BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

 

MÉXICO EN LA ALDEA GLOBAL

Coordinador: Alfredo Rojas Díaz Durán

 

 

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¿AMÉRICA PARA LOS AMERICANOS?

En poco han subsanado las condiciones en que viven la mayoría de los latinoamericanos, incluso, algunos tocan niveles de hambruna reconocida como en Nicaragua y Honduras.

La lucha de los capitales, armados de sofisticados instrumentos financieros, ha servido, de acuerdo con las investigaciones de Alfredo Jalife, para entrelazar las negociaciones globales para el control del petróleo que requieren los países postindustriales con la narcomafia internacional, la megaespeculación financiera que concentra el Grupo G-7, la venta de armas (con ganancias de 103 mil trillones de dólares) y el lavado de dinero con muchas corporaciones multinacionales que se prestan a cerrar el círculo del dinero global. Más de 500 empresas multinacionales deciden modificaciones estructurales, lugar de producción o necesidad de establecer nuevas alianzas estratégicas para elevar rentabilidad y reducir costos, siempre en busca de mercados rentables y casi nunca por mejorar la calidad de vida de las naciones.

Años después, en la década de 1980-1990, se inició el proceso de modernización de las economías, ajustando el sistema financiero de los países y reduciendo el aparato gubernamental, a grado tal que, la simplificación administrativa provocó que se cometieran más ilícitos por falta de revisiones en áreas que hoy ya no existen. Pero la principal característica de la modernización de las economías, fue la entrega de las empresas públicas al sector privado, donde se sospecha en algunos casos, hubo irregularidades en las transferencias a favor de ciertos grupos. La deuda externa de América Latina, en particular de las tres principales economías (México, Brasil y Argentina), está ligada íntimamente al proceso de modernización y la consolidación del capital financiero internacional.

En el extremo, tenemos a Argentina, que atraviesa una severa crisis, después de dolarizar su economía ha logrado unificar todo el movimiento obrero en contra de sus autoridades.

Datos del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEGI), indican que la distribución de la riqueza refleja un problema estructural que debe reflexionarse profundamente, pues favorece el florecimiento de movimientos contrarios a la estabilidad y hasta radicales, como la guerrilla. Los datos del INEGI revelan, en 1984, que el 10% de los hogares poseían el 32.7% del ingreso global y que el 60% detentaban el 28.6% del ingreso global.

Situación que para los mexicanos representa un trauma social, pues, después de imponernos sin consulta nacional un “pacto histórico” que prometía más empleos y mejores salarios en el futuro, más de 30 años de sacrificio salarial nos han llevado a una situación peor. En el año 2000, se detectó un crecimiento de 6 puntos en el 10% de los hogares que concentran el 38.7% del ingreso global y un decremento en los hogares de 3.5 puntos en contra del 60% de los hogares al detentar el 25.1 % de los ingresos globales de la nación. Estas cifras ya eran advertidas en el informe del Banco Mundial de 1995, que señalaba que de los seis mil millones de personas que habitan el mundo, dos mil 800 millones viven con dos dólares al día y mil 800 millones con menos de un dólar. De éstos, 43.5% se localiza en el Sudeste asiático, 24.3% en el Sur del Sahara en África, 23.2% en Asia Pacífico, 6.5% en América Latina y el Caribe, mientras que en Europa Central se concentra 2%. En ese mismo informe, se indica que casi 65 millones de mexicanos vivían con dos dólares o menos al día. De éstos, 16 millones 597 mil subsistían con tan sólo un dólar, otro 17.9% de la población con menos de uno y 18.1 % con más de dos dólares.

Eso sin tomar en cuenta, según indica el propio Banco Mun- dial, que de los 97 millones de mexicanos que existían en el país en 1995, 10.1% (más de nueve millones de personas) se encontraban por debajo de la línea de la pobreza. Cifras dramáticas que no sorprenden, cuando este organismo multilateral ubicó a México en el lugar 32 de pobreza, por el ingreso a nivel mundial y en el 51 por la calidad de desarrollo humano en 2001.

Estas cifras oficiales, nos obligan a reflexionar sobre las políticas económicas implementadas por el gobierno federal, al reducir los gastos sociales, retirar los subsidios al campo, controles y regulaciones que van en detrimento del poder adquisitivo y consecuentemente del mercado interno, cuyos efectos son: desempleo, migración, pérdida del poder adquisitivo, cierre de industrias, violencia, descontento social y narcotráfico. Esas políticas públicas se enfocaron hacia las inversiones del sector exportador, descuidando el mercado interno y poniendo a las empresas nacionales a merced de los consorcios internacionales. La construcción de esos mercados regionales se puede identificar como la gran guerra comercial del siglo XXI, como un juego de rompecabezas de las corporaciones transnacionales cuyo objetivo es integrar pequeños mercados locales deprimidos a través de acuerdos como el Tratado de Libre Comercio (TLC). Paradójicamente, se dice que estos acuerdos internacionales, son para ampliar el mercado potencial de compradores, cuando en realidad lo que muestra es que la búsqueda de mercados obliga a unificar pequeños mercados en proceso depresivo, obligando a cientos de millones de trabajadores a emigrar de un país a otro en busca de trabajo; creciente membresía del Ejército de Reserva del Trabajo en el mundo, que no encuentra ubicación laboral ante las nuevas formas de producción que dejan en la calle a millones de familias, ante la flexibilidad de la regulación laboral en los países subdesarrollados.

El Consejo Nacional de Población, indica que cerca de 300 mil personas tratan de emigrar a Estados Unidos de América en busca de oportunidades laborales y mejor calidad de vida.

Los mexicanos vemos cada día cómo se militarizó la frontera Norte del país, en una medida directamente proporcional al grado de miseria y pobreza prevaleciente en México. Los que más sufren son las comunidades agrarias e indígenas, en manos de intermediarios y de las políticas públicas. Según datos de la CEPAL, entre el 20% y el 30% del ingreso familiar de los minifundistas en el país proviene de su actividad agrícola, por lo que tienen que buscar el 70% restante en formas alternativas al campo.55
Por décadas, en nuestro país se ha dejado de impulsar una verdadera industrialización que garantice el crecimiento y fortaleza de un sector empresarial amplio, baluarte del desarrollo nacional. El campo mexicano, fue abandonado a su suerte y hoy se le quiere estrangular con patentes y litigios, sin que nuestras autoridades se pronuncien al respecto. El maíz, por ejemplo, involucra a tres millones de maiceros y a 21 millones de familias consumidoras. Los maiceros están en serio predicamento entre sembrar maíz amarillo por presiones del mercado y dejar su oferta nacional de 18 millones de toneladas, de las cuales el 92% es de maíz blanco. Por lo que se debe subsidiar al campo, igual que en países desarrollados. La poca diversificación de mercados y actividades industriales y agropecuarias, que debió haberse impulsado desde hace décadas, ha cancelado la oportunidad de obtener a corto plazo niveles y calidad de vida satisfactorios para la población agraria e indígena del país.

En 1997, México llega al 60.7% del cumplimiento del TLC, casi el doble del indicador previo a su entrada en vigor.56 Desde que el presidente Ronald Reagan decidió reorientar su política “óptica estratégica” del régimen republicano, a fin de recuperar la futura expansión a favor del aparato productivo norteamericano, reafirmando el papel de sus vecinos como proveedores primarios y receptores de tecnología y bienes de manufactura, los intereses de México han pasado a segundo plano.57Por aquella época el gobierno norteamericano manifestó el interés de que México se incorporara al proceso regulatorio del comercio internacional, primero a través del Acuerdo General de Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) y después con el TLC. Puede deducirse entonces que, las estrategias norteamericanas han sido diseñadas bajo el principio de la hegemonía norteamericana, para disuadir a la Comunidad Económica Europea y el bloque asiático. Los costos económicos del neoliberalismo son muy elevados, debido a estrategias que han destruido la producción interna y el empleo, colocando al país en alta vulnerabilidad externa.58


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