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TERRITORIO Y POBLACIÓN

Fabricio Vázquez

 

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Sistema económico y actores

La región campesina arraigada se configura con la combinación de dos elementos, la agricultura y la ganadería extensivas destinadas principalmente al autoconsumo, aunque cada vez más restringidas a un espacio minifundista, siendo sus actores socioeconómicos centrales el campesinado y las comunidades urbanas.

El énfasis en el arraigo de los actores y en la caracterización cultural de los mismos se explica por la forma que tienen de ocupar el espacio, de producir territorio, de utilizar los recursos naturales y, sobre todo, por su estabilidad territorial. La agricultura es la principal actividad de esta región con excepción de una parte del departamento de Paraguarí y Misiones donde prima la ganadería. Las actividades agrícolas utilizan exclusivamente la fuerza laboral de la familia, existiendo sin embargo algunas experiencias de trabajo conjunto, extra familiar, entre grupos de agricultores.

Los cultivos principales son algodón, mandioca, maíz, maní y caña de azúcar, entre otros. El algodón es el rubro más importante de renta en términos generales, aunque en otros lugares, como por ejemplo Piribebuy y gran parte del departamento de Guairá, la caña de azúcar supera al algodón. En este último caso, la presencia de empresas agroindustriales impone a la zona el sistema económico motivando la producción y asegurando mercado para los productores, así como fijando precios a los productos.

A diferencia de la estadística productiva presentada para las regiones anteriores, con fuertes tendencias de crecimiento y expansión, los rubros agrícolas claves de la región campesina arraigada presentan valores relativamente estables o poco expansivos y otros en fuerte disminución.

En el cuadro N° 6 se aprecian tres comportamientos territoriales distintos, siendo el del algodón el más significativo. El cultivo del mismo ha disminuido bruscamente en el periodo estudiado, especialmente en las zonas o departamentos próximos a la capital del país. Llama la atención la casi extinción de este rubro en el departamento Central pasando de 30.061 en 1991 a 1.625 hectáreas en el año 2003. Este fenómeno estaría asociado a la baja rentabilidad del rubro y a la reconversión productiva de la población rural del departamento que, en el mismo periodo, vivió una profunda transformación de su estructura demográfica con un notable crecimiento de la población urbana y una clara expansión territorial de las ciudades.16
El comportamiento del maíz presenta valores diversos en la región, con fuerte crecimiento en algunos departamentos, por ejemplo Caazapá y Guairá, mientras que en los departamentos próximos a Asunción, como Cordillera, experimentó una gran disminución.

El tercer rubro elegido para apreciar el comportamiento de las dinámicas territoriales de esta región es la mandioca; la misma presenta una gran estabilidad que puede ser entendida como estancamiento si se considera que es uno de los rubros productivos de autoconsumo más importantes y que el uso del suelo destinado a este cultivo no tuvo grandes variaciones. Solo el departamento de Caazapá presenta un aumento relevante, quizás asociado a las altas demandas esporádicas del mercado brasileño.

En resumen, el cuadro citado indica que la región campesina arraigada mantiene su configuración productiva tradicional y que los cambios sociodemográficos y territoriales experimentados se relacionan más con los procesos de crecimiento de la población urbana y las conexiones con la economía capitalina, que con nuevas actividades agropecuarias. Esta región parece funcionar económicamente articulando la producción agrícola local con los mercados urbanos, especialmente Asunción. Como se mencionó anteriormente, los agricultores de esta región son campesinos arraigados lo cual representa una diferenciación clave para la comprensión de la relación de este grupo socioeconómico con su territorio. En forma inversa a los agricultores de la región agro exportadora, que son agricultores sin cultura tradicional campesina, la reproducción social y cultural aparece como el objetivo principal de estos actores y no así la rentabilidad económica producida por la actividad agrícola.

A esto se agrega su baja capacidad financiera para introducir mejoras y tecnologías que permitan optimizar el proceso productivo y la industrialización de la materia prima, quedando así a merced de las políticas agrícolas estatales, especialmente la relativa al algodón.

En esta región se encuentra un apéndice de la región ganadera del Norte, que se
constituye en un contrapeso de la misma y al que denominaremos “sub región ganadera del Sur”. Se trata de una sub región de la campesina tradicional y arraigada que está formada por las zonas ganaderas de los departamentos de Paraguarí y Misiones, caracterizándose por disponer de una estructura ganadera antigua, especialmente la zona de Paraguarí, tradicional proveedora de carne a Asunción desde la época colonial. La antigüedad de sus instalaciones productivas, así como la existencia de un sistema económico regional donde los componentes culturales juegan un rol fundamental en la reproducción del sistema, es perceptible en la forma como se organiza la producción, transformación y venta de bienes, particularmente en el caso de la cría de ovejas. En este contexto, familias campesinas o campesinas-ganaderas, son las que recrean el sistema económico que en esta sub región no tiene a la agricultura como actividad clave, sino a la cría de animales, especialmente bovinos y ovinos, con el doble propósito del autoconsumo y la venta.

El arraigo territorial y la continuidad de las principales actividades económicas hacen que esta sub región presente características culturales y económicas asociadas a la región campesina tradicional arraigada, pero sin que la agricultura sea su actividad principal. Sin embargo, la sub región experimenta una serie de cambios sensibles al uso de los suelos por su contacto con la región agro exportadora que se expande lentamente a expensas de sus campos ganaderos que son alquilados a empresarios del sector agrícola, en su mayoría brasileños. El abigeato y posterior comercialización de animales robados, extendido últimamente en esta sub región, es una poderosa razón para el alquiler de tierras ganaderas a los agricultores de soja, pues los riesgos productivos disminuyen e inclusive desaparecen.

Como se ve en el cuadro 7, la actividad ganadera en la región campesina tradicional arraigada, es una actividad económica de gran envergadura aunque no haya experimentado un gran crecimiento en los últimos quince años. En 1991 la ganadería de los departamentos de Misiones y Paraguarí representaba el 17,3 % del ganado de la región Oriental, mientras que en el 2003 el porcentaje bajó a 9,3 %, debido principalmente al incremento de la producción bovina de la región Ganadera del Norte.

El sistema ganadero de los dos departamentos citados se caracteriza por contar con explotaciones mayoritariamente extensivas y de baja calidad genética, especial-mente el departamento de Paraguarí, mientras que Misiones dispone no solo de mayor superficie, sino que cuenta con un sistema productivo de mayor capacidad financiera para realizar inversiones de mejoramiento de la producción. La producción de ambos departamentos se destina al consumo regional y nacional. Al igual que los productores ganaderos de la región ganadera del Norte y del Chaco, los del departamento de Misiones se encuentran mejor posicionados para satisfacer la demanda asuncena, donde los supermercados imprimen una nueva dinámica como último eslabón en la cadena de comercialización.

Volviendo a la región campesina tradicional, la misma revela una alta presión sobre el espacio, específicamente sobre las parcelas agrícolas y pecuarias de las familias campesinas cuyo crecimiento y expansión familiar no son acompañados de crecimiento territorial, teniendo como resultado la división de la finca familiar en múltiples parcelas distribuidas entre los hermanos varones, mientras las hijas mujeres acostumbran abandonar la casa familiar e instalarse en la vivienda o parcela conyugal, donde se vive un proceso similar, con lo cual el minifundismo se incrementa.

De esta forma, la presión por el espacio difiere en relación al ciclo de vida familiar que impone la división de la finca en múltiples parcelas, con el resultado de una evidente disminución de la superficie y de la productividad del grupo familiar.

Ante esta disyuntiva, no son pocas las familias que emigran a los centros urbanos más importantes, especialmente sus componentes femeninas. Para estas familias campesinas el Estado no dispone de tierras propias ni sujetas a la colonización a lo que se suma la burocracia y poca eficiencia de las instituciones responsables de la política agraria y de tierras. Esta situación se agrava ante la presión ejercida por otras familias campesinas que provienen de zonas todavía más pobres que la región campesina arraigada.

Por otro lado, para las familias campesinas arraigadas y sin tierra, la solución a su problema económico ya no es meramente agrícola pues las mismas viven una situación de reconversión impuesta por las vecinas zonas urbanas que ejercen un gran poder de atracción migratoria. En efecto, el proceso histórico de migración rural de esta región hacia Asunción y las ciudades de su área metropolitana, incrementado a partir de los años noventa, ha creado profundas redes solidarias y fuertes vínculos entre los primeros migrantes, hoy ya urbanizados, y los nuevos migrantes que cuentan siempre con algún miembro familiar que reside en área urbana y facilita la reconversión residencial y económica.

En este proceso de re-localización territorial, las reducidas distancias y los diversos medios de transporte hacen que los lazos puedan ser mantenidos y reforzados mediante continuas idas y vueltas entre Asunción y los diferentes lugares de la región campesina arraigada.

Un fenómeno particular se produce así en las ciudades del área metropolitana con la población originaria de la región campesina arraigada, la cual, además de integrarse al nuevo sistema económico y cultural con un relativo cambio de códigos culturales y lingüísticos, logra también afirmar y reproducir la identidad de sus pueblos de origen. Esto explica no solamente la gran extensión del uso del guaraní en áreas urbanas, sino también la existencia de “centros de residentes guaireños, caazapeños o cordilleranos en Asunción”, constituyendo un claro ejemplo de territorialidad múltiple ya que los “centros de residentes” funcionan como “embajadas” proveedoras de servicios y de lazos de solidaridad “compueblana”.

Este sistema, sin embargo, se va desgastando lenta pero profundamente por la alteración de las relaciones entre la zona de origen y el área metropolitana, que hoy son más fluidas y dinámicas que hace 30 años cuando la distancia y las dificultades del transporte justificaban la creación y funcionamiento activo de las redes de solidaridad representadas por los “centros de residentes”. Hoy estos tienden a formar parte de la memoria territorial de Asunción y representan una manifestación de la intensidad de la relación hombre-suelo que alimentó y sustentó los flujos entre la región campesina arraigada y la capital y su área periférica.

Las familias urbanizadas de esta región encuentran en la ciudad un conjunto de ventajas que se manifiestan en la variedad de acceso a oportunidades laborales, educativas, de salud, de recreación y sobre todo un acceso a la modernidad encarnada por la ciudad, especialmente Asunción. El éxito social y económico de los inmigrantes campesinos arraigados en la zona metropolitana tiene consecuencias en la región de origen pues, gracias a las transferencias monetarias y culturales que realizan, allí se producen las mejoras de infraestructura y servicios domésticos en la casa familiar nutriéndose de esta forma la imagen de las ventajas de la modernidad urbana al igual que las desventajas del arcaísmo rural.

El dispositivo productivo de esta región se conforma de:

• Parcelas de entre 5 y 20 hectáreas en promedio
• Una fuerza laboral promedio de 5 personas, incluidos niños mayores de 10 años
• Herramientas de labranza básicas (no mecanizadas)
• Acceso restringido a asesoramiento técnico y créditos eficientes
• Mercados y canales de comercialización temporales y desestructurados
• Infraestructuras básicas de transporte (caminos, rutas y vehículos) y comunicación
• Baja productividad y escaso incremento de valor agregado
• Gran accesibilidad a los mercados por las reducidas distancias
• Alta dependencia de las políticas agrícolas estatales
• Poco espíritu emprendedor
• Visión de corto plazo y espíritu de sobre-vivencia
• Complemento de ingresos agrícolas con otros no agrícolas El dispositivo cultural de la región se caracteriza por:
• Antigüedad de la implantación
• Identidad cultural
• Relativa homogeneidad cultural y social
• Presencia de la Iglesia Católica como contenedora social
• Utilización y familiaridad de los dos idiomas nacionales
• Existencia de antiguos centros urbanos en las ciudades, donde el templo católico y la plaza se conjugan como el principal espacio social
• Identidad productiva relacionada a “un rubro”. Ejemplo: la ciudad de la frutilla: Areguá; la ciudad del cuero: Atyrá; la ciudad de la oveja: San Miguel, entre otras.
• Gran importancia de la ciudad como elemento de identidad. Supremacía de lo urbano sobre lo rural. Las zonas rurales se identifican y subordinan a la ciudad más importante de la zona, que coincide casi siempre con la capital del distrito y del departamento.

Ambos dispositivos, el productivo y el cultural, son los componentes que dan forma a esta región y sobre los cuales se apoyan fuertemente los fundamentos de la cultura paraguaya, es decir el modo de ser, de actuar y también de construir el territorio.

Esta región es la más poblada, con alrededor de 1.100.0000 habitantes según datos del Censo 2002, considerando a los habitantes de los departamentos en cuestión y de las áreas rurales de los distritos del departamento Central, sin incluir al área metropolitana de Asunción.

Consideramos también como actores de esta región a los pobladores urbanos que forman parte de su sistema económico, exceptuando a los del departamento Central que responden a otras características regionales a ser examinadas más adelante. Si bien la región es denominada campesina arraigada, las ciudades de la misma constituyen la dimensión urbana del sistema campesino. Las interdependencias entre ambas zonas refuerzan las características socioeconómicas y definen el perfil cultural de esta región, la cual no está definida solamente por la agricultura minifundista sino también por la antigüedad de la implantación poblacional y la forma de ocupar el espacio y utilizar los recursos naturales.

A excepción de algunas ciudades del departamento Central, que en nuestro análisis no integran el área metropolitana pero sí forman parte de la región campesina arraigada (Itá, Itauguá, Areguá, entre otras), las zonas urbanas de esta región tienen un modelo económico basado en la comercialización de productos agrícolas y la oferta de servicios propios de un centro urbano, con fuerte presencia de la vida comercial como resultado de la aglomeración urbana y de la existencia, en casi la totalidad de los casos, de una ruta asfaltada regional.

Además de la agricultura, la región se caracteriza por disponer de un complejo industrial básico para la transformación de la producción que, sin ser muy moderno, posibilita el incremento del valor agregado especialmente de la producción agrícola.

Aunque algunos productos manufacturados, especialmente destinados al consumo humano, poseen un grado de calidad regular, los mismos son aceptados y consumidos en la misma región como por ejemplo miel y sus derivados, chipas, dulces, artesanías, etc.

También existen industrias modernas para la transformación de la producción agrícola, pero estas se diferencian de las anteriores no solamente por el nivel de tecnología que incorporan sino por el destino de la producción, la cual no es exclusivamente de consumo ni se limita al mercado local sino que lo trascienden vía exportaciones, como las fábricas de aceite, jabón, alcohol, azúcar, etc.

Para la ubicación de las fábricas se prefieren lugares en función a la estrategia productiva, a los proveedores de materia prima y a los mercados de destino, siendo el área metropolitana de Asunción la de mayor preferencia e importancia. Otras zonas preeminentes para las implantaciones industriales son las cercanías de las principales rutas asfaltadas, mientras otras, sin embargo, prefieren situarse en las zonas de producción, como por ejemplo las azucareras que se encuentran en el departamento de Guairá. Estas industrias tienen una gran importancia en el sistema económico pues son capaces de reconvertir zonas gracias a su implantación, generándose una alta dependencia del “único” rubro agrícola que se expande al contar con un mercado seguro.

Algunas zonas de esta región están viviendo también un acelerado proceso de reconversión turística. Así, varios distritos del departamento de Cordillera poseen actual-mente un rol diferente en la región como resultado de la creación de enclaves turísticos que afectan a todo el sistema agrícola, económico, demográfico y territorial.

Las zonas rurales de la región, de vocación agrícola y en menor medida pecuaria, se transforman en residencias secundarias de propietarios, en su mayoría asuncenos o europeos. Estas implantaciones tienen un alto impacto al valorizar el territorio no por sus características productivas ni por la superficie sino por otros atributos, tales como: • Acceso privado a cursos de agua (arroyos y surgentes) • Relativa distancia de los centros urbanos con aislamiento para el reposo pero fácil acceso vial • Disponibilidad de cierta superficie boscosa • Posibilidad de realizar alguna actividad agrícola secundaria De esta forma aparecen nuevos usos del territorio en la región valorizando mucho más la tierra por su utilización recreativa y de ocio y generando a la vez una alta especulación en el precio de la misma, que se vuelve poderoso elemento de presión para el sistema campesino. Estos descubren rápidamente la demanda de tierras cerca de Asunción, en promedio a menos de dos horas de viaje de la capital, y proceden a capitalizarla ya sea a través de la venta directa, ya sea a través de las empresas inmobiliarias que intermedian y organizan el traspaso de las tierras. El “retorno al campo” que esto genera en los inversores de estas tierras con estos fines, estaría relacionado con la urbanización acelerada de Asunción y su área metropolitana así como a la emergencia de ciertas modas naturistas y ecologistas, producto de las tendencias urbanas alternativas.

Los distritos de Altos, Piribebuy, Caacupé y Tobatí, entre otros, son los lugares preferidos por los “residentes de temporada” quienes se instalan ahí durante las vacaciones de verano o los fines de semana, protagonizando una suerte de emigración temporal desde al área urbana hacia “el campo” donde disponen de recursos económicos suficientes para adquirir, mantener e implantarse en residencias secundarias que, lentamente, compiten con las ciudades de veraneo aledañas (como San Bernandino, Atyrá o Areguá).

A finales de la década de 1990 se opera una transformación en el uso y significación del espacio, donde los problemas de contaminación del lago Ypacaraí han provocado una creciente desvalorización los centros recreativos ubicados a orillas de este lago (Areguá, Ypacarai, Patiño y especialmente San Bernardino) como opción recreativa para las familias. El fenómeno de la “modernización” de San Bernardino, anterior-mente una ciudad apacible y hoy masificada y agitada por las prácticas corrientes de todas las ciudades de veraneo, se caracteriza además por la mutación del paisaje urbano volcado actualmente a la comercialización de bienes y servicios destinados a satisfacer las necesidades de una población adolescente y joven de modo que, en los meses estivales, parte del dispositivo de recreación asuncena se transfiere a San Bernardino en un proceso paralelo al de la “migración de temporada”.

De forma concomitante con el “desgaste” de San Bernardino aparecen otras opciones para las residencias secundarias, esta vez no dependientes de un recurso específico como el lago, en el caso de esta ciudad, sino de un imaginario pintoresco o exótico de la ruralidad próxima a centros urbanos dotados de servicios básicos. Ejemplos de ello son los distritos de Altos y Atyrá, especialmente en zonas contiguas al distrito de San Bernandino y en las adyacencias de nuevas rutas asfaltadas. Este fenómeno se encuentra en emergencia por su relativa novedad y sus consecuencias son ya perceptibles en la región expresándose en una fuerte especulación inmobiliaria y cambios del uso del suelo.


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