BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

CURSO DE TEORÍA POLÍTICA
 

Eduardo Jorge Arnoletto

 

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Teorías neomarxistas de la dependencia.

Como ya dijimos, el aporte teórico político más característico de los países del tercer mundo, especialmente de los latinoamericanos, son las teorías de la dependencia. En primer lugar, vamos a tratar de esbozar su ubicación dentro del campo teórico político general.

En el enfoque marxista, la teoría clásica, al considerar que los procesos políticos y sociales son sólo epifenómenos de los movimientos de capital del mercado mundial, fue durante mucho tiempo una traba para el desarrollo de una teoría propia y original de los países en desarrollo.

Algo similar puede decirse de las teorías del neoimperialismo elaboradas en Europa (Amin, Bettelhem, Jalee, etc.) basadas en el "intercambio desigual" entre los países dependientes y sus metrópolis, el cual, al decir de A.G. Frank, favorece "el desarrollo del subdesarrollo".

Paradojalmente, ambos enfoques son "primermundistas", ya que en el fondo parten de un protagonismo necesario de las metrópolis: los cambios han de originarse necesariamente en la acción de las fuerzas revolucionarias existentes en las metrópolis; en el tercer mundo no es posible romper el círculo vicioso generado por el subdesarrollo capitalista dependiente. Pese a su vinculación con el marxismo, que es una teoría revolucionaria, estas concepciones son inmovilistas, negadoras de la posibilidad de un cambio promovido desde los países dependientes.

En el extremo opuesto de este debate, y desde luego fuera del campo marxista, aparece una formulación ideológica con fundamentación teórica de origen occidental, denominada desarrollismo, que entraña una propuesta para superar el subdesarrollo, el cual es entendido como un desarrollo insuficiente, o mejor, como una fase transitoria del desarrollo (de ahí la expresión "países en vías de desarrollo"); fase caracterizada por una falta de capacidad de decisión sobre inversiones, por un excedente generalizado de la mano de obra y por el círculo vicioso de la pobreza.

El desarrollismo, para superar esta situación, propone promover la inversión masiva de capitales extranjeros en sectores estratégicos de la economía, que pongan en marcha un proceso de desarrollo asumido como política estatal; entendido como crecimiento en un contexto de estabilidad. Se supone que podrá ponerse en marcha un esquema de este tipo: estabilización ---> alto nivel de empleo ---> pleno uso de la capacidad instalada ---> alto nivel de inversiones ---> acrecentamiento de la capacidad y de la demanda ---> estabilización en un nivel más alto.

El desarrollismo intentó enfrentar los problemas básicos que a su juicio configuraban obstáculos principales para el desarrollo: el atraso, el estancamiento y la insuficiencia de capital de inversión. Trató de resolver integralmente, por medio de un cambio real de estructuras, no sólo el problema del desarrollo económico sino también el del desarrollo social y político. Pese a sus notables esfuerzos y realizaciones, jaqueado por numerosos intereses y por las limitaciones de sus propias herramientas, los dos intentos de aplicación práctica (la Argentina de A. Frondizi y el Brasil de J. Kubistchek) produjeron en definitiva resultados similares: radicación de capital extranjero en la estructura productiva interna en condiciones altamente beneficiosas para dichos capitales; endeudamiento externo creciente; acentuado desequilibrio de la balanza comercial con los EE.UU.

En una posición intermedia entre ambos extremos (aunque probablemente más próxima al desarrollismo) se encuentra el cepalismo, nombre genérico con el que se conoce la producción teórica de la CEPAL (Comisión Económica Para América Latina, de la O.N.U.) que desde el año 1948 tomó como tema central el desarrollo económico de América Latina, labor ésta a la que está indisolublemente ligado el nombre de Raúl Presbich.

Para la CEPAL, el desarrollo es un problema del sistema económico mundial, que es inherentemente desigual y de naturaleza bipolar, ya que relaciona un grupo de economías centrales con otras periféricas, según una pauta que perpetúa y consolida las diferencias entre ellas.

Entre las economías centrales y las periféricas se produce una brecha que tiende a agrandarse con el tiempo. El problema de la periferia no es la falta de desarrollo sino su modo particular de desarrollarse o, para decirlo más precisamente, de subdesarrollarse. En esta idea quizás esté su principal diferencia con el desarrollismo.

Los países centrales tienen una economía diversificada e integrada. Los países periféricos tienen una economía especializada y dual. Los primeros producen y exportan manufacturas, y disponen y usufructuan los resultados del progreso técnico propio. Los segundos producen y exportan materias primas y alimentos, son tecnológicamente dependientes y están sujetos a un permanente deterioro de los términos de su intercambio.

Ante esta situación, la CEPAL propone un "crecimiento hacia adentro", usando a la demanda interna como motor del crecimiento. Se trata de transformar el fenómeno coyuntural de la industrialización (favorecida por la crisis del '29 y la Segunda Guerra Mundial) en un fenómeno estructural. El deterioro de los términos del intercambio sería superado por la promoción de una industrialización basada en financiamiento externo de capitales y proteccionismo, en el marco de una planificación económica y de una integración regional de los mercados nacionales. En ese proceso, el estado aparece como el impulsor y gestor de la industrialización y del desarrollo.

Otros aspectos complementarios de la propuesta cepalina (basada en la prioridad del desarrollo industrial) son la modificación del regimen de propiedad latifundista de la tierra, la regulación y el control del flujo de capital externo, y la búsqueda de una modificación de la estructura del comercio internacional, que permita una inserción más equitativa de la periferia en la división internacional del trabajo.

Los procesos que se han desarrollado en América Latina en los últimos cuarenta años han mostrado con claridad las limitaciones de esta propuesta, por causas no siempre atribuibles a la teoría en sí sino a su aplicación, más administrativa y formal que como política económica efectiva. Ha perdurado y se ha instensificado el deterioro de los términos del intercambio; el estado no resultó el instrumento adecuado para promover y gestionar el desarrollo; y los industriales latinoamericanos no evidenciaron los rasgos esperados de una verdadera "burguesía nacional", que operara como expresión de una cultura de la iniciativa y del riesgo, sino más bien en forma parasitaria, medrando con una óptica de corto plazo a la sombra del proteccionismo aduanero, los contratos estatales y los créditos subvencionados. En la actualidad, justamente, se vive el tramo terminal de la crisis de este modelo de sustitución de importaciones mediante la industrialización no integrada, y se hacen más evidentes que nunca los obstáculos para el desarrollo que las teorías de la CEPAL señalaban: el estrangulamiento externo (crisis de la balanza de pagos, cesación de la asistencia) y los obstáculos internos (marginación y subempleo).

Frente a este panorama teórico, oponiéndose tanto a las teorías neomarxistas del imperialismo contemporáneo elaboradas en Europa, como al desarrollismo occidental; y en una postura afín pero no idéntica al cepalismo, aparecen las teorías de la dependencia.

En general, como es de esperar en teorías elaboradas en los países dependientes, tienen más en cuenta las repercusiones internas de la dependencia, que las teorías del neoimperialismo. Consideran, por ejemplo, que las insuficiencias y deformaciones impuestas por la prolongada relación asimétrica de dependencia han sido "internalizadas", o sea, constituyen componentes structurales internos de los países dependientes.

Las distorsiones observables más frecuentes son:

- la excesiva y prematura expansión del sector terciario de la economía.
- la creación de "aristocracias del trabajo" con altos niveles de calificación técnica.
- la paralela y consecuente aparición de grupos marginados, carentes de organización, representación y formas de defensa social (operarios que trabajan "en negro", cuentapropismo, etc.).

Ante estas distorsiones, las reacciones estatales para tratar de mantener un equilibrio sin alterar el statu quo de fondo suelen ser:

- instrumentar modos de participación populista y plesbicitaria, con motivaciones demagógicas.
- convertirse en un instrumento corporativo de represión en beneficio de los intereses dominantes.

El punto de partida común de estas teorías, marxistas y no marxistas, es ver al subdesarrollo, no como un desarrollo insuficiente, o como una fase "hacia el desarrollo", sino directamente como un desarrollo mal conducido, deformado.

Frente al desarrollismo, los teóricos de la dependencia hacen notar que el subdesarrollo, si bien es disfuncional para la mejor utilización de los recursos tanto en los países centrales como en los periféricos, es en cambio funcional para el mantenimiento de las relaciones de dominación, tanto entre centro y periferia como entre élite y masa, dentro de la periferia.

Frente a los planteos de la CEPAL, hacen notar que la burguesía latinoamericana carece de la capacidad innovadora y revolucionaria necesaria para resolver los problemas del subdesarrollo. La sustitución de importaciones, a partir de la crisis del '29 consolidó la presencia de una burguesía nacional que, a través de regímenes populistas, intentó realizar -sin lograrlo- una revolución burguesa. La dependencia externa de la industria acentuó la dependencia general. mientras se desarrollaba una "burguesía de estado", o tecnoburocracia, cada vez más poderosa y parasitaria.

Dice dos Santos (6) que "con el desarrollo de la industrialización de los países subdesarrollados, la producción comienza a encontrar cada vez más acceso en el mercado interno. De aquí surge la esperanza de poder trasladar al interior de los propios países subdesarrollados el centro direccional de sus economías; sin embargo, dado que esta industrialización se produce por impulso del capital extranjero, éste termina por adueñarse del sector más avanzado de tales economías y por controlarlas por tanto más estrechamente, haciéndolas todavía más dependientes de lo que eran antes.

J. Habermas (7) sostiene que en los países subdesarrollados, la expansión del sector vinculado al mercado mundial no conduce a la independencia económica ni induce al desarrollo de los sectores periféricos sino que los excluye de un modo definitivo. Esa marginación es luego justificada mediante la llamada "ideología de la prestación", que utilizando un criterio basado en "los aportes al desarrollo social" llega a hablar no sólo de sectores sino hasta de "países superfluos".

Las dos corrientes teóricas que mencionamos páginas atrás, dentro de las teorías de la dependencia (neo-marxista y radical-burguesa) tienen muchos puntos en común. El principal probablemente sea considerar que de los "cinco imperialismos" (económico-político-militar- de la comunicación y cultural, según Galtung) el más importante -sin que ésto implique su condición de causa única- es el económico. También presentan similares deficiencias: poca precisión en el análisis de las relaciones entre economía y política, falta de verificación empírica cuantificable de muchas de sus afirmaciones.

Por otra parte, quizás sus principales diferencias sean las siguientes: - las teorías radical-burguesas consideran la existencia de factores internos y externos de la dependencia, mientras que las neo-marxistas prescinden de esta distinción y centran más bien su atención en los externos.

- las teorías radical-burguesas consideran como actor principal al estado, tanto en los países centrales como en los periféricos, y sus propuestas para estos últimos tienden a fortalecer el rol del estado. Las teorías neomarxistas entienden a la dependencia como una parte o manifestación del imperialismo, si bien introducen un cambio de perspectiva: en lugar de la visión marxista clásica("desde arriba", o sea desde las metrópolis) plante aun análisis crítico hecho "desde abajo" desde la periferia. Su atención no se centra en el estado (central o periférico) sino en el sistema capitalista mundial, y especialmente, en la actuación de las potencias imperialistas y de las empresas multinacionales.

De las teorías neomarxistas de la dependencia vamos a ver con mayor detalle los principales planteos de F. Cardoso y E. Faletto (8).

Cardoso y Faletto comienzan recordando la impresión que se tenía al promediar la década de los '40, de que al menos algunos países latinoamericanos podrían alcanzar un desarrollo autónomo: "completar el ciclo de sustitución de importaciones y empezar..la etapa de producción de bienes de capital". Suficiente magnitud del mercado interno, agrandado por la transferencia de mano de obra a sectores de alta productividad y por una mejor distribución de la renta, parecía "asegurar el automatismo del crecimiento".

Esa visión optimista comenzó a desvanecerse desde mediados de los años '50, y no es fácil explicar por qué. O faltaron condiciones institucionales y sociales para respaldar las condiciones económicas favorables, o hubo un error de perspectiva, que hizo creer posible un desarrollo que en realidad no era viable. Esta segunda es la respuesta de Cardoso y Faletto: el esquema interpretativo de los factores económicos no fue capaz de explicar los acontecimientos posteriores. También se dieron circunstancias desfavorables previstas por la teoría: después del boom de Corea, decayeron las condiciones favorables del comercio exterior y se inició un prolongado ciclo de deterioro de los términos del intercambio, agravado por una merma de la cooperación internacional. El crecimiento económico se hizo mucho más lento; aun así, el sistema económico de la sociedad tradicional cambió mucho más que el sistema social o el político, lo que plantea un problema digno de un análisis integral.

En aquellos primeros esperanzadores estudios se supuso que las sociedades latinoamericanas eran sociedades tradicionales en tránsito hacia una forma de sociedad moderna, y que en esa situación intermedia se forma un patrón híbrido característico de las sociedades en desarrollo. En realidad, éste resultó ser un análisis excesivamente simplificado: "La relación entre desarrollo y modernización no se verifica necesariamente"; una sociedad puede modernizarse (en sus pautas de consumo, de educación, etc.) sin que necesariamente alcance un desarrollo efectivo.

Se supuso que las pautas políticas, sociales y económicas de los países centrales anticipan el futuro de las naciones hoy subdesarrolladas. Se aceptó, eso sí, que el "efecto-demostración" de los países desarrollados adelantaba ciertos fenómenos, como la urbanización o la formación de sindicatos.

Cardoso y Faletto consideran "más adecuado..un procedimiento metodológico que acentúe las condiciones específicas de la situación latinoamericana.." Buscan "vincular concretamente los componentes económicos y..sociales del desarrollo.." entendido este último como "resultado de la interacción de grupos sociales que tienen intereses y valores distintos, la oposición de los cuales constituye la sustancia misma de la dinámica del sistema socio-económico y cuya significación en la estructura social y política se va alterando en la medida en que las distintas clases y grupos sociales logran imponer sus intereses, su fuerza y autoridad al conjunto de la sociedad".

Para Cardoso y Faletto, una "interpretación global" del desarrollo requiere estudiar las relaciones entre la economía, la sociedad y la política de los países subdesarrollados, entre sí y con los desarrollados. "La especificidad histórica..del subdesarrollo -dicen- nace..de la relación entre sociedades periféricas y centrales".

El no-desarrollo es propio de los pocos pueblos "que no mantienen relaciones de mercado con los países industrializados". Subdesarrollados, en cambio, son aquellos países cuya "vinculación..con el mercado mundial se realiza en términos coloniales". Es por eso que Cardoso y Faletto afirman que "entre las economías desarrolladas y las subdesarrolladas no sólo existe una mera diferencia de etapa o de estadío del sistema productivo, sino también de función o posición dentro de una misma estructura económica internacional de producción y distribución".

Esa función o posición es fruto de un proceso histórico, o sea del modo con el cual las economías subdesarrolladas se vincularon con el comercio mundial. Reconocer la historicidad del subdesarrollo "implica reconocer que en el plano político-social existe algún tipo de dependencia" en los casos de subdesarrollo. La dependencia significa, por ejemplo, que las decisiones económicas "..se toman en función de la dinámica de las economías desarrolladas de las que se depende". "La noción de dependencia -escriben Cardoso y Faletto- apunta directamente a las condiciones de existencia y funcionamiento del sistema económico y del sistema político, mostrando las vinculaciones entre ambos, tanto en lo que se refiere al aspecto interno como al aspecto externo de los países. En este sentido aparece como más completa que la noción de subdesarrollo, que no pone énfasis "en el patrón social de control de las decisiones..interna.. o externamente"; y que la noción de "centro-periferia", que no da mayor importancia a los factores político-sociales involucrados en la situación de dependencia".

Es necesario -afirman Cardoso y Faletto- reconocer que hay vínculos estructurales entre el subdesarrollo y los centros hegemónicos, pero sin atribuir a éstos "la determinación de la dinámica del desarrollo". Tal determinación se produce en el vínculo colonial, pero en la situación de dependencia (neo-colonial?) "la dinámica social es más compleja".

"Al romperse el pacto colonial, la vinculación entre las economías periféricas y el mercado.. asume un caracter distinto". Las vinculaciones nuevas pueden ser de varios tipos, pero siempre la dependencia "se reflejará sobre las condiciones de integración del sistema económico y del sistema político". Cada forma histórica de dependencia supone un nuevo arreglo en la relación entre clases sociales. "Por ejemplo, cuando se rompe la dependencia colonial y se produce el paso a la dependencia de Inglaterra, ésta toma como sustentación social al grupo de productores nacionales que.. estaban en condiciones de producir un nuevo arreglo entre las distintas fuerzas sociales.. al pasar de la hegemonía de Inglaterra a la de los EE.UU. entran en juego nuevos factores... que promueven el auge de sectores urbanos e industriales". En síntesis, si bien la dependencia tiene explicaciones exteriores a la nación, tampoco es ajena a ella la relación interna entre las clases.

Las áreas coloniales del mundo se relacionaban con sus metrópolis en diversas formas, condicionadas por la base económica de producción implantada en cada caso. Según Cardoso y Faletto, esas formas son tres: colonias de población (agropastoriles); colonias de explotación (factorías) y reservas territoriales (áreas inexplotadas). La ruptura del pacto colonial y la dependencia de Inglaterra dejó la formación de las naciones en manos de los grupos capaces de estructurar un sistema de control político-económico: control del sistema productor-exportador heredado de la etapa anterior, y poder interno para asegurar la estabilidad de la nueva nación bajo el mando de esos grupos. En todos los casos hubo luchas entre los grupos locales, por asegurarse ese poder y control. La situación de los diversos países se puede caracterizar por; la necesidad de la metrópoli de abastecerse de materias primas (Cardoso y Faletto sostienen que ésta tiene más importancia que la necesidad de invertir capitales en la periferia); y "la capacidad de algunos sectores de las clases dominantes para establecer un sistema político de dominio".

El éxito de las naciones en esas condiciones dependía de: "1) disponibilidad de un producto primario capaz de asegurar..el sector exportador heredado..; 2) abundante oferta de mano de obra; 3) disponibilidad de tierras apropiables o de yacimientos minerales de alta rentabilidad". En estas circunstancias "el problema de la expansión de la economía exportadora fue..menos económico que político".

Los grupos locales no siempre lograron mantener su control o predominio económico. Ésto dio lugar a la formación de enclaves; "núcleos de actividades primarias controlados en forma directa desde afuera", por marginación parcial de grupos locales, o directamente por expansión de las economías centrales. En todo caso, estos enclaves (entre los que Cardoso y Faletto distinguen dos subtipos: enclave minero y plantaciones) expresan el dinamismo de las economías centrales. En los casos en que los grupos dominantes nacionales mantuvieron el control del proceso productivo, aumentó con el tiempo la importancia de los grupos comerciales y financieros (que son los enlaces externos) y disminuyó la importancia de los productores; las clases dominantes desempeñaron preferentemente funciones políticas más que económicas; se fortaleció asimismo la función reguladora del estado, creándose una fuerte burocracia, a cuyo alrededor se fue formando una clase media tradicional (o sea, no surgida de la expansión industrial moderna).

En las economías de enclave, la interrelación entre la economía y la política se define por el hecho de que la producción es una prolongación directa de la economía central, en cuanto a las decisiones de inversión y en cuanto a los beneficios del capital. No hay verdadera conexión con la economía local pero sí con el sistema de poder, que define las condiciones de la concesión. Las relaciones económicas en el mercado mundial se establecen directamente en los países centrales.


(6) T. dos Santos "LA NUOVA DIPENDENZA", Milán, 1971.

(7) J. Habermas "TEORIA E PRASSI NELLA SOCIETA TECNOLOGICA", Bari, 1969.

(8) F. Cardoso y E. Faletto "DEPENDENCIA Y DESARROLLO EN AMERICA LATINA" en Jaguaribe et al. "La dominación en América Latina", Amorrortu, Bs.As., 1972.

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