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LA INTERNACIONALIZACIÓN DE LAS PEQUEÑAS Y MEDIANAS EMPRESAS

Horacio Mercado Vargas
Marisol Palmerín Cerna

 

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CAPÍTULO V. ANÁLISIS DE DIVERSAS ECONOMÍAS

V.l. CHILE

Un acercamiento inicial a las características del mercado del trabajo se desprende de la estructura que éste posee. Los datos siguientes nos muestra el perfil de la ocupación y combinados permiten conformar un relieve de este ámbito de la Economía.

Dos elementos resultan particularmente importantes: sobre el 67% de los ocupados son trabajadores asalariados y que el 64% se desempeña en actividades de servicios. El primer antecedente se combina con la distribución de la ocupación según tamaño de empresa, lo que nos lleva a que casi la mitad de los ocupados se desempeñe en microempresas de menos de 10 trabajadores, quienes son precisamente los más afectados por la crisis actual y los que arrastraban las condiciones laborales más deterioradas. La alta proporción de trabajadores que se desempeñan en actividades de servicios se relaciona con los impactos de la apertura económica implementada en el periodo del Gobierno militar que se tradujo en una paulatina desindustrialización en favor de actividades relacionadas con la extracción de recursos naturales y el crecimiento de los servicios asociados. Con todo, este fenómeno en el mercado del trabajo es propio de las formas de modernización capitalista en los países periféricos.

A estas condiciones generales se suma la extensión de las jornadas de trabajo donde se aprecia un paulatino descenso durante los últimos años, que refleja la ampliación de los trabajos a jornada parcial, en general, presentan más altos niveles de precariedad.

Unido a la disminución de la jornada promedio semanal se puede observar una mayor participación de la mujer en las jornadas inferiores a la de carácter regular de 48 horas. Lo que se explica tanto por la vulnerabilidad que enfrentan en el mercado del trabajo, como por las restricciones sociales que enmarcan su inserción.

Otra de las variables estructurales del mercado del trabajo es la distribución del ingreso que se produce en su interior, es decir la distribución funcional y el efecto que produce en la distribución personal. Chile presenta una de las peores distribuciones del mundo, lo que es efecto del deterioro de la situación de los trabajadores durante el Gobierno militar, situación que no se ha revertido hasta ahora. Si bien, durante lo últimos años el volumen total de personas pobres ha disminuido desde representar un 47% de la población en 1987, a poco más del 20% en la actualidad, esto es resultado de la ampliación de la ocupación durante la última década del siglo pasado y por tanto de los ingresos familiares totales. Sin embargo, dado la baja calidad de los empleos y de las remuneraciones, esto se ha traducido en una distribución más regresiva del ingreso.

En el contexto actual de contracción, uno de los signos del impacto en el mercado del trabajo se encuentra, además de los ámbitos de ocupación y desocupación, en el comportamiento de los salarios reales, los que han disminuido de manera importante las tasas de variación que venían experimentando. Mientras en 1994 venían creciendo por sobre el 5%, en el año recién pasado aumentaron sólo un 0,7%. En el caso del SalariO¬Mínimo Legal, la década del '90 observó un importante incremento, que acumulado representa cerca del 50% real, el que sólo se ha venido a moderar en los últimos años.

Esta estructura general del mercado del trabajo en Chile, se encuentra sujeta a las condiciones actuales de la crisis y el estancamiento que se experimenta en la actualidad. Los principales efectos de la incapacidad de recuperar tasas altas de crecimiento, como las observadas durante la década del '90, se encuentran en el mercado del trabajo.

Como señalamos, la desocupación persistente es el principal síntoma junto a la desaceleración de 1a actividad y el gasto, del estancamiento en que se encuentra la economía chilena. Al primer trimestre de 1999, cuando la crisis aún no se desataba en Chile, la tasa de desocupación alcanzaba a15,3% y en el segundo trimestre del presente año se ubicó en 9,7%.

Un primer problema se vincula a la manutención durante todo el periodo, de altas tasas de desempleo, lo cual contrasta con el crecimiento de 5,4% que experimentó el producto el año 2000. La explicación fundamental de este hecho radica en que los sectores que explican el crecimiento señalado, son los rubros de exportación y dentro de ellos los productores de recursos naturales.

Estos sectores demandan una escasa cantidad de fuerza de trabajo. Es el caso de la minería, que explicando un 45% de las exportaciones y un 11 % del producto, sólo contribuye con 73 mil puestos de trabaj o, es decir el 1,4 % de la ocupación total. Mientras el crecimiento se encuentre explicado por los recursos naturales exportables, la tasa de desocupación se mantendrá en los rangos .actuales.

Analizado por sectores el problema, la Industria, la Construcción y la Minería aparecen como los que han sufrido el impacto mayor en términos de empleo. En conjunto perdieron desde inicios de la crisis 220 mil puestos de trabajo, correspondiendo el 60% sólo a la Industria.

Un segundo problema se refiere a una condición de más largo plazo en la economía chilena y que ya refleja un carácter estructural. Es la tasa de absorción o, en otros términos, la capacidad de crear puestos de trabajo.

La tendencia general que muestra Chile con respecto al Empleo en los rangos presentados y que refleja durante la década un persistente deterioro en la capacidad de creación de nuevos puestos de trabajo por cada punto de crecimiento del producto, resulta inquietante. Esto, sin olvidar que la economía presentó en la mayor parte de ese periodo altas tasas de crecimiento.

Las implicancias de esta situación se enmarcan en los debates recientes respecto a un eventual agotamiento del modelo de crecimiento o el inicio de un proceso de esta naturaleza.

Si la inmensa mayoría de los trabajadores en Chile se desempeña en el sector de los bienes y servicios no transables y simultáneamente constituyen una parte importante del mercado interno, se da el caso de dinámicas de crecimiento empobrecedoras. En Chile, de confirmarse las tendencias presentes, la economía puede retomar una senda de crecimiento y al mismo tiempo, mantener e incluso elevar el desempleo y la pobreza. En dicho escenario coexisten simultáneamente dos economías con dinámicas y tendencias divergentes. Una vinculada al sector externo y la otra anclada a la economía doméstica. Esto a pesar de los mecanismos de difusión que poseen las exportaciones, sobre el resto de los sectores. Es un escenario posible en rangos de corto plazo, en tanto no resulta socialmente sustentable una situación de esta naturaleza.

Cuantificación del problema: Tanto las encuestas del INE (a nivel nacional) como las del Departamento de Economía de la Universidad de Chile (Gran Santiago) muestran la existencia de un problema de gran magnitud, que lejos de irse aminorando en el transcurso del año se agravó.

Las cifras de ocupación y desocupación entregadas por el Departamento de Economía indican que el desempleo en los primeros meses del 2002 siguió creciendo y alcanzó su nivel más elevado para un mes de marzo desde el inicio del proceso recesivo. Comparado con igual mes del año anterior la tasa de desocupados aumentó en 0,7 puntos porcentuales y si la relación se establece con marzo de 1998 -o sea, el momento previo al inicio del curso recesivo- más que se duplica en términos porcentuales. El drama de la desocupación se agravó en vez de reducirse.

Los aumentos en la producción de bienes y servicios no se tradujeron en más puestos de trabajo, como es usual. En ello incide el impacto ocupacional negativo del proceso de apertura económica seguido, que destruye plazas laborales al sustituir masivamente producción nacional por importaciones, mientras que la expansión del sector exportador genera muy poca nueva ocupación. Las cifras confirman que se sufre las consecuencias combinadas de una pérdida de puestos de trabajo por factores propios del ciclo económico, consecuencia de una demanda interna que sigue baja, con otros de raíz estructural.

Las estadísticas del departamento universitario registran tasas de desempleo de dos dígitos en el Gran Santiago desde septiembre de 1998, o sea desde el momento que se desató el proceso recesivo, prolongándose ya por cerca de tres años. Se trata de un lapso extraordinariamente largo. El número de desempleados aumentó de 159.900 en marzo de 1998 a 366.800 al mismo mes del 2002, o sea, en más de 200.000 personas; es decir creció en un 129,4%. Cerca de la quinta parte de los hogares al momento de la encuesta, sufría el problema, dado que los hogares sólo con desocupados constituían un 5,5% del total y los con desocupados y ocupados simultáneamente alcanzaba a un 14,1%. Otros hogares enfrentaron la contingencia antes y otros, de seguir la situación, lo harán en un número importante más adelante.

Si ahondamos más en las cifras se concluye que los datos anteriores, a pesar de ser impactantes, no dimensionan completamente el problema. 'Los datos pub licitados de las encuestas no consideran la subocupación obligada (es decir, de aquellas personas que expresan su deseo de trabajar más horas) como tampoco a los incorporados a la categoría de inactivos con manifestación clara de su intención de trabajar.

Propuestas para el corto plazo: El tema de fondo es cómo encarar resueltamente el flagelo de la desocupación. Si la causa del desempleo, como muestran los hechos, proviene por un lado de una demanda interna insuficiente, el desafío planteado es cómo aumentarla. Hasta ahora la acción del aparato estatal, al actuar sólo con una mano, usando exclusivamente y a destiempo el mecanismo de la tasa de interés, resulta insuficiente. En particular, se requiere emplear decididamente el gasto público como elemento reactivador, para lo cual debe superarse el esquema de privilegiar a todo evento el manejo del saldo presupuestario.

Frecuentemente, las reactivaciones se han apoyado en dos mecanismos fundamentales: gasto público (principalmente construcción y obras públicas) y devaluación del tipo de cambio real. El gasto público tiene un conocido efecto multiplicador de los niveles de actividad económica, mientras que la devaluación -más aún cuando la moneda chilena permanece sobrevaluada- evita que el incremento de la demanda interna se canalice vía importaciones, no posibilitando la recuperación de las actividades económicas internas, particularmente en una economía cada vez más abierta como la chilena. Al mismo tiempo, estimula las exportaciones.

Constituye una necesidad nacional urgente que el gobierno aumente el gasto público en forma significativa. En circunstancias como las actuales, la teoría económica considera recomendable la generación de un déficit fiscal. Tal ha sido el núcleo de las políticas utilizadas para enfrentar esta fase de los ciclos económicos por parte de diferentes naciones, desde que las mismas fueran introducidas como lección del análisis de la Gran Depresión de los años treinta. En momentos como estos el consumo de las empresas y personas no se encuentra todavía en condiciones de reactivarse, dada la incierta perspectiva de ganancia de las empresas, lo cual mantiene frenada su capacidad de inversión, y por la incertidumbre en el empleo y restricción en los salarios en el caso de los segundos. No puede olvidarse que la inversión es pro cíclica. El único actor capaz de invertir el cuadro con una acción decidida es, precisamente, el Estado. El gobierno y el Banco Central no pueden seguir esperando que la actividad económica se recupere básicamente como consecuencia de fenómenos de mercado y en especial de hechos externos. De esta manera, se hace más prolongado y doloroso el efecto contractivo del ciclo económico, que se manifiesta preferentemente en la existencia de una demanda interna deprimida y un elevado número de desocupados. Más aún cuando la reducción de las tasas de interés -el único mecanismo macroeconómico utilizado para tratar de revertir el cuadro- enfrenta numerosas contra tendencias.

Otra propuesta es otorgar un subsidio de cesantía. El establecimiento de un subsidio de cesantía es una forma directa usada en muchos países para aliviar los inevitables períodos de elevado desempleo que se generan periódicamente en las fases recesivas del ciclo económico. Así enfrentó Corea del Sur las altas tasas de desocupación después de su reciente crisis, con subsidios equivalentes a un 3% de su Pill. Opinamos que ya es tiempo de establecer una red de protección social, que debe tener este subsidio como uno de sus . componentes. Ello no tiene que ver, en nuestra opinión, con la recientemente aprobada legislación sobre seguro de desempleo, en el cual el aporte fiscal es muy pequeño.

El aporte estatal comprometido en la ley de seguro de desempleo es extraordinariamente bajo, alcanzando a US $10 millones anuales pagaderos en doce cuotas, a destinarse al Fondo Solidario de Cesantía. Suma que se incrementa por el pago de la asignación familiar con cargo presupuestario. Su monto se estableció dentro de los marcos de la política gubernamental de «restricción presupuestaria», aunque no implica recursos hasta que se apruebe y comiencen a producirse un año después de su vigencia los primeros beneficiarios, y obviamente sin pensar en modificar la estructura tributaria para generar nuevos recursos.

El monto presupuestario destinado a seguro de desempleo resulta muy pequeño si se compara con aquellos países, particularmente europeos; que poseen mecanismos efectivos de protección.


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