LAS NUEVAS FORMAS DE GOBERNABILIDAD TRANSNACIONAL EN EL ESCENARIO DE LA RACIONALIDAD ECONÓMICA DE LOS PROCESOS DE GLOBALIZACIÓN

LAS NUEVAS FORMAS DE GOBERNABILIDAD TRANSNACIONAL EN EL ESCENARIO DE LA RACIONALIDAD ECONÓMICA DE LOS PROCESOS DE GLOBALIZACIÓN

José Gpe. Vargas Hernández

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Escisión entre la racionalidad económica y la gobernabilidad de la sociedad.

Para delimitar las bases teóricas de los cambios en el Estado, la sociedad y el mercado, es necesario revisar las teorías de la agencia (agency theory) y de la elección racional (rational choice) en que se fundamentan la racionalidad económica y analizar cómo estos principios crean disfuncionalidades en la gobernabilidad de la sociedad, cuya característica principal es la separación entre una racionalidad instrumental propia de la economía de libre mercado y el sombolismo cultural. El nuevo institucionalismo se aparta del estrecho margen de tipos y explícitamente está relacionada en modelos explicativos basados en actores, tales como a teoría de la elección racional o la teoría de la organización.

Esta racionalidad instrumental que se fundamenta en que cada uno de los actores busca egoístamente la satisfacción de su propio interés, entra en contradicción con los acuerdos y el consenso entre los diferentes grupos de interés para lograr la gobernabilidad democrática. La tendencia de las sociedades a lograr esta gobernabilidad democrática a pesar de los problemas de inestabilidad e incertidumbre, es lo que Torrijos (2001) denomina como gobernabilidad reluctante, la cual considera como la gobernabilidad que surge de la ingobernabilidad debido a la inestabilidad, la incertidumbre y el caos. La gobernabilidad reluctante se caracteriza por la nula o poca presencia del Estado, por un control difuso territorial y por una diversidad de fuerzas que pretenden legitimar la autoridad. La gobernabilidad local y la global se fundamentan en los postulados de la teoría del rational choice para lograr la estabilidad y reducir los niveles de incertidumbre en la interacción de los sistemas políticos y el mercado.

Un sistema de instituciones estables puede proveer información necesaria apara absorber incertidumbre en los mercados, que además utiliza los instrumentos que pone a disposición una sociedad de la información. La racionalidad económica es la base de la “lógica del mercado” y de la gobernabilidad de la sociedad bajo el principio dominante que la naturaleza y conducta humana, como una inviolable verdad, pueden ser caracterizadas por la persecución de la maximización de beneficios personales que aseguran el interesamiento en sí mismos. Es decir, los individuos buscan los incentivos económicos personales propios de los mecanismos del mercado para maximizar sus beneficios.

Hasta cierto punto, sin embargo, existen fines sociales o motivaciones de conductas económicas enraizadas en un contexto societal, aunque los medios necesarios para lograrlos sean económicos o no económicos. La teoría de la conducta de las organizaciones influye más en el campo de la teoría de la organización que en la economía y no agota las lecciones de la teoría de la organización con aplicación en la economía y ayuda a la formación del espíritu racional del economista mediante una propuesta metodológica instrumental, más que una doctrina, para que obtenga conclusiones correctas. La teoría de la organización aporta importantes propuestas para la teoría de la empresa basada en la economía de los costos de transacción, que incluyen las teorías de los agentes y actores, los procesos de transformaciones en las unidades de análisis y la descripción de nuevas formas de gobernabilidad. Las nuevas formas de gobernabilidad de lo colectivo deben sustituir a las estructuras rígidas y pesadas que no dan respuesta a exigencias de la individualidad con orientación abierta y que por lo tanto requieren la emergencia de nuevas formas colectivas con estructuras más abiertas, flexibles y livianas que respondan a las exigencias de la individualidad con orientación abierta. Los problemas que tienen las jerarquías para lograr coordinaciones más efectivas han impulsado a la aplicación de procesos de flexibilización post-fordista que facilitan la coordinación horizontal mediante redes. La teoría de la empresa fundamenta las formas de gobernabilidad como procesos en transformación constante y no como construcciones terminadas.

Bajo el modelo emergente de globalización neoliberal, esta “lógica del mercado” y de “pensamiento único”, se aplica a todo tipo de relaciones económicas, políticas y sociales, lo que da como resultado una creciente sublimación de la política y un desprecio de la realidad social (Birchfield, 1999). Los economistas neoliberales pretenden establecer en el mercado la solución automática a todos los problemas mediante el uso eficiente de los recursos. La subjetividad es refugio o resistencia contra el modelo de pensamiento único hegemónico (Bourdieu, 1998). El capital social tiene carácter instrumental y expresivo, fortalece la subjetividad frente a la modernización y es también una relación “puramente expresiva y gratuita” como fin en si misma y que además crece en la medida en que la modernización avanza (Lechner, 2000). La lógica del sistema hegemónico es inversa al protagonismo de lo colectivo, dando mayor énfasis a las políticas y estrategias individuales.

Los individuos llevan a cabo sus relaciones con otros para intercambiar de todo, desde mercancías hasta poder, influencias, valores, agresiones, etc. Y en el marco de estas relaciones se generan las reglas bajo las cuales tienen que realzarse estos intercambios, dando origen a las instituciones, tales como el mercado, las jerarquías, etc. Hay ciertas instituciones que no permiten el comportamiento racional “correcto”.

Los acercamientos analíticos de la teoría de la agencia (Agency theory o AT) referida a la tecnología para monitorear obligaciones que toman la forma de nexos contractuales y organizacionales, así como la teoría de la economía de los costos de transacción o transaction cost economics (TCE) que relacionan a las organizaciones como estructuras de gobernabilidad, bajo el supuesto conductual de una racionalidad confinada y oportunista, constituyen la base de la nueva racionalidad económica y la gobernabilidad de la sociedad.

La economía de los costos de transacción argumenta que cada forma genérica de gobernabilidad se apoya en una forma distintiva de contrato legal en un ambiente circunstancial. Los “costos de transacción” resultan de una interpretación subjetiva de información, monitoreo y sanción de los acuerdos establecidos. La transacción ideal en economía y en derecho es la de los mercados spot en los cuales la identidad no es importante y se aplican las reglas legales.

Las diferencias en las estructuras de gobernabilidad están relacionadas a los atributos de las transacciones, las cuales tienen diferentes necesidades de adaptaciones. El dilema de la acción colectiva característicamente emerge en un nivel transaccional cuando los agentes son independientes, están conscientes de su interdependencia y no existen agencias que puedan coordinar las acciones de los agentes involucrados. Los grandes actores pueden iniciar acción y subsidiar otros participantes. La acción colectiva y la cohesión comunitaria dependen más de lazos interpersonales débiles que de lazos interpersonales fuertes los cuales incrementan la cohesión de quien es parte del grupo y la exclusión de quien no lo es.

Las estrategias de competitividad sistémica que requieren los procesos de la globalización entre las personas involucradas, están determinadas por los beneficios que reciben de la acción colectiva los participantes, quienes en ocasiones en un comportamiento del clásico “gorrón” causan más problemas cuando se aprovechan para sacar ventajas de su poca o nula contribución al esfuerzo sin los pagos correspondientes de la cooperación. El capital social resuelve este problema del gorrón, mediante la implantación de estrategias de sociabilidad que fortalecen los lazos de confianza, cooperación y generosidad entre las partes.

Una vez que la acción colectiva se inicia, en el curso de este mismo proceso emerge una colectividad que puede aplicar sanciones informales contra los que contravienen y recompensar a colaboradores a bajo costo (castigo u ostracismo), a ningún costo e incluso a premio (avergonzar, reprochar o criticar) (De Swaan Abram, 1997). Las estructuras de gobernabilidad tienen diferentes capacidades para proveer adaptación autónoma y cooperativa. Los diferentes atributos de las transacciones se alinean con las estructuras de gobernabilidad las cuales difieren en sus costos y competencia, así como en sus formas de economizar los costos de transacción.

La economía de los costos de transacción sostiene que cada modo genérico de gobernabilidad se define por un síndrome de atributos internamente consistentes, de los cuales, la intensidad de los incentivos, los controles administrativos y el régimen del contrato legal son especialmente importantes. El concepto del contrato como una forma de gobernabilidad enfatiza la continuidad, mientras que adopta una perspectiva a largo plazo de mercados incompletos. Cualquier cosa o asunto que pueda ser materia de contratos puede también ser analizado en términos de las economías que generan los costos de transacción. (Williamson, 2000).

Por ejemplo, la economía de los costos de transacción interpreta al consejo de dirección, como un elemento de seguridad que apoya los contratos para la rentabilidad financiera, y es en este sentido, que tanto la administración de la deuda como de la rentabilidad, constituyen mecanismos de gobernabilidad. La economía de los costos de transacción proporciona la plataforma para alcanzar la economía mediante el diseño de estructuras de nuevas formas de organización y consecuentemente de nuevas formas de gobernabilidad. Lo importante en este diseño es que todas las partes involucradas en la determinación de los costos de transacción deben obtener beneficios en forma mutua.

No solamente la economía de los costos de transacción toma como unidad de análisis a la transacción, sino que ve a la gobernabilidad como el medio para establecer el orden, mitigar los conflictos y obtener ganancias mutuas. Una aproximación al estudio de los costos de transacción desde la perspectiva de la economía, proporciona el soporte teórico para integrar la teoría de las estructuras de gobernabilidad de las empresas. Las diferencias en las estructuras de gobernabilidad se relacionan con los atributos de las transacciones. Las orientaciones racionales de las condiciones económicas y sociales integradas en sus estructuras para su aplicación delimitan la concepción de esta racionalidad.

De acuerdo con Przeworski (1996), la economía es una red de relaciones múltiples y diferenciales entre clases particulares de principales y agentes: administradores y empleados, dueños y administradores, inversionistas y empresarios pero también entre ciudadanos y políticos, políticos y burócratas. El desempeño de las empresas, de gobiernos, y de la economía como un todo depende del diseño de las instituciones que regulan estas relaciones y de las fronteras que se establezcan para la separación de los campos de acción entre los Estados-nación y las empresas. Los empresarios son administradores que actúan como agentes de los inversionistas y funcionarios de las empresas.

En el problema tradicional de la agencia, tanto el esfuerzo costoso del agente, como los factores estocásticos más allá del control del agente, influyen en los resultados de una actividad productiva propiedad del principal, quien elige un contrato de compensación para el

agente que trata de alcanzar incentivos económicos óptimos. Desde luego, lo que se desea con estos incentivos óptimos es prescindir del esfuerzo con el daño a riesgos compartidos causados por la exposición del agente al exceso de riesgo de los factores más allá del control del agente. ”. Para Giddens (1999:36) los riesgos son “la dinámica movilizadora de una sociedad volcada en el cambio que quiere determinar su propio futuro en lugar de dejarlo a la religión, la tradición y los caprichos de la naturaleza.” Los inversionistas capitalistas toman en consideración los riesgos que tienen sus inversiones en los diferentes países para exigir bonos de utilidades que les garanticen el máximo retorno.

Sin embargo, lo que importa es que los empleados tengan incentivos para maximizar sus esfuerzos, si los administradores tienen incentivos para maximizar sus utilidades, si los emprendedores tiene incentivos para tomar solamente los riesgos buenos, si los políticos tienen incentivos para promover el bienestar público, si los burócratas tienen incentivos para implementar metas establecidas por los políticos. Los inversionistas capitalistas toman en consideración los riesgos que tienen sus inversiones en los diferentes países para exigir bonos de utilidades que les garanticen el máximo retorno. El medio ambiente global externo de las organizaciones es más favorable a un desarrollo emprendedor si se dan los incentivos del mercado favorables.

Gersbach (1999), por ejemplo, considera un modelo donde el público está inseguro acerca de la competencia de un agente y si el agente está preocupado acerca de las consecuencias de decisiones de políticas, como en el caso del estadista, o si solo está preocupado acerca de las creencias del público, es decir, populista. Un agente competente puede juzgar las consecuencias de un proyecto de políticas y debe invertir inmediatamente o nunca. En términos generales, el bienestar social puede ser mayor comparado a la situación en donde el público está inseguro si el agente es un estadista o un populista. Los tipos de populistas distorsionan su decisión, mientras que los tipos de estadistas son más eficientes en sus decisiones.

El antiguo debate entre lo público y lo privado bajo el marco de referencia de la teoría de la agencia está relacionado con el cuestionamiento de cual forma de propiedad es la que principalmente promueve el bienestar social. Los individuos que forman las partes de un contrato que se elabora fuera de las estructuras de gobernabilidad del Estado, encuentran otras formas privadas para realizar sus transacciones. La teoría de la agencia da ventajas a la información asimétrica y oportunista. La esfera de lo público no es solamente aquello que se concentra en el Estado, sino que también comprende los debates y las discusiones que no necesariamente corresponden al sistema político. Lo público es el espacio para la discusión de los intereses generales y la apelación de valores, según Costafreda (2001).

La compatibilidad entre los objetivos políticos y económicos ocurren cuando en un sistema político ideal se enfatiza el mercado neoclásico con cero costos de transacción, lo que permite que ocurra el intercambio político de la maximización de la riqueza. Altos costos de transacción son inherentes a las dificultades para organizarlos. Los “costos de transacción” resultan de una interpretación subjetiva de información, monitoreo y sanción de los acuerdos establecidos.

Economizar mediante el empleo de los costos de transacción es un concepto perverso en el cual todos los beneficios y costos tienen que calcularse al diseñar las diferentes formas de organización, lo cual tiene que hacerse comparativamente. Tanto en economía como en derecho, la transacción es una de mercado spot donde la identidad no es importante, pero si la aplicación de reglas legales. La comparación de las diferencias de los costos de transacción entre las diferentes formas de gobernabilidad es un proceso más complicado que el simple cálculo del mismo.

Por lo tanto, es más fácil establecer los costos para las formas de gobernabilidad en forma unitaria, que comparar las diferencias de estos costos. Sin embargo, la desigualdad económica, la heterogeneidad étnica, lingüística, religiosa, etc., debilitan a la comunidad e incrementan los costos de transacción. Los costos de transacción de la comunidad se elevan con las diferencias étnicas y las desigualdades económicas. El problema está en que ningún sistema político es perfectamente eficiente, lo que repercute en limitaciones que reducen la riqueza.

El modelo teórico agente-principal incorpora explícitamente los incentivos y las asimetrías de información en el diseño de mecanismos óptimos en las organizaciones. El equilibrio de cualquier mecanismo se obtiene como un resultado de un mecanismo de revelación bajo e cual los agentes revelan confiadamente su información privada. El modelo económico basado en el equilibrio asume que los individuos tienen expectativas comunes de sus propias conductas. En el mercado, este equilibrio se obtendría de las decisiones que tomen los diferentes agentes en función de la información disponible.

Las relaciones entre al agente y el principal (el administrador y el dueño) son importantes en la determinación de los niveles de eficiencia. La teoría de la agencia se refiere a las relaciones entre el principal y el agente, provee de información oportunista y asimétrica, salvaguardando las transacciones que realicen contra acciones que son oportunistas. Las transacciones entre las diferentes partes donde la identidad no importa incluye especificidad de los activos en sus diferentes formas, la incertidumbre y la frecuencia.

La unidad de análisis de la teoría de la agencia es el agente contratante, mientras que para la teoría de los costos de transacción es la misma transacción materia del contrato. Los “costos de transacción” resultan de una interpretación subjetiva de información, monitoreo y sanción de los acuerdos establecidos. La unidad de análisis de la transacción es la unidad de actividad que contiene en sí misma los principios de conflicto, mutualidad y orden (Commons, 1932, p.4). En el diseño de las estructuras en función de los análisis de los costos de transacción, deben proporcionar beneficios a todas las partes involucradas en forma mutua.

La teoría de los costos de transacción con todos los tipos de relaciones contractuales eficientes, tales como los costos en información, negociación, contratación y garantía para hacer cumplir las condiciones de los intercambios, examinan formas alternativas de organización económica para economizar con respecto a las consecuencias de una racionalidad confinada. Por ejemplo, los costos de información elevan los costos de transacción en el ámbito de diseño y aplicación de las políticas públicas.

El estudio de los costos de transacción desde la perspectiva de la economía, proporcionan las bases para la integración del cuerpo teórico de las estructuras de gobernabilidad de las empresas. Estos costos de transacción se relacionan con el desarrollo de estructuras de gobernabilidad que aseguran la obtención integrada de los contratos. La perspectiva de los mercados como marco de referencia enfatiza la importancia de la continuidad a largo plazo mientras que reconoce la imperfección de los mismos contratos. Las diferencias en las estructuras de gobernabilidad tales como sus costos y competencias, así como las formas de economizar los costos de transacción se alinean con los diferentes atributos de las transacciones. Las diferencias en las estructuras de gobernabilidad se relacionan con los atributos de las transacciones, ya que los mercados son desplazados selectivamente más que uniformemente.

La introducción de resguardos contractuales sustituyen las formas de gobernabilidad alternativas, como en los casos en que se mueven las transacciones del mercado a las jerarquías. Las transacciones económicas ocurren en el mercado, entre las empresas o en las jerarquías, al interior de las grandes empresas burocráticas. Cada forma de gobernabilidad se apoya en un régimen de contrato legal diferente. Ambas teorías son excepciones de la economía neoclásica que modela a la empresa como una función de producción cuyo objetivo es la maximizar utilidades mediante la reducción de los costos burocráticos.

La teoría neoclásica y el enfoque de los costos de transacción aplicados a la organización de las empresas y del mercado difieren ampliamente. La economía ortodoxa y neoclásica es más imperial porque impone una interpretación teórica de los precios de los fenómenos, mientras que la economía de los costos de transacción orienta sus cuestionamientos hacia lo que está sucediendo (Williamson, 2000:22).

Williamson (2000) hace una comparación entre los elementos que distinguen a las empresas de los mercados.

Elementos Empresas Mercado

Intensidad de los objetivos Bajo poder Alto poder

Controles administrativos Mayor número de reglas y procedimientos administrativos y más apoyo de organizaciones informales Menor número de reglas y procedimientos

Contrato legal El contrato es de ordenanza y un acuerdo implícito interno Contrato legalístico y regulado por el sistema judicial

Adaptación Adaptaciones cooperativas Adaptaciones autónomas

Cuadro elaborado por el autor en función de la descripción de Williamson (2000).

Dunning (1997), argumenta que los patrones cambiantes de demanda y avances tecnológicos han impactado los costos de transacción y coordinación de la actividad de valor agregado. Las instituciones e infraestructuras culturales sobre las que se desarrolla tal actividad, han afectado críticamente los méritos de los modos alternativos de la organización económica, y sobre los años, la combinación óptima de estos modos ha sufrido un cambio marcado. De hecho, la combinación de los modos de organización económica es determinante de los diferentes niveles de desarrollo sustentable.

Sin embargo, para que los pueblos alcancen niveles de desarrollo autosostenible es necesario no solamente que realicen su revolución capitalista, sino que también logren su desarrollo democrático, en donde la democracia es verdaderamente la condición del desarrollo. El concepto de democracia ha sido abandonado y reelaborado en uno nuevo que sirva de apoyo y mantenimiento al status quo del sistema capitalista. El crecimiento y el desarrollo sustentable no necesariamente se relacionan con lograr la modernidad, sino que depende más de factores indirectos. Esta tendencia y otras son las causantes de lo que Wagner (1996) denomina el final de la modernidad organizada.

Si este desarrollo sustentable se relaciona con las formas de organización económica, entonces las actividades empresariales adquieren relevancia por ser la base de las actividades económicas de los individuos consideradas en tanto que son relaciones entre fines y recursos escasos. Las condiciones regionales apara la promoción de las actividades empresariales están relacionadas con el fomento de la integración o diversificación de la estructura económica regional y la coordinación interinstitucional de planes, programas y proyectos de impacto regional (Tarapuez Chamorro, 2001). Las diferentes formas de organización despliegan un conjunto de elementos. Hay que recordar que para la teoría neoclásica, los problemas que tienen las empresas se deben a que se desvían de sus principios e incurren en altos costos burocráticos.

Las variables culturales están siendo subestimadas como obstáculos al desarrollo, y tampoco se toma en cuenta el estudio prioritario de las necesidades manifiestas por sobre los deseos o preferencias de la población para la planificación del desarrollo. Las organizaciones que se diversifican en los mercados internacionales tienen la tendencia a ser más innovadoras y a desempeñarse mejor que las organizaciones que no lo hacen. En parte, esto se debe a que participan en mercados mayores, en los cuales no solamente pueden obtener más altos retornos sobre las inversiones, sino también para proveerse de los recursos necesarios para desarrollar nuevas y mejores innovaciones.

Los procesos de globalización creciente presionan fuertemente a las organizaciones para la obtención de una constante "desintermediación" de los procesos de producción, distribución y consumo que altera los patrones establecidos al nivel organizacional y acelera la innovación de nuevos mecanismos que proporcionan ventajas en la adquisición de la información y expectativas, en un marco de instrumentalización de la sociedad de información. Así, la forma en que las corporaciones multinacionales se organizan en un medio ambiente global altamente competitivo, el cual las presiona para dejar de operar como si fueran una colección de subsidiarias independientes, por una estructura organizacional más flexible. Las corporaciones transnacionales operan en sinergia con el Estado imperialista que detenta o concentra el control y la propiedad..

Los grandes intereses de las corporaciones transnacionales para debilitar la función reguladora del Estado-nación, se centra en la avidez para lograr mayores y mejores recursos, penetración de mercados, reducción de costos de transacción en sus operaciones comerciales y la obtención de mayores utilidades. Esta estructura les facilita la integración de sus actividades a través de las diversas localidades geográficas, a fin de compartir los recursos y ganar en economías de escala. La adopción del modelo organizacional transnacional por una empresa multinacional es ampliamente reconocida como los medios preferidos para ir global (Bouderau, Loch, Robey y Straud, 1998)

Las organizaciones multinacionales deben desarrollarse en organizaciones transnacionales a efecto de obtener la coordinación global para compartir los recursos y ganar en economías de escala. Al mismo tiempo, permiten la autonomía local para tomar ventajas sobre las oportunidades en los mercados locales nacionales (Hitt et al, 1997). Según Castells (1999:292) la autonomía local tiene como fundamento la idea de que los ciudadanos son los más indicados para juzgar las acciones del gobierno. Los gobiernos locales deben potenciar los mecanismos para tomar decisiones en asuntos de su competencia lo que implica responsabilidad ante la comunidad. La reforma del Estado modifica su capacidad reguladora y su papel de protección y asistencia a la comunidad.

De hecho, las transformaciones en las competencias y funciones del Estado nación ha dado lugar a que también se presenta una nueva formulación de competencias y funciones en los demás niveles de gobierno, sobretodo los locales y municipales. Las competencias de los gobiernos deben ser precisadas en los diferentes niveles entre aquéllas que son exclusivas y las que son concurrentes.

El reto que enfrentan las organizaciones transnacionales es identificar y explotar las sinergias existentes a través de las fronteras y balancear las demandas locales con la visión global de la organización. La propiedad y el control de estas organizaciones transnacionales se concentra en pocos Estados imperiales. Estas mismas fuerzas también motivan a los capitalistas individuales y a las empresas capitalistas a concentrar y centralizar su control en varios medios donde la riqueza se acumula. El diseño estructural de una organización transnacional requiere de una cultura corporativa que valora las diferencias globales tanto en las culturas como en los mercados (Hitt, Keats and DeMarie, 1998) Bajo una cultura corporativa, las empresas transnacionales muestran comportamientos directamente proporcionales al grado de apoyo y restricciones que reciben de los diferentes Estados nacionales.

Todavía más, en lo concerniente a los gobiernos, como supervisores y participantes en el proceso creativo y de asignación de recursos, se representan cualquier papel del todo, sus acciones en afectar la competitividad de las firmas localizadas dentro de su dominio son propicias a afectar ese desempeño. Para Porter (1991), la competitividad, las empresas tienen que competir en un entorno formado por cuatro atributos que estimulan o limitan la creación de ventajas competitivas.

Estos atributos son la disponibilidad de los factores de producción, la demanda interna, la estructura y estrategia de la rivalidad de las empresas y los sectores conexos. La movilidad de los factores de producción conlleva un enfoque emprendedor y de innovación que modifica constantemente los procesos de las estructuras económicas. La creciente integración estructural de las políticas de los mercados, jerarquías y gobiernos a través del espacio geográfico, desde la mitad de los setenta, ha dado origen a una nueva ola de pensamiento de los economistas, teóricos organizacionales, y analistas de negocios.

Precisamente, durante la segunda mitad de la década de los setenta se inicia la transferencia del poder y del mando del Estado al mercado mediante programas de desregulación que en realidad significaron la regulación por el mercado. Sin embargo, lo que se ha producido ha sido un déficit de regulación y gobernabilidad al no producirse la regulación por el mercado y al vaciarse la regulación del Estado. El análisis en los tipos de veto es actualmente en discusión de la reforma institucional es indicativo de la percepción que prevalece de déficit en el sistema político.

Este nuevo pensamiento es acerca del papel de las instituciones y los modos organizacionales en la toma de decisiones económicas (Dunning, 1997) La principal contribución de los economistas clásicos y neoclásicos es la de avanzar el entendimiento de la naturaleza de los mercados. Los mercados son considerados como un fenómeno económico, mientras que los institucionalistas enfatizan el significado de las instituciones como un fenómeno económico y desprecian el sentido en que lo entienden los sociólogos como Zucker (1987)

Se necesita determinar los elementos esenciales de una teoría dinámica del papel de las empresas en el desarrollo económico de tal forma que proporcionen un marco de referencia para el análisis social e institucional. El análisis cualitativo institucional compara las alternativas estructurales discretas. Las instituciones son diseñadas para obtener resultados eficientes y representan un papel importante en el desempeño económico. El modelo globalizador de la economía ha dado mayor preponderancia a las empresas en las relaciones con el Estado-nación, aunque resulta difícil separar las fronteras entre el Estado-nación y las empresas, no solo en el plano conceptual sino también en la realidad.

La percepción y concepción dominantes es la de que la separación entre Estados y firmas es un producto del tratamiento de modernidad del mismo Estado-nación. De hecho, la nación requirió de un espacio para desarrollar su vocación histórica, la cual geopolíticamente se convierte en el Estado-nación como forma de gobernabilidad de la modernidad. El espacio nacional se encuentra delimitado por fronteras territoriales geográficas y físicas que definen la ocurrencia de ciertos fenómenos económicos, políticos, sociales y culturales. Estos espacios nacionales han sido determinados como espacios soberanos.

Pero además, este espacio geopolítico cede su lugar a la organización del espacio geoeconómico con sus instituciones de mercado. La geopolítica se origina en el espacio nacional, del cual siguen los espacios internacionales y global donde la geoeconomía tiene mayor preponderancia. Las grandes corporaciones transnacionales y multinacionales promueven la extensión de la geopolítica y la geoeconomía del espacio nacional al espacio internacional y global, no obstante que operan en sinergia con el Estado imperialista que detenta o concentra la propiedad y el control.. Pero en el espacio global que es en donde se representan los procesos de globalización, estos tienen lugar en un contexto sumamente fragmentado.

El punto de vista neoclásico de cómo se comportan los mercados y como deben actuar las instituciones, se fundamenta en la teoría de la elección racional (rational choice) de la economía organizacional. La teoría de la elección racional se sostiene en la hipótesis de que conducta de elección de los individuos trata de maximizar sus propios niveles de satisfacción, hipótesis que no puede afirmarse totalmente. Bajo el enfoque del rational choice propuesto por el neoinstitucionalismo, las instituciones tiene que diseñarse de tal forma que maximicen la racionalidad de los individuos, que maximicen el logro de beneficios y se reduzcan los costos de transacción de sus acciones sujetas a las relaciones del mercado. Los “costos de transacción” resultan de una interpretación subjetiva de información, monitoreo y sanción de los acuerdos establecidos. La reforma institucional puede diseñarse en una síntesis de los dos acercamientos de elección racional institucional y un institucionalismo histórico.

Los actores pueden reformar las instituciones básicas de otras maneras más que por evolución en un largo camino institucional, de tal forma que combina las diferentes tradiciones de la democracia La propuesta de aprendizaje institucional sostiene que los actores políticos que quieren cambiar aspectos de su sistema son influidos por un grado considerable ya sea por el sistema político al cual están cultural o geográficamente más próximos, o cuando hay un acuerdo para un cambio fundamental por modelos que son considerados ser historias de éxito excepcional (Kaiser, 1997).

Las preferencias de los actores políticos son cruciales para lo que se diseña institucionalmente porque los participantes conocen que los altos costos pueden involucrarse si las decisiones van en contra de ellas. El nuevo institucionalismo se aparta del estrecho margen de tipos y explícitamente está relacionada en modelos explicativos basados en actores, tales como a teoría de la elección racional o la teoría de la organización.

El neoinstitucionalismo asume que los sistemas de incentivos económicos de las instituciones desempeñan un papel importante en la dinámica y desarrollo de los sistemas económicos, políticos y sociales. El nuevo institucionalismo es por lo tanto, más que un mensaje simple, el cual no debe sorprender a los institucionalistas clásicos de la importancia que tienen las instituciones. Las instituciones se interpretan como estructuras de incentivos para la acción política.

Hay dos variables de esta tradición de la investigación en la ciencia política. La primera está basada en la elección racional e interpreta a las instituciones como soluciones de equilibrio para los problemas de la acción colectiva. El pobre confrontó al rico con un problema de acción colectiva: cómo crear arreglos colectivos para controlar los efectos externos de la pobreza, al mismo tiempo que prevenir que otros ricos obtengan ganancias de sus acciones sin contribuir, (De Swaan Abram, 1997) La segunda llamada institucionalismo histórico rechaza algunos supuestos de la elección racional y enfatiza fuertemente al tiempo y secuencias en el desarrollo institucional mientras que los teóricos de la elección racional están interesados explícitamente en cómo estas preferencias se construyen socialmente (Kaiser, 1997).

Este neoinstitucionalismo económico o Nueva Economía Institucional opera en las interrelaciones entre el medio ambiente de las instituciones y la gobernabilidad institucional. Las condiciones sociales, económicas, tradiciones culturales o eventos impredecibles importan pero no influyen en forma mecánica en la acción política. La explicación de la acción política en un contexto institucional es diferente de explicar el cambio institucional en períodos largos de tiempo.

Los actores políticos pueden inventar nuevas estrategias para adaptarse a los cambios de reglas y las instituciones son parte de una configuración, donde un cambio hecho en una institución puede tener efectos impredecibles y no esperados en otros. Los grandes actores pueden iniciar acción y subsidiar otros participantes. En el último caso, la historia y la cultura política, entendida como los supuestos básicos del mundo de la política, las cuales restringen el rango de alternativas disponibles, tienen que ser sistemáticamente integradas como factores, los cuales entre otros, dan forma a la manera en que los actores políticos perciben las situaciones de elección (Kaiser, 1997).

El neoinstitucionalismo fortalece el marco de referencia de las estructuras de gobernabilidad regulatorias mediante mecanismos de rational choice, costos de transacción, teoría de la agencia y establecimiento de los contratos internos mediante la provisión de información que es asimétrica y oportunista. Las diferencias en las estructuras de gobernabilidad se relacionan con los atributos de las transacciones, ya que los mercados son desplazados selectivamente más que uniformemente.

La racionalidad instrumental del rational choice o elección racional se orienta por la eficiencia para el crecimiento económico como un fin en sí mismo. El crecimiento económico así conceptualizado se mide cuantitativamente en términos cuantitativos del producto interno bruto y el consumo real promedio. Esta gobernabilidad regulatoria (Henisz, 1999), puede ser administrativa, legislativa, o bien la empresa puede permanecer organizada como propiedad del Estado, ya sea como empresa del Estado o como departamento del gobierno a pesar de que sus costos burocráticos pueden ser demasiado elevados.

Las instituciones determinan las reglas formales e informales del juego en las que se llevan a cabo las relaciones de la acción colectiva. Los grandes actores pueden iniciar acción y subsidiar otros participantes. De esta forma, el llamado sector informal de la economía representa un tipo de subsidio para las empresas capitalistas en el sector formal. Una vez que la acción colectiva se inicia, en el curso de este mismo proceso emerge una colectividad que puede aplicar sanciones informales contra los que contravienen y recompensar a colaboradores a bajo costo (castigo u ostracismo), a ningún costo e incluso a premio (avergonzar, reprochar o criticar) (De Swaan Abram, 1997).

Se reconoce la existencia de una relación estrecha entre la acción colectiva y el diseño de políticas públicas. La acción colectiva y el interés público no deben fundamentarse únicamente en la racionalidad instrumental sino también en los valores cívicos. La acción colectiva y la persecución del interés público limitan los alcances del rational choice debido a que no logra la mayor reducción de los costos de transacción y a los malos diseños institucionales.

Las instituciones deben facilitar los incentivos adecuados para estimular la racionalidad de los individuos considerados como agentes económicos. Las instituciones se interpretan como estructuras de incentivos para la acción política. Para hacerlo, el gobierno debe diseñar políticas que eliminen los mecanismos de discriminación y alinear el medio ambiente institucional. Las condiciones sociales, económicas, tradiciones culturales o eventos impredecibles importan pero no influyen en forma mecánica en la acción política.

A su vez, el diseño del Estado neoliberal y de la formulación de las políticas públicas, se orientan y se ajustan a los fundamentos de las teorías de la elección racional y de la elección pública de la economía neoclásica. Estas guían las decisiones hacia la búsqueda de la eficiencia, la justicia y el interés público en forma de una racionalidad objetivista científica, y por lo tanto positivista, más que desde un criterio procedimental. Los actores políticos que persiguen la estrategia de consolidación apuntan a la excesiva polarización del proceso político, mientras que aquellos que descansan en puntos adicionales del veto experto no están obviamente satisfechos con el resultado de la toma de decisiones democrática en una escala más general. La presencia del interés público es relativa y se alcanza mediante acuerdos que se vuelven contradictorios desde la perspectiva de la racionalidad instrumental en la que la principal motivación de los individuos es su propio interés.

El interés público se define en procesos de negociación entre los intereses de diferentes grupos entre los que el Estado es mediador. El neoliberalismo no se identifica con un Estado centrado en la racionalidad absoluta y la idea de un interés público, sino que se identifica al Estado como un agente económico de los intereses hegemónicos que dominan el mercado. De acuerdo al modelo neoliberal de Estado, este tiene la misión de posibilitar el funcionamiento eficiente del mercado mediante el diseño institucional, el mínimo necesario.

La eficiencia de los agentes económicos está vinculada a las estructuras institucionales, por lo que se requieren análisis del diseño institucional de los sistemas políticos. Los sistemas políticos democráticos pueden interpretarse como las que contienen puntos de veto institucional que dan forma a las estrategias de los actores políticos. Entre más puntos de veto en un sistema político, más difícil es cambiar las políticas así como la estructura en sí misma. El argumento convencional contra el acercamiento es que los diseños institucionales no están realmente diseñados en el sentido que hay una relación directa entre las intenciones de los actores políticos y los resultados institucionales, pero son más o menos el resultado de la evolución histórica (Kaiser, 1997).

De acuerdo con esto, si estamos interesados en la explicación del cambio institucional, se debe estar consciente que la información disponible para los participantes es limitada. Esto significa que cuando se asume que las intenciones de los actores políticos están conectadas lógica y empíricamente a los resultados institucionales, tenemos que reconocer el hecho que esto es una relación más compleja la cual está influenciada adicionalmente por una amplia gama de factores contextuales

Las estructuras institucionales de los sistemas políticos democráticos se explican por factores tales como el tamaño, demografía, desarrollo socio-económico, homogeneidad cultural, herencia colonial o el lugar del país en el sistema económico y político internacional. Los sistemas políticos democráticos pueden interpretarse como las que contienen puntos de veto institucional que dan forma a las estrategias de los actores políticos. Los sistemas políticos que no evolucionan están impedidos de hacerlo, entre otros motivos, por las crisis y cambios en las estructuras económicas, o porque su soberanía se limita al supeditarse al diktat de otro Estado u organización transnacional. Los sistemas políticos democráticos pueden interpretarse como las que contienen puntos de veto institucional que dan forma a las estrategias de los actores políticos.

De acuerdo con este enfoque de diseño del Estado, los individuos buscan la maximización de sus utilidades. La teoría de la elección pública, se relaciona con el análisis de la administración del Estado moderno representado por el desempeño de los administradores y servidores públicos que persiguen la maximización de beneficios. Los Estados que promueven este tipo de “mercado interno”, las operaciones de compraventa se realizan entre los diferentes departamentos entre sí, y si encuentran una mejor oferta fuera de su estructura, la efectúan.

El Estado moderno era un espacio de autoridad con un discurso que tiene como objeto magnificar el poder y el conocimiento. Para el Estado neoliberal, la administración involucra una separación del sistema dirigente que era omnipresente y adaptar un sistema donde el centro de las decisiones económicas está en otra parte y en donde la administración y el Estado tienen que centrarse a sí mismos para jugar un rol de apoyo y actuar como árbitros en el juego en el cual ya no juegan el papel de jugadores dirigentes. Es en este escenario que surge el Estado neocolonial, que es “tan activo, regulador e intervencionista como el populista o el estado de bienestar, pero su actividad, reglas e intervención se dirigen a servir los intereses de una clase diferente: el capital extranjero y la CCT (clase capitalista transnacional)” de acuerdo a Petras (2001d).

El Estado moderno monopolizó la violencia institucional, pero se responsabilizó de la administración de políticas sociales. Sin embargo, surge el cuestionamiento moral (Hoff et al 1993) cuando los individuos realizan acciones para maximizar su propio bienestar en detrimento del bienestar de otros, sobretodo en aquéllas situaciones donde los problemas de información previenen la asignación a los individuos del daño total causado por esta acción. La obtención del bienestar es el principal fin de toda organización de sistemas humanos. El proceso por el que transcurren las acciones directas se caracteriza por pasar del conflicto a la lucha, seguido de la negociación y el monitoreo y por último en la asociación en el mejor de los casos.

La economía clásica o convencional ha asumido esta conducta hiper racional de los individuos. Los dos pilares de la economía ortodoxa son la teoría neoclásica de la empresa y la teoría neoclásica de la conducta del consumidor. La teoría neoclásica de la empresa como una función de producción es una construcción tecnológica en la cual se analizan los trabajos internos de la empresa, las formas y arreglos internos de la organización y en relación con el mercado. Es decir, no solamente se analizan los fenómenos internos de la organización sino también en las relaciones contractuales con otras empresas.

Sin embargo, está surgiendo un nuevo enfoque en la economía conductual que diverge de la teoría de la elección racional (rational choice) Este nuevo enfoque surge en el supuesto de que en la realidad las personas actúen en forma diferente. Es decir, en forma irracional, al buscar la maximización de sus beneficios y de su bienestar mediante el uso de la información disponible y actuando siempre con un auto interés a largo plazo, porque carecen de la visión y de la voluntad para hacer lo que los textos de economía sugieren. En la teoría del rational choice o elección racional, los individuos solo se motivan por su propio interés.

Las variables culturales, políticas, sociales, etc., son vistas como irracionales y no son consideradas por los análisis de la elección racional. El rational choice estudia las relaciones del mercado y las aplica a las relaciones sociales y políticas, a efecto de diseñar las instituciones que maximicen los beneficios de los individuos mediante la creación de incentivos económicos y reduzcan los costos de transacción. El mercado es una construcción social que operacionaliza relaciones sociales. Por ejemplo, hasta ahora, se estudia la relación entre la confianza y la elección racional (Moe, T. 1995). Los defensores del rational choice argumentan la eliminación de todo elemento irracional que influya en las decisiones de intercambio para lograr el nivel óptimo de los beneficios.

Este nuevo enfoque de economía conductual usa las teorías de la conducta para explicar el “rompecabezas del premio de la utilidad”. Esto lo hace bajo el hecho de que los retornos de utilidad a largo plazo son más altos. Por lo tanto, de que las personas odian más las pérdidas que gozan de las ganancias, de que la gente es recíproca al espíritu de otros más que a contra atacar y que las percepciones de injusticias alimentan la revancha aún cuando los costos sean mayores. Además, sostienen los teóricos de este modelo, los economistas Richard Thaler, Andrei Shleifer, Daniel Kahneman y Amos Tversky entre otros, que el trabajo que toma realizar la planeación financiera es una buena razón por la cual las personas son negligentes y descuidan las cosas más importantes que requieren de esfuerzos personales.