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TEMAS

Francisco Javier Contreras Horta

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EL ÁRBOL

Juan y Pablo van a comprar un terreno. Ambos tienen la misma profesión, empleos semejantes, viven en el mismo barrio y sus familias son igual de numerosas: Son dos vidas gemelas que tienen demasiado en común. Ellos van a ver un terreno que desean comprar. En medio de ese campo hay un árbol. Juan y Pablo lo observan y piensan...

Juan piensa que el árbol es una maravilla natural, que es un ser vivo, que está formado por miles de millones de células llenas de vida y vigor, capaces de reproducirse y transformar la materia mineral en vida orgánica, que vive por sí misma y hace vivir a infinidad de especies animales, al darles el sustento de su vegetación y el abrigo de su follaje; que es el principio de una cadena de vida, primero vegetal y luego animal, que a fin de cuentas propicia y hace posible la vida humana.

Juan supone que ese árbol es todo un microcosmos, es todo un pequeño universo, que encierra en él toda la sabiduría necesaria para que el mundo exista y sea cada vez mejor. Juan piensa, y piensa mucho en estas y otras cosas y se siente agradecido con la vida por la suerte de que exista el árbol en ese campo, y su agradecimiento lo hace sentirse bien consigo mismo y en cierta armonía con el universo: ello le permite sentirse parte de algo superior que lo llena todo, que rige y protege la existencia. Juan está tranquilo. Sabe que las cosas están bien y en su lugar y ve hacia el futuro con confianza.

Pablo vio el árbol y pensó que de él saldría una buena cantidad de leña, que se podría vender a tanto la carga, que le aumentaría su cuanta bancaria y que cuando se paseara el domingo por las calles del pueblo, sus amigos lo envidiarían y dirían que allá va el afortunado que se encontró un árbol, que lo hizo leña y lo vendió. Pero Pablo ve que el árbol no es tan grande, que con gusto lo derribará, pero que cómo le gustaría que fuera el doble de alto, y el doble de grueso, o de madera más fina, porque entonces lo vendería más caro y ganaría más, pero no, no es tan grande; qué lástima que su cuenta bancaria se abultará muy poquito, casi nada, apenas tantito así... y tantas necesidades que tiene.

Pablo se siente triste a causa de su suerte tan chaparra y luego se pone a pensar en las personas que tienen mucho dinero, en los que pueden comprar carros lujosos o suntuosas mansiones, y se siente más y más pequeño, y más y más poquita cosa y se deprime y se angustia y voltea a su alrededor y sólo ve un árbol más pequeño de lo que él quisiera y ve su destino y su futuro, primero gris y luego negro, tan negro como su ánimo.

Juan y Pablo están de pie ante el mismo árbol, en el mismo momento, con iguales ingresos y gastos semejantes pero con pensamientos diferentes, destinos y futuros diferentes, tan incompatibles el uno con el otro como el agua y el aceite. ¿Por qué?

¿Qué es lo que hace que en una misma ciudad y en un mismo momento, haya “Pablos” y “Juanes”; unos que caminan con la vista hacia el frente, mientras otros arrastran tras de sí su existencia, mientras cargan con su cruz a cuestas día a día?

¿Habrá asimismo, “naciones Juan” y “naciones Pablo”? ¿Habrá pueblos formados por una mayoría de personas que ven las cosas como Juan? ¿Habrá países en los que la mayoría de sus habitantes ven las cosas como Pablo? ¿Será eso lo que permite que en un mismo continente existan países ricos y países pobres, avanzados y atrasados...?

¿Qué haría Pablo si en vez de disponer de un árbol, pudiera echar mano de un bosque?, ¿Qué podría hacer sino talarlo inmisericordemente, importándole un cacahuate los demás habitantes del lugar? ¿Qué podría hacer si tuviera riqueza y poder, sino acabarse el mundo a puños, sin darse cuenta de que hay miles de seres vivos a su alrededor? ¿Que haría una “nación Pablo” con riqueza y poder sobre las demás, sino esclavizarlas y explotarles sus recursos?

Hay gente que ve cosas que otros no ven. Juan ve en el árbol algo que Pablo no puede ver y no podrá entender por más que se lo expliquen, porque aparte de todo, no quiere ver. Y el mundo seguirá así: formado por “Juanes” y “Pablos”, por gente feliz y por personas desdichas, por seres que en todas partes encuentran elementos para ser felices y por otros que por más que depreden entre sus conciudadanos y su medio ambiente, seguirán siendo permanentemente pobres y tristes.

Pero lo más importante de todo esto es que, si usted no está contento con su propia vida, puede, SI QUIERE, dejar de ser “un Pablo” y empezar a ser “un Juan”; dejar de vivir sólo para usted y los suyos, y empezar a preocuparse por indagar cuál es su razón de ser.

¿Estaremos aquí para algo más que consumir smog? La respuesta, de existir, necesariamente estará escondida en lo más profundo de su ser. ¡Búsquela!... que "quien busca encuentra"


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