BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

CURSO DE TEORÍA POLÍTICA
 

Eduardo Jorge Arnoletto

 

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d) La confrontación élite-masa.

(1)Las teorías sobre las élites son modelos dicotómicos de conflicto que surgieron de una confrontación con el marxismo aun más decidida que la evidenciada por las teorías de los conflictos de grupos.

Las teorías sobre las élites proceden en muchos casos del escepticismo de algunos liberales desilusionados, como G. Mosca, y proveyeron importantes esquemas de interpretación para los grupos políticos de derecha, desde el antiguo liberalismo-conservadorismo de notables hasta las ideologías fascistas.

En las definiciones del concepto de élite se destaca que no basta la posesión de medios de poder externo para que un grupo sea considerado una élite. Los rasgos característicos de una élite, según la mayoría de los criterios, son las siguientes:
 

- el reconocimiento de su papel directivo por parte de los gobernados.

- su "rol ejemplar" social.

- su capacidad moldeadora de usos sociales.

- su influencia en el nacimiento o modificación de la estructura social.

En la teoría política clásica, el uso del concepto de élite está generalmente vinculado al postulado aristocrático del "dominio de los mejores", desde el gobierno de los sabios de Platón, el gobierno de los "eclesiásticos más ancianos" de algunas sectas religiosas, hasta los "héroes" u "hombres representativos" de Carlyle, o "los más fuertes" del darwinismo social, etc.

Hay también un uso neutro del concepto de élite, como producto de un esfuerzo calificado susceptible de valoración concreta, en el deporte u otros casos de rendimiento, por ejemplo.

En el siglo XX, el concepto de élite, con matices ideológicos, alcanzó amplia difusión como concepto político, especialmente a partir de Sorel y Pareto. Las modernas teorías de las élites generalmente las presentan en oposición a las "masas", y ensalzan a la élite como salvación de la depravación de una sociedad nivelada por la masa.

Se suele reconocer a Maquiavelo como precursor de la moderna teoría de las élites, por sus ideas sobre la resolución de los conflictos que entraña la posesión del poder. Habría dos modos: por el derecho (modo de proceder propio de los hombres, que en realidad casi nunca resuelve nada) y por la violencia (modo de proceder propio de los animales).

Maquiavelo aconseja adoptar, en los casos en que sea necesario, "la naturaleza del animal y del hombre"; y por medio de analogías zoológicas establece una rudimentaria tipología de las élites: los gobernantes deben ser al mismo tiempo "zorros y leones".

Las teorías de las élites de Mosca, Pareto, Sorel y Michels suelen ser calificadas como "maquiavelismo". Es lo que hace, por ejemplo, J. Burnham (2), por considerar que todas ellas comparten las siguientes tesis:


- todos los procesos sociales se explican por la distinción o separación entre lo que es y lo que no es élite.

- la finalidad de cada élite es conservar su propio poder.

- el dominio de la élite estriba en la violencia y el engaño.

- en la vida política, las actuaciones lógicas y racionales juegan un papel muy secundario.

Estas afirmaciones son simplificaciones excesivas, que no hacen plenamente justicia ni a Maquiavelo ni a las modernas teorías de las élites. Todas ellas afirman la omnipresencia del poder en el universo político, y la primacía de lo político frente a las determinaciones económicas y sociales del cambio. Otro aspecto que les es común es la visión de la "voluntad de poder" como impulso esencial del hombre, así como también un profundo pesimismo sobre la naturaleza humana.

La teoría de las élites fue tanto una negativa al historicismo del siglo XIX como una reacción ante el modelo dicotómico marxista. En ese sentido, la frase de Pareto: "la historia es un cementerio de aristocracias" es la antítesis del dicho de Marx: "la historia...es la historia de la lucha de clases".

Mosca y Pareto buscaban explicaciones al cambio social que fueran válidas en todas las sociedades (incluso las socialistas) pero hasta una teoría que reivindica su validez en todas las sociedades está condicionada por su época y el lugar de su aparición.

En la evolución de las sociedades industriales modernas surgieron conflictos que fomentaron la aparición de enfoques que ponían el acento, como visión de la sociedad, en el par dicotómico "élite-no élite". Esto ocurrió principalmente en países de tradición democrática débil, como Alemania e Italia. Los fascismos hicieron verdaderamente abuso del concepto de élite, por lo que aun hoy puede percibirse en esos países una resistencia a usar dichas categorías conceptuales.

Sobre la base de la tradición que acabamos de describir, muy valiosa e interesante pero indudablemente escasa de sustento empírico, después de la Segunda Guerra Mundial se iniciaron amplios estudios empíricos sobre las élites.

Algunos científicos sociales, en base a los estudios de Max Weber sobre la relación entre poder racional y burocracia, utilizaron el concepto de élite como válido solamente para las modernas sociedades industriales, en las que se daría la selección de los grupos con poder en base a una racional compensación por esfuerzos cualificados. Se trata de una visión excesivamente simplificada y, de hecho, no todos los científicos han aceptado este planteo. Mannheim, por ejemplo, sostiene (y a nuestro modesto entender con mucho acierto) que las tres formas conocidas de selección de élites (la sangre, la propiedad y el mérito) coexisten y se combinan en las más diversas formas en las democracias modernas.

Ya G. Mosca había advertido la tendencia que manifestaban las clases dominantes, a tratar de lograr la "trasmisibilidad hereditaria legal" de sus privilegios. Esta tendencia, en la medida en que logra concretarse, otorga al principio de la sangre una importancia mucho mayor de la que teóricamente le correspondería según los valores formalmente vigentes en las sociedades industriales modernas.

Kornhauser (3) plantea una tipología de las élites que permite aplicar ese concepto a sociedades de muy diferente nivel de desarrollo:Sociedades comunales: son sociedades tradicionales cuya élite tiene escasísima accesibilidad, pero en las que tampoco se puede movilizar ni manipular a la masa, que está anclada en su situación, en sus bandos familiares, sus vecindades, sus municipios.

Sociedades pluralistas: son sociedades cuya élite es accesible, pero cuya masa es escasamente movilizable por estar organizada en grupos autónomos.

Sociedades de masa: son sociedades cuya élite es accesible y cuya masa es altamente mobilizable y manipulable.

Sociedades totalitarias; son sociedades que se definen por tener una élite inaccesible y un elevado grado de movilización de masas atomizadas.

Esta clasificación es indudablemente valiosa pero muy esquemática. Estudios posteriores han mostrado que élite y masa no siempre se contraponen, y que no todas las sociedades presentan la misma dicotomía entre gobernantes y gobernados.

Otras tipologías interesantes son:T.B. Bottomore (4), que presenta una tipología de los sectores de la élite: intelectuales, burócratas, dirigentes industriales, políticos, etc.

Tipologías de los sistemas políticos según cual sea su élite dominante, como la presentada por Janowitz, que considera cuatro modelos: aristocrático, democrático, totalitario y del estado-guarnición.

Tipología de las élites con arreglo a su posición en el sistema de comunicación, como el "nivel intermedio estratégico" de K. Deutsch (ver pag. 224).

Dentro de esta cuestión de las élites, un tema sin duda importante, al menos desde Pareto hasta hoy, es el de la "circulación de las élites". Marie Kolabinska (5), discípula de Pareto, planteó la existencia de dos tipos de circulación:

- individuos de los estratos inferiores que consiguen acceder a una élite establecida.
- individuos de los estratos inferiores que forman nuevas élites.

El primer caso es el que produce la renovación de la élite y es base de la operación política fundamental: incorporar en el orden vigente los imperativos del nuevo orden, algo que está vinculado con los procesos de adaptación y de reforma. El segundo caso es la génesis de la contraélite, que preanuncia la emergencia de procesos revolucionarios.

El mismo Pareto veía a su teoría de la circulación de las élites sobre todo como un aporte a la interpretación de las revoluciones. Decía que "las revoluciones surgen porque, al hacerse más lenta la circulación de las élites, o por otras causas, se acumulan elementos de inferior calidad en los estratos superiores".


(1) K. von Beyme, op. cit.

(2) J. Burnham "DIE MACHIAVELLISTEN", Zurich, 1949 (citado por K. von Beyme, op. cit.).

(3) W. Kornhauser "POLITICS OF MASS SOCIETY", New York, 1959.

(4) T.B. Bottomore "ELITE UND GESELLSCHAFT", Munich, 1966 (citado por K. von Beyme, op. cit.).

(5) Marie Kolabinska: LA CIRCULATION DES ELITES EN FRANCE, Lausana, 1912 (citado por Klaus von Beyme, op. cit.)

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