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DESARROLLO AGROINDUSTRIAL SOSTENIBLE: SUBREGIÓN CENTRO-SUR DE CALDAS

 

Carlos Humberto González Escobar

 

 

 

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4.1.4. El Concepto de Subregión

La mirada sobre los territorios más que concepto de Nación o de País se han enfocado en propuestas de desarrollo en las regiones, de por sí este planteamiento genera controversias, para el efecto se auscultan algunos elementos teóricos que permitan entender el tema.

“El territorio organizado, cualquiera que sea su escala, será protagonista en el nuevo orden internacional de fines de siglo” (Boisier, 1992,11) . En su propuesta de territorio organizado considera que las regiones tienen mayor posibilidad en el escenario global. Estamos ante un nuevo escenario que configuran nuevas maneras de abordar el estudio del territorio y le asignan un papel trascendental al progreso técnico, a un nuevo enfoque de gestionar y administrar el estado en sus diferentes escalas.

El impacto desatado por la globalización ha provocado el establecimiento de nuevas estructuras políticas supranacionales que debilitan a las naciones, de ahí que surja un interés por la apertura a una geografía política, reduce el margen de maniobra de los gobiernos centrales; y provoca el deseo de universalidad y la necesidad de identidades locales (Bustamante, 2000). En hechos recientes han florecido nuevas estructuras globales con el propósito de entrar a controlar o regular las acciones económicas, políticas y sociales de las empresas y, en particular, de los estados, y aún de los ciudadanos.

Lo que se lee entre líneas es la nueva versión del hombre global, el cual pertenece y actúa en un territorio dado pero sus referentes de actuación también son universales, es un poco el tratamiento de la territorialidad y la desterritorialidad; con lo cual se está en una relación espacio tiempo cambiante y a veces temporal ella misma. Las identidades locales obtienen un mayor apego en las personas, por lo que derivan sus razones de existencia y, más que esto, de su procedencia cultural y lo hace tener arraigo por lo que le significa propio o perteneciente.

La globalización le exige a las naciones, y con mayor razón a los territorios, unos marcos de actuación o entornos institucionales distintos, es una nueva era en la cual se procure facilitar y generar las condiciones de participación de los actores sociales y hacer surgir actores estratégicos del territorio, en el cual el actor principal no es precisamente el gobierno o la administración territorial o local.

En esas nuevas condiciones de actuación de los territorios en un escenario global se deben establecer estructuras para el intercambio de bienes y servicios, de intangibles, de flujos de capital, y el comercio en general.

Se deriva de la globalización una presión sobre el estado–nación para descentralizar los sistemas políticos, administrativos y fiscales; que en nuestro caso se quedó a mitad de camino, con márgenes de maniobra limitados; pero corre paralelo a ese proceso la incapacidad en los territorios por asumir la gestión de lo público en la perspectiva del desarrollo. Las primeras frustraciones de la descentralización las genera el estado-centro desde la formulación de leyes que regulan la actuación autónoma de los territorios, para este caso los municipales, a los cuales se les establece los montos y las líneas de ejecución, sin revisar las dinámicas del territorio, sus particularidades culturales, políticas, ambientales y sociales.

Esos cambios globales en la economía han provocado cambios en los territorios, como los procesos de relocalización de las actividades productivas, en esa perspectiva se presentan los planteamientos de la nueva geografía económica, en los que hace fundamental los análisis de los factores naturales y espaciales de localización de las actividades productivas y conducen a ciertas explicaciones de la ubicación en algunos territorios de tejidos productivos y de concentración económica.

Esto explicaría porque existen regiones con progresos económicos y aparecen disparidades en otros dentro de un mismo país. Los factores endógenos del desarrollo económico se perciben mejor en ciertos territorios en donde hay acumulación, innovación y formación de capital social. (Moncayo, 2002, 8)

Se presenta igualmente una versión del concepto de “territorialidad”, ya no desde lo cultural, sino desde el enfoque económico de la NGE (nueva geografía económica), del geógrafo económico Michael Storper (citado por Moncayo), para referirse a la serie de actividades económicas establecidas que dependen de la ubicación en los territorios. Con lo cual se confirmaría la tesis de localización de las condiciones adecuadas para constituir estructuras productivas y económicas concentradas en zonas territoriales específicas.

Dentro del enfoque económico del desarrollo regional surge la NGE propuesta por Paúl Krugman cuyo planteamiento se refiere al crecimiento económico sobre lógicas circulares, debido a los encadenamientos productivos que conectados hacia atrás y hacia adelante crean una serie de actividades que se autorefuerzan continuamente.

Para confirmar la importancia del desarrollo económico local se ha encontrado que una de las variables sobre las cuales gira el crecimiento endógeno (según Krugman) son el capital humano, la gestión del conocimiento y la construcción de infraestructura.

Otro concepto teórico sustenta la localización de sistemas integrados de empresas o distritos industriales, basado en la acumulación flexible o modelo postfordista. La característica de esa flexibilidad está en la concentración de redes de pequeñas y medianas empresas, sistemas de apoyo y cooperación mutua, interrelación con la comunidad local, entendida como una economía de aglomeración. Que se encuentran organizadas y en operación a la manera de distritos industriales .

Incluso se ha llegado a afirmar que las causas de desajuste y ruptura de los territorios (dispersiones), manifestadas en crisis sociales y ahondamiento de la pobreza, son posibles ser estudiadas a profundidad en localidades o territorios más reducidos que la nación o el mundo, porque allí es posible entender sus precariedades y dificultades, comprender el fenómeno y posibilidades de ser abordado con propiedad.

Se considera que en el orden regional el gobierno tiende a convertirse en un animador y facilitador de las alianzas público–privadas, la constitución de marcos institucionales y organizaciones para apoyar la gestión del desarrollo, ante la entrada en crisis del modelo de estado bienestar y el ingreso de nuevas competencias a las regiones.

En estas condiciones el estado se encargará de funciones esenciales en seguridad, ciudadanía, bienestar, y dirección de la política macroeconómica; conservando aún vestigios de poder militar, empresarial y burocracias interesadas en el centralismo y el control.

El positivo desarrollo de las regiones depende de condiciones internas y de condiciones externas, de las cuales los factores internos son de exclusivo compromiso de los actores sociales del territorio, los actores empresariales e institucionales.

Recientes estudios han concluido que el modelo de distrito entró en una fase de agotamiento, para lo cual se ha incorporado al concepto tradicional de distrito los aspectos de innovación tecnológica, conduciendo la mirada hacia sectores modernos y más avanzados del sector terciario. Estos tienden a la concentración espacial y a la acumulación por lo cual se ubican en un territorio en donde encuentran ciertas condiciones especiales para la interacción de actores estratégicos del conocimiento pretendiendo la evolución y desarrollo de nuevos procesos y productos. En esa perspectiva la localización desde el punto de vista geográfico, de ubicación por ventajas comparativas, en especial, por la disponibilidad de una capital físico y natural del territorio, sufre una transformación en el sentido de la influencia esencial del conocimiento, para el cual las condiciones de evolución y gestión se orientan a otros escenarios sociales y requiere unas bases culturales y educativas para su consolidación.

El desarrollo competitivo de los países y las regiones gana en importancia por la adhesión a los factores productividad y de cambio tecnológico tanto en los territorios como en las organizaciones sociales y productivas. La competitividad no es significativamente infraestructura, ni está restringida a los sistemas de producción económica, ella está también en los recursos intangibles y en el capital intelectual de la sociedad, en el capital organizacional que contienen los sistemas sociales y las instituciones.

Desde ese mismo enfoque del desarrollo Porter propuso su concepto de diamante basado en cuatro condicionantes (Porter, 1990):

1. “La existencia de factores de producción: básicos; recursos naturales, clima, fuerza laboral, ubicación y capital. Factores avanzados en comunicaciones, formación profesional, centros de investigación, entre otros.

2. Tamaño del mercado interno.

3. La industria de apoyo y relacionada.

4. Estrategias de las empresas y el marco de regulación de la competencia interna” .

De este enfoque se registraron varios estudios denominados monitor, realizados por equipo de consultoría bajo la tutoría de Porter en el país, especialmente de regiones y ciudades como Bogotá, y departamentos como Valle y Antioquia; que han servido como referentes para la estructuración de políticas y planes de desarrollo local y regional, y que pueden considerarse los inicios del cambio en el esquema de gestión de la capital de la república.

Los conceptos de Porter abordaron el tema del diseño de ventajas competitivas a partir de las capacidades de las empresas y de los territorios, y el de cluster, que plantea la articulación de las industrias competitivas en conexiones de redes, como un flujo de interacciones y transacciones diversas. Ese complejo de interrelaciones forma un denso tejido social y empresarial fundamental en la dinamización de la economía de un territorio.

Para efectos de la investigación es de importancia relevante el concepto de competitividad, pero en este caso, desde la óptica de lo local, y en lo que se denomina el nivel micro o escenario específico en donde se dan los intercambios de los actores sociales e institucionales . Se da relevancia al desarrollo del nivel meso o intermedio, como aquel que permite conectar las apuestas del Gobierno Nacional y de los sectores privados.

El concepto de competitividad sistémica va más allá de la propuesta formulada por la OCDE (Competitividad estructural), la cual incluye la dimensión política como factor de competitividad. La creación de un entorno innovador y sustentador conectando a las empresas es insuficiente sino existe una actuación contundente del estado y otras redes de actores sociales pertenecientes al territorio (CEPAL, 1998).

El resurgir de lo regional como una alternativa de redefinición de la función y la gestión pública en donde el rol del estado configura nuevos patrones de poder y de control. La región representa una nueva opción de organización y gestión económica y social de carácter competitivo.

La descentralización en las esferas de lo político, fiscal y administrativo son inicios de la conformación de regiones autónomas, aún con un criterio relativo en nuestro contexto, en la cual se establecen sociedades dotadas de recursos e infraestructura, identidad y cultura territorial, intercambio de bienes y servicios, por tal desarrollan una dinámica económica propia y de por sí, su capacidad de gestión política.

La relevancia de lo regional se evidencia en su papel como agente estratégico y cohesionador de las distintas dimensiones del desarrollo, en lo político, lo social y lo cultural; como ente articulador de los diferentes actores sociales e institucionales dirigidos a potenciar sus capacidades y lograr mejores niveles de desarrollo.

El concepto de región como un territorio organizado, con las posibilidades de inserción con capacidad en los escenarios globales. No centrado solo en su capital natural, en las denominadas ventajas comparativas, sino en su configuración como escenario competitivo que diseña y gestiona su apuesta de futuro en el nuevo orden mundial.

La comprensión de la inserción internacional de las regiones en el mundo globalizado, más autónomo e interdependiente, desregularizado, conduce a un repensar del significado de lo regional, las formas de organización e integración, los estilos de dirección y de gestión de los territorios.

La construcción de región desde el punto de vista conceptual ha superado la versión netamente geográfica, se plantea que “una región es hoy, una estructura compleja e interactiva y de múltiples límites, en la cual el contenido define el contenedor (límites, tamaño y atributos geográficos). Una región es hoy una y múltiple simultáneamente, puesto que superada la noción de contigüidad, cualquier región conforma alianzas tácticas para el logro de objetivos determinados y por plazos igualmente determinados con otras regiones, a fin de posicionarse mejor en el contexto internacional” (Boiser, 1992)

Se presenta un interés superior por los factores culturales y sociales, que identifica a los habitantes del territorio más allá de los atributos físicos y geográficos que son el contenedor.

Las formas organizativas de las naciones, las ciudades y sus escalas internas de organización (barrial, comunal) son componentes de aglomeraciones económicas superiores, constituidas de actuaciones en un escenario global, en una economía de mercado en donde proliferan las transacciones financieras fluidas y complejas, avances tecnológicos constantes e imperceptibles. La economía global se constituye como una maqueta de heterogéneos territorios económicos y sociales. Estableciendo nexos e interacciones entre regiones, ciudades y países, en los que se denomina el Estado–red (Castells, 1998). Esto supone la confección de alianzas diversas entre los diferentes frentes de escalas de país y de región.

En la búsqueda del desarrollo las regiones pueden establecer mecanismos de cooperación y apoyo ya sea de carácter formal o no con otras regiones, no necesariamente las más cercanas, lo que puede constituir la figura de “regiones virtuales” (Boisier, 1992), organizadas estratégicamente con el propósito de alcanzar metas comunes en el corto o mediano plazo.

La mirada de la alianza con las otras regiones depende de la fuerza de su identidad, como la integre y le dé garantías de conservación y sostenibilidad, guardando cierto equilibrio para que no se convierta en dominación, lo que puede se presenta es la cultura regional como factor mediador; son el conjunto de valores, mentalidades, simbologías y patrones sociales integradores. La identidad y la cultura como sustentos del quehacer regional y de su conformación como región.

Este concepto de región se establece como una nueva categoría territorial y política, con la pretensión de convertir el territorio en sujeto de desarrollo, es la configuración del territorio como un actor clave de desarrollo, sustentado en arreglo a las condiciones y capacidades de sus agentes y actores sociales organizados en función de una apuesta colectiva, en la construcción social y política de la región.

El desarrollo regional es entonces una construcción social, en donde el alma del contenido es su capital humano y no el territorio solamente. Es así como se entiende el desarrollo regional como la transición de una región cosificada como un objeto, a convertirla en una región sujeto (Boisier, 1988)

Esta conformación de la región objeto en región sujeto se establece de la comparación entre una comunidad sin norte, en la cual no se presenta iniciativa, ni un liderazgo colectivo. En donde la proliferación de expectativas e intereses se trastocan, cada agente lucha por extraer el máximo provecho de los recursos de la administración pública, son sus expectativas personales o sectoriales, en las que estas predominan sobre el interés general.

Cuando se establece la región como sujeto activo se ha logrado articular los diversos agentes sociales y la comunidad se ha organizado en elementos comunes, se tienen factores sociales y culturales que identifican a dichos agentes con el territorio organizado.

El desarrollo regional implica también el crecimiento del ser humano a través de la construcción de tejido social, de la conformación de una clase de dirigentes políticos que asuman el compromiso por el desarrollo en sus discursos, pero también en sus decisiones y en sus acciones.

Los procesos de crecimiento y desarrollo tienen diferentes factores multicausales los cuales no se quedan en los subsistemas conocidos (social, político, institucional, etc.), sino que abarca lo “espacial” del territorio y conforma subsistemas que toman la denominación de “región” o “localidad”. (Cossio, 2003)

Grafico 3. Transformación en Región Sujeto

Fuente: Tomado de Boisier

Se entiende el territorio como el contenedor físico espacial en donde se ubica la actuación y convivencia de las personas, su evolución humana en interacción permanente con el ecosistema, su distribución y conformación artificial, y de los intercambios permanentes de carácter social y cultural, lo que le permite conformar una manera especial de territorio.

En el sentido del territorio socialmente construido se incorpora el concepto de región con la integración de lo humano con lo espacial, sus hechos culturales y sociales tienen trascendencia en la conformación de su identidad. Es la región como “territorio organizado”, en la que convergen tanto los comportamientos culturales como sus acciones productivas, la transformación e intercambio social y económico.

Un concepto extraído de los recientes aportes del desarrollo sostenible y que se ha propuesto desde el estudio de Ecoregión Eje Cafetero, es el de bioregión, en la que su mirada, con un sesgo netamente natural, lo propone como “un territorio de agua y suelo cuyos límites son definidos por los límites geográficos de comunidades humanas y sistemas ecológicos. Un área suficientemente amplia para mantener la integridad de las comunidades biológicas, hábitat y ecosistemas de la región; sostener procesos ecológicos esenciales, tales como los ciclos de nutrientes y residuos, migración y flujos; satisfacer los requerimientos del territorio para especies claves; e incluir las comunidades humanas en el manejo, uso y comprensión de los recursos biológicos. Debe ser lo suficientemente pequeña para que los residentes locales la consideren su hogar” (Guimaraes, 2004).

La bioregión comprende cuatro elementos de la plataforma natural: las áreas centrales en donde se generan los servicios ambientales, zonas de transición o amortiguadoras, los corredores o áreas de transito de la biodiversidad y la matriz. De su conocimiento y exploración se puede establecer sus posibilidades de desarrollo productivo sostenible, tema sobre el cual se requiere una acción comprometida del hombre dirigente y de los actores sociales del territorio .

La base natural se conjuga con el rol del ser humano, en su actuación social, económica y política, en la conformación de una sociedad equitativa y sostenible.

Para el caso del estudio el interés se centra en el concepto de subregión, como una parte del territorio que tiene unas líneas que lo demarcan, en estos términos de una bioregión, los límites de sus fronteras son la plataforma natural (generalmente son las corrientes de agua), las líneas que marcan un territorio como subregión tendría no solo elementos de plataforma natural, también tendría elementos de carácter social, cultural, político, administrativo y económico.

En general la subregión se trataría como una porción de territorio inmediatamente inferior a la unidad regional, cuyas propiedades socioeconómicas y socioculturales le determinan una unidad económica y un significado social que la representa ante el sistema o macrosistema donde esta inmersa. De esta manera se entendería como un subsistema incorporado a un sistema articulado de región.

Según la determinación del Gobierno de Caldas son “zonas del territorio con características homogéneas y dinámicas comunes y diferenciadas (...) cuyo objetivo esencial es aprovechar las particularidades y complementariedades de cada zona del territorio departamental y las ventajas comparativas derivadas de sus características propias y su ubicación relativa en el contexto” .

La conformación jurídica mediante acto de la asamblea de Caldas le da un cariz de organización administrativa y en referencia a una apuesta estipulada en el plan de desarrollo, mediante la cual se constituye una orden legal, pero con poco sello institucional. ¿Qué tan legitimado se considera en este nuevo proceso de gestión el hecho de que se hayan definido las seis Subregiones en Caldas?

Parece confirmar el estudio sobre la manera en que se han apropiado los conceptos de subregión y de distrito, estos han sido emitidos desde el gobierno regional y estipulados en una forma legal, difundidos a través de los planes y proyectos, pero con pocas posibilidades de comprensión de sus actores sociales, parecería una nimiedad, pero ese es el nuevo sentido de construcción social de territorio. Con antelación la administración pública y sus actores deben establecer una apuesta futuro de desarrollo, en la cual se incluya la apertura a espacios de discusión y de deliberación en torno a los intereses de la subregión.

Es la subregión una unidad territorial dentro de una región, como territorios organizados, pueden constituirse en entes de gestión del desarrollo de manera que sirvan de mediadores y animadores de las potencialidades existentes, o de las denominadas ventajas comparativas, y construir los nuevos factores diferenciadores y generadores de ventajas competitivas del territorio.

Existen diferentes formas de organización del territorio que se han definido dentro de la vida jurídica del país, pero ninguna establece la manera de estructurar las subregiones, por tanto esto sugiere la entrada a nuevas posibilidades de desarrollo institucional de manera creativa, aún dentro de los marcos jurídicos territoriales.

Uno de los esquemas de organización territorial es el de áreas metropolitanas los cuales se establecieron constitucionalmente mediante acto legislativo número 1 de 1968 y en la Constitución de 1991 se les da un nuevo tratamiento. Esta figura ha sido recogida de la teoría político–administrativa norteamericana y se trasladaron a Colombia.

En el artículo 319 de la Constitución se define que cuando dos o más municipios tengan relaciones económicas, sociales y físicas, que den al conjunto una característica de área metropolitana, podrá organizarse como entidad administrativa para programar y coordinar el desarrollo armónico e integrado del territorio, racionalizar la prestación de servicios públicos a cargo de los municipios que la integran y, si es el caso, prestar en común algunos de ellos, además la función de ejecutar obras de interés metropolitano.

La ley de ordenamiento territorial adopta para las áreas metropolitanas un régimen administrativo y fiscal de carácter especial; garantiza que los órganos de administración municipal tengan adecuada participación de las respectivas autoridades municipales y señalará la forma de convocar y realizar consultas populares que decidan la vinculación de los municipios.

Cumplida la consulta popular, los respectivos alcaldes y los consejos municipales protocolizarán la construcción del área, definirán atribuciones, financiación y las autoridades de gobierno y administración. Igualmente, la ley regula que las áreas metropolitanas podrán convertirse en distritos.

Los análisis recientes sobre el comportamiento de esta figura en la gestión de los territorios no le entrega un concepto muy favorable, se dice que ha perdido eficacia y desdibujado su papel, convirtiéndose en una secretaría menor de obras públicas, abandonando su sentido inicial de ocuparse de la planeación metropolitana y enfrentar los problemas de conurbación .

Las AMs (áreas metropolitanas) deben iniciar un proceso de estructuración hacia una gestión de desarrollo estratégico y prospectivo, tomando como referente las nuevas dinámicas del entorno territorial y global, su énfasis actual reduce a un papel secundario, sin el protagonismo que deberían tener y su capacidad de gestión no debe ceñirse al campo financiero y desarrollo de infraestructura urbana únicamente.

Como resultado de las consultas a expertos se describe las diferentes concepciones de organización territorial y que para el caso de la región han venido proliferando diferentes estudios y propuestas, entre ellos el mencionado de la Ecoregión Eje Cafetero como un proyecto que tiene como propósito “construir un ordenamiento territorial para la región, que permita su crecimiento, uso y ocupación, hacia un modelo de desarrollo sostenible y contribuya a cohesionar y movilizar a sus actores tras intereses y propósitos comunes” .

Se están promoviendo desde varias instancias tres formas de organización territorial, además de la mencionada, exclusivamente en la subregión centro –sur, ellas son la propuesta de subregión, distrito agroindustrial y área metropolitana.

El de área metropolitana no rivaliza con el brindado de distrito agroindustrial, debido a que la primera tiene como radio de acción la urbe, mientras que el otro es el sector rural. Esto de cierta manera corresponde al perfil que han tomado las áreas metropolitanas, aunque los distritos tienen un enfoque agropecuario su sentido de gestión y actuación no se concentra solo en lo rural, si algo contribuye a consolidar el desarrollo agroindustrial son las sinergias rural urbanas, sustentado en varios hechos modernos, la articulación con la investigación, innovación y el desarrollo tecnológico, esto solo ya requiere complementariedad con la institucionalidad y la capacidad del mundo citadino, y más en el caso de la subregión centro–sur en donde se concentra el eje de producción intelectual en la capital, con alguna excepción de Cenicafé (ubicado en Chinchiná) y alguna otra institución educadora.

La articulación de la subregión en el contexto del proyecto ecoregión podría darse a través de la conformación del área metropolitana debido a que ella ofrecería jalonar el desarrollo subregional a través de la identificación de hitos o hechos metropolitanos articuladores de intereses comunes y que ofrecen beneficios en el ámbito ecoregional. Esto explica la complementariedad de las figuras territoriales y lo que sella la concepción metropolitana como hacedora de infraestructura de la competitividad territorial, conexión y comunicación, además de dotaciones en servicios esenciales.

El costo de no hacer un área metropolitana, es demasiado elevado para la ciudad de Manizales y sus municipios vecinos. Para la capital, aumento de los niveles de marginalidad, inseguridad, informalidad, desempleo y un menor nivel de competitividad. Para todos los municipios, una creciente incapacidad para el manejo de problemas que rebasan sus fronteras (Calderón, 2001).

Un primer argumento que se expone en contra se refiere al recelo de los municipios de la periferia con relación a las supuestas relaciones dominantes de la capital. Retomado de la historia del país por aquello del centralismo de Bogotá, que se reflejó en un comportamiento comparable en las capitales departamentales con los municipios bajo su jurisdicción. En la región se considera que la separación del gran Caldas fue provocada por las asiduas demostraciones de centralismo de la capital.

Una de las maneras que se propone desestimar esas pretensiones centralistas se expone en la ley 128 de 1994; en cuanto al tema de la dirección, el monto de los recursos que se le inyectan y su inversión. Los Municipios entran con idénticos derechos decisorios en sus órganos de dirección, y sus aportes provienen de una proporción fija (2x1.000) del impuesto predial y de la sobretasa a la gasolina que se cobre dentro de la jurisdicción del área metropolitana.

En el caso del gravamen catastral el aporte de Manizales estaría en el orden del 85% y en la sobretasa a la gasolina el 80.6%. La participación de los Municipios es así:

Esto significa que con un promedio bajo de participación en el aporte de los impuestos (un promedio inferior al 4%), tienen el poder de voto del 20% en el gobierno del área metropolitana. La capital tiene un marco protector que le otorga la ley y es que, sin su voto, no se puede adoptar el presupuesto.

El impacto que le entrega a este mismo territorio la conexión con la región a través de la autopista del café y la construcción aprobada del aeropuerto de Palestina, tendría otro sustento para su dinamización con la constitución del área metropolitana, con recursos financieros para emprender el desarrollo de la infraestructura complementaria.

Un viraje a la marginal experiencia de gestión de las áreas metropolitanas en el país lo daría la posibilidad de convertirse en un actor institucional estratégico en la gestión de proyectos de desarrollo, tales como: la reforestación de cuencas hidrográficas, parques naturales y rutas ecoturísticas, proyectos de seguridad alimentaria, prestación de servicios públicos, centrales de abastos, central de sacrificio, la construcción de una infraestructura mínima de seguridad energética con microcentrales hidroeléctricas y generadores solares.

Esta entidad sería la impulsora de nuevos hitos territoriales, promover relaciones interregionales, así como el redimensionar los procesos de planeación y gestión del desarrollo.

La creación y posible consolidación de un proceso de metropolización en la subregión centro–sur, tiene un valor fundamental en que puede convertir a ésta en eje dinamizador de las actividades económicas, políticas y culturales de la región y punto de referencia para la organización espacial del territorio.

El área metropolitana del centro–sur de Caldas está ubicada dentro del territorio denominado “Ciudad–Región” , con lo cual se conecta con las áreas metropolitanas de Armenia y Pereira, ambas son componente clave de la propuesta Ecoregión Eje Cafetero, como escenario prospectivo de desarrollo sostenible.

La conformación de las subregiones como territorios organizados es aún incipiente, se requiere de la construcción social, el desarrollo tecnológico y la conexión de los centros de investigación, la formación empresarial de productores rurales y de pequeños empresarios urbanos. La estructuración de formas organizativas de diverso orden, como un nuevo entramado social e institucional que asuma el rol del liderazgo y la capacidad de gestión del desarrollo subregional.

El tratamiento a la verdadera descentralización en el país está aún por resolverse, los últimos intentos de presentación de proyectos de ley para hacer concreto lo que expone la constitución nacional sobre la organización del país en regiones y provincias (una verdadera ley de ordenamiento territorial), y convertir a estos en nuevas formas de ordenamiento, se han quedado relegadas y no existe animo político para su gestión jurídica.

En los inicios del gobierno presidencial del Dr. Álvaro Uribe se retomó el tema, además por tratarse de un tema de su programa de gobierno, lo que generó diversas reacciones en dirigentes políticos y en algunos gobernantes. Para algunos académicos la crítica se cierne sobre los departamentos como organizaciones “fantasmas” y que no tienen consonancia con la composición social y cultural de los territorios subnacionales.

Colombia es un país de diversidad étnica y multicultural, y sin embargo ha sido incapaz de definir una estructura de regiones, esquema que se hace cada vez más indispensable para proyectarse con capacidad en el futuro. Las regiones son una necesidad desde cualesquiera de las ópticas que se quiera mirar, desde lo político, lo social, lo cultural, lo territorial y aún desde lo ambiental.

Es indispensable darle un desarrollo normativo a lo que podría conocerse como la ley orgánica de ordenamiento territorial, de manera que se permita desde la perspectiva de construcción de las regiones una democratización del poder. Los estudios recientes demuestran que la configuración de los departamentos no es el conector que articule la periferia con el centro.

Un instrumento interesante que existió, por poco tiempo en el país, fue los llamados CORPES dedicados a servir de organismo promotor de la integración regional, de identificar potencialidades de desarrollo, de diseñar planes y proyectos estratégicos y prospectivos de las regiones, y por falta de voluntad política fueron eliminados. Este tipo de ejercicios de planificación territorial y de investigación debe recogerse, en un mundo global es impensable no tener un organismo que se encargue de hacer análisis y planeación regional.

El Eje Cafetero con sus tres departamentos, aún integrados, sigue siendo todavía una región pequeña en el contexto nacional; reducido en su conformación geográfica, en la participación económica y poblacional. Sin embargo integrándose puede convertirse en un territorio con posibilidades de incursionar en el mercado internacional. Hacer que toda esa capacidad de su estructura económica y social pueda competir en condiciones en los intercambios comerciales con Europa, Asía y los Estados Unidos.

Pero siguen preponderando intereses personales y partidistas para no entrar a democratizar el poder. El estado centralizado, la concentración del poder, el manejo desde centros de poder como el congreso y los ministerios, la politización de los entes públicos en todas las escalas del Estado han cercenado la posibilidad de ejercer mejores niveles de autonomía local y empoderamiento social de lo público. El ideal es que el poder propio de las regiones organice y defina su quehacer, cuál es su perspectiva futura de desarrollo, su vocación productiva y su apuesta estratégica.

La regionalización es una necesidad imperante y una exigencia del mundo moderno, existen experiencias exitosas como las comunidades autónomas en España. Con esto se demuestra que las regiones con cierto nivel de autonomía en lo jurídico, financiero, social, político y económico les ha permitido generar una perspectiva mejor de desarrollo.

En la conformación del desarrollo agroindustrial es importante atender las condiciones específicas del ambiente territorial, de su ecosistema y de ahí identificar cuáles son las vocaciones productivas factibles, de qué recursos naturales, sociales, educativos, investigativos, económicos y culturales se dispone; definir y construir la infraestructura física y social para establecer condiciones de desarrollo en una región. Lo agroindustrial no se debe tratar como un asunto aislado del sistema regional, ella constituye una parte del subsistema productivo y de la economía. No se ha podido, por la complejidad, las dimensiones y por el tipo de organización administrativa que tienen la figura de Departamentos, construir una verdadera región (es) competitiva, estructurada e interactiva con el entorno global.

La competitividad de una región está soportada en esa infraestructura que ella misma está en capacidad de construir. El caso más especial, por su complejidad y dimensiones, se puede tomar del desarrollo tecnológico y la innovación, sus costos son elevados, obtener el aporte científico requiere de disponer de formación avanzada de talentos en campos del conocimiento altamente especializados, la articulación de los centros de investigación, el sistema educativo y la institucionalidad regional que asuma el rol de la gestión del conocimiento como factor estratégico de desarrollo.

Cuando se plantea construir región no se trata de pegar pedazos de país, se trata de estructurar territorios con capacidad de competir en el escenario mundial. El mapa hay que trazarlo desde el punto de vista de su identidad territorial y sus factores sociales y culturales. La regionalización debe ser menos de lo físico y más del componente social y cultural; en donde se constituyan escenarios de participación de sus habitantes como actores sociales del desarrollo, con capacidad de disertar, discutir y establecer nuevos pactos sociales o estén en la capacidad de refundar la sociedad que habitan.

En general se debe encontrar la figura más adecuada para romper un esquema que ya se agotó como el de departamentos con un netamente administrativo. El país ha crecido y demanda otras formas de organización. Los departamentos y su órgano de gestión, las gobernaciones, no han sido solución, no han encontrado la ruta del desarrollo y estamos sumidos en una profunda crisis.

No hay una identidad marcada de regiones aunque se considere éste un país de regiones, no existe una apertura a los procesos de construcción social, histórica y cultural de las mismas. Es fundamental un nivel superior de autonomía para la actuación de las regiones, en la toma de decisiones sobre su futuro desarrollo; el papel del Estado protector, bienestarista y centralizado debe ser superado para pasar a un Estado abierto, democrático, participativo y articulado desde las regiones.

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