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TEMAS

Francisco Javier Contreras Horta

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SOBRE EDUCACIÓN SEXUAL I

En primer lugar tenemos que mencionar que en nuestra cultura y en la mayoría de las demás, no existe educación sexual. La gente aprende, cuando puede hacerlo, por acierto y error; pero somos una enorme cantidad de personas los que pasamos por esta vida matraca, arrastrando la cobija, creyendo que lo sabemos todo, pero sin entender el porqué las cosas no nos salen como pensamos que deberían de suceder.

Y esto pasa simplemente porque entre nosotros el tema del sexo es tabú. Esto significa que es una palabra que nadie debe mencionar en público, sin que nos quede exactamente claro el porqué de ello. El punto es que si en una reunión o incluso a solas, un niño nos pregunta alguna de sus dudas al respecto, lo más seguro es que nos pongamos colorados y no sepamos que responderle con seguridad. Es pues un tema que siempre que podemos lo evadimos, salvo entre las personas con quienes intimamos.

Todo tiene su lado. Como en principio el sexo es un tema que está relacionado, de manera especial en los humanos, con el amor de una pareja, y como éste es un asunto muy particular de dos, tiene su aspecto positivo el que se guarde discreción sobre él. Pero por otro lado, ese silencio al respecto, nos ha mantenido en un mar de ignorancia acerca de ello; que hace que todos creamos estar en lo correcto en cuanto a nuestra forma de entenderlo, pero que al mismo tiempo desconozcamos cuánto es lo que sobre él no sabemos.

Educación es una palabra que se relaciona estrechamente con el aspecto espiritual de las personas, por ello, educación sexual no puede ser una simple enumeración de funciones de los órganos sexuales; sino ir a entender el porqué del sexo en los seres humanos, y algo muy importante, conocer su peso específico en la felicidad de cada individuo; muy aparte de su relación con la reproducción de la especie a la cual pertenecemos: tema con el que frecuentemente asociamos la palabra sexo.

Por todo ello, primero que nada debemos definir, qué es lo que somos y por qué es así... Para esto necesitamos iniciar por preguntarnos:

¿Qué es el amor?

Le llamamos amor a los sentimientos que experimentan las personas cuando desean lo mejor para otras, les gusta estar cerca de ellas y se sienten felices recordando los momentos en que han convivido.

Ese sentimiento, que en principio le hemos llamado amor, puede tener varias formas de expresarse: puede ser amor hacia los papás, hijos, hermanos, amigos, parientes, conocidos, etc. Todos ellos tienen en común el que nos sintamos muy contentos de compartir con nuestros seres queridos y forman una etapa de nuestra vida.

Otra fase que tarde o temprano hemos de vivir es cuando empezamos a sentir amor muy especial por alguien que para nosotros se distingue de todos los demás. Entonces notaremos que lo que sentimos por ese alguien es diferente y no se parece en nada a lo que percibimos en cualquiera de nuestros hermanos, amigos o parientes.

Cuando experimentamos esto, deseamos relacionarnos más con aquella persona y quisiéramos tener algún pretexto para acercárnosle y dialogar, aunque no tengamos nada en especial que decirle. Pero a veces nos sentimos turbados y no estamos seguros de si ello es correcto o no.

Ese impulso que tenemos dentro, que en principio le hemos llamado amor, puede tener dos vertientes:

a) Un sentimiento egoísta.

b) Un sentimiento altruista.

Algunos hacen esta diferencia con las palabras querer y amar; otros con otras frases. El punto es que el primer sentimiento, el más primitivo por cierto, se caracteriza en que yo pienso sólo en mí y quiero para mí. Quiero mis cosas, mi ropa, mis juguetes, mi esto, mi lo otro, etc. Quiero cosas o gentes a mi servicio, que me sirvan y me atiendan. Este es un sentimiento egoísta en el que nada más cuenta mi interés y no el de los demás. Cuando busco a otra persona, lo hago porque me gusta y estoy pensando en que yo con ella sería feliz, pero no me preocupa el cómo ella se la pasará mejor.

El otro sentimiento parte del supuesto de desear lo mejor para los demás y se recrea buscando la felicidad de los que le rodean. Obviamente este sentir es muy escaso entre nosotros, aunque la mayoría creemos que lo tenemos.

Muchos confundimos ambos sentimientos y suponemos que nos preocupamos por los demás, cuando en realidad sólo estamos preocupados por nosotros mismos y luego que los demás no nos responden como quisiéramos, gritamos que el mundo es ingrato, que ya no hay bondad, que ya no es como antes...

Es muy importante que tú no confundas ambas actitudes pues de ello depende tu felicidad presente y en el futuro. Encontrarás personas que dicen que el amor se acaba con el matrimonio, pero te aseguro que quien así afirme es alguien que confundió "quiero" con "amo" y ello es comparar el cielo con la tierra; pues el amor es la fuerza suprema que hace andar el mundo y cuando es auténtico, no sólo no se acaba, sino que crece con el tiempo, y se fortalece cada día más. Pero de esto hablaremos con detalle en la próxima ocasión.


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