El idioma español y las raíces originarias
BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

 

¡GUA!, EL INSOSPECHADO ORIGEN DEL LENGUAJE

Alfonso Klauer

 

 

 

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El idioma español y las raíces originarias

En algún momento, muy al principio de esta investigación, un texto de Javier Bezos nos advirtió que la ortografía de los topónimos africanos está mas cerca del español que del inglés 388.

Más tarde, mientras recopilábamos la topoguanimia del mundo, tuvimos ocasión de comprobar que, como en español, la mayoría de los topónimos africanos, pero también de Asia y Oceanía, tiene una composición silábica simple: consonante – vocal (CV), semejante a la del español. Distinta pues de lenguas, como las escandinavas y el alemán, «tan cargadas de consonantes» –dice Saussure 389–, en donde una sílaba está construida con una vocal y varias consonantes (CCCVCC).

En el atlas de Encarta, en español, como en la mayoría de fuentes de esa naturaleza, solo los topónimos más conocidos, generalmente correspondientes a nombres de países, grandes accidentes geográficos o las más importantes ciudades, están "traducidos". Es por ejemplo el caso de Varsovia, que no figura como Warszawa.

Pero ciertamente no todos. Sri Lanka aparece por ejemplo como tal. Liechtenstein, apareciendo de ese modo, está pues en alemán. O Reykjavík, que de tal forma está en islandés. Al margen de esas excepciones, es decir, la inmensa mayoría de los nombres, aunque en alfabeto latino, aparece en versión nativa o, en todo caso, en la lengua oficial más importante de cada país.

Así, por ejemplo, Bagua, Daguas y Arahuay, en el Perú, no son nombres traducidos. Tampoco lo son Uarda, de Argelia; Békawara, de Benín; o Danawa, de Burkina Faso. Ni Yehua y Huapi, de China. Ni Wardíyah, de Siria. Ni Sáráuad, de Rumanía. Ni Bialowas, de Polonia.

O Wanosi y Vuinakawakawa de las islas Fiji. Y, como éstos, la inmensa mayoría de los 71 mil topoguánimos que hemos reunido. Se trata pues de nombres nativos, construidos en miles de lenguas vivas y muertas del mundo.

Y, hasta donde se puede colegir, quienes han confeccionado dicho atlas han recurrido a información oficial proporcionada por cada uno de los países del mundo. En definitiva, salvo errores ortográficos que eventualmente existen, no se puede asumir que ha habido filtro lingüístico alguno que de algún modo distorsione los nombres que oficialmente difunden las autoridades de cada país.

Es obvio sin embargo que, en muchos países, a través de la hegemonía de una lengua, han quedado convalidadas distorsiones de nombres creados en lenguas de minorías étnicas. Pero éste ya es un filtro prácticamente insuperable para cualquiera que intente acometer la tarea de trabajar con topónimos de todo el planeta.

Pues bien, cómo entender que, a semejanza del español, la mayoría de los topoguánimos del mundo tenga una construcción silábica muy simple.

Como está dicho, una de nuestras principales hipótesis es que los topoguánimos del mundo pertenecerían al conjunto de nombres más antiguos, en todas las lenguas. Y es consistente asumir que todas las primeras voces, en todas las lenguas, fueron fonéticamente muy simples.

Porque correspondían a una construcción que, progresivamente, fue de lo más simple a lo más complejo, de lo más fácil de pronunciar a lo más difícil.

No nos ha correspondido a nosotros inventar ese conjunto de nombres al cual venimos denominando raíces originarias. Más aún, salvo / ua / = "gua", "hua", "ua", "wa", etc., no pretendíamos buscar ninguna otra voz. Solo en el camino de digitarlas todas, una por una, fuimos tomando conciencia de la existencia de voces más complejas que iban repitiéndose con gran frecuencia, aunque unas más que otras.

Así fueron apareciendo /awa/, /waba/ y /bawa/, /waka/ y /kawa/, etc., cuya presencia cuantificada hemos mostrado ya. Pero acá queremos poner énfasis no solo en la simplicidad fonética de todas esas voces.

Sino también en que, en la mayoría de los casos, están también representadas muy simplemente: "awa" o "agua", "waba" o "guaba", "waka" o "guaca", etc.

Son más bien excepcionales los casos en que una de esas voces, /sawa/ por ejemplo, hemos encontrado representada como Szawald, en Polonia. O / ua / representada como Wald, en Alemania. Es decir, en construcciones silábicas más complejas.

Un tema distinto, estrictamente lingüístico –que no podemos abordar por nuestras limitaciones profesionales–, es si, en los ejemplos del párrafo anterior (y muchos otros), Szawald en realidad contiene o no la raíz /sawa/. O si Wald contiene o no la raíz /ua/, y si realmente puede considerarse que deriva de ella o de /awa/, /wada/, /wala/ o de alguna otra raíz incluso muy distinta a éstas.

Entre tanto, insistimos, todas las raíces originarias que hemos encontrado tienen el común denominador de una construcción silábica muy simple, una representación gráfica también simple y, en lo que acá queremos destacar, una construcción y representación que, entre las grandes o más habladas lenguas de hoy, se asemeja más al español que a ninguna otra: inglés, alemán, chino, árabe o francés, por ejemplo.

¿Pero por qué pues esa mayor semejanza silábica con el español? ¿Por qué todas las raíces originarias del que estamos reconociendo como el primer protolenguaje homínido y humano parecen haber sido pronunciadas desde siempre como hoy mismo se pronuncia el español? Nuestras hipótesis a este respecto son las siguientes.

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