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J.M. KEYNES, EL PROFETA OLVIDADO

Mario Guillermo Gómez Olivares

 

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5.2.1. Las políticas económicas de J.M.Keynes y algunas consideraciones sobre la política económica keynesiana.

“If for any reason the individuals who comprise the nation are unwilling, each in his private capacity, to spend sufficient to employ the resources with which the nation is endowed, then it is for the government, the collective representatives of all the individuals in the nation, to fill the gap” .

1. La primera cuestión que se hace necesario de destacar es el rechazo por parte de Keynes de las políticas de reducción de los salarios monetarios. Esto constituye un punto de demarcación definitivo frente la visión clásica. Keynes rechaza esas políticas tanto en el «Treatise» como en la Teoría General. En el «Treatise», utilizando las ecuaciones fundamentales, Keynes muestra la posibilidad teórica de reducir los salarios monetarios, aunque llame la atención para el tiempo que toma el ajuste.

Una reducción de los salarios monetarios, podría reducir los costos unitarios por unidad de output, expresados en el primero término de la ecuación P = O/E + S  I/E. Una reducción de los ingresos monetarios E, permitiría el crecimiento de los lucros y la retoma de la inversión. Pero como existiría una rigidez de los salarios monetarios en el mundo real, una reducción era política y socialmente impracticable sin una guerra de guerrilla en las industrias y empresas.

En la Teoría General, reconoce que la reducción de los salarios monetarios tendría poco sentido en una economía abierta o, en el caso de expectativas optimistas sobre el futuro de la demanda y sobre los ingresos esperados futuros llevasen la eficiencia marginal del capital por arriba de la tasa de interés de largo plazo. Una recuperación de los precios de los activos o de los precios de los títulos, podría ser con-seguida con una política de moderación de las expectativas «bears», es decir, la ta-sa de interés convencional de largo plazo practicada por las autoridades monetarias debería asegurar una política monetaria creíble, curvando la preferencia por la liquidez especulativa. Pero en una economía cerrada, la reducción de los salarios monetarios generaría expectativas regresivas, todavía en cuanto una reducción de los costos traería consigo una reducción de los precios, manteniéndose la tasa de lucro deprimida. Un otro argumento, no menos importante, es que, en una democracia política, los salarios monetarios son fijados a través de negociaciones y convenios entre patrones y sindicatos, por lo que la reducción de los salarios solo podría ser po-sible en un régimen político represivo y autoritario .

2. Discutiendo la política de la tasa de interés, tanto en el «Tract» como en el «Treatise», Keynes considera que un aumento de los precios permite la expansión de los lucros, de la inversión y del output; en el caso contrario conduce a una declino de la producción y del empleo, por lo que, básicamente la recomendación abogada es el recurso a la tasa de interés, a fin de estabilizar los precios. Esta posición bási-ca presupone la existencia de una flaca relación con un sistema monetario internacional.

En el «Tract», Keynes considera que una reducción de la tasa de interés provoca un movimiento en los precios relativos a la baja, incrementando los activos en el poder del sistema bancario (la base monetaria) lo que permite incrementar la cantidad de moneda y, por esa medio, los precios al anterior nivel. Es la aplicación mecánica de la teoría cuantitativa de la moneda .

En el «Treatise«, el mecanismo es más poderoso y articulado. La diferencia relati-vamente al «Tract» está en que las ecuaciones fundamentales muestran el efecto directo de la tasa de interés en el ahorro y la inversión. Del punto de vista de la polí-tica, Keynes pretende influenciar la tasa de interés de corto plazo, a fin de cambiar la tasa de interés de largo plazo, es decir la expectativa que sobre ella tendrán los agentes económicos.

La visión de Keynes, en términos políticos, privilegia la política monetaria. Tal como analicé anteriormente, el autor discute la posibilidad de limitaciones en la política bancaria. Cuando la tasa de interés natural baja a un nivel tan bajo que genera una asimetría de opiniones tan vasta entre emprestadores y tomadores de prestamos, es necesario en el largo plazo reforzar la acción del banco central de modo a: “(...) im-poses on the central bank the duty of purchasing bonds up to a price far beyond what is considered to be the long period norm” .

Si, en este caso, llamado por Keynes de la política de mercado abierto «au outran-ce», la depresión continua, la alternativa es: “(...) socialistic action by which somes official body steps into the shoes which the feet of the entrepreneurs are too cold to occupe” .

Este es el caso especial de la política fiscal que implica financiar obras públicas con recurso al déficit presupuestario, destinado a restaurar la confianza de los empresarios y la recuperación del espíritu y de la energía empresarial. La política de bajar la tasa de interés seria impracticable para un país de economía abierta e integrada en un sistema padrón-oro, pues provocaría la perdida de reservas de oro que provocaría una balanza de transacciones corrientes negativa: “(...) no national central bank which is a member of an international system, not even the Federal Reserves of the United Sates, can expect to preserve stability of its price level [by means of varia-tions in the bank rate ], if it is acting in isolation and is not asisted by corresponding action on the part of other central bank” .

Solo a través de la cooperación entre los principales bancos centrales del mundo podría ser conseguido tal objetivo, pero solo si esa cooperación no tuviese lugar y la política de mercado abierto afectase las reservas, en vez de provocar la disminución suficiente de la tasa de interés, a fin de retomar la inversión: “The Government must itself promote la programmes of domestic investment. It may be the choice betwen employing labour to create capital wealth, which yield less than the market rates of interest, or not employing it at all” .

Si la política de reducción de los salarios no puede funcionar, si la política monetaria de reducir la tasa de interés no funcionar como factor estabilizador de los precios, de la actividad económica y del empleo, o el gobierno subsidia la formación de capital de los empresarios privados, o, él propio orienta un programa de inversión de capita-les.

En relación con la importancia del comercio internacional para la economía de un país, mayores serán los efectos negativos de una política monetaria aislada y mayor será la perdida de reservas de capital. Keynes asiente en el « Treatise» que si fuese posible reducir los costos de producción relativamente a los costos que imperan en otros países concurrentes, aplicar la misma tasa de interés que equilibra el ahorro con la inversión, entonces sería posible equilibrar la balanza de pagos. En la ausen-cia de esa flexibilidad, tal no es ni practicable ni realizable. En una situación de ad-hesión a un sistema de padrón-oro que regula las tasas de cambio, la principal pre-ocupación del sistema bancario es la estabilidad del equilibrio externo, al cual se adapta el equilibrio interno de precios.

Está implícito, en el caso especial de política, que el empleo generado por las obras públicas tiene efectos benéficos sobre las precios sin que se activen efectos perver-sos sobre la demanda de bienes importados, que se repercutan negativamente sobre la balanza de pagos. Keynes estaba convencido de que las obras públicas tení-an efectos multiplicativos:“(...)the fact that many work people who are now unemplo-yed would be receiving wages instead of unemployment pay would mean an increa-se in effective purchasing power which would give la general stimulus to trade. Moreover, the greater trade activite would make for further trade activite; for the forces of prosperity, like thoses of trade depresion, work with cumulative effect” .

Keynes no olvida la existencia de algunos efectos perversos de las obras públicas, aunque solo considere los efectos sobre la cuenta capital de la balanza de pago y no los efectos sobre la cuenta corriente, particularmente importantes para los países que tienen una balanza comercial negativa y dependen de la inversión extranjera y del crédito de corto plazo para financiar su balanza de transacciones corrientes.

En el «Treatise», todavía, la fórmula política era más abstracta que los planos pre-sentados en 1929, siendo presentada como si esta fuese una variante de política monetaria, en el sentido en que los subsidios a conceder a los empresarios equiva-liesen a una reducción en las tasas de interés o que las planos de inversión de los gobiernos tomarían en cuenta la tasa de interés de mercado y no la tasa natural de interés. Patinkin explica esta incongruencia como el resultado de los diversos pape-les que Keynes representaba. En el artículo «Can Lloyd George do it» Keynes des-empeñaba en la escena nacional el papel del panfletario político, en cuanto que en el «Treatise» este representaba el papel del académico frente a la audiencia y audi-tório científico: “Keynes was the internationally famous scholar presenting to the scientific work as a whole what was intended to by la definitive work on the sub-ject” .

Las soluciones apuntadas tenían en mente el escenario internacional. Para los Estados Unidos de América, y para la Francia, la política contra la desocupación pasa-ba por reducir suficientemente la tasa de interés de mercado, de modo a que coincidiese con la tasa natural wickselliana. La solución para los desocupados de la Ingla-terra, dadas las perturbaciones del retorno a una tasa de cambio, que dejaba los costos de producción elevados relativamente a sus parners, era la cooperación internacional en el terreno monetario. Provisoriamente, Keynes pidió el levantamiento de tarifas aduaneras, subsídios a la inversión extranjera, exclusión de las importaciones extranjeras, revelando un pragmatismo adecuado a las circunstancias.

Pero el problema básico, que Keynes pone en evidencia, era la desmoralización que sufrían los empresarios, que los insensibilizaba relativamente a la elasticidad de la tasa de interés. Una disminución de la tasa de interés no generaría un aumento de la inversión, dadas las expectativas pesimistas relativamente a la actividad económi-ca, inhibiendo el mecanismo automático de la política bancaria.

4. Keynes fue parco y pacato en la Teoría General en sus formulaciones de polí-tica económica. Él propone para el largo plazo una economía mixta donde el Estado socialize la inversión, dando prioridad a la inversión productiva de las empresas, complementado con inversión social. En el período de preparación de la da Teoría General, Keynes escrebió un panfleto sobre política economica: " The Means to Prosperity", en que deja claro que atribuye un lugar prioritario en el relanzamiento económico a la intervencióno del Estado: " Thus the first step has to be taken on the initiative of public authority; and it probably has to be on the large scaly land organi-sed with determination, if it is to be sufficient to break the vicious circly land to stem the progressive deterioration, as firm after throws up the spongy land ceases to producy lat a loss in the seemingly vain hope that perseverance will be rewarded" : Sus propuestas son una reflexión de su doctrina económica, apuntes filosóficos sobre armonía económica y social para la totalidad del ciclo económico. no son exhor-taciones para la fase recesiva o un ejercicio de recomendaciones puntúales limita-das a una política específica

Las advertencias de Keynes en materia de reforma monetaria y de reforma fiscal en la Teoría General no contienen una formulación pormenorizada. Relativamente a la reforma monetaria, Keynes recomendaba que la banca debería estar preparada para negociar, en ambos los sentidos y en términos específicos, deudas de diferentes maturidad y con diferentes grados de riesgo: “ Perhaps a complex offer by the central bank to buy and sell at stated prices gilt-edged bonds of all maturities, in places of the single bank rate for short-term bills, is the most important practical improve-ment which can be made in the technique of monetary management” .

Se trata de una medida reformadora a fin de disminuir permanentemente la prefe-rencia de los especuladores por la liquidez, dando confianza a los inversionistas en títulos, asegurando los precios y, de ese modo, dando estabilidad la tasa de interés de largo plazo. En concreto, es una regla permanente y no una medida discricionária destinada a contrariar temporariamente los más incautos de los especuladores.

En términos de reforma fiscal, Keynes propone un sistema tributario que permita la redistribución del ingreso a fin de aumentar la propensión al consumo. El argumento teórico está asociado a una valorización de orden ética: “For my own part, I believe that there is social and psychological justification for significant inequalities of income and wealth, but not for such large disparities as exist today” .

Sobre como organizar una tributación que sea menos dispar, Keynes no dejó indicaciones precisas, ni estableció un principio ético para una distribución más justa del ingreso. Nunca explicitó un principio económico en ese sentido, aunque la aceptación del primero postulado de la teoría clásica pueda ser una indicación de que la distribución primaria obedeciese al criterio ortodoxo. De cualquier modo, se ve en la persistencia de altas tasas de interés la causa principal de las futuras desigualdades de la riqueza. La tasa de interés debería ser reducida, porque la razón teórica para justificar altas tasas de interés, aumentar el ahorro, no estimula la inversión como la teoría clásica presupone: “(...) we have shown that the extent of effective saving is necessary determined by the scales of investment and the scale is promoted by a low rates of interest, provided that we do not attempt to stimulate it in this way be-yond the point which corresponds to full employment” .

Lo que conviene es reducir la tasa de interés hasta el nivel en que exista pleno em-pleo, proporcionalmente la curva de eficiencia marginal de capital. En esa situación, los ingresos proporcionados en el curso de su vida por los bienes de capital, debe-rán cubrir los costos de producción, más una margen para el riesgo y el costo de la habilidad y supervisión, es decir los precios de los bienes de capital remunerarían los costos del trabajo, del capital, del empresario o inversionista y el salario del em-presario. La eutanasia del rentier permitiría una mejor distribución del ingreso, al mismo tiempo que disminuiría la incertidumbre generada por la actividad especulati-va, siendo la eficiencia marginal del capital un criterio adecuado de la capacidad productiva del capital, que se tornaría más abundante, eliminando el riesgo. Estaríamos en la situación de estado estacionario en que la evolución del sistema económico dependería de los cambios en las preferencias del público, en la tecnología y técnica, de la cualidad y cantidad del equipamiento, de las desutilidades de las dife-rentes intensidades de trabajo, de la estructura social y de la distribución del ingreso subyacente, del estado de la competencia, de las actividades de supervisión y orga-nización.

La recuperación económica precisa del regreso a un estado de confianza de la acti-vidad inversionistaa y de las condiciones de crédito, aunque esta última sea insuficiente por si para esa recuperación. No basta una disminución de la tasa de interés o un aumento de las disponibilidades de crédito; es necesario un aumento de la in-versión, que depende en última instancia de las expectativas de largo plazo del in-versionista.

Keynes se muestra ceptico relativamente al exito de una política puramente monetaria dirigida a influenciar la tasa de interés; pensaba que era tiempo de poner fin al laissez-faire, pues el sistema dejado a si propio no estaba en grado de segurar la estabilidad que el proceso económico exigía. En sus propuestas de 1937 escribe: “A low enough long term rates of interest cannot be achieved if we allow it to be belie-ved that better term will be obtainable from time to time by those who keep their re-sources liquid. The long-term rates of interest must keep continuously as near as possible to what we believe to be the long-term optimum. It is not suitable to be used as a short weapon” .

Más allá del hecho que la variabilidad de las tasas de interés aumenta la incertidum-bre y cierra el camino a la inversión. Todo el énfasis es colocado en la estabilidad de la tasa de inversión. En una carta a Durbin, Keynes insiste en que en la Teoría Ge-neral: “There are many passages...devoted to proving that attacks on the rates of interest by themselves are likely to prove an inadequate solution except perhaps tem-poralrily. I, therefore, advocate measures designed to increase the propensity to consume, and public investment independent of the rates of interest”......”investment is a matter which cannot be left solely to private decisions” .

El estado es la institución que está en condiciones de tener visiones de largo plazo, más allá de las fluctuaciones cíclicas que las políticas estabilizadoras pueden mitigar pero no evitar. Lo que estaba en causa no era solo la intervención pasajera del estado. Era necesario un tipo de intervención que generase un mecanismo permanente de confianza. Para eso: “(...) the central controls necessary to ensure full employ-ment will, of course, involve a large extension of the traditional functions of govern-ment” .

Buscaba el soporte para la inversión en la intervención del estado más que en la presumible contribución para la existencia de mecanismos automáticos, renuncian-do definitiva y doctrinariamente: “I expect to see the State, which is in a position to calculate the marginal efficiency of capital-goods on long views and on the basis of the general social advantage, taking an ever greater responsibility for directly organi-sing investment; since it seems likely that the fluctuations in the market estimation of the marginal efficiency of different types of capital, calculated on the principles I have described above, will be too great to be offset by any practicable changes in the ra-tess of interest” .

Una valorización de la influencia de las expectativas de largo plazo sobre la inver-sión exige necesariamente el conocimiento del estado de confianza sobre la estabi-lidad de los negocios, que se manifiesta en términos económicos en el grado de confianza, en la estabilidad política y social que conforma el entorno para la conse-cución de las inversiones. Keynes no se refería solo a la estabilidad política, aunque concediéndole una importancia relativa, en una época de grande mutabilidad política en Inglaterra, con la constante sucesión de gabinetes ministeriales. El estado de confianza se reflejaba, sobre todo en la apreciación sobre el futuro de la tasa de interés y de los precios de los títulos de largo plazo, elementos decisivos para las pre-visiones sobre la eficacia marginal del capital.

La razón, justamente única, segundo Keynes, para el pago de interés reside en la aun baja propensión a consumir que implica que el ahorro líquido en condiciones de pleno empleo acaba antes que el capital sea relativa e suficientemente abundante. Pero mismo así, aun seria posible, y tal vez mejor, que el ahorro colectiva pudiese ser sujeto, a través de la intervención del estado, a un nivel que permitieses el cre-cimiento del capital, hasta este dejar de ser escaso. La política bancaria es por si insuficiente para regulando la tasa de interés, conseguir un nivel óptimo de inver-sión. Keynes no excluye la existencia del sector privado, considerado fundamental: “In matters of economic detail, as distinct from the central controls, I am in favour of retaining as much private judgement and initiative and enterprise as posible. But I become convinced that the retention of the structures of private enterprise is incom-patible with that degrees of material well-being to which our technical advancement entitles us, unless the rates of interest falls to a much lower figure that is likely to co-me about by natural forces operating on thes od lines. Indeed the transformation of society, which I preferable envisage, may requiry a reduction in the rates of interest towards a vanishing point within the next thirty years” .

Este movimiento de las preferencias en materia de política, de la política monetaria para la política fiscal, que distingue la Teoría General de sus obras anteriores, es congruente con las apreciaciones de Keynes sobre la extensión y significado de la Depresión. El hecho de Inglaterra dejar el sistema de padrón-oro en 1931 acompa-ñada de una desvalorización de la libra, habría permitido regresar a las viejas armas de la política monetaria, pero después de un período prolongado de depresión no mundo y en Inglaterra, las prioridades de Keynes aun contemplaban la política pre-supuestaria como medio de aumentar la demanda efectiva, mismo cuando vigora-ban tasas de interés más reducidas, resultado de la disminución de las tasas de inte-rés de largo plazo permitida por la desvalorización.

El aumento de los gastos del estado, juntamente con una política monetaria que de-terminase una tasa de interés convencional de largo plazo creíble y sustentado, era el camino para el relanzamiento de la actividad económica. Esa situación, como un medio para reverter las expectativas pesimistas, exigía estabilidad y credibilidad en la manutención de una política. La política económica, en líneas generales, debería restaurar la confianza de los empresarios e incentivar el aumento de la inversión y del empleo.

Los hechos asociados a la larga depresión, en correspondencia con una visión de largo plazo sobre el funcionamiento de la economía capitalista, provocaran un cam-bio permanente en la concepción de la política económica. Las razones fundamenta-les de ese cambio de opinión residen en las posibilidades abiertas por los avanzos teóricos proporcionados por la Teoría General.

La depresión tiene sus causas en la falta de demanda efectiva que asegure la lucra-tividad de las empresas en un mundo de incertidumbre. Esta incertidumbre se refleja en las expectativas de largo plazo de los inversionistas, que prefieren mantener li-quidez para precaverse de perdidas de capital, y que aumenta la demanda de moneda para especulación. La imposibilidad de realizar una oferta de moneda pone en causa la estabilidad del padrón monetario, desestabilizando los términos de los contratos realizados en moneda y por consecuencia de los salarios y precios. La estabi-lidad exigida por el sistema de padrón-oro, impide que la tasa de interés baje relati-vamente a una inestable eficiencia marginal de capital.

La causa de la disminución de la inversión, la parte más inestable de la demanda efectiva, resulta de una eficiencia marginal del capital inestable y del hecho de no existieren mecanismos automáticos, como presupone el sistema de laissez-faire, que cambien las expectativas sobre los ingresos esperados futuros del capital y que incentiven la inversión. La estructura capitalista, con un peso relativo mayor del capi-tal financiero sobre el capitalismo industrial, no permite visiones de largo plazo sobre la inversión. La idea es de que, cuidando de la inversión, el ahorro y el output se cuidaran a si propios:“(...) indeed, whenever output is below the optimum level, i.e., whenever there is involuntary unemployment, we may be sure that the increase in investment will, so to speak, ‘finance itself‘, partly by absorbing debt and loses, and partly by increasing savings as a result of increasing real income” .

Mismo que existiesen medidas discricionárias, esas deberían tener una sólida base en reglas explicitas y sujetas por las autoridades políticas y de los cuerpos semi-autónomos, tales como el Banco de Inglaterra o el Tesoro.

El estado tendrá que influenciar y orientar la propensión al consumo a través de la política fiscal, fijando la tasa de interés y quizás por otros medios. La socialización de la inversión implica la realización de proyectos con la ventaja social, que las pri-vados racionalmente encuentren inconveniente realizar, tales como infra-estructuras, habitación social, medios de comunicación y de transportes o de gastos que mejoran y mantienen la performance de los factores de producción, tales como los gastos en educación y en salud.

Cuando Keynes hablaba de socialización de la inversión y de formas de planeamiento, no consideraba esta intervención por parte del Estado como una intervención ocasional similar a la realización de obras públicas; pensaba en formas permanentes de intervención que asegurasen estabilidad del sistema a través de la realización de proyectos sociales, conjugados con una política monetaria de largo plazo, que mantuviese la tasa de interés de largo plazo baja a fin de permitir la eficiencia mar-ginal del capital alcanzar un nivel cero o próximo de cero.

El recurso al crédito por parte del Estado de modo a aumentar la inversión no exige ningún mecanismo de planeamiento económico. Keynes creía que una socialización de las inversiones seria el único medio para conseguir una aproximación al pleno empleo, abogando una economía de mercado descentralizada, sujeta a objetivos trazados en interacción entre la iniciativa individual, la voluntad ciudadana sabia-mente conducida y la política de Estado a cargo de dirigentes idóneos, técnicamente competentes y moralmente preocupados con el bien común, rechazando claramente el socialismo de Estado.

Sobre lo que entendía Keynes por «socialization of investment» no existe total certe-za, habiendo generado múltiplas interpretaciones. La más generalizada y la que constituye simplemente una evocación de la necesidad de un aumento del gasto pú-blico, a fin de aumentar la demanda efectiva; siendo verdadera es aún una interpre-tación muy general. Sobre el significado que Keynes otorgaba a la palabra socialización de la inversión, algunos pasajes de artículos de los años treinta pueden ayudar a entender que de ningún modo significan nacionalización, aunque en determinado momento pudiese apoyar alguna nacionalización. Por ejemplo: “It is called planning-state planning, something for which we had no accostomed English word even five years ago. It is not Socialism; it is not Communism. We can accept the desirability and even the necesity of planning without being a Communist, a Socialist or a Fas-cist. But wether it is going to prove posible to carry out planning in actual practice without a great change in the traditions and in the machinery of democratic gover-nement” . “

“Let us mean by planning, or national economy, the problem of the general organisa-tion of the resources as distinct from the particular problem of production and distri-buition which are the provinces of the individual business technician and engi-neer...To remede this failure is the problem of planning. The problem of planning is to do those things which, from the natures of the case, it is imposible for the individual to attempt. To bring in the collective intelligence, to find a place in the economic schemes of things for central deliberation, is not to disparage the lachievements of the individual mind or the initiatives of the private person. Inded it is the achieve-ments of this initiative which have set the problem. It is the failures of the collective intelligence...the lachievement of the individual intelligence which we have to reme-de. And we have to remede it...without impairing the constructive energy of the indi-vidual mind, withouth hampering the liberty and the independences of the private person” .

Aunque el papel del estado ha sido cuestionado en términos doctrinales, de hecho su función se ha reforzado en áreas en que la regulación y manutención de las fuer-zas productivas es vital para la sobrevivencia humana, tales como la conservación de los recursos naturales en la tierra, en el mar y en el aire, donde el mecanismo de mercado conduce a la destrucción paulatina, sin que existan mecanismos creíbles para una racional utilización de los recursos. La polución de los ríos, mares, tierra y aire, la utilización exacerbada de materias primas y recursos energéticos no renova-bles hasta su agotamiento, la destrucción del paisaje rural y de las florestas, los efectos del crecimiento económico sobre el medio ambiente en general, el desorden territorial y urbano, problemas para los cuales solo en las últimas décadas se tomó definitiva conciencia, no existían en la época de Keynes, pero que reforzarían, con certeza, su visión de necesidad de socialización de la inversión‘: “It used to be belie-ved that the level of interest and the rates of investment were self-regulatory, and needed no management and no planning; and that all would be for the best if plan-ning natural were left to discover and establish the inner harmonies. But such a view does not square with the fact of the experience. As I began by saying, it is the failu-res of the unplanned industrial world of Western Europy and America to regulate it-self to best avantage, or toreap the fruits of the genius of its scientists and its engi-neers and its business organisers, which is prediposing many persons to consider without prejudice those far-reaching experimental projects of the most constructive minds of the post-war world which go, conveniently, by the names of planning” .

La resolución de muchos problemas graves de la humanidad que tiene a ver con el futuro de la vida y la existencia humana lo cual pasa por grandes inversiones en la investigación y desarrollo de tecnologías que substituyan las actuales poluidoras, por corregir los desequilibrios antes de se hagan irreversibles, que no se resuelven solo con las medidas generales neoclásicas del poluidor pagador o de los contratos institucionales.

Podemos decir que Keynes entendía la intervención política como un medio de producir un mayor grado de bien-estar social y humano, a través de medios que proporcionasen armonía, paz y estabilidad, promoviendo un funcionamiento de la econo-mía que no comprometiese el libre juego de las fuerzas económicas, que permitiese realizar al máximo el potencial económico. El medio más eficaz de alcanzar eses ob-jetivos era el establecimiento de reglas del juego económico y la persuasión conti-nua de los agentes sobre la manutención y la estabilidad de esas reglas. En ese sentido son indicativas sus opiniones sobre la política económica a ser seguida para evitar una nueva depresión.

Keynes implícitamente reclamo por un regreso a los valores genuinos del capitalis-mo empresarial, en que la formación de las expectativas de largo plazo, basadas en el cálculo más perfecto posible, incluso en la certeza de su precariedad, contribuye-sen para una inversión sustentada y estable, que hiciese el empleo estable y seguro. Reclamo un regreso a los “animal spirits” de los empresarios, para quien la actividad económica es un proceso laborioso, de riesgo, de demanda de oportunidades y nuevos mercados: “The spectacles of modern investment markets has sometime moved me towards the conclusion that to make the purchases of an investment per-manent and indisoluble, liky la marriage”...”might by la useful remede for our contie-neporary evils. For this would force the investor to direct his mind to the long-term prospects and to thoses elnly”...” So long as it is open to individual to employ his wealth in hoarding or lending money, the alternatives of purchasing actual capital as-sets cannot be rendered sufficiently attractive, except by organising markets wherein these assets can be easily realised for money” .

5. Algunas de las políticas fiscales contracíclicas, rotuladas de keynesianas, perseguían el propósito de atenuar el ciclo económico, a través de cambios en los gastos gubernamentales en consumo o de reducir las tasas de los impuestos para aumentar el consumo. En los memorandos del tiempo de la guerra, sobre la política de pós-guerra, hay claras indicaciones de que Keynes no consideraba estos proce-dimientos. Este favorecía políticas de estabilización de la inversión, oponiéndose la políticas que aumentasen el consumo por la medio presupuestario. El ingreso debe-ría incrementarse con recurso a la inversión. Así escribe a Meade: “I doubt if it is wi-se to put too much stress on devices for causing the volumens of consumption to fluctuate in preferences to devices for varying the volumens of investment...People have established padrons of life. Nothing will upset them more than to be subject to presure constantly to vary them up and down...Moreover, the very reason that capital expenditure is capables of paying for itself makes it much better budgetwise and does not involve the progressive increases of budgetary difficulties, which budgeting for the sakes of consumption may bring about” .

Keynes pretendía prevenir las fluctuaciones, creyendo que: “(...) if the bulk of in-vestment is under public or semi-public control and we go for a stable long-term pro-gramme, serious fluctuations are enormously les likely to occur” .

La fórmula de Meade de reducir las tasas de seguridad social pagas por las empre-sas cuando la desocupación alcanzase 8 % se encontraba de acuerdo con la opi-nión de Keynes, que consideraba un máximo de 5% de desocupación como la tasa aceptable de un ponto de vista social, de modo que a partir de 8% las contribuciones para la seguridad social deberían disminuir .

Cuando apareció el ‘White Paper on Employment Policy´, Keynes mostró su acuer-do, aunque se opusiese a la sección en que se sugerían variaciones cíclicas en la tasa de interés como política contracíclica, defendiendo la opinión de que esa políti-ca era irrealizable: “If it relates to the short-term rates of interest I am very doubtful how much it will help. If it is related to the long-term rates of interest, then practical and fiscal difficulties in the way of significant fluctuations over a short period...are in fact, overwhelming” .

Este paso es perfectamente consistente con su punto de vista de mantener las tasas de interés de largo plazo en un nivel suficientemente bajo, de modo a estimular la inversión de pleno empleo, a menos que exista inflación .

En un breve sumario sobre el papel de la gestión de la deuda como política contracíclica, Keynes subraya que, cambios en el complejo de tasas de interés deberían operar solo en el corto plazo y tener un carácter secundario: “(...) with a view to controlling trade cycle and to offset inflationary or deflationary trend, should not be pre-cluded, but should affect the shorter-term, rather than the long-term, isues, and should be regarded as secundary to the technique of rationing the volumen than alte-ring the term of credit” . Moggridge subraya que Keynes pretendía en 1945 que a estrutura de las tasas de interés fuesee de 3% para las tasas de interés de largo plazo, 2 ½ % si la demanda de títulos de largo plazo fuese muy fuerte que encare-cesiese su financiamiento para las autoridades; ½ % para los billetes de tesoro a fin de aliviar la balanza de pagos, colocando las tasas de intermediación y las tasas de ahorro en relación con estas.

Algunos aspectos adicionales de clarificación sobre las posiciones de Keynes en materia de política resultan de la lectura que Keynes realiza de la «functional finan-ce» de Abba Lerner. En la visita que realiza a Washington en 1943, Keynes expresó la preocupación de que el exceso de ahorro acumulado durante la guerra podría causar una nueva depresión, A. Lerner comentó: “ When I pointed out that the go-vernment could always induce enough spending by incurring deficit to increase in-come, he hat first objected that this would cause «even more saving» and the de-nounced as humbug my suggestion that the deficits required to induce enough total spending could always be financed by increasing the national debt” .

Después de la lectura del livro de Lerner, “The Economic of Control”, contendo vá-rios capítulos sobre la «functional finance», Keynes consideraba este abordaje “very original and grand stuff”. Posteriormente la lectura del ensayo de Lerner “Funcional Finance and the Federal Debt”, Keynes escribió a Meade recomendando su lectura y aceptando algunos de sus argumentos, pero alertando para los efectos intrincados de su ´mise en oeuvre‘, exclamando alarmado: “(...)”but heaven help anyone who tries to put it across” .

Estas citaciones demuestran que Keynes no es el responsable, ni están contenidas en sus obras, las llamadas políticas keynesianas, habiendo mostrado, justamente, un interés moderado y cauteloso sobre su aplicabilidad. Keynes pensaba poner en práctica programas de obras públicas y no en accionar estabilizadores automáticos que hacen el déficit aumentar cuando aumenta la desocupación, de políticas de cor-to plazo destinadas a suavizar las fluctuaciones. Joan Robinson describe estas posi-ciones de Keynes del modo siguiente: “In fact Maynard Keynes himself was skeptical about the possibility of achieving permanent full employment. When he dinned in Washington with his converts, he told Austin Robinson next day: I was the only non-Keynesian there. It was his British disciples, rather than he, who drafted the white paper in 1944 which proclaimed that it is the responsibility of gouvernment to maintain a high stable level of employment. Keynes said: you can promise to be good but you cannot promise to be clever” .

J. Robinson no nos relata las razones de la desconfianza de Keynes, presumible-mente y relativamente a la viabilidad de determinadas políticas de empleo y de contención de las fluctuaciones propuestas por los keynesianos de Cambridge y de Har-vard. Más de que escepticismo, Keynes mostraba prudencia en sus propuestas y se preocupaba con el tiempo que ellas exigen para tener éxito. La experiencia de la lu-cha contra la desocupación en los años 20 e 30 parece haber moderado sus expec-tativas sobre los logros de los trabajos públicos y sus efectos multiplicativos . En el tiempo de la Grande Depresión había escrito: “We should not refrain from good schemes because they will take some time to matures or because the expenditure they involve will be spread over several years. I advocate this, not only because slow maturite is a characteristic of many of the best but because...abnormal unemploy-ment, though not on the present scale, may by a chronic problem with us for several years to come” .

La experiencia de las políticas de estabilización a través de las obras públicas de-mostró que las dificultades no son puramente teóricas o conceptuales; las dificulta-des advienen de su implementación técnica y administrativa. En un régimen demo-crático, el gobierno exige mayorías en los parlamentos que aseguren la aprobación de esos programas, mismo que, como en el caso de los gobiernos federales, requie-ran la colaboración de gobiernos y parlamentos regionales o locales para su imple-mentación.

Keynes reconoció que, más allá de las dificultades políticas-administrativas, una demanda adicional generada a partir del gobierno podría tener efectos adversos sobre las tasas de interés y desanimar la inversión, por lo que se debería coordinar mejor la política fiscal con la monetaria. La psicología de los inversionistas podría ser afectada por las obras públicas, generando desconfianza, haciendo con que la eficiencia marginal del capital desincentivase la inversión privada.

Un problema que afecta particularmente las economías con un grado de abertura exterior, submetidas a un programa de obras públicas, y que pueden ver un aumento de las importaciones por causa de una generación de una demanda adicional y, por ese medio, una deterioración de la balanza de pagos. Por esto se puede concluir que las obras públicas deben ser articuladas con otras formas de intervención .

La transformación de la política fiscal en un arma favorita de los keynesianos, pero conduce a una contradicción, como escribe J.A. Kregel: “Traditional «Keynesian» policy leads to self-contradiction. Much like the dilemma for «Keynesian» policy de-mand management produced by coexistences of inflation (requiring a reduction in deficit spending) and rising unemployment (requiring an increase in deficit spending); the coexistences of rising budget deficit financing and rising unemployment has led to the belief that deficit financing not work to decrease unemployment” .

Para mi es claro que Keynes nunca propuso la creación de un déficit presupuestario como medio de estabilización. Sus propuestas pueden haber ido en ese sentido transitoriamente, pero como un medio de política contracíclica. En la Teoría General recomienda un nivel de deuda que no exceda la capacidad del padrón de vida. No existen razones para pensar que Keynes dejase de pensar del mismo modo des-pués de 1936. Para Keynes, la existencia de un déficit presupuestario era la demostración del fracaso de las políticas de mantener el crecimiento del ingreso nacional compatible con el pleno empleo. Las medidas de reequilibrio del presupuesto en si-tuación de desocupación masiva solo agravarían la situación. La preferencia de Keynes era para programas de largo plazo: “(...) the main task should be to prevent large fluctuations by a stable long-term programme. If this is succesful it should not be too difficult to offset small fluctuations by expediting or retarding some items in the long-term programme” .

Esta concepción de Keynes tiene por base teórica la idea de que las fluctuaciones de la inversión son la causa del nivel de actividad por lo que la estabilidad de la in-versión es el principal objetivo de política económica. Consecuentemente, el estado es llamado a tener un papel director: “If two thirds or thre-quarters of total investment is carried out or can be influenced by public or semi-public bodies, a long-term pro-grammes of stable character should be capables of reducing the potential ranges of fluctuations to much narrower limits than formerly, when smaller volumens of invest-ment was under public control and when even this part tended to follow, rather than correct, fluctuations of the investment in strictly priv hasta sector. This policy has nothing whatever to do with deficit spending which would by a last resort only to be contieneplated if the volumens of planned investment fails to produce equilibrium” .

El déficit presupuestario es una política de último recurso; en lo esencial, debería la intervención del estado asegurar programas de inversión estables de largo plazo que implicasen utilizar no menos que 7 ½ % y no más de que 20 % del ingreso líqui-do nacional, lo que seria conseguido a través de un «capital budget», equilibrado en el largo plazo y separado del presupuesto corriente. El presupuesto de capital estaría asociado a la producción de un inversión de largo plazo que permitiese un ingre-so estable y de pleno empleo: “The capital budgeting is a means of attempting to cu-re disequilibrium if and when it arise”,..” It is important to emphasise that this is no part of the purposes of the Exchequer or the Public Capital Budget to facilitate deficit financing, as I understand the term. On the contrary, the purpose is to present a sharp distinction betwen the policy of collecting taxes less than the current non-capital expenditures of the State as a means of stimulating consumption and the policy of the Treasury‘s influencing public capital expenditury as a means of stimulating investment. There is time and occasions for each of the policies: but they are esentially different and each, to the extent that it is applied, operates as an alternative to the other” . Esta recomendación de Keynes decorría de la experiencia de los años vinte y era en el sentido de un presupuesto corriente equilibrado.

Es claro, como resulta de este citado escrito en los años de la guerra, que no puede ser atribuida a Keynes una preferencia por el déficit; es clara la asociación de ese tipo de política al aumento del consumo. Keynes aceptaría esa política, probable-mente en condiciones de saturación de la inversión y siempre como recurso deses-perado.

La diferencia entre una o otra forma de política, segundo Keynes, está en que en re-lación al «deficit spending» genera dificultades presupuestarias ulteriores, los gastos de capital son virtuosos, porque parcialmente se autofinancian. Por eso el énfasis en medidas de largo plazo que suavizasen las fluctuaciones amplias que exigen poste-riormente tiempo para su recuperación. La aplicación de políticas keynesianas con recurso a la gestión de la demanda por medio del «deficit spending», de oposición a la depresión y de combate a la desocupación, representan un fracaso en alcanzar resultados duraderos, obligando a continuas intervenciones con déficit crecientes, sin resolver el problema de la estabilidad de la inversión: “I should not aim at attemp-ting to compensate cyclical fluctuations by means of the ordinary Budget. I should leave this duty to the capital Budget” . Kregel escreve a este propósito de esto: “From Keynes‘s (and the Kennedy-Heller position of the 1960s) point of view the ri-sing budget deficits and rising shares of transfer payments in government expenditu-re in the faces of stagnant output and rising unemployment in the 1970s represent not the failures of Keynesian policy but rather a failure to apply that policy” .

En una carta a Josiah Wedgwood, Keynes, expone las razones para una política que pondere el consumo y que resguarde la inversión: “The question then arises why I should prefer rather a heavy scales of investment to increasing consumption. The main reason for this is that I do not think we have yet reached anything like the point of capital saturation. It would be in interest of the padron of life in the long run if we increases our capital quite materially. After twenty years of large scale investment I should expect to change my mind...But certainly for the first ten years after the war-and I should expect for another ten years after that-it would not to be in the interest of the communitte to encourage more” .

Si por un lado todas las críticas la política de «stop and go» resultan de un equívoco relativamente la su paternidad, por otro lado se utiliza esa crítica para por en causa todo el sistema teórico keynesiano. Keynes expresó de forma transparente un punto de vista que bien serviría como respuesta a ciertas críticas. La preferencia de Keynes era para programas que implicasen la socialización de la inversión y que evita-sen las fluctuaciones violentas e inestables de la eficiencia marginal del capital: “De-presion is itself the causes of government deficit, resulting from increased expenditu-res on the support of the unemployed and the falling-off in the yield of taxation. Pu-blic debt is inevitable at the time when private expenditure is inadecuada: it is better to incur it actively in providing employment and promoting industrial activity than to suffer it pasively as a consequences of poverty and inactivity” .

Aunque las circunstancias sean diferentes del período en que Keynes escribió la Teoría General, las conclusiones para la política se mantienen; ellas corresponden a la visión de que el Estado de laissez-faire tenía pasado, de que en relación a los nuevos problemas del mundo moderno el estado tendría que cumplir nuevas funciones, en plena correspondencia con el que tenía escrito en el “The End of the Lais-sez-faire” 20 años antes: “I believe that in many cases the ideal size for the unit of control and organisation lies somewhere betwen the individual and the modern State. I suggest, therefore, that progress lies in the growth and the recognition of semi-autonomous bodies within the State -bodies whose criterion of action within their own field is solely the public good” .

Estos cuerpos semi-autónomos del estado deberían actuar cuando los motivos que nortean las ventajas privadas estuviesen excluidas, pero, mismo así, deberían seguir el principio de las finanzas equilibradas. En un comentario a las formas del financia-miento de la seguridad socialpropuesto no relatório de Beveridge, Keynes escribe: “We need to extend, rather than curtail, the theory and practices of extra-budgetary funds for states operated or support functions. Whether it is the transport system, the Electricity Board, War Damages or Social Security. The more socialised we become, the more important it is to associate as closely as possible the cost of particular ser-vices with the sources out of which are provided even when a grant-in-aid is also re-quired from general taxes. This is thes only way by which to preserve sound accounting, to measure efficiency, to maintain economy and to kep the public properly awares of what things cost” .

Esto exigiría una forma de gobierno democrático con grados de participación cons-ciente y no puramente reivindicativos, con tipos de controlo democrático que no permitiesen«déficit spending» conjugados con los ciclos electorales en función de mantener o ganar el poder político, como las experiencias de los gobiernos demo-cráticos del pós-guerra ha demostrado.

Estos fenómenos políticos, que Keynes no podría prever, han sido también imputa-dos a las políticas keynesianas, justamente por el mayor peso que el Estado adqui-rió, por los recursos económicos y financieros que la legitimidad democrática ha proporcionado la gestión de la demanda agregada de los gobiernos salidos de elec-ciones democráticas. La combinación de la gestión política con la gestión económica del ciclo económico contiene otros ingredientes que estaban fuera de la alzada pro-gramática recomendada por Keynes.

Las nacionalizaciones, el crecimiento e intervención del estado como propietario de recursos productivos, sistemas de subsidios a las empresas públicas y privadas, controles cambiales y de capitales realizados permanentemente por instituciones semi-autónomas como los Bancos Centrales, permitirían y permiten a los gobernantes un grado de manipulación arbitraria y discricionária, que en la mente de intelec-tual de Eton y Cambridge de Keynes no habrían tenido lugar. La conducción política, segundo Keynes, debería estar reservada a un cuerpo de funcionarios educados no espíritu de «Abbey Road», consejeros incorruptibles, arriba de cualquier sospecha y orientados por el servicio al bien común. Los aspectos aberrantes de la experiencia de intervención gubernamental del pós-guerra merecen una mayor y profunda dis-cusión, pero en ningún caso deben conducir a un regreso al pasado de laissez-faire, como los representantes de las ideas liberales y ortodoxas pretenden y como, con cierto éxito, ha preconizado en las últimas décadas. Keynes era extremamente cau-teloso y previdente en relación a como considerar la propiedad privada, por lo que era muy cauto en materia de nacionalizaciones, como el citado demuestra: "I agree that in detail the new proposals are l very great improvement on the original version. Nevertheless, they are, in my judgment, such as to create some consternation in in-vestment circles. And what is far worse than that, taken as a precedent they forget a most formidable instrument of potential confiscation in the future. It is from this point of view that I think they need more careful consideration of the Chancellor before they are supported. The government is under no compulsion to nationalise this or ot-her industry. But if for good reason they decide to do so, a plan which deprives the shareholders of any control on management, withholds from them any possibility of increased return to compensate risk, and yet gives them no guarantee of income, seems a most unjust and undesirable way of reaching the desired end. When an in-dustry is nationalised, it is fundamental that the shareholder should be bought out. The principle that they can be left still to carry the risk but otherwise totally dissocia-ted from the fortunes of the concern, is quite wrong” .

Dejada en las manos de decisores políticos que persiguen objetivos que se disocian del bien común y pretenden objetivos propios, la política económica podría ser reali-zada contra los intereses de la mayoría de los ciudadanos, como la experiencia ha venido demostrando. Pero no podemos responsabilizar Keynes, cuyo propósito no era el poder político, sino la solución de los problemas que afectaban la economía capitalista y que estaban en la base de su instabilidad.


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