BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

 

MÉXICO EN LA ALDEA GLOBAL

Coordinador: Alfredo Rojas Díaz Durán

 

 

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CONTRA EL RACISMO

A pesar de que la lucha contra el racismo y la discriminación, constituye uno de los temas más trabajados en el sistema internacional, desde la creación de las Naciones Unidas, el fenómeno de la xenofobia sigue lesionando la dignidad humana aun en los inicios del nuevo milenio, por ello es urgente definir cauces concretos de acción y sugerencias prácticas que contribuyan a superarlo. Los pueblos indígenas han sido las principales víctimas, hemos estado virtualmente ausentes de este debate por el desprecio y el odio racial, por la presunción de una superioridad étnica y cultural y de un “destino manifiesto”, expresión de complejos coloniales que aún prevalecen en los países en que vivimos. Nuestro destino junto a sociedades criollas y mestizas nos ha obligado a soportar el avasallamiento de nuestro patrimonio originario como negación de nuestros derechos más elementales.

Estamos ante un fenómeno complejo, de ahí que las soluciones demanden una complejidad de acciones que superan la legislación y la definición de políticas públicas. Estamos ante la necesidad de construir distintos tipos de relaciones interculturales cotidianas, más respetuosas, más horizontales y dignas. Para ello, es indispensable que partamos de la reafirmación de nuestra propia identidad, valores y derechos. Mientras no se superen actitudes y recelos discriminatorios en nuestro entorno, el problema será más difícil de erradicar. Por ello, esta propuesta tiene ante sí el desafío de definir con claridad no sólo nuestras demandas sino también nuestras tareas, en la construcción de sociedades que asuman su pluralidad como fuente de virtudes y un desenvolvimiento cultural sano.

Nuestra misión es contribuir efectivamente a partir de una ancestral visión integral, armónica y equilibrada. Nuestros antepasados conviven con una totalidad sagrada que no trata simplemente de totalidades abstractas o mercantiles: plantea algo susceptible de ser vivido, no sólo de meras descripciones.

Por ello, ante todo, debemos ponernos en el lugar del otro para comprenderlo y no creer que sólo porque sabemos de él lo entendemos. Ver al otro como si se tratase de uno mismo. Con esta regla nos comprometemos. Comprendemos sin mucha dificultad la moderna lógica de acumulación que produce todas esas enormes riquezas, pero también queremos que todo mundo comprenda nuestros motivos de no aspirar a ser ricos ni tratar a la naturaleza con menosprecio. Deseamos el desarrollo material, pero nos interesa más el desarrollo espiritual.

Nos urge progresar económicamente porque nuestras necesidades actuales son urgentes, pero jamás nuestros ancestros o nosotros hemos propuesto enriquecernos, si esto ofende a nuestro sagrado planeta. Somos los guardias originales del desarrollo sustentable, guerreros ecosistémicos y no tenemos que ser vistos con menosprecio sólo porque queremos causarle el menor daño posible a nuestro amado planeta.

Los pueblos indígenas somos coherentes con el equilibrio armónico de la naturaleza que sabemos empieza con el trato hacia uno mismo y que se refleja en el trato hacia el otro, que, al mismo tiempo es el trato a la naturaleza. (Lo mismo que el maltrato e incomprensión a uno mismo y al otro implica el maltrato a todo.) Estar confundidos acerca del otro, del afuera, es estar confundidos acerca de todo. Reafirmamos nuestro compromiso de combatir estos fenómenos fundamentalmente psicopatológicos promoviendo medidas jurídicas y políticas públicas incluyentes. Fomentando el diálogo intercultural lograremos cambios de mentalidades, actitudes y comportamientos individuales y colectivos que promuevan la igualdad, la justicia y el respeto a la diversidad cultural como base fundamental de la convivencia humana. Deseamos un mundo sin racismo. Se debe reconocer la enorme deuda moral de los aspectos más hirientes de la historia de la humanidad.

En la era post-apartheid, resulta incomprensible la reticencia a reconocer la presencia de antiguos lastres históricos, como las nuevas formas de esclavitud y sujeción de la dignidad humana. Un injusto orden internacional impuesto a más de cuatro quintas partes de la población mundial, ocasiona una movilidad transfronteriza nunca antes vista. Este fenómeno, después del petróleo, representa el segundo rubro en número de transferencias internacionales de divisas. Los inmigrantes, con documentos o sin documentos, son seres humanos con derechos que son atropellados por políticas de los Estados y las mafias transnacionales que realizan “grandes negocios” con su tráfico, servidumbre, esclavitud y, en ocasiones, asesinato.

El racismo es un problema histórico que tiene profundas raíces en el colonialismo y la esclavización de pueblos enteros.

Está presente aquí y ahora, afectando y viciando el presente como sucedió en el pasado. Es cierto que el racismo contra nuestros pueblos nunca ha sido el mismo porque también cambia y se transforma, pero aún existe. Con frecuencia ha sido encubierto, pero ahora la modalidad es tomarlo como un fenómeno histórico y no como proceso continuado real y vigente. Como si fuese un problema que fue pero que ya no es, lo cual es falso. El racismo y la discriminación racial son tragedias que ocasionan violencia contra nuestros pueblos dondequiera que se encuentren, sea en países en vías de desarrollo o en los así llamados países desarrollados. Como si nuestra cultura y nuestra piel fuesen sólo una etiqueta segura para maltratarnos y despreciarnos sistemáticamente. Como si sólo aquél que es rico poseyera toda la verdad: nada les dice nuestra necesaria humildad. Este fenómeno amenaza de manera integral la sobrevivencia de los pueblos indígenas en todos los aspectos, en nuestra integridad individual y colectiva, nuestra cosmovisión, nuestras formas de organización y nuestros valores culturales, espirituales y tradicionales.

Las manifestaciones del racismo y la discriminación incluyen las limitaciones, restricciones y deformaciones de los derechos humanos y libertades fundamentales de los pueblos indígenas, incluyendo nuestro derecho a la vida y nuestra continuada existencia como pueblos. Los actos de genocidio, etnocidio y ecocidio, resultan todos en favor de la extinción de nuestros pueblos y de derechos aborígenes sobre nuestras tierras, territorios y recursos, incluyendo nuestros medios de subsistencia, así como los derechos confirmados por tratados y acuerdos firmados con los Estados. Ha de señalarse que el concepto de extinción se nos aplica solamente a los pueblos indígenas y a nuestros derechos.

Abundan las prácticas de desposesión, expropiación, confiscación, usurpación y dominación de nuestras tierras, territorios y recursos; la intolerancia de las prácticas culturales y espirituales, de las economías y formas de vida tradicionales de nuestros pueblos, así como los ataques a éstas, a nuestro patrimonio cultural e intelectual, del que hacen parte nuestros lugares sagrados y los de significación histórica, las prácticas de salud y conocimientos farmacológicos importantes; todo esto combinado con continuados intentos de apropiación del mismo para su venta exclusiva; incluso, ahora también se apropian de códigos genéticos humanos, animales y vegetales.

Los procesos de asimilación basados en ideas de superioridad de un grupo o de una cultura sobre otra, que buscan hacer desaparecer la identidad diferenciada indígena considerándola inferior, incluyendo procesos de transmigración que transforman mayorías indígenas en minorías en nuestros propios territorios. Los desplazamientos y la reubicación forzados de pueblos indígenas por conflictos armados o para implementar proyectos de desarrollo ajenos a nosotros. La falta de respeto a las normas y principios de equidad en la prestación de servicios de salud, el acceso a la vivienda, a la formación, capacitación y educación en todos los niveles, así - como al empleo, lo que resulta en la frustración de nuestros planes integrales de vida y en nuestra mayor exclusión y empobrecimiento; la imposición hegemónica de sistemas jurídicos coloniales que buscan desconocer y anular los sistemas jurídicos propios, agravados por la falta de acceso adecuado a los tribunales y la negación del principio del debido proceso.

Lo que trae consigo, entre otros efectos, la denegación de justicia y porcentajes altamente desproporcionados de encarcelamiento y, a menudo, la muerte de indígenas mientras se encuentran bajo custodia.

Ahora, en la agenda sobre racismo, discriminación e intolerancia, se continúa escatimando el reconocimiento de las responsabilidades del proceso colonial y la persistencia de una herencia que continúa perpetuando las formas de exclusión y desprecio que nos sometieron al exterminio y la explotación.

Se nos continúa considerando como minusválidos que sin la tutela de los Estados, estaríamos condenados a la desaparición. En los documentos que discute este último Comité Preparatorio, no se recoge la esencia de las reivindicaciones que nuestros pueblos han reiterado en todos los eventos, que pueden resumirse en el respeto a nuestra existencia como pueblos, el reconocimiento de nuestra contribución histórica al desarrollo de la humanidad y nuestro tradicional desarrollo sostenible con pleno control de nuestros territorios y recursos.

Lo anterior es consecuencia de la denegación del derecho de libre determinación de los pueblos indígenas, a pesar de que los dos Pactos Internacionales de Derechos Humanos declaran en su idéntico artículo 1 que todos los pueblos tienen derecho a la libre determinación. Por tanto, los pueblos indígenas demandamos a Estados y organismos internacionales, incorporar las siguientes medidas jurídicas contra la discriminación:

• Instar a los Estados a elaborar marcos jurídicos que promuevan políticas realmente pluriculturales y plurilingües, con el pleno reconocimiento y respeto de la diversidad y la promoción de relaciones interculturales en el marco de los derechos individuales y colectivos.
• Aplicar plenamente la Convención Internacional sobre la eliminación de todas las formas de discriminación racial, así como la formulación de la declaración prevista en el artículo 14.35
• Promover la ratificación del Convenio 169 de la OIT y su aplicación donde ya está ratificado procurando, en procedimientos posteriores, la superación de sus deficiencias, así como su permanente evaluación por parte de los pueblos indígenas.
• Promover el avance y la pronta aprobación del Proyecto de Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, aprobado por la Subcomisión de Prevención de Discriminaciones y Protección a las Minorías en su Resolución 1994/45, sin abandono ni debilitamiento de los criterios principales que ese texto contiene.
• Expresar nuestra satisfacción por la creación del Foro Permanente para los Pueblos Indígenas como organismo adscrito al Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, e impulsar activamente su pronta constitución y puesta en marcha, garantizando una amplia y genuina participación de los Pueblos Indígenas para lograr una composición representativa que contribuya al avance unitario del movimiento indígena y la preservación de los espacios conquistados hasta el presente, en particular, la del grupo de trabajo sobre poblaciones indígenas.
• Defender y vigilar el cumplimiento de los derechos confirmados por tratados y acuerdos suscritos entre los Estados y los pueblos indígenas.
• Promover la ratificación por todos los países de la Convención Internacional para la Protección de los Derechos de Todos los Trabajadores Migrantes y sus Familiares.
• Demandar la ratificación y aplicación plena de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer y la Convención para Prevenir, Sancionar y Eliminar la Violencia contra la Mujer de Belem do Pará.
• Promover la elaboración o reelaboración y puesta en práctica de políticas y legislación migratorias por parte de los Estados, con amplia participación de las organizaciones migrantes y otras entidades vinculadas a la temática, que establezcan la plena vigencia de los derechos humanos fundamentales de las poblaciones migrantes y los servicios de policía migratoria que correspondan en ese contexto.
• Promover las reformas constitucionales y legales necesarias, así como la definición de políticas públicas, que garanticen la libre determinación de nuestros pueblos y definir nuestras propias prioridades y estrategias para el ejercicio de nuestro derecho al desarrollo sustentable.
• Promover, en el seno de las organizaciones regionales, la elaboración de planes de acción contra el racismo y la discriminación.
• Que los Estados, organismos internacionales y sectores empresariales se comprometan a analizar todos sus programas institucionales, con el fin de detectar elementos de discriminación contra los pueblos indígenas y tomar medidas para su erradicación.
• Promover la transformación integral del sistema indigenista interamericano, a través de la reforma a la Convención de Pátzcuaro.


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