LAS NUEVAS FORMAS DE GOBERNABILIDAD TRANSNACIONAL EN EL ESCENARIO DE LA RACIONALIDAD ECONÓMICA DE LOS PROCESOS DE GLOBALIZACIÓN

LAS NUEVAS FORMAS DE GOBERNABILIDAD TRANSNACIONAL EN EL ESCENARIO DE LA RACIONALIDAD ECONÓMICA DE LOS PROCESOS DE GLOBALIZACIÓN

José Gpe. Vargas Hernández

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La emergente gobernabilidad transnacional.

El cambio económico conlleva al cambio político. Este componente político está orientado por la primacía que adquieren los fenómenos económicos por sobre los políticos, contrariamente al sistema tradicionalista en el cual las decisiones en materia económica siempre estaban determinadas por las políticas. Ahora, en el supuesto de que las políticas nacionales generen la diversidad capitalista, la globalización de los procesos económicos interactúan con los sistemas de gobernabilidad de las economías de los Estado-nación. Podemos señalar que el reto principal de la gobernabilidad encontrar el equilibrio correcto entre las políticas nacionales y las aspiraciones globales de una ciudadanía extensiva que busca el acceso al poder.

La tendencia nuestra que el poder se está modificando para pasar de los tomadores de decisiones elegidos a los tomadores de decisiones que son electores en donde los poderes público y privado compiten en un modelo de “desorden durable” (Cerny, 1998). Los tomadores de decisiones que están involucrados en programas de reestructuración en gran escala de los diferentes sectores económicos que son sensibles a la política, tienen pocas alternativas para la implementación de sus programas.

Las fuerzas geoeconómicas y geopolíticas prevalecientes en la actualidad están creando un nuevo orden mundial uniendo a los Estados-Naciones vecinos que habían estado separados por mucho tiempo. El nuevo orden económico mundial se centra en estrategias de desarrollo que buscan la modernización del Estado mediante la descentralización de funciones y la eliminación de la política social. La estrategia de modernización neoliberal se ha absolutizado bajo un dogma ortodoxo que no distingue diferencias de desarrollo entre los Estados nacionales.

La modernización neoliberal separa a la subjetividad, la considera un proceso autónomo e inconexo que genera tensiones cuando de acuerdo con Lechner (2000), ambos fenómenos son complementarios y es necesario relacionarlos, ya sea en forma espontánea conforme a la apuesta del liberalismo decimonónico o establecida por el Estado conforme al modelo socialdemócrata. La subjetividad es refugio o resistencia contra el modelo de pensamiento único hegemónico (Bourdieu, 1998). Este nuevo orden global impone su modelo para integrar a todos los Estados-nación del mundo bajo un pensamiento único guiado por las leyes del mercado, aunque todavía resulta ser una utopía la creación del Estado mundial.

No obstante, el surgimiento de un Estado global o mundial requiere de instituciones económicas, políticas, sociales, judiciales, etc. para dirimir los diferentes conflictos que surjan entre los diferentes grupos económicos corporativos transnacionales. Más bien parece que el mundo se fragmenta más que tienda a unificarse, como consecuencia de la aplicación de la realidad de ese pensamiento único.

Esta ideología del pensamiento único, que solo acepta una política económica única con base en los principios de la doctrina económica neoliberal y de libre mercado, es la única capaz de ordenar a la sociedad para alcanzar mayores niveles de bienestar humano. El imperio absoluto del mercado como la única forma de gobernabilidad congela el orden de cosas existente, descalifica y censura toda alternativa posible. Los ideólogos de la derecha han promovido la retórica del libre mercado, la cual ha sido asimilada y repetida también por la izquierda, la cual además se ha concentrado en la denuncia del desmantelamiento de las funciones del Estado. La sociedad local y regional como actor social que promueve el crecimiento económico y el desarrollo social adquiere relevancia.

El desarrollo social tiene que estar apuntalado en programas de desarrollo humano que promuevan la formación de capital humano y social y que faciliten las oportunidades de acceso a los bienes y recursos sociales, a efecto de elevar los niveles de calidad de vida y de bienestar de la sociedad. Las instituciones económicas, sociales y políticas determinan las interacciones sociales y políticas que influyen en la calidad del desarrollo humano y social.

Habrá que considerar aquí que el desarrollo de una sociedad que pretende ser más humana, no está en función de que sus ciudadanos tengan más, sino en de que tengan más posibilidades de adquirir competencias y habilidades para ser más. Para mejorar los niveles de calidad de vida de una sociedad, para alcanzar una sociedad satisfecha y sin asimetrías pronunciadas, se requiere de mecanismos institucionales de gobernabilidad que asignen en forma equitativa los recursos y bienes sociales.

Este nuevo orden mundial genera tensiones entre las posibilidades crecientes que tienen las sociedades de participar en los beneficios y la creciente desigualdad estructural mundial de las sociedades que no pueden tener el acceso adecuado a los procesos de globalización. El nuevo orden económico mundial se centra en estrategias de desarrollo orientadas a la modernización del Estado mediante la descentralización de sus funciones y la eliminación de su política social.

Las investigaciones de las acciones estratégicas, preferencias y actitudes de los actores de la transición política se centran más en la elección racional que en una dimensión más subjetiva. Efectivamente, los procesos de descentralización impulsados por el sistema capitalista son inherentes a su propio desarrollo en las circunstancias actuales de trasnacionalización de la economía y los mercados en donde el Estado nación, que una vez fue funcional para su expansionismo, ahora es el principal estorbo.

Por otro lado, las divisiones geoeconómicas y geopolíticas del globo, complican los procesos de globalización y ponen en competencia a los Estados-naciones para conseguir los mejores beneficios, como por ejemplo, la instalación de plantas industriales y empresas multinacionales y transnacionales en sus territorios. Al decir de Patras (2001d) la competencia “en términos capitalistas está mediatizada, influenciada y dirigida por los Estados”. Las empresas multinacionales son empresas glocalizadoras que buscan replicar sus productos en bases regionales. Las empresas globalizadoras que tienen una estrategia de división del trabajo intrafirma en el ámbito mundial, son denominadas empresas transnacionales (Reich, 1998).

De forma aparente, se ha vuelto un fenómeno inherentemente más complejo el manejo de las interdependencias entre las naciones que simplemente manejar las actividades de una sola nación en donde los regímenes de gobernabilidad económica también varían en las diferentes regionales subnacionales dando como resultado algunas reacciones en la definición de las identidades locales frente a los procesos de globalización. La expresión de los intereses comunes de los individuos se expresan en su identidad a través de medios espaciales locales, nacionales, regionales e internacionales.

Las identidades nacionales entran en crisis, debilitadas desde arriba por estructuras transnacionales que imponen valores, símbolos, etc., y desde abajo por la irrupción de expresiones localistas. Así, progresivamente se separan los aspectos políticos, sociales y culturales del sistema económico y definen las identidades colectivas de los pueblos. Los procesos de la individualización enfatizan la presencia del individuo por sobre lo colectivo, escindiendo en forma nominalista entre el individuo y la sociedad, mediante el debilitamiento de los referentes materiales y simbólicos de las identidades colectivas. Lo que resulta es un proceso sobrepuesto entre una economía que tiene grandes avances en los procesos de globalización y una política que mientras busca su legitimación local, se rezaga de la economía.

La gobernabilidad se está convirtiendo en un fenómeno complejo en el que los Estados nacionales están siendo desplazados por el poder de las agencias públicas y privadas supranacionales, y, además, tienen que compartir el poder con los gobiernos locales y con organizaciones no gubernamentales. La gobernabilidad debe garantizar la coordinación necesaria de las instituciones y organismos públicos y privados en todos los niveles: local, nacional, regional e internacional.

Las prácticas de coordinación propia y las relaciones de complementariedad de las instituciones contribuyen a lograr los consensos de un conjunto de reglas entre los diferentes agentes y actores involucrados que dan lugar a diferentes configuraciones organizacionales, así como a la emergencia de nuevas formas de auto-coordinación. Existen diferencias entre la gobernabilidad de las organizaciones que persiguen fines de lucro y la gobernabilidad de organizaciones no gubernamentales. En esta última, la gobernabilidad de los procesos es menos clara para determinarse, como puede apreciarse en el siguiente cuadro.