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J.M. KEYNES, EL PROFETA OLVIDADO

Mario Guillermo Gómez Olivares

 

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2.7.1. La crítica al mercado de trabajo neoclásico

En el período de preparación de la “Teoría General” Keynes sometió la teoría clásica del mercado de trabajo a una crítica enérgica, colocando en evidencia el carácter inadecuado de su segundo postulado.

Los argumentos clásicos sobre las fuerzas que determinan el volumen de empleo asentaban en dos postulados: primero, el salario es igual al producto marginal. El salario de una persona empleada es, en cualquier tipo de equilibrio, corto o largo, igual al producto que sería perdido si el empleo fuese reducido a una unidad, nada más marshaliano; segundo, en equilibrio, la utilidad del salario, dado el volumen de trabajo empleado, es igual a la utilidad marginal de ese volumen. El primero postulado nos da la función de la demanda de trabajo, la segunda la de la oferta. Cuando la oferta Ns iguala la demanda Nd, el empleo de la teoría clásica está determinado.

El primero postulado significa que, dada una técnica de producción, existe una correlación única entre los salarios reales y el volumen de empleo, de modo que un incremento en el empleo puede solo resultar de una disminución de la tasa de salario real.

La teoría clásica de la determinación del volumen de output y del empleo no fue desarrollada, pero es obvia, siendo el aumento del empleo solo posible se a) aumentar la productividad marginal del trabajo; b) si disminuir la desutilidad del trabajo; y c) si aumentaren los precios de los bienes no-salariales en relación a los precios de los bienes salariales, lo que provocaría un aumento de la demanda por parte de las personas no-asalariadas de bienes no-salariales en relación a los bienes salariales. Ciertos tipos de desempleo son compatibles con estos postulados: la desocupación friccional, la desocupación voluntaria, y también la estacional. La desocupación es considerada voluntaria si existe rechazo por parte de una unidad de trabajo en aceptar para un trabajo dado una remuneración inferior a su producto marginal.

La explicación de la teoría clásica sobre el desempleo se basa en la suposición de que una reducción del salario monetario equivale a una reducción del salario real. Keynes niega que el salario real sea determinado por el salario monetario, justamente ambos son determinados por otras fuerzas . El verdadero teste a la teoría clásica no está en saber si los trabajadores aceptan un salario monetario inferior, sino en si abandonan el trabajo cuando el salario monetario es inferior a su producto marginal, considerando que en el mundo actual los salarios son monetarios.

Para Keynes, los trabajadores no abandonan su servicio cuando el producto real de sus salarios es inferior, pues una reducción de los salarios no provoca una disminución de la oferta de trabajo..

Keynes no niega que una disminución de los salarios reales afecte positivamente el empleo, lo que afirma es que los salarios reales son determinados por otras fuerzas y que esas fuerzas sólo determinan el volumen de empleo. Como la teoría clásica asume que el rechazo en aceptar un salario monetario más bajo equivale al rechazo en aceptar un salario real más bajo, el trabajo como un todo puede hacer con que los salarios reales disminuyan, comprimiendo suficientemente los salarios monetarios. Se no fuera el caso, argumenta Keynes, el volumen del empleo no dependerá del nivel de los salarios monetarios.

La posición de Pigou, que Keynes selecciona como representativa de la posición clásica, asentaba en el principio de que la demanda no baja porque se mantienen los ingresos no-salariales, es decir los lucros. El problema, según Keynes, es que, cuando los lucros y los precios caen en la misma proporción que los salarios monetarios, -a menos que los empresarios gasten más de sus ingresos o que las condiciones en el mercado monetario hagan reducir la tasa de interés (si los precios bajasen y la tasa de interés disminuir, menos dinero será necesario para las transacciones) -, ocurre que el valor del dinero cambia sin ninguna alteración en el salario real. Pero si el artificio de una caída de los salarios monetarios no resultar, el argumento formal de que una caída en los salarios monetarios está asociada a una caída de los salarios reales, no se sostiene.

La lucha por los salarios monetarios es de hecho, una lucha por la distribución del montante total de los salarios entre los salarios. Los sindicatos se oponen a una disminución de los salarios monetarios, pero no se oponen a pequeñas reducciones en los salarios reales a través de un aumento de los precios.

El argumento clásico presupone que los factores de producción son remunerados con una parte predeterminada del producto total de la industria, y no con cantidades en dinero; la teoría clásica presupone una economía cooperativa. En una la economía cooperativa existe una tendencia para una recompensa óptima, los desvíos son causados por la intervención de los sindicatos o por fallas de los gobiernos. Los economistas piensan en CMC1 en relación que las negociantes piensan en MCM1:“Marx says when M1 tended to exced M, the capitalist get as much purchasing power that there is not enough balances elr remainder for buying the commodities. la crisis then debelops, M1-M goes negativy and capitalists lose heavely. There is a kernel of truth in Marx‘s Theory” .

Es decir, como M1 M tiende a ser negativo, existirá una tendencia para la deflación y el desempleo. Para la teoría clásica M1 M.

Las fluctuaciones en la relación entre ingresos obtenidos a través del output corriente e ingresos gastos en consumo, se puede llamar fluctuaciones en la demanda efectiva. Un mayor gasto provoca un exceso de demanda efectiva (inflación), un gasto menor genera un déficit de demanda efectiva (deflación). Si los factores son pagos en moneda y gastan todo su ingreso monetario comprando el output corriente, la economía es neutral. La esencia de una economía neutral es de que los ingresos que resultan del output corriente son completamente gastos en el mismo. En una economía neutral, no existe ni exceso ni déficit, por lo que los precios, el empleo y los salarios reales son estables. La oferta crea su propia demanda, presuponiendo una demanda efectiva constante. El problema está en la fluctuación de la demanda efectiva.

La teoría clásica solo puede admitir que la no-reducción del salario real es fruto de las acciones combinadas de los sindicatos. Keynes rechaza que los trabajadores puedan determinar el salario real a través de la negociación de diferentes salarios nominales y por ese medio cambiar el salario real. Los asalariados como un todo no pueden hacerlo, porque ellos sólo deciden su salario nominal, y si los salarios bajan, disminuyen los lucros y los precios, dejando el salario real inalterado. No existe ninguna fuerza en el mercado de trabajo que haga con que los salarios reales igualen la desutilidad marginal del trabajo.

Posteriormente, cuando Keynes escribe la Teoría General, reelabora su crítica sin cambiar lo esencial, continúa a aceptar sin grandes objeciones el primero postulado de la teoría clásica: el salario debe ser igual al producto marginal del trabajo. Esto puede se interpretar como la aceptación y aplicación del análisis marshalliana de corto plazo, en que las condiciones técnicas y la cantidad de medios de producción no cambian y, en que el producto marginal disminuye con el aumento del empleo, es el espíritu de Ricardo omnipresente y la hipótesis de rendimientos decreciente.

Pero Keynes rechaza de manera definitiva la validad del segundo postulado, el cual afirma que la utilidad del salario, cuando se usa un determinado volumen de trabajo, es igual a la desutilidad marginal de ese mismo volumen. Según la teoría clásica, el trabajador puede escoger entre aceptar un salario que aumente su utilidad marginal o dedicar más tiempo al descanso, si esa utilidad fuese inferior al salario recompensado, en consonancia con la hipótesis del agente maximizador. Así, existiría solo desempleo voluntaria.

Keynes rechaza que una disminución del salario real, por el aumento de los precios, cuando los salarios monetarios permanecen inalterados, iría forzar una disminución de la oferta de trabajo al nivel de salario corriente, abajo del volumen de empleo anterior a la subida de los precios. El postulado clásico sobre la conducta de los trabajadores equivale a decir que aquellos que estuviesen dispuestos a trabajar al salario corriente se retirarían del mercado si el costo de vida se elevase ligeramente. Keynes subraya que, en el caso de disminución de los salarios, ni los ocupados ni los desocupados disminuirían su oferta de trabajo. El salario monetario equivalente en la forma de bienes de consumo no representaría la desutilidad del trabajo, pues los asalariados estarían dispuestos a trabajar por un salario más bajo .

Keynes objeta fundamentalmente que los contratos y negociaciones entre empresarios y trabajadores determinen el nivel del salario real. Los trabajadores no se opondrían a la disminución de su salario real si hubiese un aumento del volumen total de ocupación, a menos que existiese una amenaza extrema de una disminución del salario real abajo de la desutilidad del trabajo del volumen de empleo existente. Esto implica que los sindicatos resisten a la disminución de los salarios reales, pero que pueden aceptarlo si eso contribuye para aumentar el empleo, justamente:“ The traditional theory maintains, in short, that the wage bargains between the entrepreneur and the workers determine the real wage; so that, asuming free competition amongst employers and no restrictive combination among workers, the latter can, if they wish, bring their real wages into conformity with the marginal disutility of the amount of employment offered by the employers at that wage” .

Este presupuesto no es consistente con la propia teoría clásica, que hace depender los precios del costo marginal medido en dinero y del hecho de los salarios nominales influenciaren ese costo. Si los salarios monetarios varían, cambian también los precios, dejando los salarios reales no mismo nivel anterior, lo que los clásicos no aceptan, en parte porque presuponen que las trabajadores fijan el nivel de salario real compatible con el pleno empleo en las negociaciones colectivas, y en parte porque acreditan que las precios son determinados por la cantidad de moneda.

Digase, justamente, que Keynes, en la Teoría General, se olvida de referir que los lucros se deben reducir juntamente con los precios, pues solamente así hace sentido su afirmación de que, cuando bajan los salarios monetarios y los precios, los salarios reales se mantiene intactos. Esta falsa confusión creada por Keynes deja inalterado el hecho que una disminución del salario nominal tiene efectos sobre las expectativas del consumo y por ese medio, sobre la demanda efectiva. No existe un mecanismo que al hacer disminuir los salarios reales aumente la demanda efectiva, pues esta disminución de los salarios reales debería provocar una disminución de la tasa de interés e incentivar la inversión. Keynes estaba consciente de la rigidez de los salarios monetarios; admitiendo que una disminución de la unidad salarial aliviaría los costos marginales, pero contestaba que ese alivio llevase la tasa de interés a reducirse, por lo que consideró la rigidez de los salarios nominales menos importan-te que la rigidez de la tasa de interés. La primera objeción es más importante que aquella que Keynes considera fundamental: los trabajadores no abandonan su empleo cada vez que el salario real disminuye, es decir, cuando la desutilidad del trabajo y mayor que el salario.

La objeción, más teórica, al segundo postulado clásico, de que el nivel de los salarios es directamente determinado por las negociaciones colectivas, obligará Keynes a una explicación teórica sobre las fuerzas que determinan ese nivel. La razón es que no existe movilidad perfecta del trabajo que haga con que el nivel de salarios se iguale, lo que es por si solo razón suficiente para que los trabajadores se opongan a la disminución de los salarios monetarios; la atención de los trabajadores estaría más centrada en la manutención de sus salarios relativos en relación al salario relativo de otras categorías profesionales. Keynes pretendió sobre todo demostrar la existencia del desempleo involuntario, que los clásicos no admitían: “Men are involuntary unemployed if, in the event of a small rise in the prices of wage-goods relatively to the money-wage, both the aggregate supply of labour willing to work for the current money wage and the aggregate demand for it at that wage would be greater than the existing volumens of employment” .

Esta definición coloca en relevo que tanto la oferta agregada de trabajo como la de-manda agregada de trabajo al nivel del salario corriente, están arriba del volumen de empleo.

Para Keynes, la teoría clásica asenta en un caso especial, el caso del pleno empleo: cuando se verifica una reducción de los salarios reales provocada por un crecimiento de los precios de los bienes-salarios los trabajadores no disminuyen su oferta de trabajo. La paradoja está en que el comportamiento correcto de los trabajadores se-ría el abandono transitorio del mercado de trabajo. Los trabajadores actuarían correctamente al abandonar transitoriamente el mercado de trabajo, aunque de ese abandono resultasen enormes problema para su situación social, por lo que la aplicación de la teoría clásica a las situaciones de desempleo involuntario es problemático:“ We need to throw over the second postulates of the clasical doctrine and to work out the behaviour of the system in which involuntary unemployment in strict sense is possible”

Si el mercado de trabajo, en el sentido neoclásico, no explica la desocupación en una situación de desempleo acentuado y persistente, es inevitable la adopción de otras hipótesis sobre la conducta de los individuos y, sobre todo, la discusión de las fuerzas que determinan el nivel del empleo y de las causas del desempleo.

En la crítica de Keynes al mercado de trabajo tradicional está implícita una situación diferente de la analizada por los clásicos. Estos parten de un caso en que el empleo es determinado por los comportamientos de las empresas y de los trabajadores, que se manifiesta en las demandas y ofertas de trabajo respectivamente; las empresas ofrecen un salario que corresponde al producto marginal del trabajo, pero los trabajadores rehúsan cualquier salario que no compense el esfuerzo; es el encuentro de estas dos fuerzas que determina el salario y el empleo, los cuales están correlacionados. Se todo el mundo se comportar racionalmente, se un ajuste y, de ese modo, los recursos serán afectados con eficiencia. Esto se verifica en situación de pleno empleo, aunque deba ser explicado que existe aquí una confusión relativamente al tipo de salario determinado. Los clásicos establecen el salario real, al paso que, para Keynes, solo se puede estipular el nominal. El salario monetario y el real coinciden solo en una la economía neutral.

Keynes, contrariamente, parte de una situación de equilibrio con subempleo. Por eso su crítica solo hace sentido se este raciocinio, implícito en su definición de desempleo involuntario, fuese considerado, el mecanismo de ajuste basado en el ajuste del salario monetario las cantidades demandadas de trabajo, no se aplica en situaciones de subempleo. El segundo postulado no tiene carácter general, es un caso particular. La crítica del segundo postulado asenta en la rehúsa de los presupuestos que configuran el comportamiento de los trabajadores como siendo válido para todas las situaciones. Los trabajadores, mismo que quisiesen, no podrían determinar el salario real, solo el salario monetario. En una economía monetaria el salario es influenciado por la demanda efectiva, por lo que si los salarios monetarios bajan, disminuyen también los costos marginales y los precios. El efecto benéfico provocado por una caída de los salarios sobre la tasa de interés no se produce, y el desempleo persiste. De esta crítica resulta inevitablemente la necesidad de investigar una otra teoría de la determinación del salario real, y, de saber por que los salarios se comportan evitando la caída del salario nominal, o dicho de otro modo, si es racional defender el nivel del salario monetario y se esa defensa ayuda al reequilibrio del sistema.


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