BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales


TRATADO TURÍSTICO

Maximiliano Korstanje

 

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INTRODUCCIÓN

Contacto e Identidad

En el encuentro interpersonal, turistas y residentes locales juegan elementos históricos, culturales y socio-económicos que condicionan la percepción y la construcción del “otro” como espejo de la propia identidad. El problema se suscita cuando los planificadores idealizan la actividad de tal manera que se olvidan de sus efectos no deseados. Así, adquieren un perfil uni-dimensional con el cual conciben al turismo a través de los ojos del turista. Empero, ¿qué hay de aquellos que hacen del turismo su actividad laboral?, ¿qué piensan ellos sobre los turistas?, ¿alguien se lo ha preguntado alguna vez?.

La interacción es parte inherente de todo acto de comercio. Históricamente, las tribus primitivas sólo comerciaban con sujetos que no pertenecían al propio clan. En otras palabras, el comercio tal cual surgió en sus orígenes fue un fenómeno inter-étnico.

Actualmente en la industria del turismo puede observarse algo similar. Sobre todo, si alguien se toma el trabajo de visitar una sala de espera de un hotel céntrico, el mostrador de una aerolínea, o las oficinas de una agencia de pasajes. Abordar el tema de la interacción y el papel que ésta tiene dentro de la actividad desde un punto de vista netamente sociológico es parte de este breve artículo.

En principio, aunque se susciten ciertos interrogantes, puede sostenerse que el turismo como actividad posee ciertos elementos distintivos: un atractivo, que por motivos varios es capaz de captar la atracción de quienes lo visitan, un grupo de turistas que conforman la demanda, y dentro de lo que puede considerarse la oferta, se encuentran los profesionales entrenados para la ocasión y la infraestructura propiamente dicha.

El encuentro entre turistas y residentes locales ha despertado cierta inquietud en muchos investigadores provenientes de las ciencias sociales y del turismo. Ahora bien, sería ilógico desconocer que en algunos casos este contacto se da no sin pocos problemas o conflictos.

El sociólogo Erving Goffman ha dedicado en la obra La presentación de la persona en la vida cotidiana, una extensa contribución a este tema. Como buen fenomenólogo que es, Goffman concibe al mundo social como un teatro. Existe una fachada que es donde el individuo se desenvuelve e interactúa con el resto y una “parte de “atrás” en la cual cada uno conoce sus propios sentimientos. De esta manera y al igual que los actores, los sujetos y sus grupos, montan una puesta en escena donde esconden y solapan sus verdaderos intereses, de aquellos que no forman parte de su grupo los cuales en este caso conformarían el público.

Al igual que la camarera de un hotel, cuando está sirviendo a un cliente o una empleada de una aerolínea cuando hace el chequeo inicial para abordar el avión, no existe de ambas partes un compromiso real de conocimiento. La interacción, vista desde este prisma, se desarrolla de una manera formal en donde los actores intentarán por todos los medios guardar las apariencias y construir su papel.

Ese papel, al cual se refiere el autor, es nada más y nada menos que el rol que ocupa en la interacción tanto el viajante como el empleado de la compañía que le permite viajar. Cuando esos roles, se dan en una dinámica de cierta subordinación existe una mayor tendencia a que el sujeto no demuestre sus verdaderos sentimientos. Esto rompe con toda una escuela sociológica que considera que el contacto por sí mismo es una herramienta útil para que los grupos entablen acciones en procesos de cooperación reciprocas. Pues si bien, en parte esto puede ser cierto, no ha de ser tan sencillo.

En toda interacción se juegan puntos de uno y otro lado, que hacen no sólo a la presentación de una obra, en el mejor sentido goffmaniano, sino que también implica aspectos propios que hacen a la identidad de la persona.

EEl psicoanalista Hugo Bleichmar, pone un ejemplo que es excelente para esta ocasión. Dos parejas amigas coordinan para salir a comer; durante el evento la interacción se da en sentido cruzado, esto quiere decir que las cuatro personas interactúan y entablan un conversación entre sí. Terminada la cena, las parejas regresan a sus respectivos hogares, como es propio de las buenas costumbres se despiden y entran a su hogar. Protegidos, en la intimidad del hogar, ambas parejas comienzan a criticarse ferozmente una a la otra. Alguien pensaría, ¿Cómo puede ser que habiendo compartido tan grata velada, hagan blanco ahora, a la pareja vecina de tan duras críticas? Lo que sucede, explica Bleichmar, es que la identidad de ambos ha sido desequilibrada y la crítica (en este caso) permite volver a restaurar el yo de la pareja.

Integrando, las dos posiciones se podrían llegar a inferir que en realidad la interacción conlleve una dinámica similar. En efecto, entablar una relación formal con personas de otras culturas, con otros idiomas y costumbre exige de ambas partes un esfuerzo especial para construir la puesta en escena. Cuando ese contacto, se hace desmedido y masivo el esfuerzo llega a ser tal que llega un momento en que se hace insostenible.

Justo allí, y detrás de escena los actores pueden demostrar sus verdaderos sentimientos hacia el otro. No es extraño, para quienes hacen del turismo su trabajo diario, notar que determinado colectivo de turistas es más exigente o complicado que otros. Tampoco, tener afinidad con cierto cliente y rechazo por otros. La profesionalidad les impide agredir a sus clientes o cortar en forma brusca la conversación aun cuando así lo consideren en lo más íntimo.

Obviamente, para la sociología esto no debe ser ni bueno ni malo. Lejos de incurrir en cualquier valoración o emisión de juicio; para los estudiosos, investigadores y planificadores del turismo tampoco.

La cuestión central es comprender que como cualquier actividad comercial, el turismo está inserto en un conjunto de dinámicas sociales e interpersonales. Las acciones, por lo general, implican un efecto esperado y otro que no lo es tanto. Que el turismo es una actividad que genera consecuencias positivas y negativas no es algo nuevo para los profesionales del sector. Pero idealizar, negando los efectos no deseados es el peor curso de acción que se puede emprender.

Este es el desafío principal de los investigadores, profesionales, políticos, planificadores, y empresarios que hacen del turismo su principal profesión. A todos ellos va dirigido este artículo que dicho sea de paso espero haya sido de su agrado.

REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA

• Bleichmar, H. 2002. La depresión: un estudio psicoanalítico. Buenos Aires: Nueva Visión. Página 38-59.

• Goffman, E. 1986. La Presentación de la Persona en la Vida Cotidiana. Buenos Aires: Amorrortu Editores. Página 33-60

 • Weber, M. 1978. Historia Económica General. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica. Página 73.


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