LAS NUEVAS FORMAS DE GOBERNABILIDAD TRANSNACIONAL EN EL ESCENARIO DE LA RACIONALIDAD ECONÓMICA DE LOS PROCESOS DE GLOBALIZACIÓN

LAS NUEVAS FORMAS DE GOBERNABILIDAD TRANSNACIONAL EN EL ESCENARIO DE LA RACIONALIDAD ECONÓMICA DE LOS PROCESOS DE GLOBALIZACIÓN

José Gpe. Vargas Hernández

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El nuevo modelo de economía de mercado global.

El modelo de globalización es un modelo de una dictadura corporativa que se caracteriza por ser una estrategia para la expansión de las operaciones comerciales y financieras de las grandes corporaciones transnacionales, la cual es precedida por una expansión militar y política de los Estados imperialistas. Las alianzas militares de los estados imperialistas y los aparatos militares de otros Estados promueven la penetración y expansión de las transnacionales en los mercados internacionales Los agentes del corporativismo financiero y económico internacional son los protagonistas del nuevo modelo de desarrollo neoliberal y para alcanzar sus metas, han prescindido de la intermediación de las instituciones políticas del Estado-nación.

Las instituciones políticas son determinantes en los resultados económicos. Las diferentes facciones que integran el corporativismo financiero global entran en graves conflictos por los intereses que tienen en áreas estratégicas de la globalización. Las diferencias de intereses de clase entre las naciones se obscurecen en categorías abstractas. Así mismo, los conflictos globales entre diversas clases dominantes chocan entre sí y la tendencia apunta que los conflictos bélicos se desarrollan más entre estos grupos con intereses corporativos en la globalidad que entre Estados-nación determinados.. Muchos de estas confrontaciones inter corporativas financieras y económicas globales son las causantes de las guerras, más que los enfrentamientos entre las naciones.

La sociedad se encuentra dominada por las grandes corporaciones transnacionales que ejercen una forma de dictadura económica. Lo realizan por medio de una estructura supranacional de instituciones, manejadas por una burocracia tecnocrática al servicio del capital, las cuales sin ningún control que equilibre su poder económico, político y militar, imponen decisiones y restringen la soberanía política de los Estados-nación. Estas mismas fuerzas también motivan a los capitalistas individuales y a las empresas capitalistas a concentrar y centralizar su control en varios medios donde la riqueza se acumula. La estructura espacial de las unidades geográficas delimitadas por fronteras físicas y geográficas definen los tipos de interrelaciones entre las diversas entidades. Suplantan la soberanía política por el concepto de soberanía consumidora y dejan las decisiones en las oportunidades de desarrollo que tienen los individuos en manos del mercado.

El sistema capitalista alienta y estimula el consumo continuo y creciente. El papel del mercado impone criterios de trato a los ciudadanos en función de su capacidad adquisitiva como consumidores, debilita los lazos solidarios y desarticula las posibilidades de acción colectiva. El pobre confrontó al rico con un problema de acción colectiva: cómo crear arreglos colectivos para controlar los efectos externos de la pobreza, al mismo tiempo que prevenir que otro ricos obtengan ganancias de sus acciones sin contribuir (De Swaan Abram, 1997).

Por lo tanto, las instituciones pueden percibirse como soluciones de equilibrio a los problemas de elección colectiva. La globalización establece estos poderes supranacionales que tienen como centro el poder de los mercados financieros e imponen sus decisiones en materia de política económica a los Estados nacionales, con reducciones drásticas de funciones. Así, el mercado toma el papel protagónico del desarrollo y subordina al Estado y a la sociedad. No obstante, las naciones que han logrado alcanzar niveles más altos de desarrollo económico son aquellas que mantienen las regulaciones en sus mercados financieros.

El reconocimiento de que los resultados del modelo de globalización implementado hasta ahora, orientado por las grandes corporaciones a través de sus burocracias, con sus inevitables crisis económicas y financieras, no han sido los esperados, cuestiona su legitimidad. Incluso el control democrático es difícil de establecer y problemático, además. Como siempre, es el Estado imperialista el que siempre desarrolla la función de gestión de crisis de aquellos Estados que tienen problemas de devaluación monetaria, insolvencia para el pago de la deuda, etc. al igual que para empresas transnacionales con problemas financieros.

Organismos financieros e inversionistas internacionales con intereses capitalistas multinacionales han cambiado las estructuras de toma de decisiones económicas y políticas nacionales mediante el acoso de las crisis financieras. La liberalización financiera que entra como dinero caliente en forma de inversiones extranjeras a los países que liberan sus economías, generan burbujas especulativas que al menor indicio de riesgo que cambia el humor del inversionista y trata de cosechar lo más que puede dejando desolación y devastación financiera.

Los beneficiarios directos del capitalismo se recuperan cuando efectivamente afirman que la crisis económica llega a su término, pero esto significa un alto descenso en los niveles de vida y en servicios públicos para la mayoría de los ciudadanos, sobre todo la clase trabajadora. La privatización de los beneficios, riesgos y responsabilidades de los servicios públicos, también enajena las aspiraciones sociales, las cuales se cancelan si la subjetividad es excluida del orden social. Estas medidas han afectado adversamente el ingreso y los estándares de vida no solo de las clases más bajas sino también de importantes sectores de las clases medias. El futuro de los trabajadores es muy incierto.

El modelo de economía global que defienden los organismos multilaterales, como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial entre otros, no necesariamente promueve el desarrollo democrático, ni condiciones de equidad y justicia para las sociedades porque en sí mismo es impuesto y no propuesto y aceptado. Las instituciones financieras internacionales imponen los procesos de globalización mediante procedimientos antidemocráticos y carentes de transparencia.

La democracia es un componente básico del desarrollo propuesto. El concepto tradicional de la democracia ha sido reelaborado a efecto de apoyar y mantener el status quo del sistema capitalista. Tanto el Banco, como las otras instituciones son fuertes para argumentar a nivel macro acerca de las políticas y estrategias financieras, pero son pobres para argumentar o dar ejemplos a nivel micro, de los beneficios de la globalización para los pobres. Los beneficios que han obtenido algunas de las naciones del mundo que se han involucrado en los procesos de globalización por sí mismas, se han distribuido en forma equitativa. Sin embargo otras naciones no lo han logrado, sobretodo aquellas que han tenido la asesoría de las instituciones financieras internacionales. Las instituciones financieras internacionales imponen a los Estados-nación principios para el manejo de su política económica basado en el fundamentalismo del libre mercado, los cuales son aplicados en los países deudores con consecuencias negativas, mientras que los países desarrollados evaden su aplicación. Los procesos de globalización no retribuyen equitativamente ni a las sociedades ni a los individuos.

La globalización de la economía del mercado acelera la liberalización comercial, promueve la eficiencia y la competitividad de los productores domésticos y desarrolla contactos comerciales profundos. Ya que las empresas nacionales y locales carecen de los medios para competir en igualdad de términos con el capitalismo transnacional, tienen pocas posibilidades de elección que no sea otra que convertirse en los socios junior locales. Para Porter (1991), la competitividad, las empresas tienen que competir en un entorno formado por cuatro atributos que estimulan o limitan la creación de ventajas competitivas. Estos atributos son la disponibilidad de los factores de producción, la demanda interna, la estructura y estrategia de la rivalidad de las empresas y los sectores conexos.

Los procesos de globalización están en una estrecha relación de inextricabilidad con los la competitividad. No obstante, es necesario evitar la confusión extendida existente entre los conceptos de eficiencia de la economía local, regional, nacional y la eficiencia empresarial, las cuales son diferentes y en muchos casos se excluyen mutuamente. En el primer caso se trata de una eficiencia basada en la racionalidad económica, mientras que en el segundo caso es una eficiencia resultado de la administración.

En las administraciones de los países se ha visto un incremento de asesores que acompañan la expansión económica que justifican las reducciones demandadas por las instituciones de Bretton Woods como parte de los planes de ajuste estructural que están implementando. Estas políticas de ajuste estructural neoliberal han involucrado completamente la apertura de los mercados domésticos de los países latinoamericanos al capital transnacional, la promoción de las llamadas exportaciones no tradicionales a fin de ganar divisas extranjeras tanto como sea posible para pagar las deudas, y la desregulación del capital local y los mercados comerciales, que han involucrado las impopulares medidas de austeridad fiscal dirigidas a reducir los servicios públicos y a privatizar muchas de los servicios públicos y empresas públicas, de tal forma que los fondos públicos estén destinados al pago de las deudas.

Como resultado, a pesar de que las clases altas y sus agentes de gobierno, incurren en la carga de grandes deudas en los setenta y en los ochenta, las clases bajas han estado soportando la carga del pago de la deuda durante los noventa. Las consecuencias de estas políticas tienen relación con los efectos de la recesión de las economías de los ochentas y noventas. Las crueles medidas de austeridad han sido adoptadas por la mayor parte de los gobiernos de la región a fin de reducir sus gastos en educación, salud y otros servicios sociales de tal forma que pueden servir a la combinación de deudas de los sectores privados y públicos de los diferentes países.

Los análisis del ajuste estructural se refieren al cálculo económico de las expectativas y no consideran la apreciación a la dimensión subjetiva. De hecho, los procesos de globalización estimulados por la expansión mundial y el desarrollo del capitalismo ha favorecido consistentemente solo una proporción limitada de la población mientras que la mayoría tiene que sufrir los efectos adversos de este proceso.

Si una economía mundial globalizada es define en los términos de conseguir otros fines diferentes a la maximización de la riqueza en el sistema, entonces la eficiencia basada en las utilidades resulta ser ineficiente a dichos fines. Ejemplos, de estos fines diferentes a la búsqueda de la eficiencia en las utilidades son: la distribución mínima de la riqueza para aliviar la pobreza y abrir oportunidades, los regímenes de uso de recursos sustentables, la defensa de los derechos de los trabajadores, así como el mantenimiento de la capacidad para la persecución de modos de vida con valor.

En una economía capitalista es eficiente para las empresas producir al más bajo costo y las técnicas para hacerlo incluyen la reducción de los costos laborales, la maximización de las ventas y la externalización de los costos sociales. Sin embargo, no es eficiente para la economía de un país enfrentarse con problemas causados por la inestabilidad del empleo, la contaminación ambiental, el desplazamiento de pequeños productores rurales y dueños de empresas nacionales por las operaciones de las grandes empresas transnacionales y multinacionales, etc. Por tanto, la naturaleza excluyente de la transformación económica de la agricultura latinoamericana ha incrementado el empobrecimiento de la población rural y acelerado la migración del pobre rural a las ciudades en busca de empleo. El incremento de la agricultura en Latinoamérica en el sistema económico capitalista global ha beneficiado solamente una minoría privilegiada de la población rural mientras que el campesinado ha sido excluido de los beneficios.

En los últimos diez años, las 500 mayores empresas transnacionales solamente generaron 400 mil empleos por año, en realidad insuficiente. El actual número de desempleados en el mundo alcanza los 800 millones. El problema se agrava cuando el empleo que se genera es más precario. El empleo es la forma más directa para obtener la capacidad de acceso a los mercado. Todo esto genera fisuras en el tejido social que resultan fundamentalmente de las grandes diferencias en los estratos sociales creadas por desigualdades de los ingresos.

La economía del mercado globalizador no es una estructura homogénea aunque pretende el surgimiento de una regulación descentralizada de los mercados aparejada con una democracia liberal cosmopolita y facilitada por instituciones transnacionales. Estos organismos tienen como función principal mantener la gobernabilidad política y social transparente y que transgreden las fronteras de los Estados nacionales para incursionar en áreas que antes eran de su competencia. La capacidad para gobernar un sistema político o un poder público se vincula a la gobernabilidad política. La democracia se ha convertido en una forma preponderante de la gobernabilidad política. A medida que la democracia llega a convertirse en gobernabilidad política, su contenido discursivo llega a ser más pobre y estrecho, limitándose a las opciones institucionales disponibles. Por lo tanto, las instituciones pueden percibirse como soluciones de equilibrio a los problemas de elección colectiva.

Las nuevas instituciones que traten de los asuntos y problemas de ciudadanos cosmopolitas no solamente deber estar circunscritas a políticas públicas delimitadas por intereses del estado-nación, sino que también deben implicar las exigencias de mediación y acceso a los procesos económicos, políticos, sociales y del medio ambiente de los niveles regionales e internacionales. La tendencia hacia una democracia sin ciudadanos como la determinante de las democracias institucionalizadas en una estructura en la cual se afirman en la confianza del sistema o se niegan en la pasividad de la participación política. En este tipo de democracia, el ciudadano se adapta con una participación limitada por los entramados de las redes del poder para formular y exigir el cumplimiento de las demandas.

Estas instituciones transnacionales difícilmente podrán coordinar la integración económica y social en parte por su falta de democratización de los procesos y por su significado simbólico de pérdida de identidad nacional, a pesar de que incursionan en áreas que anteriormente eran competencia del Estado-nación. Al decir de Patras (2001d) la competencia “en términos capitalistas está mediatizada, influenciada y dirigida por los Estados”. Los intereses comunes de los individuos establecen los espacios apropiados para su expresión a niveles nacionales e internacionales. No obstante, las capacidades del Estado-nación para reducir la brecha de las disfuncionalidades y disociaciones entre los procesos de identidad cultural y de globalización económica son muy limitadas.

No obstante, la ausencia de instituciones democráticas en un Estado-nación dominado por elites económico-políticas, son éstas las beneficiarias de la globalización, mientras la mayoría son excluidos de estos beneficios. Investigaciones sobre la cultura política concluyen que la crisis política tiene poca relación con la crisis de confianza en las instituciones democráticas cuyo nivel de aceptación sigue siendo elevado. De acuerdo a del Alamo (2001), la crisis de la política y del Estado no desestabilizan las instituciones democráticas cuyo poder se asegura mediante el “enjaulamiento” de los ciudadanos que quedan atrapados en las redes del poder.

La tradición ideológica de las elites viejas como estrategia de los grupos de nivel socioeconómico alto, se orienta a limitar la modernización económica al mismo tiempo que fortalece los valores tradicionales de socialización centrada en la familia y en la escuela (Germani, 1966). El error más frecuente de las instituciones es que no son el resultado de arreglos institucionales y de negociaciones a largo plazo entre los agentes económicos. También es causa de error el adoptar modelos de aplicación global sin adaptarlos a las condiciones locales del desarrollo. Los agentes requieren de incentivos para crear nuevas instituciones mediante arreglos y negociaciones.

La economía global emergente se describe mejor como empresarialmente fundamentada, orientada hacia el desarrollo de los recursos humanos y sensitiva al medio ambiente en constante degradación, a bienes menos tangibles más que a bienes derivados de la tierra los cuales la economía clásica consideró valiosos. La participación en la economía global emergente requiere de innovación y tomar riesgos empresariales. (Sahara, 1999)

El nuevo modelo de economía de mercado global surge como respuesta a la denominada “Crisis de los paradigmas” y se fundamenta en las actividades de producción y consumo bajo una dirección que se orienta por las necesidades, en donde la primera adquiere más importancia porque involucra los derechos de propiedad de los recursos económicos, base real de la fuente del poder económico. La crisis del objeto del capitalismo se aprecia más en el dominio del valor de uso que en el campo del valor de cambio.

A su vez, estos derechos de propiedad protegen las actividades intelectuales y de negocios o mercadotecnia de la producción, en donde el mejoramiento, la innovación y la invención de nuevos satisfactores crean ventajas para mantenerse y posesionarse del mercado.

Los elementos de ésta emergente economía global son, siguiendo a North (1997), cuatro.

En primer término, la creciente movilidad de los recursos específicos de la empresa y las capacidades, especialmente los activos intangibles basados en el conocimiento, a través de las fronteras nacionales. El conocimiento es ahora un recurso más importante que el capital y las materias primas que profundiza o estrecha las brechas del desarrollo entre los países. Las prioridades establecidas por la globalización, consideran que los recursos que tienen más altos niveles de movilidad en las transacciones comerciales son el conocimiento, la información, el capital de cartera y la tecnología. En menor grado de movilidad ubica a los bienes y capital humano, la inversión en plantas, el capital gerencial y los principios de regulación y manejo de las empresas. La inmovilidad de los recursos se manifiesta en el capital humano de nivel medio, en los principios regulatorios y esquemas organizacionales básicos, la infraestructura y en los principios de la soberanía.

El conocimiento es un “bien público”, es decir, un bien que está disponible a todos, sin que el acceso al conocimiento de un consumidor no limita el uso de otro, sin embargo, las fuerzas del mercado determinan los precios de su producción y distribución, mediante el establecimiento de incentivos protegidos por los derechos de propiedad. El concepto de bien público es un concepto multivalente, dependiendo del concepto que se tenga de lo público. La acumulación del conocimiento es un importante factor para incrementar la productividad de los recursos humanos, el capital físico y humano y el ingreso per cápita, indicadores del desarrollo y competitividad regional.

Las multinacionales concentran tecnologías superiores mientras que las empresas locales carecen de acceso informacional a esta tecnología superior, ampliándose la brecha digital y con ello la desigualdad a pesar de incrementarse las oportunidades. De hecho, una forma d adquirir tecnología de punta para las empresas nacionales o locales es conectarse a la expansión internacional de las grandes corporaciones para tomar ventaja de los desarrollos de innovación y tecnología que no le son posibles adquirirlos porque no están disponibles a nivel nacional.

En cada fase de expansión de las transnacionales se acompaña del apoyo de los estados imperiales, por lo que a la expansión de las transnacionales siempre es precedida por una expansión militar y política de los Estados imperialistas. Las alianzas militares de los estados imperialistas y los aparatos militares de otros Estados promueven la penetración y expansión de las transnacionales en los mercados internacionales

La transferencia del conocimiento y la tecnología de las multinacionales a las empresas locales es un factor importante para el crecimiento económico y el desarrollo de los países. Las empresas locales carecen de los medios e instrumentos para operar al ritmo de la competitividad que exigen los flujos económicos y financieros de los mercados transnacionales. Bernhardt y Dvoracek (1999) derivan condiciones bajo las cuales las multinacionales estratégicamente ofrecen a sus trabajadores salarios más altos que sus competidores locales para prevenir el pirateo de su fuerza de trabajo, y por ende, que aprendan los secretos profesionales. Pero en términos generales, la globalización empuja hacia abajo los salarios.

En la economía global, el desarrollo de las tecnologías de la comunicación e información instantánea y de transportación rápida, y los satisfactores (productos y servicios) que se envían a cualquier parte del mundo en poco tiempo, contribuyen a facilitar la movilidad de los recursos. Esto se hace de tal forma que la globalización de industrias borra las fronteras entre las industrias, produciendo una reordenación de sus recursos y procesos.

Las redes de la comunicación global permiten estar en comunicación constante todo el tiempo y dan lugar a la emergencia de la sociedad altamente informatizada con la tendencia a desintegrar mecanismos de control y cohesión sociales y políticos. Las sociedades son más cohesivas y plurales a medida que se alejan de la gobernabilidad reluctante. La gobernabilidad reluctante se caracteriza por la nula o poca presencia del Estado, por un control difuso territorial y por una diversidad de fuerzas que pretenden legitimar la autoridad

En las economías regionales, las actividades económicas se concentran en redes densas de comunicación. La transformación de las economías regionales están en función de los procesos de globalización económica, los procesos macroeconómicos de las estructuras de la economías nacionales y de las estrategias de desarrollo económico regional.

Las regiones difieren en la forma en que producen y difunden el conocimiento dentro de la región, así como también del acceso que tienen al conocimiento producido en otras regiones (Bretschger, 1999). Hay escasas evidencias de que la región consiste de “sociedades postmodernas” o que se está moviendo a una era postmoderna. Las diferencias en infraestructura regional para la difusión del conocimiento obliga a las regiones a especializarse en diferentes actividades económicas. Nunca antes los ciclos de innovación, desarrollo y de vida de los productos, han sido tan cortos. Un claro ejemplo lo son las innovaciones tecnológicas que se profundizan en los mercados y operadores financieros.

Los otros tres elementos de la economía global emergente son:

La creciente significación de transacciones fronterizas las cuales están dentro de la misma firma o entre firmas con acuerdos cooperativos que se efectúan.

La reducción dramática en transportación de larga distancia y costos de comunicación, y de las barreras psíquicas y culturales entre los países, tomando en consideración que se han subestimado los obstáculos al subdesarrollo, y

La creciente importancia de activos determinados por la localidad, notablemente una fuerza de trabajo educada y una infraestructura física sofisticada, las cuales influyen el establecimiento de las actividades de valor agregado por las multinacionales. Tanto para los individuos como para las naciones en una economía global, el trabajo del conocimiento constituye el primer recurso para su crecimiento económico. En todos los países, la disponibilidad y calidad de estos activos están fuertemente influidos por la política gubernamental.

La economía global es un complejo y contradictorio conjunto de mercados globales, estrategias de desarrollo nacional y estrategias corporativas competitivas (Borrus and Zysman, 1997). De hecho, los modelos de desarrollo nacional existentes son disfuncionales ante los nuevos retos que plantean los procesos de globalización económica que transforma las diferentes dimensiones económicas, políticas, sociales y culturales. Cuando los intereses de las diferentes facciones del corporativismo financiero y económico global entran en conflicto, se provocan guerras y acciones de terrrorismo, más que las diferencias entre las naciones.

Los cambios del ámbito nacional al ámbito internacional en los procesos de producción y la forma en que las naciones se integran a estos cambios, inciden en el desarrollo. El comercio global se incrementó un 237.7% en tan sólo once años, de 1983 a 1994. La globalización es en parte el resultado del desarrollo económico mundial y la apertura de los mercados nacionales a las operaciones de las corporaciones multinacionales o transnacionales, las cuales a su vez afectan a los mercados, a los proveedores, competencia, sitios y técnicas de producción, y hasta las empresas locales. Las transnacionales amenazan con absorber o desaparecer a millares de micros, pequeñas y medianas empresas. Estas corporaciones toman ventaja de los mercados laborales globales sin alterar sus fundamentos institucionales, los cuales muchas de las veces chocan contra las rigideces institucionales en las diferentes naciones donde operan.

Pero sobretodo, deciden en beneficio propio bajo formas de gestión integrada a escala mundial, las políticas y estrategias que antes eran responsabilidad y función del Estado-nación. Por su modus operandi, limitan la soberanía del Estado-nación en materia de política económica, crean culturas organizacionales híbridas, etc. La soberanía que originalmente era propiedad de los Estados-nación ha sido sustraída por organizaciones e instituciones supranacionales. Estas instituciones exigen a los Estados Nación que recorten sus presupuestos, que eliminen los programas que tienen una función social del Estado por considerarlos los causantes de las crisis del sistema capitalista.

Los indicadores de inversión directa extranjera muestran que los procesos de globalización están apoyando sus logros, en su propio beneficio. En 1998, según datos del World Investment Report de 1999 de las Naciones Unidas, existen 60 mil corporaciones transnacionales con más de 460 mil filiales en el mundo, con una inversión directa de más de 4 billones de dólares, más del 25% de la producción mundial y ventas en 1998 por 11 billones de dólares. La inversión extranjera se incrementó en 468.1% de 1983 a 1994. Sin embargo, el papel dominante lo juegan menos de cien mega corporaciones que tienen sus centros de operaciones en los países desarrollados y controlan más de la mitad de la inversión extranjera directa total con más del 70% destinada a los países desarrollados y menos del 30% a los países emergentes.

Mediante las reglas de “nivelación del campo de juego”, la inversión extranjera procedente de los países ricos exige a los países pobres, el libre acceso a sus mercados. Las 100 principales transnacionales poseen activos por más de 4.2 billones de dólares, equivalente al 14.6% de la economía mundial y mayor en 139.3% del producto interno bruto (PIB) de los países latinoamericanos. La complejidad de la realidad social de Latinoamérica contemporánea es quizás pensada como una complejidad híbrida de ideologías, prácticas y condiciones de la premodernidad, modernidad y postmodernidad.

En contrapartida, como resultado del avance de las inversiones directas extranjeras altamente especulativas bajo el esquema neoliberal, la miseria y marginación, el hambre, el desempleo, la inseguridad, etc. está creciendo a niveles alarmantes en los países menos desarrollados. No obstante, es importante determinar hasta donde el impacto de las inversiones internacionales es responsable de las crecientes desigualdades de los países y de los individuos dentro de los países. Los trabajadores sindicados en los países más desarrollados tienen el temor de que la globalización de la economía les quitará sus trabajos para dárselos a trabajadores de los países menos desarrollados a quienes se les paga menos salario por el mismo trabajo. El futuro de los trabajadores es muy incierto.

El incremento del desempleo y el pago de salarios más bajos repercuten en una disminución de los estándares de vida. Estas medidas han afectado adversamente el ingreso y los estándares de vida no solo de las clases más bajas sino también de importantes sectores de las clases medias. La mejora de los niveles de vida de las clases más pobres es una preocupación que es común a todas las sociedades. Estas medidas han afectado adversamente el ingreso y los estándares de vida no solo de las clases más bajas sino también de importantes sectores de las clases medias.

Mientras que la población ocupada se estrecha, el concepto de solidaridad como una experiencia vital compartida también se modifica o se destruye en una sociedad cuyos lazos sociales se dañan produciendo como efectos el incremento de actos de violencia, ilegalidad, delincuencia, etc. El crecimiento de los niveles de pobreza de una inmensa masa de personas, y su desesperación por salir de ella es uno de los motivos del aumento en los niveles de violencia, en muchos de los países en desarrollo.

La identidad de los marginados que antes se definía a partir de las carencias, ahora se auto definen como ciudadanos sin viabilidad económica poniendo de relieve el papel de las estructuras del poder económico, político y social que determinan quienes tienen las oportunidades y quienes quedan excluidos del desarrollo. El “macroimperio liberal”, tal como le llama el obispo de Sao Felix do Araguaia, Brasil, que refuerza las desigualdades sociales y la dominación de las elites y oligarquías se ha impuesto sobre los Estado-nación, tiende igualmente a reforzar el dominio económico de una mayoría étnica nacional por sobre las minorías. Por lo tanto, las elites nacionales y locales de los negocios han abierto la puerta a las economías de las corporaciones transnacionales que están interesadas en mano de obra barata, recursos naturales, capital financiero y mercados de consumidores en los países latinoamericanos. La movilidad de la mano de obra no se ha liberalizado, a pesar de los posibles beneficios disciplinarios que traerían al dominio del libre mercado.

En las oligarquías la sociedad se organiza en forma duálica y estamentaria es resultado de la formación de las estructuras económicas coloniales que encuentran justificación a las diferencias entre ricos y excluidos en principios morales, religiosos y jurídicos, para explicarlo como algo inherente al sistema económico. Estos problemas incluyen un pronunciado grado de explotación económica, desigualdad social y económica, injusticia social y política que ha caracterizado a la región desde los tiempos en que los indígenas pobladores de estas tierras fueron subyugados por la fuerza a la dominación colonial europea en el siglo XVI. La política contemporánea y la vida social de la región se debe en parte al legado del dominio colonial europeo, a sus instituciones de dominación ideológica y a una tradición de militarismo y conflictos armados así como también a una institucionalización de numerosas desigualdades de clases, género y razas étnicas.

La propensidad oligárquica de las organización democrática no ha sido bien entendido ni explicado. Por lo tanto, lo que se está gestando es un proceso de “neooligarquización” en las formas de dominio global. Los posibles problemas que conlleve este proceso no debe ser motivo de extrañeza ni de sorpresa tampoco. La teoría de la organización democrática es un caso general recalcitrante de las herramientas de acción humana en donde la tendencia por metas a ser subvertidas a través de la creación de nuevos centros de interés y motivación es inherentes a las organizaciones.

Un correcto tratamiento de las minorías es un asunto de seguridad nacional, ya que las relaciones entre las mayorías y las minorías son vistas como desestabilizadoras del Estado y amenazas a su existencia, por lo que justifica el uso del poder para institucionalizar la violencia y establecer medidas represivas y de sometimiento de las minorías a la mayoría. Por lo tanto, las minorías pueden expresar sus opiniones y puntos de vista, aumentar su capacidad de organización e influir en los procesos de la formulación e implementación de las políticas públicas mediante el uso de las nuevas tecnologías.

En la reciente primera cumbre del grupo de los 77 (G-77), realmente integrado por 133 países con niveles bajos y en vías de desarrollo de América Latina, África y Asia, los dirigentes condenaron la “corriente neoliberal inhumana”. Así mismo, pidieron la transformación de las relaciones económicas internacionales para que sean más justas y equitativas mediante la ampliación de los beneficios de la globalización y las reformas al sistema financiero internacional.

Esto a efecto de que esté más orientado a apoyar el desarrollo y a la reducción de la pesada carga de la deuda externa que en algunos países consume de gasto público hasta un 40%. Muchos países en Latinoamérica están ahora en el camino de alcanzar economías competitivas y están en la posición de diseñar y financia sus políticas sociales por sí mismos. La complejidad de la realidad social de Latinoamérica contemporánea es quizás pensada como una complejidad híbrida de ideologías, prácticas y condiciones de la premodernidad, modernidad y postmodernidad. Estos temas en estas sociedades son predominantemente de naturaleza política doméstica: invertir o no invertir más en capital humano adoptan más políticas impositivas igualitarias y crean fondos colectivos para el cuidado de la salud y las pensiones.

Las nuevas tendencias de la economía internacional aunadas a los problemas de la crisis financiera y deuda externa de los países menos desarrollados, fueron los detonantes de los programas de reforma estructural de la economía de esos países. La reforma solamente debiera ser llevada si los costos políticos de mantener los arreglos institucionales actuales son más altos que los esperados costos de transacción del cambio. Los “costos de transacción” resultan de una interpretación subjetiva de información, monitoreo y sanción de los acuerdos establecidos. Las discusiones de la reforma empiezan en un punto en el tiempo cuando los procesos políticos al igual que las preferencias de los actores políticos están relativamente estructuradas en una manera característica.

En la economía internacional, las nuevas funciones extensas del Estado tienen un papel fundamental. Petras (2001d) argumenta que los Estados imperialistas como Estados Unidos, Europa y Japón, a través de las instituciones financieras internacionales presionan a los países receptores de préstamos en el tercer mundo para reducir y eliminar barreras comerciales y privatizar empresas del Estado, lo que permite a las empresas transnacionales penetrar en los mercados y comprar empresas locales. Las instituciones financieras internacionales imponen a los Estados-nación principios para el manejo de su política económica basado en el fundamentalismo del libre mercado, los cuales son aplicados en los países deudores con consecuencias negativas, mientras que los países desarrollados evaden su aplicación.

Como siempre, los Estados imperialistas desempeñan el importante papel de gestión de la crisis para evitar las devaluaciones monetarias, insolvencia de la deuda externa y otros problemas económicos de los países menos desarrollados, así como de los problemas económicos que confrontan las empresas transnacionales

Mientras tanto, en los países avanzados, la proporción del gasto público con respecto de su producto nacional no ha disminuido, y en algunos casos ha aumentado. Lo que se requiere es una reducción del servicio de la deuda externa de los países menos desarrollados a efecto de liberar recursos que pueden ser destinados al gasto social y a la inversión productiva. Los recortes al gasto social son menos factibles en aquellos países con esquemas de tributación más progresivos porque permiten una mayor redistribución del ingreso, lo que garantiza que no desaparezcan los derechos sociales. Como resultado, a pesar de que las clases altas y sus agentes de gobierno, incurren en la carga de grandes deudas en los setenta y en los ochenta, las clases bajas han estado soportando la carga del pago de la deuda durante los noventa.

Las economías de mercados nacionales, siguiendo a Hall (1997, 1998), pueden ser liberales y coordinados. La economía de mercado liberal maneja los problemas de coordinación a través de los mecanismos competitivos del mercado y mediante relaciones contractuales a corto plazo. Las economías de mercado coordinadas se definen por el grado extensivo de confianza en otras instituciones que son diferentes a los mecanismos competitivos del mercado para resolver la coordinación de problemas, como en el caso en el cual los proveedores financieros se involucran en la gobernabilidad corporativa. La dirección de esta economía de mercado se orienta por las necesidades, a las que pretende dar una respuesta apropiada.

La gobernabilidad corporativa es definida por Berglöf and Von Thadden (1999) como los mecanismos que trasladan las señales del producto e insumos del mercado en la conducta corporativa. Estos mecanismos son, entre otros, la presión generada por los inversionistas externos, el monitoreo por los empleados, proveedores, competidores, redes corporativas, la influencia del gobierno, etc. El hecho de que todos estos actores tienen influencia en las decisiones en las organizaciones tiene implicaciones normativas. Por ejemplo, los compradores o los trabajadores usan las redes transnacionales informatizadas como una herramienta de uso político global para transformar las condiciones locales. Las fuerzas económicas y políticas condicionan la dinámica de la gobernabilidad corporativa que genera un camino de dependencia en la mayoría de los países (Bebchuk and Roe, 1999)

Las diferencias en la gobernabilidad corporativa, especialmente en los patrones de propiedad y corresponsabilidad, atraen la atención de los analistas, algunos de los cuales sugieren que las diferencias en los sistemas de gobernabilidad corporativa se deben más a factores ideológicos que a factores económicos. Coffe (1998) que dichas diferencias persistirán pero conllevan cierto grado de “convergencia funcional” como la provisión de funciones específicas de recompensa y castigo a los administradores. El modelo presentado por Pagano y Volpin (1999) lanzan como hipótesis el enfoque en la estructura de la propiedad mutuamente consistente y un régimen legal, en el cual la estructura de propiedad se escoge anticipando al régimen legal que prevalecerá dada la estructura de propiedad. Su predicción es que lo legal puede evolucionar sólo mediante el intercambio de una alta protección a los inversionistas por una baja protección al empleo, o al revés.

En uno u otro modelo, las organizaciones empresariales encuentran formas de lograr las estrategias corporativas. El desarrollo de un modelo de competencia estratégica se fundamenta desde un punto de vista de sistemas y pasa a ser un componente esencial del desarrollo productivo porque estimula la eficiencia. En el mismo se comprende el concepto de competencia de adversarios. Se apoya en la teoría poder-dependencia y en un acercamiento analítico de redes de las relaciones de la sociología interorganizacional (Burgers, Cromartie y Davis, 1998) El enfoque de sistemas sostiene que la existencia y la sobre vivencia de cualquier organización tiene que ser entendida en el contexto de las relaciones organizacionales con el medio ambiente.

La teoría del poder-dependencia se basa en el poder relativo y dependencia de las organizaciones dentro de sus relaciones de cooperación están determinadas conjuntamente por el grado en que las partes tienen acceso a recursos alternativos. Al tiempo, el poder relativo de los participantes tiende a equilibrarse con un mayor poder de consumo, mayor poder en la negociación y una mayor participación en las ganancias. El enfoque analítico de redes considera a éstas como los actores individuales conectados por patrones de comunicación explícita o implícita en asuntos de interés común, dando lugar a la emergencia de una sociedad de redes altamente informatizada y con una orientación a desintegrar los mecanismos de control social y político.

Los mercados globales requieren de sensibilidad a las necesidades locales de productos y servicios y de su dispersión espacial y temporal por la empresa. El éxito de los negocios depende del alcance en la expansión global de las organizaciones. Los retos competitivos que plantea la globalidad de los mercados a los Estado-naciones y a las organizaciones en general, consisten en identificar las fuerzas de la creciente complejidad e intensidad para adaptarse a los cambios, así como desarrollar procesos para identificar las características de sus competidores globales y para tomar en consideración las ventajas competitivas asociadas.

Esto supone reconocer la posibilidad de una cooperación entre competidores como un intento para conspirar y para reducir riesgos, como puede encontrase en el caso dentro de una industria en particular que operen al nivel global. Los manipuladores pueden tener la expectativa de que otros cooperan, dándose el problema del “gorrón”, pero las ilusiones acerca de los bajos costos de cooperación pueden prevalecer. El capital social resuelve este problema del gorrón, mediante la implantación de estrategias de sociabilidad que fortalecen los lazos de confianza, cooperación y generosidad entre las partes. La formación de las coaliciones entre competidores redireccionan su energía hacia otros que no forman parte.

Hitt, Keats y DeMarie (1998) argumentan que las empresas que se mueven a nuevos mercados tienen muchas oportunidades pero también muchos retos que vencer y ejemplifican con el aumento de incentivos para la innovación y las oportunidades de mejoramiento para ganar retornos sobre esa innovación. Sin embargo, las actividades de expansión internacionales complican las operaciones en los diversos medios ambientes. Para tomar ventajas de las oportunidades por economías de posicionamiento regionales, las empresas tienen que aprender las formas efectivas para coordinar las operaciones a través de las fronteras de muchos países.

El ritmo, la magnitud y la dirección del cambio originado por la globalización continuarán avanzando aceleradamente a través de la transferencia de tecnologías, uniendo sociedades y culturas, modificando los valores de la comunidad, ampliando la brecha entre pobres y ricos, pero también creando oportunidades y retos para las sociedades y las organizaciones. Es necesario y urgente institucionalizar un sistema de valores que anteponga el alivio de la pobreza como la principal meta del desarrollo, por encima de una operación suave del mercado. Esta reconstrucción de valores para la vida comunitaria de la sociedad del mañana no surge de la nada. Puede ocurrir que en algunas sociedades con raíces profundas en culturas específicas y con recursos humanos que no pueden ser reinvertidos cuando pueden ser reemplazados.

Tanto los individuos como las nuevas instituciones necesitan estar dotados de facultades y habilidades para poder coexistir en ambientes de cambio turbulento. Ireland y Hitt (1999) predicen que la increíble extensión y profundidad de los efectos de la economía global se muestran en las sugerencias de que en el siglo XXI, los Estado-naciones perderán su soberanía.

La pobreza seguirá profundizándose, como puede desprenderse del análisis histórico del producto interno bruto mundial de los países pobres que descendió de un 23 por ciento en 1980 a un 18 por ciento en 1988 (Chomsky). Además, la tecnología reemplazará al trabajo, y las corporaciones se asemejarán a amibas, como colecciones de trabajadores que se subdividirán en equipos dinámicos y siempre cambiantes para explotar competitivamente los recursos, capacidades y competencias de las empresas. El número de cambios estructurales que ocurren simultáneamente en el sistema internacional, resulta en sistemas de economía y comunicaciones que están más integradas.