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J.M. KEYNES, EL PROFETA OLVIDADO

Mario Guillermo Gómez Olivares

 

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2.5.2. Sistema monetario y laissez-faire.

Cuando Keynes discute el sentido del laissez-faire para su tiempo, la cuestión que le preocupaba de modo permanente era la evolución del sistema monetario y su integración en la totalidad del sistema económico. Dicho de otro modo, se cuestionaba como el arreglo monetario utilizado servía el orden capitalista en su funcionamiento o si impedía el normal funcionamiento de la coordinación económica. En general, sobre el modo de apreciar esa materia, Keynes estaba en desacuerdo con la sus congeneres economistas de su época.

Según Keynes, el papel de la estabilidad del valor de la moneda fue vital para crear una clase de inversionistas confiantes en futuro de sus ahorros no-inmobiliarias, posibilitando con eso el desarrollo del mercado de capitales . En relación a la estabilidad del valor de la moneda, crecieran en todo el mundo capitalista los propietarios del dinero, en la forma de títulos de ingreso fijados en moneda legal: al ahorro de la clase media. El hábito y la experiencia ventajosa transmitieran seguridad a tales inversiones.

El fin del ‘mundo siglo XIX’, con los efectos de la guerra y de la política monetaria de intereses altos, subvirtió esa orden, poniendo fin a la propiedad en títulos, depreciando el valor de los títulos, obligaciones, acciones, hipotecas, depósitos bancarios, etc., de lo que resulto necesariamente un cambio en la psicología social del inversionista de la clase media:“(..) he who neither spent nor ‘speculated‘, who made ‘proper provisions for his family‘, who sang hymns to securite and observed most straitly the moral of the edified and the respectable injections of the world wise” .

De la depreciación de la moneda fueron beneficiados todos aquellos que mantenían deudas fijas, incluyendo el gobierno. Esta distribución de la riqueza permitió transformar las antiguas deudas en nuevas riquezas, flexibilizando la distribución rígida que resultaba de las herencias, de la transmisión de la propiedad. La necesidad permanente, y por veces tumultuosa, del financiamiento del estado y de las necesidades de la clase deudora, permitió que la inflación siguiese un proceso continuo.

Keynes extrae de la observación de estos hechos la conclusión de que no se puede combinar la organización social desarrollada durantes el siglo XIX, no es justo ni seguro hacerlo, con una política de laissez-faire relativamente al valor de la moneda en el siglo XX, por lo que:“ If we are to continue to draw the voluntary saving of the community into ‘investment‘, we must make it primes object of a deliberate State policy that the padron value, in term of which they are expresed, should be kept stable” .

La manutención de una situación de desvalorización monetaria llevaba a lucros fáciles y a la continua revisión de las expectativas, a un drenaje de los recursos de los bancos y a la especulación. El empresario perdía su instinto conservador, pesando en su psicología los lucros momentáneos y no los lucros normales de la actividad de largo plazo de los negocios normas. Este cambio en la psicología del empresario lo hizo voraz y dispuesto a luchar por mantener ese nuevo nivel de lucros; se procesa una perdida del auto confianza que hacia su actividad legítima y socialmente acepte .

Así, la transformación del empresario, de capitán industrial a ‘sanguijuela financiero‘, dio un golpe duro en el equilibrio psicológico que proporcionó la existencia de recompensas desiguales en el pasado; el sistema capitalista, que tenía como doctrina económica la existencia de ‘lucros normales‘, perdió la justificación de que la recompensa de esos lucros seria proporcional a la contribución a la sociedad. Este puede ser considerado un aspecto vital de la modificación de la conducta de los empresarios, pero es también un otro aspecto de la desvalorización de la moneda, la cual, si por un lado sancionaba la inversión, por otro desacredita a la empresa . Pero esta situación de perturbación del padrón de valor generaba confusión en la relación ahorro-inversión, consumo-ahorro, capital-ingresos, haciendo que una comunidad pudiese a estar a vivir de sus recursos productivos futuros sin saberlo.

El efecto perturbador de la guerra en la economía, con la destrucción de parte de la riqueza, recoloco el problema de la necesidad del crecimiento económico. Keynes observa la perdida de la capacidad de invertir, la falta de clima de confianza de los agentes del ahorro: “The favourable condition for saving which existed in the ninetenth century, even though we smile at them, provided a proponertionate growth betwen capital and population” “The disturbances of the pre-existing balance betwen classes which in it origins is largely traceable to the changes in the values of money, may have destroyed these favourable conditions” .

La exigencia de un padrón estable debe considerar, que existen riesgos asociados a la moderna producción, lo que en relación con su realización puede exigir un tiempo considerable, período durante el cual la vigencia del proceso técnico, los mercados, y las fuentes de abastecimiento, pueden modificar los precios relativos. Ese riesgo, dice Keynes, representa un costo para el empresario, que debe mantener el sistema en funcionamiento sin que existan condiciones para disminuir ese riesgo. En el intervalo de tiempo entre D-M, el debe suportar el pago de gastos en dinero, en la expectativa de poder recuperar su gasto por el trueque M-D (completando el ciclo D-M-D). Esta situación obliga al empresario a mantener una fuerte posición especulativa, en relación al movimiento de los precios y la fijación de contratos en dinero . Una alteración del padrón monetario no prevista, afecta la distribución de los ingresos de los diversos grupos sociales, alterando desproporcionadamente la influencia en la producción.

De esta situación especulativa puede surgir un ‘miedo general‘ frente a los precios decrecientes, aunque en relación al ‘juego especulativo‘, que mantenía la situación de equilibrio, exige el ‘juego en alta‘, permitiendo a los empresarios de envolverse en procesos productivos dispendiosos en tiempo y, en gastos monetarias anticipadas a la realización del producto. De esta condición depende la continuidad de la producción y el empleo.

Las variaciones de los precios generan perturbaciones derivadas de la influencia permanente en el tiempo de las propias expectativas, es decir, de su inercia. Las expectativas generan resultados cumulativos que se hacen sentir sobre las decisiones posteriores de los agentes ., cuando la inflación puede llevar a una sobredosis de la actividad industrial, provocando la inflación del crédito, la subida de las tasas de interés y el posterior enfriamiento, es decir, el movimiento cíclico .

Keynes observa que en situaciones de inflación o deflación los trabajadores tienen menos posibilidades de protegerse que los deudores. Los trabajadores están más aptos a defenderse mejor en situaciones de exceso de empleo que en épocas de falta de este. Siendo la inflación y la deflación dos males a evitar, Keynes observa que la inflación redistribuye la riqueza: “(...) in a manner very injurious to the investor, very beneficial to the bussines man, and probably, in modern industrial conditions, beneficial on the whole to the earner” .

Keynes muestra que la estabilidad en valor de la moneda estaba asociada al sistema de laissez-faire monetario, originando una ética empresarial generadora de riqueza y empleo, dando certeza a los valores que honorabilizaban y conferían dignidad al capitalismo. Las inflaciones-deflaciones del siglo XX pusieron en causa el capitalismo industrial weberiano del siglo XIX, echando por tierra la filosofía y doctrina que la habían sustentado. De esta reflexión resultan puntos de partida para investigar relaciones que, no siendo nuevas, por la importancia que asumen posteriormente a la Grande Guerra, obligan a realizar un esfuerzo de teorización: la relación in-versión-ahorro, la relación tasa de interés-inversión, la importancia de la especulación y la influencia sobre la inversión, el significado de la moneda, etc. la pérdida de determinados valores capitalistas, fruto del cambio de las condiciones, de normas anteriores, lo que exigía repensar las formas de abordaje de los problemas económicos y las formas de regulación del sistema.


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