Antecedentes macroeconómicos
BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

 

EL TURISMO Y SU INCIDENCIA EN EL DESARROLLO LOCAL DE VILLA CLARA, CUBA
 

María del Carmen Lloret Feijóo y otros

 

 

 

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1.2 Antecedentes macroeconómicos

Las regularidades y tendencias de la economía cubana en el transcurso del siglo XX señalan que el país ha debido enfrentar tres profundas crisis económicas e institucionales donde el denominador común para el desencadenamiento de las mismas han sido los impactos del medio exterior sobre esta economía. Desde principios del siglo pasado se implementó la política de un modelo basado en una súper especialización azucarera. Reflejo de esto es que en 1925 más de la mitad de las inversiones que se ejecutaban correspondían a la producción azucarera y las restantes tenían como destino otras actividades relacionadas con esa actividad, como era el ferroviario, apreciándose en la siguiente tabla.

Tabla 1. Estructura de las inversiones (1925)

Fuente: O. Pino Santos, citado por J. L. Rodríguez, 1990.

Debido a esto se induciría un crecimiento marcado por la dependencia económica y política de Estados Unidos que tendría como resultado la deformación estructural de la economía cubana. Por otra parte todo se sustentó en el crecimiento de la base agrícola y no de la parte industrial la cual se estancó y tuvo muy bajos rendimientos.

A finales de la década del veinte y principios de la del treinta este proceso se enfrenta a un fuerte proteccionismo internacional, dejándolo atrasado y deformado, sujeto a cuotas dictadas por otros países. Debido a cambios operados en las relaciones económicas internacionales durante la década del veinte, afectarían el modelo de especialización azucarera enfrentando la primera gran crisis estructural, significando la pérdida del 80% de las exportaciones y los niveles de desempleo llegaron a un 50%. Además aprovechando esta situación la banca norteamericana obtiene el predominio total del sistema bancario cubano.

Esta situación sumió al país en un largo letargo del cual comenzó a recuperarse hacia finales de la década del cuarenta e inicios del cincuenta.

El Tratado de Reciprocidad de 1934 con Estados Unidos abre la economía a dicho mercado a cambio de los insuficientes beneficios de una cuota azucarera decreciente e insignificante para diversificar la industria nacional.

La década del cincuenta tenía una herencia de medio siglo de injerencia norteamericana y la economía se caracterizaba por ser extremadamente dependiente del exterior y centrar sus actividades en la exportación de un solo producto, dependiendo de la importación de bienes de consumo esenciales y casi la totalidad de los bienes de capital, siendo el principal mercado Estados Unidos.

En este período en la estructura de las exportaciones, solamente el azúcar y sus derivados constituían cerca del 82% (Figueras, 1990), las exportaciones abarcaban prácticamente todos los insumos de la actividad industrial no azucarera. Al considerar el peso de las exportaciones más las importaciones dentro del PIB, esta resultaba de aproximadamente un 60% en el período 1950-1958, reflejando una amplia apertura de la economía cubana al exterior.

Todo esto fue consecuencia de la especialización del país en un solo producto y un solo mercado, donde el producto presentaba un escaso valor agregado, baja demanda de elasticidad-ingreso, precios y ventas muy inestables en el mercado mundial.

En esta época debido al estancamiento del azúcar se realizaron inversiones en las restantes industrias (generación de electricidad, refinado de petróleo, producciones químicas) representando la tercera parte del total de las inversiones. Sin embargo esto no representó un crecimiento significativo ya que la producción industrial no azucarera solo creció entre un 2.5% y un 2.9% anual, en 1958 la industria representaba el 23% del PIB ocupando el 13% de la fuerza de trabajo total y se ubicaba cerca de la capital del país.

Estas características respondían a los intereses de las empresas norteamericanas respaldadas por los gobiernos tejiendo así sus lazos sobre la economía y la política del país frenando el progreso económico y social.

La Enmienda Platt y los Tratados de Reciprocidad Comercial eran los instrumentos que aseguraban la inversión extranjera en la explotación de los recursos naturales y humanos baratos para la actividad exportadora, la venta de los productos industriales norteamericanos en el mercado interno y la perpetuación de la dependencia externa mediante la exportación de azúcar hacia Estados Unidos (Rodríguez, C. R., 1983ª). Al final de esa década existía un 30% de la fuerza de trabajo desempleada o subempleada.

Todo lo anterior queda sintetizado en las siguientes características negativas de la economía: (C. R. Rodríguez, 1983c)

• Economía agraria, por tanto subalterna y retrasada.

• Economía deteriorada en lo social.

• Desempleo y subempleo como males endémicos.

• Economía abierta y dependiente.

• País monoexportador y monoproductor, por tanto tributario y sumamente vulnerable a los impactos externos.

• Unilateralidad en las relaciones comerciales, alta sujeción de las exportaciones de un solo mercado.

• Puntos claves de la economía nacional en manos foráneas.

En esta época hubo algunos intentos de modificar la dependencia del país de la incierta industria azucarera. Algunas condiciones favorecieron este proceso como el auge económico basado en la expansión azucarera debido a la Segunda Guerra Mundial y al incremento en la acumulación de divisas fortaleciéndose la burguesía industrial no azucarera y las influencias en los economistas de la época de ideas keynesianas.

Las políticas económicas principales fueron la creación de un sistema monetario-crediticio nacional y de la Banca Central (1950) con la función de apoyar la industria nacional. El resultado de esas medidas fue un incremento del ingreso nacional y del ingreso nacional per cápita de un 4.4% y 2% de crecimiento promedio anual. El ingreso nacional real per cápita deflactado tuvo un incremento promedio anual casi nulo y fue del 0.2%. Las importaciones crecieron en un promedio del 4.6% anual. El ahorro nacional bruto estuvo deprimido y su tasa fue del 12%, esto fue consecuencia de la baja propensión al ahorro de la burguesía nacional y al consumo de bienes suntuarios por lo que la tasa de acumulación bruta fue del 15%.

Por otra parte el mercado interno no se favoreció ya que el incremento de los precios erosionó los salarios reales de los obreros y agricultores y el desempleo era del 25%.

Las cifras siguientes reflejan el comportamiento del crecimiento económico en esta década donde se seguía dependiendo de la coyuntura azucarera.

Tabla 2.Tasa del crecimiento del ingreso nacional (1950-1958)

Fuente: BNC (1960) y J. L. Rodríguez (1990)

Como se puede apreciar los datos de la tabla son otro elemento que refleja como la reproducción de la economía cubana estaba basada en el sector azucarero y al final de la década el 80% de las exportaciones eran de azúcar.

Entre 1952-1958 lo que se verifica es un crecimiento sin desarrollo, en un proceso en el que se profundizan las deformaciones estructurales de la economía y por lo demás, se polarizan aún más las diferencias sociales (Álvarez, 1998).

Los principales resultados del manejo macroeconómico de la década del 50’ son: (Álvarez, 1998).

• Repercusión negativa en la balanza de pagos de la expansión inflacionaria, que ocasionó una pérdida en las reservas de divisas de 513.3 millones de pesos en siete años, dejando una reserva neta de solo 84.4 millones.

• Concentración de la inversión casi totalmente en obras públicas o servicios básicos, con elevado coeficiente de capital; solo una pequeña parte se dedicó a la agricultura o a la industria, perpetuándose las deformaciones estructurales.

• Crecimiento significativo de la deuda pública, llegando hasta 788.1 millones de pesos.

• Desarrollo en proporciones alarmantes del robo, el contrabando y la especulación, por parte de funcionarios públicos y de la oligarquía dominante. Particularmente en 1958 se produjo una cuantiosa fuga de capital al exterior.

• No creación de los nuevos empleos necesarios, manteniéndose una elevada proporción de desempleados entre el 25% y 33% de la fuerza laboral.

• Elevación del costo de la vida, sobre todo entre los trabajadores rurales, en la práctica, se conoce el mercado interno.

Ya en 1955 se le había pronosticado el fracaso a esta política debido a que era inaplicable en condiciones de una economía subdesarrollada y dependiente de las exportaciones y sus fluctuaciones. En la práctica la primera crisis fue mediatizada y pospuesta y un ejemplo es que en 1958 de los más de dos mil establecimientos industriales (incluyendo centrales azucareros) existentes, solo unas cien fábricas operaban con más de cien trabajadores mientras que la agricultura azucarera representaba el 10% del valor agregado de la economía nacional.

En 1959, luego del triunfo revolucionario con las transformaciones de la reforma agraria, las medidas de beneficio popular y la promoción del desarrollo de la auténtica industria nacional, comenzó el enfrentamiento con los intereses económicos de Estados Unidos. El desarrollo acelerado de estos proyectos marcó el desenlace correspondiente a la pérdida del mercado azucarero norteamericano, el bloqueo económico y la fuga de la fuerza de trabajo calificada.

En los años iniciales de la revolución se llevaron a cabo las transformaciones más radicales como la reforma agraria, la nacionalización de monopolios extranjeros, incremento de la propiedad estatal de los sectores de la economía, realización de planes económicos nacionales, además, en el orden social se buscaba reducir el analfabetismo, el desempleo, los alquileres y tarifas entre otros. La economía tuvo que enfrentar la imposición de un bloqueo económico por parte de los Estados Unidos, el cual significó la reducción de las importaciones de todos los bienes y la emigración hacia ese país de profesionales de todas las esferas.

En dos años debido a los cambios, el ingreso nacional crece en un18.8% respecto a 1958, se distribuyeron mejor los recursos, se aprovecharon las tierras ociosas y se redujo en 40% el desempleo.

En 1961-1962 se inicia la segunda crisis económica e institucional que enfrentaría el país en ese siglo con la acotación de que las vías de solución estuvieron enmarcadas en el modelo socialista, las cuales determinaron importantes cambios estructurales y funcionales hacia el interior de la economía nacional.

De 1961-1963 hubo inestabilidad económica como consecuencia de las agresiones políticas, militares y económicas.

El PIB tuvo una tasa decreciente promedio anual de 0.86% mientras que el consumo total era del 2.4%. La producción azucarera se incrementó considerablemente logrando en 1961, 6.8 millones de toneladas pero luego en 1963 había disminuido considerablemente y ese año se realizó la zafra más pequeña de los últimos años.

Estas fueron una de las consecuencias del bloqueo económico donde se limitaron las ventas del azúcar, la compra de insumos y las incidencias no fueron mayores gracias a la ayuda externa. En estos años se reorientó el intercambio comercial hacia países socialistas, incrementándose de un 21.8% en 1960 a un 75.9% en1963. La ayuda de la Unión Soviética fue decisiva para evitar una crisis económica mayor apreciándose en la ampliación del déficit comercial y la tasa de importaciones al PIB que pasaron de 11.4% en 1960 a 15.8% en 1963.

Otro resultado de los cambios efectuados en el período fue la caída en la productividad del trabajo debido a la emigración de los profesionales cubanos.

En estos años la estrategia trazada pretendía alcanzar mayores niveles de crecimiento económico e independencia mediante el desarrollo de la industria pesada, la diversificación de la agricultura y un proceso de sustitución de importaciones enfatizando en la esfera agrícola.

Las transformaciones de la base técnico–productiva y económica de la sociedad cubana ocurridas son: (J. L. Rodríguez, 1984)

• Creación de la infraestructura y la dotación del equipamiento técnico necesario para asegurar el desarrollo del sector agropecuario y la humanización del trabajo en esa esfera.

• Creación de la base técnico material para la producción de bienes de capital, fundamentalmente para asegurar el crecimiento del sector agropecuario.

• Desarrollo de los servicios productivos básicos y de los niveles de calificación de la fuerza de trabajo, para encarar el proceso de industrialización.

• Elevación del nivel de vida de la población, incluyendo potencialmente el pleno empleo.

Las transformaciones económicas iniciadas en el país luego de 1959 tenían como objetivo lograr el desarrollo económico y construir una sociedad equitativa de forma tal que los aspectos funcionales y estructurales estuvieran unidos. El entorno integracionista del Consejo de Ayuda Mutua (CAME) favoreció la puesta en práctica del esquema de funcionamiento y coordinación económica que se implementó en el país, a pesar de las limitaciones que a largo plazo eso traería para la economía cubana. A partir de ese momento la dinámica económica tuvo una tendencia favorable al crecimiento positivo hasta la década del ochenta.

A inicios del período, en los años sesenta el crecimiento es moderado debido a medidas implementadas que debilitaron el control económico. En los restantes años se estabiliza la onda expansiva de la economía con altas tasas de incremento del PIB como se pude apreciar en la siguiente tabla.

Tabla 3.Dinámicas del PIB por quinquenio (%).

Fuente: Calculados por U-Echevarria, Hernández Montero, Mendoza Carbonell a partir de INIE (1977); Ferrán (1996) y ONE (1998 y1999).

Sin embargo se puede apreciar que existieron algunos comportamientos que aminoraron esas tasas. Detrás de esto se encontraba el agotamiento del modelo de crecimiento extensivo, agudizándose en 1987.

Entre 1964 y 1967 hubo una reanimación externa debido a la estabilidad en el sector externo donde se firmaron convenios con países socialistas como la Unión Soviética encontrando mercados y precios más seguros para los principales productos de exportación. En el ámbito interno se expandió la producción agrícola y se incrementaron los niveles de la productividad del trabajo.

El incremento promedio anual del PIB medio a precios constantes fue de 6.6% y el ingreso per cápita de 4.2% en este período. El consumo total creció al 4.1% y las tasas de importaciones decreció de 16.6% en 1964 a 14.2% en 1967.

Se buscaba impulsar la industrialización, el incremento de las exportaciones para obtener divisas para el desarrollo y aceleramiento del proceso de sustitución de importaciones. Las inversiones fueron dirigidas hacia la esfera productiva, en esencial al sector agropecuario en correspondencia con la estrategia en el corto plazo de fortalecer las bases del desarrollo.

El período entre 1968 y 1970 se caracteriza por la caída e inestabilidad de la dinámica económica. Uno de los factores de este empeoramiento fue la influencia de la zafra de los 10 millones de toneladas en 1970 representando elevados esfuerzos y trastornos en otros sectores unido a desequilibrios financieros. Se quería alcanzar ese volumen en la producción de azúcar para obtener las divisas necesarias para el proceso de industrialización por lo que se importaría un elevado número de equipos y maquinarias posibilitando un salto en la productividad de los factores, esperando mecanizar el 30% del proceso. Sin embargo por varias dificultades solo se llegó al 2.4% de la mecanización del proceso, resultando determinante en el no cumplimiento de lo planificado (se llegó a 8.5 millones de toneladas) es por ello que se recurrió a la utilización de la fuerza de trabajo afectando otros sectores de la economía.

Además se cometieron errores en la dirección económica como el debilitamiento de los controles económicos, desvinculándose el salario con la norma e indebida política de gratuidad. A una década del triunfo revolucionario la esencia de la estructura económica no se había podido transformar. El crecimiento experimentado en 1970 refleja el efecto de la zafra de ese año pero esconde las desproporciones estructurales ocasionadas como la caída de otros sectores importantes y de la tasa de acumulación neta.

La tasa de importaciones aumenta de 14.2% en 1967 a 17.7% en 1970 esto se debió a la caída de la producción agrícola no cañera a -7% promedio anual, la productividad del trabajo a -4% y el crecimiento del consumo de 2.8% fue mayor que el ingreso de 1.2%. La tasa de acumulación neta se reduce de 8.4% en 1967 a 7.4% en 1970. Como se puede apreciar este período se caracterizó por la inestabilidad y el escaso desempeño global de la economía ya que se necesitaba un mayor conocimiento de las posibilidades reales del país, mejor control de los recursos e incrementar la eficiencia de los factores productivos. El exceso de liquidez fue considerable, llegando en 1969-1970 aproximadamente al 50% del PIB.

Entre 1971 y 1975 se llevan a cabo transformaciones en el sistema de dirección de la economía planificada y se fortalecen las relaciones externas con los países socialistas.

Es importante hacer referencia al período 1971-1975 donde comienza este proceso gradual ﴾agotamiento del modelo de crecimiento extensivo﴿ debido al conjunto de medidas referentes a mecanismos de dirección y a la política económica las cuales estaban relacionadas con el perfeccionamiento institucional del país donde se implantaba una nueva dirección político-administrativa más acorde con las realidades previstas.

En el ámbito interno se tomaron medidas como el pago de horas extras, la vinculación de los ingresos de los trabajadores con los resultados económicos, establecimiento de sistema de controles económicos y mayor participación de los trabajadores en problemas productivos. En el ámbito externo se efectúan varios acuerdos, entre ellos en 1972 se firma con la Unión Soviética un acuerdo de intercambio comercial y de créditos para el desarrollo, además el país ingresa el CAME. A esto se une que el precio del azúcar se expande en el mercado mundial y el que Cuba recibía de la Unión Soviética se incrementó a un ritmo semejante.

El crecimiento promedio anual del ingreso de este período fue de 8.5% mientras que el ingreso per cápita tuvo una dinámica del 6.7% y el consumo global de 6.6%. La estabilidad relativa del sector azucarero debido al incremento de los precios a partir de 1973 favoreció el comportamiento de la economía. Las exportaciones tuvieron una fuerte expansión del 23% anual ayudado por el comportamiento favorable de los precios. Las construcciones también favorecieron este comportamiento con un ritmo promedio anual de 26.3%, la productividad del trabajo presenta un crecimiento permanente respondiendo a las medidas tomadas en el sistema de dirección del modelo económico.

La tasa de acumulación neta alcanza el 20.8% en 1975, muy superior al 7.4% de 1970. La esfera no productiva (salud, educación) incrementa su participación en la inversión bruta. Un aspecto importante es el incremento que va alcanzando la tasa de importaciones al PIB que va de 17.7% en 1970 a 29.7% en 1975. El desequilibrio comercial mejora en su mayoría debido a efectos de precios que de aumento de la producción exportable. La importación de bienes de capital (equipos) casi llegó al 36% anual desde 1973 a 1975 como consecuencia del esfuerzo inversionista realizado, además de la expansión en el sector exportador.

La ayuda del campo socialista permitió compensar los rigores del bloqueo norteamericano y las relaciones económicas creadas contribuyeron a la viabilidad del esquema de funcionamiento y el acceso estable al financiamiento demandado por las transformaciones productivas acometidas. Además, la integración al CAME permitió aislar la economía de los impactos externos. No obstante, hacia el interior de la economía existían tendencias que tendrían un efecto multiplicador sobre los impactos de la crisis que se desencadenó a inicios de los noventa.

Tendencias que fueron esquematizadas como sigue: (U-Echevarria, 1998)

• Durante la primera mitad de la década del ochenta, el producto creado internamente es capaz de asumir, en términos de valores, totalmente la reproducción simple de la economía y parcialmente su ampliación.

• En la segunda mitad del propio decenio, el producto creado comienza a manifestar signos evidentes de pérdida de absorción, y apenas cubre los requerimientos de la reproducción simple de la economía. A inicios de la década del noventa, la economía nacional comenzaría a depender, en cierta medida de la compensación externa para asegurar, inclusive, la reproducción simple.

Hasta 1975 se fueron creando las condiciones para que la industrialización del país fuera el objetivo central de la estrategia de desarrollo sin descuidar el resto de los sectores. Planteándose a la industria como eslabón fundamental de la reproducción económica.

En estos años la tarea fundamental de la industrialización fue crear la base interna necesaria para el desarrollo sistemático de las fuerzas productivas, abastecimiento de equipos y materiales a la propia industria, la agricultura y la ganadería, elevar los recursos exportables, sustituir importaciones y producir artículos de amplio consumo de la población.

En esta década se enfatizó en el desarrollo de las exportaciones y la sustitución de importaciones para lo cual fue fundamental el incremento de los lazos económicos con los países del CAME. A partir de aquí las estrategias de desarrollo se concebían teniendo como base la elaboración externa propiciando la eliminación de los elementos de inequidad imperante en los mercados internacionales y en las relaciones entre los países con distintos niveles de desarrollo.

No obstante, el crecimiento económico fue más lento debido a la incidencia de varios factores. El PIB a precios constantes se incrementaba a un ritmo del 6.0% en este período y el crecimiento del ingreso per cápita fue favorable con 5.2% como promedio anual. La producción azucarera alcanzó niveles altos respondiendo a la especialización de Cuba dentro del sistema de integración, manteniéndose una producción igual o superior a los siete millones de toneladas, no obstante, no se aprovecharon al máximo las capacidades instaladas.

El esfuerzo inversionista fue sostenido y la productividad del trabajo fue favorable gracias a una mayor dotación de capital. La participación del ahorro externo en el proceso de acumulación se incrementó al final del período donde el déficit comercial al PIB fue de 4.5% en 1976 y 11.3% en 1985. La tasa de importaciones de bienes va de 30% en 1976 a 42% en 1985 como consecuencia de pertenecer a un proceso de integración y al incremento del ahorro externo para el proceso de desarrollo.

Hacia 1976-1985 se enfatiza en la industrialización (con insuficiencias en el orden tecnológico) debido, al carácter del intercambio comercial y las relaciones financieras con los países pertenecientes al CAME donde el país estaba incluido.

Estos aspectos favorecieron en ese momento el funcionamiento integral de la economía ya que amortizaron los efectos derivados de las oscilaciones de la producción azucarera dada las características de la estructura económica de esa actividad.

Entre 1975 y 1988 el coeficiente de importaciones se incrementa en un 35% aproximadamente, al tiempo que las inflexibilidades estructurales internas del país limitan las posibilidades de compensación propia mediante la ampliación y diversificación exportadora. (U-Echevarria, Hernández Montero, M. Carbonell, 2002).

En 1982 ocurre una crisis financiera en el área libremente convertible, incluyéndose la suspensión de créditos. Esta área cubría un 15% del intercambio comercial del país siendo un complemento puntual y específico para el funcionamiento corriente de la economía.

Existieron algunos factores que frenaron el avance económico entre los que se encuentra: (J.L. Rodríguez, 1990).

• Deterioro de los términos de intercambio y sobre todo la caída de los precios del azúcar en el mercado mundial.

• Aparición de diferentes plagas que afectaron gravemente la producción agropecuaria, como la roya de la caña, el moho azul del tabaco y la fiebre porcina.

• Fuerte sequía durante tres años de esta etapa.

El modelo implantado protegía a la economía de los vaivenes de la coyuntura capitalista, también la aislaba de las condiciones de competencia internacional y la exigencia de eficiencia económica.

Los factores internos que incidieron negativamente sobre el proceso de industrialización fueron: (Figueras, 1994).

• Insuficiente crecimiento de exportaciones industriales. Las exportaciones industriales tradicionales (azúcar, minerales y tabaco) crecen a un ritmo inferior que la producción industrial.

• La industria química, estructuralmente de las más importantes, presentan menor dinámica que otras producciones industriales.

• Ejecución ineficiente del proceso inversionista industrial.

• Tendencia a la construcción de grandes empresas con el propósito de aprovechar supuestas economías de escala, pero estas al final no resultan eficientes.

• Aprovechamiento de capacidades instaladas por debajo de lo esperado, lo cual gravita sobre los costos de producción.

• Elevado consumo energético de la industria.

• Insuficiente cooperación entre las empresas.

Estos elementos conducirían al agotamiento del modelo de crecimiento económico así como el incremento del déficit en la balanza comercial externa y en la balanza de pagos.

Desde finales de 1984 se analizan los peligros de estas acciones y se comienza a replantear la política económica conociéndose este proceso como período de rectificación de errores y tendencias negativas. El mismo estaba encaminado hacia la eficiencia y el ahorro dentro del modelo económico vigente sin cambiarlo radicalmente en esos momentos.

Un aspecto importante que constituye el principal obstáculo y restricción macroeconómica del país es la brecha existente en el ahorro interno, siendo una constante debido a las particularidades de la estructura reproductiva.

A mediados del período entre 1985 y 1989 comienzan a manifestarse síntomas de agotamiento de los factores extensivos. En 1985 el crecimiento del PIB apenas fue del 3.8% mientras que de 1986-1989 solo fue del 0.5%. Los síntomas reflejados fueron la caída sistemática en el rendimiento de los fondos básicos, la insuficiente respuesta de exportaciones, la baja eficiencia del proceso inversionista y un crecimiento del consumo personal de 1.1% mayor al del ingreso. El resultado fue la desaceleración de la economía cubana reflejándose en la caída de las exportaciones de bienes y servicios en 1.2% anual. Ocurre una disminución de los niveles de importaciones alcanzando el 42.3% en 1989 debido a la elevada especialización y dependencia de aquellos momentos.

Las tasas de acumulación neta descienden a cerca del 5% respecto a 1985. Sin embargo el ahorro externo respecto al PIB fue elevado, el déficit comercial y de servicios se encontraba por encima del 10% del ingreso. La disminución del ahorro

interno fue la causa de la menor expansión inversionista, influyendo variables claves como el estancamiento productivo, aumento del consumo personal y la caída de la productividad del trabajo.

De manera general existían dos factores determinantes del bajo crecimiento económico: las restricciones impuestas por la estructura económica a una expansión acelerada y una mayor sustitución de importaciones y el debilitamiento de la eficiencia del sistema económico. Conjuntamente existían desviación y descontrol en la esfera empresarial y laboral reflejándose en la elaboración de los precios, una rentabilidad artificial, pago de salario que no correspondían con el trabajo realizado y otorgamiento de primas injustificadas.

Para contrarrestar los peligrosos acontecimientos se toman un conjunto de medidas para rectificar esas tendencias que desencadenan en un agravamiento de la situación externa, sin embargo se mantuvieron las inversiones para el desarrollo, los programas sociales y la ocupación.

Hacia el exterior se inicia el impulso a la inversión extranjera, comenzando por la esfera del turismo de donde se derivan nuevas formas organizativas empresariales denominadas corporaciones y esquemas restringidos en divisas con objeto de flexibilizar la gestión externa.

Las variaciones en la política económica durante 1986-1987 se centraron en eliminar las deformaciones más evidentes. A partir de 1988 buscaban modificar el sistema de dirección a través de mecanismos para lograr une gestión económica y social más eficiente. Los resultados en el ámbito social en la esfera de educación y salud reflejaron avances en materia de desarrollo.

A mediados de la década del ochenta las condiciones de la economía evidencian poca flexibilidad ante el impacto hacia el interior de la agudización de las reestructuraciones externas, manifestándose una aceleración del déficit presupuestario interno de 1986-1987 llamando la atención la incidencia de los subsidios por pérdida y precios a la actividad empresarial. En los años 1989 y 1990-1991 este déficit se aminoró por los créditos interestatales (8-10% de los ingresos totales). Existía una insuficiente diversificación de los ingresos fiscales por lo que el impuesto de circulación estaba por encima del 40%, manifestándose así la existencia de barreras estructurales y organizativas.

A finales de los ochenta las ¾ partes de los ingresos de la balanza de pagos provenían del sector azucarero mientras que el turismo apenas aportaba el 6%.

En sentido general los recursos invertidos en programas tradicionales de exportación (azúcar, níquel, tabaco y café) y en desarrollo (cítricos) no obtuvieron los resultados esperados. Estas industrias eran altamente intensivas en capital y energía, la producción de bienes de consumo no alcanzó la cantidad y calidad deseada y la agricultura era dependiente de los suministros externos.

En 1989-1991 el país se enfrentó a la tercera crisis económica e institucional representando una disyuntiva de supervivencia en condiciones desfavorables para el equilibrio.

En el período de 1989-1993 la economía se enfrentó súbitamente a condiciones externas adversas. Se perdieron los mercados principales de exportación y los precios que en los mismos se obtenían. En dos años el país perdió el 50% de su capacidad de compra y se redujeron las exportaciones disminuyendo a un 25% del nivel de 1989. El país pierde las fuentes de crédito internacional y disminuye el PIB en un 35%.

La desaparición del modelo implantado trajo como consecuencia difíciles condiciones para participar en la economía internacional por la especialización exportadora de pocos productos primarios, la dependencia importadora de tecnología, estructura organizativa centralizada, planificación centralizada sin usar instrumentos financieros. Unido a eso se recrudecen las medidas de bloqueo económico impuesto por Estados Unidos. Se elabora una estrategia de supervivencia y enfrentamiento a la crisis económica denominado período especial para amortiguar los impactos y adaptarse a las condiciones desfavorables. La misma se basaba en la creación de fuentes generadoras de ingresos externos mediante el aprovechamiento de las ventajas comparativas como la disponibilidad de condiciones naturales (turismo) y el desarrollo científico-técnico en la biotecnología e industria farmacéutica. Lo que se buscaba era primeramente adaptarse al nuevo proceso de la economía y luego lograr la recuperación económica.

En 1989 desaparecen abruptamente las fuentes que garantizaban la sistematicidad de los mecanismos implementados (proceso de distribución y asignación de recursos en términos físicos), donde el 85% del intercambio comercial se realizaba con el área de la Unión Soviética y las ¾ partes se concentraba en tres grupos de productos (combustibles, alimentos y materias primas, maquinarias y equipos). Estos aspectos se reflejan en la siguiente tabla.

Tabla 4.Indicadores de desempeño macroeconómicos. (1989=100%)

Fuente: Tomado de U-Echevarria (1997).

La desaparición de las fuentes comerciales, crediticias y financieras junto a la desintegración del CAME, afectó no solo las relaciones externas sino que también aspectos básicos de la economía. Un ejemplo es que en 1989 el ahorro externo financiaba más del 50% de la inversión bruta del país sin embargo en 1996 solo cubría el 36% reflejando una significativa contracción del ahorro interno. En este proceso se llevaron a cabo un conjunto de transformaciones económicas para facilitar la supervivencia, detener la caída del producto y establecer condiciones mínimas para la recuperación. (Ver anexo 1).

A partir de 1994 la estrategia tenía como base controlar la demanda agregada encaminada a:

• Cerrar la brecha fiscal, que se había profundizado en las decisiones de enfrentar los efectos de la crisis. Reduciendo el déficit fiscal a través del saneamiento de las finanzas internas y la vigilancia de las finanzas empresariales para de esta forma reducir los subsidios por pérdidas financiados por el presupuesto.

• Reorientar el comercio exterior, insertándose dinámicamente en la economía internacional.

Uno de los resultados obtenidos fue que más del 60% de las empresas no rentables entre 1992-1994 se redujeron en 1997 al 20%. Se generó un sistema monetario dual para que el estado de forma directa captara las divisas que circulaban en la población originadas por el turismo y las remesas del exterior, además de poder conectar el sistema económico interno con el mercado mundial sin acudir a la devaluación monetaria.

Se tomaron un conjunto de medidas para lograr el ajuste funcional las cuales se sintetizan en los siguientes grupos: (González, 1997).

• Medidas en el ámbito macroeconómico: Las más notables han sido la reducción del exceso en la circulación monetaria en manos de la población, a partir de un conjunto de medidas de incremento de precios a productos tales como cigarrillos y las bebidas alcohólicas, así como la reducción del déficit presupuestario.

• Medidas de carácter social: Mantener los niveles de empleo, preservar los programas sociales tales como salud y educación, traslado de casi todos los bienes de consumo al sistema de racionamiento, y por tanto con precio subsidiados, lo cual propició una distribución equitativa ante la oferta altamente limitada.

• Medidas estructurales: Incluye la apertura al capital extranjero, la creación de empresas mixtas, la aceleración en el desarrollo de la esfera turística, creación de tiendas en divisas, la ampliación del trabajo por cuenta propia, creación de mercados de libre formación de precios en la esfera industrial y de bienes agrícolas, establecimiento del sistema de estimulación en divisas, reorganización de los órganos de administración central del estado, reestructuración del sistema monetario-financiero.

Algunos autores recogen dentro de esta última medida, la legalización de la tenencia de la divisa; pero en este caso coincidimos con los criterios a favor de que se incluya dentro de las medidas coyunturales, porque la situación atravesada por el país en ese momento fue la causa de que se aplicara la misma.

Esto contribuyó a la recuperación de la capacidad de redistribución en los flujos de ingresos, perdida en los inicios de la crisis. También hubo una mayor dinámica de las exportaciones de bienes y servicios con un crecimiento del 8.8% anual en el período.

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