LAS NUEVAS FORMAS DE GOBERNABILIDAD TRANSNACIONAL EN EL ESCENARIO DE LA RACIONALIDAD ECONÓMICA DE LOS PROCESOS DE GLOBALIZACIÓN

LAS NUEVAS FORMAS DE GOBERNABILIDAD TRANSNACIONAL EN EL ESCENARIO DE LA RACIONALIDAD ECONÓMICA DE LOS PROCESOS DE GLOBALIZACIÓN

José Gpe. Vargas Hernández

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La crisis de la gobernabilidad internacional.

Las organizaciones internacionales han seguido un proceso dual para ignorar o para impulsar los nuevos vehículos del movimiento globalizado. Las organizaciones internacionales organizan coaliciones de personas, organizaciones, empresas y grupos que los apoyen buscando su propio beneficio, aunque muchas de las veces son coaliciones muy débiles debido a que sus acciones son débiles o porque son organizaciones que fácilmente pueden burlar los políticos. Mientras que por otro lado usan su poder para desmantelar los mecanismos de control establecidos por el Estado-nación (Stella, 1999) Quizás los procesos de democratización del Estado-nación contagien a las organizaciones internacionales en los procesos de toma de decisiones. Estas decisiones ahora son realizadas por grupos tecnocráticos-burocráticos con marcados intereses hegemónicos, psicológica y políticamente lejos de los ciudadanos, ante quienes no tienen ninguna responsabilidad ni necesidad de rendir cuentas.

El avance del poder corporativo transnacional en los procesos de globalización capitalista que subordina los intereses nacionales, corroe las estructuras de las instituciones económicas, políticas y sociales del Estado-nación y debilitan las funciones que tenían asignadas para la conducción, cohesión y dominación, las mismas que antes fueron esenciales para la obtención de sus propios fines. Más que las diferencias entre las naciones, las guerras y actos de terrorismo son el resultado de las diferencias que existen por intereses en él desarrollo de áreas estratégicas de las diferentes facciones del corporativismo financiero y económico internacional.

Los verdaderos agentes protagonistas del desarrollo es el capitalismo corporativo financiero. Las organizaciones internacionales y otros actores están rebasando al Estado-nación en detrimento de sus funciones y soberanía. El Estado nación ya no representa el papel de ser el actor económico y político de los intereses del poder corporativo capitalista transnacional, ni tampoco garantiza la salvaguardia de estos intereses. Las diferencias de intereses de clase entre las naciones se obscurecen en categorías abstractas. Por el contrario, se ha convertido en el mayor de los obstáculos para su avance.

Pero también muchos de los esfuerzos de globalización se han estrellado bajo el peso de una coordinación de necesidades no satisfechas, desde la quiebra del sistema de Bretton Woods, el cual produjo un vacío de gobernabilidad internacional rápidamente ocupado por los mercados financieros y las organizaciones transnacionales y multinacionales. Las instituciones y agencias supranacionales creadas y sostenidas por los países ricos tratan de establecer una gobernabilidad internacional, pero solamente responden a los intereses de quienes las apoyan y ante quienes rinden cuentas y son responsables, nunca ante los países pobres.

Para fortalecer los mecanismos de rendición de cuentas electoral a escala interestatal, es necesario establecer el control del Estado a través de cadenas de delegación, incrementar la rendición de cuentas democrática mediante el fortalecimiento de mecanismos de rendición de cuentas locales e incrementar el control legislativo sobre las políticas en el ámbito supranacional (Keohane y Nye, 2000).

Sin embargo, estos no son los únicos elementos, porque existen también algunas dimensiones no-electorales de la rendición de cuentas. Entre estas dimensiones se pueden mencionar tales como el espacio público como un conjunto identificable de temas dentro de un medio ambiente comunicativo en donde las personas hablan en forma comprensible, las normas profesionales y las redes internacionales, de las cuales los estándares internacionales pueden ser identificables y usados para pedir la rendición de cuentas a los adversarios. Igualmente la desigualdad en los votos que tienen las personas en los mercados competitivos dependiendo de su riqueza. Los mecanismos de la gobernabilidad existen, sólo que no están integrados en un sistema coherente formado con componentes que se refuerzan unos a otros

Al menos, en la gobernabilidad internacional, la rendición de cuentas (public accountability) y la legitimidad son indirectas porque responden a compromisos entre los oficiales de las agencias y los oficiales del gobierno del Estado nacional, los que a su vez responden a los representantes locales. Las elites gobernantes de los países menos desarrollados generalmente han servido de intermediarias entre el poder externo dominante y la población local. Las redes de poder atrapan a los ciudadanos y los somete a la lógica de una esfera de influencias y competencias con altos costos para quienes optan por alternativas diferentes que implican la negación de las telarañas de poder.

Cuando se piensa en la legitimidad es importante separar los insumos y los productos de un gobierno democrático. La rendición de cuentas no es tan perfecta cuando las elites gobernantes manipulan a los públicos ya sea mediante el control de la agenda, el gasto de campañas, etc. (Keohane y Nye, 2000) La competencia de las elites asegura a largo plazo que los gobiernos no pueden oponerse a la voluntad fuerte de la mayoría. La propuesta de la dependencia institucional sostiene que estas son preferidas a aquellas que están más cercas a la mayoría original o al diseño de negociación más posible.

La legitimidad democrática de los Estados nación son el fundamento básico de la efectividad de las agencias supranacionales, consideradas como un tipo de organizaciones quasi-políticas. Lo importante es el empleo de las fuentes normativas y sustantivas de legitimidad. Sus acuerdos legitiman también sus propias políticas, a pesar de que su rendición de cuentas y su legitimidad con respecto a los Estados nacionales es indirecta, ya que los consejos y asambleas de las agencias internacionales están formados por representantes de los gobiernos nacionales. La legitimidad en las agencias internacionales depende de la efectividad de sus procesos y de la rendición de cuentas, la cual no necesariamente debe realizarse exclusivamente a través de los canales de la delegación de los gobiernos nacionalmente electos.

La rendición de cuentas y la responsabilidad de los gobernantes de los Estados nacionales a su ciudadanía, depende en mucho de sus actitudes democráticas. Las sanciones son el corolario usual de la responsabilidad. La ciudadanía efectiva se puede lograr mediante la estrategia de la democracia mediante la cual se determinan las relaciones de colaboración de los ciudadanos entre sí y con relación al Estado mismo. El mecanismo de rendición de cuentas es necesario para alcanzar la legitimidad de las decisiones del sistema político. Cualquier forma que tome este mecanismo de rendición de cuentas, la transparencia de las acciones es crucial para asegurar una correcta rendición de cuentas.

En realidad, puede afirmarse que las grandes corporaciones están sustituyendo la gobernabilidad que están perdiendo los Estado-nación y organismos multilaterales. Esta gobernabilidad global no es democrática ni tampoco efectiva porque es ejercitada por un grupo minoritario cuyos intereses económicos y financieros se multiplican a escala mundial. Estos intereses económicos se han redefinido del espacio nacional a los espacios local, regional e internacional.

Los mecanismos de gobernabilidad global existentes perpetúan las formas de dependencia y explotación de los países subdesarrollados por los países más desarrollados. La propuesta de la dependencia institucional sostiene que estas son preferidas a aquellas que están más cercas a la mayoría original o al diseño de negociación más posible. Estos mecanismos de gobernabilidad existentes en la actualidad, difícilmente pueden contribuir a lograr un crecimiento económico, desarrollo y cohesión social mediante el aprovechamiento de oportunidades y eliminación de riesgos. ”. Los inversionistas capitalistas toman en consideración los riesgos que tienen sus inversiones en los diferentes países para exigir bonos de utilidades que les garanticen el máximo retorno. Para Giddens (1999:36) los riesgos son “la dinámica movilizadora de una sociedad volcada en el cambio que quiere determinar su propio futuro en lugar de dejarlo a la religión, la tradición y los caprichos de la naturaleza.”

Las sociedades son más cohesivas y plurales a medida que se alejan de la gobernabilidad reluctante. La gobernabilidad reluctante se caracteriza por la nula o poca presencia del Estado, por un control difuso territorial y por una diversidad de fuerzas que pretenden legitimar la autoridad. Los resultados de una mala gobernabilidad global se muestran en los efectos negativos que están causando la degradación ambiental, el incremento de la violencia y actos de terrorismo, consumo de drogas y estupefacientes, limpieza étnica, aumento de los flujos migratorios, etc.

Los organismos internacionales existentes reorientan sus funciones y se crean otros para la gestión y la gobernabilidad transnacional. Las instituciones financieras internacionales imponen los procesos de globalización mediante procedimientos antidemocráticos y carentes de transparencia. Sin embargo, la misma Organización de las Naciones Unidas no tienen ejercicio democrático de gobernabilidad internacional. En sustitución de este sistema de gobernabilidad interestatal se piensa en un sistema de gobernabilidad que esté centrado en el Estado.

Es decir, ya que la tesis de la gobernabilidad global tendría muchos obstáculos para establecerse, la gobernabilidad internacional tiene que surgir a partir de los mismo Estados-nación. Los regímenes internacionales tienden a estar más orientados hacia los asuntos políticos que al tratamiento tecnocrático, aunque se requiere que estén más vinculados a las instituciones locales legítimas, las cuales tienen como reto asumir nuevas funciones para interevenir en las actividades económicas. La gobernabilidad internacional necesita de la fortaleza democrática de los Estados nacionales. Las prácticas de la democracia de los Estados nación son importantes para extender la gobernabilidad internacional mediante una legitimidad ampliada de las instituciones.

En las últimas dos décadas, más de 100 países cambiaron de regímenes autoritarios a regímenes democráticos, y a pesar de que hoy los pueblos viven más en la democracia, no obstante, el sistema económico sólo ha contribuido a aumentar la pobreza y la desigualdad, cuestionando el verdadero avance de las libertades civiles y reduciendo el significado de la democracia. Sin embargo, muchos de estos Estados nacionales no son democráticos o su sistema democrático es imperfecto, otros son pobres, con niveles altos de desigualdad social, injusticias, o bien no cuentan con las instituciones apropiadas que garanticen las bases para el establecimiento de la gobernabilidad nacional y para la extensión a la gobernabilidad internacional. Estos sistemas democráticos imperfectos no garantizan el desarrollo de las competencias, derechos y libertades tanto individuales como sociales.

Los gobiernos de los Estado-nación enfrentan muchos problemas en la administración de sus políticas económicas y los sistemas basados en economías de mercado tienen muchos problemas y muchas debilidades, las que empujan mas cambios sobre el cambiante medioambiente global. Sin embargo, a pesar de que el papel de la administración en la economía se ha reducido, su rol como custodio de la cohesión social y el interés general tendrá que expandirse en un mundo dominado por la actitud de certeza de estar bien, razón por la que es necesario reconstruir los fundamentos para encarar los nuevos retos de desempeño y solidaridad que se demandan en el nuevo siglo.

Las sociedades son más cohesivas y plurales a medida que se alejan de la gobernabilidad reluctante. La gobernabilidad reluctante se caracteriza por la nula o poca presencia del Estado, por un control difuso territorial y por una diversidad de fuerzas que pretenden legitimar la autoridad.También la solidaridad necesita ser globalizada para contrarrestar los efectos negativos de los actuales procesos de globalización económica.

La institucionalización de los indicadores de gobernabilidad global debe señalar las fortalezas y debilidades que los diferentes Estados-nación muestran en la democratización de procesos de decisiones económico-sociales. Varios procesos de institucionalización efectuados en las décadas de los ochenta y los noventa del siglo pasado, fueron disfuncionales y desestructurados entre la política y la economía, dando lugar a crisis económicas y políticas. Las consecuencias de estas políticas tienen relación con los efectos de la recesión de las economías de los ochentas y noventas. In general, la clase trabajadora y otros elementos de la clase baja, los campesinos, los estratos bajos de la clase media, los participantes pobres en el sector informal, etc., han sido forzados a pagar los costos de la crisis económica de los ochenta y el proceso global de reestructuración capitalista que está teniendo lugar desde los setentas.

La crisis política es la determinante de la crisis económica, si se considera que los procesos de globalización comercial y financiera son fenómenos que deben escapar al control político. De acuerdo a del Alamo (2001), la crisis de la política y del Estado no desestabilizan las instituciones democráticas cuyo poder se asegura mediante el “enjaulamiento” de los ciudadanos que quedan atrapados en las redes del poder. La legitimación de las acciones y la supremacía de la ley para dirimir conflictos socio-políticos y económicos, y, además, recomendar cuando sea procedente en función de respeto a la soberanía, que estos principios sean incorporados en el diseño de la arquitectura estructural de los gobiernos.

Por lo tanto, existe una doble crisis, la crisis de lo político y la crisis del Estado en las democracias institucionalizadas. En la crisis de lo político, la crisis del Estado de Bienestar no incide necesariamente en la crisis de la democracia. La crisis de lo político es caracterizada por Ramos (1994) por débiles implicaciones políticas subjetivas, escasos sentimientos de competencia, relevancia de las actitudes desconfiadas y cínicas hacia los políticos, así como una muy baja identificación partidista (Del Alamo, 2001). Obviamente, el diseño de las estructuras de gobernabilidad permite mayor transparencia en la solución de los conflictos sociales, económicos y políticos.

Los mismos organismos financieros multilaterales, tales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, están preocupados por el crecimiento de la pobreza en los últimos años. Reconocen que el crecimiento económico no sólo genera una mejora en la distribución del ingreso, sino que también aumenta la desigualdad. La noción de crecimiento económico implica el uso de indicadores cuantitativos, tales como el producto interno bruto (PIB) per cápita y el consumo real promedio.

Diferentes estudios muestran una relación positiva entre distribución de la riqueza y crecimiento económico. El ingreso per cápita es afectado por la cohesión social (Knack y Keefer). Las sociedades son más cohesivas y plurales a medida que se alejan de la gobernabilidad reluctante. La gobernabilidad reluctante se caracteriza por la nula o poca presencia del Estado, por un control difuso territorial y por una diversidad de fuerzas que pretenden legitimar la autoridad.

Una apreciación más equilibrada del avance globalizado es reconocer que mientras está agravando la pobreza en algunos sectores sociales, en otros está disminuyéndola. No obstante, la severidad y niveles de desigualdad que el capitalismo globalizador está generando es injusta y la tendencia es hacia el agravamiento. Un análisis crítico de los efectos del capitalismo revela que ha creado extremas desigualdades en la región así como en el mundo entero. La conclusión de que la primera causa dela extrema desigualdad social y económica en Latinoamérica y en cualquier parte del mundo es el resultado de la expansión del capitalismo en el mundo. Sin embargo, el capitalismo globalizador se encuentra amenazado por una espiral descendente de declinación económica después de la implosión del mundo comunista.

Todavía más, el capitalismo no es ecológicamente sustentable, como puede inferirse de las evidencias existentes. No obstante, otros investigadores como Lindert and Williamson (2001) defienden a la globalización como la causa principal de las crecientes desigualdades y culpan a los gobiernos antidemocráticos y con deficientes sistemas de gobernabilidad y administración pública. Por esta y otras razones, la administración pública está en un proceso de reforma dado el contexto de los procesos de globalización. Las discusiones de la reforma empiezan en un punto en el tiempo cuando los procesos políticos al igual que las preferencias de los actores políticos están relativamente estructuradas en una manera característica. El aprendizaje institucional es una solución racional de la dificultad de predecir los efectos futuros de la reforma.

En este contexto de economía ultraliberal que domina el mundo, la administración pública sufre de disolución moral la cual parece iniciar con los líderes políticos. La racionalidad mercantil y la rivalidad partisana son dos factores que enfatizan el déficit ético en la administración pública. A pesar de que la administración de finales del siglo XX obscurece la del siglo XXI, las ciencias administrativas enfrentan la tarea de forjar una nueva administración en las sociedades que se encuentran en crisis de dirección, lo cual debilita las percepciones colectivas, exacerba el individualismo y la introversión y erosiona los fundamentos morales de la vida comunitaria. Estas tendencias muestran una inclinación del sistema capitalista hacia el autoritarismo al declararse en defensa de los derechos individuales por sobre los derechos colectivos.

Cierto grado de banalidad partisana está siendo la regla en las administraciones, de tal forma que una carrera administrativa depende de ser más partisano que de la competencia, parece moralmente inaceptable y en cualquier caso contrario a la ética administrativa, principalmente en países con status de servicio público combinado con un código de ética. La administración actúa como un juez que asegura el cumplimiento con los valores que forman la ética administrativa y que dan sustancia al servicio público. La administración actúa como un juez que asegura el cumplimiento con los valores que forman la ética administrativa y que dan sustancia al servicio público.

La reestructuración de la ética administrativa puede ser exitosa solamente si la exaltación de tales valores se acompaña con la reafirmación del principio de responsabilidad. Las sanciones son el corolario usual de la responsabilidad. En cualquier caso, no tendrán que ser asimilados por cada servidor público contra un criterio contra el cual juzgar su conducta en pena de sufrir las consecuencias de cualquier situación. La administración actúa como un juez que asegura el cumplimiento con los valores que forman la ética administrativa y que dan sustancia al servicio público. El privilegio de compartir parte de la autoridad del Estado y el prestigio de su posición debe acompañarse por un sentido de obligación y una conciencia de la importancia de su función y las expectativas de los usuarios.

Este neocapitalismo genera fuertes tensiones económicas, políticas y sociales. Su tendencia es al ejercicio de un autoritarismo. Responsabilizan a “los malos gobiernos, con falta de transparencia, corrupción y crimen” como el principal impedimento para el desarrollo y la reducción de la pobreza, y no a los desastrosos resultados de las políticas económicas y sociales derivadas de la implantación de los procesos de globalización. (Delgado, 1999) En parte es cierto que los gobiernos corruptos tienen más dificultades para atraer capital y para mantenerla confianza de los inversionistas extranjeros, Sin embargo, lo que se requiere con urgencia es la implementación de políticas redistributivas del ingreso y de generación de oportunidades que estimulen la participación de los marginados en las actividades económicas, políticas y sociales.

Desdichadamente, los gobiernos de los Estado-nación han perdido funciones y capacidades para superar muchos de estos problemas. Resulta contradictoria la acción de estos organismos multilaterales que teóricamente apoyan las instituciones y los procesos democráticos pero en la práctica los debilitan imponiendo sus políticas mediante procesos de negociación. La solución a un problema que aqueja a toda la “villa global” tiene que partir de un sistema de gobernabilidad internacional, como por ejemplo, de las Naciones Unidas.

Es más, una economía global de alta velocidad como la actual puede confrontar a los países con amenazas emergentes y no esperadas que requieren respuestas creativas y no convencionales para sortear las crisis emergentes. Las recientes crisis financieras de varios países orientales en desarrollo claramente muestran que los procesos de globalización económica son un arma de doble filo, y no solamente para las naciones que no están preparadas para competir en los mercados internacionales. Como resultado de la crisis de la deuda experimentada por los países tales como México, Bolivia y Argentina durante los ochentas, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y otras agencias de préstamos internacionales, como el Banco Interamericano de Desarrollo, impusieron políticas de ajuste estructural de libre mercado en los gobiernos latinoamericanos a fin de asegurar que dedicaran suficientes fondos a pagar la deuda internacional.

Ya que las empresas nacionales y locales carecen de los medios para competir en igualdad de términos con el capitalismo transnacional, tienen pocas posibilidades de elección que no sea otra que convertirse en los socios junior locales. La promoción de los mercados exteriores y la protección de los mercados internos son dos importantes funciones que realiza todavía los Estados nacionales. Muchos de los componentes de la globalización económica no fortalecen el sistema de gobernabilidad interestatal y gestión global de las crisis financieras, pero si debilitan los sistemas de gobernabilidad del Estado-nación.

Por lo mismo, esta economía global representa ciertos riesgos para la estabilidad económica y financiera de las entidades organizacionales y de las naciones mismas con más altos niveles de vulnerabilidad. Las alternativas son claras: o establecer mecanismos de gobernabilidad global y gestión internacional de las crisis financieras o dejar la responsabilidad de la gobernabilidad y de protección a cada Estado-nación de acuerdo a sus propias características.

Sin embargo, Sassen (1995) argumenta que la globalización ha transformado el significado y los lugares de la gobernabilidad de las economías. La declinación significativa del Estado en la economía global es una proposición demasiado enfatizada por la hipermovilidad del capital y una menor movilidad de la mano de obra, así como de antecedentes conceptuales que establecen una relación mutuamente exclusiva entre lo global y lo nacional. La movilidad de la mano de obra no se ha liberalizado, a pesar de los posibles beneficios disciplinarios que traerían al dominio del libre mercado. A pesar de la alta movilidad del capital, la baja o nula movilidad de la mano de obra y la baja productividad son las principales causas de la pobreza.

Las capacidades del Estado en materia económica se han visto reducidas. El Estado en sí mismo, ha sido transformado por su participación en el diseño e implementación del sistema económico global. Incluso en las industrias más globales e hipermovibles, tales como finanzas y el avance de los servicios corporativos, se encuentran finalmente involucradas en una red global de conexiones y sitios, en los cuales se presentan grandes concentraciones de facilidades materiales y procesos de trabajo estratégicos para la hipermovilidad del capital.

Los gobiernos se encuentran cada vez limitados para la formulación e implementación de su política económica, las cuales tienen que ser conciliadas mediante procesos democráticos para ajustarse a los lineamientos imperativos de las fuerzas globalizadoras del modelo capitalista. De acuerdo con uno de sus teóricos, Novak, (1984) este modelo de capitalismo democrático constituye una realidad compleja y dinámica de convivencia de una economía de mercado basada en incentivos y normas prácticas y orientada a la satisfacción de las necesidades Por lo tanto, su tendencia latente es al ejercicio de un autoritarismo.

Una política que respeta los derechos individuales y promueve la participación democrática de las personas para su desarrollo propio y de conformidad con dignidad y su reto, y un sistema de institucionalización de la cultura que se inspira en los ideales de justicia y libertad para los individuos. A pesar de la supuesta correspondencia entre las leyes del libre mercado y los principios de la democracia, lo que se demuestra en la realidad es una incompatibilidad. La tendencia latente del capitalismo es hacia el ejercicio autoritario, al exacerbar los derechos individuales por sobre los derechos de la comunidad.

Sin embargo, a pesar de las proposiciones del papel declinante del Estado, todavía se requiere de la gobernabilidad y del desempeño de las funciones del Estado-nación. El Estado nacional democrático, como la institución originaria del orden constitucional, tiene un importante papel en la formulación y el mantenimiento de la división del trabajo de la gobernabilidad entre los diferentes niveles, internacional, regional, nacional y local. El Estado nación es la fuente original de la gobernabilidad y la democracia y representa por lo tanto, el cuerpo político del complejo sistema de gobernabilidad porque tiene la capacidad de legitimar a las agencias supranacionales y, además, tiene la capacidad soberana para distribuir el poder dentro de su territorio nacional dando lugar a la gobernabilidad interna.

Esto se hace necesario en una economía de espacio que revela la necesidad de los lugares situados en territorios nacionales que son estratégicos por su concentración de recursos e infraestructura, los cuales son menos movibles que lo que la economía global sugiere. El espacio nacional se delimita por un territorio marcado por fronteras físicas y geográficas en donde tienen ocurrencia ciertos fenómenos económicos, políticos, sociales y culturales.

La determinación de las unidades de espacios nacionales también delimitan los espacios de soberanía. Es en el espacio del Estado-nación donde surgen los fenómenos geopolíticos y al avanzar en los niveles espaciales internacional y global adquiere relevancia los fenómenos geopolíticos. Sin la existencia del espacio territorial nacional difícilmente puede ocurrir los procesos de globalización. Las grandes corporaciones transnacionales y multinacionales promueven el espacio de la economía del mercado por sobre el espacio del Estado y lo supeditan.

Por lo tanto, surge la urgente necesidad de acondicionar el entorno nacional. Por ejemplo, una desregulación selectiva en vez de una desregulación total en todas las áreas puede significar que el Estado mantiene la gobernabilidad. Por lo tanto, las descripciones sobre la declinación de las capacidades de gobernabilidad y rendición de cuentas de los Estados-nación son parciales. A escala internacional, el problema d la rendición de cuentas de la gobernabilidad se debe a una desarticulación de mecanismos existentes para la rendición de cuentas.

Después de todo, el Estado permanece como el último garantizador de los derechos del capital global. Quizá nunca como ahora, las funciones de los gobiernos de los Estado-nación han sido tan importantes por la trascendencia de las instituciones para mantener la estabilidad macroeconómica, política y social, que los procesos de globalización económica requieren. Los mecanismos gubernamentales son necesarios para la persecución de ciertos fines que los mecanismos del mercado no pueden lograr. Así, el Estado nación es el organismo político central en el complejo sistema de gobernabilidad porque otorga legitimidad a las agencias supranacionales y distribuye el poder hacia el interior. Pero es urgente reemplazar las viejas y obsoletas instituciones.