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ÉTICA, PSICOLOGÍA Y CRISTIANISMO

José María Amenós Vidal y otros

 

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Presentación.

El presente estudio aborda la concepción sobre el martirio como antonimia del genocidio , y con este propósito transcribimos nuestro artículo : "La memoria histórica de Benedicto XVI en Auschwitz"; publicado en la sección "página abierta" del noticiero "La Vanguardia" (España) con fecha 31 agosto 2006.

En el contexto del holocausto judío durante IIª Guerra Mundial (1939-45), la mayoría del pueblo hebreo convirtió en elección el vivir como un "mártir de la fe", mucho se ha hablado de las reflexiones sobre ¿dónde estaba Dios en aquellos años de penumbra y miseria moral?, y la única respuesta a esta cuestión, se encuentra en el martirio de muchos judíos que dieron testimonio de su fe, mostrándose reacios a claudicar ante sus enemigos de sus convicciones religiosas, y reafirmando su pasado histórico de pueblo elegido, según su moral y ritos religiosos que se mostraron al mundo inalterables en todo momento y contrarios a erigirse o convertirse en una cultura que alabara por contra del fin supremo de los judíos, que es el martirio, la contraria acción del suicidio asistido, o eutanasia, el homicidio terapéutico y sistemático, o genocidio, como solución final a los conflictos que asolaban Europa, la persecución sistemática y asesinato de millones de seres humanos, como así proclamó el nazismo durante el IIIer. Reich (1933-45) alemán.

Benedicto XVI en la Sinagoga de Colonia (Alemania) el 19 agosto 2005, y en la conmemoración del 60° aniversario de la liberación de los campos de concentración nazis, en los que millones de judíos, hombres, mujeres y niños fueron llevados a la muerte en las cámaras de gas e incinerados en los hornos crematorios, hizo suyas las palabras escritas por su venerado predecesor Juan Pablo II con ocasión del 60° aniversario de la liberación de Auschwitz : "... Me inclino ante todos los que experimentaron aquella manifestación del "mysterium iniquitatis". Los acontecimientos terribles de entonces han de despertar incesantemente las conciencias, extinguir los conflictos y exhortar a la paz ...".

Benedicto XVI reitera y vuelve a constatar en su visita el 28 mayo 2006 al campo de concentración y exterminio de Auschwitz-Birkenau-Monowitz el profundo respeto, reverencia y veneración hacia los mártires de la fe tal como fueron pronunciadas sus palabras en la Sinagoga de Colonia: "... ahora nosotros los reconocemos con gratitud como testigos de la verdad y del bien, que en nuestro pueblo tampoco habían desaparecido. Damos gracias a estas personas porque no se sometieron al poder del mal y ahora están ante nosotros como luces en una noche oscura. Con profundo respeto y gratitud nos inclinamos ante todos los que, como los tres jóvenes frente a la amenaza del horno de Babilonia, supieron responder: "Sólo nuestro Dios puede librarnos; pero si no lo hace, has de saber, oh rey, que nosotros no serviremos a tus dioses ni adoraremos la estatua de oro que has erigido" (Dn 3, 17-18) ... Dios mismo ha descendido al infierno del sufrimiento y sufre juntamente con nosotros..." El planteamiento del trabajo de docencia e investigación enfrenta la tesis de Daniel Goldhagen, profesor de Estudios Gubernamentales y Sociales en la Universidad de Harvard (USA), que imputa a la Iglesia Católica y Pío XII co-responsabilidades en la comisión de actos contra el pueblo judío durante el periodo de la II Guerra Mundial (1939-45), cuando en realidad su fe y misión de dar testimonio de la verdad estuvo marcada en todo momento por el martirio de la iglesia "semper persequitata", testigo fiel en los más trágicos episodios de la historia de la humanidad.

Citamos al efecto, un fragmento recogido del documento emitido por la Santa Sede, con el título : "Nosotros recordamos : una reflexión sobre la Shoah"; editado por la Comisión para las relaciones religiosas con el Judaísmo (Cardenal Edward Idris Cassidy. Presidente. Pierre Duprey, m.afr. Vicepresidente. Remi Hoeckman, o.p. Secretario), y publicado el 16 de marzo de 1998.

(...) "La Iglesia en Alemania respondió condenando el racismo. Dicha condena se realizó por primera vez en la predicación de algunos miembros del clero, en la enseñanza pública de los obispos católicos y en los escritos de periodistas católicos. Ya en febrero y marzo de 1931, el cardenal Bertram de Breslavia, el cardenal Faulhaber y los obispos de Baviera, los obispos de la provincia de Colonia y los de la provincia de Friburgo publicaron sendas cartas pastorales que condenaban el nacionalsocialismo, con su idolatría de la raza y del Estado (Cf. B. Statiewski, Ed., Akten deutschher Bischöfe über die Lage der Kirche, 1933-1945, vol. I, 1933-1934, Mainz 1968, Apéndice). El mismo año 1933, en que el nacionalsocialismo alcanzó el poder, los famosos sermones de Adviento del cardenal Faulhaber, a los que no sólo asistieron católicos, sino también protestantes y judíos, tuvieron expresiones de claro rechazo de la propaganda nazi antisemita (Cf. L. VOLK, Der Bayerische Episkopat und der Nationalsozialismus 1930-1934, Mainz 1966, pp. 170-174). A raíz de la Noche de los cristales, Bernhard Lichtenberg, preboste de la catedral de Berlín, elevó oraciones públicas por los judíos; él mismo murió luego en Dachau y fue declarado beato.

También el papa Pío XI condenó, de modo solemne, el racismo nazi en la encíclica Mit brennender Sorge (La encíclica está fechada el 14 de marzo de 1937: AAS 29, 1937, 145-167) que se leyó en las iglesias de Alemania el domingo de Pasión del año 1937, iniciativa que provocó ataques y sanciones contra miembros del clero. El 6 de septiembre de 1938, dirigiéndose a un grupo de peregrinos belgas, Pío XI afirmó: «El antisemitismo es inaceptable. Espiritualmente todos somos semitas» (La Documentation Catholique, 29, 1938, col. 1.460). Pío XII, desde su primera encíclica, Summi pontificatus (AAS 31, 1939, 413-453) del 20 de octubre de 1939, puso en guardia contra las teorías que negaban la unidad de la raza humana y contra la divinización del Estado, que, según su previsión, llevarían a una verdadera «hora de las tinieblas» (Ib., 449).

Durante la guerra, y también después, comunidades y personalidades judías expresaron su gratitud por lo que habían hecho en favor de ellos, incluso por lo que había hecho el Papa Pío XII, personalmente o a través de sus representantes, para salvar la vida a cientos de miles de judíos. Por esa razón, muchos obispos, sacerdotes, religiosos y laicos fueron condecorados por el Estado de Israel ... Organizaciones y personalidades judías representativas reconocieron varias veces oficialmente la sabiduría de la diplomacia del Papa Pío XII.

Por ejemplo, el jueves 7 de septiembre de 1945, Giuseppe Nathan, comisario de la Unión de comunidades judías italianas, declaró: «Ante todo, dirigimos un reverente homenaje de gratitud al Sumo Pontífice y a los religiosos y religiosas que, siguiendo las directrices del Santo Padre, vieron en los perseguidos a hermanos, y con valentía y abnegación nos prestaron su ayuda inteligente y concreta, sin preocuparse por los gravísimos peligros a los que se exponían» (L’Osservatore Romano, 8 de septiembre de 1945, p. 2).

El 21 de septiembre del mismo año, Pío XII recibió en audiencia al doctor A. Leon Kubowitzki, secretario general del Congreso judío internacional, que acudió para presentar «al Santo Padre, en nombre de la unión de las comunidades judías, su más viva gratitud por los esfuerzos de la Iglesia católica en favor de la población judía en toda Europa durante la guerra» (L’Osservatore Romano, 23 de septiembre de 1945, p. 1).

El jueves 29 de noviembre de 1945, el Papa recibió a cerca de ochenta delegados de prófugos judíos, procedentes de varios campos de concentración en Alemania, que acudieron a manifestarle «el sumo honor de poder agradecer personalmente al Santo Padre la generosidad demostrada hacia los perseguidos durante el terrible período del nazi-fascismo» (L’Osservatore Romano, 30 de noviembre de 1945, p. 1).

En 1958, al morir el Papa Pío XII, Golda Meir envió un elocuente mensaje: «Compartimos el dolor de la humanidad (...). Cuando el terrible martirio se abatió sobre nuestro pueblo, la voz del Papa se elevó en favor de sus víctimas. La vida de nuestro tiempo se enriqueció con una voz que habló claramente sobre las grandes verdades morales por encima del tumulto del conflicto diario. Lloramos la muerte de un gran servidor de la paz» ..." (...) En el libro "The Scarlet Pimpernel of the Vatican" ("La Pimpinela escarlata del Vaticano"), del periodista J.P. Gallagher, aparecido en español con el título "Púrpura y negro" se explica que el 28 de septiembre de 1943, los nazis exigieron a la comunidad judía de Roma, dos millones de libras esterlinas en oro, y posteriormente los detendrían y deportarían. En poco más de 24 horas, la nobleza romana a instancias del Papa Pío XII había logrado reunir dicha suma, así como sufragado él mismo una cantidad importante. Al terminar la guerra, el Gran Rabino de Roma, el Dr. Zolli, que no había dudado en pedir ayuda a Pío XII, y había permanecido oculto en el Vaticano, se convirtió al catolicismo. Su gratitud hacia el Santo Padre, por salvar a miles de judios y su propia vida, y su estrecha relación en el Vaticano durante la IIª Guerra Mundial (el 15 de agosto de 1944, Israele Zoller, su apellido original, casi un año después del 28 de septiembre de 1943 manifestó por primera vez, y confidencialmente al rector de la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma, el padre Paolo Dezza S.I., que llegaría a ser cardenal, su intención de hacerse cristiano) le decidieron convertirse al catolicismo, culminando en Eugenio Zolli y con el mismo nombre propio del Sumo Pontífice (Cardenal Eugenio Pacelli) en la pila bautismal de la capilla de la Iglesia Santa María de los Angeles (13 de febrero 1945) su adhesión a la Iglesia Católica, Apostólica y Romana (su esposa Emma, añadió a su nombre María por la Iglesia en que ambos se bautizaron el mismo día). Nos es necesario recordar también la historia real de Monseñor Hugh Joseph O´Flaherty (La Pimpinela escarlata del Vaticano, el correo de Dios o la Primavera roja, que fueron sus pseudónimos, como el nombre en clave "Golf"), ¨Primo Notario¨ del organismo más estricto y poderoso de la Santa Sede, el Santo Oficio o Congregación para la Doctrina de la Fe, condecorado por Italia, Canadá y Australia, y por el Congreso Norteamericano con la Medalla de la Libertad, nombrado Comendador del Imperio Británico, y convertido en Cardenal por el Estado Vaticano, que organizó un sistema de eficacia increíble y extraoficialmente, nos referimos a la red clandestina de evadidos y refugiados más importante de la IIª G.M. de la que creemos con certeza que el Papa Pío XII fue su mayor responsable.

Sin ir más lejos, el Premio Nobel de la Paz concedido en 1958, a Georges Henri Pire, año del fallecimiento de Pío XII, es un reconocimiento explícito a la labor humanitaria de la iglesia católica en la persona de un religioso dominico durante y después de la IIª Guerra Mundial con la población refugiada, mayormente judía en el continente europeo, en Bélgica se le considera como un héroe. Fue capellán en el movimiento de resistencia antinazi. Colaboró en el servicio de Inteligencia, y los fondos del galardón fueron destinados a fundar una aldea para refugiados en Noruega con el nombre de "Ana Frank" en memoria de esa joven mártir judeo-holandesa que se transformó en el símbolo de la lucha contra el racismo y la discriminación.

Asimismo, en "The Pius War – responses to the critics of Pius XII" ("La guerra de Pío – respuestas a las críticas de Pío XII", Lexington Book, Lanham, Maryland, 2004) editado por Joseph Bottum, director de la sección «Books and Arts» del «The Weekly Standard» y por David G. Dalin, rabino, profesor de Historia y Ciencias Políticas en la Ave Maria University, responden detalladamente a través de filósofos, teólogos, periodistas, abogados, historiadores, y especialistas de la Shoah, a las acusaciones dirigidas contra Pío XII, Papa de 1939 a 1958. William Doino ha introducido una crónica detallada de lo que hizo la Iglesia católica para salvar a los judíos de la persecución nazi en los diferentes países, y sobre Pío XII afirma que "cuando era nuncio en Alemania (1917-1929) y secretario de Estado (1930-1939) y sobre todo cuando era pontífice, Pacelli denunció de manera clara y fuerte los males de su tiempo, es decir, el racismo, los odios raciales y étnicos, el nacionalismo exasperado, los crímenes de guerra y las atrocidades contra las poblaciones civiles. Además, en marzo de 1940, durante un encuentro privado con Joachim von Ribbentrop, ministro de Asuntos Exteriores alemán, Pío XII condenó la persecución nazi de los católicos y de los judíos de manera fuerte y decidida". En definitiva «The Pius War» documenta ampliamente la ayuda directa coordinada por Pío XII a favor de los perseguidos por el nazismo en toda Europa. William Doino concluye citando a Monseñor John Patrick Carroll-Abbing, miembro de la red antinazi en Roma, quien recibía órdenes directamente de Pío XII para esconder y proteger a los judíos con el fin de lograr que escaparan de una muerte segura miles de personas sin hacer distinción de raza, sexo, edad, nacionalidad o creencia religiosa, que eran perseguidas indiscriminadamente por el IIIer. Reich alemán durante la triste y penosa IIª Guerra Mundial.

Hacemos nuestro lo que dijo el Concilio Vaticano II (1962-65) en la Declaración Nostra aetate (28 de octubre de 1965, Pablo VI), que afirma inequívocamente: «La Iglesia (...) recordando el patrimonio común con los judíos e impulsada no por razones políticas, sino por la religiosa caridad evangélica, deplora los odios, persecuciones y manifestaciones de antisemitismo de que han sido objeto los judíos de cualquier tiempo y por parte de cualquier persona»".

La defensa de nuestra tesis se basa en la evidencia que la ejecución de las muertes en masa a partir de 1939, fueron sin la acción, intervención o participación de la iglesia católica alemana que se mostraría contraria a la instauración de los grupos de planificación de los crimenes documentados en los informes emitidos sobre las declaraciones de los imputados en el Tribunal de Nuremberg, en los que no aparecen acusados en ningun caso altos responsables eclesiásticos alemanes.

Un Tribunal austríaco condenó el 20 de febrero 2006 al historiador británico David Irving a tres años de prisión por negar el holocausto y la política de exterminio nazi durante la IIª Guerra Mundial, un revisionista histórico que expone sus tesis medio siglo después y contrariamente a la evidencia histórica del asesinato sistemático del pueblo judio europeo entre 1939-45. Asimismo, las acusaciones vertidas por Daniel Goldhagen desde hace una década incurren en similar negación de la persecución ideológica que sufrió la Iglesia Católica en Europa durante la IIª Guerra Mundial, hasta el extremo de afirmar que también es co-responsable de los crimenes cometidos, cuando en realidad los obispos alemanes y los familiares de las víctimas no escatimaron esfuerzos en denunciar desde su inicio el genocidio en los hospitales psiquiátricos de Alemania.

Cabe recordar la "La Rosa Blanca", grupo de resistencia contra el nazismo que utilizó su mejor arma, la palabra, para intentar abrir los ojos a la sociedad alemana sobre la barbarie del régimen nacionalsocialista; en seis octavillas lo denunciaban claramente, tomando posiciones contra las deportaciones de los judíos. Tres de ellos fueron decapitados el 22 de febrero de 1943 en la cárcel de Munich; otros dos fueron ejecutados el 13 de julio del mismo año; el último de ellos, el 12 de octubre. De los seis, cinco eran jóvenes estudiantes, de entre 20 y 25 años, y el sexto, uno de sus profesores. Mons. Helmut Moll, de la archidiócesis de Colonia, consultor teológico en la Congregación para las Causas de los Santos, señaló: “Si tuviera que proponer para la JMJ - Jornada Mundial de la Juventud de Colonia del 2005 un modelo de santidad, elegiría a los jóvenes de la “Rosa Blanca”, estudiantes ortodoxos, protestantes y católicos de Munich que en 1942 lucharon para defender ante el nazismo la dignidad del hombre y de la religión” (…) “Eran jóvenes ricos en fe, con una profunda visión ecuménica…”.

A la historia del grupo de estudiantes que fueron condenados a muerte por su oposición al régimen nacionalsocialista, hay que unir las personas que denunciaron los horrores del régimen de Hitler en la propia Alemania nazi, como el pastor protestante Dietrich Bonhoeffer, y Monseñor Clemens August von Galen, Obispo de Münster, más conocido como el “León de Münster”, por la manera en que alzó su voz contra Hitler, que el 3 de abril de 1941, denunciaría los asesinatos sistemáticos cometidos en los hospitales psiquiátricos, revelando detalles sobre la manera en que eran asesinados los enfermos en casas especialmente preparadas para ello y la forma en que se comunicaban noticias falsas a sus seres queridos sobre su fallecimiento. El obispo condenó con fuerza estos hechos, definiéndolos como auténticos delitos, y pidiendo que se castigara a sus responsables. La falta de respeto por la vida humana que denunció, llevaría a la eliminación física de todas las personas consideradas discapacitadas para el trabajo, como los enfermos graves, los ancianos, los soldados heridos que regresaban del frente; etc … Esta denuncia fue también secundada por los Obispos de Fulda y Limburg. Las homilías causaron una profunda conmoción entre la población civil y entre los soldados alemanes que combatían en el frente. Los jefes nazis reaccionaron con violencia: algunos pidieron incluso que Monseñor von Galen fuera ahorcado, acusado de alta traición. Sin embargo, para no crear malestar entre la población civil de esa importante región ni entre los numerosos soldados católicos, Hitler decidió emitir una orden suya el mismo 3 de agosto de 1941 para bloquear oficialmente la ejecución del programa de eutanasia, aunque continuó de forma clandestina. Hasta entonces, entre enero de 1940 y agosto de 1941, el programa había causado ya unos cien mil muertos entre los internos de establecimientos psiquiátricos alemanes; el número de víctimas correspondía aproximadamente al objetivo fijado por los organizadores en 1939: uno de cada diez pacientes de hospitales psiquiátricos debía ser "eliminado por la acción". En los años sucesivos, y por orden oficiosa de Hitler, se siguió aplicando a unos 30.000 pacientes más y aunque en algunas situaciones particulares el programa oficial no se reanudó permaneciendo cerrados algunos sanatorios, continuó de forma encubierta en la mayoría de sus operaciones. El Obispo de Münster, Monseñor von Galen, por sus esfuerzos a favor de la población civil alemana y judía fue nombrado Cardenal por el estado Vaticano, y recientemente fue beatificado el 9 de octubre de 2005 por el Papa Benedicto XVI.

Asimismo, cabe señalar que fue a partir del 24 de agosto de 1941, que Adolf Hitler decidió continuar con el programa de eutanasia que se había iniciado con la acción T4 (el lugar de la central, situada en el número 4 de la calle Tierganten de Berlín) y clave 14 f 13 por orden del Führer a 1 de septiembre de 1939, de modo que se aplicaran ejecuciones en masa en los campos de concentración y exterminio.

Se puede encontrar en detalle las operaciones en las estaciones de eutanasia (o centros de exterminio) con fecha 1 de septiembre de 1941 en el sumario T 1021, Rollo 18 del Tribunal de Nuremberg.


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