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SERVICIOS ECOLÓGICOS EN HUMEDALES, EL CASO DE TIGRE, BUENOS AIRES

Leonardo Fernández

 

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4. CONFLICTOS EN LA PROVISIÓN DE SERVICIOS ECOLÓGICOS

Los servicios ecológicos en la zona de Tigre ha planteado la identificación de ‘conflictos’ en el uso de esos ecosistemas. La idea de conflicto se entiende como la contradicción de intereses, resultante de diferentes valores, percepciones o significados que los actores otorgan a acciones o circunstancias que afectan, o pueden afectar, a los servicios ecológicos. En efecto, el conflicto aflora por posturas opuestas en cómo se percibe los ecosistemas, en los valores que se atribuye al entorno y a las relaciones de la población humana con éste. En este sentido, en la zona de Tigre, así como en los ecosistemas involucrados a éste se reconocen una serie de conflictos en la provisión y mantenimiento de los servicios ecológicos. A continuación se realiza una síntesis de los conflictos ecológicos detectados.

Conflictos en la reestructuración de las cuencas

Muchos cursos de agua del sector insular se encuentran altamente alterados tanto por el proceso de urbanización de sus costas como por el alto tráfico fluvial. También suelen ocurrir problemas de contaminación por derrame de combustibles u otro tipo de vertidos, ya sea en forma accidental o producto de la limpieza de las bodegas de los grandes buques. El alto tráfico fluvial impacta sobre las costas de los cursos del río Luján, Carapachay y Caraguatá, y provoca un acelerado proceso de erosión, el cual, en las zonas de asentamientos humanos deben ser protegidas con diversos materiales que frenen el impacto del oleaje.

Las características químicas de ríos y canales urbanos y periurbanos resultan importantes condiciones de toxicidad. Los cursos de agua que drenan el cinturón industrial del aglomerado Gran Buenos Aires vierten al Bajo Delta del Paraná y la margen derecha del río de la Plata cantidades enormes de contaminantes, registrando situaciones de contaminación peligrosa para el consumo y la recreación (Borthagaray et al., 2001).

Momo et al. (2001) asegura que la cuenca del río Luján presenta un estado ecológico variable con un deterioro paulatino hacia la desembocadura, concentrado en dos tramos, en uno debido a la contaminación orgánica y en otro debido a contaminación industrial. Las condiciones buenas o moderadamente deterioradas de las cabeceras y de muchos de los arroyos afluentes permiten suponer que el río tiene todavía una importante capacidad de recuperación y, en caso de que se disminuya la carga de contaminantes que recibe, podría mejorar su estado general con la posibilidad de recuperar su utilidad como recurso natural y de recreación.

Asimismo estudios de O´Farrell (2000) sobre el tramo inferior del río indican una marcada discontinuidad en su gradiente longitudinal. El ingreso de las aguas provenientes del Paraná de las Palmas, luego de la confluencia con el Canal Gobernador Arias, determina un cambio marcado en las características hidrológicas que trae aparejado una variación significativa en la calidad del agua. Así, se establece que aguas arriba de este punto el río presenta un alto grado de deterioro evidenciado por una elevada carga de nutrientes y de sustancias tóxicas que establecen una baja diversidad biológica, un gran desarrollo algal y la presencia de especies propias de ambientes contaminados. En los sitios localizados aguas debajo de la confluencia con el Canal Gobernador Arias el recurso acuático presentan mejores condiciones y no evidencia cambios importantes a pesar del ingreso de aguas con un alto grado de deterioro (Arroyo Claro y Canal Aliviador del río Reconquista).

Desde hace más de treinta años la calidad de esta cuenca del río Reconquista viene siendo deteriorada debido al aumento de descargas de efluentes no tratados que provienen de las fábricas y de las aguas servidas: tres millones de personas (casi el 10 % de la población del país y el 31.5 % de la ciudad de Buenos Aires), 12.000 industrias, que descargan desechos orgánicos aumentado de esta manera la DBO . Además, entre el arroyo Morón y Bancalari una parte importante del área adyacente al río es el utilizada por el CEAMSE como zona de descarga de residuos. El deterioro de las aguas es progresivo aguas abajo, modificándose abruptamente las variables luego de la confluencia con el arroyo Morón. La combinación de esos contaminantes y el caudal tan reducido hacen que exceda la capacidad de dilución y de autodepuración del río (Castañé et al., 1996, 1998; García et al., 1996; Salibián, 1996; en Di Pace et al., 2001).

Estudios ecotoxicológicos realizados en los períodos 1985-1987 y 1993-1996 de Cascallares a Bancalari (Loez y Topalián, 1999) concluyen que el río Reconquista presenta en sus nacientes una calidad de aguas superior a la del Matanza-Riachuelo. Dicha calidad se va empeorando aguas abajo debido a la progresiva contaminación. En la desembocadura del río Luján, muy afectada por la acción del río de la Plata, se observa una mejora en la calidad de agua por el efecto dilutorio de este último. El grado de influencia depende de las mareas y de la intensidad y dirección de los vientos.

Las inundaciones históricamente más importantes han sido las de los años 1959, 1967, 1982, 1985. La crecida del año 1959 afectó un área de 180 Km2 y a 150.000 habitantes. La del año 1985, alcanzó 119 Km2, pero incluyó 300.000 personas, de las cuales un 25% debieron ser evacuadas. Las áreas de inundación son mínimas en las cercanías de la Presa Ing. Roggero y aumentan en la medida que el cauce se acerca a su desembocadura, lo cual coincide con el incremento de la densidad de población. Por ello, los partidos que presentan un mayor porcentaje de superficie inundada son San Fernando y Tigre (sector continental), con un 54% y 50% respectivamente.

Entre las principales modificaciones desarrolladas en los últimos años sobre la cuenca del río Reconquista se destaca el Proyecto denominado Saneamiento Ambiental y Control de las Inundaciones en la Cuenca del Río Reconquista, que incluye entre sus obras, medidas para paliar las inundaciones, y la construcción de nuevas plantas de tratamientos de efluentes domésticos e industriales para reducir la contaminación, coordinado por UNIREC (Unidad Coordinadora para el Saneamiento del Río Reconquista).

A muchas áreas se le ha proporcionado mayor capacidad de la función drenaje, privilegiando el flujo unirediccional característicos de períodos de estiaje y crecidas normales. Además, se ha configurando sistemas de regulación de excesos hídricos para episodios extraordinarios (sudestada) e inversión del flujo del régimen mareal. Los beneficios de la función reguladora son muy evidentes si se considera los perjuicios que las grandes inundaciones provocan en la cuenca. Con la rectificación y canalización de su cauce se profundizó el curso activando los drenajes y favoreciendo la desecación de áreas bajas que formaban parte de su llanura aluvial. Además de la eliminación de meandros, algunas lagunas preexistentes y otras generadas fueron acondicionadas para funcionar como lagunas compensadoras.

La solución hidráulica de la UNIREC no parece haber considerado la influencia que sobre el escurrimiento provoca en las desembocaduras, la diferencia de niveles que sobre el pelo de agua del río Luján, motiva la marea astronómica del río de la Plata, situación que ocasionalmente se acentúa de existir acción meteorológica (efecto sudestada). Esta oscilación de niveles en la descarga de las aguas de la Cuenca del Reconquista en las desembocaduras del Canal Aliviador, el río Tigre y el río Reconquista, es apreciable a simple vista y alcanza aproximadamente a los tres pies, sólo el efecto por marea astronómica. También se considera como parcial la solución adoptada para trasladar mediante camiones atmosféricos los líquidos cloacales domiciliarios a las plantas de tratamiento, y la irresuelta construcción de las cuatro plantas de tratamiento previstas en proyectos de partidos del Conurbano, en particular el Plan Cloacal Morón y la falta de previsiones respecto al tratamiento de los efluentes industriales.

Por otro lado, los sedimentos que se hallaban en el tramo inferior del río Reconquista fueron removidos. La extracción fue cerca de 800.000 m3 de sedimentos donde se reconocieron como contaminados un volumen de 200.000 m3 (UNIREC, 2000). Esta operatoria es divergente a la tendencia internacional de manejo de sedimentos. En relación a la función ecológica de los sedimentos un estudio realizado en el río Matanza-Riachuelo revela que en condiciones de gran acumulación de materia orgánica se facilitan la retención de metales pesados en los sedimentos. Por lo tanto, en estas condiciones el sedimento actúa como sumidero de los metales y no como fuente (Borthagaray et al., 2001).

Las obras de mejoramiento del escurrimiento por dragado en el cauce, ejecutadas en los tramos medio y superior del río, han provocado el agravamiento de las condiciones de contaminación aguas abajo en el tramo inferior del Reconquista, donde además la Obra de Control de Inundaciones ha derivado agua contaminada al Canal Aliviador y al río Luján a cinco kilómetros aguas arriba de su confluencia (Suárez et al., 2001). Esta situación se agrava aún más por la interferencia del “efecto de retención” de las aguas provocado por la marea astronómica, con la eventual participación del efecto de sudestada, situaciones no contempladas en la concepción hidráulica del proyecto.

Se podría afirmar que esta reestructuración de la cuenca plantea una tendencia hacia la fragmentación del sistema hidrológico. La interacción del canal principal de los ríos con los ambientes acuáticos que lo rodean está disociada como producto de las obras de ingeniería, que incluyen represas y la consecuente regulación del flujo de agua, irrigación, y conexiones y transferencia entre cuencas. Esta reestructuración del río altera todo el sistema inundable del río, y con esto las características de sistema productivo y biodiverso. En forma significativa aumenta la escorrentía de ríos y arroyos, se pierde la ovoposición de algunos peces, el ciclado de nutrientes, entre otros cambios.

Las modificaciones que produjeron las grandes obras realizadas en cuencas hidrográficas (como rectificación de meandros, canalizaciones y perfilado), y la contaminación, entre otros factores, también modificó a los humedales. Estas transformaciones es totalmente disonante a la tendencia mundial sobre manejo de humedales como bien se plantea en en SRNyDS (1999).

Se pretende hacer notar la alteración en los cursos de agua de la función dilución de metabolitos de la aglomeración urbana. En particular el río Reconquista que según Zalazar (1996) es el segundo río más contaminado de la Argentina. La visión dominante de la gestión de cuencas antes descripta es considerar a la contaminación hídrica como unidereccional, enfoque que no siempre se cumple en la región en episodios de sudestada y períodos de inversión mareal.

Con la reestructuración y tratamiento privilegiado sobre uno de los problemas (inundaciones) se pueden agudizar los efectos de otro de los problemas (contaminación). Con la rectificación de meandros y perfilado de la cuenca se atenúa la función de dilución y tratamiento de contaminantes. Las consecuencias se podrán agudizar en las cuencas ya que reciben una mayor carga contaminante que antes no recibían. Así, como bien menciona Morello (1996) las inundaciones en contextos de sudestada representan una respuesta ecosistémica de retorno de contaminantes del espacio industrial y residencial que los genera.

El turismo en Tigre depende masivamente de los ecosistemas de humedales tal como las zonas de los cursos de agua ó albardones donde la población busca esparcimiento. Además, el turismo en áreas naturales en general se está incrementando cada vez más, esta zona es un ejemplo de ello. Los humedales son sitios favoritos para estas prácticas. Los beneficios de conservar estos ecosistemas se hacen evidentes si se tiene en cuenta que sólo en excursiones en el Delta de Tigre existe como se mencionó un movimiento de personas en busca de esparcimiento del orden de dos millones anuales.

El reconocimiento de la importancia de estos servicios ecológicos con una visión sistémica marca la creciente tendencia de los países desarrollados a volver a la dinámica original y recuperar la biodiversidad de los sistemas muy intervenidos, como por ejemplo los casos de los “Everglades” y Missisipi en los Estados Unidos de Norte América o del Rhin en Europa (Canevari, 1999).


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