LAS NUEVAS FORMAS DE GOBERNABILIDAD TRANSNACIONAL EN EL ESCENARIO DE LA RACIONALIDAD ECONÓMICA DE LOS PROCESOS DE GLOBALIZACIÓN

LAS NUEVAS FORMAS DE GOBERNABILIDAD TRANSNACIONAL EN EL ESCENARIO DE LA RACIONALIDAD ECONÓMICA DE LOS PROCESOS DE GLOBALIZACIÓN

José Gpe. Vargas Hernández

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El nuevo modelo global emergente.

Los fenómenos de globalización económica han tenido un proceso evolutivo que dura varios siglos y han existido inherentes a los procesos de internacionalización económica que a su vez son el resultado de procesos de acumulación de capital. Los países del denominado Tercer Mundo que fueron colonias de las potencias europeas por varios siglos, experimentaron el fenómeno de la globalización política. La herencia colonial ha marcado las estructuras económicas, políticas, sociales y culturales de los pueblos colonizados. La revolución Industrial en el siglo XIX y la revolución tecnológica del siglo XX son factores importantes que contribuyeron al crecimiento acelerado de las mega corporaciones transnacionales que pugnan por penetrar en las economías nacionales, aún en las más cerradas, y por posicionarse en los mercados mundiales.

La también denominada tercera revolución científico tecnológica ha sido vista como una causa que impulsa los procesos de globalización porque facilita los flujos de capital en una economía global, la que ha sido llamada como Nueva Economía. El mismo concepto de economía global hace referencia a una economía sin Estados nacionales y exagera los alcances y el papel de la autonomía del capital bajo el influjo de una ideología de libre mercado.

El impacto de la Nueva economía sobre el crecimiento económico se exageró, ya que con la reciente crisis queda demostrado que no resuelve los problemas del sistema capitalista, sino que se vuelve más vulnerable a los movimientos especulativos del capital. La liberalización rápida de los mercados financieros en los países del Este asiático fue el factor de mayor peso en su crisis financiera después de experimentar altas tasas de crecimiento cuando sus mercados financieros estaban regulados. La liberalización rápida de los mercados financieros en los países del Este asiático fue el factor de mayor peso en su crisis financiera después de experimentar altas tasas de crecimiento cuando sus mercados financieros estaban regulados.

Esta revolución científico tecnológica fue impulsada por los avances en la tecnología de la información, la biotecnología y en las fibras ópticas. La revolución tecnológica se le consideró como la revolución en la revolución. La revolución tecnológica informacional trae consigo aparejados cambios más profundos que la revolución industrial y la causa de las revoluciones en lo social, económico, político, cultural, etc.

Para Petras (2001c), esta revolución ha sido un mito, no ha existido como una forma de medida empírica de aumento de la productividad, atrajo cuantiosas inversiones que desvió de usos más productivos hacia un sector económico con altos niveles de especulación financiera y vulnerabilidad que terminó en una burbuja financiera reventada. No obstante, Petras sostiene que “las mediciones básicas de una revolución tecnológica son los que los autores llaman la ‘productividad de factores múltiples,’ el aumento de producción por unidad de todas las producciones…las innovaciones de principios y mediados del siglo 20 fueron fuentes mucho más significativas de mejoras de la productividad en toda la economía, que los sistemas electrónicos de información computarizada de fines del siglo.”

Hoy, el mundo asiste a la tercera gran revolución capitalista apoyada por una expansión imperialista, la revolución de la globalización económica, la cual es cuestionada por quienes promueven la revolución democrática y la transformación de las formas de apropiación capitalista de la plusvalía por otras más colectivas. Bajo el imperialismo, las corporaciones transnacionales tienen acceso a los recursos baratos bajo la protección de las naciones más desarrolladas que justifican sus intervenciones en países menos avanzados en nombre de razones humanitarias, la democracia, etc.

Siguiendo a Petras (2001d), el imperialismo “toma muchas formas pero persigue objetivos similares: la conquista de los mercados del tercer mundo, la penetración en economías competidoras y la protección de los mercados domésticos.” Las otras dos olas expansivas del capitalismo inherente al imperialismo, tuvieron lugar después de la conquista de América y con la revolución industrial (Amin, 2001). En la primera fase se desarrolla el sistema mercantilista y se oponen las fuerzas de liberación que desafían la lógica de la producción.

La segunda fase de la expansión del imperialismo capitalista se inicia con la revolución industrial, la cual profundiza la polarización que ha aumentado la desigualdad y provoca confrontaciones entre los poderes imperialistas, surgen las revoluciones socialistas en la periferia y las revoluciones de liberación nacional.

El crecimiento de la economía capitalista está unido a la expansión imperialista. En la tercera fase expansiva del imperialismo globalizador, sus objetivos siguen siendo el control de los mercados mundiales y la explotación de los recursos de los países menos avanzados. En esta fase, la globalización económica equivale a la expansión del capitalismo imperialista de los mercados mundiales. Visto desde la perspectiva global y a través de los lentes conceptuales de la integración contemporánea en la economía capitalista global, se ha reforzado, sino acentuado esta extrema desigualdad así como las relaciones injustas de subordinación y dominación que mantiene y complementa esta desigualdad. Un análisis crítico de los efectos del capitalismo revela que ha creado extremas desigualdades en la región así como en el mundo entero.

La naturaleza de la integración regional en la economía capitalista global ha reforzado las formas extremas de desigualdad e injusticia ampliamente esparcidas que prevalecen en esta parte del mundo. La globalización de los mercados da forma al espacio de la política que da forma a las transformaciones sociales. Las transformaciones económicas y políticas también implican transformaciones de los valores sociales, culturales y sobretodo de valores morales. La conclusión de que la primera causa dela extrema desigualdad social y económica en Latinoamérica y en cualquier parte del mundo es el resultado de la expansión del capitalismo en el mundo. La ideología neoliberal se ha usado para justificar la estrategia de las políticas de reestructuración y ajuste económico seguidas en la mayor parte de los países latinoamericanos desde los ochenta.

Las mil empresas más beneficiadas y triunfadoras de la globalización concentran activos que superan en un 42 por ciento al producto interno bruto mundial calculado por el Banco Mundial en 28 billones 736 mil 978 millones de dólares. Las 100 muy grandes empresas transnacionales controlan el 70% del comercio mundial. No obstante, hay que dejar claro que no existe una relación significativa entre el crecimiento del comercio mundial y el producto bruto mundial. Sin embargo, hay quienes sostienen que la relación entre las tasas de crecimiento entre el producto interno bruto y la apertura comercial están estrechamente vinculadas dando como resultado de sus análisis que a mayor apertura del país en términos comerciales, mayor es el crecimiento y más rápido, a pesar de que reconocen la complejidad del problema (Bonaglia, Braga de Macedo y Bussolo, 2001).

El volumen de la economía financiera es 50 veces superior a la economía real. El valor de mercado de las mil empresas más beneficiadas es de 23 billones 942 mil 986 millones de dólares, cifra que equivale a 11.8 veces el producto interno bruto de todos los países latinoamericanos. El valor de mercado de la General Electric de 520 mil 250 millones de dólares es equivalente al producto interno bruto de México. Cualquiera de las 23 multinacionales más poderosas tienen ventas superiores a lo que México exporta.

De este selecto grupo de mil empresas 484 son de Estados Unidos, con más relevancia las compañías que forman parte de la llamada “nueva economía”. Es decir, que pertenecen a los sectores de la tecnología y las telecomunicaciones (Business Week del 10 de julio del 2000) Sin embargo, la nueva economía prolonga el ciclo económico de la vieja economía y demuestra que la productividad, según el análisis de Petras (2001c) fue mayor antes de la “edad de la información” que durante esta.

Así, frente a una rápida emergencia de la nueva economía y un consecuente colapso, vuelven a surgir las empresas de la vieja economía. Las principales generadoras de tecnología son las grandes corporaciones transnacionales, y por lo mismo, son las que mayor uso tienen para sus propios beneficios. La Nueva economía no trasciende la crisis capitalista, sino que por lo contrario, se vuelve “más vulnerable y dispone de menos recursos en qué apoyarse ya que buena parte de sus movimientos de capital dependen de expectativas especulativas de beneficios altos continuados (Petras, 2001d). El control de los movimientos de capitales por parte de los Estados imperialistas hacia las economías emergentes, tratan de orientarse hacia la desestabilización de regímenes nacionalistas.

Los grandes grupos financieros y de telecomunicaciones concentran el poder e imponen decisiones políticas a través de las agencias multinacionales, dando lugar a la formación de nuevas configuraciones de clase. La expansión de las transnacionales representa una tendencia estructural del capitalismo globalizador en la era de la revolución tecnológica y la consolidación de la “nueva economía” con 10 compañías del sector de las telecomunicaciones de las 25 primeras que encabezan la lista. El enfoque estructuralista de la modernización acepta los costos sociales como exigencias de la implementación del modelo y apuestan a la gobermabilidad que acota la subjetividad. La subjetividad es refugio o resistencia contra el modelo de pensamiento único hegemónico (Bourdieu, 1998).

En cada fase expansiva de las grandes corporaciones transnacionales se requiere el apoyo de los Estados imperiales. La propiedad y el control de las corporaciones transnacionales se concentra altamente en pocos Estados imperiales. Para mantener la confidencia en estos mercados globales, las corporaciones se ajustan cada vez más a las exigencias de los mercados. Cómo consecuencia de estos sucesos, se aceleraron los procesos de globalización.

Los procesos de internacionalización económica y de la información llevan ya varias décadas y han sobrepasado los niveles de integración económica logrados antes de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, ya desde el siglo XVI se despliega un proceso de transnacionalización comercial progresiva y una mundialización de la economía y el mercado capitalista global, cuyas relaciones han generado profundas desigualdades.

El desarrollo histórico de los procesos de globalización representa una configuración coyuntural de varios procesos históricos. Este desarrollo histórico se divide en cuatro épocas. La época de la pre-industrialización que comprende los años anteriores a 1820, constituyó una época previa a la globalización en la que los flujos de los factores económicos fueron leves y el comercio distante se realizó en monopolios que manejaban productos clasificados como de ostentación. En esta época, Saint Simon es considerado uno de los precursores al hacer referencia a un internacionalismo utópico.

La segunda época comprende desde 1820, durante el resto del siglo XIX y hasta la Primera Guerra Mundial, fue un período expansivo del comercio mundial y se considera que la verdadera globalización se realiza. Los trabajos de Marx (1971-1976) y Engels describen y registran los rasgos característicos de los mecanismos de coloniaje en que se dan estos procesos promotores de intercambios desiguales. La herencia colonial ha marcado las estructuras económicas, políticas, sociales y culturales de los pueblos colonizados.

La tercera época que abarca el período comprendido entre las dos guerras mundiales, está caracterizado por inestabilidad de la economía mundial en la que los procesos de globalización sufren un retroceso para convertirse en economías autárquicas. En este período los precursores fueron Weber y Durkheim que tratan sobre el cambio social en la estructura global. Los funcionalistas de la década de los treinta en el siglo pasado sostienen que el principio de la elección racional fundamenta la internacionalización de los mercados y la democracia.

En economía tienen mucha influencia los trabajos de Keynes que promueven el desmantelamiento de los procesos de globalización mediante una política económica que alienta la intervención estatal en todas las áreas de la producción, distribución y consumo. Keynes sugirió que la regulación e intervenciones del gobierno es necesaria para promover una mayor equidad en el desarrollo. Se imponen barreras a los flujos del comercio internacional que restringen las relaciones de intercambio entre las naciones.

La cuarta época de la globalización comprende toda la segunda parte del siglo XX y al igual que la segunda etapa, se caracterizan por la expansión de los procesos de globalización. Entonces como ahora, los procesos de globalización son similares cualitativamente aunque con algunas diferencias cuantitativas (Aguirre Rojas, 2000) en las formas de producción, distribución, comercio y consumo.

Los movimientos de liberación nacional después de la Segunda Guerra Mundial terminan con un sistema de colonialismo. Sin embargo, al herencia colonia marcó las estructuras económicas, políticas, sociales y culturales de los pueblos colonizados. Estos movimientos unieron a comunidades étnicas y religiosas en contra del capitalismo como un enemigo común. Los países que ganaron su independencia de las potencias europeas, entraron en los procesos de globalización económica. Así, la globalización económica sustituye al viejo sistema colonialista de las potencias europeas para la acumulación capitalista. Los procesos de la economía global son más inestables que nunca antes. A partir de esta guerra, los procesos de integración han pasado por dos etapas.

La primera inicia con los acuerdos de Bretton Woods para regular los flujos internacionales de capitales y establecer las tasas de cambio. La ideología del liberalismo fue el fundamento para la creación de las instituciones de Bretton Woods, para la prevención de problemas temporales de falta de equilibrio de la balanza de pagos y para la resolución de conflictos futuros de las naciones mediante préstamos para la reconstrucción y el desarrollo. En la segunda etapa más identificada con la globalización, la expansión financiera se propagó y se profundizó con la crisis de las instituciones del sistema monetario internacional y los acuerdos de Breton Woods.

La instrumentación de los planes para la reconstrucción económica durante el periodo de de la segunda guerra mundial, sienta las bases institucionales para la internacionalización de la economía y para la convergencia de las economías, las prácticas de los negocios y los estilos de vida. El período comprendido desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta el colapso del socialismo soviético, se caracteriza por proyectos de desarrollo, uno más orientado por una extensión de sociedad de mercado y el otro con una orientación idealista para el establecimiento de una sociedad justa, igualitaria y rica. Es la sociedad local y regional el actor social que adquiere relevancia para la promoción del crecimiento económico y el desarrollo más justo y equilibrado entre las diferentes regiones.

El proyecto desarrollista que emerge estabilizó la economía capitalista, sobre la base de una organización liberal y principios mercantilistas que sirven como fundamento al Estado-nación. La relación entre el Estado-nación y su ambiente internacional fue transformada radicalmente con la creación de un sistema político supranacional en el cual los Estados-nación son miembros y socios de nuevas agencias e instituciones internacionales creadas para establecer la gobernabilidad de un nuevo sistema económico, político y social mundial.

El diseño de este nuevo sistema sobre la base de una motivación de servicio que se exprese a través de la cooperación, debe implicar no solamente la satisfacción de los intereses actuales sino también la preservación de los recursos naturales para la satisfacción de los intereses futuros, con base en decisiones a largo plazo que beneficien a muchos en vez de decisiones a corto plazo y que beneficien solo a unos cuantos. Los manipuladores pueden tener la expectativa de que otros cooperan, dándose el problema del “gorrón”, pero las ilusiones acerca de los bajos costos de cooperación pueden prevalecer. El capital social resuelve este problema del gorrón, mediante la implantación de estrategias de sociabilidad que fortalecen los lazos de confianza, cooperación y generosidad entre las partes.

Se estableció un orden internacional más densamente integrado y gobernado que transformó las agendas políticas y cambió las prácticas de gobernabilidad de los Estados-nación miembros. El actual orden internacional existente es modificado por los conflictos de poder entre los Estados y los diversos intereses hegemónicos entre los grupos económicos, contrariamente a la tesis sostenida por Hungtington (1993) que sostiene que la fuente fundamental de conflicto no es ni ideológica, ni económica, afirmando y concluyendo que las grandes divisiones entre la humanidad y la fuente dominante del conflicto serán culturales.

Los conflictos bélicos ahora se presentan más entre los diferentes grupos con intereses específicos en un ambiente de globalizadad, más que entre Estados-nación. Las diferencias de intereses de clase entre las naciones se obscurecen en categorías abstractas. Sin embargo, los Estados-nación se mantendrán como los actores más poderosos en el mundo, pero los principales conflictos de la política global ocurrirán entre naciones y grupos de diferentes civilizaciones.

Sin embargo, las estructuras de la propiedad corporativa permanecen, hasta cierto punto, diferentes por sus formas de concentración y la influencia laboral. La movilidad internacional del trabajo calificado cambia el conjunto de restricciones bajo las cuales se formulan las políticas nacionales. El proceso de institucionalización de la economía ha sido acelerado a partir de la constitución del Grupo de los Siete (G-7), el cual ha asumido funciones de un gobierno económico global direccionado la globalización económica manifestada en la eliminación de las restricciones al comercio y a las finanzas.

Las economías capitalistas avanzadas se desarrollaron durante las siguientes dos décadas, después de la Segunda Guerra Mundial, en simbiosis con los sistemas políticos democráticos que tienen una alta capacidad para la regulación efectiva y compensaciones de un Estado de Bienestar, basado en una economía de servicios complejos y fragmentados, porque toma como propia la obligación para proveer los servicios asistenciales a toda la población.

Si bien el Estado de Bienestar pudo dar respuesta a satisfacción de las necesidades sociales y asistenciales, por otro lado, dio origen a la formación de entidades colectivas que funcionaron mediante la corporativización de los ciudadanos. Quienes critican al modelo de Estado Benefactor, lo hacen porque se oponen a la política social orientada a solucionar los problemas del bienestar de la colectividad y porque dan prioridad a una política económica que privilegia la economía basada en el libre mercado. Involucrarse en la acción colectiva, los actores buscan traer el ansiado bien colectivo y dar forma a la colectividad con respecto al bien colectivo. Lo colectivo tiene como complemento necesario la autonomía personal y lo individual, de tal forma que al mismo tiempo que se reconocen derechos y obligaciones, también se parte de la comunidad. El vínculo social de lo colectivo persiste en proyectos comunes a pesar de que la visión de la colectividad sea débil.

La formación de sujetos colectivos que no operaban en forma autónoma e independiente, sino de una manera clientelista, para lograr el control político y social de la ciudadanía, fue la forma en que el Estado de Bienestar mantuvo su legitimidad. Las políticas económico-sociales favorecieron la igualdad económica mediante sistemas de prestaciones sociales otorgadas, subvencionadas y administradas por el Estado central. Este modelo de Estado de bienestar otorgaba seguros a las garantías sociales que “cubrían los principales ‘riesgos’ de la existencia, (enfermedad, desocupación, jubilación, invalidez, etcétera)” (Rosanvallón, 1996)

En los inicios de la década de los setenta se crea una Comisión Trilateral con Estados Unidos, Europa y Japón, como una organización estratégica en la cual se diseña un modelo global que favorece a los capitales corporativos, en sustitución del modelo de economía internacional de la posguerra. Durante la segunda mitad de los setenta se transfiere el mando del Estado al mercado mediante programas de desregulación que en realidad otorgan la regulación al mercado.

La implantación del modelo de la globalización desde estos años se da como un proceso fluido para los países miembros de esta Comisión. Se utiliza como estrategia para involucrar a los países menos desarrollados el aliento de la deuda externa mediante créditos blandos etiquetados como “ayuda económica”que posteriormente se convierten en mecanismos de presión cuando las tasas de interés aumentan y los países deudores no pueden cubrir su deuda. Esquemas de créditos de bajos intereses en condiciones favorables, por ejemplo, diseñados para servir al más necesitado, casi invariablemente fallan en alcanzar a la población meta. Petras (2001d) argumenta que los Estados imperialistas como Estados Unidos, Europa y Japón, a través de las instituciones financieras internacionales presionan a los países receptores de préstamos en el tercer mundo para reducir y eliminar barreras comerciales y privatizar empresas del Estado, lo que permite a las empresas transnacionales penetrar en los mercados y comprar empresas locales.

Las instituciones financieras internacionales imponen a los Estados-nación principios para el manejo de su política económica basado en el fundamentalismo del libre mercado, los cuales son aplicados en los países deudores con consecuencias negativas, mientras que los países desarrollados evaden su aplicación. Las instituciones financieras internacionales fortalecen a los Estados imperialistas adoptando una actitud arrogante, voluble y antidemocrática que un día elogia y otro regaña por los logros alcanzados por los países menos desarrollados, lo cual implica que la democracia no es una disciplina racional.

Además, este tipo de ayuda se otorga únicamente a aquellos países que solamente cumplen con la condición de la democratización. Este tipo de ayuda económica no hace otra cosa que perpetuar las relaciones de dependencia y de subsistencia bajo la hegemonía del capital transnacional, el cual se concentra en ciertas empresas y sectores de la economía y en regiones determinadas que arrastran a otras de menor desarrollo en detrimento de su crecimiento económico.

La estrategia funcionó perfectamente para tomar como rehenes a los países que se resistían a aceptar los alcances del nuevo modelo global de desarrollo. A pesar de que el alivio de la deuda es hecho en nombre de los países pobres, éstos empeoran si los recursos no son aplicados correctamente en función de programas que estén dirigidos a lograr el crecimiento económico como un fin en sí mismo. Este programa debe dar credibilidad a la política económica implementada. Como resultado, a pesar de que las clases altas y sus agentes de gobierno, incurren en la carga de grandes deudas en los setenta y en los ochenta, las clases bajas han estado soportando la carga del pago de la deuda durante los noventa. Las consecuencias de estas políticas tienen relación con los efectos de la recesión de las economías de los ochentas y noventas.

Para revertir este proceso, se requiere reducir el peso de servicio de la deuda externa de los países endeudados. Easterly (2000b) analiza un conjunto de modelos teóricos que predicen que los países con preferencias no cambiantes de ahorros a largo plazo, responden al alivio de la deuda con una mezcla en el gasto de sus activos y con nuevos préstamos. También predice que una alta tasa de descuento el gobierno escoge políticas pobres e impone preferencias intertemporales en la economía. Cada vez avanzan las propuestas que tienden a reducir y condonar la deuda de los países pobres que supera el billón (millón de millones) de dólares, las cuales se ven minadas por el incremento en el precio de los energéticos.

Otras interpretaciones históricas (Reich, 1998) sobre el desarrollo de los procesos de globalización lo fechan al final, más que a la mitad, de la década de los setenta y los inicios de los ochenta, y señalan los eventos concurrentes tales como el impacto acumulado de la segunda crisis petrolera, una declinación sustancial en el producto interno bruto, el aumento en las tasas de inflación, el episodio traumático de los rehenes en la embajada de Estados Unidos en Irán, el ascenso al poder de Thatcher en Inglaterra, de Reagan en Estados Unidos y Kohl en Alemania. Sin embargo, la promoción de esta ideología es de hecho un producto de la estrategia global contemporánea de las transnacionales así como de las políticas de las administraciones de Reagan, Bush y Clinton en los Estados Unidos y de Thatcher y Major en Inglaterra. Los antecedente se encuentran en la ideología neoliberal, la cual tiene sus raíces ideológicas en los siglos XVIII y XIX en los pensadores liberales tales como Adam Smith y Jhon Locke.

La ideología del neoliberalismo fue empujada por todo el globo condenando toda acción pública que provenga del Estado-nación, transfiriendo la propiedad de los bienes públicos a los privados y empleando las intervenciones militares para la defensa de sus intereses. Sin embargo, la promoción de esta ideología es de hecho un producto de la estrategia global contemporánea de las transnacionales así como de las políticas de las administraciones de Reagan, Bush y Clinton en los Estados Unidos y de Thatcher y Major en Inglaterra. La formación de alianzas militares entre los Estados imperialistas y otros Estados con fuertes aparatos militares, promueven la expansión de las corporaciones transnacionales en los mercados internacionales. Durante esta segunda mitad de la década de los setenta se transfiere el poder del Estado al mercado mediante programas de desregulación que en realidad otorgan la regulación a los mercados.

Hasta la década de los ochenta, la liberalización del comercio internacional sobre la base multilateral fue el éxito de la época de la posguerra, y ciertamente contribuyó a mejorar el crecimiento económico de la economía internacional. En la fase actual de desarrollo de la economía internacional, las funciones del Estado juegan un papel fundamental. Las relaciones de comercio y de mercados se delimitan en acuerdos entre los Estados, los cuales operan dentro de sus fronteras. El comercio mundial creció a una tasa de más del doble del producto bruto mundial. Dio lugar a un medio ambiente altamente permisivo para la política económica incluyendo a los países en vías de desarrollo que había elegido una política comercial de economía cerrada (Krueger, 1999)

A mediados de la década de los ochenta, los arreglos comerciales preferenciales se empezaron a extender al mismo tiempo que la liberalización comercial multilateral. Sin embargo, la década de los ochenta ha sido denominada la década perdida para los países en desarrollo, con excepción de los países de sudeste asiático, los países ricos se hicieron más ricos y los países pobres se hicieron más pobres. La liberalización rápida de los mercados financieros en los países del Este asiático fue el factor de mayor peso en su crisis financiera después de experimentar altas tasas de crecimiento cuando sus mercados financieros estaban regulados. Así las sociedades nacionales se polarizan entre aquellas pocas que concentran los principales beneficios y permanecen enajenadas en la abundancia de satisfactores de lujo y aquellas naciones que carecen de los recursos suficientes esenciales para satisfacer sus necesidades más básicas o elementales. Durante esta década, los países menos desarrollados tuvieron poco, nada o negativo crecimiento económico y una caída en los ingresos y en la producción de capital.

El orden estructural bipolar que prevaleció desde la Segunda Guerra Mundial y hasta la caída del Muro de Berlín es sustituido por el fenómeno de la globalización, cuyo centro principal de decisiones políticas y económicas tiende a ubicarse en Washington, las cuales se imponen mediante el denominado “Consenso de Washington”. La caída del muro de Berlín y las desiluciones que causó las políticas económicas nacionalistas en númerosos Estados-nación, se creyó que esto representaba el triunfo de la democracia liberal en todo el mundo. El colapso del comunismo legitimó a la democracia como el sistema político más viable.

Los Estados-nación son sometidos a presiones para avanzar en sus transiciones a sistemas con elecciones multipartidistas y a pesar de que contaran con instituciones democráticas, el sistema político es ampliado para dar cabida a nuevos valores y prácticas económico-sociales. Investigaciones sobre la cultura política concluyen que la crisis política tiene poca relación con la crisis de confianza en las instituciones democráticas cuyo nivel de aceptación sigue siendo elevado. De acuerdo a del Alamo (2001), la crisis de la política y del Estado no desestabilizan las instituciones democráticas cuyo poder se asegura mediante el “enjaulamiento” de los ciudadanos que quedan atrapados en las redes del poder.

Estos desarrollos han dado origen a una paradoja: mucho se ha criticado que la democracia ha llegado a los Estados-nación cuando precisamente tienen más restricciones para una toma de decisiones efectiva en los asuntos que le son propios. Es por esto que se dice que para que el desempeño del Estado sea mejor, se requiere que su gobierno esté acotado por restricciones institucionales.

Hay que diferenciar entre la tendencia actual basada en un proyecto de libre mercado a escala mundial, planteamiento que difiere de la economía internacional abierta. En la fase actual del desarrollo de la economía internacional, las funciones del Estado juegan un papel primordial. Los crecientes niveles de internacionalización de comercio e inversiones entre las distintas naciones han sido una tendencia previa a la globalización. Los acuerdos de inversión multilateral entre los diferentes Estados, cuentan siempre con la participación de las grandes empresas transnacionales. Este proyecto de libre mercado global es la propuesta de Estados Unidos que alcanza economías nacionales que antes eran protegidas, para beneficiar a sus empresas transnacionales y multinacionales.

La política exterior rapaz de los Estados Unidos saquea las riquezas en el extranjero “aprovechando programas corruptos de privatización, sobretodo en los países ex comunistas, en América Latina y Asia, la riqueza del Imperio”, basada “más en el poder político y la promoción mediática que en cálculos racionales de mercados” (Petras, 2001b). El Acuerdo de Libre Comercio de América tiene como propósito privilegiar a las grandes corporaciones transnacionales de Estados Unidos que operan en Latinoamérica, al mismo tiempo que restringe el acceso de las empresas latinoamericanas a los mercados de Estados Unidos.

Así, afirma Petras (2001c), la reciprocidad es fórmula para las adquisiciones de Estados Unidos y la bancarrota de las empresas latinoamericanas. La complejidad de la realidad social de Latinoamérica contemporánea es quizás pensada como una complejidad híbrida de ideologías, prácticas y condiciones de la premodernidad, modernidad y postmodernidad. La ideología neoliberal se ha usado para justificar la estrategia de las políticas de reestructuración y ajuste económico seguidas en la mayor parte de los países latinoamericanos desde los ochenta.

Estas empresas transnacionales y multinacionales, principalmente de origen estadounidense, han demostrado un interés en un reducido sector selectivo de bienes y servicios que les garantizan retornos rápidos sobre la inversión. Originalmente la ciudadanía de muchas empresas transnacionales y multinacionales era estadounidense, pero en la actualidad, en pleno auge de los procesos de globalización, se han convertido en organizaciones supranacionales y sin una patria específica, es decir, se han convertido en apátridas.

La revolución tecnológica contribuyó a profundizar y acelerar los procesos de globalización en las últimas décadas del siglo XX con la aparición de las grandes corporaciones transnacionales y multinacionales que actúan sobre la base de un interés nacional, y no las corporaciones sin Estado o stateless corporations. Las elites económicas de los poderes imperiales operan a través de las grandes corporaciones transnacionales, mediante nuevas formas de configuración de clase.

La tradición ideológica de las elites viejas como estrategia de los grupos de nivel socioeconómico alto, se orienta a limitar la modernización económica al mismo tiempo que fortalece los valores tradicionales de socialización centrada en la familia y en la escuela (Germani, 1966). En el sistema imperialista, las corporaciones transnacionales de los Estados imperialistas con quienes operan en sinergia, dominan los mercados y los Estados nacionales. Por lo tanto, las elites nacionales y locales de los negocios han abierto la puerta a las economías de las corporaciones transnacionales que están interesadas en mano de obra barata, recursos naturales, capital financiero y mercados de consumidores en los países latinoamericanos. La movilidad de la mano de obra no se ha liberalizado, a pesar de los posibles beneficios disciplinarios que traerían al dominio del libre mercado.

La globalización, es por lo tanto, un proceso reciente mediante el cual las economías con base nacional se disuelven para integrarse en un mercado mundial donde se efectúan flujos comerciales y financieros dominadas por la libre acción de las fuerzas del mercado que escapan a las regulaciones de los Estados-nación y de las agencias multilaterales internacionales. La intensificación de los flujos comerciales, financieros y tecnológicos es otro de los rasgos característicos de los procesos de globalización. Sin embargo, la realidad es muy limitada con respecto al avance del libre flujo comercial y de inversiones.

La internacionalización de la economía es compatible con la existencia de los gobiernos nacionales y con las agencias internacionales. Sin embargo, la globalización económica requerirá de nuevas formas de gobernabilidad supranacional o gobernabilidad global. Las nuevas formas de gobernabilidad de lo colectivo deben sustituir a las estructuras rígidas y pesadas que no dan respuesta a exigencias de la individualidad con orientación abierta y que por lo tanto requieren la emergencia de nuevas formas colectivas con estructuras más abiertas, flexibles y livianas que respondan a las exigencias de la individualidad con orientación abierta.

Al decir de Haliday (1997: 23), ya se cuenta con un sistema de gobernabilidad global con muchas capas, aunque “uno de los problemas principales es el de resolver, a través de reformas, los efectos de un sistema que ha estado vigente durante varias décadas. ¿Cómo hacer que este sistema de gobernabilidad sea más efectivo, más justo, y más responsable frente a la cambiante situación internacional?”.Ostry (citada por Kehohane y Nye, 2000: 22) llama “gobernabilidad híbrida” a la forma de gobernabilidad que involucra redes de gobiernos, organizaciones multilaterales, grupos no gubernamentales, etc., las cuales están involucradas en los procesos de formulación e implementación de políticas globales.

Esta nueva forma de gobernabilidad suplementa a otras formas de gobernabilidad. Una orientación hacia la gobernabilidad se centra en estas circunstancias diferentes y en las maneras en que cada una de las formas de gobernabilidad puede ser más exitosa que otra. Redes de organizaciones internacionales, sub-unidades de gobiernos, redes transnacionales y transgubernamentales, organizaciones no gubernamentales, asociaciones de profesionales y empresariales, sindicatos de trabajadores, etc., todos tienen un papel importante en las nuevas formas de gobernabilidad que desempeñan en conjunción con las autoridades nacionales y las organizaciones intergubernamentales. Las nuevas formas de gobernabilidad de lo colectivo deben sustituir a las estructuras rígidas y pesadas que no dan respuesta a exigencias de la individualidad con orientación abierta y que por lo tanto requieren la emergencia de nuevas formas colectivas con estructuras más abiertas, flexibles y livianas que respondan a las exigencias de la individualidad con orientación abierta

El nuevo orden transgubernamental constituye una densa red de relaciones menos apremiante que el liberalismo internacional. Un acercamiento a la gobernabilidad se traduce del macronivel de sectores a un mesonivel de programas y a un micronivel de un oficial tomando decisiones de qué debe hacer. (Larmour,1997). La base política de las organizaciones intergubernamentales y de los regímenes internacionales es tan débil que puede declinar la cooperación internacional.

La expansión financiera del capitalismo que toma como base las crisis periódicas, aceleró los procesos de movilidad, concentración y rentabilidad financiera y cuestionó las políticas monetarias de las instituciones nacionales, derivando en una reestructuración de los sistemas productivos a escala global. Las manifestaciones de este avance del capitalismo emergente se enmarcan en la paradoja consistente en que mientras se centra en función de los mecanismos autorreguladores del mercado, por otro lado desencadena reacciones en contrario para contrarrestar y compensar los efectos de los mecanismos perversos del mercado. En pocas palabras, ha creado tensiones en todas las áreas de la actividad humana. Las empresas se convierten en las aliadas de las corporaciones transnacionales en las relaciones simbióticas que mantienen con los Estados-nación.

Sin embargo, ya no son las corporaciones norteamericanas las únicas ganadoras en el tablero de la globalización como producto de las contradicciones del desarrollo del neocapitalismo, de las tensiones que genera en todas las áreas de la actividad humana, y de los efectos laterales de los mercados globales. Estas grandes corporaciones norteamericanas aumentan su dependencia de las filiales en el extranjero para captar sus ganancias, mediante estrategias de exportación, por lo que son las principales interesadas en impulsar la adopción de los principios del libre mercado y de la economía neoliberal. Las corporaciones globales se motivan con el establecimiento de filiales en todos los rincones del mundo en donde aplican las reglas de origen de “contenido local” para satisfacer los requerimientos del libre comercio y de sus principales clientes.

De las 500 corporaciones más importantes del mundo, el 46% son de los Estados Unidos y en menos de una década han incrementado sus ganancias de un 36 a un 43%, y once de las 13 casas financieras mayores del mundo son controladas por inversores de Estados Unidos, según datos de Petras (2001a). En la economía mundial dominan las empresas euroestadounidenses. El 79% de las 500 mayores multinacionales se ubican en Estados Unidos o Europa. Si se incluye a las corporaciones japonesas el porcentaje aumenta a 91% (Petras, 2001c). Los acuerdos internacionales que se perciben como negativos para la captación de utilidades de las transnacionales y multinacionales estadounidenses son rechazados, buscando siempre una justificación con “fines humanitarios”.

Washington toma una posición unilateral mediante la imposición del denominado “Consenso de Washington”, presionando agresivamente para “obtener más ventajas para las corporaciones estadounidenses, aunque sea al precio de alienar a aliados estratégicos y al público en el país” /Petras, 2001). No obstante, una investigación de Abboushi (2001), concluye que las estrategias de crecimiento internacional de las corporaciones estadounidenses han sido hasta ahora robustas y parece que continuará en el futuro.

Mientras que el control de capital se concentra en pocos países de Europa y los Estados Unidos, el resto del mundo se sume en una crisis financiera que da motivos para que los analistas anticipen el fin del neoliberalismo. La prosperidad de la economía estadounidense se basó en la especulación financiera alimentada, dice Petras (2001b) por “...expectativas falsas basadas en propaganda de mercado, desconectada de la economía real. Junto con una política exterior rapaz que saqueaba riquezas en el extranjero aprovechando programas corruptos de privatización, sobretodo en los países ex comunistas, en América Latina y Asia, la riqueza del Imperio, estaba basada más en el poder político y la promoción mediática que en cálculos racionales de mercados.”

Otros analistas sostienen que el derrumbe del liberalismo se presentó con el fin del comunismo en su versión marxista leninista, esto es, en 1989. Por lo tanto, el periodo que comprende el liberalismo como ideología global va de sus inicios en 1789 a su derrumbe en 1989, es decir, doscientos años como doctrina e ideología de centro, que sirvió de pilar al sistema mundial moderno. La ideología neoliberal tiene sus raíces ideológicas en los siglos XVIII y XIX en los pensadores liberales tales como Adam Smith y Jhon Locke.

Cada vez más, el ritmo de la globalización económica se acelera, al grado que se convierte en una fuerza difícilmente gobernable y sin que necesariamente ofrezca soluciones más constructivas a los problemas mundiales. El principal cuestionamiento sobre la globalización económica es cómo encontrar formas de mantener los efectos adversos de la globalización.

La evolución del capitalismo transnacional, o neocapitalismo, ha resultado en la globalización económica, la cual en los términos de Márquez Ayala (2001), se sustenta en cuatro pilares: el ideológico que exalta el mercado, la marca es el neoliberalismo, la base teórica es el monetarismo y su slogan es “la esperanza del acceso colectivo a la aldea global de la prosperidad y el bienestar”. Tanto los promotores como los detractores de los procesos de globalización afirman ser los representantes de los intereses mayoritarios de la ciudadanía silenciosa la que sin aceptar la realidad reacciona con estoicismo. La tendencia hacia una democracia sin ciudadanos como la determinante de las democracias institucionalizadas en una estructura en la cual se afirman en la confianza del sistema o se niegan en la pasividad de la participación política. En este tipo de democracia, el ciudadano se adapta con una participación limitada por los entramados de las redes del poder para formular y exigir el cumplimiento de las demandas.

Los defensores del capitalismo globalizado sostienen que si las condiciones de la ley y el orden se mantienen, el bienestar económico de la sociedad se elevará, porque es más consistente con la naturaleza humana, argumentan. No obstante, el capitalismo globalizador es por naturaleza polarizador del desarrollo de los pueblos, mientras que es amenazado por un bajo crecimiento económico.

La globalización de las relaciones económicas y sociales son el resultado natural de la revolución tecnológica y su tendencia es a unir al mundo por encima de los vínculos institucionales. En el aspecto social, la globalización económica ha dado motivo a discusiones sobre sus efectos negativos en la igualdad y la justicia social, planteando verdaderos dilemas a los filósofos moralistas para reconciliar las realidades del orden emergente con las demandas morales de la sociedad. Tampoco se han encontrado fórmulas que posibiliten la reconciliación de las realidades históricas. La iniquidad y pobreza es el resultado de la injusticia social, consecuencia a su vez de un sistema de valores que privilegia la distribución inequitativa de los recursos, la obtención de utilidad, ganancias y beneficios, y la ausencia de solidaridad y cooperación. Un mayor problema es dar alivio al pobre, es la incapacidad notoria de las instituciones formales en los países pobres para entregar recursos, bienes, tecnología o experiencia a los necesitados (De Swaan Abram, 1997). El alivio al pobre y provisiones sociales similares no vienen como resultado de las acciones de ciudadanos ricos voluntariamente coordinadas de esta forma.

La globalización no ha sobrevivido de la crisis moral que marca el final del milenio. Por lo tanto, la crisis moral necesariamente implica cierta restricción ética similar a cuando la tierra en que está enraizada una planta es pobre y carece de elementos para desarrollarse. Esto implica recibir una ética administrativa empujada por una crisis moral y repensar el profesionalismo en tal forma que la administración esté a tono con el cambio económico y social y las demandas cambiantes de una población desorientada algunas veces en este período de la globalidad, y por lo tanto en una transición simultáneamente económica, política, social y cultural en la mayor parte de los países del mundo. La administración actúa como un juez que asegura el cumplimiento con los valores que forman la ética administrativa y que dan sustancia al servicio público.

Los procesos de globalización económica y comercial son impulsados por los acuerdos entre los Estados y por el crecimiento de las empresas multinacionales. En sí, los procesos de globalización económica desafían el orden económico, político y social y arrebatan el control de los mercados a los Estados-nación, en el supuesto de que los mercados se autorregulan. Pero la autorregulación del mercado a resultado un mito según Polanyi (1957) porque requiere de una acción política deliberada para su implantación. Las instituciones se interpretan como estructuras de incentivos para la acción política.

Polanyi argumenta que el movimiento hacia el mercado libre o autorregulado se constituye más allá de en un simple accesorio de la vida económica, porque dirige por sí mismo la producción y distribución de los bienes, mientras que en los sistemas económicos anteriores, el sistema social absorbía el mercado. El mercado como subsistema es parte de un sistema mayor. El funcionamiento de los mecanismos del mercado, así visto como un subsistema, necesita ser regulado en forma diferente a los actuales términos impuestos por los intereses hegemónicos.

Los procesos de globalización se presentan como redes de integración geoeconómica y geopolítica del capital en varias vertientes como la económica, cultural, social, y en menor grado en la política etc., pero es la vertiente comercial el criterio más dominante. Las redes financieras se han desarrollado más que otras, a tal grado comparativo que el intercambio comercial de bienes y servicios sólo representa una ínfima parte de los movimientos de capitales. Estos movimientos de capitales que buscan maximizar sus utilidades, son incontrolables, más que otros procesos de la globalización económica, vuelven vulnerable a la economía y las destruyen. No obstante, el control de los movimientos de capitales por los Estados imperiales hacia las economías emergentes se orientan a desestabilizar los regímenes nacionalistas. Estas mismas fuerzas también motivan a los capitalistas individuales y a las empresas capitalistas a concentrar y centralizar su control en varios medios donde la riqueza se acumula.

El ciclo económico con sus irracionalidades del sistema capitalista no perdona a la nueva economía que empuja a las industrias de la tecnología de la información. Para limitar los alcances de la irracionalidad e incertidumbre de los movimientos de capitales, se requiere de una red de voluntades e intervenciones políticas. Estas redes aumentan las interrelaciones entre los diferentes actores y agentes gracias a la innovación de la tecnología informática, los que por otra parte tienden a desintegrar mecanismos de control y cohesión social.

Las sociedades son más cohesivas y plurales a medida que se alejan de la gobernabilidad reluctante, la cual se caracteriza por la nula o poca presencia del Estado, por un control difuso territorial y por una diversidad de fuerzas que pretenden legitimar la autoridad. Está claro que la integración económica no siempre viene aparejada con la integración social, la cual queda condicionada a la capacidad de acceso que tienen los individuos al mercado como consumidores.

Estos procesos se vinculan multisecularmente a los despliegues polarizantes del capitalismo mundial. Son compatibles con la lógica del imperialismo para la dominación y apropiación de los excedentes (Saxe-Fernández, 1999). La transferencia de estos excedentes se garantiza mediante el diseño e implementación de políticas en conjunto con las estructuras del poder global.

Rosenau (1995) afirma que la globalización no es lo mismo que globalismo, el cual apunta a las aspiraciones por un estado final de asuntos donde los valores son compartidos y pertinentes para toda la población mundial, su medio ambiente, sus roles como ciudadanos, consumidores o productores con un interés en la acción colectiva designada para solucionar problemas comunes. Las estrategias de competitividad sistémica que requieren los procesos de la globalización entre las personas involucradas, están determinadas por los beneficios que reciben de la acción colectiva los participantes, quienes en ocasiones en un comportamiento del clásico “gorrón” causan más problemas cuando se aprovechan para sacar ventajas de su poca o nula contribución al esfuerzo sin los pagos correspondientes de la cooperación.

El pobre confrontó al rico con un problema de acción colectiva: cómo crear arreglos colectivos para controlar los efectos externos de la pobreza, al mismo tiempo que prevenir que otro ricos obtengan ganancias de sus acciones sin contribuir (De Swaan Abram, 1997). Tampoco es universalismo, valores que abraza toda la humanidad, hipotéticamente o realmente”. Saxe Fernández (2000) denomina el globalismo pop a la ideología conservadora que es un “discurso determinista, a este discurso fácil, que se pone de moda, que es por otra parte, una oferta que siguen muchos públicos: académicos y políticos...”

Mientras que el conservadurismo institucional y las propuestas dependentistas institucionales nos conducen a esperar que la evolución de los sistema políticos democráticos exhiben diferentes patrones, la propuesta de aprendizaje institucional apunta a la convergencia. Así, la política conservadora se orienta por un manejo retrógrada de la política social.

Kaiser (1997) sentencia que la hipótesis del conservadurismo institucional sostiene que las reformas constitucionales en las democracias son relativamente poco comunes, no debido a factores institucionales sino al cálculo de los actores políticos, solamente cuando una gran crisis ocurre, ya sea por un abrupto cambio de factores contextuales o a través de un deterioro dramático de la satisfacción de la política pública, es una ventana de oportunidad abierta para la persecución de planes de reformas. La investigación en la ingeniería constitucional ha tomado nota de los efectos de difusión, tales como la globalización de las comunicaciones que enriquece las bases cognitivas de las cuales escoger.

Mucho antes de que el término globalización, propuesto en 1983 por Theodore Levitt para designar una convergencia de los mercados del mundo, y para referirnos a un objeto que es evasivo e inmanejable, fuera una palabra de moda para significar las conexiones económicas, el mundo ya estaba interrelacionado económica y políticamente. Sólo que ahora el fenómeno se aparece como un verdadero “paradigma montado sobre varias falacias, mitos o slogans” que conduce a la democracia, al bienestar y al progreso de la humanidad. Una propuesta democrática global que no se ajusta a las situaciones locales y viceversa y que “se asimila cada vez más a la defensa de los derechos del hombre y de la propiedad y no a la construcción y al desarrollo de un espacio público” (Laïdi, 2000)

El término globalización es empleado actualmente para hacer referencia a cualquier cosa que puede ser desde la expansión del comercio internacional y empresas que cambian sus puestos de trabajo a cualquier parte del mundo, al igual que a los organismos multilaterales que fijan las reglas para el establecimiento de una economía global. Esta economía global hace referencia a una economía sin Estados nación en donde la autonomía del capital se exagera bajo el influjo de la ideología del libre mercado. El imperio absoluto del mercado como la única forma de gobernabilidad congela el orden de cosas existente, descalifica y censura toda alternativa posible.

En sí, mientras el capital se globaliza, el trabajo se vuelve más local, y mientras el trabajo tiende a delimitarse dentro de fronteras territoriales, el capital no encuentra obstáculos geográficos. El concepto de globalización es ambiguo y sólo trata de expresar las evidencias empíricas. El concepto de globalización comenzó a emplearse con fines académicos a mediados de los años ochenta. En todo caso este concepto de globalización debe revisarse desde sus fundamentos, los contenidos y como procesos que caracterizan al desarrollo del capitalismo mundial y sociedades contemporáneas (Aguirre Rojas, 2000)

Los europeos prefieren hablar de “mundialización” en vez de “globalización” para describir el mismo fenómeno. Para Held (2000) la globalización connota la ampliación e identificación de las relaciones sociales, económicas y políticas a través de regiones y continentes, además de que operan en múltiples escalas temporales. El mercado es una construcción social que operacionaliza relaciones sociales. La globalización trata de la interdependencia y de la imbricación cada vez más estrecha de las economías de numerosos países.

La globalización resulta intensificar las interacciones y la interdependencia internacional Sobre todo el sector financiero, ya que la libertad de circulación de capitales, de flujos financieros, es total y hace que este sector domine muy ampliamente a la esfera económica (Ramonea, 2000) De la Madrid (1996) destaca las tendencias actuales de la globalización en la económica, la mundialización de los fenómenos políticos y la mundialización de la sociedad. Estas tendencias son fenómenos macro por lo que se les denomina también mega tendencias que describen las principales características que determinan la globalización.

El fenómeno conocido como la globalización se refiere a la proliferación del comercio global, los flujos de inversiones y las conexiones de comunicación en un mundo de rápida transformación tecnológica (Stein, 1999) De acuerdo con Cohen (1995), la “globalización es un término que da cuenta de una doble realidad: de un lado la internacionalización de bienes, servicios y factores de producción; de otro, el surgimiento de empresas industriales capaces de concebir su desarrollo en escala mundial y formular para ello estrategias globales de producción, comercilialización y gestión.”

La globalización como proceso, según Wettstein (2000), sostiene la “interacción – y eventualmente interdependencia- que se produce entre las distintas unidades constitutivas del nuevo sistema mundial (bloques de poder, empresas transnacionales, organismos financieros multilaterales, aparatos del Estado, sociedades nacionales, consumidores en sentido amplio), las cuales dan lugar a nuevas formas de configuración de clase. Para Vilas (1997) “la globalización es un proceso de desarrollo desigual en sus diferentes niveles o dimensiones. En su etapa actual se encuentra mucho más desarrollada en materia financiera que en materia de producción o de comercio”. La globalización como un proceso da forma a estrategias dentro de una visión que permite determinar otras alternativas en los modos de producción, estructuras de clases y arreglos políticos.

El concepto de globalización está estrechamente vinculado a la idea de un mundo sin fronteras ni barreras de ningún tipo, en donde las fronteras económicas, políticas, sociales y culturales rebasan a las fronteras nacionales. Ohmae (1995b) sostienen que los administradores del sector privado y los formuladores de políticas están descubriendo que no tiene sentido en un mundo sin fronteras hablar de que los países tienen entidades económicas discretas. Sus variaciones internas son tan grandes y sus conexiones externas son extensivas como para hacer generalizaciones que puedan servir de guías.

La globalización es un conjunto de creencias que promueven un sentido de conectividad, interdependencia e integración en la comunidad mundial. Las transformaciones a que da lugar los procesos de globalización se caracterizan en problemas de fronteras, los cuales cuestionan los intereses soberanos del los Estado-nación y los intereses regionales, internacionales y globales. Las transformaciones económicas y políticas también implican transformaciones de los valores sociales, culturales y sobretodo de valores morales

Las diferencias de intereses de clase entre las naciones se obscurecen en categorías abstractas. La forma en que la globalización organiza la producción, distribución y consumo remueve los factores que condicionan la geografía y las fronteras, haciéndolas menos relevantes. La geografía económica y política del ámbito espacial estatal está cediendo su lugar a una geografía económica y política en los ámbitos regionales y globales. La apertura de las fronteras ha permitido que la tecnología y el conocimiento fluyan alrededor del mundo teniendo como principal motor el incremento de la productividad. La globalización del conocimiento produce grandes beneficios en la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos del mundo más desarrollado. El conocimiento es ahora un recurso más importante que el capital y las materias primas que profundiza o estrecha las brechas del desarrollo entre los países.

No obstante, Petras (2001c) sostiene que la baja productividad lograda en los últimos años, mediante el influjo de la denominada tercera revolución científico-tecnológica, hace que esta sea solo un mito. La economía global está acelerando los cambios en lo que lo más valioso es el conocimiento que sustituye al trabajo como fuente de identidad de los pueblos. La identidad se expresa en intereses que son comunes a través de diferentes instancias nacionales e internacionales. Las diferencias de intereses de clase entre las naciones se obscurecen en categorías abstractas. La economía del futuro es la economía del conocimiento en una sociedad del conocimiento. La economía basada en el conocimiento, la tecnología es el disparador que facilita la creación de satisfactores con alto valor agregado. No obstante, los diferenciales en los procesos de globalización económica e identidad cultural de los pueblos profundizan las fracturas sociales.

Existe similitud de transformación basada en el conocimiento entre los procesos d e desarrollo económico y la transformación institucional, en los países del tercer mundo (Ellerman, 1999). La globalización traerá cambios fundamentales en la base del conocimiento y en y en las capacidades de las instituciones existentes y por lo tanto, establece el escenario para la innovación y la toma de riesgos (Veliyath y Zahra, 2000). ”. Los inversionistas capitalistas toman en consideración los riesgos que tienen sus inversiones en los diferentes países para exigir bonos de utilidades que les garanticen el máximo retorno. Para Giddens (1999:36) los riesgos son “la dinámica movilizadora de una sociedad volcada en el cambio que quiere determinar su propio futuro en lugar de dejarlo a la religión, la tradición y los caprichos de la naturaleza.”

Los Estados nación como bastiones de la sociedad industrial no pueden asimilar y manejar los retos que plantea la sociedad del conocimiento. La globalización, de acuerdo a Amoore (1997) abarca “un amplio rango de aspectos materiales y no materiales de la producción, distribución, administración, finanzas, tecnologías de información y comunicaciones y acumulación del capital”.

Los defensores de los procesos de globalización económica sostienen que la productividad se incrementa cuando los países producen aquellos bienes y servicios en los que tienen ventaja comparativa. Las fuerzas motivo asociadas con la acumulación de riqueza que enfatizan el sistema capitalista orienta los costos de capital individual y las empresas privadas capitalistas para expandir sus actividades acumulativas y eliminar todas las barreras geográficas culturales y políticas que obstruyen su paso a la acumulación de riqueza.

Por globalización se denomina el conjunto de características que predominan en las relaciones económicas, políticas, sociales y culturales a escala internacional. La globalización implica, según Held (1991), que las actividades económicas, políticas y sociales tienen un alcance mundial y la intensificación de los niveles de interacción entre los Estados y las sociedades que integran la sociedad internacional. En este sentido, la globalización denota el acercamiento y la profundización de las relaciones e instituciones a través del espacio y tiempo, en tal forma que las actividades diarias son influidas por sucesos en la otra parte del globo. Tiempo y espacio se vuelven conceptos más abstractos por aquélla circulación de objetos y sujetos que la economía marxista y postmarxista describen (Arellanes Jiménez, 2001). Así mismo, las prácticas y decisiones de los grupos locales o comunidades tienen efectos globales (Held, 1995) Las denominadas “cybercommunities” son grupos de acción colectiva transnacionales formadas por grupos de acción local para frenar los efectos de la globalización. El dilema de la acción colectiva característicamente emerge en un nivel transaccional cuando los agentes son independientes, están conscientes de su interdependencia y no existen agencias que puedan coordinar las acciones de los agentes involucrados.

Estos efectos positivos o adversos de la globalización, de acuerdo a Luna (2000), son la sustitución de los intercambios internos por los externos, la aparición de transacciones que no son bloqueadas por prohibiciones explícitas de normas sociales y el dilema que se crea por el rango de nuevas oportunidades que se incrementan debido a la globalización. Sin embargo, estas oportunidades no están disponibles en igualdad de condiciones para todos los individuos, porque en el mejor de los casos, esta disponibilidad para los individuos permanece constante.

El desplazamiento de los intercambios internos por los externos, puede ser posible de asimilar a tal grado que el intercambio interno no representa la única alternativa para el agente. La ausencia de efectos y el incremento del retrazo, es nada más que el resultado de la carencia de alternativas. La complejidad de las relaciones entre lo local y lo global es enfatizada por contribuciones a la teoría de la globalización, como por ejemplo, Robertson (1995) ha acuñado el término “glocalización” que se asocia a la globalización de los fenómenos pero al mismo tiempo a la localización de relaciones económicas y políticas derivadas de los gobiernos nacionales a los gobiernos locales. Para otros analistas como Ruigrok and van Tulder (1995), la glocalización se refiere al intento de las compañías para llegar a ser aceptado como un “ciudadano local” en un diferente bloque comercial mientras que se transfiere el poco control sobre un área estratégica. La glocalización es antes que todo una estrategia política y de localización de negocios.

La glocalización se asocia con la globalización y se discute si existe complementariedad o tensión. En la era de la globalización, la separación de lo local, nacional, regional y mundial se torna compleja, mientras que los procesos económicos entre estos diferentes niveles son monitoreados por organismos internacionales. Para insertarse en los procesos de globalización, y además contrarrestar la fuerza de su influjo, es necesario que se diseñe e implemente una política local integral de desarrollo que sea inclusiva de las lógicas de los intereses del gobierno, mercado y sociedad locales. Tarapuez y Chamorro (2001) define la política local para el fortalecimiento empresarial como “la organización de los esfuerzos y las acciones de los agentes sociales para el logro de un objetivo amplio y genérico: el desarrollo, competitividad, promoción y fortalecimiento de las MIPYMES”, (micro, pequeñas y medianas empresas).

Las transformaciones económicas regionales y locales están determinadas por los cambios en las estructuras económicas mismas, en las políticas macroeconómicas nacionales y en los procesos de globalización. Las transformaciones económicas y políticas también implican transformaciones de los valores sociales, culturales y sobretodo de valores morales. La intensificación de estos aspectos se debe a las nuevas dimensiones tecnológicas, organizativas, administrativas y legales que sirven de interconexión. Así, las empresas glocalizadas tienen como estrategia la replicación de productos en las diferentes regiones y generan una concentración geográfica de la división del trabajo entre las empresas. A estas empresas que buscan replicarse a niveles locales se les denomina empresas multinacionales.

La tesis que fundamenta estos cambios es la interdependencia económica, política, social y cultural entre los Estado-nación. Los procesos de integración económica que comprenden el libre movimiento de bienes y servicios, trabajo y capital, generan procesos de competencia regulatoria (Pollack, 1997) entre los diferentes sistemas nacionales de regulación. En otras palabras, la competencia está pasando por una redefinición. Sin embargo, mientras que los rendimientos al capital están al alza, los rendimientos al trabajo están a la baja. Así, los procesos de globalización modifican la comprensión de la naturaleza del trabajo, y mientras que este se hace más local, el capital se globaliza.

En estos tiempos se vivencia la información en tiempo real. Si bien el trabajo y el capital han sido los factores que reconoce la economía neoclásica por los últimos dos siglos, la información y el conocimiento están surgiendo como factores importantes de la economía tecno globalizada. Esto da lugar a lo que se conoce como las sociedades del conocimiento (Escorcia, 2000) capaces de agregar valor o no a los intercambios económicos, dejando de manifiesto que el capital ya no es el factor determinante en los procesos económicos. Estos a su vez, de alguna manera están derivando en una nueva división internacional del trabajo que margina del acceso a los beneficios de la revolución tecnológica a muchos trabajadores que pasan a engrosar las filas de un ejército de reserva industrial. El futuro de los trabajadores es muy incierto. Grandes masas de trabajadores sin habilidades se vuelven obsoletos debido a los grandes cambios tecnológicos que obligan a las empresas a requerir trabajadores con más habilidades.

La economía global se caracteriza por una compleja y creciente división internacional del trabajo que crea interdependencias extendidas y cuyas conexiones remotas en las cadenas de producción resultan ser cruciales porque tienen que sostenerse entre actores que ni siquiera se conocen. A menos que se regulen estas cadenas de relaciones creadas por la división internacional del trabajo, los efectos esperados en las economías nacionales y locales pueden ser más desproporcionados que el desorden inicial, debido a que el factor trabajo tiende a localizarse mientras que el capital se globaliza. La gobernabilidad económica debe involucrar la correspondiente gobernabilidad de la división internacional del trabajo.

El Estado no es propiamente hablando, el beneficiario de la gobernabilidad de la nueva división del trabajo, pero es un pivote en el logro de ella debido a que es territorial y la conexión entre los diferentes niveles. Otorga poder a los gobiernos regionales y a las agencias quasi-gubernamentales, participa en los cuerpos de gobierno internacional y puede hacerlos rendir cuentas a las poblaciones nacionales. La autoridad del Estado se mueve hacia arriba hacia las agencias gubernamentales internacionales y hacia abajo, hacia las estructuras de gobierno local, cuya autonomía se encuentra limitada y es relativa, por lo que siempre está en conflicto con los demás niveles de gobierno. Desafortunadamente, el gobierno local no asume su papel como agente del desarrollo en las decisiones relacionadas con la sociedad.

La estructura espacial de las diferentes unidades geográficas está delimitada territorialmente por las fronteras físicas y geográficas que definen los tipos de interrelaciones entre las diferentes entidades geográficas. El Estado tiene atributos que otras agencias no tienen y esto los hace indispensables en el orden institucional requerido para la nueva división internacional del trabajo entre los poderes gobernantes. Hirst, (2000) argumenta que en todos estos arreglos que son balances de las ventajas y limitaciones, el Estado ha ganado más de lo que ha perdido en la capacidad de la gobernabilidad.

La teoría de la ventaja comparativa muestra los beneficios de la división internacional del trabajo. Sólo que ahora, resulta difícil demostrarlo por una teoría del equilibrio que es estática. Mientras que las capacidades están al alza, el trabajo no calificado se encuentra a la baja. Pero también el capital está mejor posicionado debido a su movilidad que el trabajo que se encuentra siempre a la baja. El capital no encuentra fronteras mientras que el trabajo se encuentra delimitado geográficamente. Mientras que el capital tiende más a globalizarse, el trabajo tiende más a ser local. Estos sistemas son ajustados a los procesos de internacionalización del capital a efecto de hacerlos más atractivos a los inversionistas y productores.

De hecho los organismos transnacionales como la UNCTAD considera que las inversiones privadas son la clave para el progreso de las naciones menos desarrolladas, al considerar que el desarrollo es un tema multifuncional y complejo, en el que el sector privado es el actor principal. Además, precisan que al invertir en naciones pobres, las compañías extranjeras un rol vital para superar la trampa de la riqueza (AFP y DPA, 2001)

Mientras que la integración económica se profundiza globalmente, se reducen las capacidades nacionales para regular y para exigir el pago de impuestos al capital móvil y a las empresas (Scharpf, 1997). En otras palabras, los procesos de integración económica internacional erosionan las funciones de un Estado de Bienestar extendido debido a las dificultades para sostener un gran sector público encargado de administrar un sistema de seguridad. No obstante, el modelo del Estado de Bienestar llevado a escala global o mundial representa un proyecto que alienta el rescate de lo mejor de la sociedad humana, en contra de maximizar los intereses de los grandes grupos corporativos transnacionales.

Estos procesos de globalización de las actividades económicas tienen serias implicaciones para la organización política y económica de los Estado-nación, el mercado, las empresas, las instituciones sociales, etc. Las instituciones sociales, económicas y políticas determinan las decisiones y procesos de los sistemas sociales. De hecho, se puede argumentar que lo que se está globalizando es una relación económico social que privatiza los medios de producción, distribución y consumo de bienes y servicios. Si bien sus impactos desencadenan y se apoyan mutuamente con los avances tecnológicos y científicos propiciados por el acceso a las telecomunicaciones, éstos han sido distintos para los diferentes países. A los cambios científicos y tecnológicos suceden y corresponden los cambios económicos y políticos.

La globalización impone cambios que replantean la ideología y el ejercicio del poder político y económico de las sociedades contemporáneas. En parte, estos cambios conllevan a la aparición del Estado como aparato ideológico de un mercado mediático. Se crean y se ejercitan nuevas formas de poder que debilitan las fuentes de legitimidad de la autoridad, responsabilidad y rendición de cuentas. Esta nueva conceptualización de las fuentes de poder debilita la noción territorial como uno de los elementos indispensables del Estado.

El caso más conocido es el planteamiento de la “sociedad abierta” que hace Soros (1998) como un modo para describir “los aspectos positivos de la democracia” como el más alto nivel de la libertad que coincide con la justicia social y que está caracterizada por “el dominio de la ley, el respeto a las opiniones minoritarias, la división de poderes y una economía de mercado”. Esta economía del mercado se fundamenta en las actividades de producción y consumo, cuya dirección obviamente producen una respuesta a las necesidades.

Una sociedad global abierta se mantiene siempre dispuesta al cambio y al mejoramiento, aunque no deja de ser un mero mito. No obstante, está naciendo una sociedad civil globalizada que se ha manifestado en movimientos antiglobalizadores con cierto éxito relativo, como en el caso de la campaña para la prohibición de minas personales y el movimiento Jubileo para la condonación de la deuda externa de los países más pobres.

Por lo tanto, la sociedad capitalista global no es más una mera construcción de carácter ideológico. Esta sociedad capitalista orientada por las estructuras del mercado tiene contradicciones que requieren la intervención política centrada en el Estado para regular las relaciones sociales, las que a su vez demandan de mecanismos de intercambio y mercantilización, generando así procesos simbióticos entre el mercado y el Estado. El mercado es una construcción social que operacionaliza relaciones sociales.

La propuesta de una democratización de la economía de mercado constituye por sí misma un modelo alternativo que implica necesariamente una transformación socialista. El principio organizador de una sociedad global requiere el rechazo al modelo de una sociedad de mercado. Por supuesto que todos estos cambios replantean la relación entre el hombre y la naturaleza, las relaciones de interacción entre los pueblos y Estados-nación dando lugar a la concepción de un nuevo federalismo.

En los dos últimos decenios del siglo pasado (Siglo XX) los procesos de globalización se extendieron y se profundizaron debido a una serie de factores, entre otros: La revolución tecnológica con su impetuoso desarrollo de la telemática y las comunicaciones y la rápida innovación de la base científica y tecnológica. Una economía abierta alienta la innovación con las ideas frescas que proceden de otras partes del mundo. Pero la innovación no ha sido empleada para satisfacer las necesidades inmediatas de todas las personas de este mundo, para aliviar sus niveles crónicos de pobreza, sino más bien para incrementar el crecimiento y la riqueza de quienes más tienen.

Sin embargo, es la interdependencia económica entre todos los Estados-nación el factor distintivo de la globalización, la cual se manifiesta con la intensificación de la internacionalización de las actividades de producción, manufactura y distribución de las organizaciones empresariales, creando un gran mercado mundial. Las estrategias de desarrollo empresarial tienden a orientar la producción hacia los sectores que tienen ventajas competitivas y un mayor valor agregado para insertar eficazmente la economía local y regional en los flujos de los mercados internacionales.

Casi todos los mercados de productos y servicios financieros están interconectados en casi todos los países del mundo y aquéllas organizaciones que se integran estratégicamente a escala transnacional o multinacional y que son capaces de movilizar sus recursos financieros, tecnológicos y de información con mayor rapidez alrededor del mundo, son las que obtienen los beneficios de la globalización. Los beneficios que han obtenido algunas de las naciones del mundo que se han involucrado en los procesos de globalización por sí mismas, se han distribuido en forma equitativa. Las naciones que han logrado mejores beneficios de los procesos de globalización son las que han rechazado los postulados del Consenso de Washington y establecieron sus propios ritmos de crecimiento económico.

Sin embargo otras naciones no lo han logrado, sobretodo aquellas que han tenido la asesoría de las instituciones financieras internacionales. Las instituciones financieras internacionales fortalecen a los Estados imperialistas adoptando una actitud arrogante, voluble y antidemocrática que un día elogia y otro regaña por los logros alcanzados por los países menos desarrollados, lo cual implica que la democracia no es una disciplina racional. Las instituciones financieras internacionales imponen a los Estados-nación principios para el manejo de su política económica basado en el fundamentalismo del libre mercado, los cuales son aplicados en los países deudores con consecuencias negativas, mientras que los países desarrollados evaden su aplicación.

Las relaciones estratégicas entre los diferentes agentes económicos y los mercados son una de las características dominantes de la globalización económica. La posesión de información es vista como un insumo importante de poder. Las empresas transnacionales y multinacionales adquieren poder de información económica en detrimento de los Estados-nación, convirtiéndose en entidades de tomadores de decisiones finales.

Por lo tanto, de las actividades no solamente comerciales y financieras, altamente especulativas, lo que ha dado lugar a la formación de mercado financiero global y facilita la transferencia de inversiones extranjeras en los mercados y servicios nacionales. Los mercados financieros son los procesos más dinámicos de la globalización y se manifiesta en una mayor volatilidad del sistema financiero global y las crisis económicas. Los altos niveles de volatilidad de los sectores económicos especulativos afectan a los otros sectores y socavan los cimientos del sistema económico hegemónico. Es difícil de controlar la volatilidad delos mercados financieros por las naciones pequeñas en desarrollo. En las palabras de Vilas (1997) “... vivimos en medio de una marcada volatilidad, agravada por el carácter de corto plazo que predomina en las corrientes de la inversión financiera (lo que resulta en) una dramática vulnerabilidad de la economía de los juegos financieros de la globalización”.

Las inversiones financieras que tienen como característica principal la volatilidad, se incrementan en mayor volumen que las inversiones productivas, lo que hace más vulnerables a las economías. Al parecer nadie controla los mercados globales de capitales en un mercado financiero que es grande, complejo e interdependiente como para ser controlado por algún actor específico. Sucede exactamente al revés, los mercados financieros dictan las normas tanto a empresas como a los Estados nacionales. Sin embargo, las naciones que han alcanzado niveles más altos de desarrollo económico son aquellas que mantienen sus mercados financieros regulados.

La crisis económica capitalista es aprovechada por sus beneficiarios, los empresarios transnacionales para concentrar las decisiones y el poder. In general, la clase trabajadora y otros elementos de la clase baja, los campesinos, los estratos bajos de la clase media, los participantes pobres en el sector informal, etc., han sido forzados a pagar los costos de la crisis económica de los ochenta y el proceso global de reestructuración capitalista que está teniendo lugar desde los setentas.

Los Estados imperialistas desempeñan una importante función en la gestión de las crisis financieras y económicas de los Estados menos desarrollados que tienen problemas de pago de deuda externa, devaluación de su moneda, etc., así como a las empresas transnacionales que confrontan problemas financieros y económicos. La liberalización financiera que entra como dinero caliente en forma de inversiones extranjeras a los países que liberan sus economías, generan burbujas especulativas que al menor indicio de riesgo que cambia el humor del inversionista y trata de cosechar lo más que puede dejando desolación y devastación financiera. Las monedas nacionales se han devaluado y pegado al patrón del dólar estadounidense, y el crecimiento de las exportaciones, principalmente de las exportaciones no tradicionales, tales como las frutas, las legumbres, as flores y algunos bienes manufacturados, han sido promovidos a expensas de la baja en la producción de alimentos para el consumo doméstico.

Esta crisis del capitalismo global se presenta más en su valor de uso que en su valor de cambio. Las grandes corporaciones trasnacionales que tienen sus matrices en los países desarrollados, son las que obtienen los beneficios de las crisis financieras en los países menos desarrollados mediante la operación de sus filiales. La liberalización financiera que entra como dinero caliente en forma de inversiones extranjeras a los países que liberan sus economías, generan burbujas especulativas que al menor indicio de riesgo que cambia el humor del inversionista y trata de cosechar lo más que puede dejando desolación y devastación financiera. Los flujos especulativos financieros vulneran las políticas macroeconómicas nacionales y acarrea crisis de sectores económicos completos.

Los altos niveles de especulación económica determinan la vulnerabilidad del sistema económico. Basta que una institución nacional tenga ciertas dificultades financieras para arrastrar después de sí a amplios sectores y para rebasar las fronteras, convirtiendo al fenómeno en regional. Pero el final de la crisis económica significa la recuperación de los beneficiarios del capitalismo y una seria disminución del nivel de vida y de beneficios sociales de las clases populares trabajadoras. El futuro de los trabajadores es muy incierto. La crisis del objeto del capitalismo se presenta más en el dominio de su valor de uso que en el dominio del valor de cambio.

No obstante, los Estados nacionales tienen el poder para controlar los problemas que presentan los mercados financieros internacionales mediante políticas prudentes y el uso efectivo de sus propios recursos. Esto lo puede lograr de tal forma que le permitan establecer reglas sobre los tipos de intercambio, y desarrollar las estructuras de gobernabilidad interna de las instituciones con funciones específicas para ejecutar las políticas necesarias para regular los flujos financieros altamente especulativos provenientes del exterior, los cuales vulneran los cimientos de las economías nacionales.

Además, es necesaria la cooperación entre las diferentes autoridades nacionales para controlar las peores formas de especulación financiera. La regulación del sistema financiero internacional es una necesidad urgente para controlar los efectos perniciosos de los flujos financieros especulativos. Así, los altos niveles de especulación de los flujos de capitales globales influencian las estrategias económicas y ataca la estabilidad de todo el sistema económico global. Las investigaciones de las acciones estratégicas, preferencias y actitudes de los actores de la transición política se centran más en la elección racional que en una dimensión más subjetiva.

Bajo un análisis multicausal, Giddens (1990) reconoce como factores de la globalización, el sistema económico capitalista, el sistema interestatal, el complejo militar y los procesos de industrialización. Otros analistas enfatizan que el incremento en la productividad y las inversiones en tecnología son los principales factores que generan la revolución tecnológica, la cual está creando la economía global y que suplanta a las economías locales. No obstante, Petras (2001c) argumenta lo contrario al concluir que solamente el 0.3%, solo una tercera parte del aumento de la productividad durante el período de 1995 a 1999, puede ser atribuido a la revolución de la información. Así, las tecnologías de la información no son las fuerzas dominantes del nuevo orden económico mundial

Las utilidades en las inversiones internacionales y la tecnología no pueden ser tan grandes como para explicar las desigualdades globales que se están creando. La conclusión de que la primera causa dela extrema desigualdad social y económica, como es la situación en Latinoamérica y en cualquier parte del mundo es el resultado de la expansión del capitalismo en el mundo. Las economías contemporáneas de Latinoamérica se han convertido en partes integral del nuevo sistema económico global que es dominado no por naciones Estados, sino por grandes corporaciones transnacionales que constituyen los principales actores globales en este sistema.

La ideología neoliberal se ha usado para justificar la estrategia de las políticas de reestructuración y ajuste económico seguidas en la mayor parte de los países latinoamericanos desde los ochenta. De hecho, los procesos de globalización estimulados por la expansión mundial y el desarrollo del capitalismo ha favorecido consistentemente solo una proporción limitada de la población latinoamericana mientras que la mayoría tiene que sufrir los efectos adversos de este proceso.

Para Castells (1996) los factores fundamentales de los procesos de globalización son el desarrollo de las tecnologías de información, los cambios en la productividad del capital y las nuevas condiciones laborales que afectan de manera desigual a la población. La creciente movilidad internacional de los trabajos calificados cambia el conjunto de restricciones bajo las cuales se formulan las políticas nacionales.

En la era de la tecnología, la especialización comercial de las naciones depende significativamente del conocimiento industrial. El conocimiento es ahora un recurso más importante que el capital y las materias primas que profundiza o estrecha las brechas del desarrollo entre los países. Los constantes cambios tecnológicos a escala global mejoran los niveles de productividad y con ello desplazan a los trabajadores, quienes pasan a formar parte del ejército de desempleados, no solamente en los países avanzados, sino también en los países en desarrollo y los menos desarrollados. El modelo capitalista de acumulación flexible que resulta de los avances tecnológicos, excluye de los beneficios del desarrollo hasta su completa marginalización, a los trabajadores menos competentes en el uso de las nuevas tecnologías.

La superioridad en conocimiento tecnológico de las naciones no sólo se mantiene sino que se acelera con la concurrencia de los cerebros que se fugan de los países menos desarrollados. Bajo el enfoque de la ventaja comparativa de las naciones se concluye que en la medida en que la economía global permanece abierta, las naciones tienden a especializarse en ciertas actividades dentro de la cadena de producción global y a promover competencias en sus empresas e instituciones públicas que favorecen estas actividades. Así, las naciones menos desarrolladas se convierten en receptores de tecnología y se especializan en productos que requieren niveles inferiores de conocimiento intelectual y tecnológico.

Otros factores importantes en la profundización de los procesos de globalización son: La regulación de los mercados y los diversos organismos económicos multilaterales. El incremento del intercambio comercial de bienes y servicios entre las diferentes naciones y la formación de bloques comerciales: La expansión del poder financiero de las corporaciones multinacionales y transnacionales por todo el mundo, libre de controles y con poderes de decisión no sujeto a nadie.

Estas corporaciones buscan expandir sus inversiones y sus propias exportaciones en el extranjero. La expansión de las corporaciones transnacionales es precedida por la expansión militar y política de los estados imperiales. Las alianzas militares de los estados imperialistas y los aparatos militares de otros Estados promueven la penetración y expansión de las transnacionales en los mercados internacionales. Los acuerdos multilaterales de inversiones entre los diferentes Estados nación con la participación activa de las grandes corporaciones transnacionales. Las empresas transnacionales, organizaciones internacionales y los Estados más avanzados concentran las estructuras de decisión y estrategia en materia de inversiones, desarrollo, ganancias, flujos de capital, etc.

Las grandes corporaciones financieras y de medios de comunicación concentran el poder e imponen sus decisiones. Las organizaciones internacionales tienden a ser dominadas por pequeñas redes de profesionales que modifican las reglas informales y las prácticas. Los gobiernos nacionales se han convertido en meros subcontratistas de las grandes corporaciones transnacionales y multinacionales. Todas estas organizaciones prevalecen sobre los sindicatos de trabajadores que defienden el proteccionismo. El futuro de los trabajadores es muy incierto.

Las transnacionales y multinacionales buscan las reducciones de las regulaciones en los países que penetran, para poder operar en “manga ancha”, lo que contribuye a aumentar aún más la dependencia de los países pobres. Así los procesos de globalización perpetúan las relaciones de dependencia entre los pueblos menos desarrollados y los de más alto desarrollo capitalista. Los pueblos más desarrollados concentran los beneficios y permanecen enajenados en una abundancia de bienes suntuarios mientras que la inmensa mayoría de naciones solo disponen de los recursos esenciales para satisfacer sus necesidades básicas de subsistencia, y muchos de ellos ni siquiera eso.

Es decir, la globalización está profundizando las relaciones de dependencia y desarrollo entre los pueblos del mundo mediante procesos que son de saqueo, rapiña y devastación de recursos naturales, humanos y financieros. Al respecto, González Casanova (1997) ha dicho que “la actual globalización mantiene y reformula las estructuras de la dependencia de origen colonial y las no menos sólidas del imperialismo de fines del siglo XX, y del capitalismo central y periférico que se estructuró entre 1930 y 1980”.

La herencia colonial marcó las estructuras económicas, sociales, políticas y culturales de los pueblos colonizados. De lo anterior concluye que el discurso de la globalidad se está usando para una reconversión de la dependencia. Estos problemas incluyen un pronunciado grado de explotación económica, desigualdad social y económica, injusticia social y política que ha caracterizado a la región desde los tiempos en que los indígenas pobladores de estas tierras fueron subyugados por la fuerza a la dominación colonial europea en el siglo XVI. El cuadro general es uno de un muy pequeño grupo de dueños de la tierra quienes poseen grandes extensiones de tierra.

El incremento de las deudas internacionales y los apuntalamientos políticos de las relaciones intergubernamentales entre los países poderosos, como los casos de Estados Unidos-Japón y Francia-Alemania, son dos importantes factores que aceleraron los cambios. Este tipo de relaciones transgubernamentales que forman verdaderas “redes de gobiernos” tiende a resolver problemas de gobernabilidad global. Sin embargo, estas redes son secretivas, no son tan abiertas a un número mayor de participantes, lo que las hace una especie de redes de grupos elites.

Uno de los principales problemas para el ejercicio de la gobernabilidad es la necesidad de encontrar aliados que asegure la aprobación de las iniciativas por las mayorías. La propuesta de la dependencia institucional sostiene que estas son preferidas a aquellas que están más cercas a la mayoría original o al diseño de negociación más posible. Slaughter (2000) argumenta que la legitimidad de estas redes gubernamentales deriva de su propio desempeño y de su proceso, ya que operan a través de procesos de persuasión más que en las decisiones de autoridades. Estas redes gubernamentales pueden otorgar más poder a los gobiernos democráticos y sus políticos mediante la cooperación entre ellos, en vez de dejar las decisiones al mercado.

Igualmente, la caída estrepitosa del socialismo soviético y de los países de Europa del Este, de los que curiosamente, Gorvachov ha sostenido que su esencia era la competencia en el sentido Hegeliano-Marxista. El sistema socialista no estaba preparado para competir con los procesos de destrucción creativa del capitalismo financiero global que promete la prosperidad para todos. Pero a su vez tiene que criticarse activamente al capitalismo financiero. El proyecto del socialismo estatal fue incapaz de competir con el capital financiero globalizado.

Por lo tanto, el socialismo real entró en un período de decadencia total, en una crisis sin retorno. Frente a los excesos del capitalismo, es necesario encontrar explicaciones y enseñanzas de esta caída a efecto de redefinir las nuevas formas de organización. Si bien hay que aceptar que el socialismo no fracasó del todo porque llevó a cabo importantes contribuciones al desarrollo de los pueblos que lo experimentaron, más, sin embargo, no pudo resistir los ataques ideológicos del capitalismo globalizador. La crisis del objeto del capitalismo cae más en el dominio del valor de uso más que en el valor de cambio.

El incremento de los niveles de hambre, marginación, pobreza, crimen e inseguridad pública, falta de alimentos, de trabajo y de techo, etc., entre otros, han sido los factores disparadores de los cambios acelerados que podemos observar en los fenómenos económicos, sociales, políticos, culturales, etc. Estos efectos evidencian el fracaso del principio en que descansa el fenómeno de la globalización, de que a una mayor apertura de los mercados, se elevan los niveles de ingreso per cápita y, por consiguiente, la pobreza se reduce.

Existe un consentimiento generalizado basado en estudios empíricos de que a una mayor apertura del comercio del comercio internacional corresponde efectos positivos en el ingreso per cápita de las naciones. Acemoglu y Ventura (2000) estimaron la distribución del ingreso mundial con relación a los términos de los efectos de intercambio y concluyeron que cuando un país acumula más rápido que otros, experimenta un decrecimiento en los términos de los efectos de intercambio. La fuerza estimada de los términos de los efectos de intercambio es aproximadamente del orden correcto de la magnitud que cuenta para las diferencias de los países, en niveles de ingreso y en velocidad de la convergencia condicional. No obstante, las naciones con altos ingresos per cápita no necesariamente son desarrolladas y no todo avance en el desarrollo es sustentable.

Sin embargo, una sexta parte de la población mundial produce 78 por ciento de los bienes y servicios y recibe el 78 por ciento del ingreso mundial. Esto equivale a un promedio de 70 dólares por día. Mientras que tres quintas partes de la población mundial, que vive en los 61 países más pobres, recibe sólo el 6 por ciento del ingreso mundial, que equivale a menos de dos dólares por día, según datos del Banco Mundial (2000) Una tercera parte de la humanidad está mal alimentada y sufre de anemia y más del 20% de los niños no ingieren alimentos con las proteínas y las calorías suficientes. De los 4 500 millones de personas de los países menos desarrollados, más de una tercera parte no tienen acceso al agua potable. Esta distribución tan inequitativa del ingreso mundial es moralmente injustificable. Incluso, si el quintil más pobre de la población mundial tiene más riqueza que hace una generación, la brecha entre este y el quintil más rico se ha incrementado, de tal manera que la habilidad del quintil más pobre para influir la política global, ha disminuido

La pobreza es un fenómeno social que se origina de vivir en sociedad. El fenómeno de la pobreza se manifiesta en forma diferente en aquellas sociedades donde es transitorio a aquellas otras en las que los pobres quedan atrapados bajo fallas de acumulación debido a circunstancias estructurales. La pobreza es considerada como un fenómeno multidimensional y complejo que resulta de desequilibrios estructurales profundos y arraigados en todos los ámbitos de la existencia humana, como son el Estado, la economía, la sociedad, la cultura y el medio ambiente, de acuerdo al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD, 1996).

La pobreza tiene su origen en gran parte en instituciones que son disfuncionales, y más específicamente, en el mercado. El significado de pobreza es “la negación de las oportunidades y las opciones más fundamentales del desarrollo humano como son: vivir una vida larga, sana y creativa y disfrutar de un nivel decente de vida, libertad, dignidad, respeto por sí mismo y de los demás” (PNUD, 1997a). Los conceptos de desarrollo humano sustentable y buen gobierno son conceptos inextricablemente inseparables.

Se considera que este desarrollo es un proceso que enriquece la libertad de los individuos en la búsqueda de sus valores propios. Lebret (1942) define el desarrollo como “las series de transiciones, para una población dada y para todos los grupos de población comprendidos, desde un patrón menos humano a otro más humano de la existencia, al ritmo más rápido posible, al más bajo costo posible, mientras se toman en cuenta todos los lazos de solidaridad que existen (deben de existir) entre estas poblaciones y los grupos poblacionales.”

Para Tarapuez Chamorro (2001) el desarrollo se refiere a “cambios inducidos en forma consciente e intencional, a través de políticas que en forma deliberada son impulsadas por diferentes agentes del desarrollo, de lo cual se infiere que el desarrollo es un proceso colectivo y dinámico que no se realiza en forma aislada...”. Las representaciones colectivas de la realidad de los individuos inciden en los anhelos de cambio. Al cambiar el orden de la vida social debido a los impactos de la globalización en las diferenciaciones en las estructuras sociales, también se modifican las estructuras culturales y sociales. En el centro de las preocupaciones por el desarrollo humano está la naturaleza del sistema que entrega resultados económicos, sociales y del medio ambiente (Bebbington, 2000), este último en degradación constante.

Más de la cuarta parte de la población mundial vive en pobreza extrema, hecho que está siendo confirmado por los burócratas del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional y de la Organización Mundial del Comercio. 1 300 millones de los 6 mil millones de habitantes viven en la pobreza extrema, con menos de dos dólares diarios. Los gobiernos han condenado los males sociales, incluyendo la pobreza, debido a la falta de recursos financieros para implementar programas de desarrollo, pero esta condena ha cambiado hacia la economía global que favorece los países industrializados.

El imperativo de los países industrializados para un mayor crecimiento económico mediante la promoción de las actividades industriales, debilita la sustentabilidad del desarrollo a largo plazo. La modernización puede lograr la sustentabilidad social si se acerca a los fundamentos culturales de la sociedad. El crecimiento económico siempre se ha producido mediante la promoción de los gobiernos. No obstante, siguiendo a Grubb et al. (1993) el cuestionamiento permanece, si se supone que el punto final del desarrollo sea radicalmente diferente al actual patrón de uso intensivo de recursos de los países industrializados, cómo es que se supone que estos países deben desarrollar este nuevo Estado?. Las demandas que los diferentes agentes económicos y actores políticos y sociales formulan en forma incluyente al Estado, sobrecargan sus estructuras y procesos y lo convierten en un Estado ineficiente.

De 1990 a 1998, el número absoluto de personas viviendo con menos de dos dólares diarios se incrementó de 2.7 miles de millones a 2.8 miles de millones. Según datos del Banco Mundial (2000), el número de personas en extrema pobreza que viven con un ingreso menor a un dólar por día era de mil 200 millones al finalizar 1998. Desde 1995, de acuerdo a informes de las Naciones Unidas, el número de personas que viven en pobreza absoluta ha crecido de mil millones a mil doscientos millones, mientras que la población ha crecido en 400 millones en el mismo lapso de tiempo. Queda claro que los procesos de globalización profundizan las diferencias de ingresos y riqueza y no podrá sacar de la miseria a millones de pobres en el mundo.

En otras palabras, la globalización del capitalismo también globaliza la miseria, aunque tenga como pretensión la reducción del nivel y severidad de la pobreza tomando ventaja de este fenómeno. Queda claro que no es tanto la cantidad de recursos la que determina el nivel de pobreza en un país sino que usos se hacen de los recursos. La pobreza presenta varias dimensiones, desde los que siempre tienen hambre, hasta la carencia de oportunidades para el desarrollo y la falta de acceso a obras de infraestructura básica (alumbrado, agua potable, etc.), pasando por aspectos psicológicos como la impotencia, humillación, dependencia, etc. Se estima que 40 millones de personas mueren de hambre cada año.

La pobreza no se sufre voluntariamente sino que a los individuos se les limita en la obtención de mejores niveles de vida cuando el sistema les niega sus derechos y libertades, tal como es la situación en muchos países. Estas medidas han afectado adversamente el ingreso y los estándares de vida no solo de las clases más bajas sino también de importantes sectores de las clases medias. El alivio al pobre y provisiones sociales similares no vienen como resultado de las acciones de ciudadanos ricos voluntariamente coordinadas de esta forma. En estos tiempos, ser pobre es conocer el desprecio de otros y el propio desprecio internalizado.

Un mayor problema es dar alivio al pobre, es la incapacidad notoria de las instituciones formales en los países pobres para entregar recursos, bienes, tecnología o experiencia a los necesitados (De Swaan Abram, 1997). Este desdén propio y falta de poder ampliamente enfatizado por la comunicación global que niega estos valores indígenas tradicionales que una vez fueron la base del uso sustentable de los recursos, que consideran ciertos lugares especiales sagrados y para la comunidad.

Probablemente ningún otro sector de la población de Latinoamérica más desigualdades e injusticias que las gentes indígenas de la región. Durante los últimos cinco siglos, las gentes indígenas de Latinoamérica han sufrido casi todas las indignidades y abusos imaginables. Desde la conquista europea de la región, la sociedad latinoamericana se ha basado en la maximización de la explotación laboral entre las líneas étnicas y el trajo diferencial de los grupos étnicos tanto por el capital como el Estado han creado una compleja estructura de ethnoclases. Relaciones paternalistas, autoritarias y clientelistas de subordinación entre las elites locales y las masas a los niveles nacionales y subnacionales han ido de la mano con la subordinación de las sociedades latinoamericanas a las elites externas coloniales y neocoloniales interesadas en la explotación de los recursos naturales, trabajo y capital de estas sociedades.

Las gentes indígenas tienen generalmente ocupado el más bajo nivel de esta estructura de extrema desigualdad económica y social y hasta muy recientemente han estado excluidos o marginados del proceso de la política (Harris, 1997) Los indígenas están conscientes de su papel y han empezado a organizarse, a reconstruir su identidad y a plantear reivindicaciones culturales. Sin embargo, a pesar de las condiciones económicas, sociales, etc., hay posición y resistencia al mantenimiento de la estructura de ethnoclases existente de un creciente número de organizaciones, incluyendo los nuevos movimientos sociales organizados.

La libertad es la ausencia de restricciones y coerciones humanas que limitan el ejercicio de su elección racional así como también la dotación de medios y poderes para realizar estas decisiones. Tanto las elecciones de los agentes como su posible comportamiento son inciertos. La libertad es un elemento central del desarrollo que se revela por visiones internas, las cuales, según Amartya Sen, desde el punto de vista de los desvalidos de la sociedad nos ayuda a comprender la verdadera índole del desarrollo. El ejercicio de la libertad individual se fundamenta en una correcta toma de decisiones, la cual tiene como soporte las posibilidades de acceso a las fuentes del conocimiento. El conocimiento es ahora un recurso más importante que el capital y las materias primas que profundiza o estrecha las brechas del desarrollo entre los países.

El concepto de desarrollo es un concepto más amplio que el de crecimiento, aunque no es del todo aceptable un concepto puramente economicista sino involucra el desarrollo humano y social, así como una adecuada acción política. Las instituciones se interpretan como estructuras de incentivos para la acción política. El desarrollo humano y social son el resultado de variables determinadas por las instituciones que condicionan las interacciones sociales. Para Tarapuez Chamorro (2001), el desarrollo se refiere a “cambios inducidos en forma consciente e intencional, a través de políticas que en forma deliberada son impulsadas por diferentes agentes del desarrollo”, así, el desarrollo es un proceso colectivo y dinámico que no se realiza en forma aislada y en el cual también influyen los cambios generados desde y hacia el interior de la región”.

Además, el concepto de desarrollo es un concepto ambiguo que se usa en forma descriptiva o normativa y puede hacer referencia a los medios o fines del cambio social, como visión de mejores condiciones de vida o como proceso para lograr la modernidad de las sociedades, la cual implica su desarrollo democrático en consideración que la democracia es verdaderamente el requisito del desarrollo. El concepto tradicional de la democracia ha sido abandonado para elaborar nuevamente un concepto de democracia que apoya y mantiene el sistema capitalista.

La modernidad establece al estado-nación como una forma de gobernabilidad para asegurar espacio a la vocación histórica de la nación. El imperio absoluto del mercado como la única forma de gobernabilidad congela el orden de cosas existente, descalifica y censura toda alternativa posible.

El espacio nacional se encuentra delimitado territorialmente por fronteras geográficas y físicas que definen la ocurrencias de fenómenos económicos, políticos, sociales y culturales. Estas características también delimitan los espacios soberanos en función de las unidades de los espacios nacionales. No obstante, Hungtington (1993) plantea que la modernización provocaba inestabilidad, por lo que llegó a sostener que antes de tener gobiernos democráticos era necesario gobiernos que centralizaran el poder para llevar a cabo los procesos de modernización.

Los procesos de modernización generan aprendizajes rápidos y traen consigo un incremento en las demandas de bienes y servicios e inflación de las expectativas para satisfacer las necesidades y deseos, lo cual no siempre desarrolla la infraestructura y capacidad para lograrlo. Es en el espacio del Estado-nación donde ocurre la geopolítica y al avanzar hacia niveles espaciales internacionales y global adquiere relevancia la geoeconomía. Es a partir de la existencia del ámbito espacial nacional que tienen ocurrencia los procesos de globalización.

Las grandes corporaciones transnacionales y multinacionales promueven el espacio del mercado por sobre el espacio nacional, al cual cubren y supeditan. De esta forma, las corporaciones transnacionales promueven la extensión de la geopolítica y la geoeconomía del espacio al espacio internacional y global

Por lo tanto se puede decir que el concepto de desarrollo es multidimensional porque implica todos los componentes del bienestar humano, tales como los económicos, sociales, políticos, culturales, espirituales y del medio ambiente. Goulet (2000) enumera como dimensiones del desarrollo las siguientes: el componente económico, el ingrediente social, la dimensión política, elemento cultural, y el paradigma de vida completa.

No obstante, Amrtya Sen (1999) concluye que la hipótesis de que no existe una clara relación entre el crecimiento económico y la democracia, en ninguna dirección se mantiene extremadamente plausible. El desarrollo integral implica una estrecha relación entre el acceso a los recursos económicos necesarios para la adquisición de capacidades humanas que permitan la realización de las personas, de acuerdo con los trabajos de Amartya Sen.

El Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas reporta que las instituciones de gobernabilidad, responsables y que rinden cuentas constituyen el eslabón perdido entre los esfuerzos contra la pobreza y la reducción de la pobreza, incluyendo cuando los países buscan implementar políticas nacionales y dirigen sus intervenciones en favor de los pobres, la falta de gobernabilidad nulifica su impacto. Precisamente, las instituciones de gobernabilidad surgen como resultado de las disparidades en el potencial para la creación de valor. Deneulin (1999) argumenta que mediante la corrección de la asignación de recursos en los mercados, o ya sea mediante la introducción de un impuesto solidaria internacional, una organización internacional puede eliminar las trampas de la pobreza.

Es moralmente aceptable que los pobres del mundo tengan el derecho a buscar mejores condiciones de calidad de vida, que en las condiciones del sistema globalizador de la economía y la política actuales son muy difíciles de lograr ya que se sacrifican en nombre del progreso futuro. De hecho, el logro de la calidad de vida en el actual modelo de desarrollo orientado por la globalización económica, se supedita al crecimiento económico. Lograr una sociedad satisfecha y sin asimetrías pronunciadas, así como mejorar los niveles de calidad de vida de la sociedad, es factible con la instrumentación de mecanismos de gobernabilidad que promuevan una asignación equitativa de los recursos y bienes sociales.

El pobre necesita volver a ganar sus capacidades productivas. De acuerdo con Amartya Sen, las capacidades son “un nivel de éxito funcional, intermedio entre recursos y bienestar” (Gómez y Loyola, 1999) La estrategia contra los efectos perniciosos de la globalización económica es la movilización y reactivación de las capacidades y competencias productivas de los pobres, con el objetivo de que eleven sus niveles de mejoramiento de calidad de vida sacrificada en nombre de un progreso incierto. El pobre en las sociedades pobres con una economía estancada o decreciente, constituyen un problema de proporciones no manejables, pero no que se imponga por sí mismo con mucha urgencia para la comunidad de las naciones, excepto como una tragedia humana que ruega por una solución de humanitarismo.

Sin embargo, mientras que en la economía y los mercados la tendencia es hacia la globalización, las demandas sociales y políticas presentan una tendencia hacia su fractura, tal como puede apreciarse con la fragmentación y el debilitamiento del rol de los Estado-nación. La fragmentación del Estado en regiones y localidades es una fuerza encontrada con los procesos de globalización e interdependencia que genera tensiones y dan por resultado un fenómeno que Torrijos (2001) ha denominado como dispersión internacional.

Si los procesos económicos y sociales tienen como tendencia la globalización, entonces el Estado-nación pasan a ser entidades de decisión únicamente. Es decir, al intensificarse los procesos de globalización, entonces se disminuyen las capacidades y competencias de los Estados-nación. De hecho, las transformaciones en las competencias y funciones del Estado nación ha dado lugar a que también se presenta una nueva formulación de competencias y funciones en los demás niveles de gobierno, sobretodo los locales y municipales. Así, se pone en entredicho el precio a pagar por la cohesión de los países que resulta en la fragmentación de las sociedades que los forman. La tendencia del mundo, más que a unificarse tienden a fragmentarse.

Esta fragmentación de los valores culturales, étnicos, religiosos, etc., siempre termina en profundos conflictos sociales. Así, se pone en entredicho el precio a pagar por la cohesión de los países que resulta en la fragmentación de las sociedades que los forman. Esto hace suponer que difícilmente se conseguirá un gobierno mundial genuino con una política también mundial, echando por tierra la tesis del Estado Homogéneo Universal insinuada por Fukuyama (1990) como una asociación política supranacional, como la característica del mundo posthistórico en el que no existen conflictos, antagonismos ni crisis. Sin embargo, la realidad muestra que la tendencia en los conflictos apunta a efectuarse más entre grupos con ciertos intereses específicos dentro del ambiente global más que entre los Estados-nación mismos.

No obstante, se puede argumentar que la estrategia para el establecimiento de un gobierno mundial consiste en fraccionar todas las fuerzas que son hostiles al proyecto. Esto sería resultado de la aceptación del modo de vida occidental, aunque parece que Fukuyama ignoró que precisamente las crisis es una característica del mundo accidental. No obstante, el mundo más que a unificarse tiende a fragmentarse.

Esto se debe en parte a la gran alianza de los grandes centros de poder que controlan la economía y la política global, como el Grupo de los Siete (G-7), el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio, meros instrumentos de los países ricos para profundizar los procesos de globalización. Los gobiernos de los Estados nacionales se someten a la dictadura en materia de política económica, cuyas consignas y lineamientos se diseñan por estos grandes centros de poder mundial. Las instituciones financieras internacionales imponen los procesos de globalización mediante procedimientos antidemocráticos y carentes de transparencia. La ideo de un Estado Homogéneo Universal de deja de ser una mera utopía en el supuesto de que todos los seres humanos tengan las mismas expectativas y sin que existan heterogeneidad ni antagonismos de intereses.

El Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional fueron constituidos en 1944 en Bretton Woods como federaciones para servir a los intereses comunes de sus miembros los Estados nacionales y no a los ciudadanos globalizados, corporaciones u organizaciones no gubernamentales. No obstante, junto con su nuevo aliado, la Organización Mundial del Comercio (OMC), estas instituciones han modificado sus propósitos originales para ponerse al servicio, no de los Estados nacionales miembros sino de una abstracción ideológica, “la economía global”.

La economía global hace referencia a una economía sin Estados nacionales en la que la autonomía del capital se exagera bajo el influjo de una ideología de libre mercado. El imperio absoluto del mercado como la única forma de gobernabilidad congela el orden de cosas existente, descalifica y censura toda alternativa posible. La OMC es ejemplo de las instituciones internacionales que tiene cierta autoridad y normas precisas para exigir su cumplimiento a los Estados Nación afiliados. Su posición centrada en el comercio es fuerte en relación con otros regímenes internacionales.

La orientación de la OMC a la liberalización del comercio internacional, considerada como algo beneficioso para los pueblos del mundo, la hace presentarse con una dosis mayor de legitimidad que otras instituciones internacionales. Desde una perspectiva democrática, Keohane and Nye (2000) sostienen que su diseño como una institución internacional es casi ideal, su burocracia internacional es débil y la organización responde a los gobiernos electos. Hay la percepción de que la OMC, más que ser una burocracia cerrada, está abierta a la participación.

Las organizaciones internacionales actúan bajo un modelo de club de régimen comercial organizaciones multilaterales de acuerdo a Keohane and Nye, 2000), el cual se está debilitando por la acción de varias fuerzas, entre las que destacan la creciente influencia que tienen las normas democráticas en más países y que intentan implementar a niveles internacionales. El modelo del club que adoptaron las organizaciones internacionales está siendo atacado, aunque si bien no es descartado, sin embargo, requiere de ciertas modificaciones.

Estas organizaciones deciden por consenso y no por mayoría de los votos, con autonomía limitada y responden a los intereses de los Estados-nación con más influencia. La propuesta de la dependencia institucional sostiene que estas son preferidas a aquellas que están más cercas a la mayoría original o al diseño de negociación más posible. La autonomía es una condición de los pueblos para el ejercicio de su soberanía e independencia política. La autonomía se fundamenta en el ejercicio que hace la ciudadanía para evaluar y juzgar las acciones de sus gobiernos y sus responsabilidades para una correcta toma de decisiones en el ámbito de sus competencias ante la comunidad. . De hecho, las transformaciones en las competencias y funciones del Estado nación ha dado lugar a que también se presenta una nueva formulación de competencias y funciones en los demás niveles de gobierno, sobretodo los locales y municipales. Estas competencias de los diferentes niveles de gobierno del Estado nación deben ser delimitadas entre las que son exclusivas y las que son concurrentes.

Las diferencias de intereses de clase entre las naciones se obscurecen en categorías abstractas. Las prácticas de los clubes entran en conflicto con las demandas de una mayor transparencia y rendición de cuentas de las sociedades democráticas. Resulta obvio que en el futuro las organizaciones internacionales necesitan un mayor balance entre la transparencia y participación y un equilibrio entre el liderazgo público y las comunidades.

Los críticos enfatizan la participación directa y la rendición de cuentas, la falta de transparencia en los procesos, existencia de barreras para la participación de grupos interesados, así como ausencia de políticos con conexiones en las organizaciones y en sus respectivos grupos. Lo que se ha perdido es la actividad legítima de los políticos con amplias bases en una sociedad democrática, que hablen directamente a los electores y que tengan responsabilidad para rendir cuentas de sus acciones. Las sanciones son el corolario usual de la responsabilidad

La rendición de cuentas es la fuente de la credibilidad de los pronunciamientos de las políticas. La transparencia es importante para la rendición de cuentas, aunque no sea total o instantánea. El problema reside en cómo lograr la transparencia y la rendición de cuentas al mismo tiempo que se logre una mayor cooperación e integración internacional. La creciente integración internacional induce una mayor competencia de productos en el mercado, lo que implica que llegue a ser más costoso mantener los sistemas de bienestar financiados con fondos públicos. Por lo tanto, la rendición de cuentas es un fenómeno multidimensional que considera tanto la rendición de cuentas electoral como la no electoral. Una de las dimensiones de la rendición de cuentas que reporta a los líderes electos a través de la cadena de delegación.

La ausencia de transparencia en las sesiones de negociación de los delegados, quienes a pesar de ser instruidos y responden a oficiales electos en las democracias, actúan en lo privado en clubes que se forman alrededor de los temas, intereses e instituciones. Este tipo de organizaciones internacionales carece de los elementos fundamentales que hacen posible la democracia y con ello la rendición de cuentas. Por lo tanto, la falta de transparencia y las restricciones en la participación afectan adversamente la legitimidad pública de las instituciones internacionales.

Las instituciones fallan porque no representan los arreglos institucionales y las negociaciones establecidas a largo plazo entre los diferentes actores económicos y porque no se ajustan a las condiciones de desarrollo local integral adaptándose el modelo global propuesto por los organismos multilaterales. El diseño e implantación de planes y programas de desarrollo económico local debe tomar en consideración la pluralidad e inclusión de los intereses de diferentes agentes económicos y actores políticos para lograr los compromisos y coordinar eficazmente los esfuerzos.

La propuesta de aprendizaje institucional (Kaiser, 1997) sostiene que los actores políticos que quieren cambiar aspectos de sus sistema son influidos por un grado considerable ya sea por el sistema político al cual están cultural o geográficamente más próximos, o cuando hay un acuerdo para un cambio fundamental por modelos que son considerados ser historias de éxito excepcional. Se tienen que considerar los factores contextuales como variables que intervienen, las cuales engrandecen o disminuyen el rango de alternativas que los actores políticos piensan están disponibles para las situaciones de la toma de decisiones.

No obstante, el desarrollo local debe pivotar sobre un compromiso de la comunidad bajo la concepción de un espacio de interacciones solidarias y activas que sustituye al concepto tradicional de espacio físico delimitado territorialmente. Para Tarapuez Chamorro (2001), el desarrollo económico local es un proceso que reactiva la economía y dinamiza la sociedad local, para aprovechar eficientemente los recursos endógenos existentes a efecto de estimular el crecimiento económico, crear empleo y mejorar la calidad de vida. Para que este proceso de desarrollo económico local sea eficaz requiere de una estructura institucional capaz de diseñar e implantar programas de formación de capital humano y social, para mejorar los niveles de productividad.

Sin transparencia los medios de rendición de cuentas son carentes de legitimidad aunque la transparencia no implica gobernabilidad a través de las elecciones. La mejora en la transparencia y en la rendición de cuentas así como la eliminación de las restricciones políticas impuestas al desarrollo, dará más libertad a los actores económicos para lograr resultados económicos. Los grandes actores pueden iniciar acción y subsidiar otros participantes.

Uno de los directivos de la OMC ha dicho que lo que se está escribiendo es la constitución de una economía global y no las reglas de interacción entre economías nacionales separadas. Por otro lado, Petras (2001a) señala con claridad que los únicos países en posición de determinar las reglas son aquellos que controlan las organizaciones de comercio mundiales y las instituciones financieras internacionales. Las instituciones financieras internacionales imponen a los Estados-nación principios para el manejo de su política económica basado en el fundamentalismo del libre mercado, los cuales son aplicados en los países deudores con consecuencias negativas, mientras que los países desarrollados evaden su aplicación. Las relaciones de comercio y de mercados se delimitan en acuerdos entre los Estados, los cuales operan dentro de sus fronteras.

Las instituciones financieras internacionales son instituciones que desempeñan funciones y actividades que les han encomendado los Estados imperiales de cuyo poder deriva. Aquellos que están en la cima establecen las reglas para aquellos otros que están debajo”, y concluye: “La aplicación desigual de las reglas comerciales es resultado de la naturaleza imperialista de la estructura y de la economía mundial”. En los últimos dos siglos, la economía mundial se ha vuelto más desigual, ampliando la brecha de los ingresos entre las naciones y dentro de las mismas naciones.

Sin embargo, la globalización ha incrementado la desigualdad entre las naciones pero sus efectos en la desigualdad dentro de las naciones no es muy claro. Lo que es claro es que los procesos de globalización enfrentan una tensión por la desigualdad de las diferentes naciones de acceso a los mercados internacionales que no pueden resolver fácilmente a pesar de que ha mitigado la desigualdad entre algunas naciones. Un análisis crítico de los efectos del capitalismo revela que ha creado extremas desigualdades en la región así como en el mundo entero. Las que ganaron más de los procesos de globalización son aquellas que modificaron sus políticas para insertarse, que aquellas que no lo hicieron, de acuerdo a Lindert y Williamson, (2001). Los efectos de la globalización en la desigualdad dentro de las naciones, ha resultado en las dos formas, positiva y negativa.

La revolución tecnológica de la información y la telemática, transforma las formas de acceso, distribución y consumo de la información y comunicación, generando una nueva economía, La revolución tecnológica está transformando los procesos de producción que involucran nuevos modos de producción industrial y comercial y están modificando profundamente los conceptos del valor, lo que repercute así mismo en una desvalorización del trabajo. La revolución tecnológica de la información modifica los mercados laborales y convierte a la educación en un jugoso mercado. Lo que se está presenciado es un cambio radical del capitalismo industrial a una concepción postindustrial de las relaciones económicas. Tanto las relaciones inter económicas, como las inter estatales y las inter regionales son cuestiones inherentes a los procesos de globalización del capital.

La nueva sociedad postindustrial, sociedad de la información, sociedades del conocimiento o también llamada “sociedad digital”, surgida de la sociedad industrial está terciarizando la economía en detrimento de las manufacturas y, además, están lanzando un cuarto sector que está incrementando el valor del conocimiento y la información o las industrias de high-tec que reemplazan a los productos materiales. El conocimiento es ahora un recurso más importante que el capital y las materias primas que profundiza o estrecha las brechas del desarrollo entre los países. La sociedad de la información intensifica el uso de las tecnologías de la información y el conocimiento en todos los ámbitos de la vida. La afirmación de que las tecnologías de la información revolucionan la economía al crear una economía global en la cual las economías nacionales desaparecen, es dudosa, de acuerdo al análisis de Petras (2001,d) para quien la tecnología de la información no llega a ser todavía la fuerza trascendente que define el nuevo orden mundial, ni siquiera de los grandes estados imperialistas

En términos de productividad, intensifica la innovación tecnológica, la flexibilidad de los sistemas de producción y alienta las economías de escala. Las grandes empresas transnacionales son los vehículos más eficientes de generación de innovación tecnológica y de su rápida transferencia en el mercado. El mismo sector económico no solamente representa un nuevo y único agrupamiento de actividades sino también una nueva forma de actividades. Utilizar los instrumentos que proporciona el creciente desarrollo tecnológico para el desarrollo de la sociedad de la información sobre una plataforma cultural, puede apoyar las relaciones de acercamiento entre los asuntos globales y los locales.

En sí, la globalización está cambiando los sistemas productivos que fueron la base de la sociedad industrial. No obstante, la sociedad de la información ha estado sin ninguna proporción apagando las esperanzas en su habilidad para mejorar las condiciones de las personas en este planeta, sino que refuerza el sistema tal como está. De acuerdo con Fernández Colón (2001), existen tensiones estructurales que presagian el desplome de la sociedad de la información, tales como la concentración del capital en las corporaciones, extinción de pequeña y mediana empresa, desempleo por la robotización e informatización de la producción, competencia por bajas salariales para atraer inversionistas, desmantelamiento de los sistemas de seguridad social, entre muchos otros más.

Lo importante será distribuir las tecnologías de las comunicaciones y la información y la experiencia globalmente, ya que pueden ser herramientas importantes para el cambio. En vez de que la tecnología se convierta en un altar al que tengamos que rezar, debe ser una caja de herramientas que a emplear para el logro de determinados fines.

Por tanto, la formación de capital intelectual (capital humano, relacional y estructural) adquiere importancia. Una investigación de Ballester, Livnat y Sinha (1999) en empresas estadounidenses que están en transición de una economía industrial a una de servicios, basada en los conocimientos, están pasando por un creciente énfasis en activos no físicos, como el capital humano, por sobre los físicos. El conocimiento implícito en el capital humano es visto como el factor competitivo clave de las organizaciones que tienen como base el desarrollo tecnológico y a su vez, como la palanca del desarrollo económico de los Estados-nación. El capital humano representa el potencial económico del conjunto de capacidades y competencias que poseen las personas.

En el futuro aparecerán nuevos servicios que actualmente no son rentables, generando lo que se denomina como las economías de proximidad. La investigación encuentra que en promedio el 16% de los costos laborales son valorados por el mercado como inversiones en capital humano. El mercado condiciona los incentivos para las inversiones en capital humano y también el mercado discrimina en función de las características del capital humano. La proporción del activo capital humano, al valor del mercado se encuentra positivamente relacionada a la incertidumbre que opera al promedio del salario pagado a los empleados y a la proporción de los gastos laborales a las ventas, pero inversamente relacionado con el tamaño de la empresa. Para lograr la equidad en la dotación de capital humano es necesario la instrumentación de mecanismos de intervención política para igualar las oportunidades de acceso.

La economía global tiene la tendencia a incrementar los niveles de productividad con base en la innovación científica y tecnológica, el abaratamiento y la flexibilidad de la mano de obra que tiene que adaptarse a las condiciones de la competitividad internacional. La movilidad de la mano de obra no se ha liberalizado, a pesar de los posibles beneficios disciplinarios que traerían al dominio del libre mercado. Ya que las empresas nacionales y locales carecen de los medios para competir en igualdad de términos con el capitalismo transnacional, tienen pocas posibilidades de elección que no sea otra que convertirse en los socios junior locales.

Las economías menos desarrolladas están siendo integradas en la economía capitalista global como mercados cautivos y la fuente de recursos naturales y humanos baratos para las transnacionales que tienen su base en Norteamérica, las cuales se encuentran retadas por las corporaciones transnacionales que tienen su base en Europa y Asia. La flexibilidad de las estructuras organizacionales es fundamental para lograr la competitividad entre equipos de trabajo que desempeñan funciones múltiples y entre divisiones autónomas. Quienes no se adaptan a los cambios tecnológicos son desplazados del mercado global.

Los países menos desarrollados no solamente son pobres económicamente sino también lo son intelectualmente por la fuga de sus mejores cerebros que buscan mejores condiciones de desarrollo. Si bien la ubicuidad de la información y la globalización de los flujos económicos y financieros, son dos fuerzas poderosas del cambio vertiginoso al que estamos sujetos en la actualidad, como fuerzas, constituyen tanto amenazas como oportunidades. Los cambios tecnológicos representan posibilidades para delimitar los alcances de la dependencia de materias primas energéticas en el futuro de los Estado-nación Los perdedores son quienes en el pasado han controlado la información y serán quienes en el futuro queden excluidos de estos avances. En sentido inverso, mientras menos poder y autoridad se posea, más información se requiere.

Así, la globalización de los fenómenos económicos está incrementando el ritmo del cambio y creando nuevos dilemas a las economías de los mercados. La globalización profundiza las diferencias en la apropiación, acumulación y distribución del capital, el acceso a los conocimientos y el desarrollo de jerarquías humanas. Teóricamente el proceso de apertura de los mercados ofrece posibilidades ilimitadas hasta llegar a operar en una economía de tipo "espacial". Sin embargo, las ventajas comparativas y competitivas son para los que siguen acumulando capital o siguen teniendo y no para la “población”.

La globalización económica es un fenómeno que ha resultado del avance de las tecnologías de la información y el conocimiento (TICs) al igual que las tecnologías de las telecomunicaciones, mediante la integración de las actividades económicas que se manifiestan principalmente en el aumento acelerado de la movilidad del capital. Este incremento de la movilidad internacional del capital, junto con el incremento de alianzas estratégicas, fusiones y adquisiciones es una de las características de la globalización. Sin embargo, esta revolución de la información no es, como se estimaba anteriormente, la fuerza dominante del nuevo orden económico mundial.

El crecimiento de las grandes corporaciones transnacionales y multinacionales se efectúa a través de estrategias de fusión y adquisición de empresas extranjeras, formando estructuras corporativas que se conocen como corporaciones fusionadas. La globalización se caracteriza por una declinación de los costos de transacción en el intercambio comercial y económico entre las diferentes naciones. Las nuevas tecnologías constituyen un medio de bajo costo, competitivo, rápido y de mejor calidad para comunicarse, trabajar de diversos modos y de participación ya sea en los negocios o en la vida política y los gobiernos.

Mediante la expansión del conocimiento disponible en los mercados, así como la reducción de los costos de transacción del mercado las nuevas tecnologías de la información y el conocimiento permiten una administración más efectiva de los riesgos pero no han logrado reducir la volatilidad de los mercados financieros ni tampoco han podido eliminar las conductas impredecibles de los mercados. ”. Los inversionistas capitalistas toman en consideración los riesgos que tienen sus inversiones en los diferentes países para exigir bonos de utilidades que les garanticen el máximo retorno.

Es difícil de controlar la volatilidad delos mercados financieros por las naciones pequeñas en desarrollo. Para Giddens (1999:36) los riesgos son “la dinámica movilizadora de una sociedad volcada en el cambio que quiere determinar su propio futuro en lugar de dejarlo a la religión, la tradición y los caprichos de la naturaleza.” Tan pronto como existan algunos costos de oportunidad para experimentar o aprender con una nueva estrategia, cualquier aprendiz racional elegirá no hacerlo.

Las nuevas tecnologías impactan incrementalmente a la sociedad de la información. Las nuevas tecnologías de la información y el conocimiento pueden ayudar a manejar las crisis económicas y financieras, o bien pueden empeorarlas, depende de las formas en que se utilicen. Las nuevas tecnologías son herramientas de coordinación con costos muy bajos, facilidad para elección de objetivos y con rapidez para las actividades económicas y democráticas de la sociedad, lo que obliga a los gobiernos a un manejo simbólico de la información. Pueden aumentar la participación pública y la transparencia en procesos complejos de formulación de las políticas públicas. El Estado formula las políticas públicas a través de sus instituciones legislativas, ejecutivas y judiciales, mientras que los ciudadanos se reúnen en foros para discutir y establecer demandas y para validar las acciones del sistema político.

Los procesos de democracia directa, como en el caso del plebiscito, pueden profundizarse y desplazar en parte a la democracia representativa, mediante formas de participación más transparentes. En las democracias representativas, la participación se canaliza y en muchas formas se limita, pero algunas oportunidades se presentan para expresar las opiniones y puntos de vista. La democracia en directo es la expresión individualizada de una política que se transforma en procesos de despolitización para centrarse en la máxima expresión de las elecciones personales. La democracia directa es más un impulso que un conjunto de instituciones actuales. La democracia directa o unitaria, asume que las personas tienen los mismos intereses, pero no saben individualmente que es lo mejor (Mansbridge, 1983)

No obstante, sus efectos principales se dejan sentir en la realización de una democracia representativa y en una declinación en las capacidades regulatorias al nivel doméstico del Estado-nación, sobre los sectores clave de la economía mediante la estrechez de la política económica. La concentración de los medios electrónicos para la difusión de la información conduce a oligopolios que mediante economías de escala pueden manipular el contenido informativo y reducir la pluralidad ideológica. La relación de los medios y la política constituye un signo de cambio radical de la primacía entre la realidad y las ideas, para llegar a representar en el Estado moderno una realidad simbólica.

La finalidad de este Estado moderno es la procuración de mejores condiciones de vida de los ciudadanos y garantizar la paz. Para que la denominada democracia electrónica sea funcional tienen que promocionar el acceso a las mayorías ciudadanas al uso de la nueva tecnología y mejorar los procesos de comunicación, transmisión, difusión y análisis de información, de debate en asuntos de interés publico y de participación ciudadana en los procesos de formulación de las políticas públicas. La ciudadanía se reúne en foros para discutir y formular las demandas y para validar las actuaciones del sistema político, mientras que el Estado formula las políticas públicas en las diversas instituciones legislativas, ejecutivas y judiciales.

Los efectos en los procesos de formulación y ejecución de las políticas públicas son varios: aumentan la flexibilidad, descentralización y calidad democrática de los procesos de decisión. Esto les permitiría promover el crecimiento económico y el desarrollo social de las localidades, aumentar la participación ciudadana y democratizar los procesos políticos y sociales.

Esta calidad democrática puede tener una relación con la voluntad política y la estructura de las instituciones y en menor medida con el uso de la tecnología. La mejora en los procesos de formulación e implementación de las políticas públicas y en la calidad democrática encuentra serios obstáculos humanos y tecnológicos. Aunque los procesos de descentralización pueden ser altamente cuestionados por el carácter estratégico que siempre han tenido la formulación de las políticas públicas.

López Vadalladares (2001) argumenta que el proceso de descentralización responde a una “propuesta de reforma impulsada por organismos multilaterales y fue respaldada con argumentos formales, tales como el logro de la eficiencia, la participación ciudadana, la prevención, la corrupción, entre otros; su ejecución se hace posible en la medida en que las condiciones del contexto político, económico y social lo permiten y, presionan en su favor.” Las discusiones de la reforma empiezan en un punto en el tiempo cuando los procesos políticos al igual que las preferencias de los actores políticos están relativamente estructuradas en una manera característica. Un mayor acceso a la información puede complicar los procesos, porque si bien se incrementa la informalidad en los intercambios y permiten una mayor transparencia en los análisis y debates, sin embargo, complican la toma de decisiones.

En este sentido, la economía modela y disciplina a la democracia en forma realista. Así, la democracia representativa se ha convertido en un simple mecanismo para legitimar las decisiones que de rendición de cuentas y responsabilidad de los gobernantes a la ciudadanía. Una ciudadanía revitalizada sustituye a una democracia pasiva centrada en un continuo y creciente consumismo alimentado por el sistema capitalista con una tendencia latente de autoritarismo. Por otro lado, el desarrollo de las tecnologías y su vinculación con la globalización si bien favorecen el intercambio de conocimientos, hasta ahora no muestran una mejora en las condiciones de vida en la mayor parte de los habitantes de este planeta.

La democracia representativa tiene poco o nulo impacto sobre en la pobreza si no está apoyada por mecanismos que promuevan el acceso tecnológico, faciliten la participación y otorguen poder mediante intercambios de conocimientos a través de mecanismos transparentes. Un mayor problema es dar alivio al pobre, es la incapacidad notoria de las instituciones formales en los países pobres para entregar recursos, bienes, tecnología o experiencia a los necesitados (De Swaan Abram, 1997). El alivio al pobre y provisiones sociales similares no vienen como resultado de las acciones de ciudadanos ricos voluntariamente coordinadas de esta forma.

Los gobiernos de los Estado-nación están perdiendo sus facultades soberanas y decisorias sobre el control efectivo de las fronteras económicas, lo cual crea a su vez, condiciones de competencia regulatoria del capital móvil transnacional y de las empresas. La competencia es promovida por el mismo sistema imperial y los Estados imperiales rivales como un mecanismo de motivación que empuja a los seres humanos al progreso.

Aunque esta competencia regulatoria al nivel nacional puede o no estar manifiesta, sin embargo, como resultado de la interacción de estas fuerzas, la competencia se ha intensificado, se ha incrementado la rendición de cuentas y la responsabilidad administrativa y los mercados han alcanzado los niveles de virtualidad que las corporaciones necesitan para operar globalmente. Tanto las organizaciones como las empresas virtuales generan redes de interacciones para realizar diferentes procesos entre los diferentes actores y agentes económicos y políticos.

La rendición de cuentas de las instituciones y agencias internacionales es difícil de conseguir, más para los Estados nacionales pobres que para los poderosos. Los actores privados que forman el mercado, más que los gobiernos de los Estado-nación, son los que tienen una acentuada participación en los procesos de toma de decisiones en las relaciones económicas globales, las cuales implican las interrelaciones estatales, regionales e intereconómicas.. Los procesos de toma de decisiones en materia de políticas públicas que estaban confinados al ámbito nacional público de los Estados nacionales, ahora se están transfiriendo al ámbito internacional privado Los gobiernos son forzados por el mercado para adoptar medidas de política económica que resultan ser impopulares pero indispensables para el desarrollo del mismo mercado.

La determinación de los actores, ya sea internos (elites político-económicas subordinadas al capital transnacional, por ejemplo) como externos ( los países hegemónicos, grandes corporaciones transnacionales o multinacionales) que promueven los procesos de globalización y de los que se benefician, nos sirve para posibilitar su reversibilidad, a pesar de que Fukuyama (1999a) sostenga lo contrario cuando dice que la globalización llegó para quedarse por tres razones: Porque no hay un modelo de desarrollo alternativo, porque la izquierda está debilitada y por el apuntalamiento que recibe de la revolución tecnológica, argumentos que no son del todo convincentes y fácilmente rebatibles. No obstante, la izquierda ha asimilado y repetido hasta la saciedad la retórica de la doctrina del libre mercado y denunciado el desmantelamiento de las funciones del Estado.

Ahí donde más se concentran estos actores privados capaces de acciones globales se da un mayor grado de posicionamiento geopolítico, que luego cede su lugar a un posicionamiento geoeconómico en las instituciones del mercado. Los conflictos por el control político de las regiones del mundo tienen su origen más en los intereses económicos de los grupos corporativos transnacionales que en las guerras entre civilizaciones, como auguraba Huntington (1993). Las diferencias de intereses de clase entre las naciones se obscurecen en categorías abstractas. La tendencia apunta a que los conflictos se desarrollan más entre grupos con intereses corporativos en un ambiente de globalidad, más que entre los Estados-nación determinados. Los intereses económicos han sido redefinidos del ámbito del espacio nacional al espacio global por un lado y por otro a los espacios locales y regionales.

La globalización representa la dimensión espacial global la cual se manifiesta actualmente en un contexto de fragmentación. Esta fragmentación espacial del Estado en autonomías regionales y locales es una fuerza que se contrapone a los procesos de globalización y que genera tensiones en un fenómeno que Torrijos (2001) ha descrito como de dispersión internacional. La autonomía es una condición de los pueblos para ejercer su soberanía y su independencia política. Sin embargo, para que su acción sea efectiva en el entorno de la globalización tienen que actuar cooperando y conciliando sus intereses con los otros actores globales.

Por otro lado, el poder de los productores que se sustentaba en el espacio del mercado se está modificando para transferirse al consumidor que tiene el poder de la información conectado instantáneamente a fuentes de información global, transformando el significado de rendición de cuentas, responsabilidad y democratización de la nueva economía global de la información. Más sin embargo, el incremento de los niveles de desigualdades y pobreza constituye un poderoso argumento para deslegitimar los avances de la nueva economía y de los procesos de globalización. Todavía más, la nueva economía tiene un nivel alto de concentración monopólica lo que la vuelve menos competitiva. La conclusión de que la primera causa dela extrema desigualdad social y económica en Latinoamérica y en cualquier parte del mundo es el resultado de la expansión del capitalismo en el mundo. Las manifestaciones de este avance del capitalismo emergente se enmarcan en la paradoja consistente en que mientras se centra en función de los mecanismos autorreguladores del mercado, por otro lado desencadena reacciones en contrario para contrarrestar y compensar los efectos de los mecanismos perversos del mercado.

El término globalización significa "la internacionalización e interdependencia de las economías nacionales en el marco de un planeta que tiende a ser una sola unidad económica y un solo gran mercado financiero, monetario, bursátil y comercial que funciona las 24 horas del día." (Borja, 1997). La unidad económica implica la unidad de producción, distribución y consumo de bienes y servicios. Estos procesos de mundialización de las economías, son en realidad una transnacionalización de las mismas, por estar dirigidas por las corporaciones transnacionales y son excluyentes de la fuerza laboral, factor de producción que no entra en la mundialización del mercado.

No obstante, la creciente movilidad de los trabajos calificados modifica las restricciones bajo las que se formulan las políticas nacionales. La internacionalización de las economías está modificando sus estructuras y las reglas de funcionamiento tanto de los mercados como las industrias nacionales, las cuales se vuelven más interdependientes. La estructura espacial de las diversas entidades geográficas delimitadas territorialmente por las fronteras físicas y geográficas, definen los tipos de interrelaciones entre esas unidades.

La globalización es una diversidad de procesos en constante cambio originado por una mezcla de influencias económicas, políticas, sociales y culturales que transforma los modos de operación de todos los actores, individuos, organizaciones e instituciones. La globalización es entendida por Grant (1998) como un proceso continuo que reduce la significancia de las fronteras nacionales como un impedimento para el libre movimiento de capital, trabajo, bienes y servicios. Este libre movimiento de recursos, bienes, etc. tiene como móvil encontrar siempre recursos a precios más bajos para maximizar las utilidades.

Los procesos de globalización que integran los mercados tienen como obstáculos las fronteras geográficas, las cuales evaden especialmente en el caso de los servicios y de los capitales. Es una aceleración de movimiento hacia una integración económica e interdependencia mayor que ha tenido lugar en un período largo de tiempo y que han resultado en un conjunto de procesos que han hecho más viable y deseables para las compañías localizar algunas de sus operaciones en otros países (Hall, 1998)

Por tanto, la globalización es la capacidad efectiva para promover el mercado, un ambiente de inversión favorable al capital transnacional o multinacional de empresas de los países ricos. Las estrategias para la inversión directa extranjera de las grandes corporaciones transnacionales y multinacionales se orientan hacia los países que ofrecen una mayor rentabilidad, y más concretamente buscan las industrias recientemente privatizadas en las economías emergentes. Por lo tanto, los flujos del mercado de capitales y de inversión directa extranjera son otros fenómenos recientes que son parte de los elementos de la globalización cuyas implicaciones tienen serias consecuencias en el tercer mundo.

Los flujos de capital son una consecuencia del comercio internacional y de las inversiones directas extranjeras. Éstas no son mutuas y fluyen de los países más desarrollados hacia los países en desarrollo. Para muestra de estas disfuncionalidades, un reporte de la Conferencia de las naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) muestra que los 49 países más pobres del mundo reciben sólo 0.11 por ciento de la inversión extranjera directa (IED) de un total a nivel mundial calculado en 1 100 millones de dólares (AFP y DPA, 2001) El porcentaje de IED en las naciones pobres creció 0.5% en la última década, al pasar de 0.6 a 0.11, de las cuales más del 90% fueron flujos de inversión productivos y no de fusiones y adquisiciones transfronterizas, como sucede en los países ricos.

Los procesos de globalización se encuentran en una estrecha relación con los procesos de desarrollo regionales, nacionales y locales. El desarrollo regional se encuentra estrechamente imbricado con los procesos acelerados de la globalización bajo un nuevo paradigma orientado por la revolución científico-tecnológica que profundiza los procesos de descentralización gubernamental, impulsa la creación de empresas y el cuidado del medio ambiente.

López Vadalladares (2001) argumenta que el proceso de descentralización responde a una “propuesta de reforma impulsada por organismos multilaterales y fue respaldada con argumentos formales, tales como el logro de la eficiencia, la participación ciudadana, la prevención, la corrupción, entre otros; su ejecución se hace posible en la medida en que las condiciones del contexto político, económico y social lo permiten y, presionan en su favor.” Las transformaciones locales y regionales están determinadas por los cambios mismos en sus estructuras económicas, en las políticas macroeconómicas nacionales y en los procesos de globalización.

Los actores sociales clave en este desarrollo social son el Estado, la sociedad y el sector privado empresarial. La sociedad local y regional como actor social adquiere relevancia en la promoción del crecimiento económico y el desarrollo social equilibrado y justo entre las diferentes regiones. La promoción del crecimiento económico siempre ha sido patrocinado y producido bajo la protección gubernamental. Las condiciones regionales para la promoción de las actividades empresariales están implicadas con el fomento de la integración o diversificación de la estructura económica regional y la coordinación interinstitucional de planes, programas y proyectos de impacto regional (Tarapuez Chamorro, 2001).

El Estado sigue siendo el principal impulsor de un desarrollo más equilibrado y equitativo entre las regiones. La sociedad regional también es un actor clave en la promoción del crecimiento económico y el desarrollo regional. La presión que los procesos de globalización ejerce sobre el desarrollo regional está desterritorializando las fronteras geográficas espaciales para dar mayor relevancia a los agentes y actores del desarrollo. No obstante, en esta nueva tendencia, el estado queda reducido a su mínima expresión como agente impulsor del desarrollo que garantice la equidad y el equilibrio regional, para trasferirse estas responsabilidades a las organizaciones empresariales y de la sociedad civil. La sociedad regional adquiere importancia como un actor social que impulsa el crecimiento económico y el desarrollo regional en forma equitativa y equilibrada.

Al respecto, Rodríguez (1997) argumenta que “en la fase de globalización, integración mundial, y desvanecimiento de fronteras económicas, surge también una tendencia a impulsar y fortalecer las identidades locales y regionales, como un mecanismo social de defensa de su entorno inmediato, de su ámbito de cotidianidad, de su necesidad de pertenencia y de permanencia. La identidad permite la expresión de intereses en espacios comunes a niveles locales, nacionales, regionales y global. El valor de concebir los problemas globalmente, en su trascendencia mundial pero traducirlos en preocupaciones y acciones locales, parece ser una búsqueda de reposicionamiento social ante un mundo demasiado complejo en su desarrollo, en sus desequilibrios, y en sus contradicciones.”

El redimensionamiento de lo local, en sociedades centralizadas y abiertas a los procesos de globalización, plantea un gran reto para formularse como una estrategia integradora que involucre todos los aspectos de la vida local. El desarrollo local se encuentra supeditado a los intereses regionales y globales que implican las interacciones de las dimensiones económicas, políticas, sociales, culturales, tecnológicas, institucionales, etc. Las diferencias de intereses de clase entre las naciones se obscurecen en categorías abstractas. No obstante, es importante que en el diseño de planes y programas de desarrollo regional integral se deben considerar que son planes incluyentes y plurales de aceptación de diferentes intereses de los agentes económicos y actores políticos. Se filtran a través de las percepciones del medio ambiente de los actores políticos, las diferencias de intereses de clase entre las naciones se obscurecen en categorías abstractas.

El desarrollo local integral debe pivotar sobre la base de un compromiso en las interacciones solidarias, activas y continuas que se presentan en una comunidad determinada independientemente de la contigüidad física y territorialmente delimitada. Para Putnam (1993b), “El capital social encarnado en normas y redes de compromiso cívico parece ser un prerequisito para el desarrollo económico así como para un gobierno efectivo”. El capital social es una forma de reducir los costos de transacción mediante el involucramiento de las relaciones económicas en las relaciones sociales. El mercado es una construcción social que operacionaliza relaciones sociales. La sociedad local y regional adquiere una importancia en la promoción del crecimiento económico y el desarrollo regional más justo y equilibrado.

De hecho, el “localismo” el particularismo y la irregularidad geográfica se sustituye por la unidad, la uniformidad y el universalismo. Si se quiere impulsar el desarrollo de regiones, se tienen que diseñar e implementar planes que orienten todos los esfuerzos hacia la compatibilidad con los procesos de la globalización, la cual puede ser el resultado de un concepto de esfuerzos de regiones.

Entonces, lo urgente para impulsar el desarrollo de las regiones es apuntalar e impulsar programas diseñados para cada una de esas regiones. Esta tendencia apunta a la profundización de las iniciativas para la integración regional en el contexto de una liberalización comercial multilateral y no discriminatoria, o mediante la liberalización comercial unilateral. Junto con la inversión directa extranjera, ambas iniciativas figuran en las nuevas estrategias de desarrollo y crecimiento de la mayor parte de los países.

La liberalización comercial unilateral implica una tarifa más baja de protección para el sector de manufacturas, la cual tiende a ser relativamente intensiva en capital. En materia de inversión directa externa, los países desarrollados la desalientan mediante el establecimiento de reglas rígidas en los acuerdos comerciales y las prácticas antidumping discriminatorias. Todos los acuerdos comerciales entre los Estados son promovidos y negociados por los mismos Estados con la finalidad de abrir los mercados a sus empresas transnacionales.

De hecho, los acuerdos regionales de integración comercial combinan una serie de prácticas intrincadas y complicadas de liberalización y proteccionismo económico y comercial. En la creación de proteccionismos que se está revirtiendo como tendencia, el proteccionismo de los productores domésticos estaba más concentrado que el proteccionismo de los consumidores. No obstante, investigaciones recientes (Rogers y Smith, 2001) demuestran que los precios de los consumidores entre los diferentes países, no se igualan entre sí, como sería de esperarse en un mundo altamente integrado por los mercados, a tal grado que los precios de productos similares fallan igualarse entre los diferentes países, más que entre regiones de un mismo país.

Los productores exportadores y las multinacionales estaban más concentradas que los pequeños y que competían con importadores. Hay que considerar que antes de abrir totalmente las barreras comerciales y financieras, la capacidad local necesita fortalecerse. El fortalecimiento de las comunidades locales necesita de tiempos y ritmos diferentes de acuerdo a los niveles de desarrollo diferentes de las comunidades. Una competencia justa es solamente una palabra de moda cuando el campo de juego no está nivelado para todos los participantes.

En la década de los noventa se está experimentando el resurgimiento del regionalismo en una "segunda ola". Los procesos de globalización se manifiestan relacionados con los procesos de regionalización. El fenómeno de la regionalización puede ser considerado como una inercia a la globalización que estrecha los vínculos de las instituciones económicas mediante fórmulas de asociación comercial entre países. Así, los procesos de globalización se ven frenados y obstaculizados por la tríada, como le ha denominado Gretschman (1995).

La tríada está formada por tres grandes bloques comerciales formada por la Unión Europea (UE), el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN). Hay quienes consideran que estos grupos comerciales son formas de un nuevo proteccionismo con un disfraz de libre comercio y que da continuidad al nacionalismo económico. Así, paralelamente a los procesos de globalización, también se desarrollan procesos de nacionalismos que vigorizan las identidades culturales y étnicas. Por lo mismo, la comunidad de intereses se expresan en una identidad a través de los diferentes medios en las instancias espaciales locales, nacionales, internacionales y globales.

Es decir, hay otra posición que asume que los procesos de regionalización son de defensa frente a los embates de la globalización. El incremento del tamaño de los bloques comerciales y de su poder relativo en el mercado, debido a su naturaleza preferencial y discriminatoria, puede aumentar o reducir los beneficios en los términos de bienestar para los países miembros.

El fenómeno de la regionalización frente a la globalización tiende a ser excluyente y con efectos limitados. Los procesos de globalización son excluyentes. Estas contradicciones aplican lo mismo para los países excluidos o bien para el mundo en su totalidad debido a que distrae los recursos de sus formas más eficientes de uso. Las dificultades existentes entre los procesos de globalización y de regionalización generan fuertes tensiones por las implicaciones transfonterizas, la disminución de la autonomía nacional y los desafíos a la soberanía política de los estados nacionales (Rosas, 2000).

La autonomía se fundamenta en la idea de que los ciudadanos son los mejor ubicados para evaluar y juzgar las acciones de sus gobiernos, potenciando mecanismos que permitan a estos gobiernos decidir acerca de los asuntos de su competencia y de sus responsabilidades frente a la sociedad. La autonomía es una condición para el ejercicio pleno de la soberanía y de la independencia política de los pueblos.

Sin embargo, la liberalización comercial unilateral puede deteriorar el bienestar social nacional, dependiendo de las distorsiones resultantes entre la relación de los cambios unilaterales en las tarifas de importación y en los flujos internacionales de capital. Así, en los procesos de liberalización con la participación de coaliciones, los liberalizadores participan en un juego de ganar, en el cual cada acción liberalizadora fortalece a sus propias coaliciones y debilita a los competidores. Los gobiernos están posibilidades de negociar con las diferentes coaliciones sobre la base de reciprocidad.

Los movimientos de capital y de comercio son considerados como sustitutos uno del otro en el modelo tradicional de Heckscher-Ohlin model, en el que se propone que los países tienen diferentes dotaciones de estos factores. Las actividades de los mercados de capital (acciones y bonos) han crecido globalmente en importancia durante el período 1980-1995 según las investigaciones de Glen y Sumlinski (1998). El incremento de los movimiento de capital constituye una amenaza para la estabilidad de los mercados internacionales. Hasta ahora no se ha demostrado que exista una relación directa entre la liberalización de mercados de capitales y el crecimiento económico. La volatilidad de los mercados de capitales limita el crecimiento económico e incrementa los niveles de pobreza. El libre comercio conlleva la igualación de los precios de los factores, la cual elimina la racionalidad de los movimientos de los factores, pero si el factor se mueve de donde es abundante a donde es escaso, las bases para el comercio desaparecen o se reducen.

Por lo tanto, los movimientos de los factores son un sustituto para el comercio. La hipótesis de los mercados eficientes racionales hace dos clases de predicciones acerca de la conducta de precios, cuando se consideran correctos y reflejan el valor racional, y cuando los precios son impredecibles con base en la información pública disponible. Los mercados eficientes, desde la economía neoinstitucionalista, requiere de costos bajos de transacción y de producción y cumplen con una serie de factores y características básicas, tales como la existencia de un Estado de Derecho y de capital social (confianza), protección de derechos de propiedad y bajos costos de los contratos. De acuerdo a Lechner (2000), el análisis de la dialéctica de la individualización y socialización subyascente al desarrollo humano, conceptualiza el capital social como la “trama de confianza y cooperación desarrollada para el logro de bienes públicos” Putnam (1995: 67) define capital social como “redes, normas y confianza social que facilitan la coordinación y cooperación en beneficio mutuo”.

Un país abundante en trabajo que impone una tarifa, el retorno al capital se incrementa y el capital se mueve ahí, dando lugar a una desvalorización del trabajo y al surgimiento de “nuevas formas de trabajo”. En la globalización, el trabajo se fragmenta y en muchos de los casos simplemente desaparece, o es condicionado por leyes de un nuevo mercado laboral que requieren flexibilidad en las tareas y pagos paupérrimos, para concentrar más las ganancias en el capital. Así, los agentes y actores del capital actúan en formas diferentes a los del trabajo. Cuando la movilidad del capital es perfecta, el comercio desaparece eventualmente. La combinación de los movimientos de capital internacional y las barreras tarifarias distorsionadoras generan un crecimiento de la miseria en pequeñas economías. Cooper (1968) sentenció que estaban cado las barreras políticas y psicológicas al comercio y que los resultados incluían más sensibilidad de los flujos comerciales a disturbios dentro de las economías nacionales o la economía mundial.

Un crecimiento capitalista, completamente libre y no regulado es improbable que considere la pobreza, por lo que ciertas medidas deliberadas y aplicadas tanto por organismos internacionales como por los Estados nacionales son necesarias para facilitar la inclusión de los países y las gentes pobres. Por tanto, Abrego (1999) concluye que el resultado de los cambios tarifarios distorsionadores que conducen a flujos de capital que generan miseria, se apoya crucialmente en el capital foráneo que no paga impuestos en los países receptores. El argumento va a favor de los beneficios que reciben las economías en una apertura unilateral hacia el libre comercio. Las relaciones de comercio y de mercados se delimitan en acuerdos entre los Estados, los cuales operan dentro de sus fronteras.

La integración de un sistema comercial basado en bloques comerciales regionales puede ser inferior a un sistema global comercial, según el análisis de Andriamananjara (1999a) El denominado debate "Regionalismo versus multilateralismo" no ha ofrecido respuestas al cuestionamiento de sí la integración regional dispone a los países a participar activamente en la liberalización comercial. Junto con las elites locales y los capitalistas transnacionales han promovido mayores cambios estructurales en las economías locales a fin de facilitar la creciente integración de la región en la economía global capitalista.

En el otro extremo del debate, la integración de los bloques comerciales es considerada como un paso necesario para el libre comercio global. La tendencia hacia un regionalismo abierto en su economía, comercio y política requiere de un proyecto de gobernabilidad que ordene equilibradamente los desarrollos de los distintos pueblos en forma equitativa y justa. Y es que la gobernabilidad tiene una relación directa con el crecimiento económico, el desarrollo social, la justicia social y la igualdad de oportunidades para la población

Cervantes Galván (1997) avanza la hipótesis de que los regionalismos y la reconfiguración de los Estados nacionales tenderán a manifestarse con mayor fuerza y claridad a medida que avancen los procesos de integración económica. La integración económica conduce a la convergencia de economías con diferentes niveles de desarrollo, debido a que las economías pobres crecen más rápido que las economías avanzadas (Lawrence, 1996).

La naturaleza de la integración regional en la economía capitalista global ha reforzado las formas extremas de desigualdad e injusticia ampliamente esparcidas que prevalecen en esta parte del mundo. Un análisis crítico de los efectos del capitalismo revela que ha creado extremas desigualdades en la región así como en el mundo entero. Pritchett (1996) recomienda olvidarse de la convergencia porque las evidencias apuntan a que el elemento recurrente de la economía moderna es una divergencia masiva en los ingresos per cápitas entre los países ricos y pobres, una brecha que continúa creciendo todavía.

La contradicción se manifiesta entre una integración económica que no siempre trae consigo la integración social y política. La integración social y política se condiciona al acceso a los mercados. La emergencia del regionalismo es una de las estrategias de apertura comercial que más impacto tienen en los Estado-nación y que deja en entredicho si los procesos de integración regional constituyen procesos de construcción o de obstaculización del libre comercio global. El comercio regional nunca incrementa el apoyo político para el libre comercio global. La competencia entre estos bloques comerciales puede llevar a una división del mundo.

Andriamananjara (1999, 1999a) estudia los efectos de la integración regional en los incentivos de los miembros así como también aquéllos de los no miembros para entrar en la liberalización comercial multilateral, y deriva dos resultados: por un lado, el máximo nivel de liberalización multilateral por el que el apoyo de los miembros de un acuerdo comercial preferencial (ACP) se incrementa siguiendo su establecimiento, declina cuando el grado de preferencia se eleva. Por otro lado, el más alto grado de preferencia dentro de un acuerdo comercial preferencial, entre más alto es el nivel mínimo de los cortes tarifarios multilaterales para los cuales se incrementa el apoyo y se reduce la resistencia en el país excluido. Por lo tanto, el regionalismo debilita el apoyo para el multilateralismo tanto en los países miembros como en los no miembros.

La formación de los Arreglos de Integración Regional (AIR) requieren de una coincidencia de deseos entre las partes interesadas para incrementar los incentivos, ya sea mediante la "expansión endógena" de los bloques comerciales, o bien mediante la "protección endógena" que conduce a los miembros a una mayor o menor protección con respecto a los países que no pertenecen al bloque. Los incentivos de los bloques comerciales para expandirse o fusionarse están determinados a través de procesos políticos dominados por productores más que por consideraciones de bienestar.

Las fusiones de las corporaciones que pertenecen a países de diferentes bloques económicos debilitan el posicionamiento unilateral y debilitan las estrategias hegemónicas motivadas por las grandes corporaciones estadounidenses que pertenecen al complejo militar industrial. El resultado de este proceso de expansión de los bloques comerciales, es que los no miembros siempre quieren unirse, en algún punto los incentivos de los países miembros para admitir nuevos miembros declina a cero antes que todos los países sean admitidos.

¿Hasta dónde el resurgimiento del regionalismo en la década de los noventa ha afectado el comercio?. Este es el cuestionamiento que se hacen Sloaga y Winters (1999) quienes aplicaron el modelo de gravedad modificado para identificar los efectos separados de Acuerdos Comerciales Preferenciales (ACP) en el comercio interno de los bloques. Las relaciones de comercio y de mercados se delimitan en acuerdos entre los Estados, los cuales operan dentro de sus fronteras. Todos los acuerdos comerciales entre los Estados son promovidos y negociados por los mismos Estados para abrir mercados a sus empresas transnacionales. Como resultado de su investigación, no encontraron alguna indicación de que la "nueva ola" de regionalismo haya acelerado el comercio interno de los países que forman parte del bloque comercial significativamente.

Rosas (2000) reconoce tres acepciones sobre este regionalismo: la interestatal o intergubernamental, la transestatal y la intraestatal. El debate sobre el regionalismo interestatal involucra agrupaciones de los diferentes Estados nacionales involucrados que tienen acuerdos de cooperación y desarrollan mecanismos de integración de actividades económicas en áreas geográficas específicas que tienen características estructurales homogéneas.

La globalización de los mercados de bienes no es necesariamente positiva para el desarrollo regional a largo plazo, especialmente por la externalidades de la producción del conocimiento (Bretschger, 1999). El nuevo paradigma del desarrollo regional se centra en la revolución científico-tecnológica, la profundización de procesos de descentralización gubernamental, la impulsión empresarial y el cuidado del medio ambiente. La existencia de externalidades positivas en el comercio interregional requiere apartarse de la teoría tradicional del comercio. La tasa de crecimiento a largo plazo de una economía puede ser más baja con el incremento del comercio de bienes que en autarquía, porque los insumos usados intensamente en escalas de producción, se encarecen.

De acuerdo con el modelo de gravedad el comercio entre dos naciones, depende no sólo de su tamaño en los términos de población y del territorio. También depende del producto nacional bruto y de los costos de transacción relacionados con la distancia, las similaridades culturales, etc. La voluntad para entrar a la liberalización comercial multilateral también depende del tamaño del mercado y del número de empresas de los países miembros. Andriamananjara (1999a) concluye que el regionalismo afecta los incentivos para el multilateralismo y la proliferación de los arreglos comerciales regionales generan fuerzas que debilitan los esfuerzos para lograr un sistema comercial multilateral más liberal.

Por lo tanto, si bien las instituciones del Estado-nación y las organizaciones locales son influidas por los cambios globales, éstas a su vez ejercen una fuerte presión para orientar dichos cambios, aunque hace falta un análisis más profundo para determinar su influencia en los proyectos de cooperación y desarrollo. El éxito de la estrategia de cambio depende del grado de preparación de las instituciones del Estado para mantener un compromiso de cambio en los términos de uso de recursos, cultura organizacional, políticas y entrega de servicios y facilitar el cambio de poder fuera de las organizaciones. En este sentido, la globalidad tiene como antídoto la localidad, lo que está próximo.

En una encuesta realizada al sector privado en 69 países por Brunetti, Kisunko y Weder (1998), detallan los obstáculos regionales para la realización de negocios: la corrupción es percibida entre los tres más importantes obstáculos en todas las regiones de los países menos avanzados, con la excepción de los países asiáticos y los de la región en transición. La liberalización rápida de los mercados financieros en los países del Este asiático fue el factor de mayor peso en su crisis financiera después de experimentar altas tasas de crecimiento cuando sus mercados financieros estaban regulados. Por lo mismo, las economías más abiertas y avanzadas tienen una mejor gobernabilidad con bajos niveles de corrupción percibida. Una baja corrupción y una buena gobernabilidad estimulan el comercio y los flujos de capital internacionales, por lo que se concluye que las economías más abiertas al comercio internacional dedican más recursos al combate a la corrupción.

Bonaglia, Braga de Macedo y Bussolo (2001) encontraron como resultado de su investigación que l conexión causal de la apertura a la corrupción es fuerte y estadísticamente significante, es robusta a la introducción de un completo conjunto de variables exploratorias adicionales usadas en la literatura sobre las causas de la corrupción. Sus conclusiones apoyan la tesis de que la corrupción declina en sociedades más abiertas.

La corrupción es alta cuando los costos psicológicos y sociales percibidos son más bajos que sus beneficios. Existe la percepción generalizada que los Estados federales son más corruptos que los Estados centralizados tomando en cuenta el control por el nivel de desarrollo económico. La corrupción es más manifiesta en los Estados federales y con recientes procesos de democratización. Investigación empírica reciente confirma que existe una conexión entre una percepción alta de la corrupción y bajas inversiones y crecimiento. La corrupción ha sido condenada por las fallas para el desarrollo en ciertos países. Sin embargo, a pesar de que se argumenta que la corrupción debilita el crecimiento económico, en algunos países donde la corrupción campea, crecen. Pero si otros factores conducen al crecimiento y desarrollo, la corrupción es probable que disminuya.

Las diferentes teorías sobre la corrupción asocian las variaciones entre las naciones con tradiciones históricas y culturales, niveles de desarrollo económico, instituciones políticas y políticas gubernamentales. Se han sugerido una variedad de características nacionales de tipo económico, político, social, religioso, cultural, etc. que afectan los costos de los riesgos y beneficios esperados. Entre las principales causas de la corrupción se encuentran variables, económicas, culturales y sociales.

O’Donnell (1979) concluye que los diferentes niveles de desarrollo de los pueblos están estrechamente relacionados con los diferentes sistemas políticos. Por lo tanto, los establecimientos institucionales de los sistemas políticos democráticos se explican por factores tales como el tamaño, demografía, desarrollo socio-económico, homogeneidad cultural, herencia colonial o el lugar del país en el sistema económico y político internacional. Los sistemas políticos que no evolucionan están impedidos de hacerlo, entre otros motivos, por las crisis y cambios en las estructuras económicas, o porque su soberanía se limita al supeditarse al diktat de otro Estado u organización transnacional.

Se argumenta en diversas investigaciones que para ciertos países y naciones en particular, se tiene una cultura que es congénitamente conduciva a la corrupción, como el caso de Rusia.

Los factores histórico-culturales de la región latinoamericana pueden explicar los niveles de corrupción que se dan en esos países, y otros investigadores se apresuran y achacan a las tradiciones de la fe católica algunos efectos residuales de la corrupción (Tresman, 1999) aunque se requiere mayor investigación. Cualquier intento serio para explicar las desigualdades y las formas de ubicuidad de la injusticia que caracteriza a las sociedades Latinoamericanas inevitablemente conduce un examen crítico de las relaciones de explotación de producción y distribución capitalista que predomina en la región.

En las últimas dos décadas, casi cada aspecto mayor de la vida económica, política y social en Latinoamérica estuvo influida por la integración acelerada de la región en el sistema capitalista global. Las economías contemporáneas de Latinoamérica se han convertido en partes integral del nuevo sistema económico global que es dominado no por naciones Estados, sino por grandes corporaciones transnacionales que constituyen los principales actores globales en este sistema.

La complejidad de la realidad social de Latinoamérica contemporánea es quizás pensada como una complejidad híbrida de ideologías, prácticas y condiciones de la premodernidad, modernidad y postmodernidad. La ideología neoliberal se ha usado para justificar la estrategia de las políticas de reestructuración y ajuste económico seguidas en la mayor parte de los países latinoamericanos desde los ochenta. Las consecuencias de estas políticas tienen relación con los efectos de la recesión de las economías de los ochentas y noventas. Las recesiones económicas son provocadas por la alta volatilidad de los mercados financieros y sus impactos son fuertes en el empobrecimiento de la población cuando las redes de seguridad son débiles.

Las tradiciones institucionales y culturales afectan los niveles de percepción de la corrupción más significativamente que las políticas del Estado. La ausencia de leyes que resuelvan conflictos de intereses, que exijan el cumplimiento de contratos y que no permitan se distorsione la competencia, abona a elevar la corrupción institucional. El monopolio del poder combinado con altos niveles de discreción y una baja rendición de cuentas, de acuerdo con Klitgaard (1988).

La corrupción en la administración, incluyendo la internacional, ocurre generalmente cuando hay un requerimiento por un servicio de un usuario y los servidores públicos transforman su obligación de servir en poder para hacer o romper, para enriquecer o empobrecer y por lo mismo entran en una relación mercantil con los usuarios, en una relación en la que ellos están en una relación de fuerza, dan prioridad al que ofrece más y esperan que los demás acepten sus condiciones. Por ejemplo las altas barreras a las transacciones internacionales alientan a los agentes económicos privados a iniciar actos de corrupción.

Una segunda forma de corrupción resulta cuando los bienes y servicios son comprados por el Estado mediante el otorgamiento de contratos públicos que favorece la compra de favores (Kampto, 1997). La estructura de los mercados y los niveles de rentas determinan la intensidad en una economía. Las altas rentas que resultan de un medio ambiente de baja competencia aumentan las niveles de corrupción. Ades and Di Tella (2001) elabora un modelo que conecta la creciente competencia de los mercados con bajas rentas y bajos niveles de corrupción, lo cual depende de tres variables: salarios de la burocracia, el nivel de monitoreo y las utilidades que dependen del grado de competencia.

Entre los costos de los riesgos está el ser sorprendido en una conducta de corrupción y castigado si el sistema legal es efectivo. Los países con diferentes tradiciones coloniales presentan varios niveles de corrupción y tienen diferentes culturas legales con grados diferentes de susceptibilidad a la corrupción. La herencia colonial marcó las estructuras económicas, políticas, sociales y culturales de los pueblos colonizados.

La tradición histórica puede afectar los costos percibidos de acciones corruptas a través de la influencia religiosa. El riesgo de exponerse es mayor en un sistema político abierto y más democrático. (Tresiman, 1999). ”. Para Giddens (1999:36) los riesgos son “la dinámica movilizadora de una sociedad volcada en el cambio que quiere determinar su propio futuro en lugar de dejarlo a la religión, la tradición y los caprichos de la naturaleza.” Los inversionistas capitalistas toman en consideración los riesgos que tienen sus inversiones en los diferentes países para exigir bonos de utilidades que les garanticen el máximo retorno.

Los resultados de estas investigaciones sugieren que la batalla contra la corrupción en muchos países ha sido difícil. Es necesario democratizar la sociedad y liberalizar el comercio. Hay evidencias de que los procesos de desarrollo económico reducen los niveles de corrupción por medio de la racionalización de los papeles privados y del Estado, así como del avance educativo que no permite los abusos.

Lo que permite el ejercicio de conductas corruptas es el uso discrecional de un poder monopólico por parte de los miembros de cualquier organización. El crimen y el robo, que también se transnacionalizan, son uno de los obstáculos mayores en todos los países menos desarrollados, con excepción de los países asiáticos y de los tres países en la región del Medio Este y el Norte de Africa.

Las regulaciones impositivas y altos impuestos están entre los cuatro mayor obstáculos en 20 de 22 países. Las regulaciones del trabajo y seguridad y regulaciones del medio ambiente tienden a ser percibidas como los mayor obstáculos en los países industriales que en países menos desarrollados. La inadecuada oferta de infraestructura está en la mitad de la escala de obstáculos en la mayoría de las regiones. Los obstáculos que se relacionan con las políticas monetarias son los más altos en algunos países africanos y latinoamericanos. La inestabilidad de las políticas no está entre los grandes obstáculos en cualquiera de las regiones, excepto para algunas regiones en transición e Iberoamérica. La complejidad de la realidad social de Latinoamérica contemporánea es quizás pensada como una complejidad híbrida de ideologías, prácticas y condiciones de la premodernidad, modernidad y postmodernidad.

La inestabilidad económica se manifiesta en los altos déficit fiscales, altos índices de inflación, volatilidad en las tasas de cambio, etc. que agravan los costos del desempleo y repercuten en bajos niveles de inversiones en los sectores exportadores de la economía, con la consecuente reducción de creación de empleo a su vez. El empleo es el medio de acceso a los mercados. Los controles de precios parece ser problemas del pasado, pero el terrorismo ha vuelto a resurgir. Por sobre todo, los países más ricos son también aquellos que tienen las mejores marcas de los empresarios.

Los elementos de integración del Estado-nación surgen posteriormente como elementos de diferenciación que replantean los beneficios y perjuicios de los procesos de globalización a escala regional. Esta diferenciación se manifiesta en lo social y en lo funcional, con efectos de desestructuración. Incluso la dinámica de diferenciación social se ha vuelto más compleja, se redefine en una profunda dualización caracterizada por una integración selectiva de algunos grupos mientras que otros son excluidos de los beneficios de la globalización. Los beneficios que han obtenido algunas de las naciones del mundo que se han involucrado en los procesos de globalización por sí mismas, se han distribuido en forma equitativa.

Sin embargo otras naciones no lo han logrado, sobretodo aquellas que han tenido la asesoría de las instituciones financieras internacionales. Las naciones que han logrado mejores beneficios de los procesos de globalización son las que han rechazado los postulados del “Consenso de Washington” y han establecido ritmos propios de crecimiento económico. Las instituciones financieras internacionales fortalecen a los Estados imperialistas adoptando una actitud arrogante, voluble y antidemocrática que un día elogia y otro regaña por los logros alcanzados por los países menos desarrollados, lo cual implica que la democracia no es una disciplina racional. Las instituciones financieras internacionales imponen a los Estados-nación principios para el manejo de su política económica basado en el fundamentalismo del libre mercado, los cuales son aplicados en los países deudores con consecuencias negativas, mientras que los países desarrollados evaden su aplicación.

Esta diferenciación social incide en la misma disociación de la vida social de amplios sectores. La sociedad duálica y estamentaria basada en las estructuras económicas del coloniaje, justifica las diferencias entre los ricos y los excluidos en principios morales, religiosos y jurídicos que considera consustancial al sistema económico.

Sin embargo, la globalización de las actividades económicas es "promovida por los gobiernos, los sectores empresariales y otros grupos. Hace cambiar la vida cotidiana y crea nuevos sistemas y fuerzas trasnacionales, transforma las instituciones de las sociedades en que vivimos y tiene que ver con el surgimiento del individualismo" (Centro Tepoztlán AC, 1999) El surgimiento de este individualismo es debido en parte, a que la competencia se extiende a los mismos individuos y es preocupante porque puede determinar el nivel latente de autoritarismo existente en el capitalismo. Este individualismo competitivo forma el cimiento de la crisis del sistema económico globalizador. La crisis del objeto del capitalismo cae más en el dominio del campo del valor de uso que en el dominio de valor de cambio.

Los actores que promueven los procesos de globalización económica son optimistas con respecto a los resultados y a las oportunidades que esperan se traduzcan en crecimiento económico, desarrollo social, pluralismo político y democracia. Los detractores de estos procesos argumentan que están ampliando la polarización social y las brechas de la desigualdad económica e incrementando los niveles de pobreza, marginación y exclusión social, que ha dado lugar en Europa al concepto de aquellos que no tienen “nombre ni domicilio fijo”.

Esto de tal forma que actualmente la quinta parte de la población más rica dispone del 80% de los recursos, mientras el quinto más pobre dispone sólo dispone de menos del 0.5% de los recursos. El 20% de la población mundial tiene acceso a los beneficios de estos procesos de globalización, mientras que el restante 80% es excluido del desarrollo. Según el análisis de Harris (1997) el más alto 20 por ciento del ingreso obtiene entre el 40 y 70 por ciento del total anual del ingreso ganado en los países latinoamericanos, mientras que el más bajo 40 por ciento de los que obtienen ingresos obtienen solo entre el 5 y el 20 por ciento del total del ingreso ganado en estos países, el 40 por ciento de todos los hogares latinoamericanos viven bajo la línea de pobreza definida en términos del ingreso requerido para satisfacer necesidades básicas para alimentación, habitación, y ropa.

De hecho la mitad de los grupos no tiene un ingreso suficiente para satisfacer incluso sus necesidades básicas de alimentación. Una de las realidades más impresionantes de Latinoamérica es el grado extremo de desigualdad económica, social y política que caracteriza a las sociedades de la región, a tal grado que esta desigualdad es quizás mejor revelada por la distribución de ingreso entre los niveles más altos y bajos de ingreso en las sociedades latinoamericanas. En suma, la desigualdad económica y social es extrema a través de Latinoamérica y recientes transformaciones en el sistema capitalista global y las economías de los Estados latinoamericanos han contribuido en su mayor parte a la ya de por sí polarizada estructura de clases, diferenciación étnica, racial y de género (Harris, 1997).

Un estudio de las Naciones Unidas (citado por Chonchol, 2001), reporta un incremento de la desigualdad que va de 1960, cuando el 20% más rico de la humanidad recibía el 70% del producto mundial. En ese mismo año, el 20% más pobre recibía el 2.3%, en una relación de 30 a 1, hasta alcanzar una relación de 74 a 1 en 1997. Todavía más, las investigaciones recientes (Lindert and Williamson, 2001) encuentran una dramática divergencia en los ingresos de las naciones y de los individuos desde 1 600 o antes y se incrementa durante la época previa a la revolución industrial, para acentuarse en los últimos dos siglos, aunque es más elevado el incremento en las diferencias del ingreso entre las naciones. Por lo tanto, los procesos de divergencia global de los ingresos tienen ya 400 años frente al desarrollo de los procesos de globalización que se inician en 1820 y que sólo tienen 150 años si se sustraen el período de los mercados autárticos que comprenden de 1914 a 1945.

Los procesos de globalización dan como resultado una sociedad dual: Mientras que una minoría es la receptora de los mayores beneficios y privilegios, una inmensa masa de personas son excluidos de esos beneficios. La dualización social es un fenómeno complejo que resultan de la implantación de los procesos de globalización económica y que se manifiesta en desigualdades extremosas y profundas entre los cada vez más ricos, quienes reciben todos los beneficios y los excluidos o marginados, quienes nunca tendrán alguna posibilidad de acceso a disfrutar de los beneficios.

Sin embargo, el problema serio con este modo de desarrollo capitalista es que agrava la desigualdad social la cual tiene otras repercusiones en la desigualdad política. El incremento de la desigualdad social se ha hecho evidente en los estratos medios en muchos países menos desarrollados. La formación de una sociedad estamentaria y duálica basada en las estructuras económicas coloniales, justifica las diferencias entre los ricos y los excluidos en principios morales, religiosos y jurídicos que consideran esas diferencias ser inherentes al mismo sistema económico.

Entre otras de las razones por las que algunos países y algunos grupos sociales son excluidos de los beneficios de la globalización, está el problema de que los países menos desarrollados y más pobres, no han sido empobrecidos por la globalización, sino que están siendo excluidos de la misma y sin tener una integración real a la economía global. Los beneficios que han obtenido algunas de las naciones del mundo que se han involucrado en los procesos de globalización por sí mismas, se han distribuido en forma equitativa. Sin embargo otras naciones no lo han logrado, sobretodo aquellas que han tenido la asesoría de las instituciones financieras internacionales. Las instituciones financieras internacionales fortalecen a los Estados imperialistas adoptando una actitud arrogante, voluble y antidemocrática que un día elogia y otro regaña por los logros alcanzados por los países menos desarrollados, lo cual implica que la democracia no es una disciplina racional.Por lo tanto, este problema reclama el apoyo y la asistencia de la comunidad internacional para la construcción de las instituciones y el diseño de las políticas que faciliten su ingreso y su participación en la economía global, algo que es improbable que se dé bajo un esquema globalizador de alta competencia entre las naciones.

Cierto grado de participación de los Estados nacionales en la economía global puede ser benéfico. Pero hay una gran diferencia entre políticas que promueven un sistema de mercado coherente para el beneficio de la mayoría de los participantes, y las políticas que entregan el poder a los capitalistas rapaces, que consiguen ser más ricos a costa de la pobreza de la mayoría..

El componente político de una economía de libre mercado es la democracia como forma de gobierno. El reclamo moral de la democracia se fundamenta en el valor y la igualdad de los individuos bajo la consideración de una persona, un voto. La noción de democracia de los clásicos se fundaba en la posibilidad de tener acceso al poder económico y en la posibilidad de lograr una república formada por pequeños propietarios, lo cual implicaba una relación estrecha entre el poder económico y el poder político. Las redes de poder atrapan a los ciudadanos y los somete a la lógica de una esfera de influencias y competencias con altos costos para quienes optan por alternativas diferentes que implican la negación de las telarañas de poder. Ramos (2001) concluye que la red de poder democrático se activa en un proceso cíclico que fluctúa entre la mercantlización y la estatalización, la adhesión y la apatía, la participación y la inhibición”.

El modelo de democracia promovido por los procesos de globalización es de la democracia liberal transnacional, el cual soporta las nuevas bases de la gobernabilidad del sistema capitalista centradas en los derechos de propiedad más que en los derechos personales. Esta democracia liberal transnacional requiere de actores e instituciones fuertes que acepten los principios del liberalismo económico y político. El vínculo existente entre los diferentes actores y las estructuras institucionales requiere de procesos de análisis de los diseños institucionales de los sistemas políticos. La nueva democracia neoliberal se orienta a otorgar mayores niveles de protección a los actores y agentes del capital que a los actores y agentes sociales del trabajo. La globalización es inevitable y la democratización indispensable.

La democracia ofrece al individuo moderno promesas de autonomía y libertad y acepta como sus principales características, la diversidad y la inestabilidad del proceso. La autonomía es una condición para el ejercicio pleno de la soberanía y la independencia política de los pueblos. Son la inestabilidad y la incertidumbre símbolos de los tiempos de la globalización. La incertidumbre vista como una característica sociocultural de la democracia que interpreta la realidad como esquemas que se salen de la normalidad. Dado el rol de las sanciones en la preservación de la normalidad social la cual involucra nada menos que la salvaguarda de los valores fundamentales de una sociedad. La democracia institucionaliza las posibilidades de modificación de decisiones de los ciudadanos y por lo tanto, posibilita las transiciones de los pueblos.

La democracia es definida por la globalización como un sistema que permite a los individuos el ejercicio pleno de sus libertades y responsabilidades, sus derechos y obligaciones en un marco de convivencia, aunque en la realidad dista mucho de lograrse estos fines por la fuerte incompatibilidad entre los principios del libre mercado y los principios de la democracia.

En realidad el concepto tradicional de la democracia ha sido reelaborado para que sirva de apoyo y mantenimiento al sistema capitalista. No obstante, la democracia constituye un mecanismo de control que permite una estabilidad en la gobernabilidad para las operaciones de los mercados y los inversionistas internacionales. La democracia es un conjunto de métodos, instrumentos y procesos, que tienen por objeto lograr y mantener equilibrios mediante la expresión de opiniones, la confrontación de ideas, la solución de conflictos, negociación de intereses, etc.

La relación entre el mercado y la democracia es una relación tortuosa mientras que los principios de la economía política en que se fundamenta el capitalismo transnacional contradicen los principios de la teoría democrática cuando se privilegian ciertos derechos sobre otros. Esta teoría democrática liberal tiene como fundamentos los principios de libertad e igualdad de los individuos, en donde éstos adquieren mayor relevancia que las comunidades y sus identidades políticas. En torno a este principio de la democracia liberal se da un debate entre posiciones liberales multiculturalistas, democráticos socialistas y los comunistas. Las democracias liberales más avanzadas se convirtieron en democracias sociales

Pero la propuesta democrática de la globalización es elitista y oligárquica que privilegia los intereses de los grupos en el poder y con el poder económico y político y en donde la oposición política queda incapacitada o al margen para elaborar y proponer nuevas iniciativas. Lo más preocupante son los mecanismos para repartir el poder entre las diferentes instancias. La posesión y ejercicio asimétrico del poder que emerge de los procesos de globalización tensiona las instituciones establecidas y presiona en la dirección de la creación de un nuevo orden orientado por una clase capitalista transnacional. Este nuevo orden mundial emerge después de la caída del muro de Berlín, el cual se anunció después de la Guerra del Golfo en 1991, aunque en realidad la geopolítica se ha complicado. En nuevo orden mundial que emerge, el Estado no desaparece sino que se está desagregando en partes distintas, separadas, de acuerdo a su funcionalidad. Un nuevo status de los Estados-nación surge que los estratifica en la unipolaridad política mundial.

El nuevo orden económico mundial implica estrategias de desarrollo orientadas a la redefinición de las funciones del Estado, la cual presenta dos tendencias. Por un lado, la tendencia que enfatiza eliminación de la política social y a la descentralización de las funciones del Estado y por otro lado, la tendencia a fortalecer su capacidad regulatoria para enfrentar nuevas responsabilidades en el ámbito de la promoción del desarrollo local.

La descentralización tiene como objetivos aumentar el poder, la autonomía de la decisión y el control de los recursos, las responsabilidades y las competencias de las colectividades locales, en detrimento del poder del poder de los órganos del gobierno central (Mattos, 1990:165-167). . De hecho, las transformaciones en las competencias y funciones del Estado nación ha dado lugar a que también se presenta una nueva formulación de competencias y funciones en los demás niveles de gobierno, sobretodo los locales y municipales.

El énfasis en los procesos de reestatización o neoestatización se orienta a recuperar algunas de las funciones eliminadas o debilitadas y constituye la pieza principal de la expansión global de las grandes corporaciones transnacionales. Esta expansión de las transnacionales en los mercados internacionales es precedida por la expansión militar y política de los Estados imperialistas. Las alianzas militares de los estados imperialistas y los aparatos militares de otros Estados promueven la penetración y expansión de las transnacionales en los mercados internacionales

Mientras que la redistribución de los beneficios de la globalización es un aspecto meramente político, el crecimiento económico es un problema técnico convertido en un fin en sí mismo. El crecimiento económico implica la noción de la medición cuantitativa en términos del PIB per cápita y el consumo promedio real. El crecimiento económico es producido bajo la protección gubernamental.

Los actores y agentes que impulsan los procesos de la globalización, no están dispuestos a ceder el poder y por eso definen el problema como uno de carácter técnico. En otras palabras, la globalización hace más difícil el funcionamiento democrático de las sociedades y por ende, de los Estado-nación, la tradicional unidad de identidad política, ahora debilitados por las formas diversas de expresión nacionalistas. Las diferencias en los avances de los procesos de identidad de los pueblos y los procesos de globalización económica están abriendo más las fracturas sociales.

Chua (1998) propone un modelo de mercadización, democratización y etnonacionalismo que explora las consecuencias de perseguir la consecución del libre mercado y la democracia. Este modelo considera las siguientes condiciones: el subdesarrollo económico, divisiones étnicas severas, la presencia dominante de una minoría étnica y la presencia de una mayoría empobrecida que como en el caso de los indígenas claman ser los dueños verdaderos de la nación y que ya empiezan a reconstruir su identidad.

Así, en forma paralela a los procesos de globalización se desarrollan procesos de vigorización de nacionalismos que dan vitalidad a los valores étnicos y culturales. La democracia ha desarrollado modelos que dan acomodo a la diversidad etnocultural aunque no ha podido dar respuesta completa para resolver los problemas económicos que emergen de estos acomodos. Pocos gobiernos nacionales han administrado y manejado en forma democrática la diversidad étnica y cultural de las comunidades. En la diversidad se apoyan los principios básicos de la democracia que no admiten excepciones.

Así a la consecución de una racionalidad y eficiencia del mercado se asocian los valores de la cultura democrática basada en la competencia, bajo el razonamiento de que la democracia liberal y el capitalismo se explican por razones económicas y por la lucha por el reconocimiento. La competencia como un mecanismos de motivación es impulsada por los Estados imperiales rivales y en general por el mismo sistema imperial. Al decir de Patras (2001d) la competencia “en términos capitalistas está mediatizada, influenciada y dirigida por los Estados”.

La cultura democrática debe sustentarse en un código de principios que guíen el comportamiento político y la acción del gobierno. Al respecto Santiso (2001) propone los siguientes principios: Inclusión, participación y articulación de preferencias por medio de un sistema de partidos políticos y representación ciudadana, reponsabilidad política horizontal y vertical y capacidad de respuesta de las políticas públicas a las preferencias, transparencia de la acción pública y obligación de rendir cuentas, el Estado de derecho y la independencia de los poderes. Las políticas públicas se formulan en las instituciones del Estado, las legislativas, las del ejecutivo y el judicial, mientras que la ciudadanía se reúne en diversos foros para discutir y formular las demandas así como para validar las acciones del sistema político.

Se puede inferir que los valores internos de las organizaciones están determinados por los valores externos, tales como la gobernabilidad del sistema social y sus valores culturales en los cuales la organización se desempeña. Como cualquier sistema, el sistema social tiene mecanismos de retroalimentación para ajustarse continuamente e irreversiblemente a los cambiantes factores socioeconómicos y socio ecológicos.

En la pugna ideológica esta democracia capitalista ha salido victoriosa y Fukuyama en su libro El fin de la historia ha anunciado ya el inicio de un jubileo laico con el triunfo de la democracia liberal y la desregulación de los mercados. Así, la democracia se ha convertido en la herramienta más perfecta para mantener el poder hegemónico del capitalismo globalziador. La desregulación limita las funciones de los gobiernos de los Estados nación para operar, funciones que rápidamente son tomadas por las grandes corporaciones transnacionales, las cuales ejercitan para sus propios intereses. Así, Fukuyama concluye que “Nada de lo que ha pasado en la política mundial o en la economía global en los últimos diez años contradice, desde mi punto de vista, la conclusión de que la democracia liberal y una economía orientada al mercado, son las únicas opciones viables para las necesidades modernas” (Fukuyama, 1999a)

No obstante, la política de la desregulación financiera hace posible la utopía neoliberal de un mercado perfecto (Bourdeau, 1998) lo cual se logra mediante la acción destructiva de todas las medidas políticas y de las estructuras colectivas. Estas estructuras colectivas, tales como la nación, los grupos de trabajo, sindicatos, familia, etc., obstaculicen el ejercicio de las fuerzas del libre mercado y la acción e inversiones de las corporaciones transnacionales en los Estados-nación. Los acuerdos de inversiones entre los diferentes Estados toman en cuanta la participación de las grandes empresas transnacionales. Sin embargo, estos actores, como en el caso de los sindicatos, se han vuelto incapaces en tiempos en que la misma lógica del desarrollo los han convertido en totalmente inoperantes, al igual que se han modificado las convicciones ideológicas.

Pero por otro lado, se ha iniciado también una “democratización” del debate sobre las políticas económicas internacionales, el libre mercado y el libre comercio.