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EL FRACASO DEL NEOLIBERALISMO EN EL ECUADOR Y ALTERNATIVAS FRENTE A LA CRISIS

Carlos Alfredo Uquillas

 

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CAPITULO II. LOS RASGOS DE LOS MODELOS ECONÓMICOS IMPLEMENTADOS EN EL ECUADOR

2.1.- EL PERIODO AGROEXPORTADOR

Aspecto Político.- Nuestra inclinación a transplantar modelos económicos de otros estados o latitudes es una gran verdad fuera de duda aún cuando este transplante no sea tal sino que en el mejor de los casos se aparezca a un injerto y el resultado sea en sustancia, forma y fondo otro ser distinto al original. Esto es lo que ocurrió a inicios del siglo XX, Estado que empezaba a conformarse bajo las premisas y objetivos de otra ideología y gobernado por la misma derecha de antaño y a la sombra de una Nación carente de cultura política, como lo indica Uquillas 200049.

Cultura Política que hace “referencia a los valores, principios, éticas, pragmáticas, que orientan las conductas de los actores y norman la relación entre ellos”50, características que asignan la identidad a un pueblo “que implican que las representaciones y las prácticas se enlacen”51. Fenómeno histórico que hasta nuestros días se viene manteniendo junto con “la informalización de la política y deslegitimación en sus valores y eficacia”52. Este vacío de cultura política fortificó a la oligarquía hasta 1930 donde en cierta forma se ve fragmentado por el efecto del Estado Liberal incidiendo directamente en el manejo de la economía, seguido por periodos de transición y populismo.

A 1930 los sectores populares urbanos demandaban su inclusión en la participación política, hecho que condujo a la realización de nuevas alianzas políticas y a la conformación de un “Estado de Compromiso caracterizado por su ambigüedad”53, lo que no nos sorprende porque el populismo y la oligarquía de ese entonces no eran menos ambiguos entre sí, es decir que no participaban de dos naturalezas diferentes y todos sus contenidos doctrinarios eran inciertos y confusos.

A pesar de la creación de este nuevo Estado no pudo superar la crisis del Estado Oligárquico porque no logró incorporar a los sectores populares en el régimen efectivo de participación democrática y cuando se lo intentaba un golpe militar lo impedía; Ese es el escenario que ha venido manteniéndose, problema que hasta nuestros días no está plenamente resuelto todavía, sin poder conducirnos hacia una democracia abierta a las grandes masas.

Lo que queda es seguir con “la lucha para alcanzar la independencia”54 y “continuar hasta que las fuerzas oligárquicas sean arrancadas del vientre del poder político”55. En conclusión se infiere que el poder económico fácilmente puede alcanzar el poder político y los que no tienen poder jamás podrán alcanzar el poder político “pues antes de llegar a él existe una vil escala intermedia que debe previamente alcanzarse”56. Aspecto Socioeconómico.- 1900-1950.- Revolución Alfarista.- En los instantes que el viejo ferrocarril de Alfaro anuncia su llegada a Quito comienza a dibujarse en los rostros de la gente con cierta resistencia al inicio los cambios y transformaciones que traía la moderna vía de transporte y comunicación. El progreso tan ajeno a nuestra realidad empieza a adquirir un significado concreto; por fin las dos regiones tradicionalmente dominantes se unían y conquistaban un medio idóneo de relación constante entre sí, medio que sin duda alguna fue decisivo para articular la geografía del Ecuador.

Pero a pesar de estas transformaciones el país hasta 1920 levemente había cambiado, aún se podía distinguir las dos formas sociales con características coloniales. Así en la costa se podía observar la concentración de la capacidad productiva bajo el cultivo de cacao destinado a la exportación, fenómeno que permitió consolidar un estrato social dominante que controlaba la producción y exportación del aurífero fruto, ejerciendo el control total del comercio internacional, y con estrecha vinculación con el Sistema Financiero Nacional, representado éste por el Banco Comercial y Agrícola, el cual debido a las finanzas y a la política de prestaciones a favor del Estado controlaba abiertamente la economía del país. El otro bloque estaba conformado por importadores y comerciantes requirentes de giros o letras sobre el exterior, cuyo centro de operación era el Banco Central del Ecuador, pero ambos dependientes de las exportaciones cacaoteras.

La sierra a excepción del Azuay y Loja dedicados a la producción para satisfacer el consumo interno, la que se basaba en el sistema hacendario bajo el control de los grandes terratenientes que manejaban la economía de la región. Aunque hay que anotar que varios de ellos incursionaron en la actividad industrial especialmente la manufacturera y en poca medida dedicados a las importaciones, pero siempre dependientes de las divisas que generaba la economía guayaquileña.

Otros grupos se pueden observar con menos capacidad de decisión como la burocracia estatal en crecimiento, artesanos, aprendices, obreros, campesinos y las empresas de servicio público.

Cabe anotar que la inversión nacional se ve rezagada por el capital extranjero que se hizo ampliamente presente en la minería, ferrocarriles, petróleo, alumbrado, saneamiento; Consecuentemente siendo el mayor porcentaje de demanda de mano de obra las grandes plantaciones cacaoteras, los latifundios serranos y la artesanía.

Esta situación entraña complejas relaciones sociales entre los diferentes estratos analizados; Por una parte los dueños de las plantaciones y los latifundios con amplia prevalencia de privilegios, Por otra parte los sembradores y campesinos, en absoluta relación de dependencia con los primeros.

A consecuencia de esta división de regiones prácticamente autónomas entre sí, condujeron a una situación de desorden fiscal en lo que se refiere a la recaudación de tributos. Por lo que es normal encontrar en cada región sus propias leyes con intereses y clases de rentas diferentes. Sin pensar en conformar un sistema general de recaudación de impuestos y mucho menos un Estado Unitario Nacional con intereses afines.

Pero no es solo el problema de rentas sino además la falta de organización contable y operacional de catastros y estadísticas que debe tener el aparato estatal; Así tenemos que los presupuestos siempre fueron deficitarios y aplicados para distintos periodos económicos en ausencia de una política fiscal y de planificación del gasto público. De manera que la obra pública se vio relegada o simplemente no se realizaba, en contra posición con los gastos militares que siempre se iban incrementando.

En conclusión la falta de conciencia por construir un Estado Nacional sumada la ausencia de un poder central condujo a un Estado de Crisis donde la estabilidad, el crecimiento era un paradigma, sin factores que articulen la economía al comercio exterior, motivos que empujaron al país a ser un asiduo importador de productos manufacturados. A partir de 1950 la economía se dinamíza gracias a la producción y exportación bananera; explotación que incorporó a la pequeña y mediana finca intensa en capital y que paga salarios al desarrollo nacional, lo que se analizará en el siguiente tema.

La Revolución Liberal comandada por el General Eloy Alfaro, dejó atrás 65 años de amorfa democracia, dedicada a satisfacer los apetitos elitistas, e intenta reenrrumbar el Estado con una especie de redistribución de la renta de la República y la democracia dirigida a los individuos marginados. La Revolución tuvo como primer objetivo colocar las bases materiales para el crecimiento económico de la Nación, redefinir el papel político de distintas instituciones generadoras de conflictos y problemas de toda clase para el normal desenvolvimiento de la República, y provocar la integración de todo el conjunto de la sociedad al desarrollo nacional a través del cambio en la orientación de las políticas generales del Estado hacia los sujetos sociales marginados de la acción pública. Desde luego esto suponía implementar quizá a través de la imposición una material sustitución del Orden social a la anarquía imperante hasta ese momento; del interés colectivo en su más amplia expresión a las ambiciones personales; del régimen de derecho a la arbitrariedad, etc.

Luego de 65 años de un proceso republicano estéril de orientación sectaria y monológica, que desconoció todo concepto que tuviese implicación macrosocial, la burguesía liberal ecuatoriana decide llevar a cabo un proyecto revolucionario que incluía por primera vez la participación en la producción y los beneficios de la misma a los obreros, campesinos, y a los marginados del País. Para el efecto, el movimiento selecciona a otro individuo con características de caudillo para que conduzca la campaña, este nuevo lider, a diferencia de los anteriores por primera vez concibe la misión fundamental que supone administrar un Estado, esto es constituir un gobierno para buscar el bienestar de toda la sociedad sin exclusiones indistintamente de la condición social, económica, política, religiosa, etc. de estos.

Este caudillo fue el general Eloy Alfaro Delgado, nativo de un minúsculo pueblo perteneciente a la provincia de Manabí quien desarrolló una porfiada lucha política dentro del País que en sus primeros años parecía destinada al fracaso, es así que en los primeros años no conoció la victoria ni el poder. A su turno debió enfrentar a García Moreno, Cordero, Veintimilla, con éste último por haberse apartado de los supuestos ideológicos que lo llevaron al poder. Alfaro acaudilla varias revueltas contra Veintimilla desde 1880, en 1882 fue proclamado Jefe Supremo de Esmeraldas y Manabí. Años más tarde y con Caamaño como Presidente de la República suspende su lucha y busca apoyo internacional, viaja por toda Sudamérica y se relaciona con los principales líderes liberales de la época contagiándose de la efervescencia general que vivía el Liberalismo en todo el continente.

Hacia 1895 Alfaro se había exiliado en Centroamérica agobiado por una lucha que hasta ese momento solo vio el fracaso, sin embargo en ese año se produce un hecho que contribuyó notablemente con sus aspiraciones, cual es el escándalo conocido como “La venta de la bandera” protagonizado por el Presidente de la República de entonces, que no obstante para la mayoría de historiadores solo fue el detonante que desbordó un saturado estado de cosas y la presión social por el asfixiante predominio de los regímenes oligárquico-terrateniente que debió soportar el País en los años precedentes.

La recesión del capitalismo de 1892 de connotación internacional había afectado enormemente a la economía nacional mientras tanto los gobiernos del conservatismo eclesial continuaban imprimiendo sus ya descritas políticas opresivas en contra de los estamentos inferiores de la sociedad, así como habían relegado del poder a los grupos burgueses ilustrados.

Tales grupos burgueses nacionales influenciados por la coyuntura internacional del momento se lanzaron con violencia a la persecución del poder con un supremo objetivo la transformación del carácter del Estado; para ello se contó con el apoyo de diversos sectores sociales: grandes terratenientes, obreros, campesinos, y el pueblo movilizado.

Esta unidad de fuerzas contrapuestas determinó que se diseñara un proyecto político democrático de corte radical que implementaba beneficios mutuos y sacrificios comunes, que se fundamentó en la reivindicación de la propiedad de la tierra, la supresión de las instituciones serviles como el concertaje a mas de reivindicaciones dirigidas a los artesanos y obreros.

Debido a la gran tensión política y social que se vivía en 1895 el escándalo en el que se vio envuelto el gobierno produjo la rápida caída del mismo no mediante un acto constitucional como planteaba la ciudad de Quito sino de la forma como toda revolución suele materializarse y llegar al poder, esto es rompiendo el ordenamiento jurídico y social vigente. Guayaquil fue el eje de la revolución en toda la costa y gran parte de la sierra consiguió ahogar a tiempo los intentos conservadores contrarevolucionarios y proclamó el 5 de Junio de 1895 como dictador al General Eloy Alfaro.

En la generación de la revolución, según los datos de la historia, merece especial mención el impulso que dieron a la misma los grupos populares que virtualmente empujaron a la burguesía quizás poco interesada realmente en producir grandes transformaciones a auspiciar el movimiento; así es que la burguesía se ve forzada a aceptar a un caudillo que no concordaba con los objetivos que generalmente promueven estos sectores en su actuación política, Alfaro era un peligroso caudillo para los grupos económicos pero reconocían en él una real garantía para la movilización de las masas populares y la conducción de la guerra civil que se suponía inminente57. Alfaro asumió la Presidencia de la República el 18 de Junio al retornar de Centroamérica, gobernó con gran tolerancia y prudencia (nosotros diríamos con algo de ingenuidad), tratando de evitar enfrentamientos especialmente con la Iglesia para lo cual envió varias comisiones de paz a la sierra; sin embargo la paz no se lograría por cuanto el fanatismo conservador no dio tregua. Y comandados por Salazar se lanzaron a la guerra con el auspicio de su eterna aliada la Iglesia Católica, desatando una campaña de terror ideológico contra Alfaro y el Liberalismo. En vista de aquello Alfaro desató una ofensiva en toda la sierra lo cual fue tomado como un enfrentamiento regional que debió encender los siempre latentes karmas del regionalismo, en agosto logró desarticular definitivamente a la resistencia y sus líderes huyeron a Colombia.

El 4 de septiembre Alfaro entró en Quito y dió inicio a su gestión. El gobierno del Viejo Luchador se guió por una política de conciliación, formando su gabinete con representantes de todas las tendencias del Liberalismo; debió resistir las presiones por implantar de inmediato reformas drásticas que hubiesen desangrado más al país, lo cual provocó malestar en las facciones radicales, asimismo debió reprimir enérgicamente a las diferentes oleadas de insubordinación en toda la República encabezadas por los brazos armados del conservatismo; no obstante el ambiente de inestabilidad que se vivía en el país realizó obra material en Quito y Guayaquil y algunas reformas arancelarias.

En 1896 convocó a la prometida Asamblea Constituyente, la misma que redactó una Carta Constitucional que tuvo profundos matices liberales, y por primera vez declara la libertad de conciencia y de culto, reformas que como eran de esperarse fueron ferozmente combatidas por la Iglesia. Esa Asamblea ratificó como Presidente de la República al mismo Eloy Alfaro y a Manuel Benigno Cueva nombró como Vicepresidente. Ya en su gestión constitucional, Alfaro orientó su gestión al mejoramiento de las relaciones entre el Gobierno, el Estado y la Iglesia, y a la construcción del Ferrocarril Trasandino, su mayor obra material.

La Iglesia en su natural voracidad por el poder jamás tubo la voluntad de respetar mucho menos someterse a las decisiones del Gobierno Alfarista, frente a ésta intransigencia radical poco digna adoptada por los representantes del Clero, “Alfaro resolvió someter por la fuerza al orden como debe hacerse en tales casos, porque los ciudadanos que actúan dentro de la esfera del Estado no pueden oponer sus particulares intereses al interés general al cual representa el Estado”58. La medida del sometimiento fue reglada por el Congreso al expedir la ley que prohibió a la Iglesia intervenir en política, en 1889.

El problema con la iglesia desde luego para el Gobierno Alfarista fue el más grabe que tubo que enfrentar, su carácter tolerante le produjo inconvenientes más que satisfacciones y para tratar de controlar a un clero frenético y enloquecido por la pérdida del poder político brutal que disponía hasta ese entonces recurrió a la mediación incluso del Vaticano, cosa que no dio mayores resultados59.

Es notorio observar como el individuo lucha con todas sus armas por conservar el poder político especialmente a tal punto que puede perder o sacrificar todo pero en ningún caso el poder político, por ello no es extraño ahora observar la vehemencia con la que el Clero defendió felizmente sin éxito lo que diríamos una real disminución de su poder dentro del Estado, con el apoyo incluso del gobierno conservador de Colombia, nación ésta con la que estuvimos a punto de enfrentarnos en una guerra binacional por esta causa.

Sin embargo pese al grado de adversidad, Alfaro se empeñó en construir las bases del desarrollo nacional con la construcción del ferrocarril. Aunque para el efecto tubo que destinar enormes erogaciones fiscales que también generaron grandes desaveniencias con la burguesía Guayaquileña, Alfaro decretó reformas al arancel aduanero, entregó la recaudación de los impuestos de la costa a la Sociedad de Crédito Público, Introdujo radicales cambios al sistema de la Educación Pública, cambios en la Organización y Formación de las Fuerzas armadas etc. en agosto de 1901 Alfaro debió entregar el poder al electo Presidente General Leonidas Plaza Gutiérrez de quien únicamente diremos que fue mayormente radical con la Iglesia, gobernó en colaboración de los notables e intelectuales del País incluso conservadores lo que le hizo merecedor del calificativo de hábil político, pronto se convirtió en la antítesis de Alfaro al desviar su gestión en favor de los latifundistas desechando los postulados que habían dado lugar a la Revolución Liberal.

Con el auspicio de Plaza fue elegido presidente en 1904 el General Lizardo García, quien por estar vinculado con los sectores financieros contó con el beneplácito de éstos; sin embargo desde el principio de su gestión demostró debilidad en la toma de decisiones de lo cual sacó provecho Alfaro quien había sido apartado del quehacer político y al año de la gestión de García dirigió un cuartelazo que derrocó al Presidente.

Los sectores liberales radicales, los sectores populares y algunos latifundistas serranos contribuyeron a que Alfaro asuma nuevamente el poder, reavivando las reformas de la revolución liberal que habían sido de cierta manera paralizadas con el gobierno de Plaza. En 1908 Alfaro inauguró el ferrocarril en todo el País hecho que proporcionaría gran regocijo al pueblo; sin embargo desgraciadamente no produjo resultados en forma inmediata como se había previsto, y el Estado quedó sumido no solo en una cierta desilusión sino con una gran deuda pública.

Por otra parte Alfaro fortaleció el laicismo y dirigió otras reformas también importantes, pero simultáneamente empezó a apreciarse un distanciamiento del pueblo y el caudillo; las reformas sociales no fueron las esperadas o el pueblo agotó su siempre mínima paciencia, seguidamente comenzaron las protestas y las represiones60.

Pese al marco de reales transformaciones el pueblo ecuatoriano siempre insatisfecho y exigente hasta el cansancio no se conformó y empezó a dar la espalda a su líder al que ya debía bastante. Comenzaron a sucederse las protestas principalmente estudiantiles y la consecuente represión. La población se distanció del ejército el cual por el conflicto con el Perú que se presentó en aquellos años fue concentrado en la frontera a donde también se trasladó el Presidente Alfaro para dirigirlo personalmente; aquí el viejo luchador recibiría el último respaldo de su pueblo para finalmente quedar en el olvido como sucede con todos los prohombres de la Patria61.

Al finalizar el segundo mandato de Alfaro en el curso del año de 1911 se efectuó la elección presidencial, que determinó el triunfo de un cercano colaborador Alfarista, Emilio Estrada, sin embargo la idea de don Eloy Alfaro era que Estrada renunciase antes de asumir el poder para que fuese el mismo Viejo Luchador quien continúe en el mando del Estado; pero el Presidente electo no aceptó esta proposición nada grata para cualquier mortal que tiene la dicha como pocos de llegar al poder de una nación, e inmediatamente se puso a buscar apoyo de las fuerzas más representativas del País en la época; en efecto Estrada consiguió el apoyo de importantes miembros liberales, y principalmente de los cuarteles quiteños.

El 11 de agosto de 1911 ante los rumores de un golpe de estado Alfarista varios cuarteles se sublevaron y una asamblea de placistas y conservadores desconocieron al gobierno y obligaron a renunciar al Presidente aun en funciones, quien salió del palacio entre insultos y vejámenes de sus enemigos refugiándose en la casa del Cónsul Chileno, días más tarde salió al exilio en Panamá. Estrada tubo un gobierno efímero, pues falleció a los tres meses de ejercicio, el breve lapso del Gobierno de Estrada fue cargado de sacrificios debido al gran número de concesiones que debió hacer a los enemigos de Alfaro con quienes formó su gabinete62.

Dados los sucesos que ocurrieron con la asunción al poder de Estrada, habría sido preferible que éste dejara en manos del Viejo Luchador la dirección de la República, porque seguidamente el percance del mandatario fue aprovechado por Plaza Gutiérrez para nuevamente instalarse en el poder, junto al grupo oligárquico al que se pertenecía.

Con la muerte de Estrada en el País se sucedieron diferentes levantamientos armados principalmente en la costa en los que tuvo participación Alfaro y su sobrino Flavio, los mismos que no tuvieron éxito en su intento de volver al poder, siendo mas bien apresados y llevados al panóptico de Quito, donde una enloquecida muchedumbre de esas que de ciclo en ciclo tiñen de sangre la historia nacional, sacó a Alfaro y sus allegados y los arrastraron por las calles de la capital, siendo asesinados vilmente e incinerados en el parque del Ejido al son de los frenéticos gritos de curas y asesinos encubiertos en el espectro difuso de la muchedumbre.

Sobre las connotaciones prácticas derivadas de la revolución liberal ecuatoriana también existen criterios disonantes que pretenden desacreditar los hechos históricos sociales producidos por dicho movimiento. El politólogo Felipe Burbano de Lara por ejemplo dice: “No es casualidad que algunos autores hablen de la Revolución Liberal, como un proceso político fallido, que degeneró en un sistema oligárquico elitista y cerrado; y que otros hablen de un pacto oligárquico entre una burguesía Agroexportadora liberal y los terratenientes serranos”63; y más adelantes expresa “de la misma manera como la Revolución Liberal no pudo secularizar la vida política, tampoco fue capaz de generar un proceso de emancipación política a través de una ruptura violenta de las estructuras sociales tradicionales y jerárquicas del poder, que diera paso a la constitución de los ciudadanos libres e iguales; esto es a una representación de los sujetos fuera de las relaciones tradicionales de dominación”64.

Martín Barbero, escritor colombiano expresa, “Los ilustrados están contra la tiranía, contra el clericalismo, contra el confesionalismo, en nombre de la voluntad popular; pero están contra el pueblo en nombre de la razón”65. A su vez Burbano manifiesta, “El pueblo legitima la autoridad, pero queda excluido de la cultura"66. éste autor se presenta abiertamente contrario al liberalismo según dice por su actitud contra el pueblo, pero a parte de tal criterio, es innegable que la acción emanada de la Revolución Liberal el Ecuador pudo dar un salto histórico en su desarrollo social, económico y humano. Con la muerte del más importante líder de la Revolución Liberal el gobierno fue entregado en manos de lo que la historia conoce como “Dominación Oligárquica”, ciclo cuyo dominio se extendió por 14 largos años y que pudo mantenerse sobre los cadáveres de miles de compatriotas que se atrevieron a levantar su voz contra dicha opresión oligárquica.

Periodo de la Oligarquía Financiera.- Con Plaza Gutiérrez nuevamente en el poder, los grupos económicos retoman el control del País que de gran manera lo habían perdido durante las administraciones de Alfaro. Aparece en el espectro político una nueva fuerza económica que se había venido gestando en los años anteriores “La Oligarquía Financiera” que empezó a gobernar el País política y económicamente debido al carácter de dependencia que adquirió el Estado de los recursos financieros que dos bancos prestaban al gobierno.

Plaza luego de la muerte del líder liberal debió enfrentar levantamientos febriles que querían vengar la muerte del Viejo Luchador, lo cual determinó por una parte que el ejército leal al gobierno tuviese importantes bajas, que pusieron en peligro la permanencia del Presidente en el poder, por lo que éste contrajo ingentes volúmenes de deuda principalmente con el Banco Comercial y Agrícola, el cual pasó en poco tiempo a constituirse en acreedor económico y político del Estado Ecuatoriano. Por un lapso mayor a 11 años la plutocracia de la costa y Guayaquileña en particular, concentró todo el poder económico y político, a tal punto que todas las candidaturas políticas a la dignidad que fuese, incluidas las de Presidente de la República, Diputados, Cenadores, etc. debían ser conocidas y aprobadas previamente por el Gerente del Banco Comercial y Agrícola.

La dominación grosera y sin precedentes produjo pingues beneficios a dicha oligarquía, que pudo reinar sin dificultades, teniendo en sus manos la capacidad de generar dinero en forma libre indiscriminada y muchas veces fraudulenta que ocasionó en esos años una depreciación acelerada de la moneda nacional y el consiguiente deterioro de las condiciones de vida de la población67. Al imperio plutocrático corresponden las administraciones de Plaza Gutiérrez, Alfredo Vaquerizo, Luís Tamayo y Gonzalo Córdoba, a quienes según la crónica de nuestra historia les otorga importancia en la ejecución de obra material en el País, dícese también que fueron tolerantes con la oposición, aunque para aquellos aparentemente no cuenta los centenares de muertos de principios de los años veinte en carne de obreros, agricultores etc., sin embargo, el nivel de terror y desangre del siglo anterior parece haber disminuido en razón de que la lucha política comienza a desarrollarse en forma un poco más civilizada con el paulatino abandono de la disputa armada protagonizada por las facciones conservadoras clericales y la soldadesca liberal.

En éste período también aparece el Movimiento Obrero Organizado que exigía reivindicaciones sociales para su sector, siendo por tal efecto brutalmente reprimido por la oligarquía reinante en 1922 y 1923; estos nefastos acontecimientos no acallaron sino más bien encendieron con mayor fuerza las ideas de cambios radicales y reivindicaciones socioeconómicas para los campesinos y obreros, quienes fueron golpeados severamente por la crisis derivada de la primera conflagración mundial y la caída de las exportaciones y los precios del cacao que en esos años constituía el principal rubro de la economía nacional; para atenuar la crisis respecto a los productores del cacao el gobierno decretó sucesivas devaluaciones que agregaron con miseria a los campesinos, obreros y al resto de la población que no era propietaria de los medios de producción.

La Revolución Juliana.- En este contexto general el 9 de Julio de 1925 se produce un levantamiento de un grupo importante de oficiales jóvenes del ejército que terminó con el último gobierno oligárquico presidido por Gonzalo Córdoba sin el derramamiento de sangre, y fueron desterrados del País los principales actores de la vida política. La denominada “Revolución Juliana” de 1925 que ha nuestro parecer no debería recibir tal identidad por cuanto no trajo para el País cambios sociales trascendentales, instrumentó algunas innovaciones de importancia en el aspecto monetario con la creación de varios organismos orientados a introducir mas que todo controles a los abusos del sistema bancario nacional en la emisión monetaria y el manejo de los entes productivos en general; las reformas se implementaron en un momento de crisis general de la economía por lo que sus frutos no se percibieron sino después de algunos años.

La “Revolución Juliana” también marca el inicio de un período de 15 años de extrema inestabilidad política nacional en el cual los gobiernos entraban y salían con absoluta facilidad, factor éste que sin duda sirvió únicamente para ahondar la crisis. En este contexto, las intenciones de alcanzar transformaciones sociales solo quedaron en eso, intenciones, pues a pesar de que quienes dirigieron aquel movimiento decían profesar la doctrina socialista, en la práctica nada de lo que contemplan los principios de dicha ideología se aplicaron cuando tuvieron la oportunidad de hacerlo.

No sé si se debe atribuir al exceso de juventud, a la inexperiencia en la cuestión política o a la falta de adiestramiento doctrinario de quienes condujeron el Movimiento Juliano, la causa para que hayan desperdiciado la inmejorable oportunidad de transformar definitivamente el Ecuador; quizás el hecho practico más notorio es que se consigue reducir notablemente el poder e influencia arrogante que ejerció la oligarquía financiera desde principios de siglo hasta 1925; Hecho éste que no obstante perdió toda validez social cuando en los años subsiguientes quedo reducido a un burdo traspaso de poder de manos de la plutocracia costeña a la burguesía de la sierra, la que desde ese momento reorientaría el poder del Estado al recuperar todos los privilegios e intereses de clase que de alguna manera les había sido restados durante el período de dominación oligárquica costeña, todo lo cual solo demuestra que el Ecuador no pudo conseguir evadir el espiral político de dominación burg|o-oligárquica al que desde los comienzos de su historia se encuentra sometido En suma el primer cuarto del siglo XX marcó un período de redefinición de las fuerzas políticas de la Nación. Una vez que fue apartado de la actividad política el frenesí eclesial, las facciones conservadoras quedaron desarmadas, con lo que disminuyó notablemente su agresividad y arrogancia natural; entonces la búsqueda del poder político tendrá como sustento solamente su poderío económico. Las fuerzas Liberales por su parte, poco a poco fueron desvinculándose del inconsistente militarismo, quedando representadas en los sectores sociales ilustrados, burgueses y una pequeña parte en las clases profundas de la sociedad. A éstas dos fuerzas tradicionales de nuestra política, se suma una nueva fuerza que inconteniblemente nacía y se desarrollaba de la corriente socialista que reivindicaba a los sectores obreros y campesinos.

En octubre de 1917 el País de Rusia dio ejemplo al mundo del poder supremo que podían albergar en su ceno las masas oprimidas las mismas que a través de la Revolución Social conseguirían invertir el antiguo estatus político y económico de aquel Estado. En nuestro País sin embargo el pueblo oprimido no conseguiría organizarse disciplinadamente, quizá por ignorancia o simplemente por abulia y no logró propiciar la nueva Revolución Social que era necesaria en aquel momento debido a que las reformas propiciadas por Alfaro prácticamente se desvanecieron en los años posteriores a su muerte.

Para sobrevivir en aquel Estado de la miseria, el individuo escogió el peor de los caminos elegibles, no sucedió como en otras naciones los hombres se unen férreamente y conciertan trabajar y sacrificarse sin medida hasta conseguir el bienestar colectivo a partir de la nada, sino que los ecuatorianos actuando desde las distintas esferas impusieron a la nación un régimen de anarquía sin precedentes; los agentes económicos con un indolente ánimo de lucro implementaron a gran escala un vil tren inflasivo que miceró en mayor medida a la población; por su lado los agentes políticos encontraban su mayor satisfacción al colocar y sin contemplaciones cesar gobiernos sin el menor escrúpulo y con la intervención del elemento armado a costa de la tranquilidad, la paz, la seguridad jurídica y hasta de muchas vidas de nuestra Nación.

La Nación misma por su parte sucumbiría toda ante la anarquía apoderada de todas las esferas, y reaccionaría también con más desorden y con más violencia. Son años en que la violencia se convierte en la expresión cotidiana en todos los órdenes, violencia para buscar el poder, violencia para ejercer el poder, violencia para hacer oposición al gobierno, violencia para manifestar el descontento de las masas, violencia para reprimirlas, violencia para desconocer la voluntad soberana del pueblo, etc. Luego de cien años de intentos de democratizar la nación, la historia parecía invertir su curso y empujarla con fuerza inaudita a un triste estadio de incertidumbre, miseria y caos general.

Con el movimiento Juliano se inició este período de 15 años de inestabilidad política, la complejidad que debió suponer poner en marcha el pliego reformatorio determinó que haya un síntoma de indefinición absoluta en cuanto a la organización de los gobiernos, a continuación se hizo regla el permitirse que los gobiernos no duren en el poder más de uno o dos años, de tal manera que entre 1925 y 1940, 21 ciudadanos ocuparon el sillón presidencial, es decir uno cada nueve meses, los cuales se constituyeron en actores principales de una comedia grosera en la que a su vez el pueblo tubo el triste papel de suicida o cuando más de impotente espectador que entregó su suerte y su derecho a la esperanza, a los amos del poder y de la anarquía. Tomando este último aspecto, bien podemos referirnos a aquel criterio que sostiene que las masas no tienen ideología y solo responden instintivamente a los caprichos de sus líderes; pues esto en ciertos momentos de nuestra historia como el que nos encontramos revisando parece cumplirse casi a rajatabla, no de otra manera se puede explicar la actitud suicida de nuestro pueblo que hoy confía y entrega su suerte en manos de su mayor enemigo, al día siguiente lo repudia, para luego volver a confiar en aquel.

Los años 30.- En los años 20 y 30, este desconcertante vaivén de ilógica política se hace evidente en el Ecuador. De tal manera se transforma el pueblo que de fervoroso montonero liberal a finales del siglo XIX seguidamente, se entrega por su propia voluntad a las fauces de la oligarquía y no obstante el maltrato de que es objeto por parte de éste monstruo; En los años 30 volvió a entregarse ante el mismo monstruo, y en adelante esto se repetirá en innúmeras ocasiones, en forma a nuestro juicio inexplicable e incoherente, incluso con el mínimo instinto de supervivencia, el que quedó reducido a un más durante lo gobiernos oligárquicos.

En cuanto a oportunidades para la tercera fuerza La Izquierda, nunca nuestro pueblo comprendió la necesidad de vaciar la putrefacta sociedad que lo oprime y volverla a llenar con ideal nuevo; así es que ésta la tercera fuerza nunca pudo llegar al poder del Estado por la vía constitucional como sería lo ideal, sino como es la norma en todo el orbe a través de la “Partera de la Historia” como lo denomina Marx a la violencia. El movimiento Juliano de 1925 llevó al poder en forma muy breve a un grupo de soldados jóvenes de rango medio y bajo, quienes en el momento que tuvieron el poder en sus manos se ofuscaron.

Otro igualmente breve lapso de gestión socialista constituye la administración del general Alberto Enríquez Gallo, a quien debemos la promulgación de algunas leyes sociales de gran importancia y que hasta hoy no han sido rebasadas. En su corto período en el poder Enríquez se preocupó de implantar las bases para la construcción de un Estado diferente más justo y solidario partiendo de la norma jurídica, aunque finalmente con su actitud de desprendimiento excesivo o ingenuidad luego que convocó a la Asamblea de 1938 perdió el poder, desvaneciéndose de esta forma una nueva ocasión para cambiar el rumbo del Estado Ecuatoriano.

La década y media que duró éste período de inestabilidad extrema dejó para la Nación un saldo ampliamente nefasto, que condujo al deterioro abrumador de la democracia cuyos canales en nada contribuyeron para viabilizar la consecución de soluciones a la crisis; la economía por su parte soportó el colapso más grave de toda la historia de la nación, crisis solamente comparable a la que en nuestros días atraviesa el País. Por toda esta suma de factores negativos, es indudable que las bases de la sociedad quedaron seriamente fracturadas en aquel momento. Quedando una vez más confirmado que el régimen constitucional por más que se intente no puede llegar a contener el ánimo de beligerancia, caos y violencia política, pues nuevamente el asalto del poder se instaura como el mecanismo que ofrece los mejores resultados para acceder al poder; en tales condiciones no pudo haber sido posible ni de lejos lograr el progreso económico del país; las reformas de 1928 y 1938, no fueron suficientes enmiendas para el sostenimiento peor aun el mejoramiento de las condiciones de vida de la sociedad, pese a la indudable importancia que representan tales reformas, porque si la situación política no es estable, todos los demás ordenes del Estado se alteran y se hunden en ciclos negativos.

Si bien hemos dicho que es explicable se produzca este período de transición a la democracia, superado el lapso de tiempo prudencial la pervivencia de la anarquía, la incertidumbre y la violencia en todos los estamentos y los órdenes del Estado se convierte en un hecho injustificable y repudiable, inadmisible para un pueblo que trata de alcanzar la civilidad, sabiduría y coherencia en las manifestaciones de su existencia.

La pervivencia de la violencia, la anarquía el despotismo, la injuridicidad hacen ver que nuestra sociedad hasta ese momento vivió un real “Estado de Naturaleza” como lo entiende Hobbes en el Leviatan. Solo debió haber quedado para los utópicos y soñadores que les tocó vivir aquellos tiempos, una leve esperanza para que las generaciones futuras logren conciliar y cambiar el triste sendero que cursaba la Patria, pues aquella sociedad había sido incapaz de lograr dicho objeto.

Superado el período de grave inestabilidad socio-política, el espectro político del país integrado por tres fuerzas principales - conservatismo - liberalismo y la joven fuerza socialista que habían tenido una marcada identidad y coherencia hasta ese entonces, quizá producto de 15 años de incertidumbre y violencia, en adelante perderán gran parte de esa coherencia ideológica, por tal razón la lucha política con antecedente en la cuarta década se desideologiza, de tal manera que súbitamente las fuerzas políticas aparecerán asociadas a tres fenómenos distintos que para nuestro estudio lo denominaremos: Populismo, Nuevo Militarismo y Burgo Oligarquía.

Los Periodos del Velasquismo.- El escenario político contemporáneo en el Ecuador comprende la lucha por el poder desde 1945 hasta nuestros días. En estos 55 años aproximadamente, el país ha consolidado un sistema político antidemocrático sin lógica ni rumbo definido, por el cual, los dirigentes políticos de ocasión sólo han perseguido alcanzar a como de lugar el poder del Estado sin ideas ni orientaciones definidas que busquen el progreso integral de la nación, y al contrario solo se han concretado a establecer prerrogativas que vinculan exclusivamente a las cúpulas del poder económico que dominan a su vez el poder político. A juicio de Burbano de Lara, El ejercicio del Gobierno se ha movido en tres direcciones: el autoritarismo, derivado de la relación directa del Gobierno con el Estado; el clientelismo y corporativismo, como forma paternal de atender las demandas particulares de los distintos grupos sociales; y, la pugna de poderes como lógica de interacción de los poderes institucionales, con sus efectos paralizantes e inmovilizadores del sistema así como su pérdida de credibilidad68.

En este orden de cosas, Alfredo Mancero señala: “Es casi obvio que el único objetivo del quehacer político sea la conquista electoral de un Estado débil, descompuesto y desgobernado”69, Estado desgobernado en el cual el pueblo profundo desempeña solo el triste papel de impávido espectador, el cual según los “sabios” de nuestra política piensa y actúa como rebaño o inconsciente masa sin criterio ni voluntad propia. Las masas populares denominadas también muchedumbres fueron incorporadas a la vida política de la Nación a partir de la última década del siglo XIX y con mayor incidencia luego de la década del treinta. Esta integración popular al quehacer político da origen a lo que la teoría política llama fenómeno del populismo, la cual en forma peyorativa considera a ésta clase de expresión política como la peor y más despreciable forma de acción en este orden, visto como un consiente y deliberado engaño a las masas populares a quienes el candidato populista para llegar al poder ofrece sabiendo que jamás podrá cumplir toda suerte de favores y beneficios una vez que llegue al gobierno, despertando en las muchedumbres falsas expectativas e ilusiones que al ser imposible cumplirlas jamás se tornarán en realidad70; entonces diríamos que el populismo es un fenómeno político que aglutina para su acción a las masas populares a quienes dirige el líder del movimiento su principal discurso y demagogia.

El doctor José María Velasco Ibarra es el primer representante de el fenómeno en mención, quien ostentó el cargo presidencial por cinco veces; el Abogado Jaime Roldos Aguilera en una ocasión; y, el Abogado Abdala Bucaram Ortíz en una oportunidad. Los representantes del fenómeno político más despreciado por la oligarquía partidista según los datos de nuestra historia debieron correr con la misma suerte como lo veremos en el análisis que sigue. Desde 1930 las masas deprimidas compuestas por lo que la ciencia política denomina el subproletariado y lúmpen proletariado71 conformadas por los individuos que son objeto de la mayor marginación y miseración por parte del poder público son incorporados a la vida política ecuatoriana guiados por el carisma y el discurso de un ciudadano que creyó por primera vez que los antiguos parámetros de nuestra política debieron ser abiertos a lo que la misma Constitución y la ley disponía en forma si se quiere hipócrita, es decir creyó en la inmersión a la vida política de la nación de las muchedumbres.

Por voluntad de las muchedumbres excluidas y tradicionalmente marginadas de todo beneficio estatal y social cansadas de cien años de soportar una insufrible hegemonía seudo partidista fue llevado al solio presidencial por cinco ocasiones el Doctor José María Velasco, este personaje, hijo de padre esmeraldeño y madre quiteña se constituyó por un lapso de 40 años en el principal actor de la política ecuatoriana.

Velasco para llegar a ostentar tal influencia sobre las masas logró reunir en su personalidad todos los elementos indispensables para alcanzar ser escuchado, entendido y creído por los grupos marginados de la sociedad, pues no todos los líderes o actores políticos disponen de atributos para hacerse oír y convencer aunque fuese de una quimera a las multitudes. De tal manera que aquel líder de masas disponía en primer lugar de retórica acorde al público al que estaba dirigida, la cual estaba basada en una descripción lo más clara y concreta posible, de la situación general del país y sus responsables, además de un listado de necesidades y la forma como él las intentaría solucionar al llegar al poder, poniendo especial énfasis en la descripción de los servicios y las soluciones que ejecutará en su gestión y que por supuesto estaban dirigidas a los miembros de esos grupos inferiores de la sociedad.

En segundo lugar Velasco tenía carisma para penetrar en el corazón y el pensamiento de las muchedumbres, con el contacto directo o personal con cada pueblo, con cada individuo logró que el mítico candidato al máximo cargo del Estado que hasta ese momento tuvo, y quien jamás en la historia visitó y menos compartió con la gente de los estamentos bajos, limitándose a compartir y departir con los miembros de su misma clase social. La nueva actitud de Velasco rompió todos los esquemas de la política tradicional en esa área específica lo cual fue muy valorado y retribuido por aquel segmento de la población. En función del perfecto manejo de los dos elementos descritos Velasco consiguió que las masas populares más deprimidas depositen en él su última esperanza, la esperanza de los pueblos de las tres regiones del País con quienes el líder compartió sus penas y escuchó sus más grandes necesidades, a ésta gente por siglos olvidada y aislada del contexto nacional, ofreció “terminar con la injusticia, acabar con los privilegios oligárquicos, triturar las trincas y pulverizar la plutocracia” a quienes responsabilizaba de los males de la nación; es decir había interpretado el sentir y las aspiraciones de las masas y estas en respuesta le otorgaron todo el caudal de su apoyo en busca de días mejores.

Velasco exaltó las virtudes populares, y sostenía que: “El pueblo es una agrupación política, única fuerza pura, único elemento vigoroso y noble”72. El Pueblo entonces se convierte en el sujeto central de la política populista de Velasco. Frente al desprecio de los ilustrados un discurso que exalta al pueblo como depositario de valores y virtudes como bien lo anota Burbano de Lara. El discurso populista despierta pasiones y emociones pero está ausente la razón, por ello a sus líderes los llaman locos. Según el criterio de Bustamante que recoge en su estudio Burbano de Lara73, tal y como se lo llamó a Velasco y Bucaram.

La primera administración de Velasco comenzó el primero de Septiembre de 1934 y duró aproximadamente un año, en éste corto periodo el populista intentó sin éxito reafirmar las maltrechas bases democráticas del Estado que en esos años se habían deteriorado notablemente; tubo que enfrentar una violenta oposición de parte del Congreso, dirigida por su presidente Alberto Arroyo del Río, éste personaje hizo perder la cabeza al Presidente de la República quien se declaró dictador, para en uso de todos los poderes reordenar el País y tratar de emprender con las reformas que necesitaba la Patria, puesto que conservando las estructuras de la normatividad en esos momentos la misión era imposible. Aunque para ello el Presidente debía contar con el maleable e impredesible apoyo del elemento militar. Precisamente al momento en que un miembro del ejercito leía el Decreto Velasquista se produjo la traición al mandatario y al grito de “Viva la Constitución” aquel fue apartado del poder de la misma forma abrupta como llegó a él. Abría que preguntar a que Constitución se referían aquellos miembros de ese ejército que lo que menos conocía es el respeto a la Norma Suprema, muy probablemente se refirieron a esa Constitución que regía únicamente sus ambiciones.

Velasco como consecuencia de su fallido autogolpe fue apresado y desterrado; a continuación Federíco Paez quien se apropió del poder auspiciado por las clases pudientes desató como era de esperarse una feroz persecución en contra de los colaboradores del gobierno defenestrado74. El proceso que se advierte en la primera administración Velasquista es el ejemplo de la regla general que tienen los gobernantes que llegan al poder respaldados por las masas deprimidas y que han intentado descabelladamente reducir a la impotencia, a las facciones oligárquicas propietarias del Estado. El círculo vicioso que determina la suerte de esos gobiernos es: “Opresión oligárquica, Reacción popular, Intento populista, Oposición violenta, derrocamiento y persecución implacable”. Diez años después de la primera presidencia, las masas llevan nuevamente al poder a su líder, esta vez mediante una revuelta que derrocó al gran enemigo de Velasco Alberto Arroyo del Río el 28 de Mayo de 1945, proclamado dictador Velasco emprendió una depuración de la administración pública y convocó a una Asamblea Constituyente, la misma que ratificó en su cargo al Presidente y dictó la Carta Constitucional más democrática que haya producido éste País, por ello sorprende que Velasco haya expresado su inconformidad por aquella, aunque esto puede ser explicable por cuanto dicha Carta Suprema disponía, que quien subrogaba al Presidente de la República era el Vicepresidente, quien a la vez era Presidente del Congreso Nacional, cosa que en la práctica le convirtió en opositor e incluso enemigo del Presidente Velasco, buscando en todo momento su caída para ser él quien asuma el poder del Estado, lo cual en efecto ocurririó en poco tiempo.

Este quizá fue uno de los pocos errores del texto constitucional aludido. Nuevamente el congreso desató su desenfrenada oposición contra el Presidente, quien en Marzo del 46 volvió a declararse dictador y convocó a una nueva Asamblea Constituyente la que expidió la decimosexta Constitución, y en agosto del 47 un golpe de Estado militar lo derrocó75. Así se repitió otra vez la historia.


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