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TEORÍA AUSTRIACA Y EL PROBLEMA DEL CICLO ECONÓMICO

Nicolas Cachanosky

 

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PREFERENCIA TEMPORAL Y EL INTERÉS

Nos queda por ver un tema antes de entrar al problema del ciclo económico, y es el relacionado al fenómeno del interés y la preferencia temporal.

La preferencia temporal es una característica presente en todo acto humano, consiste en valuar los bienes presentes por encima de los bienes futuros. Si el hombre no prefiriese el consumo presente al futuro, ahorraría constantemente y nunca consumiría, no habría ningún tipo de actividad económica. El mismo bien siempre es preferido en el presente y no en el futuro, hay una preferencia temporal respecto al consumo u obtención de utilidad marginal respecto a los bienes y servicios. El interés originario consiste en el ratio de esta relación temporal, el descuento de los bienes futuros a presente dada la preferencia temporal.

Como ya vimos, el interés no es algo propio e intrínseco del capital, sino que es un fenómeno propio de la naturaleza y el acto humano. La división en tierra, trabajo y capital así como de la renta, los salarios y el interés es teóricamente errada. El concepto de renta, por ejemplo, no es algo único y propio de la tierra. El fenómeno o concepto de la renta se encuentra tan presente en la tierra como en el capital y el trabajo. Del mismo modo, las “ganancias” y el interés no juegan ningún rol especial en la actividad empresarial y el capital. La distinción entre renta, salario e interés no implica una diferencia analítica entre estos conceptos, sino que obedece a cuestiones prácticas. Esta diferencia podría pasarse por alto sin ningún problema, sino fuese porque persiste la confusión y da lugar a errores analíticos al intentar analizar ciertos fenómenos económicos. Si queremos comprender la naturaleza del ciclo y el proceso económico, debemos tener cuidado de no caer en estos errores conceptuales.

Cuando el mercado asigna los precios de los bienes finales, también se asignan consecuentemente el precio a los factores de producción. El precio de los bienes finales corresponde a bienes presentes y el de los factores de producción a la obtención de esos mismos bienes en el futuro, la diferencia de precios se debe al interés originario .

Fue y es un error persistente asignar el interés al capital en función de su productividad. La productividad de los factores de producción determinará sus precios, no el interés. La diferencia entre la suma de los precios de los factores de producción (futuro) y el bien final (presente) se debe a la preferencia temporal de los individuos que se manifiesta en el interés originario. A medida que el proceso productivo avanza, los factores de producción se van “transformando” o “acercando” al bien final (presente), la diferencia entre el precio del bien final y el de los factores de producción quedará en manos de los dueños de los factores de producción según la participación marginal de cada factor en el proceso productivo.

Los dueños de los factores de producción reciben ingresos a través de dos fenómenos distintos. El precio recibido por sus factores de producción, que depende de su aporte marginal a los procesos productivos por un lado, y del tiempo que permiten ahorrar gracias al interés originario y preferencia temporal por el otro. Si bien en la compra y venta de factores de producción, el precio pagado es obviamente único por cada transacción, el mismo está compuesto por estos dos fenómenos, que no deben ser confundidos. Es un error analítico referirse al interés como el pago al capital por los servicios prestados en el proceso productivo.

El interés originario es el ratio entre el valor asignado a los bienes presentes con el valor asignado a los bienes futuros, es un ratio de precios, no un precio en sí, y en el mercado, existe una tendencia a igualar los intereses originarios de todos los bienes o commodities, eliminando las “posibilidades de arbitraje”.

Como ya sabemos, el interés no es el pago al capital por sus servicios prestados al proceso productivo, pero tampoco lo es la explicación de Bhöm-Bawerk, donde el interés depende del tiempo incurrido en los procesos productivos. El interés originario depende de las preferencias temporales y es por lo tanto un determinante del proceso económico, no un resultado del mismo. Es el interés originario el que determinará cuál será el tiempo apropiado para los distintos procesos productivos y no viceversa. Es el fenómeno del interés originario el que permite explicar porque se eligen procesos productivos de menor duración cuando otros de mayor duración producirían una mayor cantidad de bienes finales. La preferencia temporal y el interés originario también permiten explicar porque tierras cultivables pueden ser vendidas a precios finitos o intercambiadas por bienes que brindan una cantidad finita de servicios. De no existir el fenómeno del interés originario, factores como la tierra deberían intercambiarse a precios monetarios de valores infinitos, lo cual es imposible .

El interés originario depende de las valuaciones de los individuos, es un ultimate given y por lo tanto un determinante del acto humano. El interés originario no depende de la oferta y demanda de capital como suele asumirse en más de un gráfico de curvas como si el mismo fuese una válvula de ajuste en manos de un Banco Central; sino que es el interés originario el que determinará la demanda y oferta (stock disponible) de capital.

El interés no surge porque haya individuos que ahorren y acumulen, sino que porque hay interés hay individuos que prefieren ahorrar y acumular. El mercado de crédito no determina la tasa de interés, sino que el interés originario determina el mercado de crédito y la tasa de interés se ajusta al interés originario y por lo tanto a las preferencias temporales.

Como fenómeno propio de la naturaleza del acto humano, no tiene sentido pensar en una situación donde no hubiese interés originario, eso implicaría la no existencia de preferencia temporal . Si nos situamos imaginariamente en el día anterior al del “Juicio Final” donde el hombre viviría el “Fin del Mundo”, el consumo futuro perdería todo valor. Eso no implica que la preferencia temporal dejaría de existir, eso implicaría que el interés originario crecería más allá de todo límite.

Mientras exista escasez, el hombre deberá asignar los recursos a los procesos productivos que satisfacen las necesidades más urgentes. Cualquier reasignación de recursos que implique aplicarlos en procesos productivos de mayor duración, debe traer como contrapartida un incremento en el resultado lo suficientemente grande como para superar el descuento del interés originario. La escasez de los factores de producción quiere decir que existen metodologías o tecnologías de producción conocidas que no pueden realizarse por la falta de recursos. La hipotética situación donde ya no hay lugar a un avance en el conocimiento técnico y científico no elimina el fenómeno del interés originario y, por más que ésta sea la situación, la escasez de factores implica que habrá procesos productivos que deberán dejarse de lado. El interés originario servirá para saber qué procesos productivos elegir y cuales no.

Supongamos nuevamente un grupo de ingenieros, pero que esta vez desean construir un hotel. El proyecto A consiste en una ubicación con un paisaje pintoresco pero de difícil acceso. Deben construirse los caminos y prepararse el terreno. Al examinar la conveniencia económica del proyecto, los ingresos esperados del proyecto no alcanzan para cubrir los costos de producción, mano de obra y el interés que indica si los bienes de capital estarán disponibles o serán consumidos antes de finalizar el proyecto. Por lo tanto, el grupo de ingenieros se embarca en el proyecto B, un hotel ubicado en una zona no tan pintoresca como la del proyecto A pero de fácil acceso y que por lo tanto requiere una menor utilización de bienes de capital. Si no se introdujese el interés en el análisis de los proyectos o el mismo se alterase artificialmente, puede surgir la ilusión económica de que el proyecto A es viable, a través de una incorrecta apreciación de los bienes de capital y las valuaciones individuales, por lo que se quitarían recursos de otros procesos productivos que implican bienes y servicios más importantes para los individuos que el pintoresco hotel. El resultado sería una mal inversión y consumo en lugar de ahorro en bienes de capital.

No es que las características de los procesos productivos generen interés, sino que los procesos productivos deben ser “consistentes” con el interés originario. Si ese fuese el caso, se estaría afirmando que el proyecto A automáticamente alteraría las valuaciones de los individuos de modo tal que el interés originario se modifique volviendo el proyecto viable. La contribución de los factores de producción es un motivo por el cual los mismos pueden llegar a ser valuados, y un motivo por el que se pagan precios por los mismo, pero no queda un hueco libre para llenar mágicamente con el interés.

La importante tarea del interés originario es indicar si un proceso productivo genera los bienes finales suficientes para cubrir la preferencia temporal o si los bienes de capital y factores de producción deben utilizarse en otras actividades, si la demanda de factores es acorde a la disponibilidad de los mismos. Si el proceso productivo no generase los bienes necesarios, los individuos consumirían los bienes de capital ahorrados porque llegado el momento no estarían dispuestos a seguir esperando.

Los ratios del interés originario indicarán a las fuentes productoras que tan prolongados pueden ser los procesos productivos sin consumir bienes de capital. Generalmente suele preguntarse qué tasa de interés incentiva un mayor ahorro, si una “baja” o una “alta” tasa de interés. En sí, la pregunta está mal planteada. Los individuos no ahorran más o menos según la tasa de interés, sino que dadas las preferencias temporales los individuos ahorran más o menos llevando a que la tasa de interés se iguale con el interés originario. Cambios en el interés originario y ahorro son dos caras de la misma moneda, son dos formas de ver el mismo fenómeno.

La cantidad disponible o ahorrada de bienes de capital no tiene influencia en el interés originario ni en los ahorros que puedan realizarse en el futuro. Tampoco tiene influencia en la llamada “propensión al ahorro”. Las naciones más avanzadas y que poseen mayores bienes de capital ahorrados per cápita no tienen porque tener menores tasas de interés, ya que las preferencias temporales de sus habitantes no tienen porque verse modificadas. Estas naciones tampoco tendrán un menor incentivo a ahorrar que sus pares más pobres. Las naciones más grandes, además de poseer un mayor stock de capital, poseen mayor demanda de recursos, motivo por el cual el interés originario no ha de ser necesariamente inferior o superior a otra nación más pequeña. Economías más grandes poseen mayor cantidad de ahorro en bienes de capital, pero también una mayor demanda de los mismos, reflejo de las preferencias temporales preexistentes. No es la tasa de interés la que depende del capital ahorrado, sino que el capital ahorrado depende del interés originario, fenómeno característico de la naturaleza humana que es determinante del mercado y que no surge del proceso económico

Así como las ganancias empresariales en término amplio están formadas por el salario al empresario como mano de obra, interés del capital y la ganancia empresarial propiamente dicha; las tasas de interés están formadas por el interés originario y un componente empresario. Es decir, dentro de lo que sería la tasa de interés, se encuentra el interés neto que corresponde al interés originario y el costo de oportunidad de la actividad productiva.

Las tasas nominales o efectivas anuales u otras denominaciones son calificaciones de uso comercial. El proceso económico lleva a que desaparezcan las ganancias empresariales y a que se igualen los intereses originarios de los distintos commodities, motivo por el cual las tasas netas de interés tienden a igualarse en los distintos mercados.


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