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DESARROLLO AGROINDUSTRIAL SOSTENIBLE: SUBREGIÓN CENTRO-SUR DE CALDAS

 

Carlos Humberto González Escobar

 

 

 

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4.7. Seguridad Alimentaria

De acuerdo con las respuestas de los encuestados sobre su concepto con relación a la seguridad alimentaria, dijeron algunos que “todo debe estar enmarcado dentro de las políticas del estado y no solo del departamento” (E1). Si es así, también estaríamos negando la posibilidad de generar autonomía y de impulsar nuestras propias iniciativas, de antemano ya existe una política nacional con relación al tema de seguridad alimentaria, pero no podemos depender de sus enfoques, sus políticas y de la centralidad de la línea de orientación.

La construcción de región se da en la medida que seamos capaces de asumir nuestros propios compromisos, de estudiar y analizar las problemáticas rurales y urbanas, de reconocer cuales son las causas de nuestra crisis social y política, de identificar y definir políticas y estrategias de desarrollo pertinentes a nuestras condiciones.

No todas las soluciones vienen de la capital, del centro todopoderoso, del presidente o de un experto venido de otras esferas, se debe creer en lo nuestro, impulsar y apoyar el talento y el conocimiento de nuestros investigadores y expertos, claro, contrastado con expertos y experiencias externas. Pero si se quiere iniciar un proceso de desarrollo autónomo del territorio un factor esencial es crear institucionalidad regional (desarrollo del nivel meso), promover entornos de confianza y seguridad, impulsar iniciativas empresariales y económicas endógenas, sistemas de gestión de la innovación, investigación y desarrollo científico en nuestras instituciones académicas y centros de investigación.

El desarrollo de la institucionalidad regional estará dada en la medida que nos conozcamos e identifiquemos nuestras propias necesidades, en un auto diagnóstico del territorio y de diseñar nuestra apuesta colectiva de futuro, ese es el primer instrumento de la institucionalidad de la región, el trazar políticas y estrategias de desarrollo, el de construir formas organizativas sociales, públicas y privadas para agenciar ese desarrollo propuesto, ello significa diseñar las estructuras para gestionar los recursos y gerenciar el territorio.

Un planteamiento se realizó con relación a que “la comunidad debe seguir produciendo en pequeñas parcelas para el autoconsumo más no para el mercadeo” (E2), este es un planteamiento que reduce las posibilidades del pequeño productor a continuar en una economía de subsistencia, las fincas pequeñas, por su extensión están supeditadas a desaparecer en una marco de solo sobrevivencia.

¿Es el tamaño determinante para la competitividad de una propiedad rural? Los nuevos desarrollos proponen niveles de uso de tecnologías para hacer una explotación intensiva del suelo y el espacio, y aún, sin el uso de la tierra como lugar de producción. Este enfoque considera que las pequeñas parcelas son susceptibles de aprovecharse al máximo y de hacerlas rentables, a la vez que sostenibles.

¿Será posible que las nuevas técnicas y tecnologías de producción estén disponibles y asequibles para los pequeños productores? Esta sería una de las acciones primordiales de una apuesta incluyente de los pequeños productores a las dinámicas productivas de orden competitivo, en la medida que se incorporen a procesos de formación, asesoría y transferencia de tecnologías.

Es claro que los productores rurales y sus pequeñas parcelas tienen problemas complejos para resolver su situación de precariedad y baja calidad en la producción, su atención es más difícil y dispendiosa; ¿pero entonces que alternativa en el nuevo contexto global se les puede ofrecer?

El autoconsumo y la producción para abastecer sus propias necesidades limitan las posibilidades de explotación productiva, de innovación, para establecer alianzas entre pequeños productores en la constitución de empresas rentables y competitivas.

Porque si alguna estructura productiva tiene una composición elevada de pequeñas parcelas es el Departamento de Caldas, y la subregión centro–sur no se aleja mucho de ese mismo panorama.

Esa apuesta por la seguridad alimentaria para el autoconsumo es una versión reduccionista y excluyente en la medida que no permitiría explorar alternativas a futuro para el pequeño productor, lo que significaría su expulsión del campo y engrosar los cordones de pobreza y ahondar en el desasosiego de las zonas suburbanas y barriales de nuestras poblaciones y de la capital (aumento de la informalidad y de los niveles de miseria).

En la medida que las condiciones de explotación productiva se enfoquen hacia la sostenibilidad los sectores marginales y pobres de nuestra sociedad serán incluidos en el proceso, pues no es sostenible una apuesta a futuro que incline la balanza hacia los sectores privilegiados y las elites de la sociedad.

Por eso una apuesta de futuro debe ser colectiva, y atender las necesidades y expectativas de amplias capas de la comunidad rural y urbana que no se benefician de las oportunidades del llamado desarrollo.

Algunos proponen que “debemos producir primero para alimentar nuestra población; luego mejorar la calidad de vida, rentabilidad y productividad; los excedentes deben ir a exportación” (E4). En esta estrategia se propone el autoconsumo en el territorio (Manizales importa más del 70% de los productos perecederos que consume de otras regiones del país), en una segunda fase mejorar las condiciones de calidad y productividad rural para incursionar en otros mercados mas exigentes y altamente competidos, como las exportaciones.

El hecho es cómo se podría desarrollar un escenario futuro de seguridad alimentaria y con valor agregado en la que se incluya a todos los productores rurales sin exclusión.

Se entiende que el concepto de seguridad alimentaria desborda el pensamiento tradicional de autoconsumo y se adentra en un enfoque integral de atención a la demanda mundial por alimentos, la cual es una necesidad de todos los países, en especial los de mejores niveles de ingreso de la población, que demandan productos agrarios orgánicos.

En general, se requiere la construcción de infraestructura física y social, mejorar la calidad de la educación, programas de formación a productores, formación de capital humano acorde con los requerimientos del entorno, la formulación participativa y abierta de una plan prospectivo y estratégico para el desarrollo agroindustrial sostenible de la subregión y así conectarse a las nuevas condiciones del escenario global. La educación se convierte en un tema eje del desarrollo subregional, aunado a su cultura, las identidades, los significados y mentalidades de los pobladores, el incorporar a sus pobladores y productores en procesos de adaptación y cambio permanente con dirección a un pensamiento colectivo de desarrollo, para apropiar la competitividad como una prioridad tanto del individuo como de la sociedad, para eso se requiere poner a circular nuevos sentidos, a diseñar estrategias transversales de comunicación e información, a elaborar propuestas pedagógicas innovadoras que estén cercanas a la realidad y cotidianidad de la comunidad rural y urbana.

Con relación a la estrategia financiera siempre será necesaria en la medida que se exigen recursos frescos y abundantes para que se inviertan en las nuevas empresas, pero también pueden diseñarse propuestas de financiación alternativas: fondos público -privados, el sistema de microcréditos, la creación de banca comunitaria, o sistemas solidarios de financiación, cooperativas o fondos de financiación comunitarios, la emisión de títulos o acciones de las nuevas organizaciones (sociedades anónimas abiertas por ejemplo) productivas para que puedan tener acceso a ellas los pequeños productores, la vinculación a bolsas agropecuarias con las ventas a futuro de las producciones, las garantías en los contratos asociativos de producción (contratos de preventa de la cosecha), la cooperación nacional e internacional, la cofinanciación, entre otras opciones que pueden implementarse.

Algunas sugerencias adicionales encontradas, fueron las siguientes:

Con referencias a “la planificación de la producción”, ésta es una estrategia de regulación de la oferta productiva a partir de atender las cuotas específicas requeridas por la demanda, pues la experiencia con el sector rural ha sido la de siembras desordenadas con los mismos tipos de productos cuando los precios están altos y se tiene un mercado activo y una alta demanda temporal de esos productos, lo que genera en el momento de la recolección de la cosecha sobreoferta y por tal provoca la tendencia a la baja de los precios, provocando perdidas cuantiosas a los productores.

Se recoge además la importancia manifiesta de la organización de productores y el desarrollo de cadenas productivas, expresamente se dice que “es importante, además, la estimulación para la formación de grupos asociativos y comunitarios, como la conexión de la cadena de productores, los proveedores, los industriales y los comercializadores”.

La planificación de la producción es una importante estrategia para evitar la sobreoferta de productos en el mercado, como la generación de desequilibrios, en los que, por lo general, el productor sale perdiendo; una de las formas para hacer esa autorregulación de la oferta es mediante la firma de contratos de producción entre productores y entidades de comercialización (hipermercados o industrias), esta relación contractual garantiza que el producto tenga un cliente mayorista dispuesto y comprometido según las condiciones pactadas a adquirir el total de la producción que se obtenga de determinada cosecha, de por sí se crea un entorno de seguridad y confianza en la cadena productiva, y más si a ello se agrega la adquisición de seguros y amparos eventuales, problemas en la naturaleza (invierno, fitosanitarios), garantías de entrega y contingencias extremas como las incursiones y presiones de grupos al margen de la ley.

Otro tema fundamental en la cadena de comercialización de los productos agropecuarios es la serie de intermediarios que intervienen en la distribución de sus productos, cadena en la cual participan grandes inversionistas y especuladores del mercado, quienes solo arriesgan, en un corto tiempo, grandes montos de capital pero con un alto retorno sobre la inversión, y son quienes se benefician de la rentabilidad del negocio de la producción rural, sin un esfuerzo sobresaliente, sin afrontar los riesgos que conlleva el proceso productivo. El intermediario es el prototipo del miembro participante que manipula y maneja la economía rentista y especulativa, porque su interés es controlar la oferta y demanda del mercado, y con sus artimañas hacer bajar y subir el precio de acuerdo con sus conveniencias.

En la medida que se formalice e institucionalice la articulación entre el sistema productivo con los mercados, que exista una relación contractual cercana a la cadena de valor productor–comercializador–consumidor final se obtendrán grandes beneficios para todos los participantes, pero, en especial, para el productor, quien obtendría estabilidad y garantía en precios, y un ingreso más equitativo por su actividad económica.

La asociación de productores es un elemento que trasciende el formalismo de la integración por la integración, en el trasfondo lo que existe es un cambio en los patrones culturales existentes, que puede conducir a nuevas condiciones sociales en la producción, pasar de comportamientos individuales a actuaciones en equipo con otros (una problemática nuestra el individualismo), a establecer nuevos cimientos de tejido comunitario, productivo y entornos sociales de confianza.

Para construir tejido social y empresarial es vital la confianza, la integración de energías, sentidos, percepciones, anhelos y sueños posibles de actores sociales y empresariales, no solo basta con exponer la estrategia, ello exige entronizar nuevas formas de dialogar, comunicarse, negociar, producir, vivir, habitar, construir empresa y sociedad.

Se asume igualmente una posición frente a la organización productiva de un territorio aprovechando las condiciones naturales, sociales, políticas, técnicas y demás que hacen contribuyan a “la especialización en ciertos productos con su respectiva comercialización a los mercados nacionales e internacionales”. Si algo determina la eficiencia y productividad de las empresas y del territorio es el de la especialización productiva de acuerdo con sus propias capacidades, a las demandas y expectativas del mercado regional, nacional e internacional, las posibilidades de innovar y vincular procesos de avance tecnológico.

La especialización implica identificar cuál es la vocación productiva del territorio (diagnóstico técnico basado en expertos), cuáles son las posibilidades de explotación productiva sostenible de nuestros suelos y diversidad de climas, de los productos que ya se tienen, como de los que podrían adaptarse a esas condiciones naturales. En fin, cuáles son las ventajas comparativas que ya poseemos y qué se requiere para diseñar las ventajas competitivas a futuro del territorio, porque ésas son las que hay que construir colectivamente con nuestro talento humano, con los centros académicos e investigativos, con nuestros propios desarrollos tecnológicos, que le dé el sello regional y que le impriman una diferenciación en el mercado en el largo plazo; que sean ventajas competitivas sostenibles.

Allí se hace importante la academia, porque, en alianza con los productores y planificadores, se puede determinar qué tipo de investigación aplicada se necesita, el tipo de tecnología a transferir, a adaptar o a desarrollar; cuál es el nivel de inversión en ciencia y tecnología regional para el desarrollo productivo y competitivo de la agroindustria.

El valor agregado en conocimiento debe ser propio y que se distribuya y permee al sector productivo rural en general, se deberá pretender la democratización y distribución equitativa del conocimiento. Al apoyar el talento humano y el desarrollo del conocimiento propio se estimula la evolución científica y productiva del territorio, la estrategia que afecta y desestimula la investigación de nuestra academia es la inversión en tecnología de otros países, la cual tiene generalmente paquetes sellados y exige expertos internacionales para su manejo, el asesoramiento y el mantenimiento de los equipos, modelos o diseños.

La conexión entre actores organizacionales como las incubadoras y la propuesta de los distritos agroindustriales da señales de las necesarias y posibles alianzas que pueden surgir para constituir y consolidar estos últimos. Sin embargo es necesario resaltar que los DAI en su concepción original plantean una estructura organizacional y administrativa concentrada en la Gobernación del Departamento y en las administraciones locales, por lo cual su forma organizativa se circunscribe directamente a la política oficial, no posee una forma legal y autónoma de operación y actúa bajo los procesos de mera “voluntad” de las instituciones, en el centro de la responsabilidad de sus funciones se encuentra una secretaría del distrito quien hace el papel de dirigir, planear y coordinar las diversas y complejas actividades que demanda toda una subregión.

Más allá de lo técnico productivo se encuentra la posibilidad de la “constitución de una sociedad del conocimiento y cambio en las políticas y en los dirigentes”. Se requiere de una reingeniería de las políticas, los programas y los sistemas de planeación y ejecución de la propuesta de los DAI.

La sociedad del conocimiento puede ser un término o un concepto que puede desgastarse en el tiempo o convertirse en una visión de desarrollo futuro de una sociedad, para construir sociedad o subregión del conocimiento debe iniciarse por la forma como gestionamos, participamos, soñamos, pensamos, actuamos, como es nuestro sistema educativo, las formas de comunicación, las identidades, la cultura, la economía, la producción, la calidad de nuestro trabajo, de cómo actuamos y como decidimos, quienes somos y hacia donde nos dirigimos, pero no de manera individual, sino colectiva.

La concepción de las plantas y empresas agroindustriales debe tener una orientación hacia mercados externos y lograr cubrir parte del mercado interno, porque si se le da un enfoque global, y un diseño empresarial competitivo deberán ser capaces de incursionar en mercados altamente competidos.

El definir las prioridades para establecer procesos de valor agregado en la subregión parece estar enmarcado en lo básico, en las etapas de niveles simples de uso técnico sin incluir componentes de conocimiento, o deberá apostarse por incorporar avances significativos en innovación, o en componentes de ciencia y tecnología aplicados. Es una pretensión avizorar la posibilidad de establecer y consolidar una plataforma tecnológica para nuevas empresas agroindustriales de base tecnológica.

¿Cómo hacer que confluyan los intereses y capacidades de pequeños empresarios y grandes empresarios? Ese es el reto que le concierne a un esquema democrático, equitativo y sostenible de una subregión.

Los pequeños productores deben desarrollar las condiciones sociales, culturales, políticas y económicas para articularse a las nuevas dinámicas del mercado, de la competitividad y la productividad rural. El convertirlos en empresarios, el de construir empresas sólidas financiera y productivamente, el de producir a partir de insumos no contaminantes y entregar productos sanos a la sociedad y a su entorno es un propósito con neta intencionalidad competitiva, y a ello debe confluir la estructura productiva de la subregión. Ese sentido deberá estar enmarcado en los retos de la globalidad, la productividad y la competitividad del territorio.

“Las dos alternativas al concepto de seguridad alimentaria y exportación de productos no son excluyentes, pues existe una economía campesina que se debe educar para una auto subsistencia y autoconsumo con generación de excedentes para venta en poblados alejados con el fin de mejorar las condiciones de vida del campesino, no cultive productos ilícitos y no migre a la ciudad. La segunda alternativa se hace necesaria para suplir las necesidades de las grandes concentraciones urbanas (como Manizales)” (E56).

Esta idea incluye que exista en paralelo dos formas de intervención productiva en lo rural, la de producción para el autoconsumo de los pequeños productores y que a su vez atienda las necesidades de consumo interno de la región. El problema en este enfoque es que podemos quedarnos atrasados tecnológicamente para competir con productores de mayores niveles de desarrollo tanto en nuestro país como de otros países, y seamos desplazados del mercado por incompetitivos, por lo anterior, esta propuesta requiere estudio y revisarse en asuntos como la innovación y la incorporación de tecnologías.

El segundo escenario sería el más conveniente para una inserción del territorio en la economía global, en el cual todas las instituciones y actores sociales son conscientes, preparan su talento humano, destinan recursos a inversión en el fortalecimiento de su capital humano y social, existe una política seria y coherente para inversión en ciencia y tecnología, se establecen sinergias y alianzas estratégicas entre los actores sociales e institucionales, y su gran tarea es articular y conectar los productores de parcelas a centros productivos, cadenas y cluster de mayor dinámica y potencialidad de la región.

El tema del autoabastecimiento configura un modelo de producción para garantizar la seguridad alimentaria de los habitantes que habitan el territorio. Esto conduciría entonces, a diseñar procesos productivos limitados para abastecer la capacidad de demanda interna, sin que se establezcan excedentes para mercados extra regionales o para la exportación.

Un enfoque de autoabastecimiento regularía la producción, su capacidad y se dirigiría a satisfacer una demanda regional limitada, pero además deprimida que no permitiría apalancar procesos de ampliación de cobertura, de mejoramiento de la calidad y de valor agregado, ya que los volúmenes y los precios serán bajos y no tendrán capacidad de absorber los costos de la agregación tecnológica y del conocimiento.

Un concepto de seguridad alimentaria que supere el autoabastecimiento se encontraría en la generación de capacidad y competitividad de la producción rural, generando valor agregado y diferenciación en el mercado nacional e internacional, eso permitiría generar excedentes económicos, estimular la investigación y desarrollo, la retención de talento humano, la cualificación de las organizaciones productivas y sus agentes; desarrollar las cadenas productivas o cluster, y en general promover un cambio de modelo productivo y desarrollo subregional más acorde con las exigencias del mercado y la globalización.

La solución a la problemática social se encontraría en la generación de empleo e ingresos en los nuevos sectores dinámicos y potenciales que se incentiven para su desarrollo productivo y competitivo en el largo plazo, sería un empleo con mejores garantías y con posibilidades de expansión y cualificación permanente, elevando los niveles de eficiencia y productividad de las empresas y de la subregión.

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