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J.M. KEYNES, EL PROFETA OLVIDADO

Mario Guillermo Gómez Olivares

 

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5.1.1.2. El «keynesian case» de Modigliani

F. Modigliani es el autor que, integrándose en la corriente de Hicks-Hansen, pone énfasis en la rigidez de la tasa de interés. En su celebre artículo de 1944, tal como Hicks, Modigliani se propone formular una teoría más general, integrando las viejas y nuevas teorías del interés y de la moneda . Se trata de incorporar la teoría de la preferencia de la liquidez de Keynes en la teoría clásica, considerando las hipótesis muy particulares sobre la oferta de trabajo . La interpretación de Modigliani sigue esencialmente la interpretación de Hicks .

La trampa de la liquidez que caracteriza esta abordaje interpretativa del pensamiento de Keynes pone acento en las características de la función de demanda de moneda, como Modigliani afirma: “Since securities are an «inferior» way of holding asets, it is generally recognized that there must be some minimun ratess of interest, say r, at which nobody will be willing to hold nonphysical assets except in the form of money. When this level is reached, the demand for money to hold becomes «absolute» and the rates of interest cannot fall any lower... On the other hand, when the rates of interest falls to the level r“, the demand for money to hold becomes infinitely elastic. Any increase in the supply of money to hold fails to affect the rates of inter-est, for the owners of the extra supply will either desire to hold this in the form of cash; or lase they will find somes olwners of securities, who will be willing to sell without any necesity for bidding up the prices of securities (lowering the rates of inter-est)...This situation that plays such an important role in Keynes‘s General Theory will be referred to as the Keynesian case” .

Explicando la persistencia de la desocupación a partir de la rigidez del salario monetario, Modigliani atribuye a este la falta de un mecanismo automático que permita que el pleno empleo sea alcanzado, es decir la desocupación existe porque, mismo que existan personas que deseen trabajar al salario corriente en número mayor que el empleo existente, la economía capitalista es guiada por los precios y no por los deseos.

Admitiendo que los salarios son rígidos a la baja, la explicación completa reside en que una reducción en el ingreso monetario necesario a la caída de la tasa de interés se transforma en una reducción del ingreso real y del empleo. Este efecto de reduc-ción de la inversión genera un proceso de contracción, porque si los productores tu-viesen pérdidas, deducirían la demanda de trabajo, mismo que la productividad marginal del trabajo no hubiese disminuido, lo que acaba por afectar la producción de bienes de consumo e irá generar desocupación también en ese sector. El ingreso real reducirá juntamente con el ingreso monetario, la caída del ingreso monetario irá incrementar la necesidad de mantener la oferta de moneda; la caída del ingreso real hará disminuir el ahorro y aumentar la eficiencia marginal arriba del nivel de la tasa de interés. Este doble conjunto de reacciones conducirá finalmente al nuevo equili-brio.

Keynes atribuye un valor bien menor a la preferencia por la liquidez en términos absolutos, un caso nunca visto en la práctica. Tuvimos oportunidad de decir que Keynes considera como mucho más probable un movimiento en función de preferencia por la liquidez, por lo que la trampa por la liquidez es considerada una posibilidad remota.

Keynes fue siempre contra la reducción de los salarios monetarios y a favor de salarios estables, lo que no quiere decir que se adopte esta posición como hipótesis central para explicar el equilibrio con desocupación. En la Teoría General adopta la hipótesis de mantener los salarios monetarios constantes a fin de determinar la demanda efectiva, siendo o resultado de su investigación independiente de esta hipó-tesis, pues no capítulo 19 estudia o efecto de una variación de los salarios sobre el empleo. Lo extraño es que, ya antes de la Teoría General Keynes, designadamente en el ‘Treatise‘, Keynes discutía el problema de la rigidez de los costos, incluyendo los costos saláriales .

Keynes no rechaza la hipótesis clásica de que una disminución de los salarios monetarios pueda incrementar el output y el empleo, enfatizando que su divergencia con las clásicos es de análisis y no de conclusiones: “A reduction in money-wages is quite capable in certain circunstances of affording a stimulus to output” .

El argumento clásico es simples: una reducción de los salarios monetarios provocará una reducción de los costos e, de ese modo, de los precios. Si los precios disminuyesen existirá un movimiento de la curva de demanda, de tal modo que el output y el empleo aumentaran. El argumento es falacioso, pues presupone que la demanda efectiva se mantiene. El problema es que si una caída de los salarios, manteniendo la demanda efectiva, aumentar la producción y el empleo, la teoría clásica no tendrá medios para analizar la influencia de la disminución de los salarios monetarios pues no posee ningún modo de analizar el problema y no tiene una teoría de la determinación del ingreso y del empleo, luego de la demanda efectiva.

De acuerdo con la teoría de Keynes, un cambio de los salarios monetarios puede alterar el nivel del empleo solo si se cambiar en algunos de los factores subyacentes la demanda efectiva. Por tanto, una disminución del salario monetario puede cambiar el empleo se hubiera alguna influencia en la propensión al consumo, en la eficiencia marginal del capital o en la preferencia por la liquidez (en la tasa de interés). El impacto de una disminución de los salarios nominales sobre el empleo solo resulta se afectar esos factores. Como Keynes utiliza una función oferta agregada medida en unidades salarios, los cambios en los salarios no la afectan.

Esto permite discutir las limitaciones de una disminución de los salarios reducida a una disminución de los costos. Se este fuese el caso, si los empresarios estuviesen a la espera de que una reducción de los salarios monetarios redujese los costos, buscando aumentar la producción, sus expectativas podrían ser equivocadas si el producto de las vendas, producto del aumento de la producción y del empleo, fuese menos que el esperado, llevándolos a disminuir la producción y el empleo al anterior nivel. Justamente Keynes presenta una taxonomía de los efectos que podrían ser esperados de una reducción en los salarios nominales:

i) Podría haber efectos de redistribución del ingreso, los asalariados podrían perder y los que viven de ingresos más o menos fijos, podrían ganar. Esto afectaría la propensión al consumo.

ii) Pueden existir efectos positivos en una economía abierta, si la reducción de los salarios representa una disminución relativa a los salarios de los otros países. Esto mejora la balanza de transacciones corrientes y mejora la inversión, aunque es necesario considerar los efectos sobre las términos de cambio.

iii) Existen efectos sobre las expectativas que condicionan la eficiencia marginal del capital. Estos efectos pueden ir en dos direcciones, dependiendo de la influencia en las expectativas sobre los salarios y precios futuros. Si la reducción de los salarios es una reducción relativa las expectativas de los salarios futuros, el efecto sobre la eficiencia marginal del capital es positivo. Pero si la reducción provoca la expectativa de futuras reducciones, el efecto no será favorable.

iv) Existen efectos sobre la tasa de interés. Una caída general en los salarios en los precios, manteniéndose el resto constante, reducirá el encaje monetario necesario para satisfacer el motivo transacción; esto permite reducir la tasa de interés, pues la cantidad de moneda disponible para el motivo especulación es mayor, aumentan-do también el precio de los títulos y de ese modo la inversión. Pero es importante considerar la restricción de la condición caeteris paribus, pues una caída de los salarios monetarios puede perturbar la confianza política provocando un movimiento en la preferencia por la liquidez que anula el efecto de la disminución de los salarios monetarios.

v) Los empresarios pueden tener expectativas optimistas relativamente a la caída de los salarios monetarios, si por error pensaren que esa caída les es favorable. Esta expectativa fracasa si los asalariados cometieren el mismo error y reaccionan desfavorablemente a la caída en los salarios monetarios.

vi) Un otro punto relevante a considerar es que una disminución de los salarios y de los precios tiene efectos perniciosos sobre las deudas de los empresarios, como escribe Keynes: “Indeed, if the fall of wages and prices goes far, the embarrasment of tose entrepreneurs who are heavely indeebned may soon reach the point of insolvency- with severely adverse affects on investment”

Una situación en que los salarios monetarios bajan gradualmente parece no tener efecto favorable sobre la eficiencia marginal del capital. Una reducción en grande escala no es posible ni creíble en un sistema de libre contratación y negociación entre asalariados y empresarios, por lo que:“(...)it is on the effect of a falling wage and price level on the demand of money that those who believe in the self-adjusting cuality of the economic system must rest the weight of their argument” .

En ese sentido la política de salarios flexibles puede tener el mismo efecto sobre el empleo que la política monetaria. Como no existen razones para suponer que la política monetaria sola pueda restaurar el pleno empleo en determinadas circunstancias, ¿porque habría la política de salarios flexible conseguirlo? Aunque las políticas puedan ser analíticamente las mismas en su incidencia sobre el empleo, ambas cambian la cantidad de moneda en términos de unidades salarios, otras consideraciones deberán ser tomadas en cuenta en su opción. Keynes no esconde que, a ser así, prefiere la política monetaria a la política de los salarios flexibles, concluyendo: “I am now of the opinion that the maintenances of a stable general level of money-wages is, on the balances of considerations, the most advisable policy for a closed system” .

Esta posición está en perfecta compatibilidad con la posición del capítulo XVII de la Teoría General, donde la estabilidad de los salarios es condición de la estabilidad de los precios, asegurando un padrón monetario estable.

En su análisis Keynes no prueba que disminuyendo los salarios monetarios no se consigue reducir la desocupación, pero cuando introduce el problema de las expectativas aplicadas a su sistema teórico, apunta para el hecho de que estas pueden hacer fallar el objetivo de reducir la desocupación en una economía cerrada. Pero si todos los países tuviesen una política de salarios flexibles, el resultado podría ser o mismo que una situación de economía cerrada.

Es con la introducción de las expectativas que Keynes teóricamente subraya la improbabilidad de la teoría clásica demostrar que un reducción de los salarios disminuye la desocupación. El análisis de los clásicos basada en la relación costos, precios y lucros estaba defectuosa. La convicción de Keynes era que la teoría clásica fallaba al tomar en consideración los efectos de la tasa de interés, particularmente la tasa de largo plazo o esperada. Es el efecto de la tasa de interés sobre la eficiencia marginal del capital que determina si la disminución de los salarios monetarios reduce la desocupación involuntaria, y no la relación entre costos, salarios, precios y lucros. De aquí que este rechazase una política de salarios flexibles. Conforme su hipótesis de salarios relativos, que avanza en el capítulo dos, un acuerdo por parte de los sindicatos en reducir los salarios tendría efectos efímeros si los salarios e ingresos de los no sindicalizados no se modificasen, pues esto afectaría las expectativas.

Podemos ver, por esto, que atribuir a Keynes la idea de que los asalariados sufren de ilusión monetaria también no es correcto. Discutiendo la posición de Ricardo, Keynes distingue dos interpretaciones de la idea de que la política monetaria es in-útil. Una interpretación es que la tasa real de interés es independiente de la cantidad de moneda, como entendía Ricardo. La otra interpretación es que la política monetaria son los términos definidos sobre como se incrementar o disminuir la cantidad de moneda. Un cambio en los términos en que el dinero es ofrecido, una alteración en la regla política afectará la posición de equilibrio que la economía alcanza: “Asuming flexible money wages, the quantity of money as such is, indeed, nugatory in the long period; but the terms on which the monetary authority will change the quantity of money enters as a real determinant into the economic schemes” .

Lo que significa que un cambio de regla política no es neutral. Keynes estuvo siempre interesado en que los cambios de régimen o reglas fuesen en el sentido de la estabilidad y confianza en la política seguida, de modo a que un cambio de la tasa convencional de largo plazo fuese percibido por los agentes económicos como consistente.

En consecuencia, si Keynes presupone alguna estabilidad de los salarios nominales, es por motivos de orden política y no teórica, argumento que es plenamente compatible con la posición asumida en el capítulo 19 de la Teoría General, por lo que la interpretación de Hicks y Modigliani de ningún modo corresponde al pensamiento de Keynes, como quedó explicitado en el breve sumario de ese capítulo de la Teoría General.

Como corrobora Meltzer: " It is difficult to find support in Keynes`s analysis for the interpretations known as the Keynesian case. The liquidity trap is not offered as the reason for failure or unreliability of money wage policy to remove underemployment equilibrium. Wages are not fixed, and the influence of changes in the stock of money on prices and real wages is not denied in his análisis” . Es necesario dejar absolutamente claro que los salarios y los ajustes de los salarios no son el principal foco teórico de Keynes. En el capítulo “Notes on the Trade Cycle”, explicitando las razones de la persistencia del ciclo, insiste en la idea central de que la inversión, la eficiencia marginal del capital y el stock de capital son el principal argumento en discu-sión. Este apunta tres razones para la persistencia del ciclo. Una vez que las expec-tativas cambian, deberá transcurrir un tiempo hasta que la caída y obsolescencia del stock de capital la reduzcan, y hasta que las existencias de bienes acabados y semi-acabados sean reducidas en la recesión, por lo que durante un tiempo existirá des-inversión en las existencias. La inversión en capital de trabajo y materias primas también se reduce. La única mención a los salarios es referida en conexión con los costos de producción corrientes, que en el punto mas alto de la expansión deben ser más altos que los costos esperados futuros, una razón adicional que provoca una caída en la eficiencia marginal do capital. Por último, en una carta de réplica a G. Haberler, en que había dicho que: “most classical economists would agree with you, because nobody denies that unemployment can persist, if money wages are rigid”. Keynes responde: “It does not follow that involuntary employment...Can be avoided by increasing the quantity of money indefinitely, keeping money wages unchanged. If classical economics have always mean that a sufficient increase in money in term of wage units would be a compensatory element, well and good.. I always understood that they favoured a reduction in money wages because they believe that this would havy la direct effect on profit, and not one which operated indirectly through the rate of interest” .


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