BIBLIOTECA VIRTUAL de Derecho, Economía y Ciencias Sociales

 

Comunidades Productivas: Asociatividad y Producción en el Territorio
 

Luis Ramón Valdez

 

 

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La Cooperación Campesina

La destrucción de las formas de propiedad original de la tierra y su sustitución por el latifundio azucarero, fue una dinámica impuesta por el nuevo tipo de capital que devenía en dominante en la sociedad dominicana; generó básicamente en los espacios rurales una resistencia con expresiones sociales y políticas concretas como el movimiento gavillero187 que planteó una resistencia abierta en la “defensa de la soberanía”, pero esta expresión militar era en realidad la expresión fenoménica de los sectores despojados de la tierra. Entonces una parte de los sectores productivos enajenados del territorio se articularon para llevar su resistencia a otro plano de la política: lo militar. Esto venía fermentado por la aprobación de una legislación que facilitaba esta expropiación188, junto a una práctica expoliadora189. Afirma Luxemburg: “el intercambio del capital con los medios no capitalistas empieza tropezando con todas las dificultades propias de la economía natural, con el régimen social tranquilo y seguro, y las necesidades restringida de una economía campesina patriarcal y de una sociedad de artesanado. Para resolver estas dificultades, el capital acude a “remedios” heroicos, echa mano del poder político.”190 Esta enajenación del territorio a los pequeños productores, dicho en términos marxista fue la enajenación de los medios de producción, lo que los ponía en curso para el proceso de proletarización.

La existencia de estos espacios territoriales comuneros entraña una lógica social poco estudiada, pero muy vinculada a su propia existencia, una lógica que implica unas relaciones de cooperación y solidaridad muy asociada a la idiosincrasia del campesino dominicano; pero de un nivel de complejidad superior a lo inicialmente perceptible, pues está articulada a las relaciones sociales tejidas por siglos de compartir terrenos abundantes, sin parcelación física y de escasez de brazos para trabajarlos.

Los convites o juntas campesinas, se los ve como costumbre campesina dotada de un contenido de tipo folclórico191, pero en la raíz de esta “costumbre" está la satisfacción de una necesidad192. Los convites se desarrollaban con el propósito de efectuar un trabajo social o productivo, en un contexto social que permitía la realización de labores colectivas sin la mediación del salario o pago alguno. Entonces es la satisfacción de necesidades humanas las que son determinadas históricamente. Señala Heller “la necesidad es una categoría ontológica social tan general, tan primaria como el valor… la producción social, las objetivaciones sociales en sí, las relaciones y circunstancias sociales han creado la esfera de posibilidad que determinan el movimiento de la necesidad”193.

Entonces, estas relaciones de cooperación-solidaridad si bien se transforman con la modificación de las relaciones de propiedad, con el advenimiento del capital, afloran y permanecen más allá de la “partición de la tierra”. Estas relaciones de cooperación forman parte del conjunto de relaciones sociales de la producción, correspondientes a formas particulares de relacionamiento de los individuos entre sí y de estos con la propiedad.

Las necesidades de los sujetos no sólo deben verse desde la perspectiva económica, sino desde la perspectiva de las relaciones sociales en el marco de un sistema productivo; “la reducción del concepto de necesidad a la necesidad económica constituye una expresión de la alienación de las necesidades…”194; pues las mismas implican un entramado cultural que cruza transversalmente esas relaciones sociales, en ese sentido, en ellas se compromete la espiritualidad: donde confunde la cosmogonía cristiana con los mitos vinculados al quehacer productivo, a la salud, a las relaciones interpersonales, es decir, se envuelve el mundo simbólico-espiritual, como parte de las relaciones sociales y económicas. En otras palabras, se involucra la densidad que adquiere el entramado social y por tanto le dan particularidad a las relaciones sociales tejidas entre los sujetos y dentro de éstas, a las relaciones económicas mismas.

Señala Franco: “Estaba muy desarrollado en el campo el sistema cooperativo de trabajo para las grandes jornadas, que el campesino aún llama “convite” mediante este sistema el campesino invita a sus vecinos a que le ayuden en determinadas tareas que ameritan el empleo de decenas de trabajadores… el campesino favorecido está en la obligación, en reciprocidad, de ayudar en otra oportunidad a quienes le prestan su cooperación.”195. La desaparición de los terrenos comuneros no significó la desaparición de los convites, ni de las acciones de cooperación y solidaridad campesina, manteniéndose estas actividades a pesar de la parcelación de la tierra. Esta es una cooperación de carácter defensivo-flexible, de los pequeños propietarios básicamente en espacios territoriales de poca o ninguna influencia del capital.

Ahora bien, estas prácticas de cooperación con variaciones importantes también están presentes en otras actividades económicas fundamentalmente de corte artesanal realizadas en entornos rurales. Estas prácticas de cooperación están entroncadas con las prácticas anteriores, fuertemente sedimentadas en relaciones sociales de una connotación cultural de base primaria y que es trasladada al ámbito económico, pero sin disociarse del mismo, pues en las relaciones no capitalistas no hay separación entre el ámbito social y económico, entre lo intelectual y lo manual. En los espacios rurales en donde existe una actividad artesanal no agrícola, la cooperación se convierte en un componente básico dentro de una estrategia de sobrevivencia no consciente de estos sujetos sociales.

Durante el período trujillista políticamente se favoreció el reforzamiento de un estado central que se va construyendo desde la intervención norteamericana, este estado central eliminó al caudillo regional y logró imponerse en las diferentes regiones. Algunos jóvenes intelectuales indican que es a partir de Trujillo cuando se organiza la ideología capitalista dominicana, se desarrollan las fuerzas productivas y se genera una ‘cultura de la burguesía’196 El Estado entonces se confundió con el gobierno y éste con Trujillo, en el fondo era una versión personalizada y trujillista de la ideología capitalista.

En el transcurso de la era trujillista, todo el país se constituyó en periferia de la Capital y a su vez casi todo el Cibao lo hizo alrededor de Santiago. De esta forma desde la metrópolis (Santo Domingo) y la Ad metrópolis (Santiago) se han decidido política y económicamente casi todos los grandes acontecimientos que han ocurrido en la vida nacional desde el primer cuarto del siglo XX hasta la fecha197.

El sesgo capitalista que desde finales del siglo XIX había tomado el Estado dominicano, se consolidó con Trujillo y desde aquí, es definitivo el proceso de destrucción de las viejas formas de organización y apropiación de la propiedad rural, así como el impacto que este hecho tiene sobre las antiguas formas campesinas de organización de la producción.

En la medida en que el proceso de transformación capitalista de la sociedad dominicana, se consolida como un proceso fundamentalmente urbano, las propuestas de desarrollo e industrialización, se han realizado a partir del no reconocimiento de las formas de organización, entendidas como rurales y por tanto “superadas” por el nuevo modelo de organización social.

Las propuestas de industrialización en República Dominicana formuladas sin tomar en cuenta las características del tejido productivo forjado en el territorio dominicano, se fundamentaron una industrialización desarticulada de la cultura productiva nacional y por tanto incapaz de producir impactos determinantes más allá de los principales polos urbanos.

Ahora bien, las prácticas de cooperación “desplazadas” por el capital, con variaciones importantes siguieron presentes en actividades económicas fundamentalmente de corte artesanal, realizadas en los propios entornos rurales y/o suburbanos198. Estas prácticas de cooperación no se diferencian en su esencia de las prácticas anteriores, mediadas por fuertes relaciones sociales de base cultural y asociadas al espacio económico. En estos espacios rurales en donde existe una actividad artesanal no capitalista, la cooperación se convierte en un componente relevante dentro de una estrategia defensiva de sobrevivencia de estos sujetos sociales.

Los cambios operados en la economía dominicana, el denominado “proceso de industrialización”, la penetración de la cultura del capital en las relaciones sociales tejidas entre los sujetos, fundamentalmente durante el período postdictadura, la construcción de un “modelo de industrialización” vinculado la concepción capitalista de la empresa, han contribuido a invisibilizar estas relaciones sociales presentes en la realidad rural y suburbana199. Y este proceso de invisibilización se hace mucho más evidente con la tendencia de los últimos años de enfatizar la economía de servicios, el estímulo a las empresas de zonas francas, a través de incentivos fiscales, sobre todo de tipo arancelario, que posibilitaron el crecimiento exponencial del sector de las maquilas con referencia a otros sectores industriales200, particularmente de capital nacional201.

Es evidente, que se está frente a un proceso de deterioro no sólo económico sino también social del sector industrial, que se expresa fenoménicamente en el auge de las empresas no productivas. En este proceso de descomposición del sector industrial, pone en evidencia la relevancia de los conglomerados de pequeñas y micro empresas, que generalmente están insertados en sectores productivos donde no se requiere un capital inicial de cierta significación y donde la racionalidad la imprime la cultura del entorno, expresada en la forma particular de producir o presentar el bien o producto elaborado.

Junto a este proceso de desconcentración del sector industrial y su evidente descomposición, se han generado espacios de pequeñas empresas productivas, sector donde las relaciones de trabajo no siguen la lógica capitalista pura. El propietario de las unidades de producción surgidas es un ex-trabajador, ya sea del campo o de la ciudad que combina el trabajo manual e intelectual, en estas unidades se explota al trabajo familiar y las remuneraciones están muy por debajo de lo que permite la simple reproducción de la capacidad de ese trabajo manual e intelectual, y donde el capital no se expresa de forma pura. También en estas unidades productivas se están adaptando nuevas modalidades de organización sustentadas en la cooperación entre ellas, generalmente de carácter defensivo con el fin de poder permanecer, esta cooperación debe ser transformada en una cooperación ofensiva que permita que las pequeñas empresas pasen de la acumulación simple a la reproducción ampliada.

En muchos casos estas empresas y esos espacios han venido surgiendo en base a iniciativas poco sistematizadas por parte de quienes dirigen las empresas y de técnicos a su alrededor. Este fenómeno ocurre indistintamente en espacios urbanos y rurales. En los espacios urbanos la experiencia de los habitantes de los barrios de Santo Domingo y Santiago, en su mayoría inmigrantes de las zonas rurales del interior del país, son especialmente interesantes. Algunos de estos espacios asociativos han logrado estructurarse de manera organizada, para lograr, vía la cooperación, incrementar sus flujos productivos, bajar los costos y aumentar la calidad202

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