BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

 

MÉXICO EN LA ALDEA GLOBAL

Coordinador: Alfredo Rojas Díaz Durán

 

 

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LEY DEL ETERNO RETORNO

En la medida en que partes de su interior cambian y se trastocan, al lado de influencias externas que entran y salen de todo sistema, se produce la inevitable variación de flujos entre las partes, conllevando la inevitabilidad de que todo sistema cambie de forma. En lo social, esto se debe a que existen ritos que como círculos giran alrededor de la procesión de los ciclos naturales (orden=1), al lado del rompimiento de círculos que producen los accidentes naturales y las diferencias de interpretación subjetivas, que a su vez producen diversidad cultural o “entropía social” (caos=0).82 Esto asemeja un mar de olas o una serie de remolinos. En todos los niveles de realidad parece haber comúnmente cierto equilibrio entre orden y caos (homeostasis), pero, una vez “roto” o perturbado, los sistemas pueden perderse o elevarse a formas superiores de existencia.

Se trata de una lógica no-lineal, más bien circular o elíptica, como el I Ching o Libro de las mutaciones, donde, dentro del círculo de 64 trigramas junto con sus consejos, cualquier valor no asciende ni desciende linealmente (como sucede con la lógica racional de Occidente), sino que, llevado a extremo, deviene su contrario: conformando un círculo. El pensamiento circular es el más antiguo, lo encontramos en Egipto antiguo, la Kábala, el Bagavad Gita, en el Tao Te King, incluso en la Biblia o en las cosmogonías prehispánicas. Occidente, excepto los nativos americanos, no desarrolló pensamiento circular debido al cálculo y la escritura lineal de la “cultura grecoeuropeoamericana”; las únicas excepciones han sido las paradojas de Zenón, los polvos de Cantor, la banda de Moebius, la dianalogía de Schopenhauer, el eterno retorno de Nietzsche, el sadomasoquismo del Marqués de Sade, el auge y caída de las grandes civilizaciones de Arnold Toynbé, la matemática del caos de Henri Poincaré, la geometría fractal de Mandelbrot y la cibernética de Wiener-Rosenblueth.

En nuestro caso, la idea básica de Wiener es el feedback (retroalimentación), que habla de una interrelación circular coincidente con los milenarismos. En cibernética social, también los extremos (0/1) se tocan trocándose uno en el otro. Esto es, los cambios sociales provocan cambios en la conciencia de cada quien, mientras que, al intercambiarse las diferentes interpretaciones de cada quien, proliferan nuevos cambios sociales. El cambio social provoca cambio mental, el cambio mental provoca cambio social. Los cambios en los valores prohíjan acciones que conforman y reconforman las interrelaciones de individuo a individuo: recomposición del tejido social. A su vez, las acciones prohíjan los hechos, que, aunados a las cosas, conforman el estado real de hechos y cosas o “realidad total” en sentido amplio. Esto es, hay un paso del orden al caos y del caos al orden y no existe el orden ni el caos absoluto en ningún caso. No hay manera de evitar que los intercambios conlleven altibajos. Así que, para un séptimo diálogo profundo: no sólo sucede que uno cambia por el influjo de los cambios de todos, también sucede que, cuando uno cambia, cambian todos.

Cambiar es normal, pero también es normal que los sistemas tienden a mantener una cierta estabilidad en su estructura; pues, de no ser así, no tendríamos ninguna idea acerca de ningún sistema. Existe una tendencia natural en toda singularidad a cerrarse al exterior como autoprotección, pero ninguna sobreviviría si lo hace del todo. Es necesario también mantener cierta apertura. Siempre habrá una apertura porque los sistemas se alimentan del exterior (infinito formativo) y es inevitable que interactúen con otros sistemas. Tampoco existen sistemas totalmente abiertos: puede morir un sistema si sus partes terminan saliendo de sus órbitas, análogo a los radicales libres (radioactividad). Ningún sistema de gobierno ha podido evitar que sus partes se transformen afectando su estructura, ningún “mercado cerrado” ha sido totalmente cerrado o, por el contrario, la mayor revuelta social nunca ha terminado de derribar estructuras anteriores. Tenemos entonces, si un sistema se cierra demasiado no sobrevive y, si se abre demasiado, termina perdiendo su autonomía junto con todas sus estructuras identitarias. Así, obtenemos en octavo lugar, para un diálogo profundo: los sistemas sociales cambian de forma continua de manera inevitable, a la vez que también tienden a mantener cierta estructrura.

Cambiar o morir es necesario en todo sistema. Los sistemas se rigen por el principio de sobrevivencia que les impele a surgir, existir, permanecer, trascender el mayor tiempo posible: homeostasis. Para lo que no hay receta lo más práctico es el equilibrio complementario; esto es, no exagerar, no excederse en nada, sólo buscar permanecer. Bajo esta óptica integral, el progreso más duradero consiste en permanecer a pesar de los cambios y el más perecedero en permanecer deteniendo los cambios. La antípoda “vivo/muerto” de Schrödinger, que obedece cualquier sistema de cualquier nivel conocido, es la más sustanciosa. Nacer y morir, subir y caer, orden y caos, bien y mal, sí y no, luz y sombra. Pero el “equilibrio complementario” no es inherente a las cosas ni a los sistemas sociales en cualquier caso o momento, pues el cociente entre orden (consenso) y caos (disenso) casi nunca es perfectamente simétrico. Por ello, la cibernética mide probabilísticamente el grado de entropía y la fase o estado homeostático de un sistema, esto es, mide el grado de equilibrio (0/1). Así, cuando el lado negativo es mayor que el positivo, se dice que el sistema se encuentra en “fase inestable”; a lo contrario le llaman “fase estacionaria”. En la fase inestable, aumenta el número de fluctuaciones igual que el número de interacciones (alta entropía) que pueden llevar a una estructuración distinta, donde los impulsos anteriores languidecen (baja entropía).83 De manera análoga, la globalización significa que hay una mayor interacción e influencia recíproca entre los sistemas sociales, los cuales desarrollan, así, una propensión también mayor a experimentar modificaciones estructurales que conviven con el incremento de su resistencia al cambio. Tenemos entonces, en noveno lugar, para un diálogo profundo: todo exceso cancela posibilidades; sólo el equilibrio complementario entre apertura y cierre asegura permanecer.


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