LAS NUEVAS FORMAS DE GOBERNABILIDAD TRANSNACIONAL EN EL ESCENARIO DE LA RACIONALIDAD ECONÓMICA DE LOS PROCESOS DE GLOBALIZACIÓN

LAS NUEVAS FORMAS DE GOBERNABILIDAD TRANSNACIONAL EN EL ESCENARIO DE LA RACIONALIDAD ECONÓMICA DE LOS PROCESOS DE GLOBALIZACIÓN

José Gpe. Vargas Hernández

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El rol emergente de la ciudadanía y de la sociedad civil.

Los procesos de globalización han tenido efectos negativos en el tejido social más profundo como sucede con la familia y el cambio de los valores comunitarios. Esta reconstrucción de valores para la vida comunitaria de la sociedad del mañana no surge de la nada. Puede ocurrir que en algunas sociedades con raíces profundas en culturas específicas y con recursos humanos que no pueden ser reinvertidos cuando pueden ser reemplazados. En el modelo económico neoliberal que da soporte a la globalización, la fuerza centrífuga es el “espacio privado” que tiene más preponderancia por sobre las actividades del “espacio público”, debilitando la solidaridad, la calidad de la subsidiariedad entre los grupos o entre las naciones.

Se hace necesario también globalizar la solidaridad. El principio de subsidiariedad del Estado aprovecha las capacidades de la sociedad civil para articular los procesos de provisión de bienes y servicios públicos. La sociedad local y regional es uno de los principales actores sociales que impulsan y promueven el desarrollo equilibrado y equitativo. Con la descentralización , los municipios vuelven a asumir un rol protagónico en la administración de la provisión de los servicios públicos como atención a las necesidades de las localidades.

Al apropiarse de las esferas social y pública, el neoliberalismo globalizador destruye lo colectivo y la cohesión social entre los miembros de una sociedad que se desintegra. La subjetividad es refugio o resistencia contra el modelo de pensamiento único hegemónico (Bourdieu, 1998). Lo colectivo tiene como complemento necesario la autonomía personal y lo individual, de tal forma que al mismo tiempo que se reconocen derechos y obligaciones, también se parte de la comunidad. El vínculo social de lo colectivo persiste en proyectos comunes a pesar de que la visión de la colectividad sea débil. La lógica del sistema hegemónico es inversa al protagonismo de lo colectivo, dando mayor énfasis a las políticas y estrategias individuales.

Este proceso de colectivización puede ser si las sospechas iniciales son eliminadas. Las sociedades son más cohesivas y plurales a medida que se alejan de la gobernabilidad reluctante. La gobernabilidad reluctante se caracteriza por la nula o poca presencia del Estado, por un control difuso territorial y por una diversidad de fuerzas que pretenden legitimar la autoridad. Para reparar la cohesión social, es imperativo el diseño de una política social que reduzca las desigualdades sociales y que además se promuevan comportamientos y valores colectivos, que apoyen la colaboración en la esfera social y no los de individualismo egoísta.

Así, el neoliberalismo aparece como una descripción falsa de la forma en que las sociedades funcionan realmente. Se trata de deteriorar el espacio público para privilegiar el espacio privado. Las redes de solidaridad de las sociedades se rompen por la fuerte orientación de los intereses privados de las grandes empresas que para mantenerse competitivas en el mercado, requieren la sobre explotación de los factores de la producción mediante una relación óptima y con el apoyo de instrumentos avanzados de organización y gestión.

Para revertir esta tendencia, es necesario disminuir la influencia del mercado en el desarrollo y asignar un papel protagónico a la “ciudadanía extensiva” y a la formación de una nueva sociedad. La tendencia hacia una democracia sin ciudadanos como la determinante de las democracias institucionalizadas en una estructura en la cual se afirman en la confianza del sistema o se niegan en la pasividad de la participación política. En este tipo de democracia, el ciudadano se adapta con una participación limitada por los entramados de las redes del poder para formular y exigir el cumplimiento de las demandas.

La sociedad civil y el Estado, como esferas interdependientes están llamadas a involucrarse más en la construcción de una ciudadanía más consciente de los cambios requeridos. En vez de concebir el desarrollo en una exclusiva bipolaridad entre el mercado y el Estado, se tienen que pensar en las potencialidades y posibilidades de un desarrollo humano sustentable basado en un círculo virtuoso de Estado-sociedad civil-mercado. La inestabilidad de las instituciones y la crisis de gobernabilidad por la que atraviesan los sistemas democráticos, limitan los alcances de los programas de desarrollo humano. Los conceptos de desarrollo humano sustentable y de buen gobierno son conceptos intrincados.

Las preocupaciones sobre la naturaleza del desarrollo económico y el correspondiente desarrollo humano, conduce a consideraciones de las políticas y prácticas del Estado-sociedad civil-mercado. Para estos fines, debe considerarse al desarrollo económico como el medio y al desarrollo humano como el fin. Existe una fuerte correlación entre desarrollo humano y desarrollo económico y social. Normalmente se persigue el crecimiento económico como si fuera el fin y no el medio, ya que la noción de crecimiento económico implica la medición cuantitativa del producto interno bruto.

Todo proyecto de desarrollo debe colocar al ser humano y sus relaciones con la comunidad a la que pertenece como el centro sobre el cual deben gravitar todas las potencialidades, capacidades y libertades del ser humano. De acuerdo a Putnam (1993: 183), “la comunidad cívica tiene profundas raíces históricas. Ello es una observación deprimente para quienes ven la reforma institucional como una estrategia de cambio político”. No obstante, cuando una comunidad limita a los individuos que la forman y se restringe a sí misma, dentro de las estructuras del sistema a que pertenece, se constituye prácticamente en un apartheid.

El Índice de Desarrollo Humano (IDH) pretende medir el desarrollo en términos diferentes a las mediciones basadas en el ingreso per cápita del enfoque de desarrollo como crecimiento económico. El crecimiento económico implica la noción de medición cuantitativa en términos del producto interno bruto per cápita y el promedio real de consumo. El IDH, también muestra deficiencias al no poder establecer un cuerpo teórico que permita su operacionalización para facilitar la medición y por lo mismo no mide los niveles de desigualdades.

Ahora el Estado se ha satelizado en torno a la sociedad civil, la cual trata de eliminar las barreras de acceso que separan la esfera pública de la privada y las invade para legitimar y transparentar acciones políticas con fundamento en principios de legalidad y moralidad. Así se transfieren las responsabilidades de carácter público del Estado a la sociedad civil. El capital social fortalece las relaciones y capacidades de la sociedad civil. Es la sociedad local y regional uno de los principales actores sociales en la promoción del desarrollo. Esfera pública es sinónima de res publica que comprende el patrimonio económico público, cultural y medioambiental.

Los políticos pueden ser los intermediarios entre las organizaciones y sus comunidades en la sociedad civil, fortaleciendo la legitimidad en las organizaciones en retorno para asegurar que las comunidades tengan influencia en las políticas de las instituciones. Esto hace necesario la integración y articulación de los diferentes grupos sociales a los procesos de desarrollo, los cuales demandan políticas sociales y programas que permiten a estos grupos resolver el carácter exclusivo de la globalización económica. Sólo a través de la participación civil en la agenda del desarrollo, es posible promover principios de justicia y equidad.

El modelo desarrollista y de modernización estaba centrado en el Estado-nacional y en la defensa de su soberanía e independencia, hasta mediados del siglo pasado. Las elites nacionales proporcionaron el soporte principal de la legitimidad del Estado nacional para acrecentar y mantener su soberanía. No obstante, la tradición ideológica de las elites viejas como estrategia de los grupos de nivel socioeconómico alto, se orienta a limitar la modernización económica al mismo tiempo que fortalece los valores tradicionales de socialización centrada en la familia y en la escuela (Germani, 1966).

La legitimidad del Estado se desgarra entre el desvanecimiento y dispersión de las fuerzas internas y entre el fuerte impacto de las fuerzas externas que la aniquilan. La modernización neoliberal separa a la subjetividad, la considera un proceso autónomo e inconexo que genera tensiones cuando de acuerdo con Lechner (2000), ambos fenómenos son complementarios y es necesario relacionarlos, ya sea en forma espontánea conforme a la apuesta del liberalismo decimonónico o establecida por el Estado conforme al modelo socialdemócrata. La subjetividad es refugio o resistencia contra el modelo de pensamiento único hegemónico (Bourdieu, 1998). El capital social tiene carácter instrumental y expresivo, fortalece la subjetividad frente a la modernización y es también una relación “puramente expresiva y gratuita” como fin en si misma y que además crece en la medida en que la modernización avanza (Lechner, 2000).

El desmantelamiento del modelo de "modernización desarrollista" para privilegiar un nuevo modelo de "modernización globalizadora" ha presentado rasgos estructurales ampliamente debatidos. El enfoque estructuralista de la modernización acepta los costos sociales como exigencias de la implementación del modelo y apuestan a la gobernabilidad. La modernización neoliberal separa a la subjetividad, la considera un proceso autónomo e inconexo que genera tensiones cuando de acuerdo con Lechner (2000), ambos fenómenos son complementarios y es necesario relacionarlos, ya sea en forma espontánea conforme a la apuesta del liberalismo decimonónico o establecida por el Estado conforme al modelo socialdemócrata.

La modernización era vista como un proceso de diferenciación estructural e integración funcional donde tenían lugar las categorías de clasificación del mundo, pero para Giddens (1984, 1990), la teoría de la modernización es vista como un proceso de distanciamiento espacio temporal, en el cual el tiempo y el espacio se desarraigan de un espacio y un tiempo concretos. La modernización neoliberal separa a la subjetividad, la considera un proceso autónomo e inconexo que genera tensiones cuando de acuerdo con Lechner (2000), ambos fenómenos son complementarios y es necesario relacionarlos, ya sea en forma espontánea conforme a la apuesta del liberalismo decimonónico o establecida por el Estado conforme al modelo socialdemócrata.

Los procesos de modernización generan aprendizajes rápidos y traen consigo un incremento en las demandas de bienes y servicios e inflación de las expectativas para satisfacer las necesidades y deseos, lo cual no siempre desarrolla la infraestructura y capacidad para lograrlo.

Las elites financieras nacionales son empujadas por los nuevos mercados financieros internacionales y desquician su relación con el Estado-nacional, al que socavan su soberanía, para entregarse a los intereses y mandatos de las grandes corporaciones e instituciones transnacionales. Por lo tanto, las elites latinoamericanas de los negocios han abierto la puerta a las economías de las corporaciones transnacionales que están interesadas en mano de obra barata, recursos naturales, capital financiero y mercados de consumidores en los países latinoamericanos. La movilidad de la mano de obra no se ha liberalizado, a pesar de los posibles beneficios disciplinarios que traerían al dominio del libre mercado. La nueva clase transnacional capitalista que emerge entre las elites capitalistas nacionales y que son la clase dominante en sus respectivos países, comparten el mismo proyecto neoliberal, intereses y privilegios de los poderes hegemónicos para implantar una política económica que les favorece.

Los grandes intereses de las empresas transnacionales atentan contra la acción reguladora del Estado-nación porque es el principal obstáculo para lograr la mayor tasa de utilidades sobre sus inversiones mediante la consecución de materias primas a bajos costos y en abundancia, penetración y ampliación de la cobertura de nuevos mercados, reducción de los costos de transacción de las operaciones de comercialización, etc.

Los procesos de modernización del Estado-nación no implicaron la modernización de lo público que ha dado lugar a burocracias que se han apropiado del Estado hasta el extremo de privatizarlo. La estrategia de modernización por la globalización, cede la soberanía e independencia del Estado a favor de organismos supranacionales, lo que significa la pérdida de la hegemonía del Estado nacional.

De acuerdo a Camou (1992) son: "la creciente transnacionalización de flujos de bienes, servicios y factores de producción (en la que se destaca el papel de la información); la emergencia de la economía del saber, esto es un modo de producción que hace del dominio del conocimiento un factor productivo estratégico, y finalmente, lo que parece ser la tendencia a la separación del patrón de crecimiento económico respecto al patrón del pleno empleo, con las todavía inciertas consecuencias sobre la información de una nueva estructura social". El conocimiento es ahora un recurso más importante que el capital y las materias primas que profundiza o estrecha las brechas del desarrollo entre los países. La globalización del conocimiento produce grandes beneficios en la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos del mundo más desarrollado. No obstante, la adaptación del conocimiento del desarrollo a las condiciones y cultura locales presenta serios obstáculos tanto teórico-metodológicos como prácticos.

La corriente “neoliberal” del desarrollo pone un énfasis mayor en la efectividad de la estrategia del racionalismo económico de una “ciudadanía activa”, que más que constituirse en un foro para la participación política, es reforzada por mecanismos que apoyan la elección del consumidor y la libertad del mercado. En general, los ciudadanos participan poco o son indiferentes en los asuntos políticos, no se identifican con el juego de la política ni con políticos o partidos políticos a los que desdeñan y en ocasiones desprecian. La tendencia hacia una democracia sin ciudadanos como la determinante de las democracias institucionalizadas en una estructura en la cual se afirman en la confianza del sistema o se niegan en la pasividad de la participación política

Esta visión de ciudadanía entra en crisis y arrastra la razón de igualdad. El ciudadano como el titular de derechos humanos o derechos de hombre que comprenden todos los derechos, los políticos, económicos, sociales, republicanos patrimoniales, etc., es reducido a su mínima expresión como cliente o usuario integrado más a un mercado que a una sociedad participativa. Estos mecanismos convierten precisamente al lugar del mercado en lo que determine el propio interés de los consumidores.

En palabras de Petrella (1996), "Antes que la sociedad cuenta el mercado... este no tiene más historia que la de corta duración. La vida de un producto y de un servicio es cada vez más breve, los mercados se vuelven volátiles, efímeros y su carácter no durable aumenta la incertidumbre de los propios mercados...". El carácter reversible que tienen los derechos sociales se debe a que han sido otorgados en forma paternalista, más que a ser derechos conquistados. El otorgamiento de los derechos la realiza una clase económica y política que decide o es presionada para hacerlo, mientras que la conquista de los derechos se logra por una amplia clase media que los reclama.

La noción de democracia implica los conceptos de ciudadanía política, ciudadanía civil y ciudadanía social. La ciudadanía civil involucra el goce de garantías fundamentales protegidas por el Estado. Existe teóricamente una cuidadosa separación de la ciudadanía política y la ciudadanía social de la productividad económica, en donde la identidad conferida sobre el ciudadano no es una de subjetividad individualizada sino una contractual, de titularidad cuidadosamente itematizada. El capital social tiene carácter instrumental y expresivo, fortalece la subjetividad frente a la modernización y es también una relación “puramente expresiva y gratuita” como fin en si misma y que además crece en la medida en que la modernización avanza (Lechner, 2000).

La transformación del capital social tiene relación con los cambios a niveles sociales y con los cambios en la identidad de los individuos. Lechner (2000) sostiene que las políticas de desarrollo tienen que manejar complementariamente la modernización y la subjetividad. El capital social tiene carácter instrumental y expresivo, fortalece la subjetividad frente a la modernización y es también una relación “puramente expresiva y gratuita” como fin en si misma y que además crece en la medida en que la modernización avanza (Lechner, 2000).La gran diversidad de intereses económicos, políticos y sociales de los individuos, los impulsan a lograr establecer sus propios espacios para la expresión de su identidad ya sea en los espacios nacionales o en los espacios transnacionales. Los intereses económicos se redefinen en los diferentes espacios locales, regionales, nacionales e internacionales.

Bajo esta concepción, la ciudadanía entra en crisis y arrastra consigo el principio de razón igualitaria. Esta separación de las concepciones de ciudadanía identifica al ciudadano como cliente y lo despojan de sus derechos de ciudadano para fiscalizar las funciones públicas, para exigir su participación, el cumplimiento y la transparencia de las políticas y programas públicos extender la ciudadanía social a los excluidos socialmente es entrar en un proceso de democratización de la globalización. Así, los avances en materia de democratización implican necesariamente una transformación socialista. La existencia de la miseria, la exclusión y la marginación dan cuenta del fracaso que ha tenido la ciudadanía social. El régimen democrático que protege la ciudadanía política subsiste con un Estado autoritario que garantiza poca ciudadanía cívica y una sociedad inequitativa que es altamente deficitaria de una ciudadanía social.

El ciudadano existe a través de un acceso asegurado al mercado bajo la figura de consumidor, puesto como un punto para determinar la equidad, pero en los términos de una identidad que es acertada a través de clamores específicamente enumerados. Los ciudadanos tienen sus propios intereses y procuran los espacios convenientes para expresarlos, ya sean en el ámbito nacional o en el transnacional. Algunos economistas han tomado seriamente al mercado como una esfera pública, es decir como un espacio público abierto de ciudadanía contractual, en donde los individuos actúan más como agentes que se comprometen con el bien común bajo condición de que las políticas de asignación trabajen hacia grandes niveles de igualdad económica, más que de crear una más difusa igualdad social, entre todos los participantes.

La incorporación de mayores segmentos de la sociedad al mercado implican que estos segmentos eleven sus niveles de eficiencia y productividad para volverse más competitivos conforme a las exigencias del modelo. La sociedad local y regional es uno de los principales actores sociales promotores de un desarrollo que puede ser más equilibrado y equitativo. Las ilusiones acerca de los bajos costos de cooperación pueden prevalecer. Los grandes actores pueden iniciar acción y subsidiar otros participantes. El gran desafío que tienen las sociedades locales en general y sociedades periféricas en particular es desarrollar las capacidades para alcanzar los niveles de ventaja competitiva requeridos para insertarse en las redes de los procesos de globalización económica y recibir los beneficios. Ya que las empresas nacionales y locales carecen de los medios para competir en igualdad de términos con el capitalismo transnacional, tienen pocas posibilidades de elección que no sea otra que convertirse en los socios junior locales.

Ma (2000) hace un análisis de las tres teorías de la ventaja competitiva en el campo de estratégico desde el punto de vista y tratamiento de la empresa, los conceptos teóricos centrales y su tarea de estrategia, los cuales le sirven para adelantar un modelo integrador. Desde la perspectiva de la orientación a los recursos analiza los acercamientos al compromiso, la economía Schumpeterian, la economía de los costos de transacción y la perspectiva de la eficiencia, la perspectiva ecológica, la hipercompetencia y la teoría de juegos y co-opetición. De esta forma, el aparato de la economía institucional, la teoría de juegos y la elección racional están disponibles para la teoría empírica de la democracia.

Su modelo integrado le denomina como modelo de desempeño superior persistente. La economía de los costos de transacción proporciona la plataforma para el diseño de las estructuras de las nuevas formas de organización y por lo tanto de las nuevas formas de gobernabilidad. Las nuevas formas de gobernabilidad de lo colectivo deben sustituir a las estructuras rígidas y pesadas que no dan respuesta a exigencias de la individualidad con orientación abierta y que por lo tanto requieren la emergencia de nuevas formas colectivas con estructuras más abiertas, flexibles y livianas que respondan a las exigencias de la individualidad con orientación abierta. Los problemas que tienen las jerarquías para lograr coordinaciones más efectivas han impulsado a la aplicación de procesos de flexibilización post-fordista que facilitan la coordinación horizontal mediante redes.Las transacciones que proporcionan beneficios a las partes involucradas en forma mutua deben ser las preferidas en el diseño de la estructura.

De acuerdo a Williamson, (2000), la adaptación a las organizaciones en las que se enfoca la economía de los costos de transacción, se fundamenta en dos tipos, la autónoma y la de cooperación. Los “costos de transacción” resultan de una interpretación subjetiva de información, monitoreo y sanción de los acuerdos establecidos. Cualquier cosa o situación que pueda ser tratado en términos de economía, puede ser analizado desde la perspectiva de los costos de transacción. La economía de los costos de transacción argumenta que cada forma genérica de gobernabilidad se apoya en una forma distintiva de contrato legal bajo circunstancias determinadas. Así, la economía de los costos de transacción siempre encuentra explicaciones comparativas de las estructuras organizacionales e institucionales.

En su modelo de desempeño superior persistente, el sistema de ventaja competitiva se apoya en tres factores: la posición, la capacidad y la acción. La posición está referida al poder del mercado y al liderazgo en los eco-sistemas de negocios. La capacidad está referida a las dotaciones únicas, las competencias centrales, la capacidad dinámica y eficiencia. La acción está referida a la innovación, la hipercompetencia, la coopetición y el compromiso. No obstante, cuando los sistemas se vuelven más competitivos, las personas se vuelven menos necesarias.

Así, la ciudadanía que debe surgir de un sistema legal y a partir de formar parte de una organización territorial del Estado mismo más que de un régimen, se reduce a su mínima expresión en la concepción economicista delimitada por el mercado. Las nociones de ciudadanía y democracia se vinculan como atributos del Estado, del régimen político y de la sociedad.

El neoliberalismo consiste en un conjunto de políticas económicas que promueven un orden económico basado en el libre mercado bajo ciertas reglas económicas y legales, cuya aplicación ha producido resultados parciales e imperfectos, al no poder dar la libertad económica a todos los individuos, verdadero fin del liberalismo. El imperio absoluto del mercado como la única forma de gobernabilidad congela el orden de cosas existente, descalifica y censura toda alternativa posible. La retórica de la doctrina del libre mercado ha sido sostenida y promovida por los ideólogos de la derecha ha sido también asimilada y repetida por los de la izquierda. La derecha ha tomado ventaja de las situaciones para la promoción de funciones del Estado y de una política económica que beneficia a los intereses de las grandes corporaciones transnacionales.

La izquierda se concentra en la pérdida de las funciones del Estado, mientras la derecha aprovecha las circunstancias para y reforzar aquellas actividades del Estado que benefician a los intereses de las grandes corporaciones transnacionales. Esto es, la existencia del mercado libre no necesariamente ha contribuido a liberar económicamente a los hombres. Por el contrario, el neoliberalismo ha producido una mayor dependencia económica en la mayoría de los individuos, mientras unos pocos tienen el verdadero control sobre los beneficios económicos.

Moralmente el neoliberalismo resulta inaceptable para cualquier experto en economía política que verdaderamente se preocupe por el uso eficiente de los recursos escasos, sino también porque sus propuestas sean moralmente aceptables. El sentimiento de impotencia y frustración por la injusticia social que emana de un modelo que se dice ser producto de la “racionalidad” pero que excluye y destruye la vida de las mayorías es inviable e insostenible como modelo de desarrollo de la humanidad.

Esta injusticia social se manifiesta con los indicadores que muestran que la desigualdad, no solamente se mantiene igual, sino que sigue creciendo. La expansión de nuestro actual sistema industrial a través de la liberalización y el incremento de las actividades comerciales puede dar como resultado que más gente tenga un cierto nivel de riqueza material, pero puede al mismo tiempo destruir otros aspectos de la vida que son igualmente más valiosos. De hecho, los procesos de globalización estimulados por la expansión mundial y el desarrollo del capitalismo ha favorecido consistentemente solo una proporción limitada de la población mientras que la mayoría tiene que sufrir los efectos adversos de este proceso. Las manifestaciones de este avance del capitalismo emergente se enmarcan en la paradoja consistente en que mientras se centra en función de los mecanismos autorreguladores del mercado, por otro lado desencadena reacciones en contrario para contrarrestar y compensar los efectos de los mecanismos perversos del mercado.

Contrariamente al supuesto de las ideas modernas igualitarias, liberte-egalité del legado común del pensamiento clásico y republicano, que podemos traducir en la libertad del mercado e igualdad de derechos, la historia de la ciudadanía ha sido aquélla de una posición exclusiva y solamente confinado a los pocos altamente educados (Meredith, 1997) O bien, aquellos que concentran más recursos. Hasta recientemente que se ha extendido parcialmente a una porción más amplia de la población de las modernas democracias y territorios nacionales. No obstante, la posición es clara, la ciudadanía civil, política y social se reclama, se conquista, se logra a través de luchas, cruentas muchas de las veces. Ciertamente, las conquistas de libertades se vinculan a las luchas de carácter político y social

Zakaria argumenta que por casi un siglo la democracia ha significado la democracia liberal, un sistema marcado por elecciones libres y limpias, por la regla de la ley, una separación de poderes, y la protección de libertades básicas de palabra, religión y propiedad. Elecciones libres y transparentes no son condiciones suficientes para la democracia. Para Fukuyama (1999a), una democracia liberal moderna es simplemente una serie de instituciones políticas diseñadas para asegurar derechos universales custodiados por la Lista Estadounidense de Derechos, la Declaración Universal de los Derechos Humanos y las leyes básicas de la mayoría de las democracias contemporáneas. La propuesta para el análisis del cambio institucional es opuesta a la democracia mayoritaria y negociadora como el punto de partida.

Como tipos polares, las democracias con un mínimo de puntos de veto son mayoritarias en carácter, mientras que las democracias de negociación contienen un máximo de puntos de veto. Los puntos de veto son instrumentos institucionales que pueden ser o no usados por los actores políticos, dependiendo de sus estrategias. Las ilusiones acerca de los bajos costos de cooperación pueden prevalecer. Los grandes actores pueden iniciar acción y subsidiar otros participantes. Si nuevos problemas ocurren o nuevos actores políticos entran al juego, la adaptación es preferida sistemáticamente a la reforma, lo que significa que no nuevos puntos de veto son institucionalizados, lo cual cambiará considerablemente la posición del sistema político en el continuo mayoritario-negociación.

Puede también ser el caso que los actores políticos pueden elegir que puntos de veto quieren usar. Los puntos de veto son instrumentos institucionales que pueden ser o no usados por los actores políticos, dependiendo de sus estrategias. Puede también ser el caso que los actores políticos pueden elegir que puntos de veto quieren usar (Kaiser, 1997). La democracia liberal requiere de actores, agentes e instituciones fuertes que abrasen los principios del liberalismo político y económico.

Novak (1999) afirma que la modernidad encontró “los principios prácticos de la sociedad libre hasta entonces desconocidos por los antiguos y los medievales. Sociedad libre en su forma de gobierno, libre en su economía y libre en los ámbitos de la conciencia y la investigación. Los grandes logros modernos en estos tres campos han sido eminentemente prácticos: cómo hacer que las instituciones libres funcionen lo mejor posible y mejor que los antiguos regímenes”. Pero el proceso de construcción de la modernidad bajo la globalización riñe con las identidades nacionales. La transformación del capital social tiene relación con los cambios a niveles sociales y con los cambios en la identidad de los individuos. Esta tendencia y otras son las causantes de lo que Wagner (1996) denomina el final de la modernidad organizada. Muchos de los habitantes de las diferentes regiones del mundo viven bajo condiciones que pueden ser descritas como modernidad desigual más que postmodernidad,

El Estado-nación se constituye como la forma de gobernabilidad que caracteriza a la modernidad y que asegura el espacio a la nación para que ejercite su vocación histórica. El espacio nacional se encuentra delimitado por las fronteras físicas y geográficas territoriales dentro del cual ocurren ciertos fenómenos económicos, políticos, sociales y culturales. Estos espacios nacionales están determinados por la definición de unidades de espacios que son soberanos. Es decir, la modernidad capitalista creó las instituciones que necesitaba para su desarrollo en torno al Estado-nación, tales como la sociedad y el mercado delimitados por fronteras y defendidos con ejércitos propios, etc.

Sin embargo, mientras el espacio geopolítico se origina en el estado-nación, de ahí emergen los niveles de espacios internacionales y global en donde la geoeconomía adquiere mayor relevancia. Es en el espacio global en donde las diferentes expresiones de la globalización se expresan en una forma contextual fragmentada. Las grandes corporaciones transnacionales y multinacionales tratan por todos los medios a su alcance de extender el espacio de aplicación de le geopolítica y la geoconomía del nacional al internacional y global. Las corporaciones transnacionales se reparten los mercados internacionales con el apoyo de los Estados imperialistas que aumentan su poder e influencia. Precisamente, son estos Estados imperialistas los que concentran y detentan la propiedad y el control de las principales corporaciones transnacionales. Estas mismas fuerzas también motivan a los capitalistas individuales y a las empresas capitalistas a concentrar y centralizar su control en varios medios donde la riqueza se acumula.

Sin embargo, los requerimientos de los procesos de globalización están profundizando las manifestaciones contemporáneas del capitalismo y lo han empujado a una crisis, la crisis global del capitalismo moderno. La crisis del objeto del capitalismo no solamente se presenta en el dominio del valor de cambio sino que ya se presentaba en el valor de uso.

La actual crisis del capitalismo representa el pretexto y la oportunidad para los empresarios transnacionales cobijados por el neoliberalismo, para concentra decisiones y poder. Esta crisis capitalista requiere de un redimensionamiento de las instituciones creadas por el capitalismo moderno. Aguirre Rojas (2000) concluye que “la modernidad capitalista parece por fin estar llegando al final de su ciclo de vida histórica general. Un ciclo de vida que, lejos de continuar ahora, con la nueva y transformadora etapa de la “globalización”, se acerca más bien a su terminación, con la crisis y desestructuración globales que ahora presenciamos”. Esta tendencia y otras son las causantes de lo que Wagner (1996) denomina el final de la modernidad organizada.

De hecho, las transnancionales y multinacionales foráneas son motivadas o desmotivadas para adoptar una perspectiva global por los rasgos nacionales, no obstante que en sí mismas mantienen una cultura organizacional fuertemente influida por la nación de origen, cargando consigo estos valores nacionales en su expansión a todas las partes del mundo. En la formación de la cultura corporativa de las grandes empresas transnacionales influyen en forma directa los apoyos y las restricciones que reciben de los Estados nacionales.

Similarmente, en la mayoría de los países que recientemente se han convertido a la doctrina neoliberal, la administración ha sido lenta para hacer los ajustes culturales, especialmente porque significa una pérdida de poder. Conviene recordar la definición de nación de Ernest Gellner (1983) como la formada por aquéllas personas que comparten una misma cultura y que, además, se reconozcan a sí mismas como pertenecientes a la misma nación, tener derechos y responsabilidades mutuos en virtud de una membresía compartida.

En tanto que estas empresas conservan sus marcos de referencia institucional, pueden tomar ventaja de los beneficios institucionales que para sus operaciones cada país les ofrece. Muy pocas organizaciones son anacionales en estricto sentido o globales, como el caso de ciertas agencias internacionales en las que trabajan empleados políglotas. Las agencias internacionales son delimitadas tipológicamente como organizaciones quasi-políticas formada por las asambleas de los consejos de gobierno formados con representantes de los países miembros.

Las corporaciones integradas a los mercados globales no requieren conformarse a un comportamiento ideal global (Doremus, Keller, Pauly and Reich, 1998) No obstante, los autores cuando se enfocan sobre los productos de sus sistemas nacionales, descuentan sus oportunidades para prosperar en un mundo balanceado por influencias globales y locales. Esta situación los lleva a concluir que la globalización más que erosionar las diferencias nacionales, las refuerza.

Sin embargo, se tiene que enfrentar con los retos reduccionistas del racionalismo económico, no poniendo alguna oposición inherente entre ciudadanía y mercado, sino delimitando los clamores posibles a la ciudadanía, la ‘titularidad cívica’ y dando origen a muchos mercados discretos, como por ejemplo, de etnicidad, género, acceso del medio ambiente y social, salud, etc. Estos diferentes tipos de mercados representan formas múltiples y particularísticas de subjectividad democrática. (Brown, 1997)

Entonces, resulta importante la conceptualización de la sociedad civil con relación a la comunidad, el mercado y el Estado, si relacionamos la sociedad civil con los conceptos de democracia substantiva y de Estado de Derecho. La polisemia del concepto de sociedad civil muestra diferentes contenidos según la describa Tocqueville o algún autor actual. Tanto Mill como Tocqueville caracterizan a la sociedad civil distinguiéndola del Estado-aparato, caracterización que es más relevante en Gramsci y que entran en contradicción..

La sociedad civil constituye la forma orgánica más natural de autoorganización social, cuyas actividades y prácticas tienen alguna conexión con los poderes institucionales pero constituyen una fuerza positiva para la democratización. El capital social fortalece las relaciones y capacidades de la sociedad civil. Entre más complejidad exista en la redistribución del poder sea la sociedad civil, más posibilidades tiene de ser democrática. La sociedad civil es conceptualizada no como un sujeto en sí misma, sino como una esfera o campo de acción donde se manifiestan ciertos intereses y en donde las instituciones y entidades que la forman realizan sus funciones y actividades.

De alguna manera, los términos como comunidad, sociedad, Estado, organización, nación, grupo, etc., son formas referentes de orden social. A pesar de que el proyecto utópico neoliberal está desmantelando las instituciones que preservan el orden social, la sobre vivencia de estas instituciones mantienen todavía el orden social lejos del caos. Este derrumbamiento de las instituciones sociales representa el mismo derrumbamiento de la autorrepresentación de la sociedad, una sociedad que está en crisis como resultado de las tensiones a las que la somete los procesos de globalización.

Tanto el Estado, como los sistemas económicos y sociales están sometidos a procesos de constante transformación que dan por resultado constelaciones de variaciones en los sectores públicos y privados en los diferentes países. Las democracias liberales más avanzadas se convirtieron en democracias sociales. La transformación radical del sistema político en las democracias liberales, amenaza las fronteras de la institucionalización de los sectores público y privado, principalmente debido a la pérdida de legitimidad y credibilidad de todas las instituciones políticas, incluyendo a movimientos y partidos políticos, incrementánndose también sus niveles de inestabilidad.

Es mejor dicho, un proceso de desinstitucionalización del Estado que pierde su referente de centralidad con la nación. El nuevo diseño del sistema político tiene que fundamentarse en las normas democráticas, los contrapesos democráticos, la libertad de elección, los derechos humanos, etc. La separación institucional entre política y administración, y al Estado-nación como la unidad básica de gobierno de sociedad (Sorensen, 1997). Las prácticas con una fuerte sustentabilidad democrática en una sociedad, no necesariamente se traducen en la eficiencia de los gobiernos. La modernización puede lograr la sustentabilidad social si se acerca a los fundamentos culturales de la sociedad.