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ESTAMENTARISMO, LIBERALISMO, DEMOCRACIA CRISTIANA Y SOCIAL DEMOCRACIA EN EL DESARROLLO DE MÉXICO, SIGLOS XVIII, XIX y XX

Jorge Isauro Rionda Ramírez

 

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EL SIGLO XIX:

El México independiente, entre los anhelos estamentarios de los criollos y castizos y los demócrata liberales de los mestizos.

Hasta aquí se puede afirmar que dentro del modo de producción capitalista, tal como lo sustenta Carlos Marx, resulta de una síntesis concreta de múltiples determinaciones, que permiten explicar tanto las generalidades como las particularidades de una formación económica . Donde se tienen que la teoría de los modos de producción se inscribe en la lucha de clases y que su explicación parte de la comprensión de las contradicciones inherentes a la base económica de la sociedad. Con ello se concluye que el secreto del desarrollo capitalista en México, como en Latinoamérica, es aparentemente un mecanismo de intercambio desigual con el mercado mundial, donde es fundamental comprender la lógica de la súper explotación de la mano de obra, la supresión de un modo de producción por otro y los movimientos sociales que engendra (Bartra, 1975; 5 – 12).

El método de la economía política da a la historia el papel fundamental para comprender las relaciones que se desprenden del reparto económico y las clases sociales (surgidas de este mismo reparto). La lucha de clases necesariamente explica el protagonismo de los actores de la historia ante sus antagonismos concretos. Por ello, el estudio de la historia de los movimientos sociales en México debe seguir las líneas que marca la economía política como fundamento metodológico de interpretación de los hechos como la comprensión de sus causales (Marx, 1857; 57 - 66).

Hobsbawm (s/f; 5 – 47) dan una interesante interpretación de varios manuscritos marxistas como son los Grundrisse, que son algunas monografías escritas de varios periodos históricos, apuntes desordenados que sirven como apuntes para su propio estudio y esclarecimiento de la historia de la humanidad, más no son redactados para presentarse como publicaciones científicas.

De estos trabajos Carlos Marx deduce las leyes de la emancipación del Hombre respecto a la naturaleza. El hombre como un animal , donde la base objetiva de la evolución social y económica de su sociedad, tratando de arrebatarle a la naturaleza las bases de su existencia más animal, de su práctica cotidiana, transformando la naturaleza para valerse de ella, con base a sus necesidades más básicas.

Con estos trabajos, Marx ilustra el proceso de desenvolvimiento de la humanidad en un progreso incesante y constante en el mejoramiento de técnicas que mejoren la producción de sus satisfactores objetivos.

De estos trabajos se parte a comprender de las leyes del materialismo histórico, base fundamental de la metodología marxista con base a la dialéctica materialista de la comprensión de la historia como una lucha de clases.

Este es el fundamento metodológico del presente estudio en tratar de comprender los movimientos sociales tras la lógica marxista de la lucha de clases, donde los conflictos se dirimen en razón de la forma en que se concilian bajo la beligerancia de las clases sociales los movimientos sociales de México. En este sentido, tanto México como América Latina encuentran su comprensión histórica en un orden mundial de división y especialización del trabajo.

En este caso, México, junto con América latina, juegan un papel importante en la transición europea de la plusvalía absoluta a la plusvalía relativa. Para ello, mientras en Europa una forma de explotación (plusvalía absoluta), transita a otra (plusvalía relativa), en América latina se conjugan dando inicio a lo que Ruy Mauro Marini bautiza como la súper explotación, en su conocido libro “Dialéctica de la Dependencia” (editorial ERA, México).

Más allá de la sobre explotación que se da en la región latinoamericana, el tema central radica en la aspiración que se tiene, desde tiempos de las guerras de independencia, a ser una sociedad democrática. El problema entonces radica en que desde sus tiempos independientes los gobiernos que se formulan en la región son variantes muy ricas, diversas y fehacientes expresiones de fascismo. La democracia es un ideal y un mito en la región. Para ello es bueno revisar el trabajo de Stankey Moore relativo a la democracia.

Resulta interesante el fundamento que da Stanley Moore como bases para una teoría de la dictadura. Da un manual que establece los siguientes puntos para poder establecer un régimen fascista (Moore, 1976; 18 – 60):

1. La conformación de un Estado soberano con su respectiva pugna interna (lucha de clases).

2. El ascenso al poder de una clase dominante se da a la tarea de transmitir a los explotados los nuevos valores y sistemas de relaciones económicas. Solo hacen falta hacerlo legal (constitución).

3. Este nuevo sistema de dominio puede en determinado momento ser puesto a prueba por las clases subordinadas (nueva gesta revolucionaria), empleando para ello el uso de la fuerza si es necesario. Con el único fin de consolidarse y perpetuarse el mayor lapso de tiempo posible.

4. Se rescata el proceso si es que la clase oprimida subyuga a la dominante.

Esta teoría explica en gran medida cómo los distintos movimientos sociales desenvocan finalmente en expresiones dictatoriales. Ejemplos que plagan la historia mexicana.

Europa, como América del norte, se desarrolla gracias a la succión que hacen vía comercio desigual de las naciones subdesarrolladas, tales como México. Esto es vital para comprender el desarrollo de la economía mexicana desde tiempos coloniales, pero en especial del siglo XIX a la actualidad.

Dejando atrás el tema de los modos de producción, la súper explotación y la democracia, lo siguiente es hablar de la formación económica de México. En el desarrollo del presente trabajo, especialmente para el periodo de 1850 en adelante, es importante que la formación social mexicana resulta de la síntesis de los modos de producción, a los que se llaman regímenes de producción y que se identifican básicamente tres: régimen de producción artesanal, régimen de producción rígida y régimen de producción flexible. Su yuxtaposición histórica explica en gran medida la lógica de los movimientos sociales del país.

Entrando en materia, se tiene que la economía novohispana aporta al comercio internacional productos de gran valor tales como azúcar, grana, cacao, algodón, café, trigo, cáñamo, lino, seda, aceites, vinos, minerales y mercurio (Stein, 1979b). En el siglo XIX Alexander Von Humboldt en su Ensayo político sobre el reino de la Nueva España publicado en 1822 presentan un territorio diverso y rico en potencialidades naturales para el comercio intercontinental.

Es a inicios del siglo XIX que se inicia una serie de exploraciones en todo el globo terráqueo por parte de las potencias europeas, cuya finalidad es identificar las potencialidades naturales existentes en las distintas geografías, y con ello establecer un inventario de recursos explotables para sus economías, so pretexto de un interés cuentista. El décimo novena centuria es de exploración y parte de un interés meramente económico por descubrir oportunidades y potenciales mercados internacionales.

En su trabajo este visitador y cronista de las tierras americanas evalúa el uso y aprovechamiento de las potencialidades naturales del nuevo continente, y afirma que sus prósperas economías pronto vuelcan a una fase de independencia económica, especialmente la Nueva España.

Las guerras de independencia en la región son promovidas bajo inspiración liberal, que se encunan principalmente en las logias masónicas, las cuales promueven desde la clase criolla las aspiraciones tanto independentistas como libertarias en Latinoamérica. El ideal como economía ex colonial independiente es la nación norteamericana que sirve de marco de referencia y guía para trazar el camino del desarrollo económico independiente.

América latina se reciente fuertemente con respecto a Europa a quien ven como avasalladora y culpable de tres siglos de opresión y explotación colonial. En esto, es norte América quien sale ganando puesto que las naciones latinoamericanas evitan comercio y trato directo con las potencias europeas, por lo cual como intermediaria aparece la nación del norte. Si Latinoamérica vende algo a Europa lo dan por medio de Norte América y viceversa. Si se desea algo de Europa se adquiere mediante la intermediación estadounidense. Su papel de intermediario comercial le pone en una posición privilegiada en el comercio intercontinental, creando una tradición que a la fecha persiste en la región puesto que el 90% del comercio internacional de las naciones ibero americanas lo hacen con América del norte, y el resto se reparte en un comercio interregional como a otras naciones fuera del continente americano.

Al parecer esta es una de las razones del sesgo hasta la fecha mantenido del comercio continental y la grave dependencia comercial y financiera mantenida de las naciones del sur respecto a la del norte. La postración latinoamericana esta en la capacidad de condicionamiento monopsónico que pudo imponer Estados Unidos de América a las naciones latinoamericanas gracias a su distanciamiento con Europa desde inicios de su independencia.

En los conflictos de las guerras napoleónicas europeas, Norteamérica fortalece su fuerza marítima con la creación de nuevas rutas y aumento de su marina mercante al pertrechar a Inglaterra y en parte a Europa durante esta fase. Los recursos económicos obtenidos por esta causa generan capitales muy significativos para proyectar a esta nación como una nueva potencia económica tan fuerte como su metrópoli en el Reino Unido.

Por su parte, las naciones latinoamericanas profundizan sus conflictos de inclusión – exclusión por la descomposición de su sociedad estamentaria y el surgimiento de una nueva de pretensiones liberales y democráticas. Los criollos y clérigos a inicios del periodo independiente, no desean perder los privilegios tenidos en el periodo colonial, como a su vez, los mestizos e indígenas luchan por adquirir un estatus de ciudadanía democrática.

El exacerbado centralismo colonial ocasiona que regiones distantes como las del sur del país se independicen del ahora México independiente, como es el caso de Guatemala, Honduras y Nicaragua. Así también se pierden grandes extensiones del territorio nacional en el norte. Yucatán se independiza aunque posteriormente se le reintegra a la República naciente.

El decreto de expulsión de españoles de 1824 es uno de los grandes errores cometidos en el inicio del periodo independiente pues en solo un año la nación pierde importantes capitales que avían la hasta entonces fuerte economía novo hispana. La falta de capitales nacionales obliga a la nación a solicitar continuamente préstamos a naciones como Inglaterra y Francia y caer en un excesivo y persistente endeudamiento.

La economía de la nueva nación se sostiene principalmente por la producción de sus haciendas en lo rural. En el ámbito urbano los obrajes y el comercio con el campo son la base de la principal columna de la economía. La minería quiebra y cierra por la carencia de capitales como por el abandono de sus antiguos propietarios. La tenencia de la tierra basada en el latifundio ocasiona que en el campo el cautiverio de peones y trabajadores agrarios observen un empeoramiento de sus condiciones de vida. La parcelación de la tierra no existe lo cual es un polvorín que explota a inicios del siglo XX con la revolución mexicana. Se dice que el 3% de los propietarios de la tierra controlan el 58% de la tierra arable del país en 1910.

Tanto norte América como Inglaterra destruye en gran medida con el imperialismo hispano y construyeron las bases de un nuevo colonialismo liderado por estas dos naciones, y por el cual se explica el posterior desenvolvimiento económico de América Latina hasta la actualidad.

El periodo independiente de la nación observa graves problemas en materia de su estabilización económica como del mantenimiento del orden y la paz social. Los nuevos regímenes de gobierno no obtienen la representación política necesaria para legitimarse como fórmula de gobierno. La escasez de recursos financieros causa una gran inestabilidad económica como profundas crisis. Continuamente hay intromisiones en los asuntos nacionales de las potencias europeas como del vecino del norte (Florescano y Lanzagorta, 1976) .

El sector pilar de la economía virreinal que es el minero, cae abruptamente a efecto de la guerra de independencia, rompiendo los circuitos productivos existentes entre la minería, el comercio y la producción agropecuaria, especialmente en el Bajío que expresa una gran descomposición social. Por momentos los intercambios se dan en especie o trueque ante la ausencia de una moneda nacional que cuenta con la liquidez nacional. Los minerales en peso y ley sustituyen en gran medida al dinero.

La sobre especialización productiva de las regiones es la razón de su vulnerabilidad puesto que los intercambios en especie se ven muy limitados, mientras que las regiones con mayor diversidad productiva experimentan la crisis de liquidez.

El contrabando de productos ingleses como norteamericanos viene a afectar profundamente a la industria local, lo que profundiza la crisis para muchas factorías productivas y causa la salida de minerales que para entonces son la base de la liquidez de un sistema financiero que le requiere en cuanto se formaliza. La escasez consecuente de reservas en oro y plata explican la devaluación del dinero y la consecuente crisis inflacionaria.

El endeudamiento con el exterior son salidas inmediatas que las administraciones independientes procuran para establecer un sistema financiero nacional que cuenta con la liquidez necesaria para reactivar el comercio y la producción, como estabilizara la economía.

Se tiene una sociedad en conflicto entre dos clases sociales: los liberales que representan abogados, pequeños propietarios, comerciantes de provincia, clase media urbana; y la clase conservadora liderada por el clero, los terratenientes y grandes comerciantes. De 1821 a 1857 la contienda entre estos dos frentes políticos explica la inestabilidad política que tipifica este periodo.

Amabas corrientes ideológicas, sin embargo, coincide en el papel que se le debe conferir al estado como un estado no interventor, regido bajo la norma del laissez faire. Esto es, los conservadores como los liberales coinciden respecto su concepción del Estado como objeto económico, no obstante, las diferencias radican entre mantener una sociedad estamentaria de privilegios para clérigos, ricos comerciantes y hacendados, y una sociedad democrática donde se extinguiera todo tipo de privilegio.

A su vez, ambos grupos procuran sostener un gobierno regido por criollos, aunque después de 1857 los masones liberales incorporan en la vida política los intereses de indígenas y mestizos sobre los de los criollos, puesto que evidentemente, el grupo mayoritario es la de los mestizos y los indígenas, mientras que los criollos son una muy pequeña minoría de la sociedad y pronto tiende a extinguirse en una sociedad aplastantemente compuesta por mestizos.

Crece el latifundio laico a costa del latifundio clerical, especialmente durante la Reforma juarista. Lo cual fortalece a los hacendados agrícolas y ganaderos del país. Se enajena en gran medida la propiedad indígena o cementeras a costa de la expansión que desde tiempos coloniales se vive como una realidad de despojo de los indígenas. El periodo independiente en nada mejora la calidad de vida y los derechos civiles de los indígenas, todo lo contrario, los agrava ante el desprecio de criollos y mestizos que el condenan y recluyen a la más bajo nivel de la escala social del México independiente.

México, sin embargo tiene potencialidades reales en el comercio internacional puesto que existe en su momento una alta demanda de productos tales como el café, el tabaco, el azúcar, el algodón y el henequén, que se producen en gran escala en zonas como Veracruz, Chiapas, Yucatán y algunas zonas del norte de la nación.

Mientras prospera el latifundio laico en el campo, en las ciudades las viejas clases de comerciantes criollos y españoles son desplazados por ingleses, franceses y norteamericanos. La industria nacional se ve frustrada por la presencia de productos industriales de Inglaterra, Francia y Estados Unidos, lo que estrecha el nacimiento de una industria nacional urbana. No se debe dejar en esto al lado del contrabando, que extrema esta situación.

Las herramientas en gran medida son productos importados por lo que la dependencia tecnológica tiene sus orígenes al permitir la presencia de bienes industriales y herramientas procedentes del exterior lo que restringe el desarrollo de un aparato productivo nacional.

Los liberales ven como principal problema de la nación el acaparamiento de tierras agrícolas por parte de la Iglesia, que para mediados del siglo XIX controla más de la mitad de las tierras arables del país (Bazant, 1976).

El clero regular es el más sensible a la realidad del pueblo, puesto que es quien mayor cuenta tenía con este. Por otra parte el clero secular es la aristocracia dentro de las clases clericales, la más distante del pueblo y la que más se beneficia de las rentas de las tierras y otras donaciones que ricos hacen a los templos y conventos.

Mientras que el clero regular lucha con el pueblo por la instauración de una nación independiente, el secular se alía con los conservadores procurando mantener sus canonjías y beneficios heredados de la sociedad estamentaria colonial.

En 1856 la ley Lerdo de Tejada o de desamortización de los bienes de la Iglesia afecta los intereses de los clérigos seculares. La Iglesia pasa de terrateniente a acreedor hipotecario. El Estado se apropia de los bienes inmuebles de la Iglesia Católica, especialmente los terrenos rústicos y tierras agrícolas, entre inmuebles de casas conventuales, y otros.

Esta ley es el principal antecedente del reparto de la riqueza dentro de la nación independiente. En 1859 con las leyes de reforma se nacionalizan los bienes de la Iglesia y separa a la Iglesia católica del Estado. Posteriores reformas institucionales siguen restando poder a las corporaciones clericales y lentamente la Iglesia pierde el control de la economía y la sociedad, como desde tiempos coloniales lo viene haciendo.

Aún en el tiempo de la intervención francesa, los conservadores y la Iglesia no ven devueltos sus bienes y privilegios por el gobierno de Maximiliano de Habsburgo, lo que viene a decepcionar a esta clase que originalmente los procura.

Las leyes liberales del periodo juarista no tienen relevancia social alguna puesto que los bienes confiscados son enajenados para sostener la guerra de Reforma como enfrentar la intervención francesa en México. No obstante la desamortización de los bienes eclesiásticos si trazan el inicio de la modernización de la economía mexicana, aunque fuese de manera incipiente, se crea instituciones de corte capitalista y liberal que son el fundamento necesario para el ascenso del país al desarrollo capitalista e industrial de corte nacionalista. A su vez se fundan bancos, vías férreas, se reincentivan sectores económicos como la minería, los textiles, se sanean puertos y construyen caminos, se introdujo la electricidad y con todo ello se pone rumbo al crecimiento y consolidación de un proyecto de nación.

El triunfo del esquema liberal tiene continuidad en administraciones ulteriores a la del presidente Benito Juárez, especialmente durante la dictadura porfirista (Keremitsis, 1973b). Después de los turbulentos años de 185º a 1880 terminan y la nación arriba al desarrollo capitalista moderno. Con Porfirio Díaz se generan vías férreas y se firman convenios de colaboración con potencias extranjeras para el fomento de la minería y la energía eléctrica. Con las líneas férreas van las líneas telegráficas en el centro del país, y el centralismo político es un fundamento de control para la organización de la nueva economía y la organización del territorio, donde se incorpora a las regiones, al menos las centrales del país, al esquema modernista. No obstante, el régimen porfirista restringe intereses norteamericanos en participar en la economía mexicana, favoreciendo a otras potencias como lo es Inglaterra. Trata de restringir la importación de algodón de Norteamérica.

De la intervención francesa la nación hereda la consolidación del primer banco central mexicano gracias al amparo (de inicio), de capitales franceses. Esto le da a la nación un sistema financiero nacional y con fundamento económico para respaldar las políticas de fomento industrial.

Las guerras intestinas y el rompimiento del esquema productivo agrícola que continuamente se fragmenta con las intervenciones extranjeras y las revueltas regionales generadas por la proliferación de caudillos, causan que de 1850 a 1880 la nación crezca poco en lo económico como en lo demográfico, las hambrunas son persistentes en las regiones del país durante este periodo. Las redes terrestres de comunicación son las heredadas de la colonia y por tanto insuficientes para respaldar el desarrollo económico del país.

Tomado de Gaona, mayo 2007; 9.

La industria textil mexicana se sostiene precariamente y no logra fortalecerse ante la constante importación de telas provenientes de Inglaterra. En 1869, con el regreso del presidente Benito Juárez y sus liberales al poder, muchos empresarios venden sus propiedades y abandonan el país ante el temor de la enajenación de sus bienes.

Las fábricas fundadas durante la intervención francesa son dirigidas por extranjeros, los directivos bien son franceses o bien ingleses, mientras que no existen administradores mexicanos que dirigen las principales factorías del país. Los mexicanos son por tradición jornaleros y trabajadores, empleados en las fábricas.

Con el advenimiento de los esquemas modernos de producción y sus formas deshumanizadas de explotación de la mano de obra, así como la proliferación de tesis del socialismo utópico, como la publicación del Manifiesto Comunista en 1848, las organizaciones obreras a nivel mundial empiezan a aparecer como sindicatos de trabajadores. Las formas corporativas del trabajo son un fundamento del modernismo capitalista naciente.

En México, la primera organización sindical aparece en 1853, y en 1880 aparece la segunda. En el porfiriato los sindicatos proliferan a la par que crecen las factorías modernas, especialmente de inversión extranjera inglesa como francesa. El periodo porfirista es de ascensión industrial urbana. Lo que hacía falta es una reforma agraria que repartiera la propiedad agrícola a los peones y jornaleros de las Haciendas, procurando con ello el alivio de la pobreza cada vez más generalizada y extrema que se vivía en el campo mexicano, ante el acaparamiento de los latifundistas que controlan la producción, los precios agrícolas y hasta la vida de sus trabajadores, que están cautivos bajo un sistema de deudas, deudas incluso heredables de padres a hijos y por generaciones completas.

Productos básicos como insumos textiles tales como el henequén y el algodón son el fundamento de la industrial textil del país, no obstante en la producción del algodón la nación no lo puede producir con la baratura deseada ante los precios existentes en el extranjero, por lo que es más barato importar el algodón que cultivarlo en el país. El fundamento de la industrialización lo son las manufacturas, especialmente de este sector. Los líderes políticos de fines del siglo XIX e inicios del XX salen de esta clase de industriales.

El liberalismo en México tiene varios tropiezos en su implementación, uno es al reacción de la sociedad conservadora, que en esperanza de mantener sus canonjías otorgadas como parte de una organización social que parte de estamentos de clase, se oponen abiertamente al modelo de los liberales, especialmente en reacción a Benito Juárez y Sebastián Lerdo de Tejada. La segunda fuerza en contra la reacción en México ante el surgimiento de la guerra civil en Estados Unidos que cuestiona si el camino al capitalismo es propiamente el liberal, similar al yanqui, o bien el conservador similar al de las haciendas sureñas de esta nación. La guerra secesión en Norteamérica pone un suspenso en la propuesta de desarrollo e industrialización en México. Finalmente la intervención francesa que, contrario a la esperanza de los conservadores, reinventa el liberalismo en México que, más allá de Juárez y Lerdo de Tejada, se incorporan elementos de la ilustración francesa y el reformismo francés (Perry, 1974).

La constitución conservadora de 1824 queda atrás ante la de 1857 de abierto liberalismo frangmasónico. El alto nivel de analfabetismo y la falta de compromiso político de la población no dan el fundamento necesario para aspirar a una sociedad democrática. Por ello, las elecciones y comicios no son en su momento una realidad viable para una nación que previamente, requiere la concientización política necesaria. La consecuente entonces es el inevitable surgimiento del régimen dictatorial de Porfirio Díaz.

El liberalismo económico en Europa surge en el siglo XVIII mediante el pensamiento de Adam Smith, como preámbulo a la revolución industrial bajo las siguientes condiciones: la existencia de capital para el fomento de la inversión, la consolidación de los mercados domésticos, redes de comunicaciones terrestres como marítimas bien consolidada que comunica a los mercados nacionales como regionales, e instituciones capitalistas que vitalizan al Estado para regir al sistema capitalista.

En México, la pobreza extrema, el acaparamiento de tierras, el encasillamiento de trabajadores y jornaleros agrícolas, la falta de un ejército industrial de reserva suficiente como proletariado urbano, persistencia de instituciones estamentarias y de trabajo que no permiten la liberalización de la mano de obra, la falta de industrias consolidadas y capitales de avío significativo, la alta incertidumbre y abruptos conflictos sociales, la carencia de un programa nacional de desarrollo que mantiene una continuidad, entre otros aspectos, entorpecen el programa liberal del desarrollo del país, y sobre todo la aspiración a ser una sociedad democrática.

El federalismo es a su vez, otra de las aspiraciones del programa liberal que queda plasmado en el artículo 40 de la constitución del 57. Una grave contradicción radica en que los liberales aspiran a un federalismo de jure pero no de facto pues ven la heterogeneidad del país como un grave problema que debiera erradicarse para procurar ser una sociedad más homogénea y fortaleza de la unidad nacional.

Un reto en la uniformación de la sociedad nacional es el surgimiento del caudillismo, producto derivado inminentemente del regionalismo nacional, a lo que se le considera como la persistencia de cacicazgos heredados de periodos coloniales. Típicamente estos caudillos son fórmulas de gobierno local que incluso, llegan a ser gobernadores de los Estados. El caudillismo de hecho es una fórmula de control y poder político local y regional en el país. Por eso, el federalismo y la democracia enfrenta como principal restricción la existencia de cacicazgos y caudillos que proliferan en todo el territorio nacional. Los caudillos incluso tienen poder militar pues llegan a reclutar a ejércitos locales que bien apoyan a un gobernante, como sucede con Benito Juárez, o bien lo enfrentaban, como muchos caudillos se levantan durante la revolución mexicana contra Porfirio Díaz.

El caudillismo por otra parte, pugna por los intereses de las oligarquías locales que, en muchos casos, llevan a conflictos militares a una escala nacional. Organizar el territorio y pacificar al país es un reto que se enfrenta duramente con la presencia de los caudillos que pueden cuestionar el mandato de gobierno a nivel municipal, estatal e incluso nacional (Emiliano Zapata a inicios del siglo XX).

En este ordenar a la nación y procurar un programa nacional de desarrollo, el país sufre distintos descalabros: De 1820 a 1830 se pierde a Guatemala, de 1830 a 1840 Texas se separa de la República, de 1840 a 1850 se pierde Nuevo México, California y Yucatán, este último se declara independiente. A la fecha conserva su propia bandera y su propio himno nacional.

De 1850 a 1860 se pierde otra fracción más del territorio del norte del país cedidas a los Estados Unidos de América. La situación civil también son críticas puesto que el ejecutivo nacional tiene que pedir al Congreso de la Nación la suspensión de las garantías constitucionales nueve veces por nueve años, obtiene facultades extraordinarias y facultades en guerra y Hacienda.

El bajo nivel de instrucción del pueblo, el control a nivel local de caudillos, la minoría liberal, una burocracia comprometida con las clases conservadoras comprometen las elecciones de la nación. Las primeras elecciones son cuestionadas por la parte conservadora al considerar que de manera delictuosa tanto Juárez como Lerdo de Tejada intervienen en las elecciones para sesgar sus resultados a los intereses del partido liberal. Los últimos 30 años de la decimonónica centuria se marcan con un gran número de insurrecciones en todo el país, que se son calmando con el régimen de porfirismo de 1880 a 1900, al conceder Porfirio Díaz canonjías a las oligarquías locales como nacionales del país. No obstante, la falta de una reforma agraria, a razón de proteger los intereses de los caudillos que a nivel local son los dueños de las Haciendas agrícolas y ganaderas del país, engendran otro tipo de insurrecciones, cada vez más de tipo agrario.

Las insurrecciones en el país dan por resultado la exacerbación del centralismo, como el exceso en gastos militares, y militarización de la vida pública. Los militares de hecho son parte de las clases privilegiadas en al sociedad porfiriana. Mucho del erario público se dilapida en sueldos y salarios a militares como en gastos de guerra para pacificar a la nación. Siendo el porfirismo de inspiración liberal, no obstante, el Estado crece a efecto de las insurrecciones y el aumento de la clase militar del país. El estado más que juez y policía, es propiamente un estado gendarme que procura la integridad nacional, protege de cualquier intervención extranjera, como la paz de la República ante las continuas insurrecciones regionales.

De 1876 a 1919, bajo el modelo liberal se dan expropiaciones de tierras comunales, en perjuicio especialmente de las comunidades indígenas, como del empobrece de los trabajadores en las haciendas a razón del asalaramiento. Este fenómeno no es parejo en el país sino tiene variaciones regionales. Especialmente entre al norte, el centro y el sur. Obedece principalmente al carácter y las características de los mercados de trabajo, como las condiciones sociales laborales que se dan. (Katz, 1976; 15 – 91)

La expropiación a gran escala despoja al 95% de las comunidades indígenas de sus propiedades comunales, lo que libera un enorme ejército industrial de reserva, que causa a su vez la caída del salario real. Esta oferta laboral se libera en el campo, mientras que en las ciudades, la industrialización demanda mano de obra disponible, al diferente localización donde se dan la oferta (campo) y la demanda (ciudad) de mano de obra es la razón de una proceso de transición que expresa el reacomodo poblacional bajo el inicio de la migración del campo a las ciudades, mientras tanto la pobreza es el carácter que adquiere el inicio de la modernización del país desde el último cuarto del siglo XIX en el país.

Las condiciones laborales como las distintas características de los mercados de trabajo prevalecientes en el norte, sur y centro del país, causan que tanto la enajenación de tierras comunales y la inminente liberación de mano de obra en el campo. Se empobrece del salario real, lo que se expresa con sus propias singularidades en las tres regiones.

El peonaje por endeudamiento no es un proceso homogéneo en las haciendas del país. No obstante tener el mismo origen (enajenación de tierras comunales como caída del salario real), en condiciones sociales distintas produce efectos distintos. En el sur, la inclusión de fuertes montos de inversión extranjera y la creciente demanda urbana de productos agrícolas genera un peonaje bajo fórmulas de endeudamiento en las haciendas. John Kenneth Turner en su conocido libro “México bárbaro” presenta y describe muy bien esta situación en las haciendas del henequén en Yucatán. Situación que según este autor, se asemeja no tanto a relaciones serviles como en el resto del país, sino que con gran similitud a la esclavitud de indígenas yaquis y lugareños despojados de sus tierras.

En el norte del país las mismas causales tienen un efecto opuesto al del sur. Aquí se tiene una sociedad menos indígena y las propiedades comunales son menores en importancia puesto que de haberlas, no son propiedades agrícolas, y su productividad es de reproducción simple. Por otra parte, las relaciones industriales, al tratarse de una sociedad más mestiza que en el sur, establece condiciones de trabajo libre. Aquí no existe, o al menos no en forma significativa, el peonaje por endeudamiento.

La diferencia entre el norte y el sur se explica principalmente por que el aislamiento geográfico del sur, como de la falta de industrias, la herencia de un indigenismo cuya relación laboral deriva de las encomiendas y el repartimiento desde el siglo XVI, entre otros factores son el fundamento de que existan relaciones putativas de los señores hacendados (mestizos), y los trabajadores (indígenas), el servilismo que roza con la esclavitud, y el cautiverio bajo deudas de la mano de obra. En el norte, el origen es distinto, no existe una población indígena tan representativa en su sociedad, se trata principalmente de mestizos y trabajadores libres, donde las relaciones industriales no son definidas por encomiendas o repartimiento, sino por una colonización que parte de fundaciones agrícolas (ranchos y rancherías), al margen de las haciendas mineras, sin subestimar las haciendas agrícolas y ganaderas (también muy importantes en la economía norteña, como las actividades de arriería), y comercio sub regional.

El centro del país, también observa su singularidad, puesto que aquí operan de manera sincrética las condiciones que se dan tanto en el norte como en el sur. Existe como antecedente el repartimiento y la encomienda dadas desde la XVI centuria, no obstante hay un gran número de criollos y mestizos que trabajan como libres. Así, el centro es una relación intermedia entre ambos extremos observados en el sur y norte del México.

La constante expansión de la propiedad privada sobre la comunal es una constante en la historia de la nación mexicana desde tiempos precolombinos, donde las conquistas se alentan entre los pueblos conquistadores premiando a sus soldados con la propiedad de las tierras conquistadas. Katz otorga la fecha de 1427. Esta expansión se sostiene hasta 1910.

La independencia de México viene en beneficio de la sociedad criolla y mestiza, mas no de los indígenas quienes en el siglo XIX ven enajenar sus tierras comunales a favor de la expansión de las haciendas y ranchos de los primeros. Esta centuria es para los indígenas, igual que en el siglo XVI durante la conquista, un periodo de despojo donde los indígenas pierden el fundamento de su vida: la tierra. Desde ese momento se va a patentar en la historia de México el surgimiento de la precarización de las comunidades indígenas que ahora, sin tierras se condenan a la indigencia y a un servilismo que ralla con la esclavitud. El binomio indígena – indigente es efecto del despojo de sus tierras por los mestizos y criollos. La independencia es un periodo tan terrible para los indígenas como lo es la propia conquista. Y con este despojo los indígenas ven desintegrarse sus propias comunidades, debilitarse su forma de vida y quedar al margen del desarrollo de una economía que no los considera en su visión de modernización. La pobreza extrema es la condena que los predestina hasta la actualidad a ser el estrato más humilde de la sociedad mexicana.

La desaparición de las tierras comunales genera por otra parte el aumento de los trabajadores eventuales baratos, por lo que la necesidad en las haciendas de sostener el sistema de cautiverio por endeudamiento de los trabajadores es paulatinamente desapareciendo. Asimismo, la adquisición de tierras marginales se presta a la aparcería donde el arrendamiento es una vía por la cual se cubren los riesgos que derivan al tratarse de terrenos rústicos y de calidad marginal. Los rentistas o aparceros trabajan bajo los mayores riesgos, como con la menor productividad a trabajar las peores tierras, por lo que comúnmente caen endeudamiento de los terratenientes, por lo que se tiene aquí un doble proceso contradictorio: la enajenación de las tierras que genera trabajadores libres y el nuevo trabajador bajo deudas.

Son estas razones las que explican en 1910 el inicio de la revolución mexicana. En el norte, los trabajadores libres sobre empobrecidos por un desarrollo industrial incipiente y de carácter urbano que se sustenta en el depauperio de los precios de los productos agrícolas. En el sur, los indígenas desposeídos llevados a la indigencia, al sobre endeudamiento y a un servilismo casi esclavista. Interesante es que mientras en el norte y el sur la razón de los levantamientos, finalmente radica en la extrema pobreza, en el centro es la búsqueda de fundamentar una vida democrática.

Pero en este sentido, más que una razón regional, debe verse que el campo se mueve por una revolución de humildes, en las regiones urbanas es la procuración de la vida democrática, aliciente importante para el desarrollo capitalista moderno.

Las intervenciones extranjeras son posteriores a la guerra de independencia en el siglo XIX. La de Estados Unidos de América en 1847 y la intervención francesa 1865 – 1867. No obstante el imperialismo capitalista ingresa al país bajo la dictadura porfirista, quien promueve los intereses de extranjeros, especialmente de Inglaterra, Francia, Estados Unidos y España (Calderón, 1972ª; 135 – 219).

El positivismo decimonónico da a la naciente burguesía mexicana las tesis científicas necesarias para justificar su aparición bajo prejuicios propios del darwinismo social y la eugenesia social. El liberalismo político propio de la constitución de 1857 queda atrás en el porfiriato, donde el liberalismo adquiere su matización económica. La nueva burguesía mexicana basa su rol social en el orden natural de inspiración divina propio de esta doctrina, donde desde luego el exacerbado naturalismo platea una sociedad de clases basada en la supervivencia del más fuerte.

Los “científicos” liberales consideran que el éxito del naciente capitalismo mexicano tiene su acomodo en su nexo con el capitalismo mundial. Consideran a la historia como lineal por lo que replican en gran medida el esquema de desarrollo inglés, pensando que su camino histórico traza para la nación mexicana el camino para lograr la prosperidad.

Los intelectuales liberales de México a fines de la décimo novena centuria son parte del grupo de científicos que asesora a Porfirio Díaz en la implementación de una sociedad con fundamento capitalista (Cockroft, 1971; 56 – 84).

El Establishment científico de Porfirio Díaz funda sus creencias en las tesis positivistas de Auguste Comte, y el Darwinismo social de Herbert Spencer, cuyo pensamiento es la orientación educativa e institucional de la sociedad porfirista.

No obstante, los pensadores liberales ven en el orden porfirista la disciplina propia para la inauguración del capitalismo en México, como parte del orden natural, pero más adelante, la clase intelectual liberal se verá decepcionada ante la impostura dictatorial de Porfirio Díaz. Puesto que, para un liberal, el fundamento de la libertad es la democracia. Esto es causal de la disidencia intelectual de inicios del siglo XX con el régimen que no funda las bases agrarias de la propiedad privada, ni las bases políticas de la democracia de una nación que procura el capitalismo desde el punto de vista liberal smithsoniano. Los intelectuales como Camilo Arriaga, Antonio Díaz Soto y Gama, Juan Sarabia y Rivera (todos de San Luis Potosí) y Ricardo Flores Magón (oriundo de Oaxaca) inspiran los anhelos de la burguesía provinciana en pro de una sociedad democrática. El liberalismo que es fundamento del porfirismo, se divorcia de éste cuando el régimen se vuelve dictatorial y alienta movimientos en busca de la democracia como el que encabeza Francisco I. Madero. Movimiento tan liberal como burgués.

El fundamento económico de un capitalismo liberal que trata de implementar una organización social del trabajo y la producción de corte fordista, trajo consigo un enorme contingente de jornaleros miserables y peones “acasillados”. La nueva burguesía se compone de empresarios extranjeros, nacionales, hacendados latifundistas, y comerciantes ricos de almacenes urbanos. Contraparte, aumenta la clase media urbana, los trabajadores asalariados y los peones del campo.

La división de clases se profundiza al grado de la intolerancia y el resentimiento que bien adquiere matizaciones de odio contra los ricos del país. La explotación capitalista se agrava para las regiones del país que logran mayor nexo con el capitalismo mundial. En el campo las regiones especializadas en productos como el azúcar, el algodón y el henequén, con mercados de destino en el extranjero generan la mayor pobreza. Estados como Morelos, Veracruz y del norte de la nación vivifican esta situación.

Las industrias extractivas como de generación de la energía, evidentemente estratégicas en el desarrollo nacional, están en manos de extranjeros, así como la red de comunicaciones terrestres, marítimas y electrónicas como el teléfono y el telégrafo. Con ello, el condicionamiento e inclusión de intereses extranjeros en el desarrollo nacional es inminente. El esquema ya no procura resolver tanto los problemas de la nación, sino en directa relación de los intereses de acumulación capitalista de empresas extranjeras localizadas en le territorio nacional.

Las leyes de Reforma del siglo XIX despojan a los indígenas de sus tierras comunales. La concentración de la propiedad rural causa la precarización de los trabajadores campesinos.

“El camino entre México y Veracruz es durante trescientos años la principal ruta comercial y cultural de México y España, por ese motivo, el primer ferrocarril se tiende entre la Ciudad de México y el puerto. El primer tramo ferrocarrilero completo, construido en 1873, tiene una extensión de 471 kilómetros, sin embargo, el tendido se incremento de manera considerable entre 1880 y 1910 hasta alcanzar los casi 20 mil kilómetros. Casi la totalidad de la red ferroviaria mexicana actual es construida en el periodo señalado con antelación.” (Gaona, mayo 2007; 1 – 14)

Mapa 1
Fuente: Gaona, mayo 2007; 1.

El elemento detonador del desarrollo en el porfiriato es el poder anexar al desarrollo nacional las regiones del país gracias a una extensa red de comunicaciones férreas. Gracias a los ferrocarriles el país queda conectado y las regiones norte, centro y sur se vinculan en un mismo programa económico, que por otra parte vincula a la industria del país con los mercados foráneos.

Por otra parte la industrialización se relocaliza con base a la trama férrea de las comunicaciones. El teléfono como el telégrafo se extiende al paralelo de las vías del ferrocarril, así que con la llegada de los ferrocarriles también se inauguran las comunicaciones electrónicas.

Las regiones comunicadas inician de inmediato un crecimiento sostenido en lo económico como en lo demográfico y la industria, como el desarrollo urbano, aportan un incentivo adicional al desarrollo nacional.

El camino del capitalismo liberal lo marca Inglaterra con el desarrollo de la industria textil. Naciones como la mexicana procuran fortalecer la industria algodonera y textil para seguir el derrotero de la historia del capitalismo Inglés, que para la época de Porfirio Díaz el Reino Unido pierde su lugar como el principal proveedor de textiles en el mundo, no obstante los telares y muchos insumos lo mantienen como eje central del desarrollo textil (Keremitsis, 1973c; 77 -98).

Inglaterra pasa a la fase del desarrollo de la industria pesada y de la venta de bienes de capital, el ferrocarril, telégrafo y el teléfono son patentes que exporta para promover sus industrias en las colonias que depende de su protectorado, tales como la India o Sudáfrica, incluso aún en periodo independiente provee de sus patentes a los Estados Unidos de América, como a Canadá y Rusia para el desarrollo de su líneas férreas de comunicación.

La paz porfiriana se traduce en estabilidad económica, y en especial estabilidad y seguridad financiera. La moneda mexicana con valor mineral basado en el bimetálico, se cotiza aún en los mercados internacionales como una divisa dura y de alta liquidez, por lo que el sistema financiero mexicano goza de credibilidad internacional y otorga estabilidad a la economía nacional.

Esta paz porfiriana por otro lado otorga a los inversionistas tanto nacionales como extranjeros el clima propicio para la inversión. México atrae fuertes capitales de naciones como Estados Unidos de América, Inglaterra, Francia, España y Alemania. Prosperan las industrias textiles mexicanas y el comercio con el exterior aumenta.

El desarrollo de la sociedad porfiriana da prosperidad en lo urbano, no obstante persiste en el campo el despojo de las tierras comunales que desde los tiempos de Benito Juárez se dan con las leyes de desamortización y reforma, por lo que los latifundios crecen a dimensiones socialmente no admisibles.

Asimismo, la paz porfiriana se traduce en un crecimiento constante de la población mexicana por lo que las áreas urbanas y metropolitanas del país se vuelven centros de atracción de migración campesina. El ejército industrial de reserva crece en el medio rural como urbano y los jornales del campo como los sueldos y los salarios en la ciudad pierden poder adquisitivo. Existe en ese momento flexibilidad de precios y salarios, y la carencia de instituciones económicas que respaldan los derechos laborales causa que los trabajadores continuamente ven caer nominalmente el valor salarial de sus jornadas de trabajo. Con la flexibilidad de precios como de salarios, la estabilidad de los primeros se funda con la caída de los segundos. La estabilidad parte del aumento de la miseria de los trabajadores. La explosión demográfica que se vive de 1880 a 1910 agudiza la situación y agranda los niveles de pobreza, no obstante la prosperidad empresarial que se vive. Son los ricos quienes se benefician de la paz porfiriana, pero los humildes ven durante este periodo aumentar a niveles intolerables su situación como trabajadores.

Se dice que en 1880 la nación mexicana cuenta con 9 millones y medio de habitantes, para 1910 esta población ya es de 15 millones. Un crecimiento demográfico promedio anual de 1.53% durante 30 años. México es una nación dominantemente rural.

Porfirio Díaz otorga concesiones a extranjeros como a nacionales por lo que logra simpatías políticas del grupo hegemónico y rico de la nación. Díaz normaliza el comercio como la producción adoptando el sistema métrico, lo que a su vez es importante para la certificación y el desarrollo de patentes en el país.

No obstante ser un liberal en estricto sentido, Porfirio Díaz rechaza la propuesta norteamericana hecha a México en 1884 de establecer entre ambas naciones una Unión Aduanera. No obstante, crea una zona franca en la franja fronteriza con dicha nación, donde se exenta de impuestos a los empresarios norteamericanos que localizaran sus industrias en territorio nacional.

El centralismo político se traduce en centralismo administrativo, en el siglo XIX varias entidades del país procuran su separación de la República, como lo es Yucatán, por lo que Porfirio Díaz procura la promoción de intereses empresariales locales con una burocracia activa y eficiente en atender sus demandas en materia del fomento local de sus industrias. No obstante mantiene su hegemonía política sobre intereses que pueden significar un riesgo para su régimen, para lo cual la obra pública continuamente, bien favorece o bien margina los intereses locales, todo con fines de control político. El caso más ilustrativo es haber desviado hacia el sur el Río Nazas cuando más agua se requiere para el desarrollo de la industria algodonera de la Laguna, en el norte del país.

Lo interesante del Estado liberal mexicano es que en las instituciones la tesis del laissez faire se mantienen, fundamento de la economía y del desarrollo nacional, pero en lo político la oligarquía se muestra reacia a aceptar la democracia y mantiene su poder en distintas fórmulas de fascismo dictatorial. El liberalismo económico se conjuga con el despotismo oligárquico, curiosamente, se conjugan para hacer una mancuerna que mantiene el poder en el país, no obstante ser de carácter excluyente (Leal, 1975; 31 -59).

La llegada del ferrocarril, el telégrafo y el teléfono, el comercio nacional se fortalece lo que dan que surja una nueva burguesía comercial. Las haciendas tradicionales de autoconsumo y poco vinculadas al mercado nacional (atienden normalmente las necesidades de los mercados locales), se enfrentan con las nuevas haciendas modernas, con maquinaria y equipo que les permite una mejor eficiencia productiva y, sobre todo, vinculadas al mercado regional, nacional e incluso internacional.

El surgimiento del régimen de producción rígida a mediados del siglo XIX y su generalización en el ámbito internacional dentro del mundo desarrollado a fines de dicha centuria, causa que a inicio del siglo XX se den los primeros indicios del rompimiento de la correspondencia entre la oferta (excedida) y la demanda (restringida). Esta crisis restringe mucho las exportaciones puesto que no hay suficiente demanda a la expansión productiva que rebasando los mercados nacionales, procura colocar sus excedentes en el comercio exterior. En 1905 con la adopción del sistema de cambio basado en el patrón oro se trata de resolver, no obstante dicho cambio profundiza la crisis en 1906, año en que las haciendas tradicionales mexicanas abiertamente tienden a desaparecer.

La crisis de 1906 – 1908 causa también la crisis del pequeño comercio, aumenta el desempleo y los salarios caen significativamente por lo que se dan paros de fábricas y huelgas (como las de Cananea y Río Blanco). Surgen también las primeras insurrecciones campesinas.

La pérdida de mercados en el país de productos estadounidenses, como la restricción a la expansión de sus capitales invertidos en el país dan que Estados Unidos de América vea bien la posibilidad de un cambio en el gobierno, es por ello que apoyan financieramente el movimiento maderista. El estado liberal oligárquico ve su fin ante el surgimiento de la revolución mexicana en 1914 con el derrumbe del gobierno de Porfirio Díaz.

El esquema liberal es básico. Todo se fundamente en el comercio exterior. El crecimiento de la industria nacional debe complementar con la demanda externa sus expectativas de desarrollo. La ventaja absoluta de Adam Smith y la comparativa de David Ricardo son los pilares de esta visión, así como otros conceptos económicos del liberalismo inglés derivados de autores como J.B.Say y John Stuart Mill (De la Peña, 1975; 157 – 230).

La precaria situación fiscal de la nación, debido sobre todo a la carencia de un padrón de la población que aportara al erario, el comercio exterior vincula la posibilidad de ingresos fiscales adicionales por causa de importaciones del extranjero. Esa de hecho es la razón por la que México rechaza formar una Unión Aduanera propuesta por los Estados Unidos de América en 1884.

Los créditos foráneos con potencias extranjeras son otro camino para subsanar las finanzas públicas que hasta inicios del siglo XX se ven con saldos positivos.

En 1880 el régimen de producción flexible viene a imponerse ante el anterior régimen de producción artesanal, con ello, se sucede el inicio de una fuerte retracción del comercio mundial ante el surgimiento de fórmulas desleales en el comercio internacional, tales como el dumping, que inician los monopolios, especialmente alemanes. El armamento arancelario y contingentario no se hace esperar y la consecuencia es la caída del comercio exterior de la nación mexicana. Esta situación trata de remediarse en el país con la adopción del patrón peso oro, a cambio del sistema de cambios basado en la plata.

El surgimiento de monopolios a escala internacional y en el mundo desarrollado es causa de que las grandes potencias extranjeras vean la posibilidad de expandir su comercio al ámbito internacional. Presionan a naciones como la mexicana a abrirse a la inversión extranjera a cambio de ser sujetos de crédito. Las inversiones sobre todo van dirigidas a sectores estratégicos para el desarrollo de una nación, causando con ello la dependencia de la nación huésped de los inversionistas extranjeros. Los ferrocarriles, el telégrafo y el teléfono, la infraestructura de comunicaciones terrestres es básico para este fin. Inversiones que controlen los insumos de la industria pesada como la minería, que por otra parte, aporta el mineral para la monetización en cobre, plata y oro, es por tanto otro sector que desea controlar la inversión extranjera. Finalmente, la energía entonces proveniente principalmente del carbón y el petróleo necesariamente son elementales para establecer el control de una economía.

Las concesiones en estos ramos de actividad económica son dadas a norteamericanos y a ingleses, principalmente, entre 1904 y 1906. El conflicto desde el inicio se da al no pagar impuestos las empresas extranjeras a la nación. Tal reticencia fiscal es el fundamento de las expropiaciones de 1936 a 1938 que hace Lázaro Cárdenas.

No obstante, desde el inicio del porfirismo y aún la crisis del régimen de producción artesanal ante la prominencia del régimen de producción rígido, el crecimiento del comercio exterior se da de forma sostenida con tasas del 6% anual, con la excepción de los años de 1883, 1890 y 1904 donde el comercio no crece.

Las presiones norteamericanas por tener mayor influencia en la nación respecto a otras potencias extranjeras, principalmente las inglesas se velan ante la caída de las importaciones inglesas en México que en 1870 son del 50%. En 1876 se reducen al 35% y en 1910 ya solo son el 11%. Desde luego el mercado que pierden los ingleses lo van ganando los norteamericanos. Entre 1880 y 1910 México tiene un saldo superavitario de $1 022 millones. Saldo que salda el déficit comercial que mantiene con Europa de la que importa manufacturas diversas.

La inversión extranjera en México en el porfiriato es de aproximadamente las siguientes proporciones:

• Estados Unidos de América 38%
• Inglaterra 29%
• Francia 29%
• Alemania y otras como Prusia 4%

Un acierto del régimen liberal porfirista es el buen manejo de las finanzas públicas y la recaudación fiscal pues es, precisamente en el porfiriato que México salda sus compromisos financieros con el exterior, así como las finanzas públicas logran un monto significativo para la inducción del crecimiento nacional con finanzas sanas.

Las alcabalas estatales son derogadas por impuestos federales en 1896. Surge como medida de control el centralismo fiscal. El código de comercio aprobado en 1883 uniforma las normas a nivel nacional, con lo que abren los mercados locales y se disminuyen los costos de comercialización para las empresas, como otras limitaciones que no permiten su expansión a una escala regional como nacional.

La crisis del régimen de producción artesanal por la transición al modernismo causa desde 1880 problemas de orden financiero que se profundizan en 1903 y que obligan a la nación a abandonar el sistema de monetización basado en la plata por el de oro, y en 1905 surge el papel moneda. El sistema financiero mexicano que desde tiempos de la intervención francesa logra consolidarse, ve su crecimiento con concesiones temporales a la creación de una banca privada para aviar el comercio y la producción nacional.

El ferrocarril es un elemento importante en lograr la unificación de los mercados nacionales. Vincula los productores locales a los mercados regionales y nacionales, abarato los costos de transportación y posibilita el comercio. Su papel es tan importante que de hecho la llegada del ferrocarril a una localidad abre las puertas al desarrollo mismo. Gracias al ferrocarril también crece el comercio exterior del país.

La agricultura también se ve incentivada. Entre 1887 y 1910 logra un crecimiento sostenido del 5.7% anual y aumentan las exportaciones agropecuarias, especialmente aquellas vinculadas al sector textil tales como el algodón, el henequén, así como otras como el café, el tabaco, el azúcar y otras especies como semillas. Las deshumanizadas y precarias condiciones del trabajo con que operan las haciendas agrícolas contrastan con su expansión, de hecho, el fundamento de su éxito en el comercio internacional son los bajos costos que sostienen a costa de la casi esclavitud de sus trabajadores.

La expansión del comercio mundial con el advenimiento del régimen de producción flexible lleva a la crisis a las ramas artesanales de la producción, la producción de éstos últimos se contrae, a cambio el crecimiento de los monopolios se suscita de manera acelerada. De 1880 en adelante el modernismo sustenta su crecimiento con la maduración de las comunicaciones, especialmente las terrestres tales como el ferrocarril.

El cableado del teléfono y el telégrafo, así como el tendido de líneas férreas para el ferrocarril le da a la minería un fuerte impulso, paralelo a la implementación de sistemas financieros basados en el bimetálico.

La modernización del país se da por la presencia de inversión extranjera puesto que con ellas llegan las nuevas tecnologías, lo que mejora la productividad de los talleres nacionales y vincula la producción nacional al esquema mundial de desarrollo. No obstante, el crecimiento económico no es en beneficio parejo de toda la población. El modelo liberal abiertamente favorece con estímulos fiscales (1883), apoyos gubernamentales, proteccionismo a la industria nacional mediante aranceles a la importación a la clase burguesa, no obstante, basa su relativo éxito económico en detrimento de la calidad de vida de las clases campesinas (indígenas) y de trabajadores, quienes durante este periodo no ven mejorar su calidad de vida y viven en una sociedad que, aunque de hipócrita inspiración liberal, para nada democrática. Donde familias portentadas de capital, como extranjeros, viven como dueños del país y la discriminación es abierta.

El ascenso del fordismo quita a los ingleses su primacía hegemónica dentro de las naciones industrializadas, favorece el ascenso norteamericano y su creciente presencia internacional, especialmente en la región latinoamericana.

La proletarización del sector artesanal es parte de este ascenso del régimen de producción rígida, y por otra parte una de las razones que incrementan el descontento social. A la par, el empobrece de los desposeídos en el campo y el crecimiento de la población campesina agudiza las contradicciones en la sociedad porfirista.


La crisis de 1901 lleva a la pérdida gradual del 3% de las exportaciones por año, lo que crea presiones inflacionarias estrechando del margen de ganancia de los negocios, con un aumento del desempleo, empobrece de los asalariados y trabajadores del país, polarización del ingreso y pérdida de competitividad comercial en el comercio exterior.


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