BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

Comunicación móvil y sociedad, una perspectiva global

Manuel Castells
Mireia Fernández-Ardèvol
Jack Linchuan Qiu
Araba Sey

 

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La dimensión de clase en la comunicación móvil

¿Es la comunicación móvil un privilegio de la gente con un estatus socioeconómico alto? No hace mucho, a mediados y a finales de los años noventa, una expresión coloquial china se refería al teléfono móvil como dageda, que literalmente significa «gran-hermano-gran».

Esta expresión, difundida a través de las películas de Hong Kong, señalaba la excepcional riqueza y poder asociada con el propietario de uno de esos aparatos en aquellos momentos. Hasta cierto punto, el estatus socioeconómico diferenciado de los usuarios de móviles aún se puede observar en grandes zonas de Asia, África y América. En Corea del Sur, por ejemplo, aunque el país posee un mercado móvil bastante avanzado, en 2003 los niveles de penetración diferencial del teléfono móvil persistían en poblaciones con niveles de renta alta y baja.

Como muestra el Informe KISDI, el 84,3 % de los coreanos con unos ingresos de más de 3,5 millones mensuales de won303 habían adoptado dicha tecnología. Pero para aquellos que ganan menos de 2 millones de won304 al mes, el porcentaje era de tan solo 69,9.305 Esta diferencia es importante ya que existe muy poca diferencia entre los dos grupos de ingresos por lo que se refiere a las tasas de abono a líneas fijas.306 Lo mismo ocurre, por ejemplo, en Lima (Perú), donde, aunque la penetración de la telefonía móvil es mayor para los grupos con rentas altas y medias, hasta las rentas bajas, las rentas muy bajas y los grupos de extrema pobreza han adquirido teléfonos móviles.307 De hecho, la penetración móvil para cada uno de estos grupos alcanza, en 2001, 78, 53, 22, 10 y 7 terminales por cada 100 personas, respectivamente.

308 Del mismo modo, las observaciones realizadas en México por Mariscal y Rivera (2005), según Telecom CIDE (2005) pusieron de relieve la existencia de un patrón similar. En 2003, los grupos con menor nivel de ingresos (niveles D y E) tenían una penetración de 9 teléfonos móviles por cada 100 personas, los más altos (niveles A/B y C+) alcanzaron los 85, mientras que los grupos de renta media (niveles C y D+), llegaron a 43. Es más, los resultados preliminares de 2005 mostraron que la penetración en los niveles socioeconómicos más bajos se había triplicado hasta alcanzar la cifra de 27.

En los países en vías de desarrollo con una renta media menor, y una disparidad social más pronunciada, el acceso a la tecnología de la comunicación móvil está más limitada a la gente con mayores niveles de ingresos, educación y estatus social. Sin embargo, como se debatirá más adelante y con más detalle en el capítulo 8, aunque la sociedad de la comunicación móvil aporta nuevas oportunidades para la móvilidad social ascendente y para superar la divisoria digital, el patrón general indica que, en estos momentos, la difusión tecnológica es superior entre los colectivos de mayor estatus socioeconómico.

Esto ocurre no sólo en los países en vías de desarrollo sino también en EE.UU., donde el ingreso medio de los usuarios de móvil era mucho mayor que la media nacional, y el nivel de ingresos era un indicador importante de la adopción del teléfono móvil.309 Sin embargo, algunas excepciones merecen ser subrayadas pues indican que la diferenciación socioeconómica en los patrones de adopción no es un fenómeno permanente. Se trata de una función del estadio de difusión tecnológica, lo que significa que la influencia de las desigualdades socioeconómicas decrece, o desaparece, cuando la penetración en dicha sociedad se acerca a la saturación. El caso más obvio es Europa, donde la penetración media es del 71,5 % en el continente y de más de un 90 % en diversos países.310 Por ejemplo, en la UE podemos apreciar una tendencia que indica que el ingreso deviene un indicador menos importante de la adopción del teléfono móvil a medida que la telefonía móvil alcanza a casi toda la población.

Lo mismo sucede en grandes áreas metropolitanas del resto del mundo. Desde Tokio a Kuwait, de Nueva York a Sydney, dado que la telefonía móvil se ha convertido en algo muy asequible y fácil de usar, existe la tendencia a que el aparato en cuestión se convierta en un objeto rutinario y habitual para gente de todo tipo, ricos o pobres, con estudios o sin ellos. Dicho fenómeno resulta particularmente importante para la telefonía de voz, ya que hasta los analfabetos pueden hablar por el teléfono móvil.

Por otro lado, si observamos los últimos accesorios y aplicaciones de los teléfonos móviles, como el 3G o los servicios Wi-Fi, a menudo, la mayor parte de los abonados todavía suelen ser más ricos y disponer de un mayor nivel educativo, ya que estos servicios sin voz, más avanzados, suelen ser más caros y requieren un mayor nivel de alfabetización. Además, las clases más elevadas son el objetivo de la I+D y de las promociones de las recién desarrolladas tecnologías móviles, que son más caras y están específicamente adaptadas a las normas culturales y a las prácticas de las clases medias y altas. Ésta es la razón por la que los círculos empresariales siguen constituyendo, en EE.UU., el principal grupo de usuarios finales de los servicios de última generación como, por ejemplo, las Blackberry y otras aplicaciones de datos inalámbricos.311 Y ésta es también la razón por la que, en muchos casos, vemos que la transformación del teléfono móvil va más allá de sus funciones de comunicación básica y se convierte en un objeto clave para la moda, una señal del estilo de vida urbano y un importante componente del consumismo contemporáneo, aspectos que analizaremos con más detalle en el capítulo 3.

Debido a que los ingresos a menudo están altamente correlacionados con el nivel educativo, no es sorprendente que el promedio de usuarios de los servicios de datos inalámbricos suelan tener un nivel educativo mayor que aquellos que sólo usan la telefonía de voz, quienes, a su vez, poseen un nivel de estudios mayor que aquellos que no usan ningún servicio móvil. Por datos inalámbricos nos referimos no sólo a las aplicaciones avanzadas de internet inalámbrica y Bluetooth, sino también a las aplicaciones más mundanas sin voz, incluyendo los SMS. Un estudio en China, por ejemplo, muestra que los graduados universitarios son más proclives a adoptar SMS que aquellos sin estudios universitarios.312 Lo mismo sucede en África, donde una proporción significativa de propietarios y usuarios tan solo tienen estudios primarios o no han sido escolarizados. Por ejemplo, en Sudáfrica, la mayoría de los propietarios (56,2 %) y usuarios (56 %) tienen estudios secundarios, mientras que la mayoría de no usuarios (44,8 %) tan solo tienen estudios primarios. En Tanzania, la mayoría de los propietarios (37,7 %) tienen estudios secundarios, mientras que la mayoría de usuarios (62,4 %) y los no usuarios (71,4 %) tan solo han recibido estudios primarios.313 Las investigaciones llevadas a cabo por McKemey et al.314 en África señalan que la gente con mayores niveles de educación ya ha incorporado a sus vidas el nivel óptimo de uso de telefonía. También subrayan que la mayor parte de la población con un nivel de estudios y una renta baja suele vivir en zonas con poco o nulo acceso a los servicios de telecomunicaciones.

En el caso de África, a mayor nivel de renta corresponden mayores niveles de propiedad de teléfono móvil. Por ejemplo, existe un mayor nivel de uso del teléfono móvil en Botswana que en Ghana porque una renta media más alta facilita a la población de Botswana la posesión y uso de teléfonos móviles.315 Sin embargo, los estudios que muestran que más del 50 % de los usuarios se encuentran dentro del grupo con ingresos más bajos, indican que la renta puede suponer una barrera para la obtención pero no para el acceso o uso.316 No resulta sorprendente que en áreas donde se pueden enviar mensajes de texto, exista cierta evidencia que sugiere que la proporción de mensajes de texto en comparación con las llamadas de voz también aumenta a medida que los ingresos decrecen (p. ej., en Sudáfrica).317 Resulta de particular importancia la tendencia según la cual la propiedad de telefonía móvil se extiende más uniformemente entre distintos grupos de renta de lo que se ha extendido en el caso de otros artículos de consumo duradero.318 En varios estudios se ha señalado que la población de los países en vías de desarrollo está dispuesta a gastar grandes sumas de sus ingresos para sus necesidades de comunicación.

319 En Sudáfrica, se emplea el 10-15 % de la renta en los teléfonos móviles. Los precios típicos de la región del sur de África van desde los 19 dólares (Zimbabwe) a los 71 dólares (Mozambique) por 100 minutos de uso al mes.320 Sin embargo, parece que el gasto en teléfonos móviles no figura entre las prioridades principales de renta, ya que la estadística nacional indica que la comida, el combustible y la energía son los primeros en la lista de gastos de los sudafricanos negros y pobres.321 La baja penetración en África también tiene que ver con el hecho de que los habitantes de áreas rurales, que suponen la mayor parte de la población, tienen un acceso limitado a la telefonía móvil.322 Esto sugiere que puede haber un alto porcentaje de usuarios de telefonía móvil que posiblemente estén abonados tanto al teléfono fijo como al móvil, lo cual encaja con la conclusión de Hamilton según la cual los teléfonos móviles actúan de complemento y de sustituto de las líneas fijas en los países africanos, aunque el uso complementario es el dominante.

323 Las diferencias en la distribución de los teléfonos móviles dentro de los países a menudo quedan ocultas o se pasan por alto, ya que la mayoría de las estadísticas nacionales no desglosan para la divisoria digital (también denominada división o brecha digital) la diferencia rural-urbano,324 lo que también resulta un problema en otras partes del mundo. En África existen diversos ejemplos de esta situación. Por ejemplo, más del 70 % de los teléfonos móviles del Senegal se encuentran en la capital, Dakar.325 El 45 % de botswaneses, el 20 % de ghaneses y el 76 % de ugandeses utilizan los teléfonos móviles «con regularidad»,326 aunque los niveles de uso caen cuando únicamente se consideran las áreas rurales: Botswana, 29 %; Ghana, 6 % y Uganda, 66 %. Para muchos de estos africanos con niveles bajos de renta, el sistema postal sigue siendo su principal medio de comunicación a distancia.327 Sin embargo, la correlación entre el estatus socioeconómico y la adopción del móvil no tiene por qué ser siempre una relación lineal.

Éste es el resultado que aporta China Mobile en su estudio a gran escala de usuarios de internet de 2004, el cual, a pesar de la limitación del muestreo online, ofrece una valiosa percepción de los patrones de adopción en los diferentes niveles sociales.328 Muestra que la mayoría de usuarios de internet inalámbrica del país tienen estudios y rentas de nivel medio. El 45 % de los usuarios tienen unos ingresos de unos 800-3.000 yuan (o 96,7-362,5 dólares), mientras que el grupo de mayor renta, con unos ingresos de más de 3.000 yuan, representan el 10,6 % del total de abonados. Por otra parte, el desglose por nivel estudios muestra un 44 % con estudios medios, 31 % de diplomados universitarios, 24,5 % de licenciados universitarios, mientras que los que poseen un máster o estudios doctorales sólo representan el 0,44 %. Además, en el estadio inicial de difusión, la popularidad de los servicios de internet inalámbricos entre la población de ingresos medios y de nivel de estudios medio probablemente tiene que ver con el hecho de que la mayoría de la población perteneciente al grupo de renta alta y de estudios superiores ya disponen de acceso a internet de banda ancha conectado a un ordenador tanto en casa como en el trabajo.

Existen otras limitaciones estructurales a tener en cuenta. Por ejemplo, el gasto anual de teléfonos móviles en países de rentas muy bajas puede suponer un coste de más del doble del PIB per cápita.329 Los proveedores de servicio también tienden a limitar su cobertura a las ciudades y pueblos más habitados, y en pocos casos suelen incluir a las comunidades rurales. Por tanto, incluso con el acceso y los medios necesarios para adquirir teléfonos móviles, sigue siendo imposible para algunos potenciales suscriptores usar el servicio. Existen informes que señalan que gente afincada en las ciudades suministra teléfonos móviles a sus parientes de las aldeas. Sin embargo, estos teléfonos no resultan más que meros artefactos, ya que ningún operador de telefonía móvil ofrece cobertura en dichas comunidades.

También es importante recordar que, debido a la asociación entre altos ingresos y educación superior, los accesorios de comunicación móvil sirven como indicadores del estatus social en el contexto de los países en vías de desarrollo, añadiendo así una dimensión peculiar a los procesos de apropiación social. La «móvil manía» en Filipinas, por ejemplo, es el resultado tanto de su adopción entre la clase media como de la difusión tecnológica entre las poblaciones urbanas más empobrecidas.330 Como señala Vincent Rafael, existen varios factores que apuntan a la rápida difusión tecnológica entre los pobres, como por ejemplo, el uso de tarjetas de teléfono previo pago, la disponibilidad de terminales usados, el deterioro de las infraestructuras públicas, las ofertas de empresas de telecomunicación privadas del tipo «obténgalo gratis y luego pague sus mensajes de texto a bajo coste» y el efecto demostración del dispositivo entre el gentío de Manila.331 Podemos extraer dos lecciones del mencionado caso de Filipinas, dado que posee implicaciones para todos los países en vías de desarrollo. La primera es que la difusión de la tecnología móvil corre paralela a una ola de urbanización global sin precedentes, donde miles de millones de emigrantes de zonas rurales a zonas urbanas utilizan el teléfono móvil tanto como una herramienta funcional para superar el nuevo ambiente social como un instrumento para definir su recién adquirida identidad urbana. La segunda, y quizás de mayor importancia, es que cuando las tecnologías inalámbricas se difunden a grupos con menor nivel de estudios y rentas bajas, surgen servicios menos caros para satisfacer las particulares necesidades de los nuevos usuarios, lo cual a menudo resulta inevitable cuando la difusión llega a la saturación entre aquellos con un estatus socioeconómico alto.

Puede observarse dicha tendencia en los países en vías de desarrollo y también en algunos de los más desarrollados, en lo que concierne a varios servicios inalámbricos y prácticas de los usuarios: el busca, Little Smart (o PHS), SMS, tarjeta de teléfono prepago, terminales compartidos y la llamada perdida. Cuando estos usos baratos se generalizan, sirven a los intereses de la clase marginada al proporcionar nuevas maneras de acceso a la información y a la red social, así como oportunidades de empleo y de ascenso social; también origina una categoría social particular conocida como «los sin información», que incluye, tal y como hemos identificado en el contexto chino, a los emigrantes, los desempleados y los pensionistas.332 A continuación, daremos una breve explicación de estos servicios más económicos, y de cómo reflejan las reglas culturales de la población con un estatus socioeconómico inferior de China, India, África y otros lugares.

COMUNICACIÓN INALÁMBRICA PARA LOS GRUPOS DE RENTAS BAJAS: CUANDO LA CLASE DETERMINA LA TECNOLOGÍA Empecemos con una tecnología casi olvidada pero que aún resulta relevante: el busca. El busca es un servicio móvil a menudo ignorado en los análisis académicos, pero que desempeña un papel significativo tanto en la historia como en la realidad de la comunicación móvil.

A pesar de la competencia que supuso el teléfono móvil, el servicio de busca aún tiene una base de consumidores entre los niveles de renta bajos. En EE.UU. existe un mercado estable de buscas porque dicha tecnología resulta más barata, menos llamativa, tiene una mejor cobertura y permite al usuario un mayor control sobre con quién desea comunicarse.

El resultado es que los ingresos por las ventas de buscas en EE.UU. aumentaron en un 17,2 % entre 1998 y 2002.333 Sin embargo, el patrón de obtención es muy diferente en China, donde había más de 50 millones de abonados de buscas en 2000.334 A medida que el consumo del teléfono móvil aumenta vertiginosamente, el busca ha sido cada vez más marginado por parte de los urbanitas, que lo califican de «desfasado», «poco fiable» y sólo adecuado para los trabajadores emigrantes culturalmente «poco sofisticados».335 Con este discurso, incluso los nuevos emigrantes de las ciudades chinas sienten la necesidad de separarse de esta tecnología, lo que conlleva un descenso del número de suscriptores. Dicha tendencia se agravó todavía más cuando muchos operadores de busca se desplazaron, a menudo de un modo bastante irresponsable, hacia negocios con mayores beneficios, dejando a muchos abonados de rentas bajas desinformados o simplemente olvidados.336 A consecuencia de ello, el país rápidamente perdió casi 30 millones de abonados de buscas durante 2000-2002.337 La cifra descendió hasta casi los 3,6 millones en enero de 2005.338 Si por un lado los chinos se apresuraron a abandonar los buscas, han sido todavía más rápidos en adoptar el servicio más bajo de la gama, el Little Smart (o xiaolingtong), un servicio de móvilidad limitada que permite a los abonados utilizar el teléfono móvil pero al precio de una línea fija. En los últimos años ha habido un incremento de servicios similares, como por ejemplo el corDECT, en la India,339 aunque China sigue siendo la que más éxito ha cosechado en lo que se refiere a la adopción de servicios de móvilidad limitada a escala mundial.

El sistema chino Little Smart se basa en el estándar PHS (Personal Handyphone System) de Japón, país donde esta tecnología se diseñó para los consumidores de renta baja, pero que no llegó a despegar en ese mercado más acaudalado. Sin embargo, ha sido todo un éxito en China, consiguiendo un récord de ventas de 2.000 millones de dólares en 2003, cuando 25 millones de personas se abonaron a Little Smart en tan solo un año. En enero de 2005, el número total de abonados a Little Smart del país superaba los 67 millones.340 Esto refleja una demanda extraordinariamente alta de tecnologías móviles baratas, especialmente entre las clases más bajas. En el capítulo 8 abordaremos el fenómeno de Little Smart con más detalle debido a su gran relevancia para el resto de los países en vías de desarrollo.

La tercera manifestación que demuestra el atractivo de los servicios inalámbricos de bajo presupuesto es la popularidad del SMS desde principio de siglo. En China, el SMS tiene un precio de 0,1 RMB (poco más de un céntimo de dólar) por mensaje, u 8 mensajes de texto por el precio de una llamada de teléfono móvil de 1 minuto.341 Una encuesta revela que un 40 % de los usuarios chinos de móvil entre los 18 y los 60 años de edad ha utilizado el SMS.342 La popularidad del SMS quedó confirmada cuando un informe de BDA China señaló que el 70 % de los abonados a móviles en zonas urbanas del país han usado algún tipo de servicios de datos móviles.343 Como hemos mencionado anteriormente, el vertiginoso aumento del uso de SMS es casi un fenómeno universal entre los grupos de estudiantes y adolescentes con ingresos bajos en países tan diferentes como Japón, Filipinas, Bahréin y los países nórdicos. Aunque existen otros factores que conducen a las altas tasas de adopción entre las generaciones más jóvenes, como la mayor disponibilidad de tiempo libre o la capacidad de usar rápidamente un teclado pequeño, el precio mucho menor de los SMS, en comparación con la telefonía de voz, también se reconoce como un elemento importante para los jóvenes que los adoptan.

En cuarto lugar, el servicio prepago es posiblemente la forma más importante de obtención de servicios destinados a cubrir las necesidades de aquellos con una renta y un nivel de estudios más bajos. Por ejemplo, en Filipinas, una gran mayoría de los abonados a móviles (70-90 %) escogen el servicio de tarjetas de teléfono previo pago en lugar de contratos,344 lo que «permite a quien no tiene un historial de préstamos, ni una dirección permanente, ni una fuente de ingresos estable, adquirir teléfonos móviles».345 Según China Mobile, el mayor operador de móviles de China, la compañía tenía 144 millones de abonados en enero de 2004, de los que 93 millones eran suscriptores prepago frente a los 51 millones de abonados con contrato; de entre los nuevos abonados en enero de 2004, sólo 15.200 optaron por el contrato, mientras que 233.000 abonados escogieron el plan prepago.

346 El servicio previo pago resulta también importante para los europeos y americanos con menos recursos. Los datos de 2002 señalan que un 70 % de noruegos preadolescentes se abonan al servicio de prepago. Dicho porcentaje baja en el caso de los que superan los 20 años347 (con unos ingresos más estables) y vuelve a aumentar en el caso de aquellos que se aproximan a los 60,348 la edad de la jubilación (también por poseer menos ingresos). La situación es similar en el Reino Unido entre la población con una renta baja,349 y en Estados Unidos, donde, durante un largo periodo de tiempo, los jóvenes y los grupos con rentas más bajas no podían permitirse los teléfonos móviles debido a su limitado acceso al crédito.350 Los servicios de prepago son también muy populares en África, donde, a pesar de ser sustancialmente más caros que un contrato móvil o una línea fija, se ha convertido en el único medio de acceso viable para la mayoría de la población. Los sistemas prepago son mayoritarios en África —en la mayoría de los países copan más del 80 % de las suscripciones a móviles—351 y resultan muy adecuados para las condiciones de la zona por diversas razones, entre las que se incluyen los bajos niveles de renta de los consumidores, la incapacidad para cumplir con los requisitos de crédito y las dificultades que tendrían los operadores para encontrar a los clientes a la hora de cobrar las facturas.

Las tarjetas telefónicas de prepago se han convertido en algo tan importante que también se utilizan como alternativa al pago en metálico de bienes y servicios.352 En África Oriental, en los quioscos, tiendas y salones, los emprendedores revenden tarjetas prepago de teléfono móvil que cuestan unos 4,80 dólares, cifra que en algunos países representa casi el salario de una semana.353 Esto supone una fuente de ingresos importante e implica un acceso más fácil a las tarjetas de teléfono en las afueras de las ciudades. Sin embargo, su alto coste implica que los beneficios se limitan al número de clientes que puedan permitirse un gasto así.

La sociedad móvil en África consta al parecer de diferentes clases de usuarios, lo cual posibilita que perdure la actual estructura de costes.

En un extremo se encuentran los usuarios que utilizan de forma intensiva el servicio, que necesitan en gran medida la telefonía y cuentan con los medios para cumplir las obligaciones contractuales.

Puede tratarse de organizaciones o de emprendedores que esperan recibir altos desembolsos por sus actividades de comunicación, o individuos que simplemente son suficientemente ricos como para suscribirse al servicio pospago. En el otro extremo se encuentran los usuarios cuya frecuencia de uso es menor, que tan solo utilizan el teléfono ocasionalmente o poseen un presupuesto restringido. Aunque sensibles al coste por unidad, el sistema prepago les permite utilizar y pagar sólo por el coste de la llamada. En este aspecto es un sistema más rentable. Además, quienes usan los mensajes de texto más que las llamadas de voz pueden obtener un poder comunicativo mayor dado un mismo saldo.

Sin embargo, en algunos países (especialmente en el sur de África), el mercado previo pago está alcanzando cotas de saturación aunque no se hayan abastecido todos los segmentos del mercado. Esto indica que, para el resto de la población, incluso el acceso, el coste y los beneficios de conveniencia del sistema previo pago se encuentran más allá de su alcance. Sin embargo, el hecho de que Sudáfrica tenga una extensa cobertura de móvil (80 % de la población)354 señala que dichas tarifas no son muy altas para sus ciudadanos. Otros obstáculos para el crecimiento incluyen los elevados impuestos (por ejemplo, en Kenia las operadoras pagan hasta un 26 % de sus ventas en impuestos), y la falta de cooperación entre las operadoras en aspectos como la infraestructura y los servicios de soporte en el emplazamiento de las células.355 En Latinoamérica se produce una situación similar respecto a los sistemas prepago, como puede deducirse de la figura 6. La popularización del sistema previo pago se debe, básicamente, a la posibilidad de controlar los gastos, la de evitar el contrato y las evaluaciones de crédito.356 Ciertamente, este tipo de contrato entre los usuarios finales y las operadoras ha provocado un crecimiento de la penetración móvil, a raíz del aumento entre los grupos sociales a los que no se había abastecido previamente con ningún tipo de telefonía.357 En este sentido, merece la pena subrayar el hecho de que las operadoras fijas ya han introducido el sistema previo pago en diversos países como, por ejemplo, Brasil, Gabón, Filipinas y México.358 COMUNIDAD POR NECESIDAD: EL USO COLECTIVO Otro factor que a menudo se pasa por alto es la existencia de altos niveles de uso colectivo de los teléfonos móviles en los países en vías de desarrollo, lo que implica mayores niveles de acceso de lo que indican las cifras de teledensidad. Éste fue el caso de la India, donde los investigadores descubrieron una tendencia colectivista mediante la que «la comunicación de grupo, la confianza y la unión emocional se tienen en alta estima».359 Como señala Konkka, en la India «las experiencias con las herramientas de comunicación móvil se comparten entre amigos y miembros de la familia».360 Así, «una llamada de teléfono es un acontecimiento social. Cuando una familia llama por teléfono a otra, a familiares o amigos, se espera que cada miembro de la familia hable con cada miembro de la otra familia.

Los hijos y las hijas piden a sus padres que les presten sus teléfonos móviles cuando van a salir». Las llamadas de teléfono móvil también suelen compartirse entre amigos y colegas hasta el punto de que «se considera poco amistoso omitir a alguien de entre los amigos y colegas en el proceso de distribución».361 Actualmente, se puede concluir que el teléfono móvil en la India se usa más como un instrumento de comunicación colectivo que como el aparato de comunicación personal que se observa en la mayoría de mercados desarrollados. Aunque puede que a la larga dicha situación cambie con una mayor difusión de la tecnología, las prácticas colectivistas del teléfono móvil posiblemente perdurarán como una característica clave de los usos sociales de las comunicaciones inalámbricas en el subcontinente.

En África, el uso colectivo de los teléfonos móviles se produce en diversos grados, ya sea a cambio de dinero o bien libre de cargo. Como señala Wachira, los modelos de acceso comunitario están en alza en Kenia, donde los individuos que poseen teléfono móvil se convierten en un nodo de comunicación comercial para los amigos y la familia.362 Sin embargo, las encuestas realizadas en Uganda, Botswana y Ghana muestran que allí no se está dando este tipo de uso comunitario. Es decir, la gente considera el hecho de compartir el teléfono móvil de otra persona como «un gesto de buena voluntad y no como un servicio comercial».363 Sin embargo, cada vez más, los modelos comerciales de uso colectivo del teléfono inalámbrico se están estableciendo en diferentes países (véase capítulo 8). El modelo de teléfono público también se está usando para dar acceso al teléfono móvil y ofrecer, así, una alternativa un poco más barata a la propiedad de un teléfono móvil.

Por ejemplo, el simu ya watu (teléfono del pueblo) en Tanzania tiene forma de contenedor (o cabina) donde los clientes pueden realizar llamadas controladas por un contador a través de la red móvil de Vodacom por unos 29 céntimos el minuto (Cronin, 2005). Los costes de instalación son todavía altos: unos 13.000 dólares por la cabina en que se alojan los teléfonos, la cual se compra a Vodacom.

Otra forma de colaboración entre amigos consiste en el intercambio de los terminales, un proceso que evita la necesidad de pasar cuentas.364 En este caso, una persona puede extraer la tarjeta SIM de su teléfono móvil (por ejemplo, cuando se queda sin batería o se estropea el terminal), ponerlo en el teléfono móvil de un amigo, hacer la llamada y quitar la SIM. De este modo, el coste de la llamada corre a cargo del propietario de la tarjeta SIM que se ha usado, como si hicieran la llamada desde su propio dispositivo.365 La existencia de mecanismos para compartir los dispositivos significa que en los países africanos existen al menos tres categorías de personas en relación a los teléfonos móviles: propietarios, usuarios y no usuarios. En los países donde se da un alto nivel de compartición, se pueden encontrar muchos usuarios, gente que no posee un teléfono móvil en su haber pero que sí tienen acceso a uno. Por ejemplo, un estudio realizado en Tanzania (que posee una baja teledensidad de teléfonos móviles) descubrió que el 43 % de los encuestados eran propietarios, un 42 % eran usuarios y un 16 % no usuarios; mientras que en Sudáfrica los porcentajes eran del 67,8 y 25 %, respectivamente.

Los efectos de red de los mecanismos de uso compartido dependen del tipo de comunicación que requiera el usuario del teléfono.

Como señalan Samuel, Shah y Hadingham, cuando las llamadas salientes son más importantes (por ejemplo, para solicitar información), el sistema compartido resulta un sistema más adecuado para satisfacer las demandas del usuario. Por otro lado, cuando las llamadas entrantes son más importantes (por ejemplo, para ser contactado por clientes potenciales, empleados y familia), el sistema puede resultar menos adecuado ya que «un usuario que no sea propietario puede hacer llamadas pero no puede recibir llamadas espontáneas».367 Otra práctica importante derivada de la cooperación es la respuesta colectiva a la falta de electricidad en ciertas áreas de África. En Tanzania, por ejemplo, la propiedad de un teléfono móvil se relacionaba de modo positivo con el acceso a la electricidad, por lo que la gente sin acceso a la electricidad es más probable que sea usuaria que propietaria de teléfonos móviles.368 En algunas comunidades se ha organizado un sistema de forma que todos los teléfonos móviles de la comunidad se llevan a una ciudad cercana una vez a la semana para ser recargados.

Finalmente, dos estudios realizados en Latinoamérica nos muestran dos modos de uso colectivo de los teléfonos móviles entre la población de renta baja. En primer lugar, Ureta (2004) halló que los dispositivos móviles actúan como teléfono de la familia, esencialmente como línea fija, del que básicamente se encarga la madre, lo que no debería sorprendernos ya que las mujeres son el foco central de comunicación entre los miembros de la familia. El dispositivo suele guardarse en casa a menos que la esposa se lo lleve con ella. El estudio etnográfico de Ureta, centrado en las familias de renta baja que viven en un barrio periférico del área metropolitana de Santiago de Chile, muestra que los usos más comunes del teléfono móvil son la comunicación entre miembros de la familia extensa, que a menudo suelen vivir lejos, y la recepción de llamadas relacionadas con el trabajo.

Mientras que en los casos que se estudiaron no había una línea fija en el hogar, en otros países, como Brasil,369 algunas familias decidieron cambiar la línea fija por un teléfono móvil prepago por su menor compromiso y bajo coste. Nuestra hipótesis, que aún debe demostrarse, es que en dichos hogares el teléfono móvil desempeñaría un papel similar al descrito por Ureta (2004), cuando se trata de familias con dos o tres miembros.

En segundo lugar, en las zonas rurales se usa el teléfono móvil como medio comunitario de comunicación, como señala Carrasco (2001) en su estudio de la zona rural de Los Ranchillos, en Cordón de Chacabuco, Chile.370 En esta comunidad, el teléfono móvil se introdujo por razones de seguridad, y varias familias acabaron usándolo y manteniéndolo de forma conjunta.

EL ÚLTIMO RECURSO: LA LLAMADA PERDIDA Finalmente, las llamadas perdidas (beeping, flashing o boom calls) están adquiriendo gran popularidad en el África subsahariana.371 Esta práctica también se conoce con el nombre de menancing o fishing (pescar) en Indonesia.372 Se da cuando la persona marca el número pero cuelga inmediatamente, antes de que se responda a dicha llamada, con el propósito (normalmente) de que el receptor devuelva la llamada. Ésta es una práctica muy utilizada por varias razones, entre ellas que el receptor devuelva la llamada cuando el emisor está a punto de agotar el saldo de su tarjeta prepago; o simplemente para decir «he vuelto», lo cual no requiere una respuesta y permite una comunicación básicamente gratuita.373 Esta práctica ha llegado a convertirse en todo un arte en algunos países (por ejemplo, en Ruanda), con normas y sistemas para filtrar las «perdidas».374 Sin embargo, como medio para transferir el coste de comunicación a otra persona, la llamada perdida puede resultar un inconveniente, hasta tal punto que, en algunas zonas, la gente está empezando a ignorarla.375


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