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J.M. KEYNES, EL PROFETA OLVIDADO

Mario Guillermo Gómez Olivares

 

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5.3. El Programa de investigación científica de J.M.Keynes ¿es progresivo o regresivo?

Una cuestión metodológica fulcral cuando se considera el carácter de un programa es de si existen pretextos objetivos, apuestas socio-psicológicas o doctrinales para excluir un programa, o razones para eliminar el núcleo duro y la actividad de construir anillos de protección. El método de Lakatos distingue entre teorías que hacen parte de un programa progresivo o de un en regresión, asiente criterios de cuando un programa avanza o degenera, progresa o prescribe el método, establece reglas cuando un programa puede ser eliminado.

Un programa es progresivo cuando su crecimiento teórico anticipa el crecimiento empírico, cuando continua a antever hechos nuevos con algún éxito. Un programa es progresivo si proporciona hechos inesperados, es decir, se corroboran las teorías a través de nuevas evidencias empíricas.

Un programa es regresivo o en degeneración si el programa es caracterizado por una ilimitada adición de elementos ad-hoc que simplemente acomodan los nuevos hechos disponibles. Un programa estaciona en su desarrollo si este retrocede relativamente al crecimiento empírico, si solo consigue ofrecer explicaciones post-hoc de descubiertas casuales, de hechos anticipados y descubiertos por un programa rival., si las hipótesis auxiliares son manufacturadas a seguir a los acontecimientos, con el fin de proteger la teoría de los hechos que surgen poniendo en causa su capacidad explicativa.

Un programa de investigación que explica más hechos que un programa rival puede eliminar de forma progresiva el otro programa. Se existe o puede existir un programa rival que utilizando una heurística más poderosa substituye el antiguo programa, podemos suponer que es importante saber cuando uno de los programas consigue una victoria o ventaja decisiva sobre otro rival; pero como ni existe una racionalidad instantánea, ni mecánica, ni demostración lógica de inconsistencia, ni una sentencia de anomalía emitido por un científico experimental que puedan destruir un programa de investigación científica de un golpe, es bastante difícil la determinación de la po-sición de ventaja de cada programa.

Las revoluciones científicas son explicadas a partir de la agrupación de los científi-cos con el programa que progresa, se supone que a pesar de las anomalías, en re-lación a la fuerza de la heurística positiva, el científico continúa la ejecución de su programa. Únicamente cuando esta fuerza se debilita se buscan soluciones y res-puestas para las anomalías descubiertas o colocadas por sus opositores. Así los programas de investigación científicos pueden ser avaluados en términos de su contribución para la transformación progresiva de la ciencia.

Como los programas son caracterizados por el núcleo duro enfundado por un anillo de hipótesis auxiliares que tienen que sustentar la investida de los testes de impug-nación, debemos distinguir las críticas que colocan en cuestión las antevisiones de los investigadores, de las críticas y refutaciones de las teorías auxiliares. Las críticas al núcleo duro no hacen sentido pues ellas hacen parte de las creencias, aunque deba ser dicho claramente que existirán críticas que dirigidas las teorías auxiliares comprometen las antevisiones contenidas en los programas de investigación.

Este es el caso de la teoría de Keynes donde el modelo explica un fenómeno: la desocupación, que por si pone en causa no solo la teoría rival, como deja la refutación de la nueva teoría a la crítica recíproca, tal como ella se desarrolla en lo medios de investigación, de enseñanza y de divulgación. IEE significado del modelo de estudio, poniendo el centro del análisis en la inversión constituía una forma de dar cuenta del problema de la depresión, pero Keynes no consideraba ese prototipo co-mo el único capaz de responder a las necesidades políticas de su época, dando a su programa una relatividad histórica, obligando a nuevos ejercicios intelectuales: “Next the full employment policy by means of investment is only one particular application of an intellectual theorem. You can produce the result just as well by consuming mores or working less. Personally I regard the investment policy as first aims”... “In US it almost certainly will not do the trick. Less work is the ultimate solution (a 35 hour wek in US would do the trick now)” . Es obvio que Keynes no habla de ingeniería económica y de modelización de antevisiones, lo que es opuesto e irrenconcilable con la ortodoxia de su época y de la nuestra

Cuando Keynes se dispone a investigar una Teoría General del empleo lo hace guiado por la razón de resolver a la inestabilidad del capitalismo, de acabar con la tensión social real y potencial que la desocupación masiva creaba. Buscaba respon-der al problema de las fuerzas que determinan el output en el corto plazo, examina-ba una solución al contingente misterio de la desocupación involuntaria. Todavía, buscando retirar la teoría económica de la estagnación que los neoclásicos la habí-an sumergido, se propone responder simultáneamente la dos preguntas dejadas en abierto por el programa clásico: porque existe rigidez de los salarios monetarios y porque existe rigidez a la baja de la tasa de interés, de modo a explicar por que los mecanismos automáticos asumidos en la teoría clásica no se cumplen. El programa de Keynes y por su naturaleza desde el inicio progresivo, pues explica un hecho empírico, la desocupación y e capaz de prever que ese fenómeno se repite y persiste, cuando la demanda efectiva es menor que aquella de pleno empleo.

Así podemos decir que Keynes se propone sustituir el programa clásico por su pro-pio programa, aunque estuviese convencido modestamente que estaba adicionar a la teoría microeconómica de la afectación de los recursos una teoría macro-económica del output; de que estaba proporcionando un análisis de una economía monetaria de la producción y empleo en vez de una teoría del equilibrio de pleno empleo.

Es necesario decir que demostrar como o porque las rigidezes de los precios tienen lugar, obliga a decir que esos fenómenos estaban en vigor en la vida económica y social, que eran conocidos de otros economistas y políticos. Keynes corrobora en definitiva la idea de que el empleo es determinado principalmente por la inversión, y que este depende de fuerzas que encuentran en la moneda un factor de perturbación característico de una economía en que la dupla decisión de ahorrar y de deter-minar la forma de ese ahorro generan expectativas sobre el valor de la tasa de inte-rés y sobre el valor de la moneda y, en que el efecto de las variaciones de la canti-dad de moneda sobre la tasa de interés, están supeditadas a las preferencias del público por la liquidez, lo que podes obstruir la política monetaria. La eficacia margi-nal del capital y la oferta de moneda juntamente con la preferencia por la liquidez determinan el incentivo a invertir, que a través del multiplicador determinan el nivel de la demanda efectiva, del ingreso y del empleo. Si esta demanda se revela insufi-ciente tenemos la desocupación involuntaria.

El modelo de Keynes explicita una función de consumo estable, dependiente del in-greso líquido con una propensión al consumo menor que 1, una eficiencia marginal inestable limitada por ingresos decrecientes e expectativas contradictorias de productores e inversionistas que inhiben la inversión y una tasa de interés recalcitrante a la baja. La desocupación involuntaria existe por la insuficiencia de demanda efecti-va y persiste por la ineficacia de los mecanismos automáticos. En concreto la tasa de interés de largo plazo no baja suficientemente de modo tal que reanime la inver-sión y el empleo. La antevisión de que el capitalismo es un sistema inestable que produce desocupación de modo persistente tiene en estas teoría auxiliares su pro-tección‘:“How you mix up the three ingredients of a cure is a matter of taste and ex-perience, i.e. of morals and knowledge” .

Es necesario por eso tener una idea bien clara de lo que constituye el programa de investigación de Keynes, de modo a considerar su carácter progresivo o regresivo. La teoría de Keynes explica la existencia de la desocupación involuntaria, en cuanto exista este fenómeno, esta teoría se revela superior a cualquier otra. El carácter progresivo del programa se mantiene en cuanto pueda explicar ese dado empírico.

Debemos concluir que la mayor parte de las críticas a la teoría de Keynes no consi-dera su programa como un todo, sino toma elementos de este. De hecho el modelo sugerido en la Teoría General fue atacado escasamente, porque en verdad el pen-samiento de Keynes, comercializado no mundo occidental, fue siempre la mayor parte de las veces el modelo de Hicks en la versión IS-LM. El propio Mark Blaug en su famosa ´Retrospect‘renuncia a cualquier interpretación del pensamiento de Keynes y simplemente hace recurso al esquema de Hicks-Hansen, transportando las ideas de la Teoría General a través de ecuaciones y diagramas, contribuyendo para una interpretación ´text-book‘de sus teorías. Tal vez por eso y por veces la crítica al pensamiento de Keynes se hizo caricaturesca, por ejemplo como escribe el insospe-chado economista Peter Drucker: “The essences of Keynesian economic theory,... was the repudiation of Say’s Law, according to which saving always equal invest-ment, so that an economy always forms enough capital for its future needs. Keynes postulate a tendency toward “over-saving” for developed economies” . La denuncia de la ley de Say, no fue si no un corolário de su teoría de la demanda efectiva que es el punto de partida para su teoría del output.

Quien por obligación debería conocer y saber mejor la historia, como Mark H. Willes, acaba por contribuir para una mistificación sin sentido de la contribución de Keynes, él escribe: “To meet the crisis in the economic theory engendered by the Great De-presion, John Maynard Keynes deliberately rejected the classical premises about the behaviour of individual and markets. In their place he puts premises about behaviour of aggregates, such as the general price and the total unemployment” . Afirmar, que Keynes elaboro y relaciono agregados tales como el nivel de los precios y la desocupación, es puramente desconocer la historia de la teoría económica. El nivel agregado de los precios era conocido desde J. Bodin; fue discutido por los monetaristas de la época mercantilista, por Boiguillebert, Cantillon, Petty, J. Locke e D. Hume, y fue el tema predilecto de Wicksell, Robertson, Hawtrey y del Keynes pre-keynesiano.

J. Hicks escribió un celebre libro que designó “The Crisis in Keynesian Economics”, cujo título da a falsa idea de que se trata un libro de crítica a la teoría de Keynes. En verdad, se trata de un libro que pretendió ser una revisión de la teoría de Keynes, como él propio afirma: “I would nevertheless insist that the revised version, which I have tried to give, is descended from Keynes.. reformulated Keynes is much more like Keynes than it is like the cruder form of ´neo-classical‘doctrine” .

El libro está dividido en tres partes una dedicada al consumo y el multiplicador, otra dedicada a la teoría de la inversión y la tasa de interés y por último un capítulo dedi-cado la relación salario-precios. Si en los primeros capítulos existen referencias a Keynes, el último bien podría tener llamado la teoría que analiza y desarrolla la teoría Phillips-Hicks, lo cual seria más justo, aunque todo el libro sea una cortesía inte-lectual, pues existe un recurso constante a la afirmación: “I have not doubt at all that in the circustances of that time, Keynes was enterely right” .

Vistas las cosas de ese modo, el análisis sobre Keynes estaba cierto en la época, ahora es un caso particular. La teoría del consumo está errada porque Keynes no consideró la variación de stocks. Si la política de obras públicas tuviese lugar y falta-sen ladrillos para la construcción civil, surgirían los ´ bottlenecks ‘y los precios sub-irían. Hicks no se refiere al hecho de la propensión al consumo ser menor que la unidad, o que el consumo dependiendo principalmente del ingreso es estable. No, Hicks dice que se existiese ´shortage‘de las existencias, de algún material de la ca-dena de producción, la política keynesiana estaría fracasada e indirectamente dice que contribuye para subir los precios. Por lo menos no dice que los precios suben por las extravagancias remuneratorias de los trabajadores. Lo que sucede para Hicks es que Keynes, tomando como hipótesis la rigidez de los precios, posibilita su análisis global y demostración de la persistencia del empleo, pues cuando existe ri-gidez de los precios, las ofertas no coinciden con las demandas, los stocks varían posibilitando la política de obras públicas; cuando los precios son flexibles no existen stocks pues los precios ajustan las cantidades. Existen en realidad mercados de precios flexibles y mercados de precios rígidos, por lo que es necesario un análisis fixflex. La teoría global debe ser Keynes-Hicks, fix-Keynes flex-Hicks, la política pre-supuestaria debe permitir la política monetaria que los fiscalistas keynesianos des-acreditaron. Incluso aquí, el problema que Hicks coloca no es de crítica, sino de re-visión. La crítica a Keynes es restaurada a partir de la crítica que Robertson hizo a Keynes, por este utilizar una tasa de interés de largo plazo, los ´consols‘, lo que es totalmente irrelevante para su análisis, siendo una simplificación susceptible de ser abandonada con las mismos resultados teóricos, como demuestra Keynes en la dis-cusión con Ohlin en 1937.

La novedad de Keynes en ese sentido va para los motivos de la demanda especula-tiva que influencia la tasa de interés. Como el propio Hicks acaba por admitir: “If re-serves are held in longs (or equities) the effect may, on occasion, be much more substantial; but here wey are back at Keynes’s old dilemma-that it is hard for mone-tary policy to affect the long rates of interest very much, becauses of speculation. it would yet appear that too amply a supply of short-dated securities (near money), be-causes of the obstacle which it puts in the way of substantial liquidity effect” .

La crítica de Hicks a Keynes en materia de preferencia por la liquidez es irrelevante, pretende completar el análisis de Keynes sólo con una teoría del riesgo de la carte-ra. Hicks no considera que Keynes dio a la preferencia por la liquidez contornos probabilísticos propios, poniendo en evidencia sobre todo los aspectos psicológicos que el término liquidez produce. Hicks concluye que la función social de la liquidez es que da tiempo para pensar. Igualmente admitiendo que la crítica de Hicks fuese bastante importante, ella constituye una revisión destinada a aumentar el poder heurísti-co de las teorías auxiliares, completándolas con nuevos elementos que básicamente confirman la antevisión de Keynes.

El mejor modo de establecer la diferencia entre los programas clásico y keynesiano desde un punto de vista teórico-político es sin duda el empleo. En el tratamiento de este problema vienen a luz los problemas metodológicos, teórico-políticos y la dife-rente concepción de sociedad que anima a los científicos de ambas constelaciones. Los neoclásicos simplemente niegan la existencia de la desocupación involuntaria, todo su esfuerzo es erigido en torno a la categoría de tasa natural de desocupación que esta presente en la elaboración de la teoría del ´Job Seach´.

La desocupación permanece el objeto de controversia, pues son confrontadas no solo teoría explicativa, evidencias empíricas, como sobre todo antevisiones que asumen la forma de postulados irreconciliables. Este es el caso de las teorías mone-taristas, las cuales asientan en postulados pre-keynesianos, siendo sus explicaciones de la desocupación post-hoc. Una teoría que quiera emprender con éxito el problema de la desocupación debe distinguir entre tres situaciones diferentes. Primero, la desocupación resultante de decisiones unilaterales, como renuncia al trabajo, etc., donde el salario tiene un papel ciertamente evidente; segundo, los trabajadores que por alguna razón pierden su trabajo, pasan por un período de desocupación en vez de aceptar un trabajo temporario cualquier, disponibles en el mercado de trabajo en cualquier economía , se mantienen fuera de la fuerza de trabajo; en tercero lugar, los trabajadores que son despedidos, porque la demanda disminuye y ciertos lugares de trabajo son cancelados, y no existen vacantes disponibles en número sufi-ciente. Vistas así las cosas la desocupación puede ser o voluntario o involuntaria. La teoría clásica persiste en no reconocer el tercero caso que es el más general, el más masivo, el más preocupante en términos sociales y humanos. Es el caso que permi-te decir que la economía capitalista es inestable, incapaz de generar el pleno em-pleo de modo permanente.

Justamente una de las principales dificultades de la economía capitalista producir el pleno empleo se deriva de su naturaleza de economía monetaria, donde el dinero es también una forma de riqueza, un activo transaccionable, una forma de inversión que motiva determinadas conductas, por veces contradictorias con el óptimo social. La causa última de la desocupación está en las características de una economía monetaria, a la incertidumbre que genera el hecho de la moneda más allá de ser un medio de transacción, ser una forma de detención de riqueza que induce a la no rea-lización de inversiones productivos, por eso el fenómeno de la ocupación-desocupación acompaña la actividad económica de manera cíclica.

Esta es sin duda la principal diferencia del programa clásico o de sus heterónimos modernos con el programa keynesiano, el carácter monetario del sistema, la in-herente incertidumbre con que las agentes toman sus decisiones, el carácter contra-dictorio de la tomada de decisiones, de los intereses desencontrados de empresarios e inversionistas, de la ausencia de mecanismos de corrección permanentes y homogéneos.

De acuerdo a nuestra interpretación del programa de Keynes el punto de discordia entre el programa clásico y el de Keynes y la idea básica sobre la capacidad de corrección automática que el sistema posee, si existe desocupación su carácter es in-voluntario, si el sistema tiende la generar desocupación de modo permanente y per-sistente no se trata de situaciones friccionales. Por eso, entre los keynesianos el problema será sobre cual es la mejor dosis de ajuste inducido por los gobiernos con ayuda de los instrumentos que juzgan ser los más apropiados y eficaces. Del lado contrario, mismo admitiendo fricciones o atrasos en determinados mercados, se re-alza la capacidad autocorretiva o la eficacia de intervenciones a través del mercado monetario.

La persistencia de los programas clásico y keynesiano, su coexistencia, denuncia, no solo la tenacidad de los investigadores, revela también, que en relación a las re-futaciones que colocan en cuestión los anillos protectores, las respuestas defensivas son extremamente flexibles. Estas revelan una especificidad de las ciencias sociales que no siempre se toma en cuenta en las cuestiones metodológicas.

No solo el análisis económico diferenciaba Keynes de los clásicos, como debe dife-renciar los keynesianos de los nuevos clásicos. Keynes en la tradición de los gran-des pensadores, relaciona política con ética, buscando de cualquier modo que sus ideales fuesen derivados de un complejo de factores y circunstancias, los que some-tió al máximo rigor explicativo, por medio de la ciencia que mejor conocía, distan-ciándose de las visiones mecanicistas de la ciencia económica, recuperando la polí-tica para la economía, el estado para servir al ciudadano, el intelectual para servir la ciudad.

Keynes pretendía obtener un mayor un crecimiento económico unido al ideal político de la democracia liberal. Pretendía una economía internacional floreciente que sir-viese todas las clases sociales, que favoreciese la cultura y cultivase las artes. Su utopía era la ciudad aristotélica, con devotos servidores de la economía doméstica, sin especuladores; su sueño era la polis industriosa de Platón, con nobles y aristó-cratas garantes del bien común.

Aunque consciente que la depresión había revelado negativamente la mala concien-cia humana, buscaba construir el futuro de incertidumbre con el mejor del pasado: “It is the failures of the collective intelligence...the achievement of the individual intelli-gence which we have to remede. And we have to remede it...without impairing the constructive energy of the individual mind, without hampering the liberty and the in-dependences of the private person” .

El programa de Keynes está abierto al progreso, porque consubstancia ideas de per-feccionamiento, porque se inspira en la visión de mejoramiento humano de los uto-pistas. Su ambición de economista y hombre social perseguía contribuir para un fu-turo mejor de todos, de aquí resulta la superioridad moral de su programa, después de interpretar el mundo, seguía la acción: “The real problems of the future are first of the maintenance of peace, of international co-operation..., and beyond that the pro-found moral and social problems of how to organize material abundance to yield the fruits of a good life. These are the heroics tasks of the future” .


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