BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

CURSO DE TEORÍA POLÍTICA
 

Eduardo Jorge Arnoletto

 

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d) La Democracia. Modelos estáticos y dinámicos.(1)

Es digna de notar la actual tendencia del concepto de democracia a convertirse en sinónimo de todo lo bueno, lo bello y lo auténtico de una sociedad. Otros conceptos son preferidos por algunas corrientes teóricas o de opinión, y rechazados por otras. El concepto de democracia es reivindicado por todas: como valor básico de las teorías políticas normativas y hasta de las empírico-analíticas o que se pretenden tales, y de las crítico-dialécticas, la democracia es considerado un concepto central y un valor incuestionable.

Como un síntoma de esa situación, cabe recordar que, según el relevamiento efectuado por la UNESCO, todos los sistemas políticos hoy vigentes en el mundo se declaran "defensores de la democracia". Este resultado daría perfectamente lugar a comentarios irónicos... pero evidentemente también muestra que, de todos los conceptos políticos, el de democracia es el más estimado aunque quizás sea también el más ambiguo y sujeto a muy variadas interpretaciones y manipulaciones, al mismo tiempo que su "sacralización" se yergue como formidable obstáculo para un análisis serio de su sustancia.

Anotamos aquí dos observaciones que nos parecen dignas de reflexión: - es censurable la falta de perspectiva que suele adolecer la teoría empírica de la democracia, que la convierte en una mera variable de la estabilidad.

- la solución de todos los problemas de pedagogía social no debe ser considerada como un requisito previo del proceso de democratización. (Dicho de otro modo: a vivir en democracia se aprende viviéndola... como sea).

A los conceptos centrales originarios, contenidos en la noción clásica de democracia (la igualdad y la soberanía popular), el liberalismo burgués les añadió los valores del constitucionalismo clásico: estado de derecho, sistema representativo, garantía de los derechos individuales fundamentales, protección de las minorías y división de poderes. Ya en nuestro siglo, se le agregaron los valores del constitucionalismo social: protección de los derechos sociales y nuevas formas de participación.

Pero el concepto de democracia, en la investigación política empírica, sigue fuertemente vinculado a los dos conceptos centrales originarios, que aun hoy orientan los estudios hacia temas tales como: - los supuestos sociales del consenso democrático.

- la posibilidad de realización de la voluntad popular y de la participación de todos los ciudadanos.

Siguiendo el esquema de von Beyme, vamos a ver primero los modelos estáticos de la democracia. Hay por lo menos cuatro vías de aproximación teórica a los modelos estáticos de la democracia. Se trata de los enfoques: histórico-genésico, institucional, behaviorista y funcionalista. Han dirigido su interés a diversos aspectos del tema y han llegado a resultados bien diferentes.

1. Enfoque histórico-genésico: Procura explicar el origen y el desarrollo del concepto de democracia, pero no presta igual atención a sus modos de realización en los distintos sistemas constitucionales. Tiene interés descriptivo y un parcial interés explicativo. Es el enfoque más afín con la historia de las ideas políticas.

2. Enfoque institucional.

Estudia los medios institucionales que puedan permitir la realización del principio de la soberanía popular y de su encarnación social, la voluntad popular.

Hasta bien avanzado el siglo XX, el predominio del pensamiento constitucionalista liberal redujo el estudio de la democracia a problemas procedimentales. Se trata del análisis de su "posibilidad", cuya respuesta son las elecciones, las leyes electorales, la organización de las circunscripciones, etc.; del análisis de su "articulación", cuya respuesta es el sistema representativo; y del análisis de sus "recursos frente a la falta de unanimidad", cuya respuesta es el principio de mayoría y minoría.

Todos estos recursos procedimentales son altamente vulnerables a la manipulación, por lo que el planteo democrático liberal ha recibido numerosas críticas, entre las que cabe mencionar las conocidas críticas behavioristas contra los estudios institucionales; y la llamada "crítica al parlamentarismo" que en realidad es una crítica al principio representativo, hoy fuertemente cuestionado por demandas de prácticas democráticas directas y semidirectas.

3. Enfoque behaviorista.

Especialmente en sus comienzos, era una orientación muy especializada en estudios sobre comportamientos políticos, especialmente electorales. Se enriqueció luego con enfoques del tipo "cultura política" y "socialización política", con aportes que condujeron a la formulación de la llamada "tesis de la apatía estabilizadora", afín con las formulaciones del "elitismo democrático" de Schumpeter y de Downs.

Entre las fuentes de la tesis de la apatía estabilizadora podemos reconocer: - una influencia psicoanalítica: el político activo es un neurótico y la política es una disreacción patológica.

- la teoría del moderno hombre de masas, que enfatiza los riesgos de la pseudo-actividad manipulada del hombre-masa.

- la teoría de la estabilidad, que señala el peligro de malograr sistemas democráticos a causa de la hiperparticipación de grupos doctrinarios; como ocurrió, al parecer, en la República de Weimar.

El enfoque behaviorista, que reconoce aportes e influencias de la Psicología y de las Ciencias de la Educación, ha desarrollado investigaciones sobre temas tales como la influencia de los dogmatismos ideológicos en los comportamientos políticos; las formas de la socialización política; y los grados de satisfacción producidos por los exumos del sistema político.

4. Enfoque funcional.

Este enfoque se ha dedicado principalmente a investigar las condiciones previas, o sea, los requisitos funcionales, de la democracia. Entre estos requisitos funcionales se suele mencionar: cierto grado de igualdad social; cierto nivel de consenso ciudadano; condiciones sociales y económicas previas; y cierta concordancia entre los esquemas de organización y los de solución de conflictos sociales.

Igualdad social: en la concepción griega clásica de la democracia, la igualdad se entendía más literalmente que hoy, como una intercambiabilidad de los ciudadanos para todos aquellos cargos que no requirieran alguna idoneidad especial y que, por consiguiente, podían ser cubiertos por sorteo y no por votación. Actualmente la igualdad, aunque restringida en su concepto (igualdad ante la ley, igualdad de oportunidades) e inexistente en la práctica, se sigue valorando como requisito indispensable de la democracia, lo que plantea el tema de las estrategias sociales que la fomenten:

- vía regresiva: eliminar o por lo menos atenuar las profundas diferencias sociales surgidas de la expansión del capitalismo, por medio de técnicas de redistribución de los ingresos.

- vía revisionista: aplicar una política estatal igualatoria planificada: a) política social nivelatoria en base a ideales de clase media; b) equiparación de oportunidades educativas; c) fomento y financiación estatal de los partidos; d) protección de la libertad de información.

- vía revolucionaria: por la dictadura del proletariado.

Consenso ciudadano: en la teoría cristiana de la "concordia" se inspiran, aunque no lo reconozcan, la teoría revolucionario-burguesa de la "fraternidad" y la teoría socialista de la "solidaridad". Sobre esa base, primero en el sistema anglosajón y después en otros, se produjo la aparición del fenómeno del "pluralismo de partidos" combinado con la "oposición leal". Esto dio origen al concepto de "concordia discors", o sea, el conflicto parcial dentro de la avenencia sobre reglas fundamentales de juego, mecanismo que despliega efectos estabilizadores sobre el sistema político en su conjunto.

De acuerdo a estudios hechos, ese acuerdo sobre reglas fundamentales sólo se refiere a principios muy generales y abstractos, como la regla de la mayoría y la protección de las minorías. También se sabe que muchas culturas políticas, pese a estar dotadas de escaso consenso, elaboran mecanismos de arreglo pacífico de conflictos. No hay una medida determinada de consenso que opere como condición general previa de la estabilidad.

Condiciones sociales y económicas: el estudio de los requisitos funcionales de la democracia es muy antiguo. Ya Aristóteles anotaba sus reflexiones sobre temas tales como el tamaño conveniente de la comunidad política, su estructura profesional y las cualidades sociales de los ciudadanos. En tiempos más cercanos a nosotros, Rousseau enumera cuatro condiciones básicas: a) un estado pequeño; b) una forma sencilla de vida; c) amplia igualdad entre los ciudadanos; d) poco o ningún lujo.

Sobre el valor de la frugalidad para la democracia, la investigación moderna ha afirmado más bien lo contrario. Ha encontrado correlaciones bastante claras entre el desarrollo democrático y elevados niveles de bienestar (ingreso per cápita, habitantes por médico, habitantes por automóvil); de comunicación (cantidad de habitantes por teléfono, por radio, por diario); y de industrialización y urbanización. Desde este punto de vista, la experiencia de la transición a la democracia de los países de América Latina, empobrecidos, endeudados y estancados en su desarrollo, es una experiencia histórica de la mayor importancia. Los procesos de democratización conocidos hasta ahora siempre se consolidaron sobre una base de expansión económica. El tiempo dirá si fue posible establecer democracias "viables y responsables" en nuestro contexto. Quizás podamos arriesgar una respuesta afirmativa, teniendo en cuenta que se trata de una re-instauración, de algo que responde a un sentir tradicional, aunque fue eclipsado durante un tiempo; y que el autoritarismo aparece agotado en cuanto a sus posibilidades de eficacia. Quizás esas peculiares condiciones históricas otorguen un plano de prórroga, un tiempo para re-encontrar el camino del crecimiento económico, sin el que la democracia no perdurará a largo plazo.

Concordancia entre autoridad, organización y resolución de conflictos: la hipótesis de congruencia entre estos niveles de resolución responde a la idea de la democracia como fenómeno originariamente local, de pequeño ámbito; y del gran estado como síntesis o agrupación de todos ellos. Esta hipótesis es cuestionada por la existencia de varios casos de democracias armónicas y funcionales sin tales concordancias.

De todos los conceptos que utilizan los modelos de integración y orden, el de democracia es el que siempre se ha interpretado en una forma dinámica, que lo aproxima e incluso lo superpone a los modelos de conflicto.

En este último caso, la interpretación dinámica del concepto de democracia requiere varios cambios de conceptos operativos:

- identidad (en lugar de "representación").
- sociedad solidaria movilizada (en lugar del "principio de mayoría").
- participación amplia y conversión directa de la voluntad popular en acción estatal (en lugar de la doctrina constitucional de la "limitación y el equilibrio").

La interpretación dinámica del concepto de democracia entraña la búsqueda de nuevas formas y ámbitos de manifestación de su contenido, en particular en lo referente a:

- la democratización de los subsistemas del sistema político.
- las condiciones organizativas y comunicativas que permitan el incremento, al mismo tiempo, de la participación de los ciudadanos y de la eficacia del sistema.

Este modo de entender la democracia está en la raíz de la actual crisis del principio de representación y de la clase política como tal; y marca una continuidad hacia el futuro en el proceso de democratización (que parecía agotado tras el logro del sufragio universal) en la búsqueda de nuevos espacios de vigencia y nuevas modalidades; en las empresas (co-gestión), en las comunidades locales (democracia cara a cara) y en la participación comunitaria en la elaboración de proyectos de planeamiento urbano y regional.

Esta expansión encuentra naturalmente resistencias y oposiciones en los intereses de la política práctica y en la teoría. Desde el punto de vista teórico se emplean en su contra argumentos tales como:

- la ideología tecnocrática del conocimiento especializado.
- la teoría de la apatía estabilizadora y del elitismo democrático.
- críticas semánticas al concepto de democratización.

En general se acepta que la democratización de los subsistemas tiene límites: la dependencia respecto de otras organizaciones, las jerarquías existentes momentáneamente no modificables, los vínculos de la organización, las necesidades internas de cada subsistema.

Por otra parte, también se acepta que esta expansión democrática no está exenta de riesgos. Klaus von Beyme lo expresa muy cabalmente cuando dice: "el irreflexivo romanticismo participatorio amenaza, en caso de malograrse debido a las excesivas esperanzas que despierta, con terminar en una pseudoparticipación de las masas manipuladas por grupos totalitarios".


(1) Klaus von Beyme, op. cit.
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