BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales


EL IMPACTO DE LA TECNOLOGÍA EN LA TRANSFORMACIÓN DEL MUNDO

Eduardo Jorge Arnoletto

 

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La tecnología y el uso de recursos no renovables

Desde los primeros tiempos de la Revolución Industrial, la mayoría de las tecnologías se desarrollaron sobre la base del uso de recursos no renovables, como el carbón y el petróleo (combustibles fósiles) y los minerales, etc.; o mediante el empleo predatorio (sin mantenimiento ni reposición) de recursos renovables como los suelos o la madera de los bosques. En cuanto a los recursos renovables, se los usó como si su capacidad de reposición fuera infinita. Por añadidura, se contaminó el ambiente con los residuos de la actividad humana, que son en general de difícil y lenta “digestión”, a diferencia de los residuos orgánicos de la actividad natural.

Las consecuencias están a la vista: contaminación de la atmósfera, de las aguas y del suelo, erosión y desertificación, deforestación, agotamiento de los recursos pesqueros, extinción de especies, etc.

La causa de fondo está en la presión que sobre la creación de tecnologías ejercen los intereses económicos inmediatos, especulativos, que buscan solamente la maximización de la ganancia rápida y no están dispuestos a pagar el costo real del uso sostenible de los recursos. Otros desarrollos tecnológicos son posibles; es factible elaborar tecnologías que concilien la eficiencia productiva, la competitividad económica y la gestión ambiental, pero hasta ahora son sólo curiosidades experimentales y excepciones a la regla. La novísima disciplina del “ecomanagement” viene demostrando la factibilidad de tales compatibilizaciones transaccionales entre valores productivos, comerciales y ambientales, pero son ideas nuevas, que tardarán en hacerse camino.

En ese sentido se habla de nuevas fuentes renovables de energía, no contaminantes, de nuevos materiales reciclables, de nuevos procesos productivos sin desperdicios, pero ellos deberán vencer la presión de los intereses económicos inmediatos, lo que requiere una instancia de voluntad política, internacional y estatal, que sin anular el mercado, encauce el “libre juego” de sus fuerzas.

Es razonable pensar que los recursos no renovables, al no ser infinita la cantidad disponible, algún día se agotarán, de manera que es vital explotarlos con mesura y buscar todas las formas posibles de reciclado, para prolongar su existencia.

Dentro de los recursos naturales, uno de los más importantes, pese a su aparente sobreabundancia, es el agua, especialmente el agua dulce potabilizable a bajo costo. Hoy en día, el 20% de la población mundial (1,2 mM de personas) carece de agua suficiente. Se calcula que para el año 2025 esa cifra aumentará al 30% y afectará a 50 países. Los principales factores causales de esa crisis del agua son:

• La ineficiencia del uso del agua.

• La degradación por contaminación.

• La explotación excesiva de las reservas de agua subterránea.

• La creciente demanda de agua para satisfacer requerimientos humanos.

Del mismo modo que el agua, los recursos energéticos son cada vez más demandados, lo que hace prever una futura imposibilidad de atender esas demandas con las tecnologías actuales. Un problema adicional de gran importancia es la gran desigualdad en la disponibilidad y consumo de energéticos. Se calcula que hacia el año 2050 el consumo de combustibles fósiles contaminantes se habrá duplicado en los países desarrollados, si no se incorporan nuevas tecnologías, mientras que en el mundo subdesarrollado 2 mM de personas no tendrán acceso a servicios de provisión de energía.

Con respecto a las consecuencias globales del desvío tecnológico y económico en que incurrió nuestra civilización, baste citar tres ejemplos:

• Las actividades humanas han estado contribuyendo al aumento de la temperatura atmosférica, por la tala de bosques sin reforestación y por el uso creciente de combustibles fósiles, que contribuyen a la acumulación de gases de efecto invernadero, especialmente el bióxido de carbono. Se espera para el año 2010 un aumento de 3°C en la temperatura promedio de la Tierra, algo mayor que el experimentado en los últimos 10 000 años, con sus consecuencias de derretimiento de hielos polares, retroceso de glaciares, aumento del nivel del mar y graves perturbaciones climáticas. Lamentablemente, las decisiones que debieran haberse tomado, y que se indican, por ejemplo, en el Protocolo de Kioto, de la ONU (1997) no fueron asumidas por las principales potencias, especialmente por los EE.UU., que es el más grande productor de contaminantes del planeta, por lo que la situación no solo se mantiene sino que se agrava año a año.

• El uso industrial de clorofluorocarbonos (CFCs) llegó a adelgazar la capa de ozono, que nos protege de la radiación ultravioleta del sol, que puede ser causa de algunos tipos de cáncer, y de daños imprevisibles en el ecosistema mundial. En este caso, afortunadamente, la gradual reducción en el uso de CFC ha posibilitado cierto retroceso de la situación, pero harán falta décadas para una recuperación total de la capa de ozono a sus niveles normales.

• La energía nuclear, aún la utilizada con fines pacíficos, como la generación de energía eléctrica, genera residuos radioactivos cuya actividad se prolongará por milenios, y nadie puede realmente asegurar que la forma en que hoy se acondiciona y almacena este peligroso material en “basureros nucleares” no vayan a tener pérdidas en tan prolongados períodos de tiempo.

En este panorama predominantemente negativo, destacamos para terminar dos notas positivas:

• En todos los casos en que se han tomado medidas efectivas para proteger el equilibrio ecológico perturbado, la Naturaleza ha demostrado tener una notable capacidad de recuperación, volviendo con cierta rapidez al equilibrio perdido.

• Los recientes desarrollos del “ecomanagement” muestran que es posible pensar en una gestión ambientalmente sostenible y económicamente competitiva, del mismo modo que, décadas atrás, se comprobó que era posible mejorar la calidad y bajar los costos a la vez.

• Todas las nuevas técnicas de gestión que hemos mencionado en otras partes de este texto son perfectamente compatibles y afines con una política ambiental, de calidad y de salud laboral integrada.


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