales exportan un conjunto de valores que son consistentes con el liberalismo y el capitalismo estadounidense, a pesar de que se dan algunas contradicciones entre el funcionamiento del capitalismo y el liberalismo utópico. Las elites gobernantes de los países menos desarrollados generalmente han servido de intermediarias entre el poder externo dominante y la población local. Por lo tanto, las elites nacionales y locales de los negocios han abierto la puerta a las economías de las corporaciones transnacionales que están interesadas en mano de obra barata, recursos naturales, capital financiero y mercados de consumidores en los países latinoamericanos.

La globalización es un proyecto de las elites capitalistas que se apoyan en las agencias internacionales y en los Estado-nación para liberalizar una economía que es vista más en términos internacionales que nacionales. Por lo tanto, los mismos capitalistas rivalizan por lograr mayores beneficios de los procesos de globalización de los mercados. Las naciones que reciben mayores beneficios de la globalización son aquellas que han rechazado los postulados del “Consenso de Washington” para establecer su propio ritmo de crecimiento económico. Los procesos de globalización son vistos por las elites y los poderes dominantes como sus privilegios propios, y es en este sentido que constituyen un instrumento poderoso de homogeneización, destrucción y dominio.

Los gobiernos de los Estado-nación son controlados por elites corporativas y tecnócratas que establecen las agendas locales en materia económica, política y social. No obstante, los gobiernos de las naciones que son proponentes de la globalización y que más se han beneficiado de estos procesos, tratan de redistribuir la riqueza para obtener una mayor igualdad social, incluso si es necesario imponer a la fuerza el valor contrario de preservar las libertades individuales. Pero, la globalización económica está limitando y reduciendo el poder y las funciones de los gobiernos locales y por lo tanto, la capacidad de las mayorías para formular e implementar sus políticas públicas. La propuesta de la dependencia institucional sostiene que estas son preferidas a aquellas que están más cercas a la mayoría original o al diseño de negociación más posible. Los gobiernos locales tienen un papel importante como agentes del desarrollo económico.

La democracia no está interesada en la participación popular para el establecimiento de la agenda de desarrollo económico, político y social, sino más bien en buscar la legitimación del proyecto económico puesto en boga por los políticos. Esta situación ha dado lugar a la degradación de sistemas democráticos, tipificados como democracias delegativas, las cuales se han implantado en muchos países, comparado con los ya establecidos en las democracias europeas.

El estudio de la relación entre democracia y desarrollo económico ha sido uno de los aspectos más debatidos en la segunda mitad del siglo pasado. Para muchos analistas la democracia es la verdadera condición del desarrollo. Por un lado quienes realizaron estudios cuantitativos transversales-nacionales que tendían a coincidir con la ecuación optimista de Lipset (1979) que establecía que a mayor desarrollo económico de los pueblos, más oportunidades para la democracia, y por otro quienes realizaron estudios histórico-comparativos. Convendría llamar a este tipo de democracia, la democracia económica, porque acepta que la democracia es uno de los requerimientos absolutos del desarrollo, es decir, se acepta el supuesto de que la democracia se logran solamente cuando el desarrollo soluciona los problemas materiales de la sociedad. Así, el concepto tradicional de democracia se ajusta a las condiciones de desarrollo del sistema capitalista.

Diamond (1992) reformula la ecuación optimista estableciendo que cuando mejor le va a la gente de un país, en promedio, mayores son las oportunidades de que favorezcan, encuentren y mantengan un sistema democrático. Las conclusiones de los analistas sobre la relación entre desarrollo económico y democracia son divergentes (Altman, 2001b).

Esto a pesar de que se conciba a la democracia como el sistema de gobernabilidad más conveniente para la resolución de conflictos y diferencias entre los diferentes actores económicos, políticos y sociales en un marco que privilegia la libertad individual. Los defensores del modelo económico neoliberal sostienen que si se eliminan las restricciones impuestas políticamente al desarrollo y se mejoran la rendición de cuentas y la trasparencia en la administración pública, los actores económicos tendrán libertad y mejores oportunidades para buscar retornos económicos. Los procesos de globalización afectan el funcionamiento del Estado, el cual es sometido a una reforma de la administración pública. Las discusiones de la reforma empiezan en un punto en el tiempo cuando los procesos políticos al igual que las preferencias de los actores políticos están relativamente estructuradas en una manera característica.

No obstante, conviene presentar las diferencias sistemáticas entre los modos de resolución de conflictos internacionales y transnacionales. Según Keohane y Nye (2000), la diferencia esencial entre la resolución de conflictos internacionales y transnacionales es que la resolución de conflictos internacionales accede a los procesos de adjudicación está limitado a los Estados, mientras que en la resolución de conflictos transnacionales, las partes que no son del Estado pueden presentar sus casos y abrir expedientes. Por ejemplo, la tendencia en los conflictos bélicos apunta a que estos se desarrollan más entre los diferentes grupos corporativos que entre los mismos Estados-nación.

En otras palabras, para usar la terminología académica tan en boga, el ascenso de la teleología de la democracia del libre mercado (Chua, 1998), que yo le llamaría la democracia económica, redefine el concepto de desarrollo de los pueblos, en los términos de una competencia por medio de la cual los individuos se controlan unos a otros. En un sistema imperialista, la competencia es estimulada por los mismos Estados imperialistas rivales. Al decir de Patras (2001d) la competencia “en términos capitalistas está mediatizada, influenciada y dirigida por los Estados”.

Al decir de Patras (2001d) la competencia “en términos capitalistas está mediatizada, influenciada y dirigida por los Estados”. En sentido se puede decir que en un proceso de civilización, los individuos aprenden a vivir en sociedad, a dirimir sus conflictos, independientemente de si se trata de un sistema capitalista o uno socialista. De acuerdo al análisis de Bivo (1946), “ser un demócrata significa, primeramente, no tener miedo: no tener miedo de aquellos que tienen diferentes opiniones, hablan diferentes lenguas o pertenecen a diferentes razas”.

La competencia y no la colaboración o cooperación, es la regla universal del mercado. La competencia entre individuos, organizaciones, regiones y naciones es el concepto central de la doctrina neoliberal. Desde la década de los sesenta, la competencia se intensifica debido a la intensificación de las relaciones a niveles inter industriales e internacionales. Ya que las empresas nacionales y locales carecen de los medios para competir en igualdad de términos con el capitalismo transnacional, tienen pocas posibilidades de elección que no sea otra que convertirse en los socios junior locales.

La competencia es el motor exclusivo y único que hace andar al mercado en los procesos de globalización, y la convierte en la fuerza del desarrollo de los pueblos, pero sus efectos son negativos en términos de destrucción del tejido social, la falta de solidaridad para resolver los problemas comunes a la colectividad. Involucrarse en la acción colectiva, los actores buscan traer el ansiado bien colectivo y dar forma a la colectividad con respecto al bien colectivo. Una vez que la acción colectiva se inicia, en el curso de este mismo proceso emerge una colectividad que puede aplicar sanciones informales contra los que contravienen y recompensar a colaboradores a bajo costo (castigo u ostracismo), a ningún costo e incluso a premio (avergonzar, reprochar o criticar). Esto hace pensar que para contrarrestar los efectos de los procesos de globalización económica actual, es necesario también globalizar la solidaridad.

La competencia o colaboración como mecanismos sociales sirven a diversos fines en cualquier sociedad. Argumenta Manheim (1951), que en la fase capitalista de un individualismo rudo y competencia como un principio estructural poderoso de organización social. En este sentido, por proteger los derechos individuales por sobre los colectivos, el sistema capitalista muestra una tendencia latente hacia el autoritarismo. Esto clarifica la pregunta de si la competencia capitalista, básica en la estructura social, necesita mantenerse como una presumible fuerza motivadora.

Se puede eliminar la competencia como un principio de organización de la estructura social y reemplazarla por la planeación sin eliminar las competencias como mecanismo social para servir a fines deseables. La dirección de una economía planificada responde adecuadamente a las necesidades de la población, la cual se refuerza mediante mecanismos democráticos. No obstante los mecanismos macroeconómicos de planeación centralizada y la agregación contable ha sido reemplazada por mecanismos microeconómicos de liberalización, desregulación y privatización.

El término desarrollo puede conceptualizarse como los procesos de transición de los pueblos hacia economías industriales, capitalistas y modernas, así como la obtención de mejores niveles de calidad de vida humana y bienestar material, considerado como la satisfacción de un conjunto de necesidades, deseos y temores. Elevar los niveles de calidad de vida de la población, lograr una sociedad satisfecha y sin asimetrías pronunciadas, requiere de mecanismos institucionales de gobernabilidad que se orienten a la asignación de recursos y bienes sociales.

La mejora de las condiciones de la calidad de vida de los individuos queda determinada solamente por el crecimiento económico, medido en términos cuantitativos del producto interno bruto (PIB) per cápita y consumo real promedio. Estos procesos de transición están caracterizados por la emergencia de sistemas democráticos (Karl, 1990; Karl and Schhmitter, 1991) en forma de transacción o por colapso del régimen, hasta alcanzar su consolidación. La democracia es en este sentido un régimen político.

La relación entre el mercado y la democracia, que denominamos la democracia económica, se acrecienta a medida que avanzan los procesos de globalización capitalista y que por lo tanto, alientan un mercado y una democracia global que presenta problemas si se le conciben de la misma forma que al nivel de mercado y democracia en el Estado nacional. Es en este sentido la afirmación de Soros de que los mercados votan todos los días y tienen sentido del Estado.

Mientras que la idea de una “democracia cosmopolita” resulta una mera utopía y la mercadización global ya es más una realidad, aunque la desigualdad entre los Estados nacionales es muy profunda que prácticamente hace imposible un avance conjunto. La supuesta teoría de la convergencia de la democracia y los mercados porque ambos se engendran recíprocamente, es falsa en la realidad, un dogma que no es demostrable en política y en los diversos modos de gobierno. Aceptar el enfoque del conflicto más que la convergencia entre la democracia y el mercado es más cercano a aceptar la realidad. La nula o poca convergencia entre el mercado y la democracia permite concluir que el desarrollo económico por medio de los mercados difícilmente es compatible con grados avanzados de democracia.

En lugar de la convergencia entre la democracia y el mercado, lo que resulta es una supeditación de la democracia al mercado, lo que debilita la legitimidad de los mecanismos democráticos, los cuales son reemplazados por consensos de grupos con intereses específicos. Si se acepta el enfoque del conflicto más que el de la convergencia entre el mercado y la democracia, es posible tener un acercamiento a la realidad de los hechos. Las formas de gobierno promovidos por el mercado y la democracia serían el resultado de las opciones políticas racionales.

La democracia se iguala al mercado y se fundamenta en la “razón” que privilegia la propiedad privada, es por tanto una democracia basada en calificaciones de propiedad privada que queda reservada a ciudadanos que además son empresarios. Frente a la concepción socialista moderna que ve un problema en la propiedad privada y prefiere una propiedad colectiva, Aristóteles consideraba, en efecto, que solamente lo que el individuo tenía como propio es aquello de que me se ocupa con más esmero. Aristóteles pensaría que estaba en la esencia humana el ocuparse más de lo propio que de lo común

Aristóteles no solo se preocupa por la defensa de la propiedad privada, sino la promoción, al mismo tiempo, de un uso en común. En esto difiere Aristóteles radicalmente de lo que se advierte en el capitalismo de mercado, con su mano oculta que todo lo arregla y sus sociedades anónimas. Pues lo que sucede en la sociedad moderna capitalista es que cada uno se ocupa de lo suyo también en el uso y se desentiende del prójimo. Esta sociedad moderna se organiza en torno al Estado-nación asentado en un territorio en donde se realizan las diferentes interacciones, entre las décadas de los 30 y los 70 del siglo pasado.

La filautía no debe ser enemiga de la filía. Aristóteles plantea (Libro II cap 5) la dos formas de economía agraria: en unos pueblos la propiedad de la tierra es individual, pero la cultivan y consumen comunitariamente y otros poseen y cultivan juntos y reparten el producto para uso individual (como hacen algunos pueblos bárbaros, dice). ?O es mejor que tanto la propiedad como el uso sean en común? se pregunta el filósofo. Cuando tenemos demasiadas cosas en común nos peleamos más, dice.

Son más profundas las desigualdades entre las naciones que la desigualdad dentro de las naciones, aunque sea cuestionada la correlación existente entre el impacto que la globalización tiene en la desigualdad mundial. Un análisis crítico de los efectos del capitalismo revela que ha creado extremas desigualdades en la región así como en el mundo entero. Los dos componentes de esta desigualdad mundial son la desigualdad entre el promedio de ingreso de las naciones y la desigualdad dentro de las naciones. La desigualdad entre las naciones se centra en los determinantes de los ingresos per capita, mientras que la desigualdad dentro de las naciones se centra en los determinantes de factores de precios y su relación con el tamaño de la distribución del ingreso. Existe una relación entre los ingresos per capita y los flujos de capital.

Sin embargo, la conclusión sugiere que las diferencias de ingreso se están estrechando entre las naciones que han entrado en los procesos de globalización del mercado de bienes y otros factores, más que ampliarse (Lindert and Williamson, 2001). A pesar de ello, reportan el caso de los países latinoamericanos (Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, México y Uruguay) y el caso de cuatro gigantes asiáticos (China, India, Indonesia y Rusia) que registraron altos crecimientos en las diferencias de los ingresos después deque sus economías se liberalizaron. La liberalización rápida de los mercados financieros en los países del Este asiático fue el factor de mayor peso en su crisis financiera después de experimentar altas tasas de crecimiento cuando sus mercados financieros estaban regulados.

Para el caso latinoamericano, la explicación que dan es su contexto histórico, mientras que para el caso asiático, mencionan que la apertura comercial y a las inversiones extranjeras fue incompleta. Cualquier intento serio para explicar las desigualdades y las formas de ubicuidad de la injusticia que caracteriza a las sociedades Latinoamericanas inevitablemente conduce un examen crítico de las relaciones de explotación de producción y distribución capitalista que predomina en la región.

En las últimas dos décadas, casi cada aspecto mayor de la vida económica, política y social en Latinoamérica estuvo influida por la integración acelerada de la región en el sistema capitalista global. Junto con las elites locales y los capitalistas transnacionales han promovido mayores cambios estructurales en las economías latinoamericanas a fin de facilitar la creciente integración de la región en la economía global capitalista. La complejidad de la realidad social de Latino América contemporánea es quizás pensada como una complejidad híbrida de ideologías, prácticas y condiciones de la premodernidad, modernidad y postmodernidad.

Por lo tanto, argumentan, el incremento en la desigualdad parece basarse en la exclusión de una gran parte de la población de los beneficios de la globalización. La exclusión se manifiesta en comportamientos económicos y sociales negativos. El temor de que la globalización esté ampliando las brechas entre los pobres y los ricos es resultado de la creencia de que los inversionistas de los países ricos están rapando todas las utilidades de las inversiones internacionales de los países pobres. Así, un pequeño número de naciones desarrolladas o elites privilegiadas se enajenan en la abundancia de bienes de lujo, mientras que la inmensa mayoría de países carecen de los recursos básicos para proveer a su población de satisfactores esenciales para su subsistencia. Las sociedades nacionales se separan en ricos y pobres.

Además, se concluye que los ingresos mundiales todavía serán desiguales bajo una integración global completa, como lo son actualmente en cualquier economía nacionalmente integrada, pero serán menos desiguales en una economía mundial integrada que en una segmentada. El comercio y las actividades económicas aceleran la integración y la interdependencia de los individuos, los grupos y las comunidades. Los procesos de globalización acrecientan los niveles de interdependencia entre los Estados y son en parte producto de acuerdos entre los Estados. Las relaciones de comercio y de mercados se delimitan en acuerdos entre los Estados, los cuales operan dentro de sus fronteras.

Sin embargo, se dan grandes disfuncionalidades entre las lógicas del mercado y la democracia, y más concretamente entre la lógica de las finanzas y la lógica democrática. Las disfuncionalidades del mercado limitan el uso efectivo de las asignaciones y los derechos sobre los recursos a un gran número de personas, lo que incrementa los niveles de pobreza. El despliegue de las finanzas en el ámbito global se caracteriza por sus niveles de cobertura e intensidad a tal punto que vulneran las políticas económicas de los Estados-nación.

De hecho, el problema con la democracia global no es un problema de falta de gobernabilidad, como resultado del debilitamiento del papel del Estado por los procesos de globalización económica, sino por la desigualdad que está creando entre los diferentes países y entre la población al interior de cada Estado, es pues una democracia de carácter económico. La democracia global concibe a los intereses privados económicos como los beneficiarios directos de la sociedad

La creciente desigualdad es una de las características estructurales de los procesos de globalización. Feenstra and Hanson (1999) estiman el porcentaje de incremento de la desigualdad debido a la competencia comercial, incluido el outsourcing, entre un 15 y un 33 por ciento. Por lo tanto, la cultura de desigualdad (Calderón, 2000) emergente se vincula a una concepción neoliberal que apela al mercado como el único, natural y eficaz distribuidor de las oportunidades de desarrollo.

La doctrina neoliberal incluye los puntos de la regla del mercado, la reducción del gasto público, desregulación, privatización de empresas públicas, cambio de percepciones de bienes públicos y comunitarios al individualismo y responsabilidad individual, libre comercio en bienes y servicios. Libre circulación de capital e inversiones. La mercadización se refiere al establecimiento de una economía de libre mercado, bajo la regla del libre mercado que protege la libertad de movimientos de capital, bienes y servicios, la liberación económica, la privatización y contractualización de la actividad económica, liberalización financiera y de inversiones y eliminación de controles de precios.

Esta retórica del mercado libre ha sido promovida por los ideólogos de la derecha y asimilada y repetida por los de la izquierda. La derecha ha aprovechado las circunstancias para promover activamente las funciones del Estado orientados por una política económica que benefician a la expansión de las grandes corporaciones transnacionales, la cual es precedida por una expansión militar y política de los Estados imperialistas. Las alianzas militares de los estados imperialistas y los aparatos militares de otros Estados promueven la penetración y expansión de las transnacionales en los mercados internacionales

Los análisis de los movimientos del capital debe considerar los movimientos mismos del capital, los procesos de acumulación, así como los principales centros de ubicación, organización y decisión. Los movimientos de capital de los Estados imperiales a los mercados emergentes se orientan a desestabilizar muchas de las veces los regímenes nacionalistas.

La democratización se refiere a las reformas políticas que introducen mecanismos esenciales para una mayor competencia electoral, modernización de partidos políticos y creación de nuevas instancias de representación ciudadana y una participación más abierta de la sociedad civil, así como una distribución más equitativa de la riqueza y un mejor equilibrio del ejercicio del poder en la comunidad. El capital social fortalece las relaciones y capacidades de la sociedad civil. El capital social es una forma de reducir los costos de transacción mediante el involucramiento de las relaciones económicas en las relaciones sociales. La sociedad local y regional es uno de los actores sociales que promueven el desarrollo en forma equitativa y equilibrada. Por lo tanto, es claro que para que exista una democratización de la sociedad, es necesario que exista primeramente una transformación socialista.

El debilitamiento de los partidos políticos está condicionado por los arreglos institucionales que delimitan los mecanismos, procedimientos y actores involucrados en los procesos de decisiones políticas. De acuerdo con Ayala (2001), el arreglo institucional es el conjunto de reglas que permite, a través de la negociación política, que los actores realicen sus intercambios económicos y políticos. Los arreglos institucionales acotan el oportunismo pero incentivan a los políticos para actuar con responsabilidad porque se obligan a hacer revelaciones de las restricciones y de los costos de las ofertas electorales que reciben.

El arreglo institucional facilita la coordinación de acciones y decisiones que permiten a los diferentes grupos sociales y agentes económicos recibir beneficios del desarrollo a través de las diferentes instituciones. La apertura creciente y la integración internacional de los mercados afecta tiene un impacto en las instituciones nacionales. Los arreglos institucionales y las negociaciones de los diferentes agentes económicos establecen las instituciones para asegurar sus beneficios, mediante la formación de diferentes configuraciones que facilitan las relaciones de complementariedad y de coordinación entre las instituciones, así como también la emergencia de nuevas formas de auto-coordinación.

Sin duda, que en el futuro aparecerán otras instituciones que suplan en sus funciones a los partidos políticos, pero que servirán de plataforma a los políticos para que medien entre las demandas de la ciudadanía global y los que formulan e implementan las políticas públicas en las organizaciones internacionales. Los partidos políticos son un medio de representación que afectan la gobernabilidad, y por lo tanto el sistema democrático, de tal forma que una buena representación promueve la gobernabilidad democrática, aunque no siempre lo que es bueno para la democracia es bueno para la gobernabilidad (Coppedge, 2000).

La preocupación por el estudio de la gobernabilidad democrática deriva de un interés por desarrollar las sociedades mediante la solución de sus problemas políticos y sociales, la estructuración de marcos de referencia político-institucionales que fundamenten los procesos de toma de decisiones y proporcionen las herramientas de operabilidad para los actores políticos estratégicos. Se tienen que considerar los factores contextuales como variables que intervienen, las cuales engrandecen o disminuyen el rango de alternativas que los actores políticos piensan están disponibles para las situaciones de la toma de decisiones.

Los actores políticos, económicos y sociales estratégicos se apoyan en las estructuras del poder para ejercer influencia sobre las decisiones que favorezcan sus propios intereses, así como dar forma a nuevas configuraciones de clase. Las redes de poder atrapan a los ciudadanos y los somete a la lógica de una esfera de influencias y competencias con altos costos para quienes optan por alternativas diferentes que implican la negación de las telarañas de poder. Ramos (2001) concluye que la red de poder democrático se activa en un proceso cíclico que fluctúa entre la mercantlización y la estatalización, la adhesión y la apatía, la participación y la inhibición”. Son los actores políticos estratégicos verdaderos operadores políticos que usando las estructuras institucionales existentes articulan intereses, agendas y recursos de actores sociales y agentes económicos en los procesos de toma de decisiones y formulación e implantación de políticas y estrategias.

Las investigaciones de las acciones estratégicas, preferencias y actitudes de los actores de la transición política se centran más en la elección racional que en una dimensión más subjetiva. Tanto los actores políticos, económicos y sociales estratégicos ejercen influencia a través de las estructuras del poder. En esta forma, se filtran a través de las percepciones del medio ambiente de los actores políticos.

Cualquier análisis del sistema global tiene que considerar el desarrollo del Estado democrático, por lo tanto, no solo por las instituciones democráticas existentes, sino también por un conjunto de valores y prácticas sociales más amplias. Investigaciones sobre la cultura política concluyen que la crisis política tiene poca relación con la crisis de confianza en las instituciones democráticas cuyo nivel de aceptación sigue siendo elevado.

De acuerdo a del Alamo (2001), la crisis de la política y del Estado no desestabilizan las instituciones democráticas cuyo poder se asegura mediante el “enjaulamiento” de los ciudadanos que quedan atrapados en las redes del poder. Por sí mismas, las instituciones democráticas no garantizan el éxito de la aplicación de las políticas públicas. Las políticas públicas se formulan en las instituciones del Estado en el poder legislativo, los programas del poder ejecutivo y las resoluciones judiciales, mientras la sociedad civil desarrolla sus mecanismos como los foros donde participan los ciudadanos para establecer sus demandas y validar sus actuaciones políticas.

Un Estado deja de ser democrático cuando tiene que sostenerse por la fuerza o mediante la supresión de los derechos democráticos. De acuerdo con Santa-Ana Godoy (2000), los diferentes impactos tecnológicos y económicos de los procesos de globalización y mundialización han provocado desequilibrios en las instituciones políticas de los Estados-Nación. Precisamente, los orígenes de la democracia están en el fortalecimiento de instituciones políticas de representación , la defensa de los derechos humanos, la existencia de fuentes de opinión, y la protección de los derechos humanos y colectivos de de los ciudadanos (Ortega Ortíz, 2001)

Los procesos de globalización conllevan cambios tecnológicos acelerados en las telecomunicaciones, la microelectrónica, biogenética, etc. Estos desequilibrios se manifiestan en la urgencia del tiempo que demandan las organizaciones en su toma de decisiones frente a la lentitud del aparato político burocrático del Estado. Además, este aparato carece de tecnología de punta que responda a los desafíos de las organizaciones globalizadas y los impactos de los medios de comunicación alteran y posibilitan las expresiones de la participación ciudadana. La tendencia hacia una democracia sin ciudadanos como la determinante de las democracias institucionalizadas en una estructura en la cual se afirman en la confianza del sistema o se niegan en la pasividad de la participación política. En este tipo de democracia, el ciudadano se adapta con una participación limitada por los entramados de las redes del poder para formular y exigir el cumplimiento de las demandas. Los procesos de globalización son en parte el resultado de la rapidez de los medios de comunicación que permiten la interdependencia entre los diferentes agentes y actores. Son los mismos medios de comunicación que satanizan al Estado.

Sin embargo, con referencia a una democracia global que vaya más allá del Estado nación, Held (1995) argumenta la construcción de una “democracia cosmopolita” con base en un complejo de instituciones organizadas bajo formas nuevas de gobernabilidad global cuya finalidad sea resolver problemas globales como la de los flujos económicos. Al decir de Haliday (1997: 23), ya se cuenta con un sistema de gobernabilidad global con muchas capas, aunque “uno de los problemas principales es el de resolver, a través de reformas, los efectos de un sistema que ha estado vigente durante varias décadas. ¿Cómo hacer que este sistema de gobernabilidad sea más efectivo, más justo, y más responsable frente a la cambiante situación internacional?”. El aprendizaje institucional es una solución racional de la dificultad de predecir los efectos futuros de la reforma.

La democracia global avanza bajo la concepción de que los intereses económicos privados son los beneficiarios de la sociedad. De hecho es la sociedad local y regional uno de los actores sociales para la promoción de un desarrollo más justo y equitativo. Esta democracia cosmopolita es también una democracia económica. Para que los flujos de capital en los mercados internacionales sean efectivos y transparentes, tienen que ser propiciados por instituciones que propicien la facilitación de la gobernabilidad global. Los Estados nacionales todavía desempeñan un rol importante en la promoción y conquista de los mercados internacionales y en la protección de los mercados internos.

La regla principal del juego en los mercados internacionales es la competitividad en el nuevo ambiente de la globalización. Por definición, la competitividad se encuentra inextricablemente ligada a los procesos de globalización. Para Porter (1991), la competitividad, las empresas tienen que competir en un entorno formado por cuatro atributos que estimulan o limitan la creación de ventajas competitivas. Estos atributos son la disponibilidad de los factores de producción, la demanda interna, la estructura y estrategia de la rivalidad de las empresas y los sectores conexos.

La concepción cosmopolita de un gobierno democrático concibe al ciudadano como persona dentro del Estado, pero, además, capaz de mediar entre una diversidad de tradiciones nacionales, comunidades políticas y estilos de vida alternativos” Es precisamente la diversidad una de las características de los tiempo actuales, y su reconocimiento es una contribución a la riqueza de las sociedades contemporáneas. La globalización del conocimiento produce grandes beneficios en la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos del mundo más desarrollado. El conocimiento es ahora un recurso más importante que el capital y las materias primas que profundiza o estrecha las brechas del desarrollo entre los países. En los principios de la diversidad se acepta el ejercicio de la democracia que no admite excepciones.

El planteamiento de una democracia global acepta la existencia de limitaciones y déficit democráticos a niveles nacionales y locales, lo que dado lugar a la degradación de los sistemas democráticos, lo que se ha tipificado como una democracia delegativa o democracia limitada. La concepción de la democracia global imprime los beneficios de la sociedad a favor de los grandes intereses económicos privados. El concepto de democracia tradicional ha sido abandonado para reelaborar uno nuevo que apoye y mantenga el sistema capitalista.

La falta de políticos intermediarios es parte del déficit democrático de las instituciones locales, nacionales e internacionales. Las instituciones locales tienen el reto de intervenir con sus funciones en las actividades económicas. Consubstancial a los procesos democráticos es la homogeneidad de los pueblos, pero la realidad mundial es otra muy distinta. Los Estados nacionales presentan diferencias profundas en sus niveles de desarrollo económico y social, en niveles de riqueza y sus valores, etc., como para que tengan las mismas consideraciones con respecto al sistema democrático.

No obstante, la teoría de Rustow (1970), ningún nivel de desarrollo económico es prerrequisito para el establecimiento de instituciones democráticas sino más bien el sentimiento y compromiso de unidad nacional entre los diferentes estamentos sociales pero más significativamente, la disposición entre las elites para pactar acuerdos de transición. Las estructuras económicas y sociales de las sociedades duálicas estamentarias se sustentan en principios morales, religiosos y jurídicos para justificar las diferencias y desigualdades entre los diferentes estamentos.

Lipset (1979) ha dicho que cuando mejor le va a un país en términos económicos, mayores son las oportunidades de mantener gobiernos democráticos. Las deficiencias de los procesos democráticos en el ámbito nacional son evidentes y de acuerdo a ciertos analistas, pueden ser subsanados mediante la creación de instituciones democráticas a mayor escala y conectándolas a las formas locales de participación. Consecuente con esta línea de análisis, no existe un determinado nivel de desarrollo económico que sea determinante de la democracia (Przeworski y Limongi (1997).

Los problemas en la realidad, son que estas instituciones supranacionales no ejercitan la democracia necesariamente aunque si la exigen a los Estados-nación, a los que vulneran su soberanía política. El concepto de soberanía del Estado se está volviendo obsoleto ante los avances de las instituciones transnacionales en una economía globalizada. No obstante, es importante establecer las denuncias a esta economía global. El poder y la soberanía de los Estados-nación se contrae y se transfiere a instancias supranacionales y locales.

La nueva soberanía global está al cuidado de los intereses hegemónicos., cuyas aspiraciones globalifílicas tienen pretensiones totalitaristas. Las diferencias de intereses de clase entre las naciones se obscurecen en categorías abstractas. Castro (1989) pronosticó que “La aceptación del principio de intervención universal por una sola potencia, es el fin de la independencia y la soberanía en el mundo” Este supuesto del derecho de intervención se justifica por la defensa de la democracia, por razones humanitarias y en nombre de los derechos de los pueblos. La soberanía sufre un proceso de reformulación que los Estados no pueden decidir aisladamente, sino desde perspectivas comunes a todas las naciones. Por lo mismo, hay un interés creciente por encontrar otras formas de gobernabilidad, tales como otros arreglos de federalismo, para dar acomodo a la pluralidad nacional o multinacionalidad.

Los sistemas económicos están en constante transformación, al igual que los sistemas políticos basados en los Estado-nación se están disolviendo aceleradamente, y en muchos de los casos, están generando al interior de la sociedad, conflictos, caos y contradicciones con serias rupturas intra nacionales e internacionales. Los establecimientos institucionales de los sistemas políticos democráticos se explican por factores tales como el tamaño, demografía, desarrollo socio-económico, homogeneidad cultural, herencia colonial o el lugar del país en el sistema económico y político internacional. Los sistemas políticos que no evolucionan están impedidos de hacerlo, entre otros motivos, por las crisis y cambios en las estructuras económicas, o porque su soberanía se limita al supeditarse al diktat de otro Estado u organización transnacional.

Los sistemas políticos de baja institucionalidad se caracteriza “por la falta de jerarquía y de separación nítida entre la arena constitucional y la de la acción colectiva”, así como por “la falta de una arena central (y centralizante)de mediación de conflictos, separada de otras, en la cual los actores políticos puedan realizar intercambios de forma rutinaria”, tercero, “por la ausencia de reglas de carácter inter-temporal que rigen intercambios entre actores en el proceso de formulación de la ley, que trascienda las mayorías temporales”, cuarto “por la falta de actores institucionales con capacidad de veto que sean legítimos y ampliamente respetados, entre ellos un poder judicial independiente que acate la regla de res iudicata”; quinto, por “agencias públicas que carecen de contornos claros y que por lo tanto no pueden defenderse fácilmente frente a transgresiones de otras” (O’Donnell, 1998)”; sexto, “por discresionalidad generalizada en la aplicación, interpretación y alcance de la ley contraviniendo el espíritu del Estado de derecho, esto es una sociedad de reglas estables y derechos aplicados con imparcialidad a todos los ciudadanos” (Feldman, 2001:9-11).

La economía se propone como tarea el entendimiento de los fenómenos mediante la construcción de modelos que formalizan la realidad económica. El hecho de que la economía sea una fuente recurrente de conflictos sociales, corresponde a la política resolver las tensiones que resulten. La política tiene la capacidad para consensuar cualquier conflicto que se suscite porque su racionalidad, entendida como la forma de gobernar una nación, garantiza el ordenamiento de los intereses privados de la sociedad civil

Las transformaciones de la tecnología de la información y de la economía mundial cuestionan los marcos de referencia teórico-metodológicos de las ciencias sociales y económicas para dar surgimiento a una "nueva economía global". Así por ejemplo, las explicaciones en las ciencias sociales y políticas son hechas alrededor de mecanismos, como los costos de transacción, más que de teorías generales. Los “costos de transacción” resultan de una interpretación subjetiva de información, monitoreo y sanción de los acuerdos establecidos.

Las posibilidades innovadoras de una tecnología de la información que abarató los sistemas de comunicación y que reforzó la generación de transacciones virtuales que incidieron en el auge de una nueva economía, vinieron a reforzar la idea de que las fuerzas del mercado globalizador traería beneficios para todos. La tecnología de la información representa una fuente de inestabilidad económica y crisis financieras. La nueva tecnología de la información se encuentra supeditada y subordinada a los intereses expansionistas del imperialismo mercantilista contemporáneo.

Tanto la tecnología como la globalización se encuentran inextricablemente ligadas a campetitividad, aunque Petras (2001c) demuestra que la productividad fue mayor antes de la “edad de la información” que durante esta. La economía mundial se está globalizando rápidamente en los últimos dos siglos, integrándose en una economía global. Ésta puede existir por sobre los Estados-nación, a los que se encuentra, además, íntimamente interconectada en una compleja interrelación y por los que existe, debido a las políticas que persigue y las formas institucionales que adopta.

Una economía global es diferente a una economía mundial, es una economía con la capacidad para trabajar como una unidad en tiempo real en una escala planetaria. Ha sido después de la última parte del Siglo XX que la economía mundial fue capaz de convertirse en una economía global, sobre la base de una nueva infraestructura proveída por las tecnologías de la información y el conocimiento (TICs) y las tecnologías de la comunicación emergentes. Estas tecnologías han dado forma a lo que se denomina la sociedad de la información y son las principales fuentes del aumento de la productividad porque aceleran los procesos de innovación tecnológica, la flexibilidad organizacional de los sistemas de producción y el aprovechamiento de las economías de escala. Es importante relacionar los procesos de globalización económica con la sociedad de la información, aunque se trata de dos fenómenos diferentes.

La economía global, argumenta Soros (1998) “no se caracteriza sólo por el libre tránsito de mercancías y servicios sino, sobre todo, por el libre tránsito de ideas y de capital…pero la globalización de los mercados financieros ha cambiado hasta ser irreconocible…así que para hablar de la economía global sería más apropiado hablar del sistema capitalista global”. De hecho, las naciones que tienen los mercados financieros reglamentados son los que han alcanzado mejores tasas de crecimiento. Los proponentes del desarrollo financiero están en lo correcto cuando restringen sus conclusiones a las economías de mercado desarrolladas. Los procesos de globalización obedecen a imperativos del sistema capitalista que requieren expandirse para operar en mercados cada vez más amplios, de tal forma que no solo garanticen su propia reproducción, sino también su crecimiento.

Investigaciones recientes (Dollar and Kraay, 2000) han encontrado una correlación positiva entre el libre comercio y el crecimiento económico, a pesar de que se puede criticar que las reformas han ido más allá de los cambios en la participación en la economía global, de tal forma que no se puede aislar el efecto independiente del libre comercio. Sin embargo, el crecimiento económico no ha ocurrido igualmente para todos, debido a las diferentes condiciones sociales, políticas, culturales, etc., determinantes y a otros factores como las presiones de la población sobre los recursos escasos.

Los componentes de esta economía global son los flujos comerciales, de información y de capitales. Los flujos de capitales se orientan hacia donde existen recursos naturales abundantes, poblaciones jóvenes y abundancia de capital humano, en lo que se conoce como la paradoja de Lucas (Lucas, 1990).

Por lo tanto, esta “nueva economía global” con características multi civilizacionales ya presenta serias disfunciones causadas en parte por los grandes volúmenes de capitales volátiles que remolinean a su alrededor, lo cual provoca crisis financieras en los países en desarrollo que son los más vulnerables debido a que se presenta una sobreproducción global en la economía real. La estrategia de reproducción del sistema capitalista es dual en donde los actores hacen y no hacen sucesiva e interrumpidamente algo (Barel, 1989).

Al respecto, Ramos (2001) concluye que las respuestas adaptativas de los actores sociales atrapados en las redes de poder, consisten en apostar por estrategias dobles que permiten construir contraintuitivas identidades paradójicas, con lo cual los actores logran reproducir las redes, consolidarse y “enjaularse” e “incapacitándose para romper la lógica perversa que la anima”. Los Estados imperialistas desempeñan un papel importante en la gestión de las crisis financieras y económicas de los Estados menos desarrollados y de aquellas empresas transnacionales que entran en problemas financieros.

Algunos analistas defensores de los procesos de globalización económica sostenían que la nueva economía sustentada en la revolución científico-tecnológica, “ya no estaba sometida a crisis cíclicas “ (Petras, 2001c). Apreciaciones que la realidad ha demostrado ser falsas, porque la coincidencia de las crisis estructurales y cíclicas han derivado en recesiones económicas. Las recesiones económicas son provocadas por la alta volatilidad de los mercados financieros y sus impactos son fuertes en el empobrecimiento de la población cuando las redes de seguridad son débiles.

Algunos analistas afirman que las crisis financieras actuales solo reflejan la crisis del neoliberalismo y que por lo tanto, su final ya se puede anunciar. Las crisis financieras son tan viejas como los mercados financieros. No obstante, desde la Segunda Guerra Mundial, la economía global es más inestable que nunca antes. A partir de esta guerra, los procesos de integración han pasado por dos etapas.

La primera inicia con los acuerdos de Bretton Woods para regular los flujos internacionales de capitales y establecer las tasas de cambio. La ideología del liberalismo fue el fundamento para la creación de las instituciones de Bretton Woods. Estos cambios estructurales y los intereses mutuos de estas alianzas son puestas en ideología neoliberal, la cual tiene sus raíces ideológicas en los siglos XVIII y XIX en los pensadores liberales tales como Adam Smith y Jhon Locke.

Estas instituciones internacionales surgieron bajo la forma del modelo de clubes con miembros que representan los intereses de las naciones más avanzadas, para gobernar ciertas áreas económicas, políticas y sociales a escala global. Las diferencias de intereses de clase entre las naciones se obscurecen en categorías abstractas. Los siguientes 25 años al término de la Segunda Guerra Mundial fue una época de crecimiento sostenido (1945-1970) que dio lugar a dos décadas de restos económicos, políticos y sociales dentro de una economía política cambiante.

Entre 1940 y 1970 se impulsan programas de desarrollo nacional orientados a eliminar las desigualdades económicas y sociales, aunque se benefician más las clases medias urbanas que las pobres rurales. El incremento de la agricultura en Latinoamérica en el sistema económico capitalista global ha beneficiado solamente una minoría privilegiada de la población rural mientras que el campesinado ha sido excluido de los beneficios.

En la segunda etapa más identificada con la globalización, la expansión financiera se propagó y se profundizó con la crisis de las instituciones del sistema monetario internacional y los acuerdos de Breton Woods. La expansión del capitalismo se efectuó a través de la organización de la sociedad, el modo de producción y el poder político en los espacios coloniales. De hecho, los procesos de globalización estimulados por la expansión mundial y el desarrollo del capitalismo ha favorecido consistentemente solo una proporción limitada de la población mientras que la mayoría tiene que sufrir los efectos adversos de este proceso.

En cada nueva fase de expansión del capitalismo, las grandes corporaciones transnacionales han requerido del apoyo de los Estados imperiales para repartirse los mercados internacionales. Previa a la expansión de las corporaciones transnacionales en los mercados internacionales se requiere la expansión militar y política de los Estados imperiales. Las alianzas militares de los estados imperialistas y los aparatos militares de otros Estados promueven la penetración y expansión de las transnacionales en los mercados internacionales

La herencia colonial ha marcado las estructuras económicas, políticas, sociales y culturales de los pueblos colonizados. Por lo tanto, en las últimas tres décadas, desde la crisis económica mundial de 1972-73, que se pueden identificar como el período de intensificación de los procesos de globalización, coinciden con períodos de crisis generalizadas del capitalismo, un capitalismo que ha sido bautizado como capitalismo tardío o neocapitalismo.

De hecho, los problemas contemporáneos de la globalización, la expansión del capitalismo tardío o postmoderno han agravado los más crónicos problemas como en el caso de la región latinoamericana. En las últimas dos décadas, casi cada aspecto mayor de la vida económica, política y social en Latinoamérica estuvo influida por la integración acelerada de la región en el sistema capitalista global. La ideología neoliberal se ha usado para justificar la estrategia de las políticas de reestructuración y ajuste económico seguidas en la mayor parte de los países latinoamericanos desde los ochenta. Las consecuencias de estas políticas tienen relación con los efectos de la recesión de las economías de los ochentas y noventas.

El capitalismo de mercado considerado como sistema económico se define como “la propiedad privada de los medios de producción y el sistema de precios como mecanismo para la asignación de la producción y distribución de los recursos”, de acuerdo a Villareal (2000).Así, al final del siglo pasado se alcanzó un volumen del comercio comparativamente similar al alcanzado en los inicios del mismo siglo, si se considera con relación al tamaño de la economía global, pero con una diferente configuración de los flujos comerciales. Esta configuración ahora consiste en flujos de manufacturas que son manejados por las grandes empresas multinacionales y orientadas hacia los países más desarrollados.

Atendiendo a los análisis de los ciclos económicos de larga duración, la tendencia es descendente y depresiva, cuyos efectos se manifiestan en un crecimiento estructural lento, incremento de las tasas de desempleo y de las desigualdades, descenso de los niveles de vida, etc. Estas medidas han afectado adversamente el ingreso y los estándares de vida no solo de las clases más bajas sino también de importantes sectores de las clases medias. Una desigualdad en los niveles de vida entre los diferentes Estados-nación y dentro de cada de ellos, domina el esquema de la economía global, al no poderse recobrar los niveles de igualdad alcanzados en las primeras etapas de los procesos de globalización.

Se considera que la liberalización comercial trae más beneficios a las economías de los países del tercer mundo que a las economías de los países industrializados y que los efectos son mayores cuando se integran a la economía mundial. Los países altamente industrializados compiten entre sí en los mercados globales donde tienen que gestionar sus propios asuntos. El imperativo de los países industrializados de promover el desarrollo industrial para un crecimiento económico ha debilitado la sustentabilidad. La modernización puede lograr la sustentabilidad social si se acerca a los fundamentos culturales de la sociedad. Maximizar los beneficios y minimizar el impacto de los eventos negativos se ha convertido en un asunto colectivo. Los beneficios son mayores entre los países de altos ingresos, como los de la OCDE que entre los países pobres.

En general, los defensores de la globalización, como Lindert y Williamson (2001) argumentan que la globalización favorece a todos los participantes, especialmente aquellos quienes se encuentran en industrialización y penaliza con el rezago a aquellos que deciden no participar, al grado de considerar las barreras comerciales como malas para aquellos países en desarrollo. Los países que liberalizan los factores domésticos del mercado, los mercados domésticos de mercancías y se establecen los derechos de propiedad. Este tipo de políticas incrementa los ingresos, concluyen.

Las últimas dos décadas han sido un periodo de turbulencias y complejidades en el ambiente económico, político, social, tecnológico y cultural, dando origen a cambios transformacionales a niveles de escala local, nacional, regional y global. Las transformaciones económicas locales y regionales, por ejemplo están involucradas con las transformaciones en la misma estructura económica regional, en los cambios de las políticas económicas nacionales y los procesos de globalización económica.

Este proceso de globalización denominado por Held (2000) como el “período contemporáneo” también produce profundos cambios económicos, políticos y sociales con implicaciones directas en las interconexiones nacionales, regionales y globales mediante una nueva configuración del Estado-nación. Los cambios se efectúan en los sistemas y modos de producción, en los modos de hacer política y practicar la religión, en fin en todos los aspectos de la vida. Todos estos cambios implican transformaciones como la transnacionalización de programas de defensa y seguridad, de regulación del medio ambiente, telecomunicaciones, etc.

La velocidad del cambio es el signo que distingue esta fase de la historia del comercio de las épocas anteriores y lo que hace difícil que los pueblos globalizados se adapten. La globalización representa una configuración coyuntural de varios procesos históricos. Las crisis financieras que han resultado de los cambios acelerados de una globalización corporativa, ha sido defendida por los que están en favor de estos procesos. La liberalización financiera que entra como dinero caliente en forma de inversiones extranjeras a los países que liberan sus economías, generan burbujas especulativas que al menor indicio de riesgo que cambia el humor del inversionista y trata de cosechar lo más que puede dejando desolación y devastación financiera. Se argumenta que se deben a las prácticas anacrónicas en los mercados domésticos que requieren más cambios profundos en la liberalización de los mercados, cuando es precisamente esta liberalización una de las causas de los estragos económicos que han causado a algunas economías.

Los proponentes de la liberalización comercial están motivados por una agenda de ganancias rápidas, diferente a la agenda nacional que desea equidad y uso sustentable de los recursos que garanticen un incremento en la calidad de vida de sus ciudadanos, la cual se sacrifica en nombre del progreso. La elevación de los niveles de calidad de vida y lograr una sociedad satisfecha y sin asimetrías, es viable con la instrumentación de mecanismos institucionales que promuevan la gobernabilidad mediante una asignación equitativa de los recursos y bienes sociales. El modelo de desarrollo supedita la mejora de las condiciones de la calidad de vida de los individuos al crecimiento económico. Este crecimiento económico está más referido a la medición cuantitativa del producto interno bruto (PIB) per cápita y al consumo real promedio.

Las decisiones en torno al uso de los recursos se toman a corto plazo siempre en beneficio de pocos en lugar de a largo plazo y en beneficio de todos. En materia comercial, por ejemplo, los países en desarrollo establecen sus propias agendas para las negociaciones comerciales por lo que demandan mayor acceso a las exportaciones que son más sensitivas para los países ricos. Por lo tanto, las agendas de los países más avanzados pueden ser totalmente diferentes a las agendas de los países más avanzados.

Es necesario administrar el avance de la liberalización de las economías que tienden a la formación de las economías globales. Avalar o simplemente forzar la apertura de las barreras del mercado y dejar que éste haga su trabajo por sí sólo, es abandonar a las gentes que están en situaciones y posiciones de desventaja para que el mercado determine sus destinos. La globalización implícitamente presenta la alternativa en la que la política liberal sea reemplazada por las barreras al comercio y a la migración. La política liberal es un término diferente a economía liberal. La política liberal se relaciona con los temas sociales, mientras que la economía liberal se relaciona con la liberalización de los mercados y la liberalización de las finanzas. La política liberal representa la orientación progresista y flexible del manejo de la política social.

La vulnerabilidad a las crisis bancarias y monetarias se incrementa con la liberalización financiera externa e interna. La liberalización externa permite la entrada indiscriminada de capitales entrar a la economía emergente, los que en un ambiente de liberalización financiera interno, se destina a proyectos productivos o especulativos. Se calcula que el 98% de aproximadamente $1.500 billones de dólares que se mueven diariamente son flujos especulativos y sólo el 2% son transacciones de bienes y servicios. La relación existente entre la vulnerabilidad de un país a los mercados internacionales, con respecto al tamaño de la base de impuestos del programa social es positivo, no negativo, por lo que los países con una mayor vulnerabilidad a los cambos del mercado global tienen tasa impositivas mayores, más gasto social y más amplias redes de seguridad (Rodrik, 1997)

Esto da una idea del inminente peligro que representan los flujos especulativos para las economías más débiles. Los altos niveles de especulación de los flujos financieros debilitan las estructuras del sistema económico y vulneran las estrategias económicas mismas de los poderes económicos hegemónicos. Obviamente, la liberalización financiera no tiene que conducir inevitablemente a la crisis, pero si aumenta las posibilidades de una crisis, la que puede ser disminuida por las políticas gubernamentales. Las crisis monetarias se caracterizan por una disminución de las reservas de divisas o cambios extranjeros y por una elevación de las tasas de interés a corto plazo, ya sea por sí mismas o en combinación con una devaluación.

La escala global de estos cambios connota la naturaleza multidimensional del fenómeno, pero también lo holístico, la actividad integrada, la búsqueda de las relaciones en los elementos de los sistemas complejos. La complejidad y causalidad entre las relaciones de las variables, mercados globales, instituciones, gobernabilidad, y el desempeño económico, son difíciles de determinar. Los efectos de la globalización en la gobernabilidad y en el desarrollo económico toman en cuenta factores múltiples.

Todo sistema tienen objetivos determinados por las necesidades, deseos e intereses de los subsistemas que a su vez requieren de la transformación de insumos, organización y medios de trabajo. Expresiones de la teoría general de los sistemas que sirven de marco conceptual y teórico de la gobernabilidad, se encuentran en desarrollos de las teorías generales de precios y de la producción o procesos de transformación que vinculan los insumos a los productos mediante la participación de tecnologías, administración y organizaciones. El carácter multidimensional se expresa en diversas formas y trayectorias.

Ni la teoría de las relaciones internacionales, ni tampoco la teoría de la democracia alcanza a establecer un marco de referencia que sustente la conceptualización como la práctica del desarrollo democrático de los pueblos y sus relaciones con el capitalismo moderno o neocapitalismo, bajo un contexto global, a pesar de su potencial latente de autoritarismo. Las manifestaciones de este avance del capitalismo emergente se enmarcan en la paradoja consistente en que mientras se centra en función de los mecanismos autorreguladores del mercado, por otro lado desencadena reacciones en contrario para contrarrestar y compensar los efectos de los mecanismos perversos del mercado.

El Estado-nación sigue siendo el principal protagonista y actor de las relaciones internacionales y sigue siendo el principal sujeto que ocupa un espacio que da contenido a la nación con sus propias instituciones e instrumentos para organizar el sistema económico, político, social, jurídico, etc. El espacio nacional se delimita en términos territoriales de bloques en serie definidos por las fronteras físicas y geográficas en donde ocurren fenómenos económicos, políticos, sociales y culturales. Estas características también delimitan los espacios soberanos en función de las unidades de espacios nacionales.

En este espacio nacional se desarrollan los fenómenos geopolíticos, los cuales al avanzar hacia niveles superiores adquieren relevancia los fenómenos geoeconómicos. El desarrollo democrático supone que la democracia es verdaderamente la condición del desarrollo. Este contexto global delimita la estructura del sistema global en el cual las instituciones realizan interacciones, incluyendo al mismo Estado nacional, a partir de un sistema internacional. La estructura espacial de las unidades geográficas delimitadas por territorios físicos y geográficos delimitan las formas de interacciones entre las diversas entidades.

Friedman (1999) considera a la globalización no como una mera tendencia sino como un sistema internacional que da forma a la política doméstica y a las relaciones exteriores de cualquier país y que involucra la integración inexorable de los mercados, Estados-nación y tecnologías, lo que permite a los individuos, corporaciones y Estados-nación llegar más lejos en el mundo, rápido, profundo y barato, de tal forma que produce reacciones violentas en aquellos que son brutalizados o quienes se rezagan.

La idea detrás del capitalismo de libre mercado que deja a las fuerzas del mercado gobernar, de tal forma que a medida que más se abre la economía al libre comercio y a la competencia, la economía se vuelve más eficiente. Al decir de Patras (2001d) la competencia “en términos capitalistas está mediatizada, influenciada y dirigida por los Estados”. Las relaciones de comercio y de mercados se delimitan en acuerdos entre los Estados, los cuales operan dentro de sus fronteras. La globalización significa que los países del mundo adoptan el capitalismo de libre mercado, el cual tiene sus propias reglas para la apertura, la desregulación y la privatización de la economía. La retórica del libre mercado ha sido promovida por los ideólogos de la derecha y repetida y asimilada por los de la izquierda. La derecha ha aprovechado las circunstancias para promover en el beneficio de las grandes empresas transnacionales las funciones del Estado orientadas por una política económica.

No obstante, el libre comercio en el Estado imperial se basa más en criterios políticos que económicos, los cuales se instrumentaban mediante prácticas selectivas que permiten a las corporaciones transnacionales practicar el fundamentalismo del mercado en los países menos desarrollados. En el sistema imperialista, las empresas transnacionales combinados con los Estado imperialistas dominan los mercados nacionales en donde el Estado pierde su poder, y se reparten los mercados internacionales ampliando sus capacidades de influencia y poder.

Petras (2001d) argumenta que el Estado todavía sigue jugando un papel profundo y extendido en la conquista de mercados exteriores y en la protección de los mercados locales. De hecho, argumenta que el Estado-nación en sus diferentes formas, ya sea imperial o neo-colonial, “ha multiplicado y expandido su actividad, lejos de ser un anacronismo, el estado se ha convertido en un elemento central en la economía mundial y en el seno de los estados-nación”, aunque sus actividades y funciones varían de acuerdo a “su carácter de clase”.

Estos problemas incluyen un pronunciado grado de explotación económica, desigualdad social y económica, injusticia social y política que ha caracterizado a la región desde los tiempos en que los indígenas pobladores de estas tierras fueron subyugados por la fuerza a la dominación colonial europea en el siglo XVI. El cuadro general es uno de un muy pequeño grupo de dueños de la tierra quienes poseen grandes extensiones de tierra.

La herencia colonial ha marcado las estructuras económicas, políticas, sociales y culturales de los pueblos colonizados. El Estado imperialista “es particularmente activo en lo que respecta a la concentración del poder en el interior de la nación y en su proyección exterior con la ayuda de una gran variedad de instituciones, circunstancias económicas y políticas y mediante el establecimiento de vastas esferas de influencia y dominio” (Petras, 2001d)

Las redes de poder atrapan a los ciudadanos y los somete a la lógica de una esfera de influencias y competencias con altos costos para quienes optan por alternativas diferentes que implican la negación de las telarañas de poder. El poder del Estado imperialista se extiende a las instituciones financieras internacionales, mediante apoyos financieros, nombramiento de sus líderes y asignación de funciones y tareas que benefician a las empresas transnacionales. Las instituciones financieras internacionales imponen a los Estados-nación principios para el manejo de su política económica basado en el fundamentalismo del libre mercado, los cuales son aplicados en los países deudores con consecuencias negativas, mientras que los países desarrollados evaden su aplicación.

La expansión política, económica y militar ha dado lugar a un nuevo orden mundial dominado por un Estado imperial cuya centralidad se evidencia en áreas fundamentales de “actividad político-económica, cultural y económica que refuerzan la posición de los poderes imperialistas, particularmente los de USA”, según Petras (2001d). Esta expansión militar y política siempre precede a la expansión de las corporaciones transnacionales. Las alianzas militares de los estados imperialistas y los aparatos militares de otros Estados promueven la penetración y expansión de las transnacionales en los mercados internacionales En este nuevo orden económico mundial adquieren relevancia las estrategias de desarrollo centradas en la eliminación de la política social y en la descentralización de funciones.

Efectivamente, los procesos de descentralización impulsados por el sistema capitalista son inherentes a su propio desarrollo en las circunstancias actuales de trasnacionalización de la economía y los mercados en donde el Estado nación, que una vez fue funcional para su expansionismo, ahora es el principal estorbo. López Vadalladares (2001) argumenta que el proceso de descentralización responde a una “propuesta de reforma impulsada por organismos multilaterales y fue respaldada con argumentos formales, tales como el logro de la eficiencia, la participación ciudadana, la prevención, la corrupción, entre otros; su ejecución se hace posible en la medida en que las condiciones del contexto político, económico y social lo permiten y, presionan en su favor.” Las discusiones de la reforma empiezan en un punto en el tiempo cuando los procesos políticos al igual que las preferencias de los actores políticos están relativamente estructuradas en una manera característica.

La expansión del capitalismo se realizó a través de la organización de la sociedad, el modo de producción y el poder político en los espacios coloniales. La herencia colonial ha marcado las estructuras económicas, políticas, sociales y culturales de los pueblos colonizados. Por lo tanto, la estructura actual del sistema internacional se entiende a partir de la evolución de las características de sistema internacional capitalista.

Como un mecanismo económico, el capitalismo puede ser adoptado como un instrumento democratizador que posibilita legitimar un gobierno. En la sociedad moderna hay un conflicto latente entre capitalismo y política. Esta sociedad moderna se organiza en torno al Estado-nación asentado en un territorio en donde se realizan las diferentes interacciones, entre las décadas de los 30 y los 70 del siglo pasado.

La política exige por lo menos un uso comunitario sometido a reglas que se regulan por leyes, desde el impuesto obligatorio a las reglas de tráfico, pasando por la reglamentación de la construcción, el comercio etc. El capitalismo como ideología adoptada por el liberalismo político, posibilita una interpretación económica y política del individuo y la sociedad mediante la fundamentación de una ideología empresarial. No obstante que existen algunas contradicciones fuertes entre el liberalismo utópico y el funcionamiento del capitalismo.

La diferencia entre socialdemocracia y liberalismo es que éste quiere la menor intervención política posible (dejando a la regulación del mercado la tarea de poner orden) y la socialdemocracia tiende a regular la mayor cantidad posible de aspectos de la vida humana. En este tira y afloja estamos entre unos regímenes y otros y entre unos períodos históricos y otros. Un liberalismo absoluto en el que el Estado solamente se ocupe del ejército y la policía no es hoy ya sostenible. La sociedad moderna es demasiado complicada para carecer de reglas de juego. Esta sociedad moderna se organiza en torno al Estado-nación asentado en un territorio en donde se realizan las diferentes interacciones, entre las décadas de los 30 y los 70 del siglo pasado. Por otra parte estamos viendo desaparecer la regulación colectiva de muchas funciones que hasta no hace mucho considerábamos comunes: las compañías telefónicas, el correo, los ferrocarrilles, etc.

Toda ideología permite la generalización en los ambientes complejos en los que operan y de los que no tienen un conocimiento completo, sino incierto, en esta era del conocimiento. El conocimiento es ahora un recurso más importante que el capital y las materias primas que profundiza o estrecha las brechas del desarrollo entre los países. La globalización del conocimiento produce grandes beneficios en la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos del mundo más desarrollado.

Esta ideología empresarial está basada en motivaciones que alientan la persistencia en el trabajo, la vida austera, la lucha por el avance material, la rendición de cuentas del individuo hacia sí mismo, hábitos de autorregulación y dirección personal, etc., propias de la ética protestante del trabajo descritas por Weber. Mientras que el liberalismo político abre la puerta a la rivalidad y competencia política entre los partidos para la obtención de recursos financieros mediante métodos no muy legítimos.

Al ritmo que progresa los procesos de globalización, las fuerzas liberales tienden a concentrase en las organizaciones multinacionales. La globalización es también considerada como una ideología que tiene por objeto liberar a las economías en un mundo dominado por las organizaciones transnacionales, las cuales incursionan las áreas de competencia que antes eran exclusivas del Estado-nación. Normalmente se piensa que la democracia es local y que a los individuos de una localidad les corresponde tomar decisiones, es decir, la democracia mantiene las decisiones en el ámbito puramente local. Esto es, la democracia es un proceso activo.

La teoría de la democracia interceptada con el enfoque de la economía política internacional comparativa para analizar el fenómeno de la globalización, tal como lo conceptúan las agencias internacionales, como el Banco Mundial, tiene muchas limitaciones. La principal es que ofrece un marco de referencia opuesto, de acuerdo al análisis de Birchfield, (1999) quien examina la globalización económica neoliberal desde la perspectiva de la teoría de la democracia y, además, critica la ideología del mercado para deslegitimar el pensamiento político como un punto de partida para la acción democrática.

La nueva economía política se enfoca al crecimiento económico prioritariamente y a la calidad de la gobernabilidad democrática. La ideología neoliberal que fundamenta la economía capitalista impulsa los procesos de globalización. La promoción de esta ideología es de hecho un producto de la estrategia global contemporánea de las transnacionales así como de las políticas de las administraciones de Reagan, Bush y Clinton en los Estados Unidos y de Thatcher y Major en Inglaterra

Otros analistas critican que la democracia haya triunfado en los Estados-nación que han dejado de tomar decisiones en asuntos que son importantes para ellos. Las decisiones en materias de políticas públicas se han transferido del ámbito público de los Estados nacionales al ámbito privado internacional de los organismos internacionales que representan a los grandes intereses transnacionales y que transgreden las fronteras de los estados-nación. Las instituciones financieras internacionales imponen los procesos de globalización mediante procedimientos antidemocráticos y carentes de transparencia. Las diferencias de intereses de clase entre las naciones se obscurecen en categorías abstractas.

Las grandes corporaciones transnacionales y multinacionales controlan los comportamientos locales mediante la aceptación o rechazo de las acciones de los actores y definen la ideología dominante en principios de libre mercado y competitividad, los cuales introducen aparentemente como resultado del interés colectivo de la ciudadanía. Estas mismas fuerzas también motivan a los capitalistas individuales y a las empresas capitalistas a concentrar y centralizar su control en varios medios donde la riqueza se acumula. Esta corporaciones transnacionales se reparten los mercados internacionales apoyados por los estados imperiales, para aumentar su influencia y poder.

Para promover la expansión territorial en la globalidad de las grandes corporaciones transnacionales estadounidenses y europeas, el poder financiero hegemónico a través del Estado imperial ataca las limitaciones políticas y culturales de los Estados-nación que representen ser obstáculos a su objetivo. En cada nueva fase de expansión de las grandes corporaciones transnacionales se ha requerido del apoyo de los Estados imperiales, los cuales efectúan primero la expansión militar y política. Así, los procesos de globalización aceleran los procesos de desterritorialización del Estado nacional para dar lugar a la emergencia de nuevas formas espaciales de unidades territoriales geopolíticas y geoeconómicas.

Las estrategias de crecimiento internacional de las corporaciones se orientan a la creación de verdaderas corporaciones globales mediante la adquisición de empresas nacionales y locales en todos los países del mundo para expandir sus objetivos corporativos. Las corporaciones globales constituyen grupos de empresas transnacionales y multinacionales cuya localización no está delimitada a una nación en específico, sino que puede estar en todos los Estados-nación donde hay apertura comercial, pero generalmente sus centros corporativos donde se toman las decisiones más importantes se localizan en los Estados imperialistas (Estados Unidos, Unión Europea y Japón) con los cuales actúan en sinergia. De acuerdo a Petras (2001d), la movilidad se basa en “decisiones estratégicas tomadas por la dirección en los cuarteles generales de los centros imperiales. Estas decisiones dependen de las condiciones políticas y económicas creadas por el Estado imperialista y sus representantes de las IFIs. La movilidad esta supeditada a las relaciones entre estados.”

Petras (2001c) afirma que “el alcance de las corporaciones globales”, se estimula por la guerra de clases contra los trabajadores más que por la revolución tecnocientífica, así como por la reducción o eliminación de la asistencia social. El futuro de los trabajadores es muy incierto. Cuando las corporaciones se expanden en la globalidad, sus niveles de competitividad ya no se circunscriben a un solo país o región, y se constituyen en lo que se denomina competitividad de clase mundial. Ya que las empresas nacionales y locales carecen de los medios para competir en igualdad de términos con el capitalismo transnacional, tienen pocas posibilidades de elección que no sea otra que convertirse en los socios junior locales.

Para convertirse en corporaciones globales, estas estrategias de crecimiento internacional tienen varios propósitos, entre los más importantes se encuentran la adquisición y aprovisionamiento de importantes recursos a precios bajos en los países menos desarrollados, con el fin de ganar la competencia de precios de productos en los mercados internacionales. Estas corporaciones compiten entre sí en cualquier lugar, para lograr su globalización mediante la integración de todas sus actividades y operaciones y para afianzar su presencia en todos los mercados.

Las repercusiones de las fuerzas de la competitividad global y del cambio tecnológico se presentan en los niveles del Estado-nación, de las empresas y de los individuos. En el modelo de Veliyath y Zahra (2000), los conceptos que definen la competitividad en el Estado-nación son la soberanía, la cultura, los valores sociales, el desarrollo humano y los estándares de vida. Al nivel de empresa, los conceptos definitorios de competitividad son la jerarquía, la arquitectura estructural, las capacidades, las competencias, los recursos y las estrategias. Al nivel individual son los estándares de vida, el bienestar funcional, el crecimiento personal, el incremento del capital humano, la libertad personal y la seguridad física. Así, la competitividad se encuentra inextricablemente ligada a la tecnología y a los procesos de globalización.

El discurso neoliberal es fuerte y difícil de combatir. Los procesos de globalización neoliberal fragmentan y debilitan a los actores políticos y sociales, los mecanismos de representación de la ciudadanía y diluyen las identidades colectivas. Los procesos de la individualización enfatizan la presencia del individuo por sobre lo colectivo, escindiendo en forma nominalista entre el individuo y la sociedad, mediante el debilitamiento de los referentes materiales y simbólicos de las identidades colectivas. Estas identidades siempre encuentran los vehículos de expresión en las diferentes unidades espaciales territoriales en unidades locales, regionales, nacionales e internacionales. La fragmentación de las identidades culturales, étnicas, religiosas, políticas, etc., provoca profundos conflictos entre las sociedades.

Por otro lado, la teorización holística de la economía política internacional es una forma contestataria de la creciente globalización neoliberal y a la correlativa representación democrática. La multi dimensionalidad de la globalización está estrechamente vinculada con la idea de conectividad compleja como una condición del mundo moderno (Tomlinson, 1999) Por conectividad compleja el autor entiende que la globalización se refiere a la red de interconexiones e interdependencias que rápida y densamente se desarrollan y que caracterizan la vida social moderna. El pensamiento social burgués separa los dominios económico y político de la vida social (Amín, 2001) mediante la adopción de diferentes principios específicos.

Conectividad significa que la geografía y el tiempo no son una limitación para las personas que interactúan, participan y se involucran en actividades globalmente. Así, la geografía económica y política del espacio nacional están cediendo su lugar a la geografía política y económica en los ámbitos espaciales regionales o globales. La conectividad se refiere al hecho de que en la actualidad, las comunidades, grupos e individuos en todo el mundo comparten un conjunto común de expectativas y principios (Ali, 2001). En la era de la globalización, la interdependencia se manifiesta en la ocurrencia de eventos que tienen lugar en un lugar determinado tienen un impacto inmediato y directo en otras partes del mundo.

Sería ingenuo pensar que la magnitud de las transformaciones de los procesos de globalización no afectan e implican redefiniciones sociales. Estas redefiniciones de las estructuras sociales ha hecho que las partes no sean indiferentes al mensaje de la globalización. Las representaciones colectivas de la realidad de los individuos inciden en los anhelos de cambio. Al cambiar el orden de la vida social debido a los impactos de la globalización en las diferenciaciones en las estructuras sociales, también se modifican las estructuras culturales y sociales.

Las transformaciones económicas y políticas también implican transformaciones de los valores sociales, culturales y sobretodo de valores morales. De hecho, la globalización es vista aquí como un conjunto de estructuras y procesos económicos, sociales y políticos que derivan de un carácter cambiante de los bienes y activos que comprenden la base de la economía política internacional, y más particularmente la diferenciación estructural creciente de estos bienes y activos (Lawrence, 1996).

Las conexiones existen en un número diferente de modalidades que varían desde las relaciones socio-institucionales que proliferan entre los individuos y las colectividades en todo el mundo, hasta la idea de un flujo creciente de bienes, información, gente y prácticas a través de las fronteras nacionales, por cierto, cada vez más frágiles y disminuidas. El concepto económico territorial de fronteras nacionales está dejando paso a la internacionalización del comercio, donde ya no es fácil determinar el origen de la mercancía. La frontera de la comunicación es quizá la que más ha sido modificada por los procesos de globalización. Incluyen las modalidades más concretas de conexión proveída por los desarrollos tecnológicos tales como el sistema internacional de transporte aéreo rápido y la más literalmente “sin cables” sistema de comunicaciones electrónicas.

La economía encuentra límites para explicar, describir y predecir los cambios que los procesos de globalización están motivando. Para analizar los diferentes niveles tales como por ejemplo, el individuo, la sociedad, el Estado, el mercado, la región, lo internacional, etc., debe considerarse toda la complejidad estructural y holística del sistema global. Las instituciones locales, nacionales, regionales y mundiales ponen en marcha complejos sistemas regulatorios de políticas y procesos de toma de decisiones. Hay escasas evidencias de que la región consiste de “sociedades postmodernas” o que se está moviendo a una era postmoderna.

Las instituciones locales tienen como reto asumir funciones para intervenir en las actividades económicas. Para comprender el sistema global es también necesario analizar las implicaciones de los factores históricos del sistema del sistema internacional capitalista y la desigualdad de sus efectos en los Estados-nación. Los procesos de globalización representan una configuración coyuntural de varios procesos históricos. La principal tarea de las ciencias sociales y econonómico- administrativas sobre los análisis de la globalización con base en modelos que enfaticen los enfoques transdisciplinarios y plurales (Robertson, 1990)

La conceptualización de la globalización dentro del campo específico de las ciencias económicas, como un fenómeno del mercado capitalista es una tendencia unidimensional muy fuerte, si bien se manifiesta como un fenómeno multidimensional que comprende procesos complejos. Las dos metatendencias, el cambio tecnológico fundamental y el ethos de la apertura, transforman el mundo en una civilización de civilizaciones. En términos generales, el fenómeno de la globalización es inevitable y se puede estar en favor o en contra, pero finalmente lo importante es decidir como confrontarlo o rechazarlo.

Esta aseveración es bastante discutible, si en realidad es la globalización un proceso inevitable y que además escapa al control de los agentes económicos, y actores sociales y políticos. No obstante, El estado considerado como un importante actor social sigue jugando un papel importante en la promoción del crecimiento económico y el desarrollo equitativo y equilibrado entre las diferentes regiones y localidades. La acción gubernamental tiene bajo su protección la producción de este crecimiento económico y es una de sus principales preocupaciones.

La tendencia a ver los procesos de globalización como oportunidades para los negocios van de acuerdo con este enfoque, como por ejemplo en el análisis de Ohmae (1995a) quien llega a argumentar que “los Estados-nación tradicionales se están convirtiendo en naturales, incluso imposibles, [como] unidades de negocios en la economía global.”. Algunos de sus críticos, como Hirst and Thompson (1996) retan las ideas conectadas con la transnacionalización de la economía y la redundancia del Estado-nación.

Argumentan que una crítica a la dimensión económica es fatal también para otros aspectos, ya que sin la noción de una economía globalizada muchas de las otras consecuencias que se aducen en los campos de la cultura y la política cesan de sostenerse o dejan de ser menos amenazantes. Una economía global se apoya en la idea de una economía sin naciones Estado bajo el influjo de una ideología de libre mercado, exagera la autonomía del capital con respecto a Estado.

Aceptadas las dificultades para abordar metodológicamente la globalización como un fenómeno unidimensional, tenemos que reconocer que debe ser analizada en los “términos de procesos simultáneos y complejamente relacionados en aspectos de economía, política, cultura, tecnología y otras áreas, que involucran todo tipo de contradicciones, resistencias y fuerzas que se oponen unas a otras en una misma dinámica”, siguiendo a Tomplinson, (1999) La globalización es definida completamente como un fenómeno por el Banco Mundial.

Lo que aquí se propone es una crítica a la hegemonía de la globalización neoliberal con su correlativa democratización que ha servido de fundamento a quienes resisten y se oponen a su avance y profundización por considerar que tiene de su parte todas las relaciones de fuerzas que orientan las decisiones económicas de quienes dominan el mundo. Todo proceso de democratización de la sociedad, para ser real, tiene que realizar primeramente una transformación socialista. El proyecto de la globalización que propone un mundo único, con un mercado homogéneo, es altamente discutible por las dificultades que presenta su posible existencia, sobretodo bajo la hegemonía del capitalismo con su potencial latente de autoritarismo.

Esta hegemonía global del capitalismo neoliberal o neocapitalismo, se expresa en el poderío militar de los Estados Unidos y en la expansión de las grandes corporaciones transnacionales que atacan todas las posibles coacciones sociopolíticas. A la expansión de las corporaciones transnacionales precede la expansión militar y política. Las alianzas militares de los estados imperialistas y los aparatos militares de otros Estados promueven la penetración y expansión de las transnacionales en los mercados internacionales En cada fase expansiva de las grandes corporaciones transnacionales, se requería de la participación del Estado imperial.

Las grandes corporaciones transnacionales se reparten el mundo con el apoyo de los Estados imperialistas aumentando su poder e influencia. El Estado imperial siempre actúa en sinergia con las grandes corporaciones multinacionales. Estados Unidos usa en forma irrestricta el poder militar para imponer su hegemonía en el mundo. El imperio mercantilista estadounidense confronta una doble realidad. Por un lado se expande y por la otra confronta una crisis económica. Concentra y centraliza el capital, además.

Petras (2001c) argumenta que “el crecimiento y la conquista de mercados extranjeros es hoy en día el producto de empresas gigantes ligados a poderosos estados euro-americanos y que puede, en el mejor caso, ser considerado como parte de un proceso de construcción de un imperio, en vez de algo que parezca globalización”. Por lo mismo, es más exacto hablar de imperialismo que de globalización, o más propiamente de un neoimperialismo.

Siguiendo a Petras (2001d), el imperialismo “toma muchas formas pero persigue objetivos similares: la conquista de los mercados del tercer mundo, la penetración en economías competidoras y la protección de los mercados domésticos.” Ya que las empresas nacionales y locales carecen de los medios para competir en igualdad de términos con el capitalismo transnacional, tienen pocas posibilidades de elección que no sea otra que convertirse en los socios junior locales.

Sin embargo, este imperialismo neoliberal está siendo reemplazado por el neo-mercantilismo o imperialismo mercantilista. El imperio se ha expandido más en los últimos años (Petras, 2001b) subordinando a sus aliados, imponiendo regímenes clientes en el Tercer Mundo, extendiendo y profundizando “el control imperial contra los desafíos populares”. En el sistema imperial, las empresas transnacionales de los Estados imperialistas dominan los mercados y los Estados nacionales.

La concentración del poder mundial, siguiendo a Petras, se orienta más a la formación de un “imperio mundial” integrado por las grandes corporaciones multinacionales mundiales que operan en sinergia con Estados imperialistas, que a la concepción de globalización. Es más propio hablar de imperialismo que de globalización cuando la propiedad y dirección de estas corporaciones son estadounidenses. No obstante, este nuevo imperialismo calificado de neoliberal, siempre fue un mito ya que los Estados imperiales no han adoptado todos los principios del libre mercado, sino que en vez de una apertura completa de sus mercados, esta ha sido selectiva.

Actualmente el imperio confronta un período de crisis y para la consolidación de su dominio frente a la competencia de la Unión Europea y Japón, ha lanzado la tercera guerra fría. La tríada que controlan y mantienen los poderes internacionales, luchan entre si por encontrar un equilibrio mediante el incremento de medidas proteccionistas hacia el interior de su bloque económico regional. Así que la crisis actual se manifiesta en la recesión económica, el colapso de la especulación financiera y una intensificación de la competencia. Las recesiones económicas son provocadas por la alta volatilidad de los mercados financieros y sus impactos son fuertes en el empobrecimiento de la población cuando las redes de seguridad son débiles.

Esta expansión de las corporaciones transnacionales va en sentido contrario a la vieja tendencia de una corporación controlada desde un territorio base, siempre en un Estado imperialista con el que operan en sinergia. En cada fase de la expansión de las grandes corporaciones transnacionales se requiere el apoyo del Estado-nación. La expansión de las corporaciones transnacionales requieren de la expansión militar y política previa de los Estados imperiales. Las alianzas militares de los estados imperialistas y los aparatos militares de otros Estados promueven la penetración y expansión de las transnacionales en los mercados internacionales

Las grandes corporaciones transnacionales se reparten los mercados internacionales para aumentar su dominio e influencia. La retórica del poder militar hegemónico en el mundo, justifica las intervenciones militares en los demás países del mundo por “razones humanitarias”, para imponer la democracia como sistema de gobernabilidad global o en nombre de los derechos de los pueblos.

La implantación de una gobernabilidad global entraña grandes peligros para la humanidad. Al decir de Haliday (1997: 23), ya se cuenta con un sistema de gobernabilidad global con muchas capas, aunque “uno de los problemas principales es el de resolver, a través de reformas, los efectos de un sistema que ha estado vigente durante varias décadas. Si nuevos problemas ocurren o nuevos actores políticos entran al juego, la adaptación es preferida sistemáticamente a la reforma, lo que significa que no nuevos puntos de veto son institucionalizados, lo cual cambiará considerablemente la posición del sistema político en el continuo mayoritario-negociación.

¿Cómo hacer que este sistema de gobernabilidad sea más efectivo, más justo, y más responsable frente a la cambiante situación internacional?”. La adaptación al cambio involucra costos de transacción más bajos y mejores resultados que la reforma. El aprendizaje institucional es una solución racional de la dificultad de predecir los efectos futuros de la reforma La reforma solamente será llevada si los costos políticos de mantener los arreglos institucionales actuales son más altos que los esperados costos de transacción del cambio (Kaiser, 1997).

Con el deterioro del liderazgo económico de los Estados Unidos, a pesar de que conserva la hegemonía militar, están surgiendo otras potencias que rivalizan y organizan bloques comerciales con otros países para participar con ventajas en los mercados mundiales, y los vuelven altamente competitivos. Para mantener su hegemonía, los Estados Unidos llevan a cabo una estrategia sistemática de demostración del poder militar, mientras que se muestra defensor de la democracia, la paz universal, el progreso material y los derechos de los pueblos.

Los procesos de democratización implican el balance del ejercicio del poder de las diferentes fuerzas económicas, políticas y sociales. Estas fuerzas no conspiran clandestinamente para el control y dominio del mundo, sino por lo contrario, gracias a los procesos de globalización se manifiestan abiertamente, y se mueven a su antojo bajo la consigna totalitaria de todo el poder a los mercados.

Las olas masivas de democratización desde la mitad de los setentas ha causado en los institucionalistas clásicos que se preocupen por dos temas de importancia considerable para la constitución y construcción y el entendimiento de las precondiciones de la estabilidad democrática, el debate sobre las ventajas y desventajas de los sistemas parlamentarios y presidenciales y cómo mezclar sus características institucionales. los efectos disfuncionales en las instituciones de los tipos puros. Resulta claro que para que los procesos de democratización de la sociedad avancen, es necesario que exista una transformación socialista. No obstante, bajo la consigna de globalización, el capitalismo imperialista estadounidense asegura el dominio mundial y, además, puede justificar intervenciones militares para derrocar aquellos regímenes que no obedecen a las consignas.

Hasta ahora poco se ha estudiado desde un enfoque transdisciplinario y holístico el sistema político en general y el papel del gobierno en la sociedad industrial en lo particular. Y menos todavía se han analizado rigurosamente, desde una perspectiva metodológica plural, los arreglos y estructuras organizacionales y las interacciones entre los diferentes agentes económicos que operan en el sistema económico. Los agentes económicos actúan en forma colectiva en el mercado. La economía está relacionada con la conducta de los agentes económicos, ya sean empresas o individuos, oferentes o consumidores, etc. Cualquier sistema económico, ya sea local, nacional o mundial, es una compleja red de intercambios y agentes. La economía conceptualiza a los individuos como Homo economicus , es decir, como calculadores fríos, sin apego a las emociones, de los máximos beneficios. Se espera que el Homo economicus siempre elija que es óptimo.

La combinación ordenada de las fuerzas del mercado, tales como la competencia y el arbitraje, junto con la evolución, son el motor del desarrollo. Si todos los posibles intercambios se presentan en un momento determinado el sistema se vuelve caótico. La irracionalidad de las acciones genera la oportunidad del arbitraje para alguien más. No se puede confiar totalmente en los mercados para hacer racionales a los agentes económicos. La gobernabilidad del sistema es representada por diseños de estructuras de relaciones entre agentes y principales, en las cuales el principal estipula un contrato generalizado con todos los subordinados (agentes) en el que decide que tanto poder de control les delega así como las compensaciones y recompensas por el buen ejercicio de este poder de control. Las redes de poder atrapan a los ciudadanos y los somete a la lógica de una esfera de influencias y competencias con altos costos para quienes optan por alternativas diferentes que implican la negación de las telarañas de poder.

La amplia gama de relaciones contractuales en los fenómenos organizacionales se comprenden mejor desde la perspectiva de la estructura de governance. El concepto de governance y el de gobernabilidad son interdependientes y operacionalizables en las estructuras institucionales de los diferentes sistemas económicos, sociales y políticos, aunque se refieren a distintos fenómenos sociopolíticos. Las estructuras de governance tienen efectos sobre la gobernabilidad (Cerrillo, 2001)

Los procesos de globalización transforman las configuraciones de organización, agencia e identidad, en las fronteras de las disciplinas económico-administrativas. Estas transformaciones se centran en preocupaciones como el etnocentrismo de las teorías administrativas internacionales en una complicidad con las teorías administrativas y organizacionales occidentales y con las organizaciones transnacionales cuyas prácticas y políticas afectan la vida de miles de millones de seres humanos y transgreden las funciones tradicionales del Estado nacional.

Los cambios organizacionales de las corporaciones globales más importantes se orientan al diseño de estructuras más flexibles, reducción de los costos de transacción, flexibilidad en los sistemas de producción, intensificación de las innovaciones tecnológicas mediante fuertes inversiones en investigación y desarrollo, formación de capital intelectual, humano, relacional, reputacional, etc., entre otros, los cuales son una base para alcanzar la competitividad en la globalización. Los acuerdos de inversión multilaterales entre diferentes Estados, se realizan con la participación de las grandes empresas multinacionales. De acuerdo al análisis que hace Petras (2001c), el 88 por ciento de los gastos totales en investigación y desarrollo son hechos en el país “madre”, y sólo un 12 por ciento en las subsidiarias que tienen una participación mayoritaria en el extranjero.

Estas corporaciones globales se localizan cerca de los mercados y cerca de donde se encuentran sus insumos, a efectos de reducir los costos tanto de aprovisionamiento como de acceso a los mercados nacionales y locales. No obstante, las corporaciones globales siguen manteniendo fuertes lazos con el Estado-nación en donde tuvo su origen, en donde se ubican sus estructuras corporativas y centraliza sus procesos de decisiones. Así, las grandes corporaciones transnacionales operan en sinergia con los Estados imperiales. Las corporaciones transnacionales se reparten los mercados mundiales con el apoyo de los Estados imperiales para aumentar su dominio y poder. Mediante el desarrollo de capital intelectual, las organizaciones adquieren, cultivan, desarrollan y aprovechan las capacidades cerebrales de los miembros o trabajadores.

Petras (2001c) concluye que la corporación global es un mito y argumenta que la expansión y el control por las corporaciones multinacionales globales “no cambian su carácter permanente como relacionadas a naciones-estados; ni sus operaciones internacionales han transformado su carácter de construcción de un imperio centralizado.” La expansión de las corporaciones transnacionales requieren de la expansión militar y política de los Estados imperiales.

Las alianzas militares de los estados imperialistas y los aparatos militares de otros Estados promueven la penetración y expansión de las transnacionales en los mercados internacionales En cada fase expansiva de las grandes corporaciones transnacionales se requería el apoyo de los estados imperiales. Estas grandes corporaciones que se expanden globalmente por un lado mientras que por el otro, concentran y centralizan el capital y los beneficios que obtienen de sus operaciones, siempre en sinergia con los Estados imperiales.

No obstante las transnacionales no se sienten responsables cuando sus prácticas y políticas afectan negativamente a las sociedades, porque su carácter supranacional les permite tener libertad para buscar posicionamientos en el mercado global, por encima de reglamentaciones y de fronteras, sin que exista Estado nacional o institución internacional que regule sus actividades. Las instituciones internacionales de desarrollo basadas en el conocimiento, oficialmente toman la posición de poseer la verdad en materia de principios del desarrollo, hasta convertirlo en un dogma, obstaculizando y descalificando la existencia de otros puntos de vista alternativos.

Estas instituciones internacionales carecen del elemento que hace posible la democracia y que facilita la rendición de cuentas. Si una organización internacional de desarrollo basada en el conocimiento promueve reformas o cambios institucionales, debería de aceptar compartir las fuentes del conocimiento con otros actores, cosa que no sucede en el modelo de desarrollo impulsado por el neoliberalismo. La globalización del conocimiento produce grandes beneficios en la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos del mundo más desarrollado. El conocimiento es ahora un recurso más importante que el capital y las materias primas que profundiza o estrecha las brechas del desarrollo entre los países. Puede ser verdad que los cambios institucionales usualmente ocurren como las reacciones de personas con visión estrecha a lo que perciben como más o menos un rango estrecho de necesidades. Así, los procesos de globalización desarrollan y fortalecen a los nuevos poderes supranacionales.

Las empresas transnacionales producen y comercian a través del globo buscando la ventaja económica con apoyo en una administración multinacional sobre una base nacional. Lo hacen mediante la insistencia en la eliminación de las regulaciones de los Estados nacionales a fin de establecer relaciones de poder de los Estados imperiales sobre ellos. Las prácticas administrativas y organizacionales están orientadas a cambiar la cultura para reorientar las instituciones en un enfoque “hacia fuera”. Una nueva cultura de la administración viene a dominar el medio ambiente de las corporaciones globales que alcanzan niveles altos de expansión mediante el empleo de estructuras multidimensionales que les permite alcanzar ventajas competitivas sobre sus principales rivales.

El éxito de esta estrategia depende la participación de los diferentes actores que preparan los cambios desde las instituciones del Estado para trasladar el poder fuera de las organizaciones mismas y dar forma a nuevas configuraciones de clase. Giddens (1984) y Clegg (1990) sostienen que las reformas son modificadas por los actores y la dinámica del “agency”. El poder se traslada para quedar en organizaciones que no son democráticas, en las instituciones supranacionales y en las empresas transnacionales. La adaptación al cambio involucra costos de transacción más bajos y mejores resultados que la reforma. Si nuevos problemas ocurren o nuevos actores políticos entran al juego, la adaptación es preferida sistemáticamente a la reforma, lo que significa que no nuevos puntos de veto son institucionalizados, lo cual cambiará considerablemente la posición del sistema político en el continuo mayoritario-negociación.

La globalización puede ser estudiada como fenómeno, teoría, ideología, proceso y como política. El estudio de la globalización como fenómeno es una función del nivel de desarrollo tecnológico, principalmente en las telecomunicaciones y la informática que permiten aumentar los flujos de todo tipo de interacciones entre los seres humanos de cualquier parte del mundo, sin importar las fronteras. La cultura informática se ha intensificado y expandido incrementando exponencialmente el número de contactos y relaciones sin importar tiempo ni espacio.

La globalización es un fenómeno que transforma en tiempo y espacio las interrelaciones de los individuos y conglomerados humanos interconectados para la realización de actividades que generan valor agregado mediante sistemas productivos más eficientes. Tiempo y espacio se vuelven conceptos más abstractos. Las relaciones espaciales se han alterado y no equivalen a territorio y por tanto a autoridad política. El concepto de espacio evolucionó de una concepción territorial a una concepción más dinámica y abierta.

El aceleramiento de los procesos de globalización han traído consigo cambios profundos mediante la desterritorialización del estado nacional para dar lugar a la emergencia de nuevas formas espaciales de territorialización geopolítica y geoeconómica. Arellanes Jiménez caracteriza este nuevo espacio como un “concepto dinámico, abierto, cambiante, flexible y multilineal s histórico que se va aplicando a diversas circunstancias, coyunturas, cambios, actores, sujetos y relaciones.”

La globalización trata de una creciente interacción de los mercados con signos de conflicto y cooperación entre los Estados y las empresas (Sánchez Albavera, 1995) Las agencias internacionales, como el Banco Mundial conceptualizan la globalización como un fenómeno. La globalización tratada como un fenómeno pone un especial énfasis en las relaciones económicas que se realizan entre agentes económicos de distintas naciones.

La globalización como teoría surge con los trabajos de Adam Smith, un filósofo moralista que contradice los principios de la teoría mercantilista de la política económica que establece que un Estado progrese económicamente debe restringir sus importaciones y promover las exportaciones, argumentando que la competencia y la especialización de las actividades económicas son los elementos clave. La competencia y la especialización se incrementa cuando se lleva a cabo el comercio entre países con sistemas de economía abierta.

La competencia o “mano libre” de las fuerzas del mercado emplea los mejores recursos para ser usados más eficientemente, lo cual involucra la especialización o división del trabajo. Así, los procesos de globalización propician una nueva división internacional del trabajo, en el cual éste se delimita geográficamente, mientras que el capital no encientra fronteras. En esta nueva división, el trabajo se localiza, es decir, se vuelve local, mientras que el capital se globaliza.

La especialización y la competitividad son efectos del libre comercio en las economías nacionales que tienden a ser positivos si se persiguen políticas progresivas de prácticas de los principios democráticos y de libertad. Existen bastantes evidencias de que las naciones del tercer mundo que se abren al comercio internacional, estimulan su crecimiento, a pesar de que pueden experimentar crecimiento negativo y grandes desajustes durante períodos cortos. A su vez, la competencia y la especialización son los elementos clave para alcanzar la prosperidad económica de una sociedad abierta aunque se fundamente en la satisfacción del egoísmo humano.

Como mecanismo de motivación, la competencia es promovida por el sistema imperialista, y más concretamente por los Estados imperialistas rivales bajo el argumento que la naturaleza humana así sometida empuja al progreso de la humanidad.. El egoísmo individual es el origen del progreso económico que tiene por condición la apertura política de la sociedad. Por este mismo individualismo es que la tendencia del sistema capitalista es hacia el autoritarismo, ya que exacerba los derechos individuales por sobre los colectivos.

La teoría desarrollada por Smith conecta la naturaleza humana con las políticas públicas cuando sostiene que los individuos son egoístas por naturaleza motivados para perseguir aquéllas actividades económicas que sirven a su mejor interés. Los economistas enfatizan las acciones de auto interés de los agentes económicos, se guían por su propio interés para lograr el máximo de beneficios. La naturaleza egoísta del ser humano lo motiva a un deseo creciente y continuo de consumo de bienes y servicios que el sistema capitalista se encarga de alentar.

Por otro lado, los trabajos de David Ricardo sobre las ventajas comparativas y su interpretación moderna en el modelo Heckscher-Ohlin de comercio internacional, establece que las diferencias en las ventajas comparativas en la producción de diferentes mercancías se deben a las diferentes dotaciones de factores. Los países que cuentan con más mano de obra, deben especializarse en la producción y exportación de productos y servicios que empleen mano de obra. La movilidad de la mano de obra no se ha liberalizado, a pesar de los posibles beneficios disciplinarios que traerían al dominio del libre mercado. Como conclusión, los procesos de la globalización benefician a los países con economías abiertas.

McGrew (1990) sostiene que la globalización constituye una multiplicidad de ligamientos y conexiones que trascienden a los Estados-nación, y por implicación a las sociedades, lo cual forma el sistema mundo moderno. Define el proceso a través del cual los eventos, decisiones y actividades en una parte del mundo puede tener una consecuencia significativa para los individuos y las comunidades en partes bastante distantes del mundo. Una de las características de la globalización es que más que desarrollarse un nuevo proceso, se han intensificado e interconectado viejos procesos. Lo que hay es una profundización de los procesos, más que un cambio cualitativo en la estructura global de la economía.

Como proceso, la globalización pretende cancelar todo proyecto ideológico que no sea el proyecto centrado en la economía, el mercado, las finanzas y la competitividad, como un pensamiento único. Pero en realidad, este pensamiento único no existe, más bien el mundo tiende a fragmentarse más que a unificarse.

Por lo tanto, en este sentido profundiza las teorías mercantilistas y se erige en lo que Chomsky (2001) denomina un “mercantilismo de las corporaciones”, en donde las decisiones sobre las relaciones económicas, sociales y políticas son realizadas por las organizaciones privadas, transnacionales, sin que exista ningún tipo de mecanismo social que establezca equilibrios y controles.

Para Petras (2001c), este sistema corresponde a un imperialismo neo-mercantilista cuyo contenido es definido por “el comercio dirigido por el estado, combinando la protección de los mercados internos y la intervención agresiva para asegurarse ventajas monopolistas en el mercado externo y beneficios para las inversiones”. Las relaciones de comercio y de mercados se delimitan en acuerdos entre los Estados, los cuales operan dentro de sus fronteras.

En este sistema imperial, las empresas transnacionales dominan los mercados y los Estados nacionales. Este nuevo mercantilismo monopoliza la mayor parte de las regiones comerciales. Bajo la forma de imperialismo mercantilista, el Estado imperial toma decisiones unilaterales para maximizar las ventajas comerciales, aplica el proteccionismo y la intervención estatal internamente para favorecer los intereses empresariales, pero externamente defiende los monopolios mediante la exclusión de competidores y las leyes del libre mercado en todo su imperio.

El liberalismo tiene como centro la doctrina del mercantilismo envuelta en la fina retórica de la democracia. De hecho, el Estado nacional pierde su capacidad de regulación social y su poder institucional para mantener un equilibrio entre los diferentes agentes económicos y actores sociales y políticos. No obstante, el Estado sigue siendo un actor social importante en la promoción del crecimiento económico y el desarrollo en forma equitativa y equilibrada. Al respecto, Camdesus (1996) ha dicho que “Hay que humanizar los mecanismos de globalización haciendo que maduren todos sus gérmenes de crecimiento y solidaridad, manteniendo a raya las fuerzas del marginamiento.”

Las altas ganancias de las corporaciones son producto de los altos rendimientos de la tecnología. Quienes se benefician de estas utilidades son los accionistas y la elite tecnócrata. Es muy cuestionable la posición de Ali (2001) que sostiene que la globalización significa la habilidad de una corporación para conducir negocios entre las fronteras en un mercado abierto, y la maximización de los beneficios organizacionales, sin que se inflijan daños sociales o violaciones a los derechos de las personas de otras culturas. De hecho, a las corporaciones no se les obliga a que se ajusten a los requerimientos de sustentabilidad, y si en todo caso se hiciera, se generan tensiones para cambiar las reglas del juego en las que operan.

Este imperativo de competitividad conduce, según las palabras de Gorz (1998), “irresistiblemente a la globalización de la economía y al divorcio entre los intereses del capital y del Estado-nación”. Las diferencias de intereses de clase entre las naciones se obscurecen en categorías abstractas. La doctrina económica neoliberal y monetaria se convirtió en el nuevo pensamiento único en que se apoya la economía global y que se consolida con el apoyo de una política económica del Estado, y por lo tanto, como una orientación estratégica, se define la política de Estado. Pero el concepto de economía global hace referencia a una economía sin Estados nacionales al exagerar la autonomía de los capitales bajo el influjo de la ideología del libre mercado.

Lo más importante de una política de Estado es su capacidad de funcionar como un sistema de información que explicita las estructuras del poder mismo y que por lo mismo está sujeto a presiones y manipulaciones de los diferentes agentes económicos. En teoría política, uno de los conceptos de Estado involucra el ejercicio del poder a través de instituciones políticas que garantizan la gobernabilidad, independientemente de que esta sea democrática, dentro del territorio en el que ejercita este poder.

Las redes de poder atrapan a los ciudadanos y los somete a la lógica de una esfera de influencias y competencias con altos costos para quienes optan por alternativas diferentes que implican la negación de las telarañas de poder. Ramos (2001) concluye que la red de poder democrático se activa en un proceso cíclico que fluctúa entre la mercantlización y la estatalización, la adhesión y la apatía, la participación y la inhibición”. Sin embargo, la profundización y amplitud de cobertura de los procesos financieros vulneran las políticas macroeconómicas de los estados-nación.

Los procesos de globalización se acompañan de una impresionante destrucción de las instituciones. El proyecto político neoliberal en implementación es el de una destrucción metódica de las colectividades (Bourdeau, 1998), que tiene como finalidad crear las condiciones bajo las cuales la doctrina económica puede realizarse y funcionar. Involucrarse en la acción colectiva, los actores buscan traer el ansiado bien colectivo y dar forma a la colectividad con respecto al bien colectivo. Las estrategias de competitividad sistémica que requieren los procesos de la globalización entre las personas involucradas, están determinadas por los beneficios que reciben de la acción colectiva los participantes, quienes en ocasiones en un comportamiento del clásico “gorrón” causan más problemas cuando se aprovechan para sacar ventajas de su poca o nula contribución al esfuerzo sin los pagos correspondientes de la cooperación.

Las dos grandes tendencias de este proyecto utópico neoliberal, agrega Bourdeau, son la destrucción de todas las instituciones colectivas capaces de contrarrestar los efectos de la máquina infernal del neoliberalismo. Una vez que la acción colectiva se inicia, en el curso de este mismo proceso emerge una colectividad que puede aplicar sanciones informales contra los que contravienen y recompensar a colaboradores a bajo costo (castigo u ostracismo), a ningún costo e incluso a premio (avergonzar, reprochar o criticar). Este proceso de colectivización puede ser si las sospechas iniciales son eliminadas.

Para otros analistas, las crisis financieras sólo reflejan el colapso del neoliberalismo y son los síntomas de un crecimiento desacelerado, más que sus causas. Quizás por esta razón, los estados imperialistas se aprestan a desempeñar el papel de gestores de crisis financieras y económicas de Estados menos desarrollados y de empresas transnacionales con graves problemas financieros. En primer término al Estado, que es el depositario de todos los valores universales asociados con la idea de esfera pública. De ahí a la imposición en las altas esferas de la economía, el Estado y en las corporaciones de la moralidad basada en un Darwinismo social que rinde culto al ganador e instituye una lucha de todo contra todo y establece en cinismo como la norma de conducta y de la acción.

La globalización como política aplica la teoría del comercio internacional, en cualquiera de sus versiones como la mercantilista o la de laissez-faire, para la formulación e implementación de políticas públicas que claman tener como finalidad elevar el bienestar de la sociedad. El principal vehículo para el crecimiento y expansión del comercio internacional son las empresas transnacionales y multinacionales, las que cualitativa y cuantitativamente contribuyen a un crecimiento económico desigual de las naciones y de sus ciudadanos.

En cada fase expansiva de las grandes corporaciones transnacionales se requería el apoyo del estado imperial. La expansión capitalista ocurre mediante la organización de la sociedad, el modo de producción y el poder político de los espacios coloniales. La herencia colonial ha marcado las estructuras económicas, sociales, políticas y culturales de los pueblos colonizados. De hecho, los procesos de globalización estimulados por la expansión mundial y el desarrollo del capitalismo ha favorecido consistentemente solo una proporción limitada de la población mientras que la mayoría tiene que sufrir los efectos adversos de este proceso. Las manifestaciones de este avance del capitalismo emergente se enmarcan en la paradoja consistente en que mientras se centra en función de los mecanismos autorreguladores del mercado, por otro lado desencadena reacciones en contrario para contrarrestar y compensar los efectos de los mecanismos perversos del mercado.

El fundamento de este bienestar de la sociedad descansa en la formulación de que una mayor apertura a los mercados tiene efectos positivos en el ingreso per cápita y por consecuencia en la reducción de la pobreza. Deneulin (1999) argumenta que mediante la corrección de la asignación de recursos del mercado mediante la introducción de un impuesto internacional de solidaridad, una organización internacional puede eliminar las trampas de la pobreza.

El alivio al pobre y provisiones sociales similares no vienen como resultado de las acciones de ciudadanos ricos voluntariamente coordinadas de esta forma. Un mayor problema es dar alivio al pobre, es la incapacidad notoria de las instituciones formales en los países pobres para entregar recursos, bienes, tecnología o experiencia a los necesitados (De Swaan Abram, 1997). Establecer un impuesto internacional en los países ricos en beneficio de los países pobres puede contribuir a aumentar el ingreso salarial de las economías pobres de tal forma que una parte del salario sea ahorrado, contribuyendo a la acumulación del capital.

Sólo que tal transferencia puede ser implementada solo si la gente de las economías ricas están dispuestas a sufrir una pérdida temporal en su bienestar a fin de incrementar el bienestar de las economías pobres. Las fuerzas motivo asociadas con la acumulación de riqueza que enfatizan el sistema capitalista orienta los costos de capital individual y las empresas privadas capitalistas para expandir sus actividades acumulativas y eliminar todas las barreras geográficas culturales y políticas que obstruyen su paso a la acumulación de riqueza.

Se argumenta que la apertura al comercio y a las inversiones contribuye a incrementar la tasa de ingreso per cápita y a aliviar la pobreza. Sin embargo, los análisis arrojan otros resultados: entre 1980 y 1998, la media del crecimiento del ingreso per fue de 0.0 por ciento en los países en desarrollo, mientras que entre 1960 y 1979 fue de 2.5 por ciento (Easterly, 2000a). No obstante, el mercado globalizador no tiene tiempo ni espacio para el pobre. El pobre es desechable, no tiene nada que vender, ni tampoco puede comprar, aunque necesita muchas cosas, porque carece de poder adquisitivo.

La innovación en las nuevas tecnologías y las reestructuraciones empresariales en vez de aminorar los costos sociales agregan su carga fatal desempleando a millones de trabajadores y volviéndolos totalmente desechables. El futuro de los trabajadores es muy incierto. Quizás es la innovación el rasgo principal que tipifica y caracteriza a los procesos de globalización.

En otras palabras, los que postulan estas teorías sostienen que el crecimiento económico está positivamente relacionado con la reducción de la pobreza y que, además, de estos efectos benéficos incrementarán la igualdad económica de los individuos. Es decir, dan por supuesto la existencia de una relación entre globalización, crecimiento y reducción de la pobreza, bajo el argumento de que la liberalización de los mercados lleva al crecimiento económico y que éste mejora los niveles de pobreza. Convierten en sí mismo al crecimiento económico en un fin.

La noción de crecimiento económico queda limitada a una medición cuantitativa del producto interno bruto per cápita y a la determinación de un promedio real de consumo. No obstante, la aplicación por los gobiernos de los países en desarrollo, de una nueva economía política que hace un énfasis mayor en políticas económicas consistentes con el libre mercado y en la búsqueda de una gobernabilidad democrática, derivó en procesos regresivos de crecimiento económico y en crisis de gobernabilidad.

Cuando este tipo de problemas de la sociedad se prolongan indefinidamente en períodos históricos, Torrijos (2001) las denomina sociedades ancladas para definir aquellas colectividades que no logran desprenderse y superar los ambientes de alta incertidumbre, caos e inestabilidad. Estas sociedades ancladas por una gobernabilidad reluctante, requieren el desarrollo de “esquemas de convivencia que tienen su origen en el seno de su más profunda intimidad histórica y política”. Una vez que la acción colectiva se inicia, en el curso de este mismo proceso emerge una colectividad que puede aplicar sanciones informales contra los que contravienen y recompensar a colaboradores a bajo costo (castigo u ostracismo), a ningún costo e incluso a premio (avergonzar, reprochar o criticar).

De acuerdo al investigador, “es probable que la actitud de muchas sociedades ancladas sea la de negarse a aceptar, a ciegas, la superposición de capas de la ya formada gobernabilidad global, pero la gobernabilidad reluctante implica el reconocimiento de estándares universales de democracia (poliárquica o consociativa) sobre los que se funda y se explica” (Torrijos, 2001). La gobernabilidad reluctante se caracteriza por la nula o poca presencia del Estado, por un control difuso territorial y por una diversidad de fuerzas que pretenden legitimar la autoridad.

En lo que se refiere al nivel de desarrollo alcanzado por las naciones más avanzadas, estas despliegan un mayor crecimiento en el gasto público, de acuerdo a lo que se denomina la ley de Wagner (1883), lo que también se identifica con gobiernos más grandes. Por otro lado Rodrik (1998) sostiene que los gobiernos más grandes eliminan los riesgos y fluctuaciones de los mercados globales. ”. Para Giddens (1999:36) los riesgos son “la dinámica movilizadora de una sociedad volcada en el cambio que quiere determinar su propio futuro en lugar de dejarlo a la religión, la tradición y los caprichos de la naturaleza.” Los inversionistas capitalistas toman en consideración los riesgos que tienen sus inversiones en los diferentes países para exigir bonos de utilidades que les garanticen el máximo retorno.

En resumen, se argumenta que la globalización es buena para el crecimiento económico y que éste es bueno para el pobre. Para ejemplificar usan la analogía de lo que sucede cuando se elevan los niveles del agua que levanta todos los botes, mientras que los opositores sostienen que este argumento neoliberal no es teóricamente correcto ni está empíricamente validado. En la realidad, este argumento no se apoya en evidencias empíricas.

La tasa de crecimiento económico cercana a cero, de los países en desarrollo que aplicaron las reformas económicas durante las dos décadas pasadas son desilusionantes, cualesquiera que sea la causa, lo que ha dado por resultado que durante este mismo período que los ingresos de los países en estagnación y los de los países ricos diverjan diametralmente. Los procesos globales de la reestructuración capitalista e integración y las reformas liberales tomadas por los gobiernos latinoamericanos, por ejemplo, han reconfigurado el mercado laboral, incrementado la transferencia del ingreso de las clases bajas a las clases altas y debilitado grandemente la posición de la clase trabajadora en Latinoamérica.

El aprendizaje institucional es una solución racional de la dificultad de predecir los efectos futuros de la reforma La reforma solamente debe ser llevada si los costos políticos de mantener los arreglos institucionales actuales son más altos que los esperados costos de transacción del cambio. Los “costos de transacción” resultan de una interpretación subjetiva de información, monitoreo y sanción de los acuerdos establecidos.

Las discusiones de la reforma empiezan en un punto en el tiempo cuando los procesos políticos al igual que las preferencias de los actores políticos están relativamente estructuradas en una manera característica. En la segunda mitad del siglo pasado, la tasas de crecimiento tuvo un ritmo constante de disminución. Cuando los países en desarrollo tienen un crecimiento negativo, los recursos y activos nacionales y locales, como en el caso de plantas industriales, se convierten en verdaderas ofertas para los ávidos capitalistas foráneos que las adquieren a precios por debajo de su valor real.

Las reformas económicas neoclásicas o neoliberales consistieron en una fuerte restricción del gasto público, sobretodo en materia de gasto social, limitando las inversiones a aquellas áreas que ofrecen altos beneficios, mayor eficiencia fiscal, liberalización financiera y comercial, desregulación y privatización de empresas públicas y el establecimiento de un régimen de seguridad de los derechos de propiedad. El establecimiento de un sistema de derechos de propiedad no es la garantía para crear los mecanismos del mercado y los incentivos suficientes como para que el Estado deje de intervenir estratégicamente en la economía. La recesión económica que siguió al período de crecimiento creó nuevos males administrativos en los países con crecimiento decreciente, tales como la desmotivación, ausentismo, baja productividad, ineficiencia, la mezcla de los negocios y la política, etc.

La teoría mercantilista restringe las importaciones, mientras que la teoría neoliberal se fundamenta en el libre comercio mediante la eliminación de las barreras comerciales. Un estudio reciente del Banco Mundial titulado “Crecimiento es bueno para el pobre” revela que la relación entre el ingreso de la quinta parte más baja de la población y el producto doméstico bruto per cápita es uno a uno.

Esta política económica neoliberal desregula las prácticas del mercado y de la especulación financiera cuya movilidad se ha incrementado y sus riesgos también debido al notable avance de los sistemas de información y telecomunicaciones. Estos avances en las tecnologías de la información y el conocimiento (TICs) facilitan la globalización de los mercados financieros y con ello una movilidad de capitales sin precedente en la historia. Los inversionistas capitalistas toman en consideración los riesgos que tienen sus inversiones en los diferentes países para exigir bonos de utilidades que les garanticen el máximo retorno. De hecho, las naciones que han alcanzado tasas más altas de crecimiento económico son aquellas que mantienen reglamentado sus mercados financieros.

El conocimiento es ahora un recurso más importante que el capital y las materias primas que profundiza o estrecha las brechas del desarrollo entre los países. Así, los procesos de globalización representan una configuración de varios procesos históricos. En la actualidad, el monto de las transacciones financieras internacionales representa más de 50 veces el valor del comercio mundial de bienes y servicios, mientras que el volumen de transacciones del mercado de divisas se ha multiplicado 5 veces desde 1980 para alcanzar dos millones de millones de dólares diarios.

Las telecomunicaciones y la informática han elevado el nivel de globalización de las transacciones financieras. De acuerdo con las estimaciones de Chonchol (2001), La globalización aumentó la riqueza mundial, sobretodo en el plano de los servicios que alcanzaron hasta el 70% del valor de la producción en los países ricos. El comercio mundial sobrepasa los niveles de producción mundial. Mientras la tendencia hacia el mercado de capitales es a disolverse, las inversiones locales están siendo determinadas por los flujos de inversiones directas extranjeras. Los acuerdos multilaterales de inversiones entre diferentes Estados se realizan con la participación de las grandes corporaciones multilaterales.

Los grandes capitales de los mercados financieros controlan el destino económico global, el de las grandes corporaciones transnacionales, de las empresas nacionales y la soberanía de los Estados-nación. Las naciones que han logrado niveles más altos de crecimiento económico son aquellas que mantienen mercado financieros regulados. Estas mismas fuerzas también motivan a los capitalistas individuales y a las empresas capitalistas a concentrar y centralizar su control en varios medios donde la riqueza se acumula. Las corporaciones transnacionales se reparten los mercados internacionales con la ayuda de los estados imperiales, para aumentar su poder e influencia. Las grandes corporaciones transnacionales siempre operan en sinergia con los Estados nación imperialistas.

Los proponentes del desarrollo financiero están en lo correcto cuando restringen sus conclusiones a las economías de mercado más desarrolladas. Ciudadanos, empresas, corporaciones y Estados se someten al diktat de los mercados financieros. La política se subordina al control de los mercados financieros. En los centros tradicionales del poder económico permanecen concentrados los mercados de capitales están localizados en los países más desarrollados, desde donde desplazan recursos financieros a localidades que muestran mayores ventajas competitivas, sobretodo en los países de reciente industrialización y los países emergentes. La volatilidad de los mercados de capitales limita el crecimiento económico e incrementa los niveles de pobreza. Hasta ahora no se ha demostrado que exista una relación directa entre la liberalización de mercados de capitales y el crecimiento económico.

Las ventajas competitivas de las naciones se sustentan en economías que cuentan con instituciones de mercado, es decir, depende de la calidad de las instituciones y las políticas públicas que tenga. Los mercados de capitales han estado integrados desde antes de la Primera Guerra Mundial, pero los flujos de capital se mantienen como una fuerza anticonvergente. No obstante, los mismos mercados de capitales, la riqueza y las utilidades que generan siguen igualmente concentrados. Hasta ahora no se ha demostrado que exista una relación directa entre la liberalización de mercados de capitales y el crecimiento económico. La volatilidad de los mercados de capitales limita el crecimiento económico e incrementa los niveles de pobreza.

La modernización neoliberal diferencia las esferas económica, política y social, demanda el ejercicio de nuevas reglas de operación y regulación de los comportamientos sociales, los cuales se acompañan de una creciente inestabilidad en los procesos de cambio. La modernización neoliberal separa a la subjetividad, la considera un proceso autónomo e inconexo que genera tensiones cuando de acuerdo con Lechner (2000), ambos fenómenos son complementarios y es necesario relacionarlos, ya sea en forma espontánea conforme a la apuesta del liberalismo decimonónico o establecida por el Estado conforme al modelo socialdemócrata. La subjetividad es refugio o resistencia contra el modelo de pensamiento único hegemónico (Bourdieu, 1998).

La estrategia de modernización neoliberal se ha absolutizado bajo un dogma ortodoxo que no distingue diferencias de desarrollo entre los Estados nacionales. La modernización era vista como un proceso de diferenciación estructural e integración funcional donde tenían lugar las categorías de clasificación del mundo. El enfoque estructuralista de la modernización acepta los costos sociales como exigencias de la implementación del modelo y apuestan a la gobermabilidad que acota la subjetividad. Sin embargo, no existe necesariamente una relación lineal entre la modernización económica y el establecimiento de instituciones democráticas. Investigaciones sobre la cultura política concluyen que la crisis política tiene poca relación con la crisis de confianza en las instituciones democráticas cuyo nivel de aceptación sigue siendo elevado.

La tradición ideológica de las elites viejas como estrategia de los grupos de nivel socioeconómico alto, se orienta a limitar la modernización económica al mismo tiempo que fortalece los valores tradicionales de socialización centrada en la familia y en la escuela (Germani, 1966). Aziz Chaudry (1993) sugiere que las viejas cuestiones para reconciliar los objetivos de crecimiento y equidad fueron reemplazadas por las certezas de los economistas monetaristas. Lo que ha quedado en claro es que el desarrollo económico no es causa de la democracia.

Las teorías del derrame ya desacreditadas en la economía desarrollista se mantuvieron como la respuesta al dilema de la distribución y la teoría de la modernización fue resucitada para pronosticar la última convergencia de los sistemas económicos y políticos a través del globo. La hipótesis central de la teoría del desarrollo plantea que el desarrollo económico traerá consigo el desarrollo político. La política de la organización económica fue explícitamente removida de la agenda y reemplazada por fórmulas que sostuvieron la liberalización del precio, velocidad y minuciosidad como los determinantes exclusivos de la reforma exitosa. En realidad, se reconoce que la organización económica es una cuestión muy compleja.

La modernización parte de la premisa de que el desarrollo es un proceso evolutivo inevitable que incrementa la diferenciación social la cual crea sus instituciones económicas, políticas y sociales que siguen el patrón de desarrollo occidental. El desarrollo es un proceso de cambios dinámicos inducidos mediante políticas y estrategias impulsadas por diferentes agentes económicos y actores políticos. Las investigaciones de las acciones estratégicas, preferencias y actitudes de los actores de la transición política se centran más en la elección racional que en una dimensión más subjetiva

Esta diferenciación social y una creciente disociación de la vida social son producto de los procesos de modernización, los cuales traen inestabilidad. Los procesos de modernización generan aprendizajes rápidos y traen consigo un incremento en las demandas de bienes y servicios e inflación de las expectativas para satisfacer las necesidades y deseos, lo cual no siempre desarrolla la infraestructura y capacidad para lograrlo. La modernización era vista como un proceso de diferenciación estructural e integración funcional donde tenían lugar las categorías de clasificación del mundo, pero para Giddens (1984, 1990), la teoría de la modernización es vista como un proceso de distanciamiento espacio temporal, en el cual el tiempo y el espacio se desarraigan de un espacio y un tiempo concretos. El enfoque estructuralista de la modernización acepta los costos sociales como exigencias de la implementación del modelo y apuestan a la gobermabilidad que acota la subjetividad. La subjetividad es refugio o resistencia contra el modelo de pensamiento único hegemónico (Bourdieu, 1998).

De hecho, los defensores de la modernidad occidental pregonan el progreso científico y tecnológico de la humanidad mediante el establecimiento de los principios de libertad, igualdad y justicia para todos. Muchos de los habitantes de la regiones menos desarrolladas viven bajo condiciones que pueden ser descritas como modernidad desigual más que postmodernidad. La modernidad erige al estado-nación como una forma de gobernabilidad para garantizar un espacio a la nación que necesita ejercitar su vocación histórica.

El espacio nacional se encuentra delimitado por bloques territoriales definidos por fronteras físicas y geográficas en donde ocurren los fenómenos económicos, políticos, sociales y culturales. Es en el espacio del Estado-nación en donde ocurren los principales fenómenos geopolíticos y es a partir de este nivel que los espacios internacional y global adquieren relevancia por los fenómenos geoeconómicos. Sin la existencia de este espacio nacional, difícilmente la globalización ocurriría. Estas características también determinan las unidades de los espacios soberanos en función de los espacios nacionales. Las grandes corporaciones multinacionales y transnacionales cubren y suplantan al espacio nacional con el espacio de una economía de mercado.

La modernidad implica el desarrollo democrático y por lo tanto, es “la adopción del principio de que los seres humanos individual y colectivamente (esto es, como sociedades) son responsables de su historia” (Amín, 2001). Este desarrollo democrático bajo un sistema capitalista presupone que la democracia es verdaderamente la condición del desarrollo.

No obstante, la modernidad es la ideología del sistema capitalista que se declara a sí misma como la defensora de los derechos individuales por sobre los derechos de la sociedad. Los conceptos de democracia relacionada con la noción de capitalismo, coinciden con la definición de modernidad, con implicaciones que datan de la Ilustración y que todavía no alcanzan su máximo potencial de desarrollo. Esta modernidad se declara a favor de los derechos del individuo en franca oposición a los derechos sociales, lo que afirma más la tendencia autoritaria del capitalismo.

La modernidad se define como el desarrollo económico industrializado con una convergencia hacia la democracia liberal. Consolidar la democracia liberal requiere de instituciones, actores y agentes que acepten las reglas del juego que acepten los principios del liberalismo político y económico. Así, la globalización es el triunfo de la teoría de la modernización que homogeneiza y estandariza valores en los principios del capitalismo y la democracia, estimula el crecimiento económico y promueve los valores de la democracia, aunque incrementa las condiciones de inestabilidad e incertidumbre. Sin embargo, lo que queda claro es que el crecimiento económico no es causa de la democracia

No obstante, algunos principios del capitalismo no necesariamente promueven la democracia, tales como aquellos que son “concebidos como la expresión de demandas de la razón” (Amín, 2001), entre otros, la propiedad privada, la competencia de los mercados, principios de emprendedores, etc. Frente a la concepción socialista moderna que ve un problema en la propiedad privada y prefiere una propiedad colectiva, Aristóteles consideraba, en efecto, que solamente lo que el individuo tenía como propio es aquello de que me se ocupa con más esmero. Aristóteles no solo se preocupa por la defensa de la propiedad privada, sino la promoción, al mismo tiempo, de un uso en común.

En esto difiere Aristóteles radicalmente de lo que se advierte en el capitalismo de mercado, con su mano oculta que todo lo arregla y sus sociedades anónimas. Pues lo que sucede en la sociedad moderna capitalista es que cada uno se ocupa de lo suyo también en el uso y se desentiende del prójimo. Esta sociedad moderna se organiza en torno al Estado-nación asentado en un territorio en donde se realizan las diferentes interacciones, entre las décadas de los 30 y los 70 del siglo pasado. La filautía no debe ser enemiga de la filía.

La teoría de la modernización plantea como hipótesis que el desarrollo económico traerá consigo el desarrollo político. La homogeneidad y estandarización de todas las formas de civilización humana bajo un mismo sistema económico puede tener consecuencias fatales para el desarrollo de la humanidad. El sistema económico capitalista se encuentra atrapado funcionalmente en una lógica de crecimiento económico insostenible. La convergencia de la modernización económica definida desarrollo económico industrializado y la democracia liberal, requieren de nuevas instituciones, actores y agentes e involucran limitadamente las capacidades del Estado. La tradición ideológica de las elites viejas como estrategia de los grupos de nivel socioeconómico alto, se orienta a limitar la modernización económica al mismo tiempo que fortalece los valores tradicionales de socialización centrada en la familia y en la escuela (Germani, 1966).

No obstante, el poder social del programa neoliberal emerge de los intereses que mantienen quienes detentan el poder económico que da forma al poder político. Giddens (1990) señala que la modernidad extendida da origen a la globalización entendida como “la intensificación a escala mundial de las relaciones sociales que enlazan localidades muy distantes, de tal modo que lo que ocurre en una está determinado por acontecimientos sucedidos a muchas millas de distancia y viceversa”. El mercado es una construcción social que operacionaliza relaciones sociales. Esta modernidad exacerba los derechos individuales por sobre los derechos sociales. La división internacional del trabajo, la economía mundial capitalista, el sistema de Estados-nación y el orden militar mundial son las dimensiones de esta globalización. En los procesos de globalización, el capital se globaliza mientras que el trabajo se localiza. Esta tendencia y otras son las causantes de lo que Wagner (1996) denomina el final de la modernidad organizada.

El neoliberalismo, argumenta Bourdeau (1998), tiene la tendencia como un todo a favorecer la separación de la economía de las realidades sociales. Por lo tanto, construye en realidad, un sistema económico conforme a la descripción de una teoría pura, esto es, una especie de máquina lógica que se presenta a sí misma como una cadena de restricciones que regulan a los agentes económicos. Estas restricciones, agregamos, son de carácter institucional, determinan los niveles de desempeño de la economía. El Estado diseña y aplica sus políticas en un medo ambiente complejo e incierto de restricciones políticas, económicas, sociales y culturales. Pero a su vez, el estado necesita ser acotado por restricciones institucionales para realzar sus funciones con más eficacia.

Hay que reconocer que este sistema económico no nos sirve porque crea pobreza y destruye una biosfera. Es una máquina infernal, dice el autor, por la forma en que toma cuerpo la utopía neoliberal, cuya necesidad se impone a sí misma y sobre los gobernantes. Evoca una fe poderosa en el libre comercio y santifica el poder de los mercados en nombre de la eficiencia económica, eliminando las barreras político-administrativas que obstaculizan la maximización de las utilidades individuales. Por lo tanto, el reto es diseñar un sistema económico en el cual el desarrollo tenga lugar en forma tal que no solamente se beneficien los intereses actuales sino también los intereses futuros del capital dominante, debido a su influencia decisiva.

Esta obtención de la máxima utilidad individual es la principal finalidad que ha pasado a denominarse como “el modelo de la racionalidad” por el razonamiento matemático empleado y que los economistas no pueden verificar experimentalmente pero que tienden a dar realidad en una utopía “ultra-lógica”, sarcásticamente concluye el autor. La racionalidad refleja el límite de las habilidades cognoscitivas que constriñen al humano en la solución de problemas. El problema, argumenta Amartya Sen, es que la maximización de la suma de las utilidades individuales no está preocupada por la distribución de esa suma (Sen, 1973).

Las capacidades esenciales que se necesitan para el desarrollo humano están ausentes. Los estudios de Sen, premio Nobel de economía, concluyen que la pobreza tiene su origen en políticas económicas que sólo benefician a los grandes capitales. Para revertir el círculo vicioso de la pobreza, y salir de la trampa, de acuerdo al enfoque de “derechos” es necesario identificar y eliminar las limitaciones que comprometen el desarrollo de las competencias y habilidades para que los pobres logren la aplicación de estrategias de acumulación. Un mayor problema es dar alivio al pobre, es la incapacidad notoria de las instituciones formales en los países pobres para entregar recursos, bienes, tecnología o experiencia a los necesitados (De Swaan Abram, 1997). El alivio al pobre y provisiones sociales similares no vienen como resultado de las acciones de ciudadanos ricos voluntariamente coordinadas de esta forma. Este círculo vicioso de la pobreza crea una trampa que resulta de las disfuncionalidades del mercado, en la que los pobres lo son porque no son capaces de acumular activos que les permita revertir su situación de pobreza.

El enfoque de los “derechos” de Sen toma en consideración no solamente los ingresos de las personas, sino también de los activos y asignaciones, es decir, describe la relación de las personas con los recursos con que cuentan y los satisfactores que necesitan para cubrir las necesidades básicas de subsistencia. La insatisfacción de las necesidades humanas básicas no permite a los individuos la realización de su potencial completo como agentes económicos y sobretodo, su realización como seres humanos.

Esta dimensión ideológica neoliberal de la globalización amenaza con marginar y autodestruir a quien no se someta a sus lineamentos y estrategias. La estrategia de la globalización no es la de compartir, sino la de competir, arrebatar, golpear a los otros con el objeto de tener un mejor acceso a los recursos globales mediante el uso de mecanismos del mercado y apoyados en las instituciones globales que no son democráticas. Las investigaciones de las acciones estratégicas, preferencias y actitudes de los actores de la transición política se centran más en la elección racional que en una dimensión más subjetiva.

Este déficit democrático deslegitima la economía de la globalización, los hace innecesarios e inaceptables y degrada la gobernabilidad. Los sistemas democráticos limitados han sido tipificados como delegativos. Este déficit democrático es debido en parte a la carencia de políticos responsables que resuelvan los problemas.

Esto está obligando a amplios sectores de la izquierda a replegarse hacia el centro, dando lugar a la Nueva Izquierda, con una tácita aceptación de las nuevas condiciones ideológicas, políticas y económicas impuestas por los intereses capitalistas transnacionales de los países desarrollados. La izquierda se ha visto obligada a asimilar y a repetir hasta el cansancio la retórica de la doctrina del libre mercado y a denunciar el desmantelamiento de las funciones del Estado. Las alianzas entre la Nueva Izquierad y los movimientos globafólicos si toman objetivos políticos, sus posiciones pueden hacer frente para resistir los avances de los procesos de globalización.

Aquí se entiende el calificativo de izquierda en los términos en que la describe Norberto Bobbio: son de izquierda fundamentalmente aquellos que luchan por la igualdad de los seres humanos, en distintas circunstancias y en distintas formas, y éste es el motivo fundamental de su acción y su lucha” (Chonchol, 2001). Las banderas de esta “Nueva Izquierda” son la democratización de las instituciones y una “ciudadanía activa” de la sociedad global, de una ciudadanización que identifica al individuo como el elemento fundamental e irreductible del poder político. No obstante, está naciendo una sociedad civil globalizada que se ha manifestado en movimientos antiglobalizadores con cierto éxito relativo, como en el caso de la campaña para la prohibición de minas personales y el movimiento Jubileo para la condonación de la deuda externa de los países más pobres.

La tendencia hacia una democracia sin ciudadanos como la determinante de las democracias institucionalizadas en una estructura en la cual se afirman en la confianza del sistema o se niegan en la pasividad de la participación política. En este tipo de democracia, el ciudadano se adapta con una participación limitada por los entramados de las redes del poder para formular y exigir el cumplimiento de las demandas. Para que los procesos de democratización avancen, se requiere de procesos de transformación social. Este fenómeno de la globalización social se hace presente por la explosión de organizaciones no gubernamentales (ONG’s) en actividad.

La ambición sin límites de estos intereses es tener una mayor participación en la riqueza que se está generando globalmente, para lo cual cuentan con la protección y el apoyo de la hegemonía política que mantiene el grupo de países más poderosos económica y militarmente, dando lugar a un militarismo mercantilista. Las alianzas militares de los estados imperialistas y los aparatos militares de otros Estados promueven la penetración y expansión de las transnacionales en los mercados internacionales

Los intereses del capital dominante tienen una influencia decisiva en las decisiones. La hegemonía militar que sostiene el poder imperial tiene una relación directa con el crecimiento del dominio económico que ejercen las transnacionales. A su vez, el militarismo mercantilista aumenta su gasto para mantener su poder hegemónico. Las alianzas militares de los estados imperialistas y los aparatos militares de otros Estados promueven la penetración y expansión de las transnacionales en los mercados internacionales

Este enfoque participativo busca identificar y traer bajo consideración las relaciones constructivas de todos los grupos con intereses supranacionales. Sin embargo, las conquistas territoriales como determinantes de las relaciones internacionales están pasando a segundo término, ya que la nueva economía no requiere de grandes espacios territoriales para la prosperidad económica mediante la creación de ventajas competitivas, economías de escala y otras capacidades económicas impresionantes, pero a pesar de ello, la Nueva economía no resuelve los problemas de la crisis de sistema capitalista, antes bien, los agrava debido a los movimientos financieros que dependen de expectativas altamente especulativas. No obstante frente a una rápida emergencia de la nueva economía y un consecuente colapso, vuelven a surgir las empresas de la vieja economía. Precisamente, la globalización redefine la relación entre autoridad y territorio. La autoridad se transfiere en términos operativos del Estado a niveles supranacionales y a los gobiernos locales.

Por otro lado, aparentemente desde la dimensión ideológica, la integración económica es una tendencia contraria a los procesos de globalización e interdependencia, los cuales son usados para reinterpretar y debilitar los principios de autodeterminación y soberanía política de los pueblos, mientras que en el otro extremo se enfatiza una propuesta al ultra regionalismo. Este regionalismo se manifiesta internamente en los Estados-nación y es el resultado de un sentimiento de libertad producto de los cambios culturales que resultan de los procesos de globalización. Este tipo de regionalismo intraestatal se distingue porque ocurren dentro de las fronteras territoriales de un Estado-nación.

Los impactos transculturales de los procesos de globalización se manifiestan en la estandarización universal de comportamientos y valores que se reproducen y adaptan localmente con los identificados con los patrones de la cultura occidental: cosmopolita, capitalista, urbana, moderna, empleo del idioma Inglés como lenguaje universal, etc. La globalización universaliza los valores de la cultura Anglosajona. Aunque en términos generales se puede sostener que el aparato institucional cultural está en crisis. La imposición de los valores y la cosmovisión de la cultura occidental a los pueblos colonizados, ha dado como resultado grandes disfuncionalidades. Los procesos de globalización tal como se están dando hasta ahora, contribuyen a la devaluación de la autoestima de los pueblos ya de por sí subdesarrollados y a crear un sentido de dependencia.

Los argumentos de que un Estado soberano hace posible los procesos democráticos y que los procesos de globalización debilitan la soberanía del Estado democrático, son muy cuestionados por críticos que argumentan a su vez que los Estados no son tan soberanos ni los procesos de globalización no son la fuerza que representan (Hirst, 2000). La vieja doctrina internacional de no-intervención en los asuntos nacionales, está siendo sustituida por la nueva ley internacional de derechos humanos.

De cualquier manera, la realidad del poder político centralizado del Estado-nación es seriamente atacado por las fuerzas que despliegan los procesos de la globalización económica obligándolo a ajustar sus estructuras políticas y económicas. No obstante la globalización de los mercados es productos de acuerdos entre los Estados y del crecimiento que han tenido las empresas transnacionales. El ejercicio del poder político tiene que ser convenido para ser compartido por instituciones nacionales, regionales e internacionales.

De hecho, las instituciones tienen razón de ser cuando son resultado de arreglos institucionales y de negociaciones de largo plazo entre los diferentes agentes económicos y actores políticos, adaptando los modelos globales a las condiciones de desarrollo local. La adaptación al cambio involucra costos de transacción más bajos y mejores resultados que la reforma. El desarrollo local debe pivotar sobre la base de interacciones comunitarias solidariamente comprometidas, en forma activa y continuada, independientemente de que existe contigüidad territorial y física.

El diseño e implantación de programas de desarrollo económico local integral debe considerar la inclusión y pluralidad de los intereses de diferentes agentes económicos y actores políticos para lograr acuerdos y coordinar eficazmente los esfuerzos. Se tienen que considerar los factores contextuales como variables que intervienen, las cuales engrandecen o disminuyen el rango de alternativas que los actores políticos piensan están disponibles para las situaciones de la toma de decisiones.

El desarrollo económico local lo define Tarapuez y Chamorro (2001) como un proceso que reactiva la economía y dinamiza la sociedad local, mediante el aprovechamiento eficiente de los recursos endógenos existentes en una determinada zona, cuyo objetivo es estimular su crecimiento económico, crear empleo y mejorar la calidad de vida de la comunidad local. Para diseñar e implantar programas de desarrollo económico local se requiere de una estructura institucional capaz de promover la formación de capital humano y social para elevar la productividad.

Los partidos políticos están cada vez más alejados de la ciudadanía y la centralización del poder político es un síntoma más de malestar que se expresa en demandas por una ciudadanización de la política que procede desde ciertos grupos independientes a los mismos partidos políticos. Cuando la gente pierde la fe en su gobierno, a largo plazo se pierde la confianza en el sistema político. La declinación del liderazgo político significa un debilitamiento de los últimos medios del poder popular legítimo, por lo cual resulta ser de poco valor votar por políticos que carecen de poder real.

Sin embargo, es necesario que existan instituciones que desarrollen las funciones de la democracia equivalentes a las que realizan los partidos políticos para desempeñar las funciones de agregación de intereses y la organización del debate en cuanto a las políticas públicas. El Estado formula las políticas públicas a través de sus instituciones legislativas, ejecutivas y judiciales, mientras que en la sociedad civil, los ciudadanos participan en foros para establecer las demandas y validar las actuaciones de las instituciones políticas.

La tendencia hacia una democracia sin ciudadanos como la determinante de las democracias institucionalizadas en una estructura en la cual se afirman en la confianza del sistema o se niegan en la pasividad de la participación política. La institucionalización de los partidos es un elemento esencial para obtener una gestión política eficiente de la gobernabilidad democrática. La mera idea de estas instituciones que sustituyan en las funciones a los partidos políticos que emergerán en el ámbito global, parece como una utopía hasta ahora.

Pero esta realidad está modificando también la realidad supranacional, esto es, se está cayendo en una hiper realidad manipulable, altamente virtualizada y tecnologizada. La liberalización de las economías va montada en la retaguardia y bajo el cobijo de los avances de la tecnología de la información, la cual facilita la comunicación global entre los ciudadanos. La globalización es por lo tanto, un fenómeno y un hecho real, irreversible y a los que no se puede sustraer Estado-nación alguna y cuyas estructuras de poder no están todavía bien definidas para garantizar los procesos de transición. Estas nuevas estructuras de poder de los procesos de globalización están cada vez más concentradas y difusas. De hecho, las estructuras de poder se han violentado y se han eliminado los mecanismos de mediación política.

De esta forma, plegada a la tendencia de la globalización de los agentes económicos, existe la tendencia a la territorialización de sus recursos, pero es necesario hacer la distinción entre espacios económicos y espacios geográficos. Así, el concepto de espacio ha evolucionado de una concepción física territorial a una más dinámica y multilineal. Arellanes Jiménez (2001) conceptualiza este nuevo concepto de espacio como un “concepto dinámico, abierto, cambiante, flexible y multilineal e histórico que se va aplicando a diversas circunstancias, coyunturas, cambios, actores, sujetos y relaciones.”

En la tendencia a la glocalización o globalización local, las empresas participan de un espacio de los mercados internacionales, al mismo tiempo que explotan sus propios recursos locales. Para insertarse en los procesos de globalización, y además contrarrestar la fuerza de su influjo, es necesario que se diseñe e implemente una política local integral de desarrollo que sea inclusiva de las lógicas de los intereses del gobierno, mercado y sociedad locales.

Las diferencias de intereses de clase entre las naciones se obscurecen en categorías abstractas. Tarapuez y Chamorro (2001) define la política local para el fortalecimiento empresarial como “la organización de los esfuerzos y las acciones de los agentes sociales para el logro de un objetivo amplio y genérico: el desarrollo, competitividad, promoción y fortalecimiento de las MIPYMES”, (micro, pequeñas y medianas empresas).

De acuerdo a la teoría de la empresa como una función de producción, no se adapta a los propósitos principales de la organización económica. La teoría de la organización realiza importantes contribuciones a los planteamientos de la teoría de la empresa mediante el empleo de los principios de la economía de los costos de transacción, el reconocimiento de la acción de los agentes y actores, la decisión mediante la elección de formas alternativas de gobernabilidad, etc.

La teoría de la empresa, como una forma de gobernabilidad es vista como un proceso continuo de transformación, más que como una construcción terminada. Las grandes corporaciones globales que invierten y establecen operaciones en países y localidades determinadas, son seguidos por sus principales proveedores que también establecen plantas y realizan operaciones en los mismos lugares a fin de sostenerse en las cadenas productivas y por lo mismo en sus negocios.

Las economías territoriales o economías geográficas integran conjuntos específicos de relaciones entre la localidad y la globalidad rompiendo con la concepción de espacio como apertura progresiva de conjuntos PRE- constituidos localmente. Su fuerza tanto en lo que necesita del exterior como lo que contiene al interior (Ballet, 2000) La economía geográfica introduce la dimensión espacial al razonamiento económico y explica la organización económica del espacio. Aporta respuestas relacionados con los costos bajos de transporte, la variedad y la heterogeneidad en los fenómenos de polarización que resulta de la concentración geográfica de los agentes heterogéneos y a la dinámica de la polarización desarrollada por los teóricos de la dependencia. Una reducción sustancial de los costos de transporte es un factor importante para que los procesos de globalización se profundicen.

Las nuevas percepciones y representaciones del espacio en la globalización local y el networking global, red global o economía de archipiélagos, inscriben las economías territoriales en el espacio económico mundial sin que puedan ser analizadas como economías constituidas localmente y que tienen apertura al exterior, mientras sus campos de fuerzas económicas son discontinuos geográficamente. El análisis sobre los mecanismos de polarización territorial de la economía geográfica invierte la teoría del equilibrio del comercio internacional y del crecimiento regional. En este crecimiento regional, el Estado como un actor político y social y un agente económico sigue teniendo un papel importante. Así, la economía geográfica explica la polarización del espacio en relaciones de centro-periferia, pero este esquema ya no corresponde a la nueva organización del espacio caracterizada por la local globalización y el global networking el cual puede ser explicado bajo el enfoque tecnológico e institucional.

El enfoque tecnológico surge de las características intrínsecas de la coordinación y bajo el influjo de la fuerza de la proximidad física, mientras que el enfoque institucional emerge de las redes individuales y sociales o de políticas públicas localmente constituidas que facilitan el acceso de las relaciones económicas entre los diversos agentes. Las redes informales empresariales, por ejemplo, se apoyan en la innovación de la tecnología de la información, facilitan la comunicación en un contexto social para apoyarse en actividades relacionadas y aprovechar las oportunidades que surgen en el medio ambiente de la globalización. De esta forma, el llamado sector informal de la economía representa un tipo de subsidio para las empresas capitalistas en el sector formal. De esta forma, el llamado sector informal de la economía representa un tipo de subsidio para las empresas capitalistas en el sector formal. La presencia de un sector informal grande ayuda a mantener los salarios bajos y los costos de reproducir la fuerza de trabajo urbana a un mínimo para los negocios locales y para las corporaciones transnacionales, por lo tanto los capitalistas son capaces de maximizar sus utilidades pagando bajos salarios a sus trabajadores y pocos si es que algunos beneficios.

La globalización constituye una etapa superior del desarrollo mundial del capitalismo que surge a partir de cambios radicales y profundos en la economía política y la política económica fundamentadas en el neoliberalismo que pretende transnacionalizar su impacto. También puede entenderse los actuales procesos de globalización como resultado de una tendencia continuada por lo menos en los últimos cinco siglos, del desarrollo del capitalismo, hasta llegar a la fase actual denominada neocapitalismo o capitalismo tardío, mediante el análisis más detallado de sus rasgos característicos que muestran diferentes manifestaciones y formas de expresión.

Sin embargo, la doctrina neoliberal no se ha implementado universalmente, aún en el caso de los países más avanzados todavía mantienen prácticas contrarias, como en el caso de las medidas proteccionistas. Hasta ahora, los efectos negativos de las crisis financieras que el modelo neoliberal ha desatado, hacen pensar para muchos analistas en que se asiste al final del neoliberalismo, posición muy discutible porque todavía presenta signos de vitalidad. La liberalización financiera que entra como dinero caliente en forma de inversiones extranjeras a los países que liberan sus economías, generan burbujas especulativas que al menor indicio de riesgo que cambia el humor del inversionista y trata de cosechar lo más que puede dejando desolación y devastación financiera.

Cualquier oportunidad para hacer dinero es la esencia del capitalismo, la que a su vez es la fuerza motivadora detrás de los procesos de liberalización y globalización. Milton Friedman ha dicho que no hay nada nuevo acerca de la globalización, excepto la palabra y la existencia de una más eficiente comunicación y transmisión de tendencias. Así que el nombre del juego es capitalismo. El proyecto político de la globalización pretende instaurar este liberalismo transnacional con su consorte, el capitalismo liberal democrático, o neocapitalismo, como el único modelo de desarrollo (Gill, 1995). Este proyecto político de la globalización se sostiene en una combinación de libre mercado, democracia representativa y pluralidad cultural.

Los modelos de desarrollo han cambiado de una orientación hacia la planificación estatal, de importación de substituciones y de controles de tasas de interés y de precios, tarifas y regulaciones, flujos de capital e inversiones, hacia un desarrollo orientado al libre mercado, con remoción de los controles anteriores, con apertura comercial hacia el exterior y el establecimiento de precios correctos del mercado, etc., a efecto de que permita lograr un balance en el mercado mediante las presiones de las leyes de la demanda y oferta. Establecer un adecuado sistema de procesos es una condición necesaria pero no suficiente para lograr una reforma del Estado. La reforma del Estado modifica su capacidad reguladora y su papel de protección y asistencia a la comunidad.

El capitalismo es una teoría de un sistema económico en el cual el control de la producción y la distribución de los recursos reales y financieros están basados en la propiedad privada de los medios de producción. La propiedad privada es una institución política fundamental del capitalismo que, además, postula la idea de que el Estado debe tener un mínimo involucramiento en la administración de la economía.

Frente a la concepción socialista moderna que ve un problema en la propiedad privada y prefiere una propiedad colectiva, Aristóteles consideraba, en efecto, que solamente lo que el individuo tenía como propio es aquello de que me se ocupa con más esmero. Aristóteles no solo se preocupa por la defensa de la propiedad privada, sino la promoción, al mismo tiempo, de un uso en común. En el capitalismo, la producción adquiere más importancia que la distribución y el consumo porque implica la propiedad de los recursos económicos, principal fuente del poder económico. No obstante, en términos reales, el comercio mundial.

Sin embargo, la habilidad del gobierno para proveer un compromiso creíble a los retornos de la propiedad privada como institución política y su impacto económico no son completos. La no-interferencia del gobierno con los derechos de propiedad privada es instrumental en la obtención de inversiones de capital a largo plazo, el cual es requerido por las naciones para alcanzar tasas de alto rendimiento.

Las inversiones multilaterales entre los diferentes Estados, se realizan con la participación de las grandes empresas transnacionales. Un análisis de los mecanismos de gobernabilidad para las transacciones del sector privado puede ser determinada por los derechos de propiedad. A pesar de que las decisiones de inversión del sector privado están influidas por las percepciones del sector privado de tales resultados económicos no se infiere que existe una conexión entre inversiones y propiedad privada. (Henisz, 2000) En otras palabras, los gobiernos han saneado las economías nacionales, únicamente para favorecer la inversión internacional.

La propiedad intelectual y científica de la producción es fundamental para mantener la innovación y la competitividad del mercado y se constituye en ventajas comparativas para quienes la detentan. Para Porter (1991), la competitividad, las empresas tienen que competir en un entorno formado por cuatro atributos que estimulan o limitan la creación de ventajas competitivas. Estos atributos son la disponibilidad de los factores de producción, la demanda interna, la estructura y estrategia de la rivalidad de las empresas y los sectores conexos.

La modificación del clima intelectual a favor del libre comercio es un fenómeno que ocurre simultáneamente a los procesos de globalización. El mejoramiento de las instituciones que promueven la innovación, tales como los derechos de propiedad, incide en la economía simulada que indica que el factor más importante en la transición al crecimiento ha sido el incremento en lo producido para compensar a los inventores.

La propiedad privada se convierte en un principio de funcionamiento del mecanismo del mercado pero que en vez de otorgar más libertad, la limita. Parafraseando a Ireton, para la preservación de la propiedad privada, no se puede otorgar la libertad en un sentido amplio. De hecho, el que se establezca un sistema de derechos de propiedad nos e garantiza que se desarrollen los mecanismos e incentivos del mercado y que además el estado deje de intervenir estratégicamente en la economía.

El capitalismo es un sistema económico en el cual la plusvalía se extrae de los procesos de producción usando el salario del trabajo y utilizando en la circulación procesos para sostener la acumulación del capital. Las estructuras que contribuyen a la formación de los salarios es crítica para los efectos de impuestos y los beneficios de desempleo en el desempeño de los mercados laborales. Por lo tanto, si el capitalismo muestra signos de recuperación, esto es a expensas de la clase trabajadora que ha visto mermados sus ingresos salariales, aumento del desempleo y la desaparición de sus prestaciones sociales. El futuro de los trabajadores es muy incierto.

Los efectos de la globalización sobre las desigualdades salariales en los países desarrollados y en desarrollo, de acuerdo a Wood (2000), se explican en función de tres teorías compatibles y complementarias: El abaratamiento de las comunicaciones y los viajes permiten que los trabajadores más calificados transfieren sus habilidades y amplían las brechas salariales (Tang and Wood, 2000). La transferencia de actividades de producción del Norte al Sur incrementan la intensidad de las habilidades en ambas regiones y amplía la brecha salarial entre los trabajadores calificados y los no calificados (Feenstra and Handson, 1996). En el modelo de Heckscher and Ohlin. La reducción de las barreras al comercio especializa la producción en ambas regiones, tiende a aumentar la desigualdad salarial en el Norte y a reducirla en el Sur.

Por otro lado, si la dictadura del trabajo domina, la democracia tampoco puede florecer. Al respecto Birchfield (1999) nos recuerda que la relación del salario capitalista necesita la separación conceptual de la economía y la política respectivamente en esferas privadas y públicas de actividad, la que a su vez constituye un elemento definitorio del Estado liberal. En la sociedad moderna hay un conflicto latente entre capitalismo y política. Esta sociedad moderna se organiza en torno al Estado-nación asentado en un territorio en donde se realizan las diferentes interacciones, entre las décadas de los 30 y los 70 del siglo pasado. La política exige por lo menos un uso comunitario sometido a reglas que se regulan por leyes, desde el impuesto obligatorio a las reglas de tráfico, pasando por la reglamentación de la construcción, el comercio etc

El capitalismo puede ser tipificado en formas puras de capitalismo como “capitalismo clásico”, “capitalismo corporativo orientado al mercado”, y “capitalismo corporativo orientado a los bancos”. Estos tipos de capitalismo se alejan del “espíritu capitalista” propuesto por la doctrina calvinista que sostenía valores como el ascetismo, puritanismo, frugalidad, ética del trabajo, ahorro, vida austera, etc. Los tipos de capitalismos posteriores son evoluciones perversas de la doctrina calvinista. Aunque el capitalismo clásico ya no es el tipo dominante, sin embargo, prevalece en países menos desarrollados.

El capitalismo corporativo, también denominado neocapitalismo o capitalismo tardío, se basa en un régimen de propiedad privada difusa propio de las grandes corporaciones que conjuntan recursos de muchos accionistas. El corporativismo financiero pertenece a este neocapitalismo. De hecho, los problemas contemporáneos de la globalización, la expansión del capitalismo tardío o postmoderno han agravado los más crónicos problemas como en el caso de la región latinoamericana.

Las economías contemporáneas de Latinoamérica se han convertido en partes integral del nuevo sistema económico global que es dominado no por naciones Estados, sino por grandes corporaciones transnacionales que constituyen los principales actores globales en este sistema. La ideología neoliberal se ha usado para justificar la estrategia de las políticas de reestructuración y ajuste económico seguidas en la mayor parte de los países latinoamericanos desde los ochenta. En las últimas dos décadas, casi cada aspecto mayor de la vida económica, política y social en Latinoamérica estuvo influida por la integración acelerada de la región en el sistema capitalista global. Las consecuencias de estas políticas tienen relación con los efectos de la recesión de las economías de los ochentas y noventas. Las recesiones económicas son provocadas por la alta volatilidad de los mercados financieros y sus impactos son fuertes en el empobrecimiento de la población cuando las redes de seguridad son débiles.

De hecho, los procesos de globalización estimulados por la expansión mundial y el desarrollo del capitalismo ha favorecido consistentemente solo una proporción limitada de la población latinoamericana mientras que la mayoría tiene que sufrir los efectos adversos de este proceso. Cualquier intento serio para explicar las desigualdades y las formas de ubicuidad de la injusticia que caracteriza a las sociedades Latinoamericanas inevitablemente conduce un examen crítico de las relaciones de explotación de producción y distribución capitalista que predomina en la región.

Existen evidencias para sostener que las distintas facciones de este corporativismo financiero se disputan los intereses y beneficios de los procesos de la globalización en diferentes áreas estratégicas, por diferentes medios que incluyen las guerras y los actos de terrorismo. Los protagonistas del nuevo modelo de desarrollo son los principales agentes económicos y financieros del capitalismo corporativista internacional que para lograr sus propósitos prescinden de instituciones políticas intermediarias, como el Estado-nación.

Además, requieren de una jerarquía interna compuesta de funcionarios y agentes (administradores) para ejercer el control de las operaciones (Screpanti, 1999), mediante el diseño de esquemas de incentivos y recompensas que hagan no atractiva la conducta de corrupción. La corrupción se define como el mal uso que se hace de la oficina pública para la ganancia personal. El principal objetivo de la corrupción es incrementar la ganancia privada. El eclecticismo del personal administrativo es responsable de la desprofesionalización de la administración en ciertos países. Confrontado en algunos casos por una escasez de personal debido a un rápido crecimiento de la economía. Sin embargo, la propiedad corporativa puede ser, además de ser difusa con un control administrativo rígido, propiedad concentrada en pocos principales capitalistas y aún en otros, los trabajadores influyen fuertemente en la corporación. El control administrativo es generalmente ejercitado por los oficiales sobre sus subordinados, ya sea en forma autónoma o dirigido a su vez por el control judicial.

El control administrativo es generalmente ejercitado por oficiales senior en sus subordinados. El control judicial de la ética involucra la verificación de la conformidad de las acciones y la conducta de oficial público con referencia a valores tales como la probidad, desinterés, neutralidad e imparcialidad. El capitalismo corporativo se reproduce socialmente mediante el uso de técnicas que no son ideológicamente neutrales, se asigna el control a administradores eficientes y se racionaliza el crédito mediante una tendencia clasista.

Este administrador está orientado hacia la globalidad (Ali, 2001), es decir, es un administrador global, el cual, a diferencia de los políticos, no están necesariamente de acuerdo con la orientación hegemónica, aunque perciben los procesos de globalización como inclusivos que maximizan la participación e induce el acceso a la obtención de beneficios en la economía y tecnología global.

El análisis de la globalización desde la economía política estudia su naturaleza capitalista en el contexto del sistema internacional en el cual los actores llevan a cabo sus operaciones, así como la transnacionalización de sus causas y efectos. Bajo este análisis, la estructura transnacional de actores financieros y económicos se sobrepone, cubre, suple, rodea, limita e intercepta al Estado-nación. La estructura espacial de las diferentes unidades geográficas se delimita territorialmente en función de sus fronteras físicas y geográficas y definen las interrelaciones entre las diferentes entidades.

La hegemonía de esta estructura transnacional de clase confía más en lograr el consenso que en la dominación. El fenómeno de la globalización acelera las interconexiones económicas, políticas, sociales y culturales entre lugares distantes del mundo, mediante la convergencia entre naciones y empresas con formas comunes de hacer las cosas.

Cada vez más, bajo los procesos de globalización, las fronteras entre los Estado-nación y las empresas se vuelven más porosas y permeables, con intereses compartidos pero también con intereses en conflicto que aquéllas entre los Estados-nación, por el sólo hecho de que cada persona pertenece a una empresa y al mismo tiempo es ciudadano de un Estado (Tétreault, 1999) Si los procesos económicos, políticos y sociales se extienden más allá de las fronteras territoriales de los Estados-nación, entonces éstas fronteras ya no constituyen la base para enmarcar los procesos de toma de decisiones que afectan a la población, tal como ha sido en los últimos dos siglos. La desterritorialización del Estado-nación está dando lugar a nuevas formas espaciales geopolíticas y geoeconómicas. Entonces, la condición de ciudadano, no está limitada a una comunidad política, sino que se convierte en extensiva a la demarcación regional y global en última instancia. De acuerdo a Putnam (1993: 183), “la comunidad cívica tiene profundas raíces históricas. Ello es una observación deprimente para quienes ven la reforma institucional como una estrategia de cambio político”.

Los procesos de globalización crean las condiciones para la circulación libre de los capitales. La transnacionalización creciente de las operaciones del sistema capitalista demandan espacios para sus mercados que trascienden las fronteras físicas y culturales del Estado-nación, al que limitan su ámbito de operación, exacerbando las desigualdades económicas, sociales y políticas y a las que jerarquizan de acuerdo a las condiciones en que se presenta en la competitividad de los mercados globales.

Un análisis crítico de los efectos del capitalismo revela que ha creado extremas desigualdades en la región así como en el mundo entero. Sí los procesos de globalización se encuentran inextricablemente relacionados con la competitividad. Ya que las empresas nacionales y locales carecen de los medios para competir en igualdad de términos con el capitalismo transnacional, tienen pocas posibilidades de elección que no sea otra que convertirse en los socios junior locales. No obstante, resulta muy difícil aislar los efectos de la globalización en las desigualdades, sobretodo en los países del tercer mundo.

Los efectos de la globalización no son los mismos en los diferentes territorios y en las sociedades locales. No obstante, la sociedad local y regional adquiere relevancia como un actor social que promueve el crecimiento económico y el desarrollo más equitativo y justo de las regiones. Corresponde a los gobiernos la protección para producir este crecimiento económico. Los beneficios son mayores en aquéllas localidades que previamente ya habían alcanzado niveles de desarrollo y que además tienen posibilidades para desarrollar sus capacidades y ventajas estratégicas.

Sin embargo, se está demostrando que el libre comercio bajo el esquema de la globalización económica no mejora necesariamente las condiciones de competitividad en aquellos países donde no existe, regularmente los países pobres. La globalización de los mercados es producto de los acuerdos comerciales entre los Estados y del crecimiento de las empresas transnacionales. Todos los acuerdos comerciales han sido promovidos y negociados por los Estados para abrir mercados nacionales a sus empresas transnacionales. No obstante, si pueden tener un impacto en la competitividad de aquellos países que ya la tienen y que casi siempre son los países desarrollados, donde la competencia se intensifica porque las restricciones son removidas.

Existe una relación estrecha de inextricabilidad entre la competencia y los procesos de globalización, en donde la competencia es promovida como un mecanismo motivacional por el mismo sistema imperial, y más concretamente por los Estados imperiales. Al decir de Patras (2001d) la competencia “en términos capitalistas está mediatizada, influenciada y dirigida por los Estados”.

La creciente expansión en intensidad y alcance del capitalismo globalizador es resultado de la aceptación de las leyes y principios de la teoría del mercado, en donde nadie controla los mercados globales. La expansión del capitalismo se realiza a través del mercado entre las empresas y al interior de las jerarquías de las grandes corporaciones y empresas burocráticas. En cada fase expansiva de las grandes corporaciones, se requería el apoyo directo del Estado imperial. En la expansión de las transnacionales se requiere previamente la expansión militar y política del Estado imperial. Desde este principio, el libre comercio significa la creación de oportunidades para la expansión internacional de los mercados.

El corporativismo financiero y económico global es el principal agente que promueven la expansión del capitalismo global, el cual es más resultado de la especulación financiera. La expansión del capitalismo se realiza a través de la organización de la sociedad, el modo de producción y el poder político en las colonias. La herencia colonial ha marcado las estructuras económicas, políticas, sociales y culturales de los pueblos colonizados. Para asegurar y multiplicar el funcionamiento del capitalismo global, las diferentes facciones de corporaciones financieras y económicas recurren a diferentes medios para dirimir las diferencias de sus intereses, entre los que se destaca la guerra y sus diversas manifestaciones.

El propósito final del libre comercio impulsado a partir de los avances de la tecnología de la información y transporte, que facilita la movilidad de los factores de la producción (capital, mano de obra, etc.), es la creación de nuevas alternativas de producción, distribución y consumo. Los procesos de globalización originan y son a su vez el resultado de una creciente movilidad de personas. La movilidad de la mano de obra no se ha liberalizado, a pesar de los posibles beneficios disciplinarios que traerían al dominio del libre mercado. El incremento de la movilidad de bienes y servicios, así como de empresas, también implica que los trabajos llegue a ser demasiado móviles, aunque su tendencia es a delimitarse en un área geográfica por parte de quien lo presta, mientras que el capital no encuentra fronteras territoriales.

Mientras el capital se globaliza, el trabajo se localiza. Una mayor movilidad de los factores de producción, principalmente el capital, sobrepasan las barreras territoriales y sustituyen el territorio. La movilidad de los factores de producción es una de las características distintivas de los proceso de globalización, así como la innovación constante, el enfoque emprendedor y los cambios continuos en la estructura económica.

El sistema del capitalismo globalizado tiene el potencial de crear riqueza, pero tienen que establecerse las condiciones correctas para aquellos que están excluidos de los beneficios a fin de que se incorporen en los términos relativamente iguales. El capitalismo globalizador polariza el desarrollo económico y social de los pueblos. El capitalismo globalizador se encuentra amenazado por una espiral decreciente de crecimiento económico, es decir por una espiral decreciente de los ingresos per cápitas y por los promedios reales de consumo.

El capitalismo globalizador o neocapitalismo genera tensiones que se reflejan en las crisis económicas, políticas, sociales, culturales, educativas, en el medio ambiente, etc. Los agentes económicos y los actores políticos se encuentran en una carrera absurda de competencia por alcanzar una modernidad que termina en una crisis económica, social, ecológica y moral. Esta tendencia y otras son las causantes de lo que Wagner (1996) denomina el final de la modernidad organizada. No hay que perder de vista que mientras el capitalismo se recupera, la inmensa mayoría de los trabajadores ven disminuidos sus ingresos salariales y prestaciones sociales además de incrementos inusitados de desempleo. El futuro de los trabajadores es muy incierto. Debe quedar abierta la posibilidad en el debate de que la obtención más rápida del incremento de la riqueza no es necesariamente el fin que la economía global debe perseguir.

El nuevo período de la globalización es la acentuación de un período previo de un capitalismo continuado. Los procesos de internacionalización económica y mundialización de capital pueden ser calificados como procesos de expansión del imperialismo porque permiten la dominación, explotación y apropiación de la riqueza por intereses hegemónicos, mediante ciertos mecanismos y bajo un escenario internacional de relaciones comerciales asimétricas, inequitativas e injustas. En el sistema imperial, las empresas transnacionales de los Estados imperialistas dominan los mercados nacionales y los Estados. La expansión del capitalismo ocurre través de la organización de la sociedad, el modo de producción y el poder político en los espacios coloniales. La herencia colonial ha marcado las estructuras económicas, políticas, sociales y culturales de los pueblos colonizados.

Petras (2001c) sostiene que las evidencias de este imperialismo y en contra de una economía global interdependiente, son “la naturaleza y las consecuencias de las crisis económicas” más recientes en los últimos años. La liberalización rápida de los mercados financieros en los países del Este asiático fue el factor de mayor peso en su crisis financiera después de experimentar altas tasas de crecimiento cuando sus mercados financieros estaban regulados. La liberalización rápida de los mercados financieros en los países del Este asiático fue el factor de mayor peso en su crisis financiera después de experimentar altas tasas de crecimiento cuando sus mercados financieros estaban regulados. Sin embargo, en la historia del capitalismo, el imperialismo y los movimientos de liberación son constantes, pero el avance de un capitalismo sin regulación alguna puede terminar en una convergencia hacia la universalización del imperialismo.

La victoria de la mundialización del capital presupone la victoria de la reacción política que impone el poder absoluto del mercado y de una política económica que desregula la economía. El imperio absoluto del mercado como la única forma de gobernabilidad congela el orden de cosas existente, descalifica y censura toda alternativa posible.

La teoría del imperialismo enfoca a un Estado-nación imperial que concentra las estructuras de decisión, estrategia y poder, desde donde se lanzan las corporaciones transnacionales para establecer alianzas con las empresas nacionales, dando origen a la formación de nuevas configuraciones de clase. La propiedad y el control de las corporaciones transnacionales están concentrados en pocos Estados imperiales. Los Estados imperialistas apoyan a las corporaciones transnacionales en el reparto de los mercados internacionales para aumentar su poder e influencia. En este sentido, el término globalización está desplazando al término imperialismo.

Quizás las corporaciones transnacionales son las únicas que realizan un capitalismo de alianzas y de inversiones conjuntas que refuerza conductas cooperativas. Los acuerdos de inversión multilaterales entre diferentes Estados nación, siempre tienen como fundamento la participación de las empresas transnacionales. Las estrategias cooperativas y de autogestión en los sistemas de producción, distribución y consumo, no siguen la observancia de procesos democráticos, como el modelo de gobernabilidad democrática sugiere, sino los dictados de un grupo de agentes económico con intereses de hegemonía.

Laïdi (2000) argumenta que la mundialización pone en juego dos mecanismos, el deterioro de la democracia representativa y la ausencia de un instrumento que ofrezca a los Estados-nación una cerca o barrera simbólica. La democracia representativa limita el margen de maniobra de los operadores políticos y presiona por cambios estructurales y funcionales del Estado-nación. Algunas de las tesis de Marx se mantienen vigentes. Las tesis marxistas sobre la mundialización hasta cierto punto se cumplen, sólo que en vez de estar al final, estamos al inicio de los procesos de globalización.

Así, los procesos de globalización son esencialmente procesos dialécticos y generan respuestas en función de la complejidad e incertidumbre de los fenómenos económicos, políticos y sociales. Marx pronosticó la concentración del poder económico señalando que al madurar el sistema capitalista surgirían grandes empresas que controlarían los mercados, con una mayor dependencia en la tecnología, y aumentarían las recesiones económicas. Además, es el poder militar el que se concentrado más abiertamente. Así, Marx al igual que otros precursores como Saint-Simon, Durkheim y Weber, se adelantaron en sus análisis internacionalistas a la idea de la formación del mercado mundial capitalista. Así la globalización es un proceso que tiene como marco de referencia la dominación imperialista por medio de las relaciones internacionales económicas y políticas.

La globalización es consecuencia ineludible de la modernidad capitalista que deriva en la postmodernidad, y por lo tanto, en un preconizado relativismo que socava la crítica social, para el cual la objetividad es una mera convención social. Muchos de los habitantes de la regiones menos desarrolladas viven bajo condiciones que pueden ser descritas como modernidad desigual más que postmodernidad. Si la característica fundamental de la modernidad es la densidad de los cambios, la característica principal de la postmodernidad es la aceleración de estos cambios caracterizados por su complejidad e incertidumbre, por una fenomenología caótica (teoría del caos) que modifica constantemente los procesos económicos, políticos, sociales, culturales, etc. Esta tendencia y otras son las causantes de lo que Wagner (1996) denomina el final de la modernidad organizada.

La postmodernidad alienta la revisión de las culturas y a replantear sus relaciones con la visión de los valores occidentales. Hay escasas evidencias de que la región consiste de “sociedades postmodernas” o que se está moviendo a una era postmoderna. La postmodernidad cuestiona la legitimidad del desarrollo alcanzado por la modernidad y la universalidad de sus valores y procesos, el reduccionismo economicista, el etnocentrismo y la unidimensionalidad de su interpretación.

Las críticas al desarrollo de la posmodernidad se interesan por los paradigmas alternativos que enfatizan el establecimiento de metas desde una tradición y cultura, participación en la toma de decisiones y en la acción de contenidos de desarrollo (Goulet, 1999). Lechner (2000), señala que en la posmodernidad inciden como tendencias, el desmoronamiento de la fe en el progreso y una creciente sensibilidad acerca de los riesgos fabricados por la modernización; el auge del mercado y el consiguiente debilitamiento de la política como instancia reguladora y el cuestionamiento de la noción misma de sociedad como sujeto colectivo capaz de moldear su ordenamiento.

Muchos de los habitantes de la regiones menos desarrolladas viven bajo condiciones que pueden ser descritas como modernidad desigual más que postmodernidad. La postmodernidad cuestiona las variables sociales, culturales, del medio ambiente, políticas y éticas de la ecuación del desarrollo y su proyecto modernizador. Esta tendencia y otras son las causantes de lo que Wagner (1996) denomina el final de la modernidad organizada.

La globalización puede ser vista como una continuidad del voluntarismo para establecer el ideal de una sociedad justa y afluente mediante la creación del Estado de Bienestar y de las tesis desarrollistas, pero con adaptaciones a la cultura de la postmodernidad. La postmodernidad cuestiona los medios y fines del desarrollo alcanzado por la modernidad y la universalidad de sus valores y procesos, su enfoque ethnocénrtrico, reduccionismo economicista y su unidimensionalidad.

Las orientaciones posmodernas que son condicionantes de los principales agentes de los procesos de globalización, las corporaciones transnacionales y multinacionales, al decir de Santos (1993) son la unicidad de la tecnología, del tiempo y de la plusvalía como motor del desarrollo. El tiempo tiene poco significado y el espacio se comprime como resultado del avance tecnológico.

En la posmodernidad prevalece la idea de que la realidad es compleja y multicausal, en cambio continuo, que acepta diferentes racionalidades con relación a las variables a optimizar y que nada está garantizado o predeterminado. Si la modernidad capitalista fue la creadora del Estado-nación y sus principales creaciones, como una sociedad y mercado nacionales, fronteras, ejércitos, etc., cuando el capitalismo entra en crisis, aunque muy discutible, entonces necesariamente entran en crisis todas estas instituciones, ya en transición hacia la posmodernidad. La posmodernidad de la cultura política se caracteriza por una fragmentación de valores compartidos por las colectividades y el distanciamiento de los ciudadanos a las instituciones, marcado por una creciente desconfianza que provoca crisis de las democracias institucionalizadas. No obstante, las tesis desarrollistas se sustraen de las tendencias globalizantes y persisten solamente como una posible alternativa por si estas llegaran a fallar.

Un inmovilismo discursivo está invadiendo a la sociedad posmoderna. La globalización exalta al individualismo de las personas, las convierte en meros instrumentos homogéneos de producción y consumo y las reduce a simples mercancías que se compran y venden sin que las diferenciaciones culturales sean obstáculo. A mayor globalización, más avance tiene el individualismo, lo que afirma la tendencia hacia el autoritarismo del sistema capitalista. Se vive en un mundo en el que la adquisición y el consumo son considerados como las marcas de éxito personal y no lograrlo es una marca de fracaso. La cultura está siendo globalizada igualmente que el comercio, cuya tendencia es a la destrucción de las culturas locales, a la homogeneización y estandarización que destruye la diversidad y vitalidad cultural y social.

La globalización está afectando el “efecto de calor de hogar político-cultural” protegido por el Estado nacional moderno, por lo que “toda comunidad política real tendrá que dar una respuesta al doble imperativo de la determinación por el espacio y la determinación por el sí mismo” como punto de convergencia para una identidad regional. De acuerdo a Putnam (1993: 183), “la comunidad cívica tiene profundas raíces históricas. Ello es una observación deprimente para quienes ven la reforma institucional como una estrategia de cambio político”. La identidad se expresa en una comunidad de intereses a través de medios espaciales territoriales nacionales e internacionales. Los procesos de transformación de los Estados-nación, como resultado del impacto de la globalización económica, influyen en las comunidades políticas, cuyas estructuras se vuelven complejas y se modifican debido a la multiplicidad de interconexiones que surgen.

Las estructuras espaciales se delimitan por los territorios físicos y geográficos los que a su vez definen los tipos de relaciones entre las diferentes entidades geográficas. Las funciones y procesos de las comunidades políticas quedan expuestas a las transformaciones de los procesos de globalización, y por lo tanto, quedan fuera del control estricto de las instituciones del Estado-nación. Las transformaciones económicas y políticas también implican transformaciones de los valores sociales, culturales y sobretodo de valores morales. El aceleramiento de los procesos de globalización ha dado lugar a procesos de desterritorialización del Estado nacional para alentar la emergencia de nuevas unidades espaciales geopolíticas y geoeconómicas.

La institucionalización del Estado fue consecuencia de la regulación de las relaciones, establecimiento de los deberes y obligaciones, así como la resolución de conflictos de los individuos en la sociedad. Los procesos de institucionalización efectuados durante los últimos años del siglo pasado, desestructuraron y fueron disfuncionales en las relaciones entre la economía y la política, causando graves crisis.

En la sociedad moderna hay un conflicto latente entre capitalismo y política. Esta sociedad moderna se organiza en torno al Estado-nación asentado en un territorio en donde se realizan las diferentes interacciones, entre las décadas de los 30 y los 70 del siglo pasado. La política exige por lo menos un uso comunitario sometido a reglas que se regulan por leyes, desde el impuesto obligatorio a las reglas de tráfico, pasando por la reglamentación de la construcción, el comercio etc. Los mecanismos de participación política en las comunidades políticas democráticas adquieren nuevas dimensiones cuando se busca la representatividad de los ciudadanos. Sin embargo, la utilización de estos mecanismos puede prestarse a la manipulación de la sociedad. En general, los ciudadanos participan poco o son indiferentes en los asuntos políticos, no se identifican con el juego de la política ni con políticos o partidos políticos a los que desdeñan y en ocasiones desprecian.

Esta tendencia hacia el sí mismo multilocal es ya una característica de esta modernidad capitalista avanzada, del mismo modo que la tendencia hacia el espacio poli étnico o “desnacional” (Sloterdijk, 1999). El concepto de espacio evolucionó de una concepción territorial física a una concepción más dinámica y multilineal. Arellanes Jiménez caracteriza este nuevo concepto de espacio como un “concepto dinámico, abierto, cambiante, flexible y multilineal e histórico que se va aplicando a diversas circunstancias, coyunturas, cambios, actores, sujetos y relaciones.” Pero la exclusión y segregación humana tiene serias consecuencias, que se expresan en comportamientos antisociales, tal como Bauman (1998) precisa: “Una parte integral del proceso de globalización es la progresiva segregación espacial, la separación y la exclusión. Las tendencias neotribales y fundamentalistas, que reflejan y articulan la experiencia de la gente al recibir los coletazos de la globalización como la extensamente celebrada “hibridización de la top culture: la cultura en la cima globalizada”.

La cultura global puede ser una herramienta que la sociedad y los individuos pueden usar para su beneficio propio más que para perder en los procesos de globalización. La cultura global o world culture con sus símbolos y mensajes mundiales, es difundida por medio de la tecnología de las comunicaciones e impone valores, costumbres, criterios, estándares y estilos de vida homogéneos en el mundo. Todavía está por verse si se cumplen las predicciones de Eliot acerca de que la humanidad tendría un renacimiento en sus culturas locales y regionales bajo el fuerte influjo de la globalización en un diálogo transcultural y sus efectos en las identidades culturales nacionales. Estos efectos de la globalización se manifiestan en la alteración de la estructura social y en la modificación de la concepción de comunidad.

A pesar de que el cuestionamiento de si las identidades colectivas son una ficción ideológica (Vargas Llosa, 2000), no parece ser muy consistente. Los procesos de la individualización enfatizan la presencia del individuo por sobre lo colectivo, escindiendo en forma nominalista entre el individuo y la sociedad, mediante el debilitamiento de los referentes materiales y simbólicos de las identidades colectivas. Dados los procesos de identificación y adhesión a ciertas representaciones sociales, mientras que la identidad cultural individual en que “cada ciudadano de este planeta interconectado –la patria de todos- construya su propia identidad cultural, de acuerdo a sus preferencias y motivaciones íntimas y mediante acciones voluntariamente decididas” no tiene mucho sentido. Estos procesos de afirmación de la identidad cultural son opuestos a los procesos de la globalización económica, los cuales profundizan más las fracturas sociales. Las capacidades del Estado-nación para eliminar las brechas existentes en las disociaciones y disfuncionalidades entre los alcances de los procesos de globalización económica y los procesos de identidad cultural son muy limitados.

Por lo mismo, no necesariamente la identidad nacional puede ser contraria a los procesos de globalización como sucedió con la rigidez del Estado-nación en que algunas identidades culturales fueron sometidas o marginadas. La globalización empuja a la occidentalización, y más específicamente a la americanización de los valores en todo el planeta y a la formación de una nueva ciudadanía mundial. La tendencia hacia una democracia sin ciudadanos como la determinante de las democracias institucionalizadas en una estructura en la cual se afirman en la confianza del sistema o se niegan en la pasividad de la participación política.

Es en este sentido que habitualmente la globalización significa americanización, por la posición hegemónica de los Estados Unidos. Pero a menos que se tenga una claridad en los valores que subyacen en las herramientas sociales y tecnológicas, se estará en un grave problema. Con respecto a Occidente, Jaspers (1965) ha dicho que “ Occidente no es estable en ningún sentido; en ello radica su permanente inquietud, su constante insatisfacción, su incapacidad de contentarse con algo perfecto y acabado”.

La base de esta nueva ciudadanía mundial es un ser humano que es reducido a la simple expresión de su capacidad para generar beneficios económicos en un mercado planetario transculturizado e interculturalmente uniformado que consagra como único modo de pensar una ideología única y hegemónica, en un diálogo sordo. Toda ideología permita la generalización de una realidad de la que no se tiene el conocimiento completo porque opera en ambientes inciertos y complejos.

Se adoptan las ideologías porque complementan la formalidad del aprendizaje para formular hipótesis de trabajo, cuyos resultados influyen en el crecimiento y el desarrollo. El aprendizaje institucional es una solución racional de la dificultad de predecir los efectos futuros de la reforma. La propuesta de aprendizaje institucional (Kaiser, 1997) sostiene que los actores políticos que quieren cambiar aspectos de sus sistema son influidos por un grado considerable ya sea por el sistema político al cual están cultural o geográficamente más próximos, o cuando hay un acuerdo para un cambio fundamental por modelos que son considerados ser historias de éxito excepcional.

Las economías orientadas por ideología tienden a transformar la realidad concreta. La ideología neoliberal tiene sus raíces ideológicas en los siglos XVIII y XIX en los pensadores liberales tales como Adam Smith y Jhon Locke. Es en este sentido que la ideología universalista del neoliberalismo, la misma del mercado, la cual propaga y exporta los valores y las prácticas de los países occidentales y más específicamente de los anglosajones, construye un bloque histórico para sostener la hegemonía americana.

Sin embargo, la promoción de esta ideología es de hecho un producto de la estrategia global contemporánea de las transnacionales así como de las políticas de las administraciones de Reagan, Bush y Clinton en los Estados Unidos y de Thatcher y Major en Inglaterra La ideología de la globalización pugna por la liberalización de las economías en un mundo en el que dominan las empresas transnacionales. La globalización como ideología aparece en la esfera pública cuando ya no tiene utilidad para su análisis.

Esta ideología hegemónica constriñe las elecciones disponibles clarificando de la mente de los seres humanos la posibilidad de cualquier otro camino que no sea el que está tendiendo enfrente de todos. Las ideologías tienen siempre un propósito económico, un medio racional de los individuos para fomentar el capital humano Esta ideología del mercado como motor de los procesos de mundialización, condenan toda resistencia o disidencia bajo acusaciones de que no se ajustan a un “realismo”.

Así, lo que Thoreau sostuvo, de que todos los hombres reconocen el derecho a la revolución, como el derecho a rechazar la obediencia, lealtad y a resistir a un gobierno cuando su tiranía e ineficiencias son insoportables, no tiene cabida. Sólo existe una forma para hacer que se pertenezca, no hay ninguna otra opción. La búsqueda de otras alternativas, de fórmulas proteccionistas y de regulación mediante procesos democráticos es vilipendiada como graves retrocesos y formas arcaicas.

Por otro lado, si la ciudadanía se convence de que los resultados en materia económica son el producto de la implantación de las fuerzas del mercado y que por lo tanto, los gobiernos del Estado-nación ya no se les responsabiliza. En todos los niveles de gobierno hay una retirada de los temas de justicia redistributiva. Hablando de justicia, es importante enfatizar que la concepción de justicia redistributiva entra a valorar los resultados en los términos de reparto más que de la impersonalidad y justicia de los procedimientos previos, por lo que termina siempre en problemas para estimar lo que se distribuye. En otras palabras, el concepto de justicia debe basarse más en sus procedimientos que en sus resultados. Sin embargo, en los países donde la ideología del mercado no es tan intensa, los principios y fines de la justicia social equilibran las acciones de los gobiernos. Por eso, la batalla en contra de los procesos de globalización neoliberal tienen que darse primeramente en el nivel ideológico.

La globalización neoliberal es la hegemonía de la ideología del mercado representada por una “metáfora incontroversial por una sociedad en libertad para hacer con la propiedad lo que le plazca sin interferencia del Estado” (Birchfield, 1999) La ideología de la democracia del libre mercado constituye el cuerpo teórico y la práctica de la política de desarrollo internacional, pensada como problema de gobernabilidad para establecer las reglas de juego a los agentes económicos. El imperio absoluto del mercado como la única forma de gobernabilidad congela el orden de cosas existente, descalifica y censura toda alternativa posible.

La globalización neoliberal hace de la ideología del libre mercado el centro de las relaciones sociales, cambiando su realidad y transformando las formas de relaciones personales centradas en una competencia que controla los comportamientos entre los mismos individuos, como si fuera un mecanismo motivacional fuertemente impulsado por el mismo sistema imperial, y más concretamente por los Estados imperiales. El mercado es una construcción social que operacionaliza relaciones sociales. Estas mismas fuerzas también motivan a los capitalistas individuales y a las empresas capitalistas a concentrar y centralizar su control en varios medios donde la riqueza se acumula.

Al decir de Patras (2001d) la competencia “en términos capitalistas está mediatizada, influenciada y dirigida por los Estados”. Hay que tomar en cuenta que las diferencias en las ocurrencias de las relaciones sociales según se expresen dentro de las organizaciones, o entre diferentes organizaciones, de alguna forma determinan los mecanismos del mercado o de las jerarquías a usar. El mercado es una construcción social que operacionaliza relaciones sociales.

Además, hay que considerar que las relaciones sociales se manifiestan en forma diferente dentro de las organizaciones que entre las organizaciones y su ocurrencia es un punto importante para considerar al momento de elegir entre mecanismos de mercado o de jerarquías. Las relaciones de competencia como base del desarrollo destruyen la armonía y solidaridad en el género humano, mientras que las relaciones de cooperación motivada por un servicio, constituye un acto de moralidad elevada. Los manipuladores pueden tener la expectativa de que otros cooperan, dándose el problema del “gorrón”, pero las ilusiones acerca de los bajos costos de cooperación pueden prevalecer. El capital social resuelve este problema del gorrón, mediante la implantación de estrategias de sociabilidad que fortalecen los lazos de confianza, cooperación y generosidad entre las partes. El capital social es una forma de reducir los costos de transacción mediante el involucramiento de las relaciones económicas en las relaciones sociales.

La competencia es un mecanismo de motivación impulsado por el sistema imperial y más concretamente por los Estados imperiales rivales, bajo el argumento de que la naturaleza humana así sometida es empujada al progreso de la humanidad. Al decir de Patras (2001d) la competencia “en términos capitalistas está mediatizada, influenciada y dirigida por los Estados”. Esta es una posibilidad para ejercitar una moral en el ámbito global o planetario, como ya sucede en el ámbito de la responsabilidad por el medio ambiente.

La nueva relación social que se globaliza es la que articula la propiedad privada de los medios de la producción como la regla que da certeza al funcionamiento del mecanismo del mercado.. La “macro dictadura total” del neoliberalismo, como sostiene el obispo de Sao Felix do Araguaia, Brasil, que se impone como pensamiento único con sus “teólogos del diablo” y su posmodernidad narcisista (Fazio, 2000)

Esta única ideología es la ideología fundamentalista de libre mercado global, según la cual los mecanismos distributivos de los mercados competitivos producen mejores resultados que otras instituciones. Esta retórica basada en la doctrina del libre mercado ha sido promovida por los ideólogos de la derecha y asimilada y repetida por los de la izquierda. La derecha ha aprovechado las circunstancias para promover aquellas funciones del Estado orientadas por una política económica en beneficio de las grandes corporaciones transnacionales. Así el neoliberalismo predica la libertad y la igualdad de oportunidades, pero la realidad es otra. No todos tienen las mismas oportunidades de acceso a los recursos y quienes tienen menos se hunden. La competitividad neoliberal excluye a las personas del desarrollo, las vuelve prescindibles, desechables.

A pesar de esta aserción, esta ideología hegemónica del libre mercado es la antítesis de los principios de la democracia política, en los mismos términos en que lo explica Shorris (1994): “La democracia política es una relación entre los seres humanos que se controlan a sí mismos. La democracia del mercado es una competencia en la cual las gentes tratan de controlarse unos a otros…esta es una impropiedad, por el control de un ser humano por otro, sin importar que tan sutil sean los medios, no es democracia”. Así, la falta de convergencia entre democracia y mercado hace que la democracia se subordine al mercado. Es más realista el enfoque del conflicto entre la democracia y el mercado. La democracia actual es por tanto una democracia del mercado, y se corresponden al modelo de Schumpeter de democracia.

Así, los principios de la lógica que impone el capitalismo transnacional de libre mercado resultan ser totalmente incompatibles con los principios y fines de la democracia. Tanto es así que a medida que avanzan los procesos de globalización, se acrecientan las tensiones sociales que amenazan con perturbar las prácticas democráticas. Si por democracia debe entenderse “el gobierno del pueblo”, la participación de los individuos en las decisiones que les afectan es casi nula, por lo que el concepto de democracia en la lógica del capitalismo transnacional resulta inoperante. El concepto de democracia es universalista, pero los conceptos clásicos de la democracia han sido nuevamente elaborados para apoyar y mantener el status quo del sistema capitalista.

La democracia es entendida como el mecanismo de control que permite la gobernabilidad estable para los mercados internacionales. La democracia ofrece métodos e instrumentos para la resolución de conflictos y la negociación de intereses, mediante el establecimiento de reglas y mecanismos de establecimiento de reglas, confrontación de opiniones y mantenimiento de los equilibrios. Como sistema de gobierno, la democracia establece un conjunto de métodos y procedimientos justos los cuales no necesariamente arrojan los mejores resultados para la gobernabilidad, ni los más justos para la sociedad. El concepto tradicional de democracia ha sido nuevamente elaborado a fin de apoyar y mantener el status quo del sistema capitalista.

Sin embargo, el requisito para un desarrollo efectivo es la ciudadanía real, y por tal entendemos una ciudadanía en sentido amplio que comprende tanto los derechos políticos, económicos y sociales. La ciudadanía se adquiere cuando se defienden los derechos tal como lo hicieron la clase burguesa y media anteriormente y más recientemente los pobres. La ciudadanización de la política construye un discurso alterno al del Estado hegemónico que pretende acotar al mismo poder político vigilando su comportamiento y que coadyuven en sus tareas y legitimen sus acciones, con pretensiones de que asuman directamente funciones del mismo gobierno.

La expansión de una ciudadanía efectiva es una de las promesas de la globalización, la cual implica la reducción de las condiciones de desigualdad y pobreza prevalecientes. Igualmente, se requiere vincular la desigualdad y pobreza con las formas democráticas Estos constituyen los retos principales que enfrenta el mundo en el siglo XXI, y el mayor de los problemas a que se enfrenta el mundo al inicio de este milenio.

Sin embargo, esta promesa de la globalización puede reconstruirse desde abajo, a lo que Portes (1997, 1999), Sassen (1999) describen como “globalización desde abajo”. Esta forma de globalización es un proceso a través del cual los ciudadanos toman ventaja del desarrollo de las telecomunicaciones y el transporte, para integrar y fomentar la acción colectiva de nuevos grupos y movimientos sociales que contrarrestan el poder económico y político de las grandes corporaciones transnacionales y que además mantienen verdaderamente objetivos democráticos.

El pobre confrontó al rico con un problema de acción colectiva: cómo crear arreglos colectivos para controlar los efectos externos de la pobreza, al mismo tiempo que prevenir que otro ricos obtengan ganancias de sus acciones sin contribuir (De Swaan Abram, 1997). Las estrategias de competitividad sistémica que requieren los procesos de la globalización entre las personas involucradas, están determinadas por los beneficios que reciben de la acción colectiva los participantes, quienes en ocasiones en un comportamiento del clásico “gorrón” causan más problemas cuando se aprovechan para sacar ventajas de su poca o nula contribución al esfuerzo sin los pagos correspondientes de la cooperación.

El capital social resuelve este problema del gorrón, mediante la implantación de estrategias de sociabilidad que fortalecen los lazos de confianza, cooperación y generosidad entre las partes. Lo colectivo tiene como complemento necesario la autonomía personal y lo individual, de tal forma que al mismo tiempo que se reconocen derechos y obligaciones, también se parte de la comunidad. El vínculo social de lo colectivo persiste en proyectos comunes a pesar de que la visión de la colectividad sea débil.

De hecho, los procesos de globalización y modernización no eliminan la capacidad de acción colectiva para oponerse al poder, reivindicar derechos humanos, políticos, cívicos, sociales, etc., por lo que las condiciones de inestabilidad e incertidumbre se incrementan. En los países en vías de desarrollo, la acción colectiva plantea toda una problemática para lograr avances institucionales y organizacionales. Las estrategias de competitividad sistémica que requieren los procesos de la globalización entre las personas involucradas, están determinadas por los beneficios que reciben de la acción colectiva los participantes, quienes en ocasiones en un comportamiento del clásico “gorrón” causan más problemas cuando se aprovechan para sacar ventajas de su poca o nula contribución al esfuerzo sin los pagos correspondientes de la cooperación. El dilema de la acción colectiva característicamente emerge en un nivel transaccional cuando los agentes son independientes, están conscientes de su interdependencia y no existen agencias que puedan coordinar las acciones de los agentes involucrados.

Los movimientos sociales intensifican la tendencia descentralizadora de los Estado-nación, considerados como los actores centrales en la organización internacional. Los movimientos sociales y políticos nacionalistas son capaces de confrontar a las organizaciones financieras internacionales y las grandes corporaciones transnacionales, al igual que los gobiernos nacionales, mediante acciones de movilización ideológica y política de las masas y comprometidos con la lucha de clases en los Estado-nación. Por eso, la globalización pretende impedir el desarrollo de los movimientos sociales.

En los próximos años se avisoran un incremento de movimientos sociales nuevos con acciones de resistencia y oposición a los efectos de los procesos de globalización, lo que afirma la sentencia de Thoreau en el sentido de que todos los hombres reconocen el derecho a la revolución, como el derecho a rechazar la obediencia, lealtad y a resistir a un gobierno cuando su tiranía e ineficiencia son insoportables. Evans (1998) denomina la “globalización desde abajo” aquélla que permite a los ciudadanos, sobretodo a los de los países pobres, construir vidas que de otra forma no serían posibles en el marco de los bordes establecidos por los tradicionales Estados-nación.

Estas organizaciones comunitarias transnacionales son oponentes al poder que ejercen las elites beneficiarias de los procesos de globalización mediante acciones reivindicatorias que concentran mayor poder en los gobiernos locales. Las redes de poder atrapan a los ciudadanos y los somete a la lógica de una esfera de influencias y competencias con altos costos para quienes optan por alternativas diferentes que implican la negación de las telarañas de poder. Los gobiernos locales tienen que jugar un papel protagónico como agente del desarrollo económico. La tradición ideológica de las elites viejas como estrategia de los grupos de nivel socioeconómico alto, se orienta a limitar la modernización económica al mismo tiempo que fortalece los valores tradicionales de socialización centrada en la familia y en la escuela (Germani, 1966).

La estrategia de modernización neoliberal se ha absolutizado bajo un dogma ortodoxo que no distingue diferencias de desarrollo entre los Estados nacionales. La modernización neoliberal separa a la subjetividad, la considera un proceso autónomo e inconexo que genera tensiones cuando de acuerdo con Lechner (2000), ambos fenómenos son complementarios y es necesario relacionarlos, ya sea en forma espontánea conforme a la apuesta del liberalismo decimonónico o establecida por el Estado conforme al modelo socialdemócrata. La subjetividad es refugio o resistencia contra el modelo de pensamiento único hegemónico (Bourdieu, 1998).

Lamentablemente, el nivel de severidad de la pobreza se ha incrementado en términos absolutos y relativos en las últimas dos décadas del siglo XX, durante los cuales cantidades sustanciales en ayuda internacional se han ido a los países más endeudados. No obstante, esta ayuda financiera discrimina porque se otorga solamente a aquellos países que cumplen con la condición de la cláusula de democratización.

La globalización ha sido propuesta como un a política para la reducción de la pobreza bajo el principio de que la apertura de los mercados elevan los ingresos per cápita, aunque los efectos parecen evidenciar lo contrario, es decir, una profundización de la pobreza. Sin embargo, tampoco existe evidencia que la acelerada integración de los mercados mundiales incremente la suma de la miseria humana, y quienes esto sostienen, argumentan que se deben a otros factores. La naturaleza de la integración de la regional en la economía capitalista global ha reforzado las formas extremas de desigualdad e injusticia ampliamente esparcidas que prevalecen en esta parte del mundo.

Un análisis crítico de los efectos del capitalismo revela que ha creado extremas desigualdades en la región así como en el mundo entero. Las manifestaciones de este avance del capitalismo emergente se enmarcan en la paradoja consistente en que mientras se centra en función de los mecanismos autorreguladores del mercado, por otro lado desencadena reacciones en contrario para contrarrestar y compensar los efectos de los mecanismos perversos del mercado.

La ideología de la globalización no es neutral, porque es la respuesta económico-política a los intereses de los poderes hegemónicos desde la caída del muro de Berlín. El cual, para muchos analistas, junto con la caída de la Unión Soviética, marcan el inicio de un nuevo ciclo histórico cuya característica principal es la globalización. La desaparición de la Unión Soviética significó el triunfo del Estado imperialista y el inicio del desmantelamiento del Estado de Bienestar.

La mayor parte del mundo ha sido atrapada entre las garras de una ideología hegemónica del libre mercado pregonada por la globalización, con graves consecuencias para la democracia, la continuidad colonial de la explotación y deterioro de los recursos físicos. La herencia colonial ha marcado las estructuras económicas, políticas, sociales y culturales de los pueblos colonizados. Estos problemas incluyen un pronunciado grado de explotación económica, desigualdad social y económica, injusticia social y política que ha caracterizado a la región desde los tiempos en que los indígenas pobladores de estas tierras fueron subyugados por la fuerza a la dominación colonial europea en el siglo XVI. El cuadro general es uno de un muy pequeño grupo de dueños de la tierra quienes poseen grandes extensiones de tierra.

El fin de la guerra fría acelera los procesos de globalización que comenzaron en su versión contemporánea en los mediados de los setenta. Este fin de la guerra fría marcó el triunfo de los Estados imperialistas sobre la Unión Soviética, lo que significó el inicio del desmantelamiento del modelo de Estado de Bienestar. Desde la segunda mitad de la década de los setenta, el mando se transfiere del Estado al mercado mediante programas de desregulación, lo cual cambia a regulación por el mercado. Los procesos de globalización en sus formas actuales se desarrollan a partir de que termina la guerra fría.

El período de la guerra fría se caracterizó por una distribución bipolar del poder, y su finalización marca la profundización de los procesos de la globalización, marcado por el rompimiento del contrato social existente. Desde el fin de la “Guerra Fría”, el evangelio del libre mercado es llevado a todos los rincones del globo, en el nombre de los poderes hegemónicos, Estados Unidos y otros países industrialmente avanzados, a pesar de que “la cultura de la política económica internacional en la democracia más poderosa del mundo no es democrática”, como afirma Stiglitz. Esta retórica basada en la doctrina del libre mercado ha sido promovida por los ideólogos de la derecha y asimilada y repetida por los de la izquierda. La derecha ha tomado ventaja de la promoción de las funciones del Estado orientadas por una política económica en beneficio de los intereses de los grandes capitales transnacionales.

Así, la globalización es una respuesta a un desajuste estructural producto de la terminación de la guerra fría y la desaparición de un mundo bipolar. Los análisis del ajuste estructural se refieren al cálculo económico de las expectativas y no consideran la apreciación a la dimensión subjetiva.

Estas políticas de ajuste estructural neoliberal han involucrado completamente la apertura de los mercados domésticos de los países latinoamericanos al capital transnacional, la promoción de las llamadas exportaciones no tradicionales a fin de ganar divisas extranjeras tanto como sea posible para pagar las deudas, y la desregulación del capital local y los mercados comerciales, que han involucrado las impopulares medidas de austeridad fiscal dirigidas a reducir los servicios públicos y a privatizar muchas de los servicios públicos y empresas públicas, de tal forma que los fondos públicos estén destinados al pago de las deudas.

La privatización de los beneficios, riesgos y responsabilidades de los servicios públicos, también enajena las aspiraciones sociales, las cuales se cancelan si la subjetividad es excluida del orden social. Las crueles medidas de austeridad han sido adoptadas por la mayor parte de los gobiernos de la región a fin de reducir sus gastos en educación, salud y otros servicios sociales de tal forma que pueden servir a la combinación de deudas de los sectores privados y públicos de los diferentes países.

Estas políticas han disminuido la tasa de crecimiento económico en general y han traído una drástica reducción de los servicios del gobierno así como en el empleo público. Esto ha resultado en una venta total desnacionalizadora de los más grandes beneficios y empresas públicas de estos países y abolido las tarifas protectoras y otras formas de apoyo que previamente tenían las empresas locales.

El ajuste estructural propuesto se relaciona con cambio y un nuevo diseño institucional que modifica la estructura de governance, dando lugar a la emergencia de una “sociedad multi-céntrica, de acuerdo a Luhman (1982), la cual a su vez contribuye a modificar la gobernability o gobernabilidad en su concepto más amplio. Los conceptos de governance y gobernabilidad, aunque hacen referencia a fenómenos sociopolíticos que son diferentes, sin embargo, son interdependientes y operacionalizables en las estructuras institucionales de los sistemas económicos, políticos y sociales.

Los cambios en la estructura de governance alteran la ingeniería institucional de la gobernabilidad. Las instituciones se interpretan como estructuras de incentivos para la acción política Así entendida, de acuerdo a Cruz (2001), la governance, constituye “el conjunto de instituciones (patrones, estructuras y reglas de juego) que condicionan y posibilitan la acción política y social, en esa medida se está reconociendo su papel como determinante de capacidades individuales, colectivas y sociales para la toma y aplicación de decisiones políticas y de política pública bajo contextos democráticos”.

La explicación de la acción política en un contexto institucional es diferente de explicar el cambio institucional en períodos largos de tiempo. Puede argumentarse que los cambios institucionales en los sistemas políticos democráticos están congelados mientras que las condiciones contextuales son relativamente estables. En el último caso, la historia y la cultura política, entendida como los supuestos básicos del mundo de la política, las cuales restringen el rango de alternativas disponibles, tienen que ser sistemáticamente integradas como factores, los cuales entre otros, dan forma a la manera en que los actores políticos perciben las situaciones de elección (Kaiser, 1997). Las condiciones sociales, económicas, tradiciones culturales o eventos impredecibles importan pero no influyen en forma mecánica en la acción política.

Por otro lado, el fin de la guerra fría mostró las limitaciones predictivas de las ciencias sociales y de las políticas, así como también causó un vació que dislocó los fundamentos sobre los que se había construido las relaciones internacionales en el periodo de la posguerra sobre la base de una simple bipolaridad (Reich, 1998). El principal sujeto y actor de estas relaciones internacionales es el Estado-nación en cuyo espacio se establecen las instituciones que ordenan la vida económica, política, social, cultural, jurídica, etc. Es en el espacio nacional delimitado por las fronteras territoriales físicas y geográficas donde ocurren estos fenómenos.

El espacio nacional determina las unidades de espacio soberano. En el espacio del Estado-nación ocurren los fenómenos geopolíticos y a partir de avanzar hacia niveles espaciales superiores, como los internacionales y global es que adquieren relevancia los fenómenos geopolíticos. Sin la existencia del ámbito espacial territorial nacional, difícilmente ocurrirían los fenómenos de la globalización. En el espacio nacional, las grandes empresas transnacionales y multinacionales ejercen el predominio de una economía de mercado que luego supedita al espacio nacional.

Con el fin de la guerra fría disminuyeron las presiones hegemónicas globales, pero se da lugar a las presiones hegemónicas regionales. Para establecer le ideología del libre mercado nacional e internacionalmente, se requiere de una intervención estatal fuerte para desregular las economías nacionales, desmantelar las instituciones de regulación económica tradicionales y liberalizar el comercio exterior y el capital. Sobre las ruinas de las instituciones del desarrollo nacional de la posguerra se construyeron las nuevas instituciones de la globalidad económica.

Los Estadounidenses han empujado el modelo económico de la globalización capitalista alrededor del mundo en un intento megalomaniaco para hacer que el resto del mundo adopte sus instituciones y sus normas económicas en forma arrogante y de superioridad moral al grado que se ha convertido en maliciosa (Johnson, 1990). Cuando las corporaciones estadounidenses logran saturar su mercado, o este se encuentra en declinación con respecto a sus productos específicos, se orientan hacia los mercados internacionales para sostener el crecimiento mediante sus incrementos en utilidades.

Las normas sociales y organizacionales que promueve la economía neoliberal tienen la orientación de una nueva moralidad. Hay, por tanto, malicia en las políticas que promueven el libre mercado. Mientras que la moral tradicional parece declinar con el surgimiento de las grandes corporaciones para ser reemplazado por un nuevo sistema moral basado en una gobernabilidad mutua, la cual se realiza entre las asociaciones de grandes competidores de un mercado civil en crecimiento.

Una nueva época quedó delimitada a partir de 1989 con la implosión de del sistema socialista soviético y el auge de una nueva concepción más centrada en la mera subjetividad de la vida y del mundo denominada posmodernidad. La subjetividad es refugio o resistencia contra el modelo de pensamiento único hegemónico (Bourdieu, 1998).

La lógica del sistema hegemónico es inversa al protagonismo de lo colectivo, dando mayor énfasis a las políticas y estrategias individuales. La caída del muro de Berlín representa los cambios de un viejo paradigma a uno nuevo. La ausencia de una ideología alternativa al capitalismo globalizador desde el colapso del comunismo en 1989, estrecha los vínculos entre la ideología del libre mercado y la democracia liberal, entre la política económica neoliberal y la democracia liberal en un proceso de ownership o corresponsabilidad y legitima el sistema político resultante.

El establecimiento de esta democracia liberal requiere de instituciones y actores fuertes que acepten las reglas del juego del liberalismo económico y político. La diferencia entre socialdemocracia y liberalismo es que éste quiere la menor intervención política posible (dejando a la regulación del mercado la tarea de poner orden) y la socialdemocracia tiende a regular la mayor cantidad posible de aspectos de la vida humana. En este tira y afloja estamos entre unos regímenes y otros y entre unos períodos históricos y otros. Un liberalismo absoluto en el que el Estado solamente se ocupe del ejército y la policía no es hoy ya sostenible.

La sociedad moderna es demasiado complicada para carecer de reglas de juego. Esta sociedad moderna se organiza en torno al Estado-nación asentado en un territorio en donde se realizan las diferentes interacciones, entre las décadas de los 30 y los 70 del siglo pasado. Por otra parte estamos viendo desaparecer la regulación colectiva de muchas funciones que hasta no hace mucho considerábamos comunes: las compañías telefónicas, el correo, los ferrocarrilles, etc. El neoliberalismo es una versión nueva del liberalismo económico el cual además tienen aplicación en la economía internacional y no solamente dentro de las fronteras nacionales. Sin embargo, actualmente el las funciones del Estado en la economía internacional son esenciales.

Sin embargo, hay que considerar que el fracaso del comunismo en su versión marxista leninista, es también una representación más del derrumbe del liberalismo. No existe una democracia sin mercado, aunque si existen mercados sin democracias. Pero todavía la política económica internacional que sustenta la globalización no es democrática. La reducción del dominio público a favor de un mercado que en principio es desigual, resulta ser antidemocrático.

La corresponsabilidad es entendida como un “sentimiento de identificación o asimilación de una sociedad con determinadas reformas o cambios en la economía o la organización social”, cuyo componente esencial es el diseño y la construcción de “mecanismos de resolución de conflictos en una sociedad carente de una larga tradición democrática, y la consiguiente capacidad de fraguar consensos” según Castañeda (1999). Hasta ahora, no se sabe de algún modelo o proyecto económico-político que sea viable y que rebase la ideología del libre mercado, pero que seguramente dará motivo para que los pensadores diseñen uno más viable con la sociedad que se desea construir. La política deber dar resolución a los conflictos sociales que generan la economía centrada en el libre mercado.

La ciencia posmoderna proporciona las bases metodológicas y de contenido para un proyecto económico-político. Este proyecto concibe “la trasgresión de las fronteras, el derrumbamiento de las barreras, la democratización radical de todos los aspectos de la vida social, económica y política” (Sokal y Bricmont, 1999) En el posmodernismo no existen fronteras ni alternativas para el futuro, sino una reiteración de lo mismo a través del empleo de las tecnologías.

La lógica cultural del capitalismo tardío es el posmodernismo donde el espacio se interpreta como un símbolo y una realidad privilegiada. La posmodernidad de la cultura política se caracteriza por una fragmentación de valores compartidos por las colectividades y el distanciamiento de los ciudadanos a las instituciones, marcado por una creciente desconfianza que provoca crisis de las democracias institucionalizadas. En este tipo de democracia, el ciudadano se adapta con una participación limitada por los entramados de las redes del poder para formular y exigir el cumplimiento de las demandas. De acuerdo con estos autores, las fuentes de un posmodernismo que se mueve hacia la izquierda política son: el descontento con la izquierda ortodoxa, su desorientación y la ciencia como un blanco fácil. La izquierda ha asimilado y repetido hasta la saciedad la retórica de la doctrina del libre mercado y a denunciar el desmantelamiento de las funciones del libre mercado.

Sin embargo, entre sus efectos negativos se mencionan la pérdida de tiempo en las ciencias humanas, una confusión cultural oscurantista y el debilitamiento de la izquierda política. Las tendencias derechistas del posmodernismo se expresan con planteamientos tecnocientíficos conservadores de filósofos del stablishment que limitan las alternativas de acción política para superar la etapa de desarrollo de la humanidad, como en el fin de la historia de Fukuyama.

Las condiciones sociales, económicas, tradiciones culturales o eventos impredecibles importan pero no influyen en forma mecánica en la acción política. De acuerdo con Kaiser (1997), la hipótesis del conservadurismo institucional sostiene que las reformas constitucionales en las democracias son relativamente poco comunes, no debido a factores institucionales sino al cálculo de los actores políticos, solamente cuando una gran crisis ocurre, ya sea por un abrupto cambio de factores contextuales o a través de un deterioro dramático de la satisfacción de la política pública, es una ventana de oportunidad abierta para la persecución de planes de reformas. Mientras que el conservadurismo institucional y las propuestas dependentistas institucionales nos conducen a esperar que la evolución de los sistema políticos democráticos exhiben diferentes patrones, la propuesta de aprendizaje institucional apunta a la convergencia.

El aprendizaje institucional es una solución racional de la dificultad de predecir los efectos futuros de la reforma. La propuesta de aprendizaje institucional sostiene que los actores políticos que quieren cambiar aspectos de sus sistema son influidos por un grado considerable ya sea por el sistema político al cual están cultural o geográficamente más próximos , o cuando hay un acuerdo para un cambio fundamental por modelos que son considerados ser historias de éxito excepcional.

Al respecto, Wallerstein (1997) sentencia: “Mi propia lectura de los pasados 500 años me lleva a dudar que nuestro propio sistema mundo moderno sea una instancia de progreso moral sustancial, y a creer que es más probablemente una instancia de regresión moral.” Este sistema mundo no ha sobrevivido de la crisis moral que marca el final del milenio. El sistema mundo capitalista funciona y evoluciona en función de los factores económicos.

La comprensión occidental de globalización, mercado y desarrollo, una comprensión circular de globalización está alineada con los intereses de los capitales globales y de las instituciones financieras internacionales a quienes las teorías organizacionales atienden y por quienes hablan, a pesar de sus políticas ambivalentes cuestionadas por su impacto a largo plazo. Las instituciones financieras internacionales fortalecen a los Estados imperialistas adoptando una actitud arrogante, voluble y antidemocrática que un día elogia y otro regaña por los logros alcanzados por los países menos desarrollados, lo cual implica que la democracia no es una disciplina racional.

Las instituciones financieras internacionales imponen a los Estados-nación principios para el manejo de su política económica basado en el fundamentalismo del libre mercado, los cuales son aplicados en los países deudores con consecuencias negativas, mientras que los países desarrollados evaden su aplicación. Estas instituciones son en realidad extensiones de los Estados imperialistas de cuyo poder deriva, más que de organizaciones supranacionales.

El poder internacional tiene su origen en los Estados imperialistas que ejercen su poder e influencia en las decisiones de las instituciones financieras, para designar a los principales funcionarios y para financiar sus operaciones, por lo que se convierten en instrumento para la formulación e implementación de políticas que favorecen sus intereses y los intereses de las grandes corporaciones multinacionales que tienen su principal matriz localizada en estos Estados imperialistas con quienes operan en sinergia.

La creación de directorios financieros que establecen las estrategias y políticas bajo las cuales operan los administradores es un ejemplo de las nuevas formas de organización orientadas a la obtención de una maximización de la rentabilidad del capital en el más corto plazo. Las investigaciones de las acciones estratégicas, preferencias y actitudes de los actores de la transición política se centran más en la elección racional que en una dimensión más subjetiva. Sin embargo, para controlar los movimientos de capitales volátiles que al buscar maximizar sus utilidades, destruyen las economías, se hace necesario un rediseño institucional a la arquitectura financiera que reduzca la irracionalidad, complejidad e incertidumbre. De acuerdo a Kaiser (1997), el argumento convencional contra el acercamiento es que los diseños institucionales no están realmente diseñados en el sentido que hay una relación directa entre las intenciones de los actores políticos y los resultados institucionales, pero son más o menos el resultado de la evolución histórica.

El control de los movimientos de capitales por los Estados imperialistas a las economías emergentes, muchas de las veces se orientan a desestabilizar los regímenes nacionalistas. La expansión del capital con vocación global rompe las fronteras de los Estados-nación que se oponen a su paso. De hecho, los procesos de globalización estimulados por la expansión mundial y el desarrollo del capitalismo ha favorecido consistentemente solo una proporción limitada de la población mientras que la mayoría tiene que sufrir los efectos adversos de este proceso. La expansión del capitalismo se realiza a través de la organización de la sociedad, el modo de producción y el poder político en los espacios coloniales. La herencia colonial ha marcado las estructuras económicas, políticas, sociales y culturales de los pueblos colonizados.

Clinton ha afirmado que cada nación es como una gran corporación que compite en el mercado global. Esta es la dimensión económica de la globalización. Desde ésta dimensión, la integración económica es sólo un paso en la globalización y mundialización. Los denominados procesos profundos de integración económica tienen como agenda la revisión de las políticas internas de los Estados-nación, fuente principal de las restricciones principales existentes al libre comercio. Es en este sentido que el Estado requiere de un gobierno que esté acotado por las restricciones institucionales para realizar sus funciones con más eficacia.

El Estado diseña e implementa sus políticas en un ambiente complejo e incierto de restricciones políticas, económicas, sociales y culturales, las cuales determinan sus niveles de desempeño. Así, el conjunto de restricciones institucionales determina de alguna manera los niveles de desempeño institucional. Este a su vez es otro paso de la hiper mundialización, la que según Laïdi (2000), es una realidad más inquietante, en donde los Estados, las fronteras, los sistemas sociales o los sistemas educativos y las identidades políticas no tienen ya más sentido a escala nacional. Los sistemas sociales abiertos tienen una supervivencia muy frágil y por lo tanto se expresan como la carencia política para pensar en esta nueva edad de la humanidad. Las identidades fuertes permiten la expresión de intereses que son comunes en las diferentes instancias espaciales territoriales nacionales e internacionales.

Las teorías organizacionales post colonialistas dan la oportunidad para analizar las voces teoréticas de los fenómenos de la globalización en forma circular, reflexiva y crítica para argumentar conceptualizaciones positivas y nuevas formas representacionales de los estudios organizacionales (Calás y Smircich, 1999). El postcolonialismo se junta con la globalización para servir de fundamento a los movimientos teóricos y prácticos en contra de las instituciones internacionales que promueven la profundización de los procesos económicos globales. La herencia colonial ha marcado las estructuras económicas, políticas, sociales y culturales de los pueblos colonizados.

La economía política comparativa ofrece diferentes análisis de desarrollos en la economía política global. Los problemas del desarrollo son multifacéticos y complejos. Algunos de los desacuerdos sobre el desarrollo en el presente estado de globalización, son el diagnóstico sobre el desarrollo desigual, la sobre evaluación de los méritos y deméritos de los caminos del desarrollo en las últimas décadas, y sobre las direcciones prescriptivas de las decisiones de políticas.

En este sentido, la expansión del capitalismo globalizador hace pensar a la izquierda en términos de desarrollos desiguales y estrategias de resistencia cultural, política y económica. Thoreau ha dicho que todos los hombres reconocen el derecho a la revolución, como el derecho a rechazar la obediencia, lealtad y a resistir a un gobierno cuando su tiranía e ineficiencia son insoportables.

Los desacuerdos se centran en cuatro temas: la promoción de la integración máxima o selectiva, los niveles del desarrollo económico a perseguir, las estrategias de transferencias de recursos e inversiones guiados por la macroeconomía global o por otras formas de desarrollo alternativo, y la operación internacional de las corporaciones como el agente o actor principal del desarrollo, con los gobiernos, las organizaciones de la sociedad civil y las instituciones financieras internacionales (Goulet, 2000). Los acuerdos de inversión multilateral entre los estados siempre tienen la participación de las grandes empresas transnacionales. El concepto de economía global que hace referencia a una economía sin estados nacionales, en realidad exagera el papel autónomo de los capitales bajo el influjo de la ideología del libre mercado.

En realidad, ninguna disciplina científica por sí sola puede ofrecer soluciones al desarrollo y abarcar todo el campo de estudio. Los economistas políticos consideran que los economistas no separan las teorías y las técnicas usadas en el medio ambiente político en el que opera la economía. No existe posibilidad de un tipo de distinción positivo/normativo en el cual toda la teoría y las prescripciones de las políticas deben tener lugar en un marco de referencia institucional. La nueva economía política se orienta a la consecución del crecimiento económico y la gobernabilidad democrática

La economía política institucional proporciona las bases para la lógica de la gobernabilidad al considerar “las consecuencias de las formas institucionales alternativas en la conducta de los individuos y en los resultados de las decisiones colectivas, los mecanismos que posibilitan a las instituciones constreñir los comportamientos y la lógica de los procesos a través de los cuales cambian las instituciones (Weimer, 1995, 2) Los economistas deben tener conocimiento de esto cuando desarrollan sus teorías, aunque la Nueva Macroeconomía Clásica ignora los factores institucionales y encuentra apoyo en la teoría de la elección pública (Gilbert and Michie, 1997)

El análisis de la interacción de las estructuras e instituciones económicas y políticas - análisis estructural e institucional- constituye una importante línea de investigación para el desarrollo de los procesos de transición democrática de las sociedades. Una sociedad democrática es responsable para definir las funciones del mercado y la sociedad en materia de provisión de bienes y servicios privados y públicos, evitando las confusiones que se han dado entre Estado y sociedad, ciudadano y consumidor, etc.

En las relaciones entre el Estado y la sociedad se implican el ejercicio del poder a través de instituciones políticas en un territorio determinado, en donde existe una relativa autonomía del Estado en relación con otras causas de la vida social. La autonomía tiene razón de ser cuando los ciudadanos realizan ejercicios de evaluación y juicio acerca de las acciones de los gobiernos, quienes tienen responsabilidades para una correcta toma de decisiones de sus competencias ante las sociedades. La autonomía es una condición de los pueblos para ejercer su soberanía y para gozar de una independencia política.

El mercado funciona bajo condiciones de competencia, libertad de concurrencia y una demanda en continuo crecimiento. La función del mercado impone el trato a los individuos como consumidores más que como ciudadanos, con una desarticulada capacidad para ejercer sus derechos y con pocas posibilidades para la acción colectiva y desarrollo solidario e introduce una dinámica perversa de desarrollo social y crecimiento económico, convirtiendo a este último en un fin en sí mismo y limitado por la noción de la cuantitativa en términos del PIB per cápita y el consumo real promedio .

Las contradicciones en el desarrollo de las sociedades son los principales parámetros para evaluar los resultados del proyecto hegemónico. La lógica del sistema hegemónico es inversa al protagonismo de lo colectivo, dando mayor énfasis a las políticas y estrategias individuales. El desarrollo social debe estar apuntalado por programas de desarrollo humano que promuevan la formación de capital humano y social y faciliten las oportunidades de acceso al disfrute de los recursos y bienes públicos a efectos de elevar los niveles de calidad de vida y bienestar social. El nivel de existencia del capital social (Putnam solo acepta la existencia o no existencia) es determinante de oportunidades para una nación las cuales dependen de sus tradiciones históricas (path dependence). El desarrollo humano sustentable y el buen gobierno son conceptos inextricablemente inseparables. Elevar los niveles de calidad de vida y lograr una sociedad satisfecha y sin asimetrías pronunciadas, es viable con la instrumentación de mecanismos institucionales de gobernabilidad que promuevan la asignación de recursos y bienes sociales.

La función del mercado se fundamenta en el rational choice, o principio racional que busca la maximización de beneficios individuales por sobre la noción del bien común, lo que exacerba los derechos individuales por sobre los colectivos y afirma la tendencia al autoritarismo. Así, el ciudadano es reducido a una mera condición de consumidor. El mercado carece de la capacidad para integrar a la sociedad porque no tiene la noción de bien común, ni tampoco ofrece igualdad de oportunidades, debido a la perversidad y reduccionismo económico de su mecanismo. Una sociedad que es más desarrollada debe ser más humana, no cuando sus ciudadanos tienen más, sino cuando todos son habilitados con competencias y capacidades para ser más.

En la concepción neoliberal deja al mercado las decisiones en términos de oportunidades de los individuos, lo cual es fuente generadora de profundas desigualdades. Un análisis crítico de los efectos del capitalismo revela que ha creado extremas desigualdades en la región así como en el mundo entero. Bajo el concepto de una cultura de desigualdad (Calderón, 2000), el proyecto neliberal apela al mercado como el único, natural y eficaz distribuidor de las oportunidades de desarrollo de los individuos, es “reidificado y considerado reconstructor del orden soico-político y económico. De esta manera, subordina al Estado, a la sociedad e incluso al régimen de partidos y a la democracia misma”. El sistema democrático es por lo tanto un régimen político.

Obviamente que el ciudadano prefiere ser tratado como igual mientras que los consumidores o clientes son muy diferentes en sus patrones de consumo. Lamentablemente, la ciudadanía no ha comprendido que el concepto de cliente es con el que más se identifica y no como un ciudadano cuya participación social garantiza sus derechos. Estas confusiones han surgido sobretodo, a partir de la década de los ochenta en que las instituciones fuertes del Estado nacional popular se vienen aflojando a favor de un diseño institucional más acorde con los fenómenos de globalización y el libre mercado. Las consecuencias de estas políticas tienen relación con los efectos de la recesión de las economías de los ochentas y noventas. Las recesiones económicas son provocadas por la alta volatilidad de los mercados financieros y sus impactos son fuertes en el empobrecimiento de la población cuando las redes de seguridad son débiles.

Este diseño institucional, de acuerdo a Bonaglia, Braga de Macedo y Bussolo (2001) se establece a partir de las explicaciones teóricas de las relaciones causales entre los procesos de globalización y la gobernabilidad que identifica a la política comercial, la competencia por productores foráneos y la internacionalización de los inversionistas y la apertura con respecto a las diferencias en los costos y beneficios del diseño de las instituciones. Los autores concluyen que las economías más avanzadas tienen la tendencia a ser más abiertos al comercio internacional y a tener un más grande y mejor sector público, combinan correctamente el mercado y el Estado, de globalización y gobernabilidad. Los autores apoyan los efectos positivos en la globalización basados en un estudio cross-section, aunque se sabe que este tipo de análisis tiene serios problemas.

La eficiencia de los agentes económicos se vincula a la estructura institucional en la que operan por lo que se requiere el análisis de los diseños institucionales de los sietams políticos. Este nuevo diseño es comprendido bajo un modelo de Estado capitalista neoliberal, que algunos analistas insisten en llamar, quizás con un poco de exageración, el Estado virtual. El anterior diseño de Estado-nación capitalista sobrevivió como espacio geopolítico porque logró el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones sociales bajo un modo de producción capitalista, cediendo su lugar al espacio geoeconómico donde se organizó el mercado. El mercado es una construcción social que operacionaliza relaciones sociales. Este espacio nacional está delimitado por las fronteras geográficas y físicas que territorializan la ocurrencia de los fenómenos económicos, políticos, sociales y culturales. Así, estas características también determinan los espacios soberanos tomando en consideración las unidades de espacios nacionales.

A partir de la ocurrencia de los fenómenos geopolíticos en el espacio del Estado-nación es donde surgen los niveles espaciales internacionales y global que dan preponderancia a los fenómenos geoeconómicos. Es partir de la ocurrencia del ámbito espacial territorial nacional que pueden ocurrir los fenómenos de la globalización. Las grandes corporaciones transnacionales promueven el espacio de la economía del mercado por sobre el espacio del Estado-nación, al cual suplantan y supeditan.

Las corporaciones transnacionales se reparten los mercados internacionales con el apoyo de los Estados imperialistas para aumentar su poder e influencia. Este modelo de Estado refuerza sus actividades y funciones para seguir manteniendo el control en la economía y su presencia en la sociedad civil. Quienes tienen a su cargo la arquitectura de las nuevas instituciones globales, no pueden ignorar el desarrollo de normas para la creación de la regla del derecho y la justicia social de observancia mundial.

El debate sobre los problemas del desarrollo plantea la delimitación de los fundamentos de justicia social. De lo contrario, lo que se verá, será una creciente ola de descontento y de protesta popular por los imbalances que resultan entre los avances en materia de comercio y la regla de la ley y la justicia social. Luego resulta que las instituciones que fueron creadas para realizar ciertas funciones, son tomadas por actores distintos para que realicen funciones diferentes. Lo cierto es que las instituciones surgidas del Estado-nación, por ejemplo son débiles para confrontar los retos y riesgos que plantea la globalización económica. ”. Los inversionistas capitalistas toman en consideración los riesgos que tienen sus inversiones en los diferentes países para exigir bonos de utilidades que les garanticen el máximo retorno. Para Giddens (1999:36) los riesgos son “la dinámica movilizadora de una sociedad volcada en el cambio que quiere determinar su propio futuro en lugar de dejarlo a la religión, la tradición y los caprichos de la naturaleza.”

Este nuevo diseño del Estado-nación virtual, evolución superior del Estado exportador facilita la transferencia de satisfactores con una mayor orientación hacia la economía de los servicios mediante la intensificación los flujos internacionales de producción, distribución y consumo. El dinamismo exportador de este tipo de Estado se acompaña de una mayor segmentación productiva del aparato industrial en el que conviven empresas competitivas vinculadas a firmas transnacionales con pleno acceso al desarrollo tecnológico y a las fuentes internacionales de financiamiento. Ya que las empresas nacionales y locales carecen de los medios para competir en igualdad de términos con el capitalismo transnacional, tienen pocas posibilidades de elección que no sea otra que convertirse en los socios junior locales.

La estrategia de modernización económica seguida por la mayor parte de los países del mundo, sólo reporta beneficios derivados del manejo de grandes capitales y de los avances tecnológicos, para las grandes transnacionales. La tradición ideológica de las elites viejas como estrategia de los grupos de nivel socioeconómico alto, se orienta a limitar la modernización económica al mismo tiempo que fortalece los valores tradicionales de socialización centrada en la familia y en la escuela (Germani, 1966). La modernización institucional y política y el crecimiento económico centrado en el desarrollo tecnológico no necesariamente crean empleos. Esta estrategia de la globalización está dando por resultado una profundización de los niveles de pobreza mundial. Además, el logro de crecimiento económico no es garantía de un desarrollo democrático.

Estas empresas forman un enclave poco articulado con la estructura industrial interna, dejando al margen a aquéllas empresas que no tienen el acceso a la tecnología y al financiamiento. El progreso tecnológico está alcanzando niveles sin precedentes en los países altamente desarrollados, pero, sin embargo, los países menos desarrollados quedan excluidos de los beneficios. La denominada brecha digital no solamente es un fenómeno interterritorial sino también intraterritorial, la cual se amplía a medida que se incrementan las desigualdades a pesar de que aumentan las oportunidades.

Las estrategias de este nuevo Estado virtual se orientan más a mantener el control corporativo en un centro de gobernabilidad mientras que aprovecha las ventajas territoriales que le proporcionan los procesos de globalización concentrando su desarrollo en inversiones de capital intelectual, es decir, en capital humano, capital relacional y capital estructural. Las demandas que los diferentes agentes económicos y actores políticos y sociales formulan en forma incluyente al Estado, sobrecargan sus estructuras y procesos y lo convierten en un Estado ineficiente. Para el desarrollo y la acumulación tecnológica se requiere de capital intelectual, haciendo posible la generación de ventajas competitivas. Así en los países menos desarrollados no sólo la pobreza económica, sino también la pobreza intelectual se incrementa a tasas exponenciales, en donde la fuga de cerebros es un fenómeno normal.

La pobreza es un fenómeno multidimensional que implica estas variables económicas e intelectuales entre otras. No obstante, la abundancia de capital humano no garantiza el crecimiento económico y el desarrollo social. La pobreza no solamente es considerada en términos de bajos niveles de ingresos, sino también en términos de inseguridad y vulnerabilidad humana a los desastres. Si bien la pobreza alimenta la inseguridad, también es cierto que la inseguridad alienta la pobreza.

Para el estudio de los cambios en la economía global y sus consecuencias, de acuerdo con Appelbaum y Henderson (1995), se requiere un abordamiento conceptual y metodológico transdisciplinario que vayan más allá de las especializaciones intelectuales, tales como la economía de los negocios, la economía política, la sociología organizacional, la geografía económica, las relaciones internacionales y los estudios del desarrollo. Que, además, permita mantener una visión plural dimensional y analógica de la realidad, de una realidad que se está convirtiendo en hiper realidad que modifica nuestras interpretaciones fundamentadas en estructuras piramidales a estructuras de relaciones más planas. La geografía política y económica del espacio estatal está cediendo su lugar a la geografía política y económica en los ámbitos regionales y mundiales.

Este tipo de abordamiento conceptual y metodológico transdisciplinario se hace necesario por las limitaciones que los marcos teóricos existentes tienen, tales como la teoría de la economía neoclásica, la escuela de Frankfurt, la economía evolucionista y el denominado "realismo crítico". El abordaje de la problemática de las relaciones entre la globalización y la gobernabilidad permitirá evaluar los modelos económico-políticos, las realizaciones del libre mercado y la democratización de la sociedad. El avance de la democratización social requiere de procesos de transformación socialista. El término “gobernabilidad de la democracia” usado por Huntington, para delimitar esta problemática, en realidad está siendo muy atacado por una sobrecarga de demandas por una seguridad económica y una participación política que parecen ser poco realistas. En general, los ciudadanos participan poco o son indiferentes en los asuntos políticos, no se identifican con el juego de la política ni con políticos o partidos políticos a los que desdeñan y en ocasiones desprecian.

Así, un tipo de estructura de gobernabilidad neoinstitucional para la provisión de un servicio público que tiene lugar en empresas con una gobernabilidad de implementación que forman una industria del servicio público. La gobernabilidad óptima para la industria y para la política puede ser derivada por la maximización de las funciones objetivas que resultan en características estándar de gobernabilidad. La gobernabilidad de una organización se representa por una gráfica directa de posiciones conectadas por las relaciones entre principales y agentes. En esta estructura institucional, los principales delegan el poder del control a los agentes mediante esquemas de recompensas e incentivos óptimos que previenen conductas de rapacidad y de búsqueda de rentas individuales, problema que parece afectar a las economías más corruptas en los países en desarrollo.

Los procesos de representación de la gobernabilidad se manifiestan en jerarquías de la base hacia la cúspide con poder otorgado por los miembros mismos de la comunidad, mientras que la implementación de la gobernabilidad constituye jerarquías que parten de las cúspides hacia abajo con poder dado por una autoridad superior. La gobernabilidad interna de las organizaciones se manifiesta en jerarquías.

En una gobernabilidad de representación, los últimos principales son los miembros en los más bajos niveles de delegación (Ruys et al, 1999) La implementación de la gobernabilidad es un tipo de organización jerárquica de arriba hacia abajo y describe otros parámetros tales como el número de niveles organizacionales. La estructura de una organización con una gobernabilidad de implementación que proveen un servicio común está formada por la posición única en cada una de estas organizaciones de tal forma que otorga el poder a una autoridad máxima que se coloca en la cúspide de la jerarquía.

La dimensión política de la globalización apuntala su expansión en todas las regiones y países, promoviendo su democratización. Pero esta democratización no se apuntala en una transformación socialista. Sin embargo, los Estado-nación enfrentan el reto que representan las tendencias de la globalización de los mercados y el establecimiento del modelo económico de desarrollo neoliberal, para la obtención de resultados en los términos de crecimiento económico y desarrollo social sin que se sacrifique la estabilidad de las instituciones y la cohesión de la sociedad.

Las sociedades son más cohesivas y plurales a medida que se alejan de la gobernabilidad reluctante. La perdurabilidad de la democracia se define tanto en el ámbito interno de los gobiernos como en el campo de los opositores, desleales, disidentes o insurgentes. Las instituciones económicas, sociales y políticas determinan las interacciones sociales y políticas que influyen en la calidad del desarrollo social y humano. La gobernabilidad reluctante se caracteriza por la nula o poca presencia del Estado, por un control difuso territorial y por una diversidad de fuerzas que pretenden legitimar la autoridad.

Los teóricos han denominado a esto con el término “convergencia económica y social” definida por Ivanova (2000) como el “grado en el cual los desequilibrios en el bienestar económico de varios países o de varias regiones de una zona integrada son social y políticamente tolerables...estas disparidades no van a determinar ninguna acción por parte de los gobiernos nacionales que pudiera poner en peligro el buen funcionamiento de una unión.” Las disparidades se explican en términos del desarrollo desigual de las actividades industriales y comerciales.

Este planteamiento da origen a hacer cuestionamientos serios. En otras palabras, cómo lograr mejores niveles de bienestar social bajo un entorno de una economía que se fundamenta en la globalización de los mercados, cuando precisamente son las instituciones de bienestar social las que están limitadas para afrontar los grandes riesgos de la globalización económica, como por ejemplo, el incremento del desempleo y las crisis financieras recurrentes. Los inversionistas capitalistas toman en consideración los riesgos que tienen sus inversiones en los diferentes países para exigir bonos de utilidades que les garanticen el máximo retorno. Técnicamente, la función de bienestar social ha sido determinada. La suma del excedente del consumidor Marshallian de la demanda agregada, el excedente de la oferta agregada y los cambios en el ingreso del gobierno, es una medida exacta de bienestar social para algunas funciones de bienestar (Ju, 2000).