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EL FRACASO DEL NEOLIBERALISMO EN EL ECUADOR Y ALTERNATIVAS FRENTE A LA CRISIS

Carlos Alfredo Uquillas

 

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CAPITULO III. EVALUACIÓN DE LA ESTRUCTURA DEL PODER Y SU INCIDENCIA EN LA ECONOMÍA

3.1.- LAS FORMAS DEL PODER POLÍTICO EN EL ECUADOR

Según Benalcazar 199690 existe seis formas de poder que se han venido manifestando en la historia de la humanidad, así: Poder Sacerdotal, Poder Desnudo o Fuerza Física, Poder de los Reyes, Poder Revolucionario, Poder Económico; y, Poder Legal.

En lo que concierne a nuestro estudio lo iremos revisando estas formas de poder de acuerdo a la evolución de nuestra sociedad. Aristóteles concibió al hombre como un Animal Político por naturaleza; como tal, el hombre ha sido capaz de levantar formidables estructuras políticas, a saber imperios, estados, unidades estatales, etc. y de la misma manera destruirlos, para nuevamente edificar partiendo de las cenizas de aquellas estructuras, en un proceso dialéctico impredesible, donde el sujeto y el objeto, la esencia y la materia, el principio y el fin es el mismo hombre; De esta manera el individuo ha ido construyendo, modificando, perfeccionando o arruinando su propia realidad, la de la sociedad sobre la cual ha actuado, en una búsqueda incesante de su bienestar individual y colectivo, o simplemente del poder y la dominación a sus semejantes.

A lo largo de toda la historia de la humanidad, los pueblos se han mistificado étnica y culturalmente, sea en virtud de la adhesión espontánea o la superposición violenta; en cualquiera de los dos casos, tales acontecimientos consiguen influir en la conducta general de los individuos ya sea creando o alterando las formas de manifestación . En el aspecto político, es decir en la relación que necesariamente se establece entre gobernantes y gobernados (individuo - autoridad) tal mistificación incide directamente en el comportamiento político que adopta como norma el conjunto general de la población, verificándose una especie de determinismo de la conducta política general en función de la realidad social imperante, la misma que sin embargo no se puede desconocer su permanente transformación, por lo que, de acuerdo a una determinada etapa que viva una sociedad impregnará a la conducta política de la población características especificas en función del marco histórico general.

El fenómeno descrito, en principio podría asimilarse como la simple adaptación del individuo a la realidad, sin embargo corre el riesgo de sufrir importantes desviaciones, generando consecuencias negativas al normal desarrollo o desenvolvimiento de la comunidad política; entonces los mecanismos institucionales y jurídicos podrían quedar anulados por completo y la sociedad en su conjunto colapsar, debido a la presencia de factores contradictorios que anulan la moralidad colectiva superior.

Con este pequeñisimo argumento introductorio podemos relacionar al proceso socio- político que ha tenido la Nación Ecuatoriana, el mismo que a nuestro juicio aparentemente, y dadas las condiciones por las que atraviesa, reflejada en la realidad imperante al parecer está siguiendo dicho curso inercialmente.

Debe advertirse no obstante, que esta opinión más que una visión pesimista tiende a advertir objetivamente los abismos que bien podrían imponerse en el proceso socio- político del país, situación que obliga a los autores de esta investigación a buscar luces, respuestas y soluciones partiendo de la revisión y análisis de la historia nacional y sus principales acontecimientos, a efectos de contribuir en la búsqueda de caminos que nos permitan asegurar el mantenimiento de nuestra sociedad y su redefinición sistemática.

El proceso político Ecuatoriano, visto desde sus orígenes más remotos se levanta a partir de hechos ciertamente hipotéticos o al menos difusos, según el criterio general de los historiadores; advirtiéndose en consecuencia una relativa dificultad para el estudio científico de la historia Ecuatoriana y los procesos que en ella se verifican. Existe ausencia material de pruebas documentarias de la prehistoria Ecuatoriana que aporten con indicios incontrovertibles de la realidad que vivió el individuo precursor de nuestra nacionalidad. Sin embargo, debemos ser categóricos en el hecho de que la historia de los pueblos no siempre se ha plasmado figurativamente en el frío dorso del papel, el madero o la roca, al contrario, la mayor riqueza que puede proporcionar la historia radica en el alma de los actores circunstanciales y en las entrañas de los pueblos donde se afirman estos. Desde luego el proceso histórico político-ecuatoriano se inicia válidamente a partir de este principio, cuando hace aproximadamente 11 a 13 mil años llegaron las primeras oleadas migratorias del norte del continente, luego de un peregrinar que pudo haber durado casi 30 mil años aproximadamente. Llalo Chobshi y Cubilán al parecer contienen los vestigios de lo que podemos denominar el germen de nuestra identidad nacional más primigenia, cuyo proceso de adaptación al medio geográfico de lo que hoy es el territorio del país ecuatoriano tardó de cinco a siete mil años, es decir hasta el año 6000 A. C. período en el que solo se advierten rasgos incipientes de evolución y desarrollo producto del nomadismo del individuo que no justificarían un eventual análisis exhaustivo.

Los subsiguientes tres mil años contribuyeron a incorporar elementos característicos importantes en la personalidad y vida del individuo de nuestra geografía que en lo posterior determinarían el curso del proceso socio-político y económico seguido por el país.

En este primer período que realmente cuenta para nuestro análisis los aborígenes tuvieron como actividades primordiales el trabajo agrícola, la caza y la pesca antes que la orientación a la guerra, la conquista y la dominación del entorno territorial y humano; La certeza de la displicencia, la indiferencia a la búsqueda del poder y la gloria abandonando la persecución bemencial de afanes imperialístas, guerreros y expansionistas que marcaron la historia de las principales civilizaciones más relevantes de la humanidad.

Estos dos factores marcan el punto de partida y la orientación fundamental del proceso social de la nación en contradicción a nuestro juicio a los rigores principales que imponía el desarrollo histórico de la humanidad. Tales rigores constituyeron no solo para América sino para todo el globo terráqueo una regla común a la que debió someterse oportunamente nuestro pueblo y no lo hizo, desvinculándose como hemos dicho del curso normal del desarrollo humano; incidente histórico que producirá el crónico desface en el proceso socio-político como lo advertirán todos los historiadores y analistas. En la etapa de nuestro análisis se levantan las principales naciones, imperios y coasiestados a costa del sometimiento territorial y humano de los Pueblos mas débiles, entre los que le tocó en la historia ubicarse al pueblo ecuatoriano como otra de las consecuencias del ánimo indiferente asumido por las parcialidades aborígenes locales.

La indiferencia y el estoicismo de nuestros primeros pobladores desde el inicio también marcaron el ánimo colectivo y la herencia genética del hombre ecuatoriano que tuvo que conformarse con su situación factual por largo tiempo sin emprender la búsqueda de horizontes más amplios. Todos estos efectos negativos derivados de la equívoca orientación inicial del aborigen ecuatoriano han hecho que las estructuras de la Nación ecuatoriana carezcan de la fortaleza necesaria y sucesivamente hayan sufrido el embate feroz de los agentes externos con afanes de conquista y dominación ya sea esta por medios militares, políticos o económicos.

Hacia el año 3000 A. C. el territorio ecuatoriano aparecía poblado por varias Culturas, cada una de ellas con un diverso grado de desarrollo. En estas primarias organizaciones por primera ocasión se aprecia ya un sistema de gobierno rudimentario centralizado con fundamento en el factor religioso (Poder Religioso), que consigue sin embargo implementar la división y el control del trabajo en su jurisdicción, lo que le proporciona gran prosperidad según se indica en los estudios de Pareja y Ayala Mora91.

Corresponden a este período los asentamientos de la costa Ecuatoriana cuyos, mejores ejemplos son las culturas de Bahía y La Tolita.

La actividad principal de estos grupos humanos constituyó la economía; existen vestigios que demuestran la preferencia por las labores agrícolas, la caza y la pesca, la elaboración de objetos con el uso de metales y la cerámica; se dedicaron fundamentalmente al comercio por la vía marítima usando el sistema de cabotaje. Todo ello nos conduce a sugerir que desde los primeros tiempos, el individuo de las regiones costeras ecuatorianas antes que el culto de la actividad política desarrolló la económica; esta característica perdurará hasta bien entrado el Período Colonial, y que lo diferencia del individuo de las regiones andinas, que a la inversa ha tenido por actividad fundamental las relaciones políticas dejando en un segundo plano la económica. Existe como vemos en relación a la etapa anterior un pequeño viraje en el proceso socio-político de la nación, el cual parcialmente se a desprendido de la actitud estática e indiferente de los individuos, y ha incorporado algo de dinámica y apertura al desarrollo humano.

A partir del año 500 A. C. mientras en Mezoamérica el Perú y Bolivia se habían desarrollado dos sistemas de gobernación bien definidos, el Sistema Olmeca (1200 - 600 A. C.) y Shavin de Huantar (1000 - 100 A. C. ) respectivamente, en el Ecuador recién se había iniciado un proceso de fusión política de los grupos cuya densidad demográfica creció, y también por supuesto por el sometimiento militar.

Como lo expresa el historiador Enrique Ayala Mora Existe un evidente retraso en el proceso de formación étnico política que experimenta92; mientras en Centroamérica y en el Perú se configuran verdaderas estructuras estatales, que nosotros denominamos coasi estados, nuestros pueblos viven un ocioso proyecto de integración étnico - política, que dio lugar a las llamadas confederaciones denominados también grandes señoríos (Unión de Tribus), pero que no alcanzaron a sumar las características de una entidad estatal; no obstante, debemos aclarar que, tanto el sistema Olmeca como Shavin de Huantar, así como las estructuras sociopolíticas aborígenes que aparecieron en los años posteriores son consideradas en este estudio con un criterio simplemente político, puesto que las agrupaciones humanas, sean estas: pueblos, tribus, civilizaciones, imperios o naciones, a más de contener los elementos básicos de Pueblo, Territorio, Soberanía y Poder Público, los mismos que proporcionan la idea primaria del estatus político superior, imprescindiblemente requieren de el factor jurídico para complementar la configuración estadual propiamente dicha; inclusive, los cuatro primeros elementos en los coasi estados que florecen en la edad antigua y media no deben ser asumidos con las connotaciones que la teoría política moderna confiere a cada uno de ellos porque ninguno de ellos realmente se presenta con una existencia y papel determinado dentro de la comunidad política. A estas consideraciones debemos agregar inclusive el elemento que otorga el reconocimiento de la comunidad internacional, cuya existencia data de épocas recientes.

En las formaciones políticas del Período de Integración Regional, al que corresponden las confederaciones, el poder se aprecia mayormente concentrado y se fundamenta en el linaje y el factor religioso, mientras que la estructura social la conforman dos estamentos; el de los gobernantes y el del pueblo llano, constituyendo presumiblemente un tercer estamento social el grupo de ciervos de los gobernantes.

En cuanto al aspecto de la economía, los pueblos conservan y perfeccionan sus actividades primigenias; corresponden a este período las culturas Manteña-Huancabilca, acentuada en la región costera, misma que ha desarrollado la agricultura, la pesca, el comercio y la explotación de los recursos marítimos e incluso la industria textil. Al interior de la costa se sitúa la cultura Milagro-Quevedo, la cual se dedica a las labores agropecuarias y el intercambio de productos por la vía fluvial. En la región interandina los Caras, Puruhaes y Cañaris, quienes han incorporado a la agricultura redes o sistemas de riego y perfeccionado la metalurgia.

En tanto transcurre en nuestro País el período de Integración Regional, en México se observa el aparecimiento del Estado de Teotihuacan bien definido y estructurado cuya influencia y jurisdicción abarca extensas zonas del territorio mexicano, teniendo como centro político una ciudad con 120 mil habitantes…250 a 600 D.C… Casi paralelamente en los territorios de Perú y Bolivia se configura el Estado de Tihuanaco, ambas estructuras regidas por sistemas político-religiosos. Respecto a la disparidad en el proceso de desarrollo de estos pueblos con el nuestro, como ya lo manifestamos con anterioridad no radica en la naturaleza de su origen, la misma que para el caso de toda América es igual, sino mas bien en la actitud y orientaciones iniciales que los aborígenes siguieron para su organización y supervivencia; eso explicaría el diverso grado de organización política y desarrollo económico que cada pueblo tiene en nuestro mismo continente, porque unos se dedicaron al guerrerismo, expansión territorial y dominación de las comunidades vecinas, mientras que otros a su vez fueron indiferentes, débiles y desorganizados, siendo fácil presa del ímpetu de los primeros, como fue el caso del aborigen ecuatoriano. Parece ser una regla universal, fácilmente apreciable que la totalidad de pueblos con inclinaciones guerreristas y expansionistas, al cabo de los siglos han alcanzado un grado superior de desarrollo y prosperidad en todos los aspectos, al contrario de lo que sucede con los pueblos indiferentes, que a su vez fueron sometidos y obviamente explotados por las potencias imperialístas Aunque los historiadores no lo hacen notar, se debe advertir que el año 1463 marca el término culminante del proceso de configuración étnicopolítica ecuatoriano en su aspecto puro o esencial que duró aproximadamente 12.500 años, a partir de esta fecha vendrá la etapa de las conquistas y la dominación, primero por parte del imperio de los Incas y 60 años mas tarde por el imperio español, de tal suerte que los elementos característicos de la nacionalidad ecuatoriana que dicho sea de paso se mantienen incólumes en todo el primer gran período al cual nos hemos referidos soportarán un ciclo de mixtificación producto del proceso de interculturización que en los subsiguientes 350 años producirán una serie de cambios fundamentales en el alma individual y colectiva ecuatoriana que a su vez darán forma al conjunto definitivo de factores característicos del Pueblo y la Nación ecuatoriana.

El año 1463 constituye el punto de inicio de una nueva etapa en el proceso Histórico- político del Ecuador (Poder de los Reyes). A esta etapa la denominamos para nuestro estudio periodo de la conquista y dominación al individuo ecuatoriano. La primera fase de este ciclo corresponde al lapso de tiempo que los Incas permanecieron en nuestros territorios, hasta la llegada de las contingencias españolas ( 1463-1525 aprox) . En este periodo de sesenta años más o menos el imperio Inca comandado por Huaynacapac y Tupac Yupanqui, consiguen someter militarmente a los diferentes pueblos asentados en lo que hoy corresponde a la geografía nacional.

Por su supuesto en el presente estudio debemos descartar la hipótesis romántica planteada por el historiador Juan de Velasco, quien asume como resolución a la dominación incásica de los pueblos de Quito un matrimonio entre el principal Jefe guerrero conquistador Huaynacapac y la hija del principal jefe de los Shiris pues como de ninguna manera cabría desconocer el poderío militar que rápidamente había logrado el imperio Inca, en virtud del cual estableció dominio en gran parte de Sudamérica.

También existe evidencias de una valerosa pero dominada al fin resistencia al embate Inca por parte de los señoríos connacionales de los caranquis y los cañaris, ubicados en la región interandina por donde se efectúo la conquista del sur93.

La costa y la región oriental al parecer no estuvieron en los planes imperiales peruanos, de cualquier forma estos impusieron a los territorios dominados un gobierno centralizado fundamentado en el factor religioso además de su lenguaje; pero no se puede hablar de una superposición cultural sino mas bien de yuxtaposición de la misma. Los señoríos de nuestra región mas que una dominación total parecen haber soportado la imposición única de un régimen político y militar arbitrario, manteniéndose en consecuencia a nuestro juicio inalterables los valores esenciales de una identidad nacional; no obstante, el solo hecho de soportar un régimen impositivo despótico como se asume fue el de los Incas, incubó en la conciencia y en el alma de los hombres sometidos toda clase de sentimientos negativos hacia la autoridad conquistadora; Es este al parecer el punto de origen de los sentimientos de odio y desconfianza al gobernante en el individuo ecuatoriano, mismo que se ha hecho presente a lo largo de todo el proceso político del país.

En suma la estancia del imperio Inca en nuestros territorios por su relativamente corta duración no produjo aportes positivos para la conciencia y el alma de la nación, sino que al contrario sirvió de caldo de cultivo para la proliferación del odio y la desconfianza política. No nos insertaron a perpetuidad sus orientaciones político-imperialistas, ni tampoco su modalidad de producción sectorizada en la economía, pues todo ello fue desvanecido por la posterior conquista, pese a todo esto es la conquista y dominación española la que mayores aspectos negativos produjo en el ser individual y colectivo del hombre ecuatoriano.

El descubrimiento del nuevo mundo, por parte de Colón y la fracción de maltrechos aventureros, que pudieron finalmente dar testimonio de la existencia de otras tierras, tierras cuyas dimensiones y riquezas eran insospechables, despertó en Europa y fundamentalmente en España toda suerte de expectativas, pasiones y ambiciones que sin demora y en tan solo cincuenta años tuvo lugar la más formidable empresa de conquista y colonización que se haya conocido.

España y toda Europa, por esos años vivían una etapa de confrontación política económica y religiosa, a consecuencia del agotamiento y decadencia del sistema económico feudal. El aparecimiento de una nueva clase social formada por los mercaderes y artesanos, concentrados en las ciudades denominadas burgos había determinado una mayor fragmentación del poder político y económico europeo, pues de hecho la burguesía naciente aparecía mayormente concentradora del poder político en desmedro del antiguo poder feudal, con el cual desató una espiral de pugnas y luchas, que también incluía a la intrigante monarquía de la época, pugnas a las que desde luego no dejó de asistir la iglesia en busca de poder.

Se vivía entonces el periodo de transición del feudalismo a la monarquía Absolutísta cuya consolidación definitiva bajo la estructura del Estado se dará en los años subsiguientes94. En este contexto histórico se produjo el descubrimiento de América el 12 de octubre 1492, y cinco décadas mas tarde el proceso de conquista a los pobladores ecuatorianos. Según las crónicas de la historia tan solo cincuenta años bastaron para someter a sangre y fuego a todas las civilizaciones americanas que entonces florecían, entre ellas la del imperio incásico de cuya parte norte formaba el antiguo reino de Quito.

El delirio que había despertado en los conquistadores la presunta existencia de un imperio llamado del “Dorado”, llevó a que los españoles adopten una actitud absolutamente violenta, que logró materialmente arrasar templos, aldeas y pueblos enteros luego de desprender cada gramo de oro y plata que encontraban, en nombre de Dios y de la Corona Española. Sobre sus escombros tales genosidas lograron levantar poblados villas y ciudades para ser habitados por individuos distintos a sus tradicionales dueños, los cuales para escapar de la muerte y la ferocidad española debieron huir y refugiarse en las agrestes selvas orientales.

El procedimiento de devastación cultural económica y humana para los pobladores de los territorios de lo que hoy es el Ecuador, comienza en los años 1525 y 1526, cuando Bartolomé Ruiz divisó por primera vez las tierras quiteñas; a partir de entonces la gloria de Dios y de España tuvo la expresión feroz antes descrita. El historiador ecuatoriano Enrique Ayala Mora en un fragmento de su obra “La Nueva Historia Ecuatoriana”, dramáticamente narra tales hechos cuando dice: “Benalcázar al no hallar los tan ambiciados tesoros realizó rápidas y sangrientas correrías por el Quinche, Cayambe, etc.

en donde asesinó bárbaramente a centenares de mujeres y niños que se negaron a revelar el paradero de los tesoros que buscaban; todos los hombres se habían unido al ejército de Rumiñahui...”95.

En una serie interminable de hechos sangrientos de tal o mayor magnitud que descrito, se fundó la ciudad de Quito en diciembre de 1534, luego fue capturado y atormentado y asesinado el General quiteño Rumiñahui y otros jefes guerreros, quienes uno a uno fueron encontrados inmolados y finalmente ejecutados.

Escribe el Dr. Ayala Mora: “Después de la muerte de Rumiñahui la resistencia se fue extinguiendo, sin embargo los tristemente célebres Ampudia y Puelles continuaron pacificando la Sierra, es decir cometiendo un sin fin de crueldades, tropelías asesinatos en masa, pues era insaciable la sed de oro y riquezas”96; por ello la conquista española como con toda razón lo señala Alfredo Pareja no solo destruyó lo necesario para mantenerse sino también lo innecesario, sobre lo cual edificaron un mundo nuevo que hasta ahora no ha podido superponerse al viejo totalmente97.

Como se puede apreciar la brutalidad de los procedimientos de la conquista empleados por los ciento ochenta expedicionarios españoles sobre los aún primitivos pueblos americanos no tiene comparación al procedimiento de dominación desarrollado por los incas; Por esto es que decimos como es obvio la conquista española produjo una devastación no solo material sino también en la conciencia y la moral del individuo ecuatoriano quien es sometido por estos últimos en forma absoluta, en todos los aspectos que se puede desenvolver el individuo y no solo en el político.

Estos hechos determinaron que en los años subsiguientes se produzcan un deterioro mayor en el ser individual y colectivo de la nación ecuatoriana, la que en su generalidad adoptó como medio de acción política el único que le quedaba frente a la tiranía imperante, procedimiento dominado por la inconducta política, pues el individuo aborigen ha reafirmado los sentimientos de antipatía, odio y desconfianza al gobernante que nacieron en la etapa anterior. Desde entonces el ecuatoriano mirará al representante de la autoridad pública no como su conductor sino como el saqueador, torturador y su enemigo natural.

Consolidada la conquista (Poder de los Reyes), las formas de explotación y dominación dispuestas por la Corona para el hombre indígena y mestizo ecuatoriano, no diferirán en mayor medida respecto a la crueldad y consecuencias de los procedimientos generales de la invasión y conquista. Si bien termina el saqueo y arrasamiento material de las poblaciones aborígenes, desde el último tercio del siglo XVI y primeras décadas del XVII se asiste al confinamiento forzado de seres humanos a la explotación minera, que como afirma Galeano cobró casi el 90% de las vidas de la población indígena masculina de América.

Agotada prematuramente la explotación de oro y plata, seguidamente se desarrolla el sistema de los obrajes de hacienda y la producción textil se generaliza en la región interandina principalmente durante todo el siglo XVII.

Paralelamente aunque en menor escala en la Sierra se práctica la economía agrícola en las gigantescas haciendas de los gamonales y terratenientes. Por su parte, la Costa en esos años había logrado cierta prosperidad en la actividad de la agroexportación, empleando la fuerza de trabajo de los negros traídos en calidad de esclavos desde Africa. En general mientras el mundo experimentaba cambios radicales en el sistema socio-político y económico, las colonias dominadas por España continuaban bajo la torpe y brutal explotación humana por parte de los colonizadores, sistema de explotación que sería únicamente fracturado cuando se alcanzó la independencia definitiva de Iberia; y decimos únicamente fracturada, pues, la explotación y sometimiento al hombre originario de nuestra América, en particular del Ecuador se mantuvo casi perfectamente similar.

El siglo XVIII comenzó con la ascensión a la corona española de los Borbones quienes introdujeron varias reformas principalmente de carácter económico mercantil, aplicables para las colonias americanas; se considera la mas importante y perniciosa aquella que prohibía a las colonias comerciar entre sí, y en su lugar se decretó que el comercio marítimo se desarrollara exclusivamente con la metrópoli española. Parece ser que esta causa fue decisiva para el derrumbamiento de la economía tanto de América como de España, y que a su vez determinó una crisis social y política total para el imperio hispano, expresada a lo largo del siglo XVIII, en cuyas décadas finales y primeras del siglo XIX se torna insostenible.

La Real Audiencia de Quito al igual que el resto de colonias americanas se revolvieron en un proceso convulsivo generalizado; una tras otro se fueron produciendo revueltas, sublevaciones y levantamientos independentistas (Poder Revolucionario), cuya máxima expresión constituye la llamada “Rebelión de los Estancos” o levantamiento de los barrios de Quito, producida en el año 1765, en la que por primera vez participaron todos los estamentos de aquella sociedad enclavada en la ciudad de Quito, es decir indios, mestizos, criollos y gamonales en contra de los representantes de la autoridad real, que se los identificaba como “chapetones”.

Considera la historia política que este movimiento es el mas representativo de los que tuvo el país en la época colonial, y que sirvió de preludio para la independencia, por cuanto constituye la expresión misma del sentimiento generalizado de una población saturada por la arbitrariedad y la miseria; cabría decir que hasta ese momento se verifica el impacto y mutación de 300 años de conquista y dominación en el ser individual y colectivo del ecuatoriano; pues, a partir de esa fecha el medio mas frecuente de participación política de las masas constituidas de individuos, será la violencia o inconducta política, en tanto que los sentimientos de antipatía y desconfianza al gobernante se han afirmado e incrustado definitivamente en la sicología del individuo y desde entonces formaran parte de la estructura del ser natural del alma colectiva de la nación, y en consecuencia tal expresión política dominará el proceso histórico social del Estado ecuatoriano.

La sociedad colonial americana de finales del siglo XVIII y principios del XIX se había infundido de un caudal de entusiasmo y ansiedad irrefrenable por alcanzar a cualquier precio la emancipación política de la autoridad española (Poder de los Reyes), pues había llegado el momento de terminar con mas de 250 años de relegación al poder político para los nativos de esta región. Sin embargo, la aristocracia criolla, patrocinadora directa de la sublevación, jamás contó con un sustento ideológico propio, actuando únicamente guiada por los destellos que emanaban de los acontecimientos revolucionarios franceses y norteamericanos de esos años.

Este vacío ideológico que suponía un proceso difuso e incierto, bien pudo haber determinado que, una vez alcanzado el éxito de la empresa independentista, los pueblos americanos se precipiten a los abismos de la incertidumbre y de la anarquía general; no obstante como ocurrió años mas tarde a la emancipación la totalidad de los Estados nacientes fieles a su doctrina de odio y ambición se revolvieron en un proceso de lucha y desangre interno permanente. Pues es norma que, de la violencia derivada de una revolución política jamás termina con la liberación y salida inmediata del poder político imperante, sino que, siempre tal violencia se extiende hacia las fuerzas sociales y políticas internas durante varios años más, hasta que finalmente las fuerzas políticas más poderosas asuman el control total de los órganos del poder estatal.

Por desventura las colonias americanas liberadas, transformadas en Repúblicas independientes, indiscutiblemente siguieron este proceso de distribución de fuerzas que hemos señalado, al desestimar definitivamente los ideales y presupuestos de la democracia pregonados por el libertador Simón Bolívar. La historia pudo escribirse de otra manera, pero no fue así; el propio individuo de esta región, se ensañó contra si mismo, y el Ecuador al igual que América toda vivió una suerte descarnada durante todo el siglo XIX.

Aclamado como el libertador de las cinco naciones, fue Simón Bolívar un venezolano nacido el 24 de julio de 1783, proveniente de familia acomodada, relacionada con la nobleza de la época, quien proporcionaría paradójicamente, revelándose contra sus orígenes y sangre misma, el fundamento doctrinario del que adolecía el ideal independentista hispanoamericano desde su gestación. El libertador ve la luz de la vida, precisamente cuando en Quito había comenzado a gestarse el movimiento emancipador nacional, liderado por Eugenio Espejo, personaje que encarnaba a su vez al auténtico individuo sometido inmisericordemente por la dominación hispana, pero que concebía la realidad sociopolítica como un nuevo carácter de la política98.

En medio de las sublevaciones populares contra la autoridad del rey, Espejo concibió sus ideas de reivindicación de las libertades y derechos que le fuesen sustraídos a los indios, negros y mestizos; adversario tenaz de los grupos de poder de la época; creía en la integración de la economía de las colonias etc., cuando escribe un panfleto contra las autoridades y respalda el levantamiento de Tupac-Amaro en el Perú, es encarcelado y enviado para su juzgamiento a Bogotá. En la prisión elabora el primer plan de conspiración contra la corona, el cual es enviado a Quito. Al ser liberado, Espejo retornó a Quito para formar un grupo revolucionario, tomando personalmente la ejecución del plan por el diseñado, pero al ser descubierto, le costaría nuevamente la prisión y finalmente su muerte en 189599.

Cuando Espejo ideó su plan conspirativo contra la corona española, seguramente no imaginó que pocos años mas tarde su ideal habría servido de escudo y chispa para encender las ambiciones reprimidas que para esos años habían acumulado las aristocracias locales, quienes habían sido relegadas por la Corona de la dirección política de las colonias americanas pese a su origen noble; esto desde luego incomodaba hasta la locura a aquellos, que no bien tuvieron la menor ocasión se levantaron contra el Rey exigiendo la restitución de la totalidad del poder que les había sido reducido.

Con este antecedente, el proceso independentista de América alentado por el frenesí de la incultura política de la Nación fue muy bien aprovechado por los grupos nobles y económicos de la región para exigir de la corona reivindicaciones en el orden político exclusivamente, y únicamente para sí. No tenía para estos grupos sentido luchar ni promover reivindicaciones de carácter social, puesto que en este orden nada les estaba sustraído; al contrario las aristocracias estaban configurando los clanes económicos y terratenientes que ejercían dominación en las condiciones que en páginas anteriores describimos, era de esperarse que su revolución realmente no sea compatible con la revolución de Espejo y los mártires indios y mestizos de esos años. Solo aquellos herejes que luego serían ajusticiados como Espejo, Bolívar, Sucre, Artigas, Miranda y otros cuantos nativos rebeldes como Tupac Amaru etc. y todos los ríos de indios, negros y mestizos que sufrían en carne propia los rigores de la opresión, eran capaces de asimilar y entender que la independencia no solo debía ser política sino también social.

Es por esta causa absolutamente contraria a la causa del poder dominante que tuvieron que ser ejecutados por quienes hubiesen sido directamente perjudicados por una revolución social americana. La campaña libertaria en su ejecución ya debió sufrir sucesivos fracasos provocados no solo por la autoridad española sino también por la acción de los grupos reaccionarios constituidos por las aristocracias regionales que no deseaban la independencia del pueblo sino su propia y excluyente independencia. Expresión de esto constituye en nuestro país el denominado “PRIMER CONGRESO DE LOS PUEBLOS LIBRES DE LA PRESIDENCIA DE QUITO” reunido en la capital ecuatoriana el 4 de Diciembre de 1811 del cual nació la primera Constitución Política bien denominada “CONSTITUCION MONARQUICA”, que como era de esperarse seguía reconociendo la autoridad del Rey de España (Poder de los Reyes), constitución expedida el 15 de Febrero de 1812; A ésta reunión asistieron los mas altos representantes de la aristocracia y el Clero de Quito dirigidos por el Obispo Cuero y Caicedo y en nombre de la sagrada causa americana “RATIFICAN EN UNA DECLARACION UNA COASI INDEPENDENCIA DE ESPAÑA”; la famosa primera Constitución y todas las resoluciones de aquella asamblea aristocrática como era de esperarse guardan perfecta coherencia con los verdaderos intereses del grupo que promovió la misma.

Por una parte se declara la conformación de un gobierno republicano, y por otra se reconoce la autoridad del rey de España; en otras palabras, habíase instrumentado la consecución de la única ambición que impulsaba a este sector a revelarse contra sus amos con el imperio de la misma tiranía. Basta examinar el texto de la Constitución y detenernos en la sección donde se detalla como habría de conformarse el Congreso de la nueva República para apreciar que solo era lo que dice el celebre historiador Alfredo Pareja aquella no era la Constitución del pueblo sino de la nobleza100.

Como sucedía en el Ecuador a ese tiempo la Real Audiencia de Quito, en Colombia, Venezuela, el Perú, etc. los patriotas se habían conformado con aceptar el ejercicio de cargos burocráticos siempre bajo el imperio de la autoridad española. Esto corrobora lo que hemos manifestado respecto a las reales intenciones de algunos libertarios. Ya dijimos también que tan solo necios como Bolívar, Sucre, Artigas y otros pocos no aceptaron aquella forma nada digna de claudicar los ideales de la libertad americana que no representaba en lo absoluto alcanzar la independencia es decir la libertad verdadera del pueblo.

Pueblo entendido no como el minúsculo grupo de nobles ya satisfechos con un hilo de poder sino como el conjunto total de indios, negros, mestizos, maltratados, explotados y oprimidos; grupo mayoritario de individuos quienes bajo el régimen que fuere jamás integrarían las esferas del poder o la burocracia; que jamás dispondrían de los instrumentos eficaces para que la autoridad rompiendo la orientación natural del poder les conceda un ápice de bienestar, los que poco o nada tenían en aquel mezquino mundo, aunque realmente dueños de un continente lo fueran; a aquellos principalmente había dirigido sus ojos el libertador incluso a costa de la resistencia feroz y el odio hacia él por parte de ricos y nobles. Luego de algo mas de cinco años de ensayo con la Gran Colombia finalmente se puso punto final a la república de Bolívar para dar paso a la traición y a la ambición de sus antiguos camaradas; Paez en Venezuela, Santander en Colombia y Flores en el Ecuador marcaron con sus nombres la historia para terminar un dulce sueño bolivariano y el despertar de una triste realidad para esta parte de América. Tal hecho como bien lo anota el autor Santiago Ortíz significaría que las fuerzas del neocolonialismo y del orden oligárquico (Poder Económico) derrotaran al pueblo transitoriamente y detuvieran el proceso emancipador iniciado por Bolívar, pero no lograron detener la Historia, pues la lucha del pueblo continuaría décadas mas tarde con la bandera del Liberalismo de Alfaro y la lucha antiimperialista.

Con la disgregación de la Gran Colombia, iniciada por Venezuela, las fuerzas políticas del Distrito del Sur como se identificaba a la ex Real Audiencia de Quito, actuaron sin demora ante la inevitable disolución del Proyecto bolivariano de Estado. Juan José Flores casado como estaba con una ecuatoriana de familia noble había adquirido notoriedad política, en poco tiempo logro fusionar al menos coyunturalmente a las fuerzas políticas y religiosas locales, en conocimiento de que se había expedido una nueva Carta Constitucional para la Gran Colombia, el 29 de Abril de 1830 se apresuró en convocar al país a una junta de notables para decidir la separación de la Gran Colombia; es así que el 13 de Mayo de ese mismo año se dicta la declaración por la que los territorios y pueblos comprendidos en el Distrito del Sur, en ejercicio de su soberanía se pronuncian por constituir un Estado libre e independiente, dejando a salvo la posibilidad de que otros pueblos se incorporen en función de las conveniencias mutuas a este nuevo y embrionario Estado, (Art. 1 de la declaración). Mientras se reúna la convención del sur y se nombren los funcionarios del gobierno, queda encargado del mando supremo civil y militar el General de División Juan José Flores (Art. 2) quien debería convocar a un congreso constituyente en 15 días después de haber recibido las actas firmadas por los pueblos que junto a Quito formaran el nuevo y embrionario Estado (Art. 4). Se dejaba constancia que si dentro de cuatro meses no se instala la expresada convención se reunirá el pueblo para deliberar sobre sus destinos (Art. 5)101.

Esto ultimo no fue necesario, pues tres meses después se reunió la primera convención o asamblea constituyente en la ciudad de Riobamba. De esta manera el Ecuador ingresa a una nueva etapa de su historia, donde la autonomía y la libertad absolutas se tornaron en despotismo y anarquía total, en tanto que la causa de Bolívar solo quedó para ser contada a las futuras generaciones, como quien comenta la efímera gloria de un sueño o de una realidad utópica jamás comprendida por indohispania.

Convocada para el diez, la Asamblea se reunió en Riobamba el 14 de Agosto de 1830 con la misión de organizar políticamente la nación, fijando el marco jurídico fundamental que regule su existencia, y nombrar a los funcionarios y plenipotenciarios del gobierno. Casi treinta días de intensas deliberaciones tomó aprobar el texto definitivo de la primera Carta Política que rigió efectivamente la vida de la República, como hemos dicho de carácter embrionaria durante cinco años; instrumento que con toda seguridad debió ser redactado y preparado y muy probablemente negociado con la anticipación del caso, y que en 9 títulos y 75 artículos resume los lineamientos básicos de la organización del Estado y su estructura general.

Revisando en forma sumaria los aspectos más importantes contenidos en dicho cuerpo legal, se encuentra que nuestra democracia nace atada al cordón umbilical de la religión católica (Poder Sacerdotal). La parte introductoria inicia con las palabras: “En nombre de Dios autor y legislador de la sociedad”, y a continuación se expresa equívocamente: “Nosotros los representantes del Estado del Ecuador”; es inexacta esta afirmación puesto que el Estado aun no se había constituido como tal, menos podía hablarse de representación de éste; pues en realidad a la Asamblea Constituyente no concurren los delegados de una comunidad ya organizada sino los delegados de los pueblos que tuvieron la intención de levantar una organización política y jurídica nueva, o que aún no se ha configurado. En el caso que nos ocupa, los delegados que concurren a la Asamblea de Riobamba lo hacen en representación de los pueblos de Azuay, Guayas, Chimborazo, Loja, Manabí y Pichincha, con la finalidad de redactar la Norma Fundamental o Constitución Política en la que se ha de definir y establecer los aspectos básicos que han de regir la vida de la República. Es opinión general de los principales tratadistas e historiadores ecuatorianos que, la primera Carta Constitucional que rigió en el País más que valor técnico jurídico posee valor histórico, en cuanto marca el inicio de una nueva fase en la vida de la nación ecuatoriana a partir de lo cual se otorgaba autonomía e independencia para su existencia.

Finaliza la arquitectura de la norma suprema con el Título Noveno que declara la supremacía de la Constitución y manda que todos los ciudadanos juren su fidelidad a ella. Este doble mandato de imperio por un lado y sometimiento por otro a la Ley de leyes o Norma Básica como se la denomina a la Constitución (Poder Legal), por desventura pasará desde ese mismo instante a constituir letra muerta, porque el País jamás resolvió, ni reconocer su imperio ni observar obediencia a sus normas, por parte de gobernantes y gobernados, al carecer de identidad y valores democráticos eligió al tortuoso camino de la mutua contradicción y enfrentamiento, condición que muy pronto sumió a la joven república en uno de los mejores ejemplos para el mundo de despotismo y anarquía. Según registra la historia, la primera Constitución Política del Estado Ecuatoriano terminó de aprobarse el 11 de Septiembre de 1830 fecha en la cual también se declaró a la Ciudad de Quito perpetua e irrevocablemente capital del Ecuador, y se hizo un reconocimiento pecuniario en favor del Libertador Simón Bolívar, quien en ese momento buscaba asilo en un Estado extranjero.

El Acta de nacimiento del Estado Ecuatoriano según su texto, contiene casi todos los elementos necesarios para garantizar la supremacía en el poder de los sectores pudientes de la época de padres con títulos de cura, nobles y arteros nace una extraña criatura llamada República del Ecuador, destinada a instrumentar el alcance de los más viles intereses para un grupo minoritario de gentes, que algunos tratadistas calculan en un porcentaje no mayor al cinco por ciento del total de la población, quienes bajo el membrete de la democracia al estilo Francés se auto dispusieron todos los recursos que el entramado estatal les podía otorgar para su propio y exclusivo bienestar102. Las transformaciones políticas de los pueblos casi nunca se producen en un escenario apacible y ordenado; al contrario, estas suelen estar rodeadas de emanaciones de frenesí y violencia en alto grado.

Durante el período que se desarrolla una gran transformación política aunque ésta no produjese cambios sociales se mantiene un ambiente de tensiones y turbulencia por parte de los agentes sociales y políticos, ciclo que durará ineludiblemente varios años e incluso décadas. Suele ser ésta una etapa donde las fuerzas sociopolíticas se enfrentan en cruentas luchas a fin de alcanzar el poder y el control del Estado. La contradicción y el desangre solo terminarán cuando una de aquellas fuerzas la mayormente fuerte se impone y como manifestamos asume por la fuerza el control del Estado. Solo a partir de entonces la joven República se consolidará política y jurídicamente y paulatinamente alcanzará su pacificación, en este nuevo estadio los agentes políticos y la sociedad en general quedarán sometidos al contrato social y adoptarán para resolver sus conflictos los mecanismos de la civilidad que dispone el pleno régimen de derecho y en sí el sistema de la democracia, quedando la población mediante su tácito consentimiento sujeta a un conjunto de reglas preestablecidas al cual prestará obligatoria observancia y respeto.

A nuestro entender el proceso de las transformaciones del orden político es universal; ninguno de los países que haya tenido que pasar por un proceso drástico de transformación ha quebrantado la regla de la violencia por ello también debemos considerar que en lo que respecta a nuestra República debió también someterse al proceso de la violencia hasta encontrar puerto en calma para la nación. Sin embargo en 170 años de independencia política el Ecuador no ha alcanzado la calma que normalmente debió alcanzar al cabo de tan largo proceso como así ha ocurrido con la gran mayoría de pueblos del mundo, con la sola excepción de las repúblicas dominadas por grupos fanáticos de naturaleza religiosa y étnico racial. La Nación ecuatoriana evidentemente no alberga en su entraña síndromes dañinos de tal naturaleza y al contrario creemos pertenecer a un pueblo en vías de civilización; no encontrándose en consecuencia una razón justificable para que no se haya alcanzado un estatus político que nos haga suponer que vivimos realmente en el marco de una República democrática.

Todos los pueblos se han impuesto como objetivo superar toda conducta negativa, y establecer un régimen de Consensus Colectivo, donde la actitud de gobernantes y gobernados busquen mancomunada y civilizadamente alcanzar los fines del Estado, un Estado que se ha concebido como instrumento para alcanzar el bien común para todos los miembros de la sociedad y no solamente para aquellos que ejercen el poder político o disponen de poder económico; Un Estado donde todos los individuos contribuyan de acuerdo a sus posibilidades reales para la consecución del bienestar general, para lo cual la nación ecuatoriana está obligada a reconsiderar todos sus actos generados a partir especialmente de la fundación de la estructura estatal, en cuanto ésta nace contaminada de numerosos virus de naturaleza política, como se puede verificar en el desglose de las 17 décadas de vida republicana expuestas en el capítulo II de este estudio.

No preparado nuestro pueblo para el ejercicio de la democracia que ofrecía el nuevo estatus político, ni educados en practicas políticas que no fueran como decía Simón Bolívar bajo gobiernos tiránicos, toma sin embargo la forma de República Democrática, mas que por tendencias naturales o ser conforme a su psicología y modo de ser, por ideologismo de los dirigentes del movimiento insurreccional que propició la libertad política, y que les hizo adoptar una forma de gobierno que las necesidades del momento hicieron posible y casi indispensable. Según manifiesta el sociólogo Espinosa Tamayo, la creación de la América Republicana en la que se incluye el Ecuador fue una reacción instintiva frente al régimen de la Europa monárquica que dominó por más de tres siglos este continente; es decir constituye una expresión opuesta a esa tendencia de gobernación103 y no un acto conscientemente analizado y decidido por los miembros de la nación.

La Nación Ecuatoriana se desligó de la Gran Colombia y se entregó a lo que se denominó el “Despotismo Militar”, que contribuyó para nuestra independencia, el mismo que bajo el formato del Régimen Republicano otorgó a este pueblo una escasa libertad y muy poca moralidad política. Para Espinosa Tamayo este es el vicio original que engendró sucesivas revoluciones demagógicas y acostumbró a la población al empleo de los medios de la fuerza y la violencia en la vida pública el abuso y la violación permanente de la ley, La falta de respeto a los derechos del ciudadano, la ilegitimidad en el origen de los gobiernos, rompieron según el autor los vínculos que deben unir a los gobernantes y a los gobernados y el Estado solo fue una afición impuesta a la Nación por la fuerza y que se hacía sentir como exacciones odiosas o extorsión violenta a la población, por ello no es extraño que la reacción habitual mas natural sea la combulsividad permanente104. Una sucesión de revoluciones políticas como lo definiría Melotty. Tales revoluciones de cierta manera las encontramos explicables en función del severo nivel de arbitrariedad por parte de la Autoridad Pública que debió soportar la población en aquellos años; en consecuencia es menester otorgar a un pueblo al menos el derecho a revelarse ante dicho estado de opresión y despotismo cualquiera fuese su motivación u objeto. No obstante, debemos dejar en claro que el derecho a revelarse no es privilegio de un solo sector de ese pueblo sino de todo el marco de este, cosa que no ocurre a cabalidad en los primeros años de nuestra república por cuanto la lucha política queda reservada para un reducido grupo de la población.

La instauración del estatus republicano suponía introducir a la comunidad política ecuatoriana en un riguroso pero necesario formato garantizado por un cuerpo normativo preestablecido y supremo a cualquier manifestación de voluntad contraria al estado de derecho; y desde luego implicaba también renunciar definitivamente a los formatos políticos difusos como el monárquico en el que la voluntad del monarca tiene fuerza de ley (Poder de los Reyes), es decir que el conjunto total de la nación se encuentra sometido al régimen no de una ley suprema sino al dictamen de la voluntad del soberano que según recogen las crónicas de la historia generalmente no reconocían ningún marco de derechos ni garantías ciudadanas y al contrario se guiaban por el ejercicio de la tiranía ante el conjunto mayoritario de individuos de las clases no gobernantes.

En el proceso de configuración política seguido por la nación ecuatoriana intervienen como parámetros los ejemplos de la nación Francesa y Norteamericana, es del caso apreciar que las dos naciones citadas antes de lograr la pacificación total de sus pueblos debieron cursar largos períodos de convulsión social que cobraron miles de vidas. Estas repúblicas tardaron casi cien años para enrrumbar sus sociedades en los caminos de la democracia Roussoniana y la juridicidad. Por tanto, no es desacertado afirmar que la cruenta lucha política desatada en el siglo XIX en nuestra joven república con caracteres de guerra civil fue una práctica política que ineludiblemente debía darse, dado el carácter de estado en formación que a ese momento tenía, a lo que se sumaba la falta de identidad política de la Nación. Pues queda confirmado que de la regla universal del enfrentamiento social con el uso de la violencia en grado extremo ni las naciones que se precian de ser grandemente civilizadas escapan, menos se podía esperar el milagro de un proceso de transición pacífica en una nación poco civilizada como la ecuatoriana.

Aunque la democracia no trajo para el País una revolución social como sí ocurrió en Francia y los Estados Unidos de Norteamérica, significó al menos el asumir la dirección política por parte de individuos nativos de tierras americanas al inicio y locales años mas tarde (Poder Económico). Las esperanzas por conseguir la revolución social sin embargo quedaron en el camino, no porque no hubo la oportunidad histórica sino por la actitud mezquina de los agentes políticos, y las desmesuradas ambiciones de los sectores burgueses y aristocráticos frustrados acantonados en el territorio del País, que llegaron incluso a crear normas de derecho obligatorias para restringir a las mayorías sociales del quehacer político a fin de no encontrar ningún obstáculo que perturbe su hegemonía. La afirmación en el sentido de que no se produjo una real revolución social con la consecución de la independencia se sustenta en el hecho de que una revolución social tal y como lo entiende Melotti, es aquella que se realiza con la intervención y a favor del pueblo, es decir para la masa de la Nación105. Es como dice Zorel “La revolución social ataca la estructura misma de la sociedad llevando a cabo fundamentales reformas económicas y sociales”106. Tales reformas tienen que ver especialmente con el régimen de la propiedad. La revolución social independientemente de la cuestión ideológica, es un emerger de las clases inferiores de la estructura social al poder del Estado, e introducir substanciales modificaciones a los patrones estructurales del estado anterior, y mantenerlas en el tiempo para su beneficio107 Aunque algunos autores románticos están convencidos de que el movimiento independentista y la adopción del estatus republicano constituyen la producción de una real revolución social, la verdad histórica es que no hubo tal revolución social, la independencia y la posterior democracia no produjo ningún cambio sustancial, ninguna reforma socialmente apreciable, el régimen de la propiedad se mantuvo intocado y el poder continuó como patrimonio de las clases “Superiores; pues solo fue en la práctica una transferencia violenta del poder político de las manos de la Corona Española (Poder de los Reyes) a las manos de la clase económica local (Poder Económico), hecho que supuso la sustitución del Derecho de la Sangre por el Derecho del dinero para el ejercicio del poder político y nada más. Las condiciones de miseria absoluta en que vivía la enorme mayoría de la población mestiza india y negra dentro del territorio nacional no cambiaron con la llegada de la democracia, dichos grupos de personas continuaron relegados de todo beneficio que pudo otorgar el cambio político. Por ello concordamos una vez mas con Melotty al decir que lo único que se produjo en América y el Ecuador consiguientemente como producto de la emancipación española y la instauración del régimen republicano democrático fue simplemente él denomina una “Revolución Política” osea un traspaso del poder por medios violentos de las manos de un grupo a las de otro. “Quedando siempre el pueblo como la buena bestia que lleva la carga”108.

Desde los orígenes de la República la lucha política se desarrolló en un escenario de violencia y volatilidad sin tregua. En un primer término la disputa por el poder enfrentó en luchas encarnizadas a las fuerzas reaccionarias locales y al militarismo extranjero (Poder de fuerza Física, Poder Verde), los primeros agrupan a los sectores oligárquicos terratenientes, nobles en fin los representantes de la clase económica de la nación sustentados y comandados por el poder eclesiástico, el otro bando integra la pleya de excombatientes de la Independencia Americana y Colombianos, Venezolanos, Peruanos, Ingleses y gentes de diversa nacionalidad que luego de conseguir la liberación se quedaron en el país; unos y otros se creyeron con derecho excluyente para asumir el poder del estado recién dibujado o lo que es igual creyeron tener derecho a usufructuar del botín conseguido, a cualquier precio.

En efecto, la asunción al poder está determinada ya sea por un acto de descarnada imposición o por el mecanismo del sufragio fraudulento, que no obstante estar reservado para la clase pudiente e intelectual era fácil objeto de manipulación por parte principalmente del ejército (Poder Verde). El viajero francés Deleveq, en uno de sus apuntes menciona “cuando se quiere elegir a un diputado, a un consejero municipal, una compañía de soldados desfila por delante de la masa electoral y va depositando en el ánfora sus votos; la misma tropa repite la operación hasta que se complete el número de votos suficientes para sacar triunfante al candidato escogido”. Si algunos ciudadanos tratan de oponerse a esta manera de proceder, unos cuantos tiros de fusil o unos cuantos garrotazos le vuelven más a la realidad de las cosas”109, por ello al rebasarse las bases del sistema democrático no quedó a las facciones en lucha otro recurso que también emplear los elementos de la fuerza para turnarse en el ejercicio del poder. Para Espinosa Tamayo esta es una de las principales causas para la continuidad del ambiente de convulsión en el estado, el autor también observa que al darse al ejército la oportunidad de participar en la vida política, éste se convirtió en una fuerza con capacidad desisoria de la suerte de los gobiernos; así el Jefe de estado sea un militar o un civil, un régimen conservador o liberal, considera el autor el régimen era militarista, por el hecho de que solo domina, solo gobierna, debido al apoyo del ejército, y faltándole éste cae inevitablemente del poder110.

Esta suerte de subordinación fáctica de la autoridad política respecto a la autoridad militar, consideramos que se ha mantenido desafortunadamente intacta hasta nuestros días, y constituye un problema que pese a todos los esfuerzos no parece tener solución efectiva dentro de la democracia. Al respecto debemos añadir que nos parece no muy exacta la opinión del expresidente Dr. Oswaldo Hurtado vertida en una de sus más recientes publicaciones en el sentido de que los ejércitos en los últimos años han sido subordinados a la Autoridad Civil111, pues en lo que al Ecuador se refiere, en los últimos 20 años de gobiernos civiles siempre se ha debido contar para cualquier decisión trascendental con el consentimiento previo de los mandos militares; lo cual nos da la idea de que en la práctica existe en el Estado un cogobierno entre el poder político y el poder militar para que pueda ser posible su permanencia. Los últimos cuatro presidentes que el Ecuador ha tenido en los cuatro últimos años han debido y deben someterse a dicho régimen; por ejemplo, el expresidente Abdala Bucaram solo pudo mantenerse en el poder hasta el día 7 de febrero de 1997 por la noche, momento en el cual le fue advertido por parte del Comandante de las fuerzas Armadas que el ejército le había retirado el apoyo, lo que significó de hecho el desconocimiento de la autoridad del mandatario.

Esas mismas fuerzas armadas por intermedio de sus más altos mandos horas mas tarde resolvieron complementar el golpe de Estado auspiciando cualquier resolución que provenga del Congreso, así ésta fuera como en efecto lo fue violentando la Constitución y la ley. El gobierno interino parido del Congreso, presidido por Fabián Alarcón tuvo en su extrema debilidad que someterse a todos los caprichos no solo de los “Honorables” congresistas a los cuales se debía, sino también de los militares comandados por el general Moncayo, a tal punto que el 30 de abril de 1998, cuando era casi inminente que la convocada Asamblea Constituyente asuma todos los poderes y destituya a Alarcón y su Gabinete, éste en su desesperación debió resignar todo lo que más pudo al apetito de los “hombres de verde” con los que permaneció constantemente reunido negociando su permanencia en palacio.

Por último el presidente Jamil Mahuad anunció públicamente que luego de acordar con las Fuerzas Armadas desde ahora ya no se comprará durante los siguientes cuatro años armamento militar, que se reducirá el presupuesto de instrucción militar obligatoria y que los sueldos de aquellos se encuadrarán dentro del régimen general de remuneraciones del Sector Público; todo lo cual está por verse si en efecto puede cumplirse en la práctica y sobretodo si es respetado por los hombres armados, finalmente, el mismo Mahuad ese 21 de Enero del 2000 acababa de ser desconocido por las Fuerzas Armadas y consecuentemente derrocado. Todo esto nos da la medida del real poder que el ejército aún mantiene sobre la autoridad civil que ejerce en el papel el gobierno del estado. Remitiéndonos una vez mas a la obra de Espinosa Tamayo, en lo referente a la conducta habitual asumida por los actores de la actividad pública de los primeros tiempos de la República, encuentra que la falta de acatamiento a la ley o su incumplimiento deliberado por parte incluso de aquellos estaban encargados de hacerla guardar y cumplir, ha sido la regla general para gobernantes y gobernados. Para los primeros dice el autor, la ley era el instrumento para ejercitar el despotismo, mientras que para los ciudadanos comunes la ley se traduce en sinónimo de abuso y exacciones contra sus derechos cometidos por el juez, el policía, el teniente político y todo individuo que ejerce autoridad112.

Otro elemento que se anota es la intransigencia y la intolerancia originadas en la lucha entre el sectarismo político, esto junto al fanatismo religioso generó un sentimiento de odio y de violencia que hizo aún más enconada la lucha política y determinó que no se combata por ideas doctrinales sino por intereses personalistas113, como hasta ahora sucede. Los excesos de ésta violencia llegó a impresionar al resto de naciones, pero dicha práctica repudiable al contrario de regenerar el sistema político lo subsumió en sus obscuras entrañas. De flores a Alfaro el siglo XIX fue un período de extrema combulsividad; liberales y conservadores, o lo que es igual militares y reaccionarios no encontraron ninguna fórmula civilizada para desarrollar la actividad democrática de la política y acceder ordenadamente a la dirección del Estado conforme al designio soberano del Pueblo, y más bien contribuyeron a institucionalizar el enfrentamiento armado y el asalto al poder como medios eficaces para asumir el mando político. Como podemos apreciar, durante todo el siglo XIX las fuerzas políticas de la nación sumieron a nuestra sociedad en un permanente estado de crisis, que no pudo superarse, de tal suerte que ni siquiera existía en realidad la seguridad jurídica mínima, vasta observar que de los 18 ciudadanos que accedieron al poder del Estado 6 tomaron por asalto el gobierno y luego se hicieron bendecir por un Congreso, Convención o Asamblea mal llamada constituyente, siempre convocados por el mismo asaltante del poder; cinco fueron impuestos por los denominados “Notables” que paradójicamente se han convertido en torpes amos de la Patria, como puede apreciarse en el estudio sobre el poder político ecuatoriano efectuado por el Dr. Oswaldo Hurtado, finalmente solo cuatro gobernaron por la voluntad de la nación expresada mediante el voto o sufragio, el cual siempre fue objeto de deliberado manoseo y utilizado como instrumento para forjar la voluntad soberana del pueblo .

Pese a la “prolífica” capacidad de producir constituciones, acordes a los caprichos del tirano de turno ninguno de ellos se sintió conforme con su propia carta constitucional, con la que debió gobernar a placer, de lo que el irespeto a ella fue permanente; así los fusilamientos en masa a los opositores se hicieron presente en todos los gobiernos, la persecución, la represión y toda suerte de violaciones de los derechos básicos igualmente eran la “norma suprema” de desempeño para los más tolerantes y para los más tiranos; Por lo anotado, se encuentra que en la práctica la sociedad no disponía de las garantías necesarias para su normal desenvolvimiento debido a la fáctica inexistencia del imperio de la normatividad. En la práctica durante los 70 primeros años de vida independiente la Nación parece haber vivido siete décadas de administraciones de facto, en las que no imperó el poder de la Constitución y la ley (Poder Legal) sino el poder de las armas (Poder Verde); lo cual según sostiene el Sociólogo Julio Icaza Tigerino constituyó el único medio para poder contener a una sociedad semienloquecida, enfrascada en una lucha a muerte por el poder. En tal caos no podía esperarse según el autor que el poder administrador del Estado fuese ejercido por un individuo tolerante o contemplativo respecto a las ambiciones de sus contradictores, que más que contradictores se convertían en verdaderos enemigos de quien tenía el poder.

Lo enunciado nos lleva a la conclusión de que lamentablemente para los afanes que pudo tener parte de nuestra sociedad en vías de civilización y con sueños de democracia, se convirtió en una verdadera necesidad histórica que el Estado fuese conducido por un individuo con características de tirano, quien con el uso de la violencia pública fuese capaz de mantener aunque sea por la fuerza un relativo orden aunque no fuese la paz social, al menos hasta cuando las condiciones políticas de la embrionaria República lo permitieran. Es desconsolador admitirlo, pero nuestra nación tanto en los primeros años de vida independiente como en los años posteriores, incluso en los actuales siempre ha necesitado para mas o menos mantenerse coesionada, del sometimiento forzado de quienes la historia política designa “caudillos” individuos que con todos sus defectos fueron quienes lograron reinar en medio de la hostilidad que les ha ofrecido nuestra sociedad volátil por naturaleza o por herencia. Flores, Urvina, Veintimilla, Alfaro y Plaza Gutiérrez fueron caudillos militares, en los últimos 15 años dos o tres más intentaron serlo, pero sin mucho éxito en tanto que García Moreno, Velasco Ibarra, Jaime Roldos, y Abdala Bucaram han sido caudillos civiles. El tratadista político y expresidente ecuatoriano Oswaldo Hurtado Larrea respecto a los caudillos y al caudillismo como forma de expresión política ecuatoriana considera que al ser elevados al poder los caudillos han frustrado las esperanzas de los ideólogos y de los patriotas a más de sus propios partidos114 Nosotros somos fieles creyentes de la doctrina partidista como único medio para realizar la democracia de una República, por ello en su revisión del desarrollo del poder político ecuatoriano no tiene pues un criterio favorable sobre la gestión política de los caudillos en el país; similar opinión mantiene el también expresidente ecuatoriano Rodrigo Borja Cevallos, aunque con epítetos más drásticos en contra de su origen y motivación política. Sin embargo, a nuestro parecer los caudillos fueron y muy probablemente son aún necesarios pues hasta la presente, la población aún no llega a asimilar como se debe vivir en democracia plena, lo cual lógicamente evitaría sin duda alguna los excesos aparentes que regularmente tienen tales gobernantes. Hurtado Larrea dice: “Por regla general nuestros políticos han carecido de ideales y han desconocido en lo absoluto el arte de gobernar la técnica de la gestión administrativa”115, sin embargo esto es una regla aplicable a todos nuestros exgobernantes caudillos e ideólogos que han cruzado por el poder. El autor añade: “Han sido malos conductores del Pueblo en el gobierno, de nada ha servido las brillantes proclamas dichas antes de subir al poder y que han sido casi siempre escritas por amigos del caudillo”, las promesas dice Hurtado han sido hechas para deslumbrar al País ignorante116. Yo diría que no para deslumbrar sino para esperanzar al individuo que jamás tubo una pizca de esperanza, que por su estado de ignorancia sí, indudablemente fue excluido por los “científicos” que han cruzado por el gobierno, y que al menos demagógicamente fue incluido por los discursos de los caudillos.

Sobre el tema, el Diplomático francés Hassaurek, quien hace importantes aportes al conocimiento de nuestra historia desde su singular punto de vista dice: “Las simpatías personales y las conveniencias individuales han sido la guía y norma para el desaguadero de las pasiones públicas y de allí el caudillaje y el oportunismo dominarán en los partidos más que los ideales y el deseo de conseguir el bienestar nacional. A falta de bandera y de programas permiten a los mediocres agruparse alrededor de cualquier caudillo de ocasión, sea para hacer oposición al gobierno que no ha satisfecho sus aspiraciones personales, o pasar de un bando al otro sin el menor escrúpulo, adaptándose a todas las situaciones, de donde resulta que los más dúctiles y maleables son los que perduran en la política y los que aprovechan y usufructúan los destinos públicos”117.

Hurtado Larrea considera que la única diferencia entre los caudillos y los caciques, (individuos a quienes los tratadistas del proceso político nacional confieren los peores atributos que pueda merecer un ser civilizado, pero que ejercen real poder e influencia sobre la comunidad a la que se pertenecen), radica en que los primeros tienen una influencia nacional a diferencia de la influencia local o provincial de los segundos; atribúyese a ambos fenómenos de nuestra política como el producto de la realidad propia de la nación, lo cual para el autor explica su aparición y permanencia en la vida del Estado118.

Los caudillos disponen de la fuerza como único medio e indispensable para la toma del poder y para mantenerse en él, mediante la eliminación de los adversarios a los que se les considera fuera de la ley. El tratadista continúa “Los caudillos disponen de los recursos del Estado para satisfacer las ambiciones de su círculo o atraer y neutralizar a sus enemigos”119, tal situación supone un actuar permanente al margen de las limitaciones que impone el marco jurídico, el cual ha permanecido tradicionalmente en calidad de letra muerta. Hassaurek en sus memorias reconoce tal inconveniente cuando sostiene que “Ningún gobierno que quisiera respetar la ley y la Constitución podría mantenerse ni siquiera una semana en el poder”120. Esta terrible apreciación del diplomático europeo en nuestra opinión refleja el problema más grave que tiene el sistema político o la democracia si se quiere llamar así del País; este mal histórico para desventura de la nación y para desgracia del Estado no ha podido ser superado a pesar de los 170 años de vivir bajo un supuesto ordenamiento jurídico político.

Por ser de la naturaleza del individuo ecuatoriano la rebeldía, la desconfianza, el odio, el egoísmo hacia el prójimo y mucho más respecto a quien por suerte o por desgracia llegó al poder, la población en vez de apoyar al grupo de gente que conduce el país se empeña en obstaculizar su gestión por cualquier motivo sea este justificable o no, obligando al gobernante a frenar con mecanismos apartados del ordenamiento legal los arrebatos de la población que frenéticamente y hasta por novelería o por aventura embiste al conductor del Estado y a todas las instituciones. El individuo en el Ecuador, cree y apoya a su mandatario los tres o seis primeros meses de su gestión como máximo; luego de éste tiempo pide a voz en cuello su salida. Sólo en el último periodo democrático se puede observar que todos los presidentes de turno tuvieron que enfrentar en su oportunidad pedidos de renuncia, intentos de destitución, golpes de Estado e incluso la cesación arbitraria.

No pretendemos de ninguna manera que la Nación adormite en la indiferencia como también ha ocurrido dejándose oprimir por el tirano, pero si es de esperarse que cuando por excepción se tiene un gobierno con orientaciones distintas a los gobiernos burgo- oligárquicos, el pueblo lo respalde con toda su fuerza y contribuya con aquel ha construir una nueva sociedad mas justa la que jamás tendremos con el enfrentamiento permanente. El caudillo en el primer tramo de nuestro republicanismo se produjo y sostuvo políticamente en el reducido grupo del poder económico que dominó la vida política del Estado, grupo que no debe atribuirse ni se atribuirá la representación del pueblo en la toma de decisiones de vinculación general, puesto que según estimaciones sobre la conformación socioeconómica de la época recogidas por Ayala Mora y el mismo Oswaldo Hurtado tan solo representaban al 2 y máximo el 5 por siento del total de la población ecuatoriana, tan solo ésta reducida fracción social alcanzaba a reunir el requisito económico patrimonial para poder intervenir en la vida del Estado.

A partir de 1895 en adelante y con mayor énfasis luego de 1930 los caudillos sumen la representación de las masas cuando logran integrar a la vida política de la nación al gran conjunto de marginados, proletarios ignorantes y miserables, como los define la ciencia del Estado.

No creemos necesario abundar sobre el tema, el cual ha sido lo suficientemente analizado por diferentes historiadores y tratadistas políticos; la intención de enfocar el fenómeno del caudillismo para nosotros mas bien es para tratar de explicar no justificar la necesidad para el control o la atenuación social y política que representa la figura del caudillo, cuya antipática conducta para las clases intelectuales podría evitarse si esta gente en vez de provocarlo le permitiera desarrollar su gestión sin perturbaciones de clase.

Como hemos apreciado la evolución de las formas del poder en el país. El Ecuador desde su génesis ha tenido que caminar casi por todas las especialidades del poder, aunque principalmente dentro de la vida republicana la que más se ha hecho presente es el poder verde en unión con el poder económico han venido gobernando desde siempre, aunque con pequeños desfaces cuando se verifica la Revolución Alfarista, y los interludios de los gobiernos populares.


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