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DESARROLLO AGROINDUSTRIAL SOSTENIBLE: SUBREGIÓN CENTRO-SUR DE CALDAS

 

Carlos Humberto González Escobar

 

 

 

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4.8. Gestión del Desarrollo Subregional

La búsqueda de una economía competitiva en el país está expuesta en la política de crecimiento sostenible y fortalecimiento de las capacidades regionales, con un enfoque intervencionista al fomento del desarrollo empresarial (propiedad en las empresas, regulación de precios, créditos subsidiados, exenciones tributarias, etc.). Con la liberación de los mercados se está orientado el papel del Estado a la regulación y el control, en particular en lo empresarial se supedita a crear las condiciones del entorno. En ese sentido las empresas asumen los riesgos de la modernización productiva .

Esta postura del Estado en la órbita de lo macro y de las empresas grandes puede tener cierta validez, pero la estructura productiva del país está concentrada en las microempresas (88.9%) y pymes (9.83%), además la generación de condiciones no se refiere solo al diseño de instrumentos, también significa la construcción de infraestructura física y social, la formación de capital humano y social, tema sobre el cual se tiene un rezago significativo.

Los planteamientos recientes del desarrollo se dirigen a generar capacidades y a construir territorios competitivos desde escenarios localizados, para ello se propone una verdadera descentralización y autonomía política, de tal forma que ellos asuman el rol de la gestión en la provisión de infraestructura y las condiciones que exige un mundo competitivo. Es conveniente un cambio en el sistema de transferencia de recursos, en el que se produzca una mayor libertad de inversión, proporcional a los esfuerzos territoriales, pero precisamente la primer coyuntura en nuestro medio la produce las normas que regulan las transferencias y su marco restrictor en la destinación de los recursos, centrados en rubros muy importantes, pero que también impiden la orientación de recursos de inversión en la promoción empresarial y el desarrollo económico local .

Los cambios necesarios en las maneras de dirigir y gestionar las localidades y para este caso, la subregión se constituye en el reto de los dirigentes y actores del territorio, espacio donde tienen y sienten la necesidad de movilizarse en atender sus problemas estructurales. Es la región la que ha sufrido las transformaciones más abruptas, la irrupción de nuevas tecnologías que modifican las formas de pensamiento y actuación de las personas y de las sociedades. El cambio radical influye en las formas de organización social y empresarial, en el diseño del rol y estructuras de la administración pública . (Alburquerque, 1997)

Asistimos a una modificación extrema de las actuaciones públicas, de un nuevo papel de los dirigentes y a una organización colectiva de todos los actores sociales que habitan un territorio.

La aparición de nuevos tipos de empresas y de actividades productivas (basadas en el capital intelectual), especialmente de productos y servicios innovadores, significa por tal la posibilidad de la desaparición de empresas y sistemas tradicionales de producción, bajo este panorama se impone a una modificación a sus estructuras productivas, a las políticas económicas y a la orientación de l a propuesta de desarrollo, y con relación a las normas que regulan el presupuesto e inversión de los recursos públicos, privados y comunitarios.

La globalización de la economía se da con mercados abiertos, en mediaciones como la negociación de tratados de libre comercio y la conformación de bloques económicos entre países, la desregulación de las restricciones de entrada en combinación con nuevas maneras de protección interna. Frente a las exigencias de mayores niveles de eficiencia, reducción de costos, y aumento de la productividad.

En esa perspectiva a las sociedades locales les corresponde atender sus asuntos internos de acuerdo con los requerimientos de su sistema social, cultural, político y económico, dentro de las dinámicas que movilizan los factores en el contexto regional, para eso prepara sus estrategias e instrumentos, pero al contrario de lo que se pueda pensar las exigencias del cambio estructural y la globalización por sus enormes tentáculos obligan a diseñar nuevas condiciones y generar capacidades para afrontar los retos de la competitividad.

La conformación de redes y sistemas locales de empresas, conectadas y articuladas en un complejo tejido de interacciones, relaciones y transacciones fluidas como asunción integradora de lo público y lo privado.

La productividad no es asunto solo del empresario y de la dinámica interna de las organizaciones productivas, es fundamental la creación de condiciones en el entorno, la dotación de recursos e infraestructura del territorio, la organización de servicios de soporte modernos, ágiles y eficientes, y la articulación de la sociedad con toda su capacidad humana e intelectual, en una visión propositiva en consonancia con los nuevos retos sociales que le impone el mundo.

Es cierto que las condiciones de competitividad no son hechos aislados de empresarios pujantes, quijotescos y osados, es el territorio como un todo el que define su apuesta a futuro y la gestiona con capacidad. En ese escenario social confluyen las instituciones públicas y los marcos institucionales regionales y locales, la conexión de su sistema de educación y formación de talento humano, los centros de investigación, las universidades, los sistemas de gestión del conocimiento, financiación y soporte político, técnico y tecnológico. Evidente que ese sistema de gestión y de políticas que ha propuesto el Estado son insuficientes para atender los requerimientos del sistema productivo, se requiere incorporar nuevo conocimiento, tener conciencia sobre la complejidad y dimensiones del asunto, verdadera voluntad y compromiso político por el futuro del territorio, para que, desde las esferas de lo local y subregional, se cambien los esquemas de dirección centralizada y se generen procesos y sistemas políticos autónomos.

En ese escenario se hace necesario incorporar la gestión tecnológica y la innovación en el territorio; con el apoyo de los actores sociales, las instituciones, y la constitución de organizaciones sociales inteligentes (bio-orgánicas) orientadas a la creación y consolidación de nuevos sistemas locales y subregionales de producción; esto exige, de por sí, unas condiciones especiales que no tiene el estado concentrador, sino el estado descentralizador, la conformación de autonomías regionales y subregionales que asuman con capacidad la gestión del desarrollo sostenible de su propio territorio.

Lo que se denomina en la competitividad sistémica los niveles de organización y gestión, para el caso de los desarrollos de capacidades en los escenarios local y subregional, se estaría refiriendo a las condiciones de competitividad de las organizaciones productivas, al sistema de cadena de valor tanto de cada organización productiva individual como de las otras que constituyen el engranaje del cluster. El punto más álgido corresponde a la gestión tecnológica y al desarrollo de capacidades para la investigación e innovación empresarial, en el ámbito de las organizaciones productivas (léase básicamente Mipymes o, en el caso del sector rural, se tiene un amplio predominio de informalidad en sus organizaciones y en sus transacciones) es porque éstas no están dotadas de condiciones para asumir el compromiso de hacer gestión tecnológica y de conocimiento, además por sus implicaciones desde el punto de vista de costos (el riesgo y los niveles de inversión en investigación), la cultura que se ha entronizado en el sector productivo es la adquisición de tecnología en el exterior generalmente sujeta a compra de equipos e infraestructura de planta; igualmente la complejidad en el manejo de un proceso experimental, de investigación o desarrollo tecnológico, es un tema de mediano y largo plazo cuando las empresas tienen condiciones críticas que resolver en el corto plazo.

Por ésas y otras razones se hace indispensable diseñar estrategias de cooperación y alianzas estratégicas entre el sector público, privado e investigativo; pero con una condición especial en su forma organizativa y de gestión, esta no debe quedar en un nivel informal (comisiones o comités de trabajo), o con la conformación de redes de colaboración, pues estos son instrumentos complementario y de apoyo. La consolidación de un sistema de gestión del conocimiento en la subregión parte de la articulación virtuosa y dinámica entre sus actores estratégicos: Las organizaciones empresariales y productivas, los centros académicos y de investigación, y la administración pública. Un aspecto relevante es la velocidad de los cambios tecnológicos, a un nivel casi imperceptible, esto hace que el nivel de riesgo tecnológico aumente y se haga imposible manejar por una sola organización empresarial, difícil no solo apreciar en su totalidad o en modificar (Klauss, 1996)

Por tanto, se requiere establecer nuevas formas organizativas modernas de gestión de la investigación y la innovación en una perspectiva de largo plazo, que asuma el papel de dirección y gestión de la agenda prospectiva de ciencia y tecnología regional, un organismo que articule las distintas expectativas e intereses del territorio en lo tecnológico, con capacidad autónoma para dirigir los recursos financieros, técnicos, humanos, disposición para tomar decisiones trascendentes y poder apalancar la gestión de recursos de cooperación y cofinanciación regional, nacional e internacional.

Esta compleja labor está incluida en las funciones entregadas a los nuevos organismos en formación para atender las subregiones, como son los CPGA (Consejo Provincial de Gestión Agroempresarial), aspecto que pondrá en dificultades a estos noveles organismos y en riesgo de que ejecuten acciones de buenas intenciones, ya que en el fondo es trasladar unas acciones locales (UMATAS) a unas acciones subregionales o provinciales, en las cuales los problemas son más en cantidad y en complejidad técnica y tecnológica.

Las condiciones sociales y políticas de la subregión, aún con la experiencia aplazada de la conformación del área metropolitana, han mostrado un celo y un sesgo de perfil político, en los cuales cada localidad trata de preservar cierta autonomía que no posee realmente y de evitar que se pierda control sobre recursos financieros y el manejo de cargos públicos. Ese activismo al interior de las instituciones públicas y en las administraciones locales, embebidos en preservar el poder a cualquier costo, dejan al margen las posibilidades de apostarle a un reto difícil, mas no imposible, por construir territorios competitivos.

Esas condiciones de manejo político sin compromiso por la construcción futura de desarrollo es la que convoca a la formulación de apuestas democráticas y colectivas, a la transformación del marco institucional (tanto en lo meso como en el nivel micro) en la subregión, basta con que exista un ejemplo edificante y se podrá empezar ese proceso de cambio cultural, social y político. Es esa condición particular de modificación de las actuaciones en lo público, en comprender su sentido y dimensión; son en las que se requiere compromiso ciudadano, así como la disposición para diseñar un nuevo tipo de estructuras políticas y organizacionales que con urgencia demanda la subregión en el nuevo entorno global.

En el nivel meso se sienten y perciben las decisiones de política y planes de desarrollo de la Gobernación de Caldas, ligada a la orientación y marco general de política que le tiende el Gobierno Nacional, en ese enjambre de normas y esquemas se disuelven las posibilidades autonómicas regionales. Es desde los escenarios regionales que pueden y deben dictarse los marcos políticos e institucionales para su desarrollo competitivo, en las políticas de construcción y dotación de infraestructura física, social y tecnológica, política educativa y de formación del capital humano, política ambiental y de orientación de la economía internacional del territorio.

La combinación de modelos de desarrollo que se conocen en lo rural y que pueden ser integrados al componente agroindustrial, implica la correspondiente mirada desde el nivel meso en la definición de políticas y marcos de actuación regional y subregional, ya mencionadas, como las inversiones en infraestructura y en construcción de dotaciones físicas y materiales para la competitividad (“top-down”). En la identificación de los sectores estratégicos y la decisión de hacer gestión hacia ese horizonte propuesto, a partir de la formulación de un plan prospectivo estratégico y ampliamente participativo de los distintos actores sociales de la subregión.

Es desde ahí cuando se abre el espacio para la actuación de actores sociales claves al proceso de construcción participativa de futuro, pues no solo significa organizar lugares de encuentro, sino que a esos encuentros los actores asistan con información y conocimiento previos, que les sirva para poder opinar con criterio sobre los asuntos del desarrollo (Modelo “de abajo arriba”, “bottom–up”) .

Un escenario local y subregional que desconozca los factores sociales e identidades del territorio, solo entiende una dinámica de imposición desde las esferas altas de poder y difícilmente encuentra receptores conectados a esas medidas centralistas.

La subregión posee su propia dinámica social y económica, no se puede opacar los lazos integradores de las organizaciones comunitarias y solidarias, ellas hacen parte del entramado social y de la confianza a rescatar dentro del territorio. ¿Cómo conectar las organizaciones sociales a este nuevo orden?

Se requiere constituir una política de apertura social en la que se pueda abrir espacios de deliberación y actuación pública de los diversos actores, espacios de participación real en donde prime un lenguaje comprensible para el intercambio de saberes (la interlocución del saber social y el saber académico o tecnocrático).

La experiencia italiana vista por Putman muestra las razones porque en el norte de ese país, se asimilaron las políticas de descentralización trazadas por el gobierno, en cambio en el sur no se dieron; las respuestas las encontró en el capital social del territorio, mientras que en el norte existe un buen desarrollo de actitudes y compromisos ciudadanos, esa receptividad social a la apuesta institucional los condujo a la formación de una economía sólida. El principal rasgo de una comunidad organizada y comprometida está en los niveles de confianza y asociatividad (tejidos sociales y organizacionales de cooperación) con una perspectiva de lo público y lo colectivo .

La construcción de una economía regional en red se basa igualmente en la confianza entre los diversos actores sociales e institucionales, en lo que sería la conformación de un denso tejido social e institucional en donde converjan los distintos intereses y expectativas, para una acción colectiva . Esas acciones de confianza no solo se enmarcan en las transacciones comerciales y sociales, es una interacción de inteligencia institucional para monitorear el entorno, apreciar posibilidades y potencialidades, interpretación y actuación sobre ese escenario factible, la capacidad para desarrollar nuevas tecnologías y adaptarlas, y hacer una rápida difusión en todos los ámbitos del territorio, el cual también debe estar dotado de las condiciones para apropiarlo y usarlo.

Cada territorio, de acuerdo con sus características, determina los mecanismos, estrategias, instrumentos y las políticas públicas. De esta manera aprovecha sus propios recursos y define un estilo de gestión y organización del mismo.

De acuerdo con las nuevas condiciones que plantea la globalidad se considera que serán competitivos aquellos territorios que aprenden, los que tienen las capacidades de adaptarse a las nuevas exigencias productivas soportadas en el conocimiento. Cada territorio creará las condiciones para generar sus ventajas competitivas, especializarse en determinadas áreas que le permita hacer una inserción en la economía internacional.

Según la lógica de construcción de territorios interesa la forma horizontal, que se promueve desde las actuaciones sociales y ahonda en las posibilidades de convertirse en escenario innovador y competitivo . Ese enfoque es el que interesa para la formulación de un sistema subregional de desarrollo, porque incorpora la base sociocultural de los actores que habitan el territorio (mentalidades, sentidos e identidad), así como sus capacidades intelectuales, talentos y habilidades para atender sus propias necesidades, como en el diseño de soluciones innovadoras que tienden a moverse con agilidad y capacidad en un entorno global.

Grafico No. 9 Sistema de Innovación Subregional

Fuente: Elaboración a partir del estudio

Los entornos innovadores se apuntalan en la llamada economía basada en el conocimiento y el aprendizaje, lo que significa territorios inteligentes, en sus actores sociales, sus instituciones y organizaciones sociales, sustentadas en la velocidad y capacidad para atender los requerimientos del entorno y generar valor agregado a partir del conocimiento.

Es una prioridad que este nuevo enfoque se dirija a la democratización del conocimiento, el fortalecimiento de la calidad de la enseñanza y el aprendizaje de los estudiantes regulares del sistema educativo (la subregión tiene una buena dotación en Instituciones educativas), como los demás actores sociales e institucionales de la sociedad.

Los nuevos planteamientos, con relación al conocimiento, lo ubica Stiglitz en que éste se desarrolla y gestiona con el propósito de generar sinergias dentro del sistema, en lo que se denomina una Economía Basada en el Conocimiento y el Aprendizaje (EBCA), se considera que debe contener cuatro aspectos: -La importancia que le dé al conocimiento como factor de desarrollo (educación); -Procesos de apropiación social del conocimiento (bien público); -Capacidad de generar procesos dinámicos de aprendizaje social; -La gestión estratégica del conocimiento (pensamiento estratégico y prospectivo). Este proceso no se concibe solo en adquirir tecnología, se sustenta en el desarrollo de los recursos y capacidades del talento humano local y de sus instituciones para la apropiación, recreación, aprendizaje y uso óptimo del conocimiento .

Se trata de la búsqueda de conocimiento pertinente, contextualizado y socializado para la gestión del desarrollo del territorio, en cuyo eje es fundamental el ser humano, como esencia de su capacidad intelectual puesta a su servicio y de la colectividad, el territorio son, al fin y al cabo, instrumentos (Boisier, 2001).

Partir de la visión sistémica del territorio como un organismo complejo (auto poético), en el que interactúan las dimensiones del desarrollo, en lo político, cultural, tecno-económico, ambiental y social. El territorio demuestra su propia necesidad de dotarse de conocimiento para lograr estructurar las condiciones para gestionar su propio desarrollo. Esta nueva era de la economía exige territorios inteligentes, que tengan condiciones para monitorear el entorno y aprender de él.

Si la orientación del desarrollo no se supedita a lo económico, debe trascender en lo social y político, pero tampoco desconoce el valor estratégico del conocimiento, estaría haciendo referencia a “la persuasión y el pacto o contrato social”, respaldado por el peso de la acumulación de antecedentes técnicos y el máximo aprovechamiento, como recurso de poder, del prestigio que da el conocimiento científico, son quizás los instrumentos más eficaces en una sociedad consensual” . En lo que implica la construcción social del territorio a partir de la apertura de espacios de deliberación y análisis del contexto, aprendizajes colectivos y la formulación de pactos sociales dentro del marco de la subregión.

Los procesos de desarrollos complejos e intangibles, como en esencia lo es el desarrollo, sus factores y productos, se asimila a la conformación de capital intangible. Capital que se encuentra posible de construir, acumular y diseminar en espacios más pequeños de territorio, escalas de desarrollos comprensibles y gestionables. Su orientación se da en las relaciones e interacciones de sus actores sociales en su cotidianidad y en los elementos que los identifican como tales en su territorio.

Los atributos para el desarrollo de la subregión van, en primera instancia, en una interacción fluida en su contexto regional, que le permita obtener sus propias capacidades autonómicas de gestión, sostenibilidad ambiental, sustentabilidad económica, inclusión social y auto percepción colectiva de pertenencia e identidad con ese territorio organizado (Boisier,1991). Esa sustentabilidad económica se plantea desde la generación de valor agregado productivo, la reinversión de excedentes, diversificación económica y especialmente los procesos de gestión de la innovación y de desarrollo tecnológico.

Según Castells, la articulación estado–iniciativa privada, la investigación y la aplicación de ese conocimiento al desarrollo productivo, el apoyo institucional y su relación con el mercado internacional son factores esenciales en la conformación de una región competitiva.

La CEPAL ha denominado la competitividad auténtica al carácter sistémico y a la equidad, para esto se incorpora, necesariamente, el progreso técnico, como un puntal hacia la generación de ventajas regionales. Ellas tienen sentido en la medida que son creación social; las fuentes de la creatividad, la generación de ideas e innovación están en la gente y en cada uno de los actores sociales, depende de su formación e inteligencia comprometida y en su puesta en común, como un acuerdo explícito, para asumir el compromiso del desarrollo colectivo de la sociedad. El sentido sistémico se expresa tanto en la visión integral de la subregión, desde sus dimensiones y dinámicas (sociales, culturales, naturales, políticas y económicas), como en la inclusión social de los diversos actores, ya que en la medida que se superen las condiciones de marginalidad y precariedad en los productores rurales y en las comunidades de los barrios de las localidades, se obtendría un abordaje completo del significado de la sostenibilidad.

Los primeros esbozos de acuerdos colectivos en la ciudad y en la región se remiten a la firma del pacto por el empleo entre representantes de diversas instituciones y gremios de Manizales, por la connotación simbólica del acto podría entenderse que se está encontrando un camino de construcción colectiva, pero aún está lejos de las posibilidades de apertura, a estos espacios, de los niveles subregionales y locales, en especial de los distintos actores sociales y estratégicos . El pacto se firmó el 12 de Julio del año 2000, 6 años después no ha trascendido a otros actos reales y auténticos de gestión en esa perspectiva, lo que reafirma el hecho de que se queda en lo anecdótico y simbólico.

La tecnología para la innovación, la productividad y la competitividad del sector agropecuario de la subregión es una materia primordial de la agenda política pública y de los dirigentes privados, y demás actores estratégicos, en la propuesta de lo que sería la concepción de un sistema que promueva y gestione el desarrollo sostenible desde lo rural, desde el cual sea posible incorporar valor agregado tecnológico a la producción primaria.

En este caso se trata también de tecnologías blandas orientadas a mejorar la gestión empresarial del sector y del territorio; ello se enmarca en la identificación de procesos, el conocimiento hacia el interior de las organizaciones productivas, el desarrollo administrativo y gerencial de las mismas.

Una de las mayores deficiencias en la región está dada por la perdida de liderazgo, y por una dependencia de dirigentes políticos y privados con esquemas premodernos de gestión, muy cercanos a las formas tradicionales de mando, poder y dirección, que concentran las decisiones en la cúpula o pirámide de la organización desconociendo las capacidades de sus subalternos o demás miembros de la organización y de la sociedad.

Es un aspecto de la tecnología que desconocemos (tiene un fuerte componente intangible), pero que reviste una enorme importancia en el proceso de transformación de los sistemas de producción en el sector rural y urbano, y en la perspectiva del desarrollo regional.

Para establecer un entorno innovador en la subregión puede iniciarse un proceso de emprendimiento para el sector rural a partir de la articulación del sistema educativo formal e informal, la concepción de un sistema institucional en interacción con un sistema de comunicación y un sistema propio de innovación y desarrollo tecnológico. La gestión subregional del conocimiento requiere de la concepción de organizaciones sociales inteligentes, esta es una variable tecnológica más pues se hace evidente desde la concepción de sus modelos propios de organización y administración.

Gráfico 10. Sistema de Gestión del Conocimiento Subregional

Fuente: Elaboración del autor a partir del estudio

Las tecnologías blandas expresadas como recursos intangibles entran en relación directa con la administración y gestión, como tecnología adaptada a las condiciones sociales, culturales y políticas de nuestro contexto, pero con la capacidad de inserción en las dinámicas de la economía global. Esto exige una participación importante de la academia y de su experticia en la concepción del tipo de administración y el perfil de organización que requiere la agroindustria y el desarrollo subregional.

Lo tecnológico no se queda en los ámbitos académicos o científicos, es un quehacer que compromete a todos los que habitan la subregión, que tiene como sustento la conexión de los sistemas culturales (identidades, mentalidades y simbologías), el sistema educativo (formal e informal), las instituciones, el sector productivo y el diseño de estrategias comunicativas y pedagógicas.

“Se reconoce que es más lo cultural que lo tecnológico” (per se); la tecnología tendría más posibilidades de desarrollarse si se dispone de un sistema educativo pertinente y de calidad desde las bases culturales y sociales, que conduzca a la formación de capital humano en los ámbitos urbano y rural, y en función de cualificar a los sectores sociales y productivos. El sentido se orienta a que lo tecnológico es dependiente de lo cultural, éste es el soporte esencial de la apropiación de conocimientos y aprendizajes, como a la generación de un ambiente apropiado para la innovación endógena.

La posibilidad de convertir a la comunidad en agentes o sujetos sociales de cambio, empoderados, actores críticos con capacidad de deliberación y gestión social. La comunidad como agente endógeno de cambio, y sujeto colectivo. Para ello juega un rol estratégico el lenguaje y la comunicación, la circulación en el entramado social y cultural de nuevos sentidos, que estos sean apropiarlos y recreados. El poder de la palabra y la comunicación para hacer de los actores sociales sujetos activos, reflexivos y con capacidad de participar y actuar. Una sinergia cognitiva, del consenso y del poder. Sin esa acumulación social toda propuesta de cambio sería una propuesta de gabinete. (Boisier, 2001).

Se define una relación directa entre la cultura y la educación, e incluso marca una dependencia en cuanto a que lo cultural surge en la medida que exista un actor social formado, un productor con conocimiento sobre sí mismo, sobre el mundo del trabajo, la producción y del emprendimiento de nuevos negocios y de la transformación de las estructuras productivas existentes.

Esta postura marcaría una necesidad prioritaria por enfocar los esfuerzos y recursos a la educación, mejoramiento de la calidad y la cobertura, diseños pedagógicos, metodologías avanzadas, y en el desarrollo de soportes en las tecnologías de información y comunicación.

La comunidad percibe y hace un reconocimiento a la complejidad del tema, sin embargo se atreve a plantear que la tecnología no solo se concentra en los procesos productivos, no es solo tecnología dura, como equipos tecnológicos, por ejemplo. Está orientada en el mismo sentido de darle importancia al desarrollo de tecnologías blandas y, en particular, la gestión empresarial, conocimiento e información de los mercados, etc.

“La tecnología debe ser pertinente y que sea la requerida por el sector”. Un aspecto a resaltar es que el conocimiento y la tecnología en la medida que se logra su desarrollo, a él sólo tienen acceso sectores exclusivos de la sociedad, lo que genera una ruptura con amplios sectores sociales que quedan marginados de acceder a ella, por desconocimiento o por los altos costos que representa adquirirla. Esto conduciría a la pregunta: ¿es posible concebir un desarrollo del conocimiento y la tecnología que a su vez democratice su acceso? Es evidente que a ese sentido se dirige el sistema de gestión del desarrollo aquí propuesto.

“La aproximación a las condiciones específicas del territorio y en particular que la tecnología, trátese de la tecnología en todo el concepto amplio, se debe adecuar o diseñar a esas exigencias del contexto, de las propiedades del suelo y de su ecosistema”; más si se trata de concebir un sistema sostenible de desarrollo productivo, el desarrollo tecnológico debe darse a las condiciones particulares del territorio.

El papel trascendente del Estado, y en general el sector público, se expresa cuando el tema requiere una propuesta política clara en lo tecnológico. La subregión aboga porque se estipulen las políticas de ciencia y tecnología, así cómo se articula la región, en este aspecto, con la nación y las tendencias internacionales.

“En la actualidad se presenta como necesaria la promoción no solo del denominado desarrollo tecnológico, es importante también propiciar una suficiente base científica que pueda generar en el mediano y largo plazo importantes aplicaciones tecnológicas enmarcadas en las siguientes líneas:

Tecnologías de caracterización y control de producto, control de procesos en línea, control de calidad.

Tecnologías de conservación y envasado.

Tecnologías de producción y automatización.

Tecnologías para la obtención de alimentos funcionales.

Tecnologías para la obtención de alimentos intermedios.

Tecnologías relacionadas con la prevención, minimización, reciclado y aprovechamiento de residuos generados por la agroindustria.

Tecnologías de información y comunicaciones (trazabilidad y gestión integral).

Tecnologías de gestión para empresas agroindustriales.

La biotecnología aparece como una tecnología con mucho potencial en el escenario mundial, esencialmente en el desarrollo de productos y procesos como (el control biológico de plagas, la bioremediación, los organismos modificados genéticamente, sistemas de producción sostenible)”.

Contrasta el interés que se ha notado en los últimos años por el desarrollo del sistema regional de ciencia y tecnología, además de algunos estudios sobre el tema (Crece, 2002), frente a lo cual se concluye que ha disminuido notablemente el porcentaje de empresarios que tiene como práctica, permanente y esporádica, el desarrollo y mejoramiento de nuevos procesos de producción; aspecto ligado a la reducción de quienes lanzan nuevos productos y quienes realizan I+D. Esto parece estar asociado a: problemas para la innovación por la formación del recurso humano; pocas relaciones universidad–empresa para llevar a cabo proyectos de desarrollo tecnológico; costos elevados de la innovación; falta de vínculos de los industriales con las instituciones de investigación y escaso apoyo de las instituciones públicas, entre otros. con relación a los problemas para que esto conduzca a posibilidades ciertas de concreción, como una real conexión entre el gobierno, el sector académico y el sector productivo.

No solo se trata, entonces, de identificar los requerimientos tecnológicos y aún alcanzar ciertos niveles de comprensión. Lo que aquí se plantea es que la ciudad y la subregión deben construir una infraestructura científica que le dé soporte tecnológico a la agroindustria, ello implica darle institucionalidad y formalidad a los procesos de investigación y desarrollo, así como el de emprender la gestión del desarrollo desde una plataforma tecnológica propia, desarrollada y orientada a los requerimiento de nuestro entorno (Calderón y otros, 2004) .

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